El marx que debe estudiarse hoy para comprender



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EL MARX QUE DEBE ESTUDIARSE HOY PARA COMPRENDER

AL CAPITALISMO COGNITIVO DE LA PRODUCCIÓN INMATERIAL

(Ponencia al Segundo Foro de Propuestas Académicas en la FE-UNAM)
Alfredo Velarde1
En el siglo XXI se seguirá leyendo a Marx. Para entonces estará

claro que el desprecio por Marx de los años 70 y 80, nacido del

hipermarxismo de 1968, fue sólo […] otro despiste de la misma

labilidad pequeñoburguesa. Estará claro, como lo está hoy, que

Marx es un clásico. Se seguirá leyendo, si es que algo se lee: si no

se produce antes la catástrofe cuyo presentimiento anda repri-

miendo tanta gente, con la ayuda del angelical Tofler o con la

del siniestro obeso Kahn. De todos modos, ni la catástrofe arrin-

conaría definitivamente a Marx, sino que algún marxólogo extra-

terrestre que asistiera al espectáculo podría sostener que el de-

senlace estaba previsto en <<la ruina común de las clases en lu-

cha>> del Manifiesto comunista.

(Manuel Sacristán2)




  1. Una hora histórica para las nuevas definiciones académicas en la FE

El estudio de la Crítica de la Economía Política (CEP) en la Facultad de Economía de la UNAM, detenta una compleja e importante, muy larga y sumamente rica historia académica y política que no debe minimizarse, si es que en la actualidad se desea, con sinceridad, procesar un conjunto de acuerdos básicos que hagan posible una genuina transformación académica de avanzada que garantice la integralidad en la formación de los economistas científicos y críticos del siglo XXI y que reclama la dolorosa realidad social que padece el México de hoy, apabullado como se encuentra por la contraproducente y reaccionaria dogmática neoliberal que tanto daño ha producido a lo largo de las últimas tres décadas, para el conjunto de los asalariados en general, y, en particular, para los segmentos más desvalidos de la precarizada clase trabajadora mexicana de la ciudad y el campo.


Esta es la razón de que en la presente oportunidad, señale la trama capaz de explicar el proceso que hizo posible, primero (a partir de la década de los sesenta del siglo XX que concluyó), la introducción del estudio de Marx y del marxismo en la vieja Escuela Nacional de Economía, para después (y como resultado del Foro de 1974), el que su comunidad académica en la ya entonces Facultad fuera capaz de concebir y decidir la instauración de un plan de estudios que se decantó, con plena razón -aunque en forma imperfecta-, por ver en la CEP una conveniente y además necesaria forma de incursionar en el estudio científico-crítico y en contra de la economía política convencional, al punto tal –no sin aciertos y errores que deben reconocerse- de haberla definido como la <<columna vertebral>> en la formación del tipo de economista comprometido con los grandes problemas sociales de su tiempo y las graves condiciones económicas entonces prevalecientes por el cual se apostó mayoritariamente en la FE. Esas graves condiciones de antaño, hoy persisten de una manera mucho más inadmisible por la injusticia de su agravada virulencia.
Aquel viejo Plan de Estudios concebido en 1974, duró dos décadas tras de las cuales vino otro nuevo plan y que, con más defectos que virtudes, sustituyó a aquél -el todavía hoy “vigente” en toda su exultante obsolescencia-, y, a la vuelta de otras dos décadas más, en medio de grandes cambios económicos y políticos, científicos y tecnológicos, ha terminado por colocarnos, de nuevo, como comunidad académica críticamente pensante, en una nueva hora histórica para las inescapables e innovadoras definiciones curriculares que demanda el complejo presente que vivimos. En ése curso actualizador para el diseño de un nuevo Plan de Estudios que tanto se precisa en la actualidad, estamos ciertos que el lugar de la CEP y el modo de encarar el tipo de estudio que de la economía convencional, así como de ése otro estudio también imperativo en lo que a la CEP misma se refiere, resultará toral a la hora de ponderar si lo que hoy debemos hacer, de manera consciente, fue capaz de superar las negativas y perniciosas inercias del pasado.
Para nosotros, entonces, la indeclinable defensa de la CEP pasa, también, por su imprescindible actualización que desde aquí tratamos de sustanciar en tanto que <<crítica de la economía política del tiempo tecnológico capitalista maduro>>.


  1. Tres líneas históricas de creativa recuperación de Marx y su obra en la segunda mitad del siglo XX

La convulsa y deshumanizante, explotadora y opresiva realidad propia del mundo capitalista industrial que se vivió en el mediodía del siglo XX que concluyó, influyó en forma por demás decisiva en las múltiples lecturas que del trascendental legado paradigmático de Marx fue emprendido entonces en el mundo, América Latina y México, bajo desiguales alcances y logros no exentos de la controversia política y que hoy deben ser re-ponderados a la luz del presente. Máxime, si se considera –como lo hacemos nosotros- que la potente herencia económica marxista resulta ser una perspectiva imprescindible para cualquier economista que se forme de manera interdisciplinaria y rigurosamente científica en nuestras aulas, justo cuando todavía no concluyen los primeros tres lustros del nuevo siglo XXI.


La lectura de Marx durante la década de los sesenta, como sabemos, revolucionó la crítica que de la etapa capitalista industrial se emprendió y que era aquella propia del patrón tecnológico fordiano-taylorista. Hoy, creemos que la lectura de Marx, en la escena emplazada de nuevo siglo XXI ha de servir para lo mismo, sólo que, ahora, a la luz del paradigma científico-técnico en que cristalizó el nuevo paradigma toyotiano, montado en ancas de la digitalización del proceso productivo que la difusión de la microelectrónica ha hecho posible en la plétora de sus indubitables claroscuros.
Por lo tanto, si se desean ordenar las implicaciones que ello arrastró tras de sí, resulta algo imperativo la rigurosa ubicación de tres diferentes tradiciones intelectuales que enfatizaban ángulos distintos del amplio legado marxista, así como sus directrices correspondientes y desde las cuales, cada una de ellas, a su modo, fue capaz de encontrar un determinado filón inspirador para el posicionamiento paradigmático de sus propias líneas interpretativas e inscritas en la pertinente recuperación de Marx para la crítica científica, económica y político-revolucionaria, propia de su correspondiente tiempo tecnológico de antaño, en la escena del siglo XX que periclitó. ¿Cuáles fueron estas tres tradiciones intelectuales –entre otras más- que entonces quedaron emplazadas y que, directa o indirectamente, influyeron en los estudios que de Marx se desarrollaron en México y en la UNAM? Las siguientes que aquí enumeramos en forma sintéticamente desagregada:


  1. Primera Tradición. Esta primera tradición que a su vez corresponde a una cierta y peculiar línea interpretativa, tendió a colocar en el centro de la rica herencia marxiana, al vector que dimanaba del redescubrimiento de los textos del joven Marx –como los Manuscritos económico-filosóficos de 1844-, para sobresaltar su legado potentemente humanista y el cardinal asunto alusivo a la subjetividad revolucionaria ubicuamente inscrita en la directa continuidad con la reconvertida dialéctica materialista, por Marx, del Hegel idealista de la Fenomenología del espíritu;3




  1. Segunda Tradición. Esta segunda vertiente interpretativa, si se repara con pertinencia en sus acentos, se abocó, a diferencia de la anteriormente enunciada, a un posicionamiento que con ahínco postulaba la lectura sistemática de El capital, en lo que se refiere al Marx de las obras postreras a la ruptura epistemológica con el dialectismo idealista hegeliano y que, luego, conectará con los desarrollos ulteriores que de ello ofreció el marxismo de corte histórico-estructural diferenciado de ése otro enfoque definible por su adherencia suscriptora a la filosofía de la praxis. Esta segunda tradición, por su correcto énfasis en la obligatoriedad de leer sistemáticamente y con método El capital, acaso fue la que más sostenidamente influyó en la FE-UNAM, aunque desprovista –para bien y para mal- del potente influjo althusseriano;



  1. Tercera Tradición. Y la tercera línea, claramente contrastable respecto a las dos anteriores, que enfiló el foco de su atención más acuciosa por el derrotero que la obligaría a retomar el abarcador influjo conceptual de la fenomenología marxista que devino capaz de comprender la importancia profunda que emanaba de los Elementos fundamentales para la crítica de la economía política -o Grundrisse- de 1857-1858. A partir de ése énfasis, esta tradición repara en la relevancia de la categoría esencial del <<General Intellect>>, con fundamento en el cual habrá de desarrollar tanto el concepto de <<composición del trabajo>>, así como el de <<cooperación social productiva>> en el capitalismo maduro, nociones hoy sumamente útiles para el análisis caracterizador de nuestra más inmediata contemporaneidad.4

Estas tres tradiciones intelectuales de izquierda crítica marxista –que nada tienen que ver con las tonterías del diamat- apenas arriba esbozadas en forma más bien impresionista y que no fueron, ciertamente, las únicas que germinaron sus respectivos desarrollos específicos, sí estuvieron, sin embargo, entre las que de una manera más evidente impactaron e influyeron en México y en la FE-UNAM. Fueron portadoras de algunas de las claves interpretativas más importantes que acaso sirvan, en la actualidad, para aportarnos algunas pautas sobre una pregunta fundamental que en la presente sede nos hacemos: ¿qué Marx debe estudiarse en la hora histórica que hoy vivimos en la escena ya emplazada del nuevo siglo XXI?5


Un elemento que acaso deba criticarse de ésta no obstante rica herencia, sea el que su procedencia primordialmente eurocéntrica, se trató de adaptar con un calzador que no caía en la cuenta de que, si la implantación latinoamericana y específicamente mexicana del marxismo iba a resultar exitosa, precisaría de una adecuación a las peculiaridades específicamente concretas y regionales del capitalismo en nuestra región, de manera que una reacción constructivamente positiva a la influencia preponderantemente europea del marxismo, requeriría de un enfoque particular en los términos que ya lo había reparado mucho antes, por cierto, el marxismo peruano de José Carlos Mariátegui, en el transcurso del primer tercio del siglo XX, y, más tarde, como un efecto también del 68 en América Latina y con otros énfasis -o a su modo-, daría lugar a la teoría de la dependencia propia del marxismo latinoamericano de ésa época (como en los casos de André Gunder Frank o de Ruy Mauro Marini) en la plétora de sus alcances y límites.6
Por lo demás y desde luego, para nosotros, lo que aquí se propone -con la anterior pregunta que nos hacemos-, no persigue “destazar a Marx” como si de una operación propia de “Jack el descuartizador” se tratara, sino que pretende, antes bien, emprender un ejercicio de autognosis que, sin perder de vista la plena integralidad totalizadora del complejo pensamiento marxiano como el todo-continuo que su obra supone, se decante por la selección económica de algunos de sus más torales desarrollos y que, de una manera mucho más directa y esencial, nos sirvan para introducir en los cursos de CEP, un potente enfoque actualizador que sea útil para estudiar con rigor y avituallado de un sentido de pertinencia histórica respecto a la singular etapa histórico-concreta madura del presente y que algunos críticos de la economía política de hoy, como Andrea Fumagalli, por ejemplo, denominan, no sin pertinencia conceptual, como <<capitalismo cognitivo>>.7

Pero además, ¿cuál es la tesis que éste aventajado crítico de la economía política italiano sostiene y que resulta de gran importancia para el propositivo ejercicio de actualización de la CEP para la FE-UNAM en nuestros días? La siguiente aquí extractada:


La tesis que queremos sostener es que la actual fase económica puede ser definida con la locución capitalismo cognitivo, locución esencial a la hora de captar la continuidad, y al mismo tiempo la discontinuidad en relación con el régimen de acumulación precedente. Continuidad, porque nos movemos siempre en el cauce de las relaciones económicas capitalistas, al menos tal y como esencialmente se han venido manteniendo desde la primera revolución industrial; discontinuidad, porque la naturaleza del proceso de acumulación pasa de la producción material a la producción inmaterial de conocimiento.8
Nos importa haber citado aquí a Fumagalli, en razón a que sus desarrollos contemporáneos, constituyen una resultante directa de la tercera tradición intelectual entre las aquí esbozadas, sobre la que volveremos adelante.


  1. ¿Cómo recuperar creativamente esta rica herencia en el estudio del capitalismo del siglo XXI a la luz de los Grundrisse?

Si la primera tradición intelectual que aquí se recupera tuvo, entre sus exponentes más notables y sólo para mencionar algunos, a Herbert Marcuse y a Jean Paul Sartre, ello fue así en razón a que el tipo de lectura interpretativa y los énfasis que colocaban en sus respectivas focalizaciones específicas, era predominantemente filosófica y política. Por ello, sus lecturas consistieron en sobresaltar, en los textos del joven Marx, una autenticidad originalmente humanística merced a la cual se explicaba el deliberado compromiso que, desde el flanco filosófico, se establecía con la subjetividad, y, en específico, con la subjetividad político-revolucionaria marcada por la imperativa necesidad de que el proletariado, en cuanto clase explotada, fuera capaz de transitar desde la “consciencia en sí” de su ser proletario, a la necesaria “consciencia para sí”, un fenómeno que suponía, en los hechos, la maduración subjetiva llamada a desencadenar todas sus potencialidades revolucionarias. Estos enfoques, de parte de los autores de El hombre unidimensional y de la Crítica de la razón dialéctica, por ejemplo, influyeron de manera notable, desde antes, pero sobre todo después del 1968 mexicano, particularmente en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, así como en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, de cuyos registros quedaron las importantes elaboraciones de gente tan robusta en la influencia intelectual que detentaron durante la época, como el filósofo español transterrado y definitivamente radicado después en México aunque ya desaparecido, Adolfo Sánchez Vázquez –y luego, también, la del marxista ecuatoriano Bolívar Echeverría, entre otros más-. Ahí están sus libros como emblemático botón de muestra, para quien desee consultarlos.


En lo que hace a la segunda tradición intelectual, ni qué decir tiene que éste segundo enfoque se movió acicateado por la desigual influencia que tuvieron, en América Latina y México, los ecos de la perspectiva estructuralista de corte althusseriana aunque no sólo de él y, además, las reacciones en contra de ella, como en el caso de la propia filosofía de la praxis en su traducción económica. A diferencia de la lectura filosófica y humanista que redescubría al joven Marx, Louis Althusser y Etienne Balibar, por ejemplo, ponderaban su convencimiento de que la lectura que debía hacerse de Marx –para la época-, había que radicarla en la sistemática lectura de El capital, siempre considerando la estructura del proceso productivo como el sitio en el que se galvanizaba tanto la crítica del mundo existente, así como el proceso revolucionario que debía llevar a su deliberada destrucción y a la maduración de las alternativas emancipadoras. El núcleo de sus razonamientos fue fundamentalmente epistemológico. La naturaleza de su ejercicio de exploración sobre la señaladamente reconocida como “máxima obra” de Marx, El capital, es la exploración del proceso productivo que sigue para comprender el proceso general y, su principal método, una lectura crítica intensamente detallada de ésta amplio como inconcluso texto, valiéndose de todos los recursos de las disciplinas lingüística, literaria y filosófica. Aunque el fuerte debate que desencadenó, tuvo como arena esencial para dirimir sus controversias el terreno de la filosofía y la práctica política, el pertinente énfasis althusseriano en la lectura auto-centrada en el Marx de El capital, influyó de manera por demás sobresaliente para poner en la perspectiva formativa de los economistas su estudio, también en la FE-UNAM.9
A su vez, la tercera tradición que muchos adjetivaron como un producto directamente originario del <<neo-marxismo italiano>> y también denominado como <<obrerista>>, se singularizó porque movía los hilos de su enfático interés compresivo hacia los Elementos fundamentales para la crítica de la economía política de 1857-1858. El neo-marxismo, sobre todo italiano, como en el caso decisivo de Antonio Negri, se orientó al estudio de los Grundrisse bajo el deliberado propósito de interpretar la radical crítica del capitalismo industrialista, en tanto que <<rechazo al explotador trabajo alienado>>. Para él, ni la hipóstasis idealista de una humanidad a realizar por medio de la acción histórica, ni el análisis de las contradicciones implícitas en las estructura de las relaciones de producción, eran capaces de explicar, a plena satisfacción, el devenir social que modifica la composición social y permite los procesos de formación de la subjetividad revolucionaria. Tampoco la presuposición de una humanidad “a rescatar”, ni el análisis teórico de El capital, per se, resultaban suficientes para entender lo que acontecía en la crisis final del estatismo keynesiano bienestarista, centro-europeo y norteamericano, ni en la escena de la lucha de la clase obrera mundial, ni en la reestructuración capitalista que ya se insinuaba en sus alcances neoliberales, junto con los acelerados cambios técnicos que todo ese proceso ha supuesto. Para esta perspectiva, en fin, era preciso y en forma revulsiva “ir más allá”.
A fin de entender esta tercera tradición con más cuidado, resulta preciso mirar desde la perspectiva laboral y de sus expresiones más contemporáneas, las implicaciones que su enfoque detenta como fuente inspiradora para sustanciar el estudio actualizado que, consideramos, hoy debe hacerse de la CEP, desde la subversión que los hombres –en cuanto trabajadores y no como poseedores de una “esencia originaria”- ejercen en contra de la estructura determinada por el proceso laboral. Así, desde la óptica del trabajo y el rechazo a sus constrictivas implicaciones, el neo-marxismo italiano de los 60 ubicó a la composición social del trabajo como una perspectiva esencial para el ejercicio de correcta caracterización de todo el proceso laboral, definiendo la antagónica recomposición de clase con fundamento en la agresiva sustracción de tiempo de trabajo excedente en la plétora de las labores propias del sistema de trabajo asalariado.
Para el obrerismo neo-marxista, si se desea captar de conjunto la naturaleza real de la composición social del trabajo y los procesos de ruptura con él, resultaba preciso colocarse en la perspectiva del devenir tanto técnico, como social, organizativo y relacional del trabajo asalariado. Y sólo se puede ser portador de una tal perspectiva así, si se adopta como punto de vista económico-político, el rechazo de la prestación laboral a la subordinación del tiempo de vida sometida a la reglamentación salarial. Esta es la razón de que el obrerismo neo-marxista se colocara en una perspectiva anti-laboral. Como bien lo señala uno de sus más agudos intérpretes:
Arrancando de la distinción marxista entre actividad y trabajo, [el obrerismo] llega [llegó] a entender la actividad como la sustracción del trabajo y, como tendencia, a partir de la extinción del trabajo. Desde la primera página de El capital, Marx indica que es necesario distinguir entre la actividad general con la cual la persona se relaciona con la naturaleza y con la sociedad de los otros seres humanos, y la forma determinada de trabajo asalariado, o sea la prestación de tiempo abstracto que se intercambia por un salario.10
De manera que cuando se hace referencia al “rechazo del trabajo”, su postura no alude a la anulación de la actividad creadora sino, por el contrario, a la valorización de la misma que resulta en último término ser indisociable cuando ésta es enajenada bajo aquella modalidad operativa que la hace depender de la actividad salarial, en tanto que trabajo abstracto. Marx, en El capital, define al trabajo abstracto de la siguiente forma:
Si prescindimos del valor de uso de los cuerpos de los bienes, sólo queda una calidad, la de ser productos del trabajo […] Con el carácter de utilidad de los productos del trabajo desaparece el carácter de utilidad de los trabajos en ellos representados; desaparecen también las diferentes formas concretas de esos trabajos, las cuales ya no se distinguen sino que están todas reducidas a trabajo humano igualado, trabajo humano en abstracto.11

Considerando el importante contenido del párrafo citado con anterioridad, se hace posible reparar en el hecho de que, bajo los efectos del desarrollo capitalista más inmediatamente contemporáneo, el trabajo industrial pierde toda relación con el carácter concreto de la actividad, se transforma en un mero “tiempo de vida prestado”, en una objetivación en productos cuya concreta y útil calidad ya no contempla otra cosa que no sea la posibilidad del intercambio y, con ella, la acumulación de plusvalía, puesto que, como prosigue Marx:


La igualdad de trabajos completamente diferentes puede existir sólo si los abstraemos de su real desigualdad, si los reducimos al carácter común que ellos poseen en cuanto gasto de fuerza de trabajo humana, en cuanto trabajo abstractamente humano.12
Y si esto es así, ello resulta serlo en la medida en que el obrero industrial, por lo general, inmerso en el conjunto del ciclo del trabajo social, resulta ser portador de una consciencia puramente abstracta y repetitiva de su constrictivo trabajo subordinado a la égida del capital. De manera que la abstracción, esa suerte de fuerza cinética que atraviesa la época moderna alcanza la plenitud de su desarrollo maduro en el capitalismo cognitivo de la producción inmaterial, tan propia de la actual era digital que hoy parece habitarlo todo y, por supuesto, el mundo del trabajo y su totalmente subsuntivo sistema salarial.13 En efecto, pero… ¿qué significa esto? En lo fundamental que el trabajo de transformación física de la materia se ha vuelto tan abstracto que, en los hechos, ya resulta “inútil”: la compleja sofisticación tecnológica y la cada vez mayor centralidad de las máquinas pueden virtualmente sustituir el trabajo vivo casi por entero. En cualquier caso, a la vez da inicio, también, la consolidación del proceso de subsunción total –ya no sólo real- del trabajo intelectual en la producción de bienes y servicios materiales e inmateriales. Sobre este particular, sostiene Marx en los Grundrisse que:
El trabajo se presenta sólo como un órgano consciente, en diferentes puntos del sistema de las máquinas, en la forma de solitarios obreros vivos, triturados, subsumidos en el proceso total de las máquinas, sólo un miembro del sistema cuya unidad no existe con otros obreros vivos sino en la maquinaria que frente al obrero se presenta como un potente organismo contrapuesto a su singular e insignificante actividad. En las máquinas el trabajo objetivado se contrapone al trabajo vivo, en el mismo proceso de trabajo, como aquel poder que lo domina y en el cual consiste el mismo capital por su forma, en cuanto apropiación de trabajo vivo.14
Se hace notorio aquí, que la visión de Marx destaca la condición de aplastamiento que el trabajador sometido padece, reducido y únicamente circunscrito al pasivo cumplimiento de ser un simple apéndice del proceso productivo, dispensador de un tiempo vacío, prácticamente convertido en una suerte de carcasa sin vida. Empero, siguiendo la lectura, inmediatamente después la visión de Marx se transforma, cuando sostiene que:
El aumento de la productividad del trabajo es la máxima negación del trabajo necesario, es, como vimos, la tendencia necesaria del capital. La realización de esta tendencia es la transformación del medio de trabajo en máquinas. El trabajo objetivado en las máquinas se presenta como una premisa con respecto a la cual la fuerza que da valor a la singular fuerza de trabajo desaparece como algo infinitamente pequeño.15
Si bien se advierte aquí, gracias a la sostenida acumulación del conocimiento por medio de la ciencia y de las portentosas capacidades cognitivas del colectivo cerebro social (nos dice Marx), el trabajo se vuelve superfluo. La tendencia general del capital, considerado en su más extrema pureza, exhibe una irrefrenable propensión a la generalizada supresión del trabajo humano reduciéndolo a su mínima expresión, desde el punto de vista de su forma inmediata y material, a fin de ser sustituido merced al extendido empleo tecnológico de la ciencia aplicada. De suerte tal que podemos afirmar aquí, que el desarrollo de esta auténtica tendencia sistémica, ya conduce al sistema global de producción –en forma potencial- fuera de la órbita paradigmática del sistema capitalista.
De lo que se deduce, entonces, que resulta algo imperativo la instauración de un nuevo sistema paradigmático para leer y estudiar, interpretar y analizar críticamente al capitalismo cognitivo de la producción inmaterial e inherentemente consustancial a nuestro actual tiempo histórico contemporáneo. Y sobre todo, proceder a liberar la nueva constelación de procesos científico técnicos aplicados al mundo del trabajo, de los grilletes bajo los cuales hoy se los aprisiona y pondera, no sólo al interior de esa suerte de “ciencia triste” en que devino el desfondado mainstream neoclásico, hundido como se encuentra en una plena crisis de racionalidad; sino también, ello ocurre al interior de cierto presunto o supuesto “marxismo” que lee y estudia lo que cree que es la “CEP” encorsetada a la estasis de un posicionamiento que no ha terminado por comprender la celeridad con que los procesos que aquí se esbozan, vienen ocurriendo.
No obstante (y creemos que al llegar aquí estamos en condiciones de decirlo), el paradigmático tránsito ya referido, se operó en una temporalidad diferente con relación a los tiempos de las potencialidades tecnológicas y de las potencialidades productivas que desencadenó el General Intellect. El tránsito paradigmático a una modalidad superior y exenta de las contradicciones que son inmanentes al capitalismo, quedó enredada en la comparativamente hablando más lenta dinámica evolutiva en los tiempos de la cultura hasta hoy prevaleciente, lo que además supone los hábitos sociales, las mismas identidades constituidas, así como las propias relaciones de poder y de las autoritarias reglas económicas dominantes. Franco Berardi, mejor conocido como “Bifo”, lo dice en términos inmejorables:

El capitalismo como sistema cultural y epistémico, además de económico y social, semiotiza las potencialidades maquínicas del sistema postindustrial según líneas paradigmáticas reductivas. La herencia de la época moderna, con toda su chatarra industrial y con toda la chatarra de los hábitos mentales, de sus imaginarios de competencia y agresividad, pesa como un obstáculo insuperable, impidiendo el despliegue de una perspectiva de redistribución y de progresiva extensión del trabajo asalariado.16



¿Acaso no sostuvo el Marx de los Grundrisse, que “El capital reduce, sin ninguna intención, el trabajo humano [el consumo de fuerza humana de trabajo] a un nivel mínimo”? ¿Acaso no agregó, a ello, que “Eso será de utilidad para el trabajo emancipado, y es la condición de su emancipación” (pág. 396)? Para nosotros, entonces, la conjunción de la potencia tecnológica con el conocimiento social encuentra –ya en potencia- la fuerza de resistencia del agotado patrón capitalista que predomina en las expectativas sociales, culturales y psíquicas de la humanidad precariamente proletarizada. La economía del presente, que ha terminado por devenir en una especie de “jaula semiótica general”, impide el despliegue de lo posible que también registra su existencia en la estructura material e intelectual de la tecnología. No era por otro motivo, además, que Marx escribió que:
El capital es por sí mismo la contradicción en proceso, por el hecho de que tiende a reducir el tiempo de trabajo a un nivel mínimo, mientras que, por otro lado, pone el tiempo de trabajo como única medida y fuente de la riqueza. Eso disminuye el tiempo de trabajo en la forma del tiempo de trabajo necesario para agrandarlo en la forma de trabajo superfluo haciendo entonces del tiempo de trabajo superfluo la condición del tiempo de trabajo necesario. Por un lado, evoca todas las fuerzas de la ciencia y de la naturaleza con el fin de volver independiente la creación de la riqueza, del tiempo de trabajo empleado en ella. Por el otro lado, pretende medir las gigantescas fuerzas sociales creadas de la misma manera en que se mide el tiempo de trabajo y sujetarlas entre los límites que son necesarios para conservar como valor, el valor ya creado.17
Estos brillantes párrafos marxistas, que en su momento fueron decisivos para el desarrollo teórico-político del obrerismo neo-marxista italiano, justo cuando los Grundrisse empezaban a conocerse allá y, un poco más tarde, también en México, serían definitorios para el estudio del capitalismo del siglo XX, aunque a tantos audefinidos “marxistas” les pasaran, casi-casi de noche. Se trata de desarrollos propios del padre de la CEP que hoy son en extremo útiles, a la hora de decidir ¿qué Marx se leerá en el siglo XXI? Y también sirven para comprender nuestra propuesta actualizadora en lo que a la CEP se refiere, demanda la apertura de una nueva materia de CEP que prolongaría los cursos de la hoy denominada “economía política” a seis y no ya a cinco semestres. ¿Con qué finalidad? Con el deliberado propósito de que los estudiantes que concluyen sus cinco semestres de “economía política” que hoy se imparten, puedan acceder al estudio contemporáneo del “capitalismo cognitivo” de la producción inmaterial y de los fragmentos de los Grundrisse que los prepararán para ello mismo.18


  1. Apunte referido a nuestra propuesta concreta en CEP dentro del nuevo Plan de Estudios para la FE-UNAM

Si se considera que la presente ponencia que expongo en este Segundo Foro de Propuestas Académicas en la FE-UNAM, prolonga y a la vez desarrolla la parte final de la ponencia anterior que ya antes expuse durante el pasado Foro de Abril de 201319, y de que, además, ambas se sustentan en la lógica de razonamiento que también sustenté en el Foro de Diagnóstico de Septiembre de 201220, se comprenderá cómo y por qué, esta propuesta a ser ponderada en el nuevo diseño curricular para la licenciatura en economía, forman una trilogía de reflexiones que constituyen, en realidad, un todo-continuo. Por lo tanto, considerando que de aquella intervención de diagnóstico logré establecer la necesidad de procesar una lógica de modificaciones que ponderó la necesidad de un diseño potentemente actualizador para nuestro objeto de estudio, la segunda intervención, de su lado, inició un proceso de aterrizaje en el modus operandi que bien podría empezar a adoptar nuestra reordenación académico-actualizadora en nuestra área de conocimiento. En suma, de aquellas dos ponencias previas, quedó claramente estipulado lo siguiente.


En la ponencia de diagnóstico perfilé, en sus grandes trazos, cinco propuestas de intervención institucional de común acuerdo con diversos los profesores del área de economía política:


  1. La imperiosa necesidad de una actualización curricular en sintonía con el momento histórico-concreto y maduro que el capitalismo vive a la par de sus desarrollos económico-políticos y científico-técnicos.

  2. La ponderación de que la transformación, dado que es integral –un consenso que existe al seno de la CPyP-, no puede ni debe contener, únicamente un solo diseño curricular, sino que la docencia en CEP, por ejemplo, precisa de un enfoque propio de la autogestión académico-pedagógica.

  3. Que debemos trabajar porque, la vida colegiada que debe rescatarse en términos democrático-participativos para todos los ámbitos de conocimiento en que se forman los economistas, deberá transferir todo el poder académico al ejercicio de la vida académica sin cortapisas, dejando en la autoridad sólo las tareas de naturaleza burocrático-administrativa.

  4. La necesidad de deshomologizar la pertinaz confusión entre la economía política, en general, y su enfoque científico-crítico marxiano actualizador (cosa que supone cambiar el apelativo nombre de las “economías políticas” por el de “críticas de la economía política”.

  5. Que la economía del tiempo formativo y el espacio de abordaje temático para nuestros contenidos, en el nuevo mapa curricular alternativo, debiera constar, al menos, con 6 semestres en sucesión dentro del núcleo básico de la carrera, con independencia de que en el ciclo terminal se cuenten con espacios optativos para seguir profundizando en la formación de nuestra área de conocimiento.

Además, en la ponencia dentro del Primer Foro de Propuestas anterior, agregué otro conjunto de iniciativas, pensando en la necesaria armonización entre lo antes diagnosticado y las previsibles alternativas de solución a los problemas académicos que encaramos:




  1. Que el lugar de Marx y la lectura de El capital no está sujeta a dudas ni a negociaciones en lo que se refiere al imprescindible e insustituible papel que desempeña para la formación de economistas científicos y críticos como aquellos que demanda la ominosa realidad propia del capitalismo maduro nacional e internacionalmente ponderadas las cosas. Ello no supone, empero, que acometer su estudio, deje de suponer un ejercicio de jerarquizada compactación, a fin de sustituir la lectura lineal de El capital, en favor de una creativa concentración de sus más sustantivos contenidos y directamente imbricados en sus tres momentos argumentales principales: producción, circulación y reproducción del capital social global.

  2. Que ganando tiempo y espacio con tal creativa concentración de contenidos a partir de los tópicos esenciales de toda la urdimbre temática y metodológica de El capital, podamos renovar el repertorio de los temas y teóricos en CEP de sus generaciones sucesivas, hasta arribar en la directa incursión de la CEP de su tiempo tecnológico capitalismo maduro, con el capitalismo cognitivo de la producción inmaterial a estudiar, en el sexto semestre tras todo el amplio periplo re-ordenador a ofrecer como alternativa curricular.

Estas siete principales propuestas –que no únicas- recapitulan y sintetizan la lógica de continuidad que existe entre las tres ponencias que incluyen a la presente, y que, en el próximo apartado final se aboca a la presentación de la materia de “CEP VI” que tendría por eje ordenador el Estudio bioeconómico del capitalismo cognitivo de la producción inmaterial.




  1. La CEP ante el estudio bioeconómico del capitalismo cognitivo de la producción inmaterial

Esta propuesta que aquí se formula para el novedoso curso en CEP #VI, está sustentada en el concreto <<ejercicio-piloto>> que ya venimos desarrollando en la actualidad, bajo la modalidad de “Curso de Actualización para profesores” al interior del Programa de Educación Continua de la DGPA.21 Dos son nuestros objetivos que gobiernan al horizonte de nuestras finalidades con esta experiencia: la primera, iniciar por la vía de los hechos, el recorrido temático y bibliográfico que nutrirían a la nueva (crítica de la) “economía política” del sexto semestre ya como CEP; el segundo, presentar ante profesores de la FE-UNAM estos contenidos para su discusión y la consecuente habilitación calificadora que, precisamente de ahí, bien podría surgir el personal para su impartición a la luz del re-diseño curricular para el nuevo Plan de Estudios.


¿Cuántos serían sus principales elementos de sustentación y cuáles las unidades y los temas que esta nuevo curso pretende abordar? Los siguientes que aquí sustanciamos bajo una forma –in extremis- sintética:



  1. Introducción temático-justificadora

La velocidad con que irrumpieron las Nuevas Tecnologías de la Comunicación y de la Información (NTCI) explica la presente propuesta de estudio en CEP del tiempo tecnológico capitalista maduro del presente. Hoy, la ubicua presencia de las plataformas comunicativas y cibernético-computacionales, han pasado a formar parte de un exuberante paisaje tecnológico que no es desmesurado caracterizar por la centralidad dominante de esa <<tecnosfera>> que ya lo habita todo y que ha logrado abarcar al conjunto de las actividades económicas, productivas y circulatorias, además de distributivas e, incluso, consuntivas. Es la necesidad, entonces, por caracterizar este fenómeno, lo que explica la necesidad desde una postura propia de la CEP de hoy.




  1. La bioeconomía del capitalismo cognitivo en tanto que objeto de estudio

Referirnos dentro de un curso terminal en CEP a la categoría de <<capitalismo cognitivo>>, a la creciente “producción inmaterial” que lo viene singularizando al interior de la fuerte mudanza epocal que ha supuesto y que ha terminado por hacer de la economía convencional, una “bioeconomía”; y de la política tradicional, una “biopolítica” auto-centrada en el despótico control social sobre las multitudes proletarizadas del orbe, y que ha venido siendo acompañada para el cumplimiento de tan innoble cuan explotadora y opresiva labor, al seno del tránsito de la sociedad disciplinaria hacia la nueva sociedad de control, de un emergente y nuevo patrón tecnológico productivo y subsuntiva en su más controvertible labor de dominio hegemónico de parte del capitalismo maduro hacia el conjunto del mundo del trabajo, hasta abarcar el conjunto de la vida misma hasta en el orden doméstico-cotidiano de la gente y no sólo de los trabajadores, denota el sobrado motivo de una incursión analítica y caracterizadora desde la CEP de hoy.


Para sostener lo que aquí se postula, nos apoyamos en una tesis fuerte a demostrar:

El biocapitalismo, en nuestros días, constituye un rasgo inescapable para caracterizar, entre otros diversos elementos, la centralidad que han logrado conquistar los mercados financieros. Dichos mercados, en la actualidad financian una inmensa proporción de las actividades acumuladoras, y, en forma muy importante, aquellas que corresponden a la <<producción cognitiva inmaterial>>


Además, con las plusvalías que logran acopiar, los mercados financieros instrumentan una suerte de “función multiplicadora de la economía” así como de la distribución del ingreso no exento de groseras concentraciones del mismo. En su caso, estamos ante un “multiplicador” que frecuentemente conduce a una potente distorsión del ingreso, en oposición, por ejemplo, al keynesiano multiplicador real que, como se sabe, se fundamenta en el “déficit spending”. Este es, en forma indudable, un referente inicial de entrada al <<capitalismo cognitivo de la producción bioeconómica>> y una esencial razón para ocuparnos del estudio de estas cuestiones desde una CEP del tiempo tecnológico capitalista maduro de hoy.


  1. Los medios para encarar la actualización formativa de los estudiantes en CEP

Se impone en el esclarecimiento de los medios de que nos habremos de valer, a fin de acometer el anterior objeto de estudio, el ofrecer una breve pista metodológica referida a nuestros medios para encarar la rica y esencialísima temática que colocaremos en el foco de nuestro razonamiento paradigmático:




  • En un primer plano. Se tratará de la revisión con los estudiantes que ya detentan un amplio conocimiento de la CEP, con fundamento en la extendida lectura de El capital que han desarrollado, de incursionar en los Grundrisse y los marxianos cuadernos de Capital y tecnología de 1861-1863, de manera resaltada profundizando en los Fragmentos de las máquinas de donde proceden las citas de la presente ponencia.

  • En un segundo plano. Nos ocuparemos de la categoría de <<capitalismo cognitivo>> aproximándonos a su génesis, al propio desarrollo de su urdimbre constitutiva, así como de las determinaciones específicas capaces de explicar el acelerado cambio científico-técnico así como sus implicaciones de corto, mediano y largo plazo en la escena del nuevo siglo XXI.

  • En un tercer plano. Se habrá de emplazar un dispositivo para sobresaltar los rasgos preponderantes del <<nuevo paradigma científico-técnico>>, el papel que las innovaciones científicas están teniendo en los procesos de trabajo capitalista para sus funciones productivas y reproductivas al interior de la dinámica generadora de valor y plusvalía, para demostrar la profundización de la explotación y el despojo de tiempo de trabajo excedente que todo capitalismo asegura –y en mayor medida el actual-, en favor de los intereses privados y/o estatal-gubernamentales, y en contra del interés del común de la gente que lo vive y padece como “despojo” y “acumulación por desposesión” (David Harvey, dixit).




  1. El fin último de un curso en CEP para la actualización crítica del modo de producción inmerso en la crisis de civilización que desencadenó

En lo que a la determinación teleológica de nuestro fin último se refiere, debemos señalar aquí una precisión específica que tiene que ver con el fuerte convencimiento que nos anima para materializar, en México, un nuevo proyecto de incursión investigadora y colectiva, en el sentido de la “apuesta propositiva” que lo anima, dirigida orientadoramente a tomarle el pulso a la realidad singular de un capitalismo que ha sido capaz de adquirir una dimensión auténticamente mundial y global, en los términos que este modo de producción históricamente determinado no lo había sido –ni ningún otro modo de producción previo del mundo antiguo o moderno-, por lo menos, hasta la caída del Muro de Berlín (1989), el colapso postrero de la Unión “Soviética” (1991), así como a la desintegración ulterior del conjunto del Bloque Europeo Oriental y, con ello, del mismo Pacto de Varsovia.


En conjunto, estos procesos conformaron el declive de una constelación de regímenes mal llamados “socialistas” y que, con el <<modelo de economía estatal centralmente planificada>> y buro-tecnocráticamente gestionada, terminó por tipificarlos hasta el desfondamiento del inviable proyecto de capitalismo colectivo estatal que perdió la guerra fría de antaño, no en el frente militar que algunos auguraban –acaso con una conflagración nuclear- una vez convertida la guerra fría en guerra caliente, sino que tal derrota ocurrió en un ámbito que muy pocos fueron capaces de anticipar o prever en una forma inequívocamente certera: en el plano de una derrota científico-tecnológica que terminó por desplazarlos de la escena geopolítica ulterior, y, sobre todo, del mercado mundial ampliado al seno del complejo proceso de globalización e integración económica excluyente que emergería con un auténticamente falso “nuevo orden mundial” y que, además, calza pies de barro.
Nuestro proyecto, en tal sentido, se propone la profundización analítica desde la ciencia económica crítica y la historia política reciente del mundo, en el contexto de la post-quinta revolución científico-tecnológica, tratando de “cartografiar” el registro duro y las líneas constituyentes de las nuevas formas de vida, por cuanto estamos claros en que ése derrotero anteriormente descrito, es portador, precisamente hablando, no de buenas noticias sino de un proceso que ha hecho posible el ominoso tránsito desde la sociedad disciplinaria para el existente humano, a la sociedad de control que hoy exhibe la naturaleza biopolítica de la persistente contradicción –ahora todavía más agravada- entre el capital y el mundo del trabajo. Se trata, por ende, y como ya se puede advertir, de la afanada búsqueda del más pertinente y científico-crítico análisis orientado hacia el avituallamiento académico y paradigmático de una “nueva caja de herramientas” comprensiva del presente y que, así enunciado nuestro afán acometedor, nos permita entender y alentar –acompañadoramente- el nuevo ciclo de luchas anti-sistémicas y contra-estatales que se han venido emplazando sucesivamente y de las que seremos testigos de primera línea, a lo largo de las próximas décadas.22
Termino simplificando aquí, en forma extremadamente breve, un Mapa de Ruta para el Curso en Críticas de la Economía Política # VI, enunciando algunos de sus temas esenciales:


  1. El análisis del proceso bioeconómico acumulador en el capitalismo cognitivo y maduro de la producción inmaterial del presente.

  2. A propósito de la crisis sistémica del capitalismo cognitivo: ¿”crisis de la ley del valor”, al seno del proceso en que la plusvalía transita, en tanto que “forma trasmutada”, hacia su devenir reconvertida en “renta de la ganancia”?

  3. La crisis económica global y la biopolítica de la “gobernance” económico-social: el naufragio del “paradigma demo-liberal”.

  4. Las metamorfosis en las actividades productivas y circulatorias en el capitalismo maduro de la producción inmaterial.

  5. La evolución de las formas de organización en la empresa-red capitalista y la naturaleza biopolítica de la antagónica contradicción capital-trabajo, en el tránsito hacia la “sociedad de control” de la plena “subsunción total”.

  6. Riqueza y propiedad, libertad y renta, en el capitalismo cognitivo.

  7. La realización monetaria: consumo, comunicación y terciarización del mundo del trabajo.

  8. La retro-transformación evaporadora de las prestaciones laborales en la ruta impuesta para la despótica subsunción total de la vida al capital.

  9. Las morfológicas mutaciones del trabajo en el capitalismo cognitivo y maduro de la producción inmaterial.

  10. La naturaleza del todo-continuo explotación y alienación, a la luz de las nuevas subjetividades del trabajo y la potencial subversión en el capitalismo informacional.

  11. El trabajo cognitivo en la red de redes y los laberintos de la “ideología felicista” del control disciplinario.

  12. ¿Hacia un programa socio-económico y post-socialista desde las multitudinarias indignaciones del proletariado precario manual e intelectual?




  1. Nuestro Paquete Bibliográfico

Además de toda la bibliografía ya citada en nuestras notas al pie que contiene la presente propuesta en positivo de un curso en Críticas de la Economía Política # VI, incorporamos otros textos que son torales, tanto en lo que hace a sus Fuentes primarias, así como para sus apoyaturas necesarias en tanto que Fuentes Secundarias:


Fuentes primarias


  • Blondeau, Olivier; Whiteford, Nick Dyer; Vercellone, Carlo; Kyrou, Ariel, et al. Capitalismo cognitivo, propiedad intelectual y creación colectiva. Editorial Traficantes de Sueños, Serie Mapas # 8, Primera Edición al Castellano, Madrid, Abril de 2004 (155 págs.).

  • Berardi Franco. Rechazo al trabajo y General Intellect en los Grundrisse. Edición Electrónica en la Web, con Archivo PDF (7 págs.).

  • Fumagalli, Andrea. Bioeconómica y capitalismo cognitivo. Hacia un nuevo paradigma de acumulación. Editorial Traficantes de Sueños, Serie Mapas # 29, Primera Edición al castellano, Madrid, octubre de 2010 (342 págs.).


Fuentes Secundarias


  • Berardi, Franco. La fábrica de la infelicidad. Nuevas formas de trabajo y movimiento global. Editorial Traficantes de Sueños, Serie Mapas # 5, Primera Edición al castellano, Madrid Septiembre de 2003 (191 págs.).

  • Fumagalli, Andrea. <<Crisis económica global y gobernance económico-social>>. En La gran crisis de la economía global. Mercados financieros, luchas sociales y nuevos escenarios políticos (De Lucarelli, Stefano; Marazzi, Christian; Mezzadra, Sandro; Negri, Antonio, et al.). Editorial Traficantes de Sueños, Serie Mapas # 27, Primera Traducción al castellano, Madrid, octubre de 2009, págs. 99-124.

  • Marx, Karl. Elementos fundamentales para la crítica de la economía política. Editorial Siglo XXI, Tomo II, México 1988.

  • Vercellone, Carlo. <<Crisis de la ley del valor y devenir renta de la ganancia. Apuntes sobre la crisis sistémica del capitalismo cognitivo>>. Editorial Traficantes de Sueños, Serie Mapas, # 27, Op., cit., págs. 63-98.



7 de Abril del 2014

1 La presente ponencia continúa y amplía algunos de los asuntos formuladas en los tres Foros Anteriores y previos a éste cuarto en que participamos, individual y colectivamente (de Diagnóstico y de Propuestas).

