El padre françois y la fraternidad (2) cualidades personales



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  • El P. François, físicamente, era un hombre alto, de espalda encorvada y con una voz grave. En un principio parecía frío, pero luego era una persona muy cariñosa.
  • Entresacando notas de su biografía, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que además era:
  • Alegre
  • Trabajador
  • Sencillo
  • Esperanzado
  • Fiel a sus convicciones
  • Airado cuando era necesario
  • Conciliador
  • Espiritual
  • Para hablar a los enfermos lo hacía mediante parábolas que escenificaba y en las que introducía bromas y palabras divertidas. Él quería que los enfermos fueran testigos del tiempo que vivían y partícipes de los acontecimientos mundiales, nacionales, locales y parroquiales sin tomar partidismo y todo con una sana alegría y contagiosa responsabilidad.
  • Decía de nuestro Movimiento:
  • “En la Fraternidad deberíamos ser como Mozart, que con tres años ya buscaba notas que se quisieran, pero sin compromiso no se logra. Un compromiso sin limitaciones, no solo de días o de tiempo libre. Un compromiso abierto a la alegría”
  • ALEGRE
  • En sus primeros años de sacerdote, y sin dejar un instante sus labores pastorales, montó un grupo de teatro, compró un proyector de cine para exhibir películas a los jóvenes, dirigió una coral, publicó un Boletín parroquial, organizó excursiones… Posteriormente, entre otras actividades, dirigió una Casa de Obras y la Peregrinación Diocesana a Lourdes, y en todo momento, las labores propias del Movimiento por él fundado: visitar enfermos, atender el despacho, escribir sus famosos Mensajes y Cartas a las distintas fraternidades, ser Consiliario Nacional e Internacional, hacer viajes, etc., etc.
  • TRABAJADOR
  • SENCILLO
  • EN LO PERSONAL:
  • Ante la muerte de su madre no pudo por menos que decir mirando al cielo:
  • “Jesús ¡te has pasado un poco!”
  • EN EL MOVIMIENTO:
  • Acerca de la organización de la Frater, decia:
  • “Conceder una excesiva importancia a las estructuras va en detrimento de la propia comunidad”
  • Cuando se le quiso proponer a Premio Nobel, comentó:
  • “Estáis locos o debe ser una broma. Venga, que tenemos cosas serias de las que hablar”
  • Tras ser condecorado con la insignia de la Legión de Honor francesa, esta fue su respuesta:
  • “No es a mí a quien habría que condecorar, sino a los enfermos y minusválidos que se han acercado a auxiliar a sus hermanos para ponerlos en pie. Pero ya sé que siempre ocurre igual: se condecora al general, cuando son los soldados quienes realizan el trabajo más duro”.
  • ESPERANZADO
  • Con relación a sus enfermedades, escribió, sin ánimo de queja en su diario:
  • “He pasado horas sin sufrimiento, pero un día entero, jamás”
  • Con relación a la vida fraterna, y ante los muchos contratiempos que hubo, siempre contestaba:
  • “No te preocupes, ya verás como todo sale bien”
  • En cierta ocasión había que nombrar un Consiliario para América Central y del Sur, y se necesitaban dos millones de francos antiguos para los desplazamientos en avión. El P. François no los tenía, pero al día siguiente recibió “milagrosamente” un cheque por esa misma cantidad.
  • Decía de la Frater:
  • “El Movimiento se ocupa de todo el hombre, de todas sus necesidades, de todas sus dimensiones naturales y sobrenaturales, vida familiar, integración en la sociedad y en la comunidad parroquial. La Frater no solo le aporta palabras, sino acción”.
  • El P. François tenía que
  • luchar contra quienes
  • querían ver a la Frater
  • como una institución
  • caritativa o una obra
  • social, reivindicando
  • su carácter de
  • Movimiento apostólico.
  • Con respecto a la Iglesia,
  • tuvo que romper con el
  • lenguaje tradicional dolorista y compasivo, no siendo entendido en muchas ocasiones. Prueba de ello es lo
  • que él mismo dijo del papel pasivo de algunos miembros de la Iglesia, y en concreto de un Cardenal de Montreal:
  • “Está en las nubes”
  • Debía dar respuesta a varias preguntas que hoy día siguen estando en boca de muchos fraternos y amigos: la economía del Movimiento y el trabajo de los grandes discapacitados.
  • En relación con la primera, y las posibles cotizaciones para su mantenimiento, dijo:
  • “La Fraternidad no es una Asociación en la que los miembros se inscriben y se les pide cuotas. Es un Movimiento sin fronteras. Desde el momento en que un enfermo se incorpora a la amistad, se incorpora al Movimiento”
  • En la Fraternidad lo importante es compartir. Compartir nuestro trabajo en vida de Equipo, nuestras ilusiones y esperanzas, nuestra alegría, nuestros desengaños, nuestras pequeñas o grandes posesiones, nuestra aportación dineraria…
  • Respecto a la segunda, tuvo que oponerse a la observación que se le hacía diciendo:
  • “¡No! Al gran impedido hay que liberarlo de su pasividad y su repliegue en sí mismo. Hay que abrirlo a los demás y despertarlo a la acción por más limitaciones que tenga, esto es lo esencial de la misión de la Fraternidad”.
  • Y sobre las necesidades que tenían (que tenemos), el P. François decía:
  • “Dejad que la Fraternidad haga
  • su trabajo sin etiquetas. Y, sobre
  • todo, no la desfiguréis, es demasiada hermosa…”
  • “La vida de la Fraternidad no depende
  • de los que la dirigen. Depende de los
  • que viven en la base. Para vivir, el
  • cuerpo es tan necesario como la
  • cabeza”
  • Actuaba de tal manera contra la espiritualidad que olvidaba el papel al que estaban destinados los enfermos en la sociedad y en la Iglesia como personas responsables.
  • También cuando debía exponer que la Frater iba dirigida a todos sin excepción. No se podía excluir por motivos de fe, de discapacidad, de economía… Todos tenían un papel en la Frater y sin él no habría sido posible haber llegado hasta el momento actual.
  • CONCILIADOR
  • Quienes conocieron al P. Fançois hablan de él también como un hombre conciliador en la vida del Movimiento. En varias ocasiones fue invitado a participar en varios actos de las distintas diócesis, a fin de que pusiera “orden y concierto” sobre determinados aspectos fraternos que dividían a sus integrantes.
  • En esta, como en otras ocasiones, les hacía ver que sólo existían tres cosas importantes para que la Frater pudiera seguir:
  • 1ª Contacto personal.
  • 2ª Contacto personal.
  • 3ª Contacto personal.
  • Su papel conciliador más notable tuvo lugar en el Congreso de Roma (1972), sobre si la oración específica del enfermo es o no la ofrenda a Dios de su sufrimiento.
  • Todo ello, con motivo de la siguiente frase pronunciada por el Papa Pablo VI:
  • “A nuestros ojos, vosotros tenéis el aspecto del Cristo sufriente, mientras que en vuestros corazones brilla ya la luz del Cristo resucitado”
  • Unos sostenían la tesis tradicional, pero otros preocupados por no encerrar al enfermo en su enfermedad, aseguraban que el sufrimiento es un mal del que hay que librar al enfermo, ya que el mal no puede ser objeto de ofrenda a Dios puesto que Él lo condena.
  • Se solicitó entonces el arbitraje del P. François, quien con toda tranquilidad y sensatez solicitó unas horas de plazo para responder. Al día siguiente dio esta explicación:
  • El P. François durante el Congreso de Roma
  • “El enfermo y minusválido tienen derecho a toda dignidad de la persona. Además, deben tener un lugar útil en la construcción de este mundo, pero nosotros no tenemos que juzgar a Dios o pedirle explicaciones sobre su plan creador y redentor. Y ese es el plan de Dios. Quizá no como el que hubiéramos querido nosotros: fácil y alegre.
  • Así pues, como no se puede cambiar ese plan, nosotros somos salvados por Cristo Crucificado, y haciéndolo así dio a su sufrimiento un significado y una eficacia fantásticos. Ahora bien, si el sufrimiento tiene semejante eficacia y da al hombre tal dignidad ¿tiene que agradarnos el sufrir? No, Dios no pide eso. El sufrimiento es un mal como lo es la enfermedad y la muerte, y hay que hacer todo lo posible para curar las enfermedades, para alargar la vida, por mitigar la muerte. Pero por mucho que digamos y hagamos no podemos eliminar el sufrimiento de la vida. Siempre habrá sufrimientos físicos, morales y de otras características porque forman parte de la propia vida.
  • Pero el Evangelio dice: “Quien quiera ser mi discípulo que coja su cruz y me siga” Mi discípulo no significa mi apóstol. Quien quiera venir, que tenga fe en mi. ¿Qué dice nuestro Señor? Que su discípulo está en Él “Tú en mí, yo en Ti”. Es decir como discípulo de Cristo, nosotros en Él y Él en nosotros, que no somos más que uno…
  • Por consiguiente, no se trata de que nos convirtamos en otro redentor distinto al Cristo Redentor. Se trata de comprender que estamos unidos, no uno junto a otro, sino uno dentro del otro, en compenetración. Tan íntimamente unidos que, a los ojos del Padre, el sufrimiento de Cristo y el nuestro son la misma cosa… ¡SIEMPRE ES SU HIJO QIEN SUFRE!
  • Cristo salvó al mundo con
  • sus sufrimientos, y nosotros
  • estamos estrechamente
  • unidos a esta obra de
  • renacimiento, de salvación,
  • de alumbramiento de un
  • mundo nuevo, que no es
  • literalmente un mundo mejor,
  • pero llega hasta el cielo.
  • Habrá quien me diga que estoy loco, que estoy fuera de la Fraternidad. La Fraternidad significa “Henos aquí vivos” La Fraternidad dice “Levántate y anda” y nosotros queremos que los enfermos sean activos desarrollando todas sus posibilidades.
  • No estoy excluyendo nada de todo esto. Yo soy el primero en decir: ¡Sé activo! Despliega tus fuerzas para vivir, reincorpórate a la sociedad, desempeña un trabajo… pero respecto al sufrimiento que, a pesar de todo sigue ahí, piensa en la dignidad sobrenatural que tienes…”
  • ESPIRITUAL
  • Era un hombre de profunda fe en el Evangelio. Veía a Cristo en los hombres de nuestro tiempo.
  • El centro de su espiritualidad era la Santísima Trinidad. Para él no era un misterio abstracto, sino un principio de vida y de relación.
  • También la Virgen María juega un papel primordial en su vida religiosa acompañándole durante toda su vida bajo las siguientes advocaciones: Ntra. Sra. de las Virtudes, en Ligny. Ntra. Sra. de las Llaves, en San Víctor. Ntra. Sra. de Verdún, en la Catedral y, sobre todo, Ntra. Sra. de Benotte-Vaux. Sin olvidar, lógicamente, a Ntra. Sra. de Lourdes.
  • Ntra. Señora de Benoitte-Vaux
  • Ntra. Señora de las Virtudes
  • Ntra. Señora de Verdún
  • Ntra. Señora de las Llaves
  • Ntra. Señora de Lourdes
  • Su sacerdocio fue una dimensión esencial de su espiritualidad. Era un sacerdote por la Eucaristía y era un sacerdote de los hombres por el hecho de ser sacerdote de Cristo. Se calcula que celebró a lo largo de su vida unas 22.000 misas.
  • Como sacerdote al servicio de la Iglesia, acogía con especial atención a los más pequeños, a los pobres, a los marginados, pero sin discriminar a los ricos jamás porque todos eran hijos del mismo Padre. Se apasionaba con su misión evangelizadora materializada ésta en la Fraternidad:
  • “La Fraternidad se basa en el Amor de Cristo: Universal, Gratuito, Humilde, Creador y con preferencia por los pequeños”.
  • “Cuando el corazón se entrega a fondo, la imaginación sabe encontrar las soluciones”
  • FRATERNIDAD CRISTIANA DE PERSONAS CON DISCAPACIDAD DE MADRID


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