El mito de la caverna



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EL MITO DE LA CAVERNA

Como ya hemos indicado, todos los fragmentos que se analizan giran en torno al problema teórico y práctico del Bien, cómo conocer el Bien, y cómo aplicar políticamente dicho conocimiento en el Estado Ideal. La respuesta a cómo plasmar en la Ciudad el saber filosófico (el conocimiento verdadero más elevado, el de las Ideas), y sobre todo el saber de la Idea de Bien, ya la conocemos: el filósofo, virtuoso e intelectual, gobernará las ciudad de manera jerárquica y ordenada, cuidando que el programa educativo garantice las mejores virtudes en cada clase social y el acceso al saber perfecto para la minoría más sabia.


Siempre hay que recordar que todo este orden político ha de tender a la perfección y al ideal, que encarna la idea de Bien. No puede faltar este fin nunca. Por eso no vale la política sofista que es pragmática y utilitaria, y cambia de fines según las circunstancias. Platón está defendiendo un pensamiento teleológico, muy presente entre los griegos, y que la ciencia y la filosofía actuales no aprecian igual. Es decir, que todo lo que existe debe encontrar su lugar natural, porque en el cosmos hay planes, direcciones, sentidos latentes que la razón humana puede descubrir y aplicarse a realizarlos. Puede decirse que lo importantes son los fines que todas las cosas han de lograr, incluido el hombre, y los medios no cuentan tanto. La finalidad del ser humano ha de ser llegar a ser una criatura cooperativa y vivir ordenadamente: ese es el sentido superior al que ha de someterse la vida del ser humano, porque eso forma parte de la racionalidad final del mundo, que simboliza la Idea de Bien. Para los occidentales de los últimos siglos, este lenguaje de fines y lugares naturales, la vida y el universo al servicio de fines, el universo gobernado por un sentido trascendente, tiene más de ilusión o quizás de creencia que de certeza científica como en Platón. En ese sentido, estamos más cerca de los sofistas, en pensar que quizás tenemos que arreglarnos la vida sin esas certezas objetivas, sin esos fines trascendentes, pero, en cambio, sí que conservamos de Platón la vaga intuición de que el orden político debería avanzar en una dirección en la que fueran cumpliéndose gradualmente los ideales de Justicia y Bien.
Volviendo al tercer bloque a analizar, recapitulemos. El primer bloque gira alrededor de la comparación del Bien con el Sol; en el segundo bloque se representan los cuatro niveles de conocimiento, y en este tercer bloque el tema es el proceso educativo mismo que lleva al hombre desde la parte inferior del mundo sensible a la parte superior del mundo inteligible (hasta el conocimiento de la misma idea de Bien). Es decir, el tema de la Educación (Paideia) necesaria y obligada, porque el ser humano de manera natural carece de educación, es decir, vive atrapado en la ignorancia. En todo este pasaje, Platón siempre insiste en el carácter esforzado, violento, costoso, arriesgado, que es el proceso formativo mismo. Puesto que el estado natural del hombre es la ignorancia y el engaño, salir de ese estado y perfeccionarse a través de la educación es un proceso que requiere cierto grado de desafío y violencia. Por esa razón este relato de liberación, de final ambiguo, ha inspirado a los más inspirados ilustrados y revolucionarios.

Señalemos algunos aspectos importantes en el relato alegórico. Aspectos que pueden ser interpretados de diversas formas, modernizando en algunos casos el texto de Platon para hacer sugerencias también sobre nuestro presente. Al ser un relato alegorico es válido hacer ese tipo de paralelismos, como ha sucedido en películas muy conocidas como Matrix. En todo caso, habría que saber diferenciar entre una interpretación más académica, destinada a responder a las preguntas tipo PAU, y las otras interpretaciones menos filológicas a las que el texto también da pie. Aquí aplicaremos los dos tipos de interpretaciones, pero tienes que saber cuando distinguirlas.


1) Primera etapa. Situación inicial. Los prisioneros atados, que Sócrates dice “que son iguales a nosotros”, representan el estado de ignorancia y engaño propio de la condición humana. La caverna en la que viven simboliza el mundo sensible, aparente y engañoso. También podría representar la polis griega dominada por demagogos y retóricos sofistas. Y hoy podríamos pensar en la caverna como la realidad que transmite la Televisión. En esta primera escena, habría que fijarse en el detalle de que los prisioneros no pueden girar la cabeza, es decir no pueden cambiar la dirección de su mirada (su mente mira solo hacia el mundo sensible), que está fija en la pared del fondo, y por tanto no pueden distinguir la simple diferencia entre realidad de los objetos y sus sombras proyectadas en la pared. Y además, la simple posibilidad de girar la cabeza hacia la luz de la hoguera será rechazará por ser demasiado dolorosa y desorientadora, es decir se prefiere la familiar penumbra de la ignorancia al desgarro e incertidumbre de nuevas perspectivas.

Esta etapa corresponde, en el símil de la línea, a la conjetura, eikasia, al grado más bajo de opinión, donde se confunden imágenes y objetos, como ocurre con los niños, y podría entenderse también como el mundo de los mitos, de la literatura, de las ficciones en general.



2) Segunda etapa. Prisionero liberado. Por tanto, alguien que supera la fase de incertidumbre y dolor que otros no soportan (“los ojos llenos de destellos”) y regresan a su lugar sentados. ¿Qué significa carecer ya ligaduras, girar la cabeza y poder moverse? En principio, la experiencia de la duda, al poder comparar lo que antes se tenía por real y verdadero y lo que ahora se ve como más real y verdadero (los objetos que transportan los porteadores). Y la experiencia de la duda lleva al problema de la verdad como tal. ¿Qué es la verdad? ¿qué es más verdadero?

Esta etapa corresponde, en el símil de la línea, al grado de opinión de la creencia, pistis. Los objetos transportados y la hoguera del interior de la caverna son los objetos sensibles en general (naturales y artificiales) que son iluminados y generados por la luz del sol (la hoguera). El conocimiento de ese mundo natural es de lo que se ocupaban los físicos presocráticos (y actualmente las ciencias naturales), y para Platón es solo opinión recta, creencia adecuada, pero no ciencia. Platón consideraba que la mayoría de la gente podría llegar como mucho a este nivel, al de la recta opinión.



3) Tercera etapa. Salida de la caverna. El deslumbramiento es mayor ahora, es decir, más desorientación y dolor. Pero ahora por primera vez, ya no parece que al prisionero le empujan a liberarse. Fuera de la caverna él mismo parecen responsabilizarse de su formación. Es decir, es la propia alma la que quiere seguir progresando, aunque tendrá que hacerlo gradualmente en el nuevo paisaje mental que hay que descubrir. La mirada del alma (es decir la inteligencia) no puede pretender dirigir inmediatamente su visión al cielo y al sol cuando más brilla. Se empieza con las sombras e imágenes reflejadas, pero ahora son reflejos de objetos reales y verdaderas ellas mismas (antes eran moldes y estatuas). ¿Y qué representan estos reflejos e imágenes de los objetos exteriores de la caverna¿ ¿Y qué representan los objetos exteriores mismos que pueden contemplarse a la luz del sol? Los reflejos son los objetos matemáticos y los objetos mismos serían las Ideas. Los objetos matemáticos son inferiores a las Ideas porque admiten pluralidad y porque necesitan fundamentarse a su vez en ellas.

Esta etapa corresponde por tanto a la dianoia, al pensamiento discursivo, que es propio de las Matemáticas y la Geometría. En este grado de conocimiento ya no se trata de contemplar cosas sino razonar sobre objetos inteligibles, empezando por los matemáticos.



