El humanismo del futuro ensayo filosófico político



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EL HUMANISMO

DEL FUTURO

Ensayo filosófico – político

Gabriel J. Zanotti



INDICE ANALÍTICO

Prólogo a la segunda edición (2002)



Introducción (1989)
Los dos humanismos principales. El humanismo teocéntrico o “antropoteocentrismo”. Sus implicaciones ético-sociales. Advertencias previas. Cuál es nuestro eje central. Las argumentaciones racionales. El método. Los niveles de análisis. Los temas para considerar.

CAPITULO 1

  1. La persona humana y la ley natural. La “Imago Dei”. La esencia de la persona. La ley natural. La justicia. La ley humana. Para quienes se establece. Su radio de acción. Su relación con la ley natural. Su función educativa. Su posibilidad de variación. Su conocimiento.

  2. La dignidad humana. Noción y delimitación. Qué es la dignidad natural ontológica. Su fundamento antropológico – metafísico. Su relación con el orden moral. Dignidad natural esencial y mal moral. La dignidad humana derivada de la “Imago Dei” y su distinción con la autonomía moral.

  3. La ley natural y los derechos de la persona humana. Fundamentación, enumeración, delimitación. Contenido de la ley natural. El fundamento racional del derecho. El “pagaré originario”. El derecho objetivo. El derecho subjetivo. Enumeración de los derechos. El derecho a la vida. El derecho al matrimonio. El derecho a la libre asociación. El derecho a participar de la vida pública. El derecho de inmigración y emigración. El derecho a la libertad religiosa. A la libertad de enseñanza. A la libertad de expresión. El derecho a la propiedad privada de los medios de producción y consumo. El derecho a la libre iniciativa privada en todos los ámbitos de la vida social. El derecho a la igualdad ante la ley. El derecho a un proceso judicial justo. El derecho a la intimidad.

  4. Los derechos sociales. Noción. La dificultad intrínseca de los derechos sociales. La relación con el bien común. La real libertad. La igualdad de oportunidades.

  5. Aclaraciones finales. 1) El fundamento último de los derechos. 2) El orden de la deducción de los derechos. 3) Las expresiones utilizadas. 4) Aclaración sobre la expresión “ausencia de coacción”. 5) Aclaración sobre la expresión “coaccionar” y/o “impedir colectivamente”. 6) La no enumeración de un derecho no implica su negación. 7) Nuestra fundamentación no es contraria a otras, mientras estas puedan integrarse a la nuestra.



CAPITULO 2.

  1. La sociedad humana y el bien común. La esencia de la sociedad humana. Análisis de la definición de Santo Tomás. El fin y el bien común. Qué es el bien común. Su conocimiento. La no existencia real de un pacto de unión originario. La paz social. El respeto al bien común.

  2. El bien común y los derechos del hombre. Bien común y justicia. Justicia y derechos del hombre. Bien común y bien particular. Origen de algunos conflictos.

  3. La naturaleza del estado.* Ciertas nociones básicas. Análisis ontológico del estado. Santo Tomás. Nivel histórico-sociológico. La escuela escocesa. El nivel del “anarquismo metódico”. Buchanan y Nozick. Los presupuestos antropológicos. La definición del estado. Naturaleza de su origen en Dios. Su justificación y la fuerza. El “poder constituyente” que es lo que radica en el conjunto de las personas. El consentimiento.

  4. Principios éticos que rigen al estado. a) La limitación del poder. El estado y el bien común. Bien común y “cuidado”de los derechos del hombre. Formas de estado y formas de gobierno. Importancia práctica de la cuestión. b) El principio de subsidiariedad. La lógica interna del principio. La función específica del estado. Relación con la igualdad ante la ley y la ausencia de privilegios. El principio de subsidiariedad como exigencia de la dignidad humana. Relación con la libre iniciativa privada en todos los ámbitos de la vida social. La “subsidiariedad sociológica”. “Estado gendarme versus estado subsidiario”: falsa dialéctica.

  5. La democracia constitucional. La democracia constitucional como la mejor forma de gobierno. Demostración. La participación en la gestión pública. La paz social. La tradición del “gobierno mixto”. La Constitución. Esencia y funciones. La división de poderes y el federalismo. Bien común y orden constitucional. El fin de la limitación constitucional. El derecho a la resistencia a la opresión y las circunstancias actuales. La incorporación de los derechos sociales al texto constitucional.

  6. La necesidad de una reforma institucional. Las dificultades actuales de la democracia constitucional. La reestructuración y fortalecimiento del orden constitucional. La propuesta concreta. La reforma y el acuerdo constitucional.


CAPITULO 3.

  1. Planteo de la cuestión. La función social de la propiedad y la libre iniciativa como principios morales. Planteo: cuál es el proceso que desde el punto de vista técnico permite concretar esos dos principios.

  2. El proceso de mercado. Sus características y presupuestos (antropológicos, sociológicos e institucionales). Su diferencia con los modelos neoclásicos de equilibrio. Demostración de la eficiencia del proceso. Qué es lo que lo frena y lo distorsiona. La relación con nuestra posición filosófico-política. Los bienes públicos y las externalidades. Redefinición de estas últimas. La internalización de las externalidades. Reelaboración del teorema de Coase. La privatización de bienes públicos. El caso de los club goods. Las posibilidades de redefinición de derechos según avances tecnológicos. Relación con el proceso de mercado y el principio de su subsidiariedad.

  3. Aspectos morales. La dignidad humana; la igualdad ante la ley; la justificación de la rentabilidad. El carácter co-creador del mercado. Los recursos que deja disponibles. El aumento sostenido del salario real. La extensión y difusión de la propiedad. La igualación de los niveles patrimoniales. El problema de la “alienación”. El derecho de la propiedad; la riqueza. Planteo moral y jurídico. La causa última de los problemas morales referentes a la riqueza. La abundancia de bienes y la “neurosis noógena”. La sociedad libre; la familia y el estado macrodistribuidor.

  4. El contexto internacional. Importancia de la cuestión. Teoría marxista de la dependencia. Su refutación y su relación con cuestiones filosóficas y políticas. Sus perjuicios para la paz mundial. Los préstamos e instituciones financieras internacionales: sus perjuicios. El libre comercio internacional.

  5. Una propuesta para América Latina. Un mercado común latinoamericano y la unidad de América Latina. Los Estados Unidos de América Latina.

  6. La redistribución de ingresos. Análisis de la posición de J. Rawls. Planteo de la cuestión. La justicia distributiva. Sentido estricto y analógico. La producción, la distribución y el bien común. La justicia legal. La productividad. La acción del estado redistribuidor; sus perjuicios morales y económicos. La situación de niños, ancianos y discapacitados. Los casos de emergencia y las atribuciones municipales. Limitación constitucional de los casos de emergencia. El seguro social obligatorio y sus inconvenientes. La posición de J. Rawls. Explicación. Crítica. Nuestras diferencias filosóficas. Los resultados prácticos. El derecho de la persona a poseer el fruto de sus capacidades naturales. Consecuencias políticas del sistema de Rawls.



CAPITULO 4.

Advertencia metodológica. El carácter filosófico-político de nuestras reflexiones.



  1. El problema educativo. Conceptos básicos. El sistema de libertad de enseñanza en su pureza. Razones para la intervención del estado. Análisis crítico. Análisis a partir de la situación actual. La desmonopolización del sistema y los títulos oficiales. El “prestigio” de la institución educativa como principio regulador. La habilitación de títulos. El problema del financiamiento. El bono escolar. Nuestra concepción moral de “hombre educado”.

  2. Aborto, eutanasia y algunas cuestiones de salud pública. 1. Aborto. Definición y nuestra tesis central. Demostración. Los casos particulares que justificarían el aborto (violación, malformación, situación económica, peligro de abortos ilegales, peligro para la vida de la madre). Análisis crítico. 2. Eutanasia. Concepto. Diferencia con la “orto-eutanasia”. La muerte digna. El suicidio. Conclusión. 3. Algunas cuestiones de salud pública. La libre iniciativa privada y la salud. El caso de la salud “pública”. La responsabilidad penal por los productos elaborados. El problema del ejercicio del arte de curar y la responsabilidad individual. El derecho a recibir o no un tratamiento y la objeción de conciencia. El trato a los enfermos psiquiátricos. Sus derechos. Los trasplantes. Problemas.

  3. Familia. Qué es la familia como institución natural. Su relación con la educación y la seguridad social. El fundamento moral de la familia: el amor humano y su naturaleza. El matrimonio. La ley humana y el matrimonio. Ventajas de la indisolubilidad matrimonial. La situación legal de los divorciados. Su relación con la libertad religiosa. El principio de subsidiariedad. Las reglamentaciones sobre el número de hijos y/o esterilización: crítica.

  4. Ecología. Planteo filosófico del problema. Planteo científico. La acción de la iniciativa privada en la ecología. Relación con bienes públicos y externalidades: redefinición de nuevos derechos de propiedad. Su importancia para el siglo venidero. La acción del estado. Su relación con ciertas cuestiones de salud pública.

  5. Algunas cuestiones de moral pública. La pornografía. Ley natural y ley humana. Posiciones habituales con respecto a la acción de la ley humana. Sus dificultades. Nuestra posición. El control judicial. La protección de derechos afectados. La moral pública en el ámbito estatal. Hipótesis sobre la situación de equilibrio entre la utopía y la degeneración. La prostitución. Acción dela ley humana. La trata de blancas. La homosexualidad. La drogadicción. Hipótesis explicativa. Derechos afectados.

  6. Algunas cuestiones de bioética. La fecundación in vitro. Problema moral intrínseco. La acción de la ley humana: caso de la FIV con descarte de embriones y caso FIV considerada como “caso simple”. La manipulación genética: crítica. Anticonceptivos. Reflexión general sobre los problemas bioéticos. La familia monogámica como clave del orden de la reproducción humana.

  7. La guerra. La guerra defensiva como la única justificada. Circunstancia internacional actual. La peligrosidad de las guerras. La criminalidad de las guerras ofensivas. El colonialismo y el imperialismo. Las ideologías totalitarias como el origen de las guerras. La paz mundial y el libre comercio. La desactivación de las ideologías totalitarias. Los principios morales que rigen la guerra en caso de que la defensa sea justa. Los derechos de prisioneros y poblaciones civiles. La inmoralidad absoluta de la tortura. La posibilidad de la paz mundial y los organismos internacionales. La prédica cultural en favor de la guerra: crítica. El servicio militar obligatorio. Las victorias y su “festejo”. Qué es realmente una guerra. La utopía de la guerra y el realismo de la paz.

  8. Iglesia y estado. Principios generales que rigen la cuestión. Su aplicación a las circunstancias actuales. La libertad religiosa. La colaboración sustