El impresionismo



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EL IMPRESIONISMO

PARA LAS ORIENTACIONES DEL TEMA, antecedentes, entorno y contexto histórico debes leer las páginas 527, 528 y 548 –“El artista y su mundo”-, del libro de 2º de Bach.



  • La obra impresionista de EDOUARD MANET.

  • CLAUDE MONET.

  • AUGUSTE RENOIR

  • EDGAR DÉGAS

  • HENRY DE TOULOUSE LAUTREC

  1. Ambiente sociocultural y características generales.

Según Hauser (*), el Impresionismo coincide con el estadio del nacimiento del gran capitalismo, que pasa del libre juego de fuerzas económicas y sociales a un sistema rígidamente organizado y racionalizado, pero que ya cuenta con un proletariado ensamblado, unido en un movimiento obrero internacional. El sentimiento general de esta sociedad es el de crisis de valores, acentuada por el rápido desarrollo de la técnica. Los criterios estéticos cambian con vertiginosa rapidez, ya que están inmersos en una sociedad dominada por tensiones y aceleraciones desconocidas hasta entonces. La técnica moderna introduce en todas las circunstancias vitales un dinamismo sin precedentes y es precisamente en esta atmósfera de cambio y aceleración donde nace el primer gran movimiento de ruptura en la historia de la pintura occidental: el Impresionismo, cuyas características generales pueden resumirse en unos cuantos puntos: (*) Arnold Hauser. Sociología del arte.

  1. Se trata de un movimiento fundamentalmente urbano, producto en última instancia de la absorción de la población rural por la urbana a causa del crecimiento industrial. El Impresionismo es ciudadano por naturaleza, no sólo porque repara en el paisaje urbano contemporáneo, sino sobre todo, porque sus artistas contemplan la realidad con ojos de hombre de ciudad, nervioso y ultrasensible a las impresiones exteriores, que en la ciudad cambian continuamente, mientras que en los ambientes rurales son previsibles, poco sorprendentes y nada estimulantes.

  2. Predominan en el Impresionismo las impresiones fugaces sobre las duraderas y persistentes. El arte impresionista es fundamentalmente heraclitiano (**) y nada platónico: disuelve todas las cosas estables y presta a la realidad el carácter de lo imperfecto, de lo transitorio. La representación de la luz, el aire y de la atmósfera, la descomposición de las masas de color en manchas y puntos que vistos de cerca son informes, la disolución de los colores locales en valores condicionados por el juego dinámico de los colores complementarios, la perspectiva atmosférica y no caballera, el juego cambiante de luces, sombras y reflejos, que se influyen entre sí; la pincelada suelta, matérica y libre; el dibujo rápido y abocetado; el desdén por el acabado pulido y perfecto del arte académico no expresan otra cosa que el sentimiento del dinamismo de la vida moderna. (En este apartado, Hauser reseña un repertorio de características formales de la pintura impresionista. A ellas, debes añadir su particular utilización de los colores.) (**) Heraclitiano: “Nadie se baña dos veces en la misma agua”.

  3. El Impresionismo es un naturalismo llevado a sus últimas consecuencias, entendiendo por naturalismo un arte de lo concreto, lo individual y lo momentáneo. Sin embargo, se aleja de él por cuanto el naturalismo fusiona todavía lo conceptual con lo inmediatamente percibido, mientras que el Impresionismo desdeña el concepto (no siempre) y se acoge a la visualidad pura e inmediata, sin el filtro de la idea preconcebida. Un naturalista representará una mesa como sabe que es; un impresionista como parece ser en un momento atmosférico determinado. El naturalismo es sintético mientras que el Impresionismo es analítico.

  4. El Impresionismo reduce la pintura a sus propios medios, desprendiéndose de los elementos literarios y eliminando todo lo que no sea de naturaleza óptica.

  5. Por consiguiente, el tema tiene poca importancia en el arte impresionista. De ahí su casi exclusiva limitación al paisaje, la naturaleza muerta y el retrato. Además, el tema se trata según los tonos, no según la estructura de los objetos. Esta minimización del motivo viene condicionada por el espíritu desmitificador y antirromántico de la época y su desprecio por la psicología y el humanismo clásicos. El Impresionismo es un arte especializado que se libera de la conjunción con la literatura y las mitologías, pretendiendo ser únicamente pintura de lo inmediato, sin sugerencias, ni aperturas a otras esferas de la realidad o de la imaginación (contrariamente al romanticismo y al simbolismo).

  6. El Impresionismo toma del Romanticismo de Delacroix su entusiasmo por el color, que predomina siempre sobre el dibujo, disolviendo la tectónica de los cuerpos. Reduce la realidad a una superficie bidimensional, y dentro de ella, a un sistema de manchas sin perfil. Lo que gana la representación en dinamismo y sensualidad lo pierde en claridad lógica y firmeza estructural: ésta es una de las características más revolucionarias de este método que enfrentaba a un público con mentalidad academicista a unas obras compuestas de manchas, borrones y generosidades insólitas de pasta. El público, naturalmente, recibió el impacto como una provocación intolerable.

  7. El color impresionista es revolucionario en tanto que prescinde del color mental, adquirido por una experiencia milenaria y difícil de erradicar, y lo sustituye por el color inmediato de la experiencia concreta y momentánea. Sin embrago, esto no es un síntoma de espontaneidad en la representación de la realidad, sino un modo sofisticado y artificioso que requiere en el artista un sutil juego conceptual de manchas amarillas, azules y malvas. El color artificioso del Impresionismo puede proporcionar la sensación de frescura y sensualidad intensas, pero pierde en efectos ilusionistas y disgrega la innegable realidad del objeto en manchas convencionales.

  8. El Impresionismo, a pesar de ser piedra de escándalo en su época, no tiene un carácter popular ni revolucionario, socialmente es, más bien un arte aristocrático, elegante y lujoso, producto de temperamentos refinados y ultrasensibles. Sus miembros principales (menos Monet) procedían de capas altas de la sociedad: Manet, Bazille, Berthe Morisot y Cezanne eran hijos de familias ricas; Dégas de origen aristocrático; Toulouse Lautrec, de la alta aristocracia. El arte de muchos de ellos muestra un mundo rico y refinado: el de la distinguida sociedad burguesa del Segundo Imperio, un mundo de óperas, carruajes y carreras de caballos.

Hauser, Arnold. “Historia Social de la literatura y el arte”. Madrid. Ed. Guadarrama.


Historia del movimiento impresionista

Todos los pintores representantes de este fenómeno nacieron antes de 1830-1840, y ninguna de sus obras puede considerarse impresionista antes de 1870.

Los primeros contactos entre ellos tuvieron lugar en la “Academia Suisse”, en ella trabajó Courbet y comenzó a pintar Monet en 1859; coincidieron allí, al mismo tiempo, Manet que se había relacionado con Degas en el Louvre, Pisarro que aportaba un estilo mezcla de Corot y Courbet, y Cezanne que, más tarde, retornaría a su ciudad de Aix-en-Provence.

La crisis sufrida por la Academia Suisse en 1861, hizo que los alumnos se separaran y mientras unos marcharon al taller que abrió Courbet (se cerró en 1862), otros se reunieron en el de Gleyre. En este último coincidieron Monet, Renoir, Sisley, Bazille y las hermanas Edma y Berthe Morisot, conectadas al grupo gracias a Monet. El estudio de Gleyre cerró en 1864, hasta esa fecha los futuros impresionistas pintaron con el espíritu y los ojos de la escuela de Barbizon, pero acabando sus telas al aire libre. El plenairismo era una actitud generalizada en el grupo.

En 1865 se solían reunir en el café Guerbois, sede de sus discusiones estéticas. Los líderes del grupo –del que se escindieron Degas y Manet- fueron Monet y Renoir que en esa etapa decidieron marchar juntos a la Grenouillière para estudiar los efectos cambiantes de los reflejos del agua y de la luz.

La guerra franco-prusiana (1870) descompuso momentáneamente el movimiento. Monet y Pissarro viajaron a Londres, donde conocerían las obras de los paisajistas ingleses Constable y Turner. Finalizado el conflicto (1871) se reinauguraron las tertulias del Guerbois y conectaron con el marchante Durand-Ruel, sin el cual no hubiera sido posible el futuro de los pintores impresionistas.

En 1874, en la sala del fotógrafo Nadar, tuvo lugar la primera exposición (en ella no participó Manet, que envió sus obras al Salón Oficial y fueron rechazadas; y discrepó abiertamente Degas). A pesar de las críticas de Leroy, Albert, Wolf… las exposiciones se sucedieron durante la década de los ochenta y poco a poco los impresionistas fueron siendo aceptados. Al mismo tiempo que, desde dentro del grupo, comenzaban a articularse una nueva posición: el neoimpresionismo, alentado por Seurat y Signac.


Claude Oscar Monet. (1840-1926). Nació en París aunque luego su familia se trasladó a El Havre. Su primera formación artística la recibió de un discípulo de David y, después de unos años dedicado a la caricatura, se interesó por la pintura al aire libre bajo el control del paisajista Eugène Boudin. De vuelta a París en 1859, con escasos recursos económicos –el proveniente de la venta de sus caricaturas- prefirió frecuentar la “Academia Suisse” a los cursos impartidos en la Academia. El paisaje volvió a ser su tema preferido desde 1862, cuando de nuevo, después del periodo militar, regresó a El Havre para recuperarse de una enfermedad; allí recreó en sus lienzos las playas y costas de Normandía, asesorado por Boudin y Jongkind. En 1864 conectó definitivamente con los futuros impresionistas en el taller de Gleyre. Hasta 1870 fue una etapa dura, caracterizada por tensiones familiares, dificultades afectivas, penurias económicas… Durante la guerra franco-prusiana viajó a Londres, donde aparte de conocer la obra de los paisajistas ingleses, trabó relación con el marchante Durand-Ruel, para quien comenzó a trabajar. En 1871, de nuevo en París, fijó su residencia en Argenteuil, a orillas del Sena.

Junto a sus amigos Renoir, Sisley, Pisarro, Cézanne, Degas y Berthe Morisot, organizó, en el estudio del fotógrafo Nadar, la primera exposición del grupo en 1874. El crítico L. Leroy, desde las revista “Charivari” y utilizando el título de uno de los cuadros de Monet: “Impresión, soleil levant” (1872), los calificó irónicamente de “impresionistas”. Las críticas no fueron óbice para que algunas telas se vendieran y el grupo continuara con su actividad y sus exposiciones (1876, 1877, 1880,1881, 1882 y 1886), aunque Monet no participó en dos de ellas.

Los cuadros de Monet comenzaron a recibir valoraciones muy positivas desde 1890, al mismo tiempo que alcanzaron gran cotización. Desarrolló una intensa actividad hasta 1909, interrumpida por breves viajes a Noruega, Londres, Madrid y Venecia. Desde 1910, centró su labor en la creación de un jardín acuático, cuyas flores se convirtieron en el “leit-motiv” de su etapa final. En su residencia de Giverny, en 1926, murió el decano del movimiento impresionista.


Obras:

Impresión, soleil levant, 1872.

El cuadro señala el arranque de la gran serie de paisaje acuáticos pintados por Monet a partir de su regreso a Francia, tras los sucesos de la Comuna. La bruma del amanecer disuelve el puerto de El Havre en un fluido desnaturalizador de formas y capaz de fundir lo denso con lo etéreo, la naturaleza de dichas formas con las de sus cualidades accidentales. Nuestra mirada accede a la composición por el umbral del primer plano, muy próximo de la superficie del agua. Es el lugar donde la agudeza visual dispondría de una potencia máxima que la niebla no habría entorpecido aún y, sin embargo, es el área de mayor deconstrucción formal, en la medida en que el movimiento de la corteza acuática se percibe proporcionalmente con más intensidad. De hecho, la franja del cuarto inferior del lienzo constituye una superficie pictórica abstracta, que sólo retoma carácter figurativo en función de las pautas argumentales suministradas por el resto del cuadro. Las anchas pinceladas, diseminadas en razón de una estructura secuencial, paralela pero abocada al desorden, rozan casi la naturaleza de signos propios de un lenguaje visual arbitrario. Los colores parecen obedecer a pautas aleatorias y sólo la firma y la fecha parecen flotar en el agua recuperando el vestigio de una referencia al plano vertical en que nos encontramos como espectadores. El sol anaranjado y su reflejo y la secuencia perspectivística de las barcas son los únicos elementos que enlazan esta área con esa parte superior donde se concentran los sucesivos planos del fondo. Gracias a estos dos elementos, el espacio se recomponen milagrosamente en el cerebro, que cree estar tomando sus datos de una retina rigurosa.
Regatas en Argenteuil. (1872)

Este lienzo concentra argumentalmente buena parte de los elementos que protagonizan la interacción visual en los paisajes acuáticos de Monet: agua, vegetación, embarcaciones, edificios… Esta vez no sólo le interesaba la luz, jugando con el agua o el cielo reflejándose en el Sena, sino también la emoción y la búsqueda del movimiento de la luz, de su vibración. Las velas de los barcos en plena carrera constituyen unos triángulos de luz que resplandecen sobre el azul claro del cielo, apenas más oscuro que el río gracias a los tonos amarillos que se reflejan en la transparencia del agua.

A la derecha, los colores de las casas rojas de la orilla resaltan sobre el fondo y juegan con las siluetas amarillas de las velas que se destacan sobre la masa del río. El horizonte casi divide la escena en dos partes, los veleros ocupan la zona izquierda del lienzo y las casas la derecha: el tema, los elementos del cuadro no podrían ser más sencillos, pero la pintura de Monet, su manera de ver y de representar la luz, los reflejos en el Sena, la oscilación de las barcas en las olas y su manera de navegar sobre el agua, transforman la tela en un extraordinario ejemplo de pintura al aire libre.

Claude Monet. “El arte y sus creadores” nº 37


Las amapolas. (1873).



En este cuadro, el verde del campo y el rojo de las amapolas resaltan pos sus concordancias cromáticas y por el verde oscuro de los dos árboles de la izquierda. La repetición del grupo de dos personas crea la ilusión de movimiento y profundidad. La sensación de movimiento fluido y rítmico viene dada por los grupos de puntos que, arracimados en la parte superior, se van separando gradualmente según se acercan a la parte inferior del cuadro.

Monet renunció a pintar lo que nosotros sabemos de las cosas, y pintó, con la mayor veracidad posible, lo que nosotros vemos. Para conseguir esta finalidad, que no es el fruto de una idea abstracta sino el producto de la naturaleza misma de su sensibilidad, Monet se vio obligado a inventar nuevos instrumentos de representación y nuevos medios estilísticos, porque las soluciones que le brindaba la pintura tradicional eran totalmente inadecuadas: el dibujo, el claroscuro, la perspectiva lineal, la mancha, los tonos y los valores no correspondían ya a sus necesidades. Y así creó una pintura hecha de pinceladas fragmentadas, de toques, de vírgulas, en la que el color es luz, la atmósfera se capta en su movilidad y el espacio se forma mediante la vibración de la luz y de la atmósfera en los cuerpos, que no son otra cosa que la concreción natural de esta luz y de esa atmósfera.

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