El Libro de los Seres Imaginarios Jorge Luis Borges Margarita Guerrero



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El Minotauro

La idea de una casa hecha para que la gente se pierda es tal vez más rara que la de un hombre con cabeza de toro, pero las dos se ayudan y la imagen del laberinto conviene a la imagen del minotauro. Queda bien que en el centro de una casa monstruosa haya un habitante monstruoso.

El minotauro, medio toro y medio hombre, nació de los amores de Pasifae, reina de Creta, con un toro blanco que Poseidón hizo salir del mar. Dédalo, autor del artificio que permitió que se realizaran tales amores, construyó el laberinto destinado a encerrar y a ocultar al hijo monstruoso. Éste comía carne humana; para su alimento, el rey de Creta exigió anualmente de Atenas un tributo de siete mancebos y de siete doncellas. Teseo decidió salvar a su patria de aquel gravamen y se ofreció voluntariamente. Ariadna, hija del rey, le dio un hilo para que no se perdiera en los corredores; el héroe mató al minotauro y pudo salir del laberinto.

Ovidio, en un pentámetro que trata de ser ingenioso, habla del hombre mitad toro y toro mitad hombre; Dante, que conocía las palabras de los antiguos pero no sus monedas y monumentos, imaginó al minotauro con cabeza de hombre y cuerpo de toro (Infierno, xii: 1-30).

El culto del toro y de la doble hacha (cuyo nombre era labrys, que luego pudo dar laberinto) era típico de las religiones prehelénicas, que celebraban tauromaquias sagradas. Formas humanas con cabeza de toro figuraron, a juzgar por las pinturas murales, en la demonología cretense. Probablemente, la fábula griega del minotauro es una tardía y torpe versión de mitos antiquísimos, la sombra de otros sueños aún más horribles.


La Madre de las Tortugas

Veintidós siglos antes de la era cristiana, el justo emperador Yü el Grande recorrió y midió con sus pasos las Nueve Montañas, los Nueve Ríos y los Nueve Pantanos y dividió la tierra en Nueve Regiones, aptas para la virtud y la agricultura. Sujetó así las Aguas que amenazaban inundar el Cielo y la Tierra; los historiadores refieren que la división que impuso al mundo de los hombres le fue revelada por una tortuga sobrenatural o angelical que salió de un arroyo. Hay quien afirma que este reptil, madre de todas las tortugas, estaba hecho de agua y de fuego; otros le atribuyen una sustancia harto menos común: la luz de las estrellas que forman la constelación del Sagitario. En el lomo se leía un tratado cósmico titulado el Hong Fan (Regla General) o un diagrama de las Nueve Subdivisiones de ese tratado, hecho de puntos blancos y negros.

Para los chinos, el cielo es hemisférico y la tierra es cuadrangular; por ello, descubren en las tortugas una imagen o modelo del universo. Las tortugas participan, por lo demás, de la longevidad de lo cósmico; es natural que las incluyan entre los animales espirituales (junto al unicornio, al dragón, al fénix y al tigre) y que los augures busquen presagios en su caparazón.

Than-Qui (tortuga-genio) es el nombre de la que reveló el Hong Fan al emperador.




Los Monóculos

Antes de ser nombre de un instrumento, la palabra monóculo se aplicó a quienes tenían un solo ojo. Así, en un soneto redactado a principios del siglo xvii, Góngora pudo hablar del


Monóculo galán de Galatea.
Se refería, claro está, a Polifemo, de quien antes dijo en la Fábula:
Un monte era de miembros eminente

Este que, de Neptuno hijo fiero,

De un ojo ilustre el orbe de su frente,

Émulo casi del mayor lucero;

Cíclope a quien el pino más valiente

Bastón le obedecía tan ligero,

Y al grave peso junco tan delgado,

Que un día era bastón y otro, caiado.
Negro el cabello, imitador undoso

De las obscuras aguas del Leteo,

Al viento que le peina proceloso

Vuela sin orden, pende sin aseo;

Un torrente es su barba impetuoso

Que, adusto hijo de este Pirineo,

Su pecho inunda, o tarde o mal o en vano

Surcada aún de los dedos de su mano...
Estos versos exageran y debilitan a otros del tercer libro de la Eneida (alabados por Quintiliano) que a su vez exageran y debilitan a otros del noveno libro de la Odisea. Esta declinación literaria corresponde a una declinación de la fe poética; Virgilio quiere impresionar con su Polifemo, pero apenas cree en él, y Góngora sólo cree en lo verbal o en los artificios verbales.

