El Oculto Poder del Alma Por Watchman Nee



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LA CAÍDA DEL HOMBRE


Adán es un alma. Su espíritu y cuerpo están unidos en su alma. Aquel poder extraordinario que mencionamos está presente en el alma de Adán. En otras palabras, el alma viviente que es resultante de la unión del espíritu y el cuerpo, poseyó un poder sobrenatural incalculable.

Sin embargo, en la caída, el poder que diferenciaba a Adán de nosotros fue perdido. Ahora, esto no significa que ya no haya tal poder; sólo indica que, aunque esta habilidad aún esté en el hombre, no obstante está “congelada” o inmovilizada.

De acuerdo con Génesis 6, después de la caída, el hombre se convierte en carne. La carne engloba al ser total y lo subyuga. Originalmente el alma era un alma viviente. Ahora, estando caído, se vuelve carne.

Su alma fue destinada a someterse al control del espíritu; ahora ella está sujeta al dominio de la carne. Por eso el Señor dice: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne” (Génesis 6:3).

Al mencionar aquí al hombre, Dios lo llamó carne. Por consiguiente, está registrado en la Biblia que “toda carne había corrompido su camino sobre la tierra” (Génesis 6:12); y también que “sobre carne de hombre no será derramado” (El aceite santo de la unción, que representa un tipo del Espíritu Santo - Éxodo 30:32); y más: “por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él” (Romanos 3:20).

¿Por qué enfatizo eso en forma dilatada? En Apocalipsis 18 son mencionadas cosas que deberán ocurrir en los últimos días. Al iniciar mostré bien cómo el alma del hombre se convertirá en una mercancía en la Babilonia; es decir, algo que puede ser vendido y comprado.

Pero, ¿Por qué el alma del hombre es tratada como una mercancía? Porque Satanás, y su títere, el anticristo, desean usar el alma humana como un instrumento para sus actividades al final de esta era. Cuando Adán cayó en el jardín del Edén, su poder fue inmovilizado.

Él no perdió ese poder totalmente; sólo estaba enterrado dentro de él. Generación sucedió a generación y el resultado fue que esta habilidad inicial de Adán se convirtió en una fuerza “latente” en sus descendientes. Vino a ser un tipo de poder “oculto”. No está perdido para el hombre, sino apenas confinado por la carne.

Hoy, en toda y cada una de las personas que viven en la tierra, reposa este poder adámico, aunque esté confinado en ella y no sea capaz de expresarse libremente. Sin embargo, tal poder está en el alma de todo hombre, así como estaba en el alma de Adán al principio.

En vista de que el alma de hoy está bajo el cerco de la carne, del mismo modo este poder está confinado por la carne. La obra del diablo hoy en día es despertar al alma del hombre y liberar este poder latente en su interior, como una falsificación del poder espiritual. Menciono estas cosas porque necesitamos ser advertidos respecto a la relación especial entre el alma del hombre y Satanás en los últimos días.

Ya vimos cómo Adán poseía habilidad especial y sobrenatural, aun así lo que él tenía realmente no todo era especial o sobrenatural, aunque así nos parezca hoy. Adán, antes de la caída podía ejercitar con facilidad, de modo completo y natural, esta habilidad, siendo que estaba contenida en su alma. Pero, después de su caída, este poder quedó confinado por su cuerpo.

Antes el cuerpo era una ayuda para la poderosa alma de Adán; ahora había caído y su poder fue limitado por la cubierta de la carne. Satanás, sin embargo, prueba romper cubierta carnal y liberar el poder latente en el alma del hombre, a fin de obtener el control sobre él. Muchos no entienden esta estrategia y son engañados, aceptándola como si viniera de Dios.


VISTO BAJO EL ASPECTO RELIGIOSO


Aun así esto no acontece sólo en el cristianismo. Los babilonios, los árabes, los budistas, los taoístas y los hindúes, todos intentan, por sus propios modos, liberar el poder que Adán legó a nuestra alma.

En cualquier religión, sean cuales fueren los medios o modos de instrucción, yace un principio común detrás de todas las aparentes diferencias. Este principio común tiene la mira en subyugar la carne exterior, con la finalidad de libertar el poder del alma de todos los tipos de cautiverio, hacia una expresión más libre.

Algunas lecciones de instrucción dadas en esas religiones, quieren destruir la obstrucción del cuerpo, otras la unión del cuerpo y el alma y otras más el fortalecimiento del alma por medio de entrenamiento, capacitándola asimismo a vencer el cuerpo. Sean cuales fueren los medios, el principio detrás de todos ellos es el mismo. Es importante que sepamos esto; en caso contrario seremos engañados.

Yo no sé cómo las personas son informadas respecto de ese maravilloso poder latente del alma del hombre, cuya liberación, actualmente limitada por la carne, resultará en la manifestación de poder milagroso, hasta alcanzar la misma posición de un “mago” o “buda”.

Probablemente ellas son informadas por el diablo, o espíritu maligno. Sus explicaciones pueden variar, pero el principio básico es el mismo, a saber, el uso de medios especiales para liberar el poder del alma. Ellas pueden no usar como nosotros el término poder del alma, sin embargo, el hecho es evidente.

Por ejemplo, en el budismo y en el taoísmo, e igualmente en algunas sectas del cristianismo, poder especial sobrenatural está disponible a todos ellos, para efectuar milagros en la cura de dolencias y en la predicción del futuro.

Tome como ejemplo las prácticas ascéticas y los ejercicios del taoísmo, e igualmente la forma más simple de meditación abstracta: todo eso es ejecutado según el principio de subyugar el cuerpo bajo el alma, con miras a la liberación de su poder.

No es de admirarse que muchas cosas milagrosas hayan acontecido, las cuales no podemos rechazar como supersticiones. Gautama Sidharta fue ateísta. Esto es un consenso de muchos eruditos y críticos respecto a las enseñanzas del budismo.

Él creía en la transmigración del alma, así como en el nirvana (ese estado, según el Diccionario Herencia Americana de la Lengua Inglesa, es “de absoluta felicidad, que se caracteriza por la liberación del ciclo de reencarnaciones y conquistas, a través de la extinción del ego” - Traductor). No tengo la mínima intención de disertar sobre el budismo; sólo quiero explicar por qué es que muchas maravillas han sido realizadas en esa religión.

Existe en el budismo una enseñanza sobre el escape del mundo. Aquellos que aceptan el voto budista deben abstenerse del matrimonio y de la comida. No deben matar ninguna cosa viviente. Debido a las prácticas ascéticas pueden, eventualmente, alcanzar la eliminación de todo alimento.

Algunos monjes de alto grado pueden asimismo regresar al pasado desconocido y predecir el futuro. Ellos realizan muchas maravillas por medio de la magia budista. Son capaces de profetizar cosas venideras cuando lo que ellos llaman el “corazón de la sangre” chorrea.

El empeño en todos estos tipos de abstinencias y prácticas ascéticas fluye de un único principio dominante: el budista está intentando quebrar todos los lazos físicos y materiales, con el fin de liberar el poder de su alma.

Conozco algunas personas de más edad que yo, que se ligaron al Club de la Unidad. Ellas y sus colegas miembros del club, practican la meditación abstracta y así por consiguiente. Ellos me cuentan que cada peldaño que penetran tiene su propia dimensión de luz.

La luz que ellos perciben sigue a la verdad que penetran. Creo en lo que dicen, pues son capaces de ser liberados de la represión del cuerpo y así, liberan el poder que Adán poseía antes de su caída. No hay nada de extraordinario en eso.

La moderna iglesia Ciencia Cristiana fue fundada por la señora Mary Baker Eddy. Ella negó la existencia de las enfermedades, del sufrimiento, del pecado y de la muerte (aunque ella ya murió). Siendo que, según sus enseñanzas, no existe tal cosa como las enfermedades, siempre que alguien estuviere enfermo, ella sólo necesitaba ejercitar su mente contra cualquier reconocimiento de dolor y estaba curado.

Esto significa entonces, que si alguien cree que no existe ninguna enfermedad, él no estará enfermo. Del mismo modo, si alguien no cree en el pecado, él no pecará. Por el entrenamiento de la mente, entonces la voluntad del hombre, al punto de la negación absoluta de la existencia de estas cosas, considerándolas falsas e ilusorias, se descubre que ellas realmente no existen.

Cuando este pensamiento fue publicado al principio, muchas personas se opusieron a esto. Los médicos, en especial, hicieron oposición, pues si eso fuese verdad, no habría más alguna necesidad de ellos. Aun así, al proseguir sus exámenes en las personas que habían sido curadas por la Ciencia Cristiana, aquellos médicos no pudieron repudiarla como falsa.

Por consiguiente, más y más personas creen, y más médicos y científicos famosos abrazan esta enseñanza. Esto no es del todo sorprendente, porque existe una reserva de tremendo poder en el alma, esperando apenas ser liberado del confinamiento de la carne.


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