4) Cuarta etapa. Contemplar los objetos exteriores y el sol mismo. El antiguo prisionero ha logrado ya contemplar los objetos mismos, es decir las Ideas, y entre ellas, en un esfuerzo final, la Idea de Bien (que es representada por el Sol), causa de la inteligibilidad y de la existencia de las Ideas, lo mismo que el Sol es la causa de la visibilidad y de la generación de las cosa sensibles. El prisionero de lo sensible ha adquirido el conocimiento verdadero, ha devenido filósofo, que sabe dirigir su psique (los ojos de su mente) hacia el mundo superior de las Ideas.

Esta etapa corresponde a la Dialéctica, el conocimiento de las Ideas, que se basa en el grado de conocimiento de la noesis, que alcanza su final en la intuición de la Idea de Bien.



5) Etapa quinta. El regreso a la caverna. El viaje no ha terminado. La meta de todo el proceso educativo no acaba con la visión de la idea del Bien y la comprensión intelectual del eidos de las cosas, con lograr dar cuenta racionalmente de lo que son las cosas y lo que deberían ser. Platón exige al filósofo, al prisionero liberado, que regrese a la caverna, abra los ojos al resto de prisioneros, desafiando a los falsos profetas, a los líderes de opinión, retóricos sofistas y demagogos, a los que el público (la audiencia podríamos decir hoy) otorgan credibilidad. Como se ve se llega a un alto grado de dramatismo y patetismo. Porque la lucha por la verdad, por el sentido de la verdad, es una lucha a muerte. Y el filósofo, a pesar de su saber superior, está en desventaja, porque, desacostumbrado a la penumbra, parecerá torpe e inútil. Por ejemplo, el filósofo conocedor de la Idea de Justicia apenas reconocerá ésta en los simulacros de esta idea tal como se aplica en los tribunales de Justicia, y por ello a ojos del resto parecerá absurdamente ridículo. En todos estos momentos, Platón está aludiendo al propio destino del Sócrates histórico. Platón está siendo muy lúcido y objetivo, y a la violencia necesaria para liberarse intelectualmente le corresponde la violencia de los que se resistirán a hacer lo mismo.

A esta etapa ya no corresponde ningún grado nuevo de conocimiento, pero sí se muestra claramente la intención política del programa educativo que Platón está esbozando. Aquel que llega a saber lo que son las cosas en sí mismas y los valores que deben orientar la acción política justa está obligado a aplicar ese saber del mundo de arriba (del mundo inteligible) al mundo de abajo (el mundo material, el interior de la caverna). Por tanto, Platón está rechazando la tentación de los filósofos de aislarse de la mayoría, de su sociedad, para no ensuciarse en los negocios cotidianos de la mayoría ignorante de la sociedad. Es decir, el peligro de un pensamiento abstracto y sistemático que desconoce las discusiones concretas en la ciudad. Por tanto, el amor al saber y al conocimiento verdadero obliga a compartirlo y aplicarlo, para transformar las cosas.



6) Interpretación platónica de la alegoría de la caverna. El capítulo III en el que Sócrates propone la interpretación, como dice, a partir de “lo que se ha dicho antes”. Es decir, Sócrates relaciona explícitamente todo la alegoría de la caverna con lo dicho tanto en el símil de la línea como en la metáfora heliológica en torno a la relación jerárquica entre el mundo visible y el mundo inteligible. El ascenso del prisionero desde el interior al exterior de la caverna representa el paso desde el hijo del Bien al Bien, es decir, de lo visible aparente a lo inteligible verdadero. Y el esforzado recorrido a atraviesa cuatro etapas subrayadas en el relato, son los cuatro grados (escalones) del conocimiento, que corresponden al progreso del alma en el saber mediante las cuatro operaciones del conocimiento distintas, tal y como explicó en el símil de la línea, y que hemos señalado durante la explicación anterior. Sin olvidar el objetivo último de la educación perfecta que precisarán los gobernantes, la Idea de Bien, fundamento de todo lo inteligible.


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