La nación de los cíclopes no era la única que tenía un solo ojo; Plinio (vii, 2) también hace mención de los arimaspos,


hombres notables por tener sólo un ojo, y éste en la mitad de la frente. Viven en perpetua guerra con los grifos, especie de monstruos alados, para arrebatarles el oro que éstos extraen de las entrañas de la tierra y que defienden con no menos codicia que la que ponen los arimaspos en despojarlos.
Quinientos años antes, el primer enciclopedista, Heródoto de Halicarnaso, había escrito:
Por el lado del Norte, parece que hay en Europa copiosísima abundancia de oro, pero no sabré decir dónde se halla ni de dónde se extrae. Se cuenta que lo roban a los grifos los monóculos arimaspos; pero es harto grosera la fábula para que pueda creerse que existan en el mundo, hombres que tienen un solo ojo en la cara y son en lo restante como los demás (iii, 116).


El Mantícora

Plinio (viii, 30) refiere que, según Ctesias, médico griego de Artajerjes Mnemón,


hay entre los etíopes un animal llamado Mantícora; tiene tres filas de dientes que calzan entre sí como los de un peine, cara y orejas de hombre, ojos azules, cuerpo carmesí de león y cola que termina en un aguijón, como los alacranes. Corre con suma rapidez y es muy aficionado a la carne humana; su voz es parecida a la consonancia de la flauta y de la trompeta.
Flaubert ha mejorado esta descripción; en las últimas páginas de la Tentación de San Antonio se lee:
El Mantícora (gigantesco león rojo, de rostro humano, con tres filas de dientes):

—Los tornasoles de mi pelaje escarlata se mezclan a la reverberación de las grandes arenas. Soplo por mis narices el espanto de las soledades. Escupo la peste. Devoro los ejércitos, cuando éstos se aventuran en el desierto. Mis uñas están retorcidas como barrenos, mis dientes están tallados en sierra; y mi cola, que gira, está erizada de dardos que lanzo a derecha, a izquierda, para adelante, para atrás. ¡Mira, mira!

El Mantícora arroja las púas de la cola, que irradian como flechas en todas direcciones. Llueven gotas de sangre sobre el follaje.


Los Gnomos

Son más antiguos que su nombre, que es griego, pero que los clásicos ignoraron, porque data del siglo xvi. Los etimólogos lo atribuyeron al alquimista suizo Paracelso, en cuyos libros aparece por vez primera.

Son duendes de la tierra y de las montañas. La imaginación popular los ve como enanos barbudos, de rasgos toscos y grotescos; usan ropa ajustada de color pardo y capuchas monásticas. A semejanza de los grifos de la superstición helénica y oriental y de los dragones germánicos, tienen la misión de custodiar tesoros ocultos.

Gnosis, en griego, es conocimiento; se ha conjeturado que Paracelso inventó la palabra gnomo, porque éstos conocían, y podían revelar a los hombres el preciso lugar en que los metales estaban escondidos.


El Mono de la Tinta

Este animal abunda en las regiones del Norte y tiene cuatro o cinco pulgadas de largo; está dotado de un instinto curioso; los ojos son como cornalinas, y el pelo es negro azabache, sedoso y flexible, suave como una almohada. Es muy aficionado a la tinta china, y cuando las personas escriben, se sienta con una mano sobre la otra y las piernas cruzadas esperando que hayan concluido y se bebe el sobrante de la tinta. Después vuelve a sentarse en cuclillas, y se queda tranquilo.


Wang Ta-hai (1791).


Rémora

Rémora, en latín, es demora. Tal es el recto sentido de esa palabra, que figuradamente se aplicó a la echeneis, porque le atribuyeron la facultad de detener los barcos. El proceso se invirtió en español; rémora, en sentido propio, es el pez y, en sentido figurado, el obstáculo. La rémora es un pez de color ceniciento; sobre la cabeza y la nuca tiene una placa oval, cuyas láminas cartilaginosas le sirven para adherirse a los demás cuerpos submarinos, formando con ella el vacío. Plinio declara sus poderes:


Hay un pescado llamado la rémora, muy acostumbrado a andar entre piedras, el cual, pegándose a las carenas, hace que las naos se muevan más tardas, y de aquí le pusieron el nombre, y por esta causa es también infame hechicería, y para detener y obscurecer los juicios y pleitos. Pero estos males los modera con un bien, porque retiene en el vientre las criaturas hasta el parto. No es bueno ni se recibe para manjares. Entiende Aristóteles tener este pescado pies, pues tiene puestas de tal manera la multitud de sus escamas que lo parecen... Trebio Negro dice que este pez es del largo de un pie y del grueso de cinco dedos y que detiene los navíos y, fuera de esto, que poniéndole conservado en sal tiene la virtud que el oro caído en profundísimos pozos lo saca pegado a él.1
Extraño es comprobar cómo de la idea de detener los barcos se llegó a la de detener los pleitos y a la de detener las criaturas.

En otro lugar, Plinio refiere que una rémora decidió la suerte del Imperio Romano, deteniendo en la batalla de Accio la galera en que Marco Antonio revistaba su escuadra, y que otra rémora paró el navío de Calígula, a pesar del esfuerzo de los cuatrocientos remeros. Soplan los vientos y se encolerizan las tempestades —exclama Plinio—, pero la rémora sujeta su furia y ordena que los barcos se detengan en su carrera y alcanza lo que no alcanzarían las más pesadas áncoras y los cables.

«No siempre vence la mayor fuerza. Al curso de una nave detiene una pequeña rémora», repite Diego de Saavedra Fajardo.2

1. 9-41: Versión de Gerónimo Gómez de Huerta. (1604).

2. Empresas Políticas, 84.


La Quimera

La primera noticia de la Quimera está en el libro vi de la Ilíada. Ahí está escrito que era de linaje divino y que por delante era un león, por el medio una cabra y por el fin una serpiente; echaba fuego por la boca y la mató el hermoso Belerofonte, hijo de Glauco, según lo habían presagiado los dioses. Cabeza de león, vientre de cabra y cola de serpiente, es la interpretación más natural que admiten las palabras de Homero, pero la Teogonía de Hesíodo la describe con tres cabezas, y así está figurada en el famoso bronce de Arezzo, que data del siglo v. En la mitad del lomo está la cabeza de cabra, en una extremidad la de serpiente, en otra la de león.

En el libro vi de la Eneida reaparece «la Quimera armada de llamas»; el comentador Servio Honorato observó que, según todas las autoridades, el monstruo era originario de Licia y que en esa región hay un volcán, que lleva su nombre. La base está infestada de serpientes, en las laderas hay praderas y cabras, la cumbre exhala llamaradas y en ella tienen su guarida los leones; la Quimera sería una metáfora de esa curiosa elevación. Antes, Plutarco había sugerido que Quimera era el nombre de un capitán de aficiones piráticas, que había hecho pintar en su barco un león, una cabra y una culebra.

Estas conjeturas absurdas prueban que la Quimera ya estaba cansando a la gente. Mejor que imaginarla era traducirla en cualquier otra cosa. Era demasiado heterogénea; el león, la cabra y la serpiente (en algunos textos, el dragón) se resistían a formar un solo animal. Con el tiempo, la Quimera tiende a ser «lo quimérico»; una broma famosa de Rabelais («Si una quimera, bamboleándose en el vacío, puede comer segundas intenciones») marca muy bien la transición. La incoherente forma desaparece y la palabra queda, para significar lo imposible. Idea falsa, vana imaginación, es la definición de quimera que ahora da el diccionario.




Lilith

Porque antes de Eva fue Lilith, se lee en un texto hebreo. Su leyenda inspiró al poeta inglés Dante Gabriel Rossetti (1728-1882) la composición de Eden Bower. Lilith era una serpiente; fue la primera esposa de Adán y le dio glittering sons and radiant daughters (hijos resplandecientes e hijas radiantes). Dios creó a Eva, después; Lilith, para vengarse de la mujer humana de Adán, la instó a probar el fruto prohibido y a concebir a Caín, hermano y asesino de Abel. Tal es la forma primitiva del mito, seguida por Rossetti. A lo largo de la Edad Media, el influjo de la palabra layil, que en hebreo vale por noche, fue transformándolo. Lilith dejó de ser una serpiente para ser un espíritu nocturno. A veces es un ángel que rige la generación de los hombres; otras es demonios que asaltan a los que duermen solos o a los que andan por los caminos. En la imaginación popular suele asumir la forma de una alta mujer silenciosa, de negro pelo suelto.