2 Manuel Sacristán. <<¿Qué Marx se leerá en el siglo XXI? “. En Pacifismo, ecologismo y política alternativa. Editorial Público, Colección Pensamiento Crítico, Madrid 2009, págs. 160-169.

3 Sobre este particular, basta tan solo la más creativa revisión contemporánea de los marxistas Cuadernos de París y las “notas de lectura” que sobre estos axiales cuadernos emprendiera Adolfo Sánchez Vázquez, para coincidir en el anterior señalamiento arriba proferido. Vid. Karl Marx. Cuadernos de París (Notas de lectura de 1844) con estudio previo de Adolfo Sánchez Vázquez y traducción de Bolívar Echeverría. Editorial Era, Colección El hombre y su tiempo, México 1980.

4 Respecto a estos asuntos, dos trabajos de resultados diferentes y sentidos opuestos, sirvieron, en cualquier caso, para posicionar a muchos en el estudio de los Grundrisse, no como un simple “borrador preparatorio” de El capital, sino, antes bien, como un texto con “vida propia” y énfasis particulares. Compárense, por ejemplo, los estudios sobre los Grundrisse de Roman Rosdolsky en su Génesis y estructura de El capital de Marx (Ed. Siglo XXI) y el visionario trabajo del filósofo político italiano Antonio Negri en su Marx más allá de Marx (Ed. Akal), para percibir la importancia del debate que de ellos dimanó, en favor de una necesaria actualización interpretativa para la CEP, a la luz del acelerado cambio científico-técnico del capitalismo contemporáneo.

5 Lo preguntamos así, en razón a que no creemos que hoy exista alguien en la FE-UNAM que persista en señalar con torpeza o ignorancia supina que, lo que debe hacerse con la CEP, debe ser, simplemente, “deshacernos de ella”. Si lo hubiera, quisiéramos saberlo, toda vez que estamos listos para confrontarlo en el debate de altura que debe ser encarado en un muy próximo Foro de Resoluciones que habrá de suceder al que aquí y ahora se desarrolla en nuestra institución académica.

6 A su vez, no sobra agregar aquí que, en el flanco de la militancia crítico-marxista revolucionaria, el literato y resuelto activista comunista mexicano, José Revueltas, por esos mismos años, hablaba de la “nacionalizar el marxismo” para conferirle realidad histórica transformadora en trabajos suyos tan importantes como en el caso del Ensayo sobre un proletariado sin cabeza. Vid. Obras Completas de José Revueltas, Tomo # 17, Editorial Era, México 1984.

7 Es el caso, extraordinariamente lúcido, por ejemplo, del crítico de la economía político italiano Andrea Fumagalli, en su extraordinario libro Bioeconómica y capitalismo cognitivo. Editorial Traficantes de Sueños, Serie Mapas #29, Madrid 2010. Pero también se trata el de una afanada corriente de críticos de la economía política, fundamentalmente italianos –aunque no solo italianos-, que abarcan a personalidades como Christian Marazzi, Sandro Mezzadra, Cristina Morini, Yann Moulier-Boutang, Antonio Negri, Cosma Orsi, Francesco Salvini, Carlo Vercelone, Mauricio Lazzarato, Mario Tronti e, inclusive, Franco Berardi. Se trata de una constelación de pensadores críticos del presente y, sus trabajos, son portadores de algunos de los más importantes y trascendentes desarrollos en la materia propia de la CEP del presente que nos ocupa en esta sede y que, en ésta institución académica, han pasado de noche a nuestros “críticos de la economía política”.

8 Ibíd., pág. 25.

9 Algunos textos notables de la época, en su específica traducción económica, fueron: La crítica de la economía política hoy, resultante del Coloquio de Frankfurt y que incorporaba, en el centenario de la muerte de Karl Marx (efectuado en 1983), desarrollos de Rosdolsky, Poulantzas, Mandel, Altvater, Negt y Abendroth), Editorial UAP, México 1983. Asimismo destacó, por entonces, el texto de Jorge Juanes intitulado Marx o la crítica de la economía política como fundamento, publicado por la misma UAP, México 1982.

10 Franco Berardi (Bifo). <<Rechazo del trabajo y General Intellect en los Grundrisse>>. Traducción de Daniele Zoli. Archivo PDF en línea, pág. 2.

11 Karl Marx. El capital, Tomo I, pág. 44.

12 Ibid., pág. 89.

13 No es otra cosa la que se colige, por cierto, de la lectura entreverada de los textos de Marx correspondientes a sus inéditos manuscritos denominados Capital y Tecnología de 1861-1863 (Editorial Terranova, México 1980) y de su Cuaderno Tecnológico-Histórico y que contiene los extractos de la lectura B 56, elaborados en Londres en 1851 (Editorial UAP, México 1984).

14 Karl Marx. Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) de 1857-1858, Tomo II, pág. 391. Cursivas nuestras.

15 Ibidem.

16 Franco Berardi, Op., Cit., pág. 4.

17 Karl Marx. Op., cit., pág. 407.

18 Lo señalamos así, en virtud a que en el siglo XXI el mecanismo de acumulación de capital se asienta cada vez más en la obtención de ganancias por la producción de mercancías inmateriales. Por ejemplo, la información, el conocimiento y la comunicación. Y aún más, pareciera que la formación de la ganancia en estos tiempos estuviera experimentando una suerte de separación del “tiempo de trabajo”, en virtud a que las mercancías inmateriales son susceptibles de multiplicarse al infinito y sin costo, y por lo tanto la ganancia, una vez elaborado el prototipo, puede crecer ilimitadamente con el aumento del consumo. No podemos detenernos en esto aquí, pero este ejemplo, constituye apenas un botón de muestra delos asuntos sobre los que una CEP del presente debe ocuparse.

19 Ponencia cuyo título fue: <<Por una CEP “ternario-polivalente” adecuada al objeto de estudio científico-crítico del capitalismo maduro>> expuesta el 19 de abril de 2013 en su Mesa Correspondiente.

20 Ponencia que, por su parte se intitulaba: <<El diagnóstico en el estudio de la economía política y en crítica de la economía política>> expuesta el 25 de septiembre de 2012 en su Mesa Correspondiente.

21 El Curso de Actualización que ya se está impartiendo bajo propósitos preparatorios, como una suerte de <
>, se denomina “Capitalismo Cognitivo, Biopolítica del Control Social y Nuevo Paradigma Científico-Técnico”, todos los viernes de 11:30 a 14:00 hrs., en el salón 304 del Edificio B de la FE-UNAM.

22 En la actualidad, ya contamos con un Mapa de Ruta académico para esta materia y, en breve, estaremos en condiciones de presentar el Programa de Estudios.



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