El Oculto Poder del Alma Por Watchman Nee



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El Oculto Poder del Alma

Por Watchman Nee


En 1924, cuando llamé por primera vez la atención de los hijos de Dios sobre la división del espíritu y el alma, varios hermanos bien relacionados pensaron que era sólo un juego de palabras sin grande significado. Ellos no pudieron ver que nuestro conflicto no está relacionado con la palabra, sino más bien con lo que está detrás de ella.

El espíritu y el alma son dos órganos totalmente diferentes: uno pertenece a Dios y el otro al hombre. Sean cuales fueren los nombres que les demos, la distinción de los mismos en sustancia es completa. El peligro del creyente está en confundir el espíritu con el alma y el alma con el espíritu, y en consecuencia ser engañado, aceptando las falsificaciones de los espíritus malignos, alterando la obra de Dios.

Originalmente, la intención era escribir esta serie de artículos inmediatamente después de concluido en 1928 “El Hombre Espiritual”, pero por motivo de la debilidad física y el pesado encargo de otros servicios, sólo fui capaz de publicarlos en la última edición de la revista Despertar. En respuesta a las solicitudes de sus lectores, publico ahora este pequeño librito.

La mayor ventaja en conocer la diferencia entre el alma y el espíritu está en la percepción del poder latente del alma y el entendimiento de su falsificación del poder del Espíritu Santo. Tal conocimiento no es teórico sino práctico, para ayudar a las personas a andar en el camino de Dios.

La pasada noche yo estaba leyendo lo que dijo cierta vez F. B. Meyer en una reunión, un poco antes de su partida de la tierra. Aquí está un aparte de lo que él dijo: “Este es un hecho sublime, que nunca hubo tanto espiritualismo fuera de la Iglesia de Cristo como lo vemos hoy. ¿No es un hecho que en las áreas inferiores de nuestra naturaleza humana el estímulo del alma es bastante predominante?

Hoy en día la atmósfera está tan cargada con la conmoción de todos los tipos de imitación, que el Señor parece estar llamando a la Iglesia a un nivel más alto”. (En vista de que la cita original no pudo ser encontrada, esta porción ha sido traducida libremente del chino). La situación hoy es peligrosa. Podamos nosotros “examinarlo todo y retener lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). Amén.



Watchman Nee, 8 de marzo de 1933.

1 - EL PODER LATENTE DEL ALMA

Y los mercaderes de la tierra lloran y hacen lamentación sobre ella, porque ninguno compra más sus mercaderías; mercadería de oro, de plata, de piedras preciosas, de perlas, de lino fino, de púrpura, de seda, de escarlata, de toda madera olorosa, de todo objeto de marfil, de todo objeto de madera preciosa, de cobre, de hierro y de mármol; y canela, especias aromáticas, incienso, mirra, olíbano, vino, aceite, flor de harina, trigo, bestias, ovejas, caballos y carros, y esclavos, almas de hombres” (Apocalipsis 18:11-13).

Por favor, observe que aquí en este pasaje, la lista de mercadería comienza con oro y plata, caballos y carros y todos los artículos naturales que pueden ser comerciados. Los esclavos siempre pueden ser comerciados o trocados, sin embargo, esto es un comercio con cuerpos humanos. Pero, además de eso, existe un mercado de almas de hombres como mercadería.

Así también está escrito: “Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual” (1 Corintios 15:45,46).

Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2:7).

En el discurrir de los dos últimos años he sentido intensamente la necesidad de dar un mensaje conforme será dado ahora. Es tan complejo como profundo. Para el que habla no será fácil, ni para los que oyen será fácil entender.

Por esta razón no inserté este mensaje en la tercera parte de “El Hombre Espiritual”. Aun así, siempre tuve el sentir de exponerlo, especialmente después de haber leído varios libros y revistas y haber tenido contacto hasta cierto punto con personas de este mundo.

Siento cuán precioso es el mensaje que tuvimos el privilegio de conocer. En vista de la situación y tendencia actual de la Iglesia, como también del mundo, somos constreñidos a compartir lo que nos es dado. De otro modo estaremos escondiendo la lámpara debajo del almud.

Lo que voy a mencionar en el mensaje para nuestra consideración hoy, tiene relación con el conflicto espiritual y el fin de esta era. Por causa de los que no han leído El Hombre Espiritual, tocaré brevemente en la trilogía del espíritu, alma y cuerpo.

LA TRILOGÍA DEL ESPÍRITU, ALMA Y CUERPO


Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra...” (Génesis 2:7). Este pasaje se refiere al cuerpo del hombre. “Y sopló en su nariz aliento de vida...”. Esto describe cómo Dios dio el espíritu al hombre; era el espíritu de Adán. De esa manera fue formado el cuerpo del hombre del polvo de la tierra y el espíritu le fue dado por Dios. “Y el hombre fue un ser viviente”. Después que el aliento de vida hubo entrado en sus narices, el hombre se convirtió en alma viviente.

El espíritu, el alma y el cuerpo son tres entidades separadas. “...Y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible” (1 Tesalonicenses 5:23). El espíritu es dado por Dios; el alma es un ser viviente y el cuerpo es formado por Dios.

Según el entendimiento común, el alma es nuestra personalidad. Cuando el espíritu y el cuerpo fueron unidos, el hombre se convirtió en un alma viviente. La característica de los ángeles es que son espíritus, y de los animales inferiores, tales como las fieras, es la carne.

Nosotros los humanos, tenemos ambos: espíritu y cuerpo. Pero nuestra característica no es ni el espíritu ni el cuerpo, sino el alma. Tenemos un alma viviente. Por eso la Biblia llama al hombre alma. Por ejemplo, cuando Jacob descendió a Egipto con su familia, las Escrituras en el original dicen que “todas las almas de la casa de Jacob, que entraron en Egipto, fueron setenta” (Génesis 46:27 -VRV 1909).

Aquellos que recibieron la palabra de Pedro en el día de Pentecostés fueron bautizados “y se añadieron en aquel día como tres mil almas” (Hechos 2:41). De modo que, el alma representa nuestra personalidad, lo cual hace de nosotros, hombres.

¿Cuáles son las distintas funciones del espíritu, alma y cuerpo? Tal explicación fue dada en la primera parte de El Hombre Espiritual, sin embargo, un día me puse sobremanera feliz al encontrar en el estante un volumen de los escritos de Andrew Murray, el cual contenía una explicación sobre el espíritu, alma y cuerpo en las notas suplementarias, muy semejantes a nuestra interpretación. Lo que sigue es una cita de una de las notas:



En la historia de la creación del hombre, leemos que el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra; de esta manera su cuerpo fue formado; y le sopló en las narices aliento de vida, o espíritu de vida, de manera que su espíritu vino de Dios; y el hombre se convirtió en un alma viviente, una persona consciente de sí misma. El alma era el punto de encuentro, el lugar de unión entre el cuerpo y el espíritu. A través del cuerpo, el hombre (alma viviente), mantenía su relación con el mundo exterior por medio de los sentidos, y podía influenciarlo o ser influenciado por él.

A través del espíritu, él mantenía relación con el mundo espiritual y con el Espíritu de Dios, en donde tenía su origen y podía ser recipiente y ministro de Su vida y poder. Al permanecer por tanto, a medio camino entre esos dos mundos, y perteneciendo a ambos, el alma tenía el poder de autodeterminación, de escoger o rehusar los objetos que la rodeaban y con los cuales mantenía relación.

En la constitución de estas tres partes de la naturaleza del hombre, el espíritu era el más elevado, por estar ligado con el Divino; el cuerpo era el inferior por estar ligado con lo que es sensible y animal; entre ellos permanecía el alma, participante de la naturaleza de los otros, el vínculo que los ligaba y a través del cual podrían obrar el uno sobre el otro.

Su trabajo, como poder central, era mantenerlos en su debida relación; conservar el cuerpo, como inferior, sujeto al espíritu; la propia alma debía recibir del Espíritu Divino, a través del espíritu, lo que le faltaba para su perfección, y asimismo transmitir al cuerpo, aquello que podría hacer de ellos un cuerpo espiritual, por la participación de la perfección del Espíritu de Dios.”

¿Qué es el espíritu? Aquello que nos da conciencia de Dios y nos relaciona con Él. ¿Qué es el alma? Aquello que nos relaciona con nosotros mismos y nos proporciona la autoconciencia. ¿Qué es el cuerpo? Aquello que nos lleva a estar relacionados con el mundo.

C. I. Scofield, en su Biblia con notas de referencias, explica que el espíritu da la conciencia de Dios, el alma la autoconciencia y el cuerpo la conciencia del mundo. Un caballo y un buey no tienen conciencia de Dios, porque no tienen espíritu. Ellos sólo tienen conciencia de sus propios seres. El cuerpo nos lleva a sentir el mundo, así como ver las cosas del mundo, la sensación de frío o caliente y así sucesivamente.

Lo que fue mencionado arriba se refiere a las funciones del espíritu, alma y cuerpo. Menciono ahora un problema muy importante. Muchos consideran este asunto del espíritu, alma y cuerpo, como relacionado sólo con la vida espiritual; pero es necesario reconocer su relevancia para nuestra obra y batalla espiritual.

Nuestra tendencia es compararnos como casi iguales a Adán antes de la caída. Suponemos que, siendo seres humanos de la misma forma que era Adán, no existe mucha diferencia entre nosotros. Creemos que aquello que no podemos hacer, Adán tampoco lo podía hacer.

Pero no vemos que existen dos cosas aquí: (a) Por un lado, la verdad de que no podemos hacer lo que Adán sí podía; y también (b) que aquello que no podemos hacer, Adán sí lo podía. Desafortunadamente no reconocemos cuán capaz era Adán. Si estudiáramos la Biblia cuidadosamente, entenderíamos qué clase de hombre era Adán realmente, antes de su caída.


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