El Peritio

Parece que la sibila de Eritrea afirmó en uno de sus oráculos que Roma sería destruida por los peritios.

Al desaparecer dichos oráculos en el año 671 de nuestra era (fueron quemados accidentalmente), quien se ocupó en restituirlos omitió el vaticinio y por ello en los mismos no hay indicación alguna al respecto.

Ante tan oscuro antecedente, se hizo necesario buscar una fuente que arrojara mayor luz sobre el particular. Así fue como tras mil y un inconvenientes se supo que en el siglo xvi un rabino de Fez (con toda seguridad Aaron-Ben-Chaim) había publicado un folleto dedicado a los animales fantásticos, donde traía a colación la obra de un autor árabe leída por él, en la que se mencionaba la pérdida de un tratado sobre los peritios, al incendiar Omar la biblioteca de Alejandría en el 640.

Si bien el rabino no ha dado el nombre del autor árabe, tuvo la feliz idea de transcribir algunos párrafos de su obra, dejándonos una valiosa referencia del peritio.

A falta de mayores elementos, es juicioso limitarse a copiar textualmente dichos párrafos; helos aquí:


...Los peritios habitan en la Atlántida y son mitad ciervos, mitad aves. Tienen del ciervo la cabeza y las patas. En cuanto al cuerpo es un ave perfecta con sus correspondientes alas y plumaje.

...Su más asombrosa particularidad consiste en que, cuando les da el sol, en vez de proyectar la sombra de su figura, proyectan la de un ser humano, de donde algunos concluyen que los peritios son espíritus de individuos que murieron lejos de la protección de los dioses...

...se los ha sorprendido alimentándose de tierra seca..., vuelan en bandadas y se los ha visto a gran altura en las Columnas de Hércules...

...ellos (los peritios) son temibles enemigos del género humano. Parece que cuando logran matar a un hombre, inmediatamente su sombra obedece a su cuerpo y alcanzan el favor de los dioses...

...Los que cruzaron las aguas con Escipión para vencer a Cartago estuvieron a muy poco de fracasar en su empresa, pues durante la travesía apareció un grupo compacto de peritios, que mataron a muchos...

...si bien nuestras armas son impotentes ante el peritio, el animal no puede matar a más de un hombre...

...Se revuelca en la sangre de su víctima y luego huye hacia las alturas...

...En Ravena, donde los vieron hace pocos años, dicen que su plumaje es de color celeste, lo cual me sorprende mucho por cuanto he leído que se trata de un verde muy oscuro...


Aun cuando los párrafos que anteceden son suficientemente explícitos, es lamentable que a nuestros días no haya llegado ninguna otra información atendible sobre los peritios.

El folleto del rabino que permitió esta descripción se hallaba depositado hasta antes de la última Guerra Mundial en la Universidad de Munich. Doloroso resulta decirlo, pero en la actualidad ese documento también ha desaparecido, no se sabe si a consecuencia de un bombardeo o por obra de los nazis.

Es de esperar que, si fue esta última la causa de su pérdida, con el tiempo reaparezca para adornar alguna biblioteca del mundo.


El Zorro Chino

Para la zoología común, el zorro chino no difiere muchísimo de los otros; no así para la zoología fantástica. Las estadísticas le dan un promedio de vida que oscila entre ochocientos y mil años. Se lo considera de mal agüero y cada parte de su cuerpo goza de una virtud especial. Le basta golpear la tierra con la cola para causar incendios, puede prever el futuro y asumir muchas formas, preferentemente de ancianos, de jóvenes doncellas y de eruditos. Es astuto, cauto y escéptico; su placer está en las travesuras y en las tormentas. Los hombres, cuando mueren suelen trasmigrar con cuerpo de zorros. Su morada está cerca de los sepulcros. Existen miles de leyendas sobre él; transcribimos una, que no carece de humorismo: Wang vio dos zorros parados en las patas traseras y apoyados contra un árbol. Uno de ellos tenía una hoja de papel en la mano y se reían como compartiendo una broma. Trató de espantarlos, pero se mantuvieron firmes y él disparó contra el del papel; lo hirió en el ojo y se llevó el papel. En la posada refirió su aventura a los otros huéspedes. Mientras estaba hablando entró un señor, que tenía un ojo lastimado. Escuchó con interés el cuento de Wang y pidió que le mostraran el papel. Wang ya iba a mostrárselo, cuando el posadero notó que el recién venido tenía cola. ¡Es un zorro!, exclamó y en el acto el señor se convirtió en un zorro y huyó. Los zorros intentaron repetidas veces recuperar el papel, que estaba cubierto de caracteres indescifrables, pero fracasaron. Wang resolvió volver a su casa. En el camino se encontró con toda su familia, que se dirigía a la capital. Declararon que él les había ordenado ese viaje, y su madre le mostró la carta en que le pedía que vendiera todas las propiedades y se reuniera con él en la capital. Wang examinó la carta y vio que era una hoja en blanco. Aunque ya no tenían techo que los cobijara, Wang ordenó: Regresemos.

Un día apareció un hermano menor que todos habían dado por muerto. Preguntó por las desgracias de la familia y Wang le refirió toda la historia. Ah, dijo el hermano, cuando Wang llegó a su aventura con los zorros, ahí está la raíz de todo el mal. Wang mostró el documento. Arrancándoselo, su hermano lo guardó con apuro. Al fin he recobrado lo que buscaba, exclamó y, convirtiéndose en un zorro, se fue.


Fauna China

El chiang-liang tiene cabeza de tigre, cara de hombre, cuatro vasos, largas extremidades, y una culebra entre los dientes.


En la región al oeste del Agua Roja habita el animal llamado ch’ou-t’i que tiene una cabeza de cada lado.
Los habitantes de Ch’uan-T’ou tienen cabeza humana, alas de murciélago y pico de pájaro. Se alimentan exclusivamente de pescado crudo.
El hsiao es como la lechuza, pero tiene cara de hombre, cuerpo de mono y cola de perro. Su aparición presagia rigurosas sequías.
Los hsing-hsing son como monos. Tienen caras blancas y orejas puntiagudas. Caminan erectos como hombres, y trepan a los árboles.
El hsing-t’ien es un ser acéfalo que, habiendo combatido contra los dioses, fue decapitado y quedó para siempre sin cabeza. Tiene los ojos en el pecho y su ombligo es su boca. Brinca y salta en los descampados, blandiendo su escudo y su hacha.
El pez hua o pez serpiente voladora, parece un pez, pero tiene alas de pájaro. Su aparición presagia la sequía.
El hui de las montañas parece un perro con cara de hombre. Es muy buen saltador y se mueve con la rapidez de una flecha; por ello se considera que su aparición presagia tifones. Se ríe burlonamente cuando ve al hombre.
Los habitantes del país de los brazos largos tocan el suelo con las manos. Se mantienen atrapando peces en la orilla del mar.
Los hombres marinos tienen cabeza y brazos de hombre, y cuerpo y cola de pez. Emergen a la superficie de las Aguas Fuertes.
La serpiente musical tiene cabeza de serpiente y cuatro alas. Hace un ruido como el de la piedra musical.
El ping-feng, que habita en el país del Agua Mágica, parece un cerdo negro, pero tiene una cabeza en cada extremo.
El caballo celestial parece un perro blanco con cabeza negra. Tiene alas carnosas y puede volar.
En la región del brazo raro, las personas tienen un brazo y tres ojos. Son notablemente hábiles y fabrican carruajes voladores, en los que viajan por el viento.
El ti-chiang es un pájaro sobrenatural que habita en las Montañas Celestiales. Es del color bermejo, tiene seis patas y cuatro alas, pero no tiene ni cara ni ojos.
Tai P’ing Kuang Chi.


El Monstruo Aqueronte

Un solo hombre, una sola vez, vio al monstruo Aqueronte; el hecho se produjo en el siglo xii, en la ciudad de Cork. El texto original de la historia, escrito en irlandés, se ha perdido, pero un monje benedictino de Regensburg (Ratisbona) lo tradujo al latín y de esa traducción el relato pasó a muchos idiomas y, entre otros, al sueco y al español. De la versión latina quedan cincuenta y tantos manuscritos, que concuerdan en lo esencial. Visio Tundali (Visión de Tundal) es su nombre, y se la considera una de las fuentes del poema de Dante.

Empecemos por la voz aqueronte. En el décimo libro de la Odisea, es un río infernal y fluye en los confines occidentales de la tierra habitable. Su nombre retumba en la Eneida, en la Farsalia de Lucano y en las Metamorfosis de Ovidio. Dante; lo graba en un verso:
Su la trista riviera d’Acheronte.
Una tradición hace de él un titán castigado; otra, de fecha posterior, lo sitúa no lejos del polo austral, bajo las constelaciones de las antípodas. Los etruscos tenían libros fatales que enseñaban la adivinación, y libros aquerónticos que enseñaban los caminos del alma después de la muerte del cuerpo. Con el tiempo, el aqueronte llega a significar el infierno.

Tundal era un joven caballero irlandés, educado y valiente, pero de costumbres no irreprochables. Se enfermó en casa de una amiga y durante tres días y tres noches lo tuvieron por muerto, salvo que guardaba en el corazón un poco de calor. Cuando volvió en sí, refirió que el ángel de la guarda le había mostrado las regiones ultraterrenas. De las muchas maravillas que vio, la que ahora nos interesa es el monstruo Aqueronte.

Éste es mayor que una montaña. Sus ojos llamean y su boca es tan grande que nueve mil hombres cabrían en ella. Dos réprobos, como dos pilares o atlantes, la mantienen abierta; uno está de pie, otro de cabeza. Tres gargantas conducen al interior; las tres vomitan fuego que no se apaga. Del vientre de la bestia sale la continua lamentación de infinitos réprobos devorados. Los demonios dicen a Tundal que el monstruo se llama Aqueronte. El ángel de la guarda desaparece y Tundal es arrastrado con los demás. Dentro de Aqueronte hay lágrimas, tinieblas, crujir de dientes, fuego, ardor intolerable, frío glacial, perros, osos, leones y culebras. En esta leyenda, el Infierno es un animal con otros animales adentro.

En 1758, Emanuel Swedenborg escribió: «No me ha sido otorgado ver la forma general del Infierno, pero me han dicho que de igual manera que el Cielo tiene forma humana, el Infierno tiene la forma de un demonio.»




Los Nagas

Los nagas pertenecen a las mitologías del Indostán. Se trata de serpientes, pero suelen asumir forma humana.

Arjuna, en uno de los libros del Mahabharata, es requerido por Ulupi, hija de un rey naga, y quiere hacer valer su voto de castidad; la doncella le recuerda que su deber es socorrer a los infelices; y el héroe le concede una noche. Buddha, meditando bajo la higuera, es castigado por el viento y la lluvia; un naga compasivo se le enrosca siete veces alrededor y despliega sobre él sus siete cabezas, a manera de un techo. El Buddha lo convierte a su fe.

Kern, en su Manual del Budismo Indio, define a los nagas como serpientes parecidas a nubes. Habitan bajo tierra, en hondos palacios. Los sectarios del Gran Vehículo refieren que el Buddha predicó una ley a los hombres y otra a los dioses, y que ésta —la esotérica— fue guardada en los cielos y palacios de las serpientes, que la entregaron, siglos después, al monje Nagarjuna.

He aquí una leyenda, recogida en la India por el peregrino Fa Hsien, a principios del siglo v:
El Rey Asoka llegó a un lago, cerca del cual había una torre. Pensó destruirla para edificar otra más alta. Un brahmán lo hizo penetrar en la torre y, una vez dentro, le dijo:

—Mi forma humana es ilusoria; soy realmente un naga, un dragón. Mis culpas hacen que yo habite este cuerpo espantoso, pero observo la ley que ha dictado el Buddha y espero redimirme. Puedes destruir este santuario, si te crees capaz de erigir otro que sea mejor.

Le mostró los vasos del culto. El rey los miró con alarma, porque eran muy distintos de los que fabrican los hombres, y desistió de su propósito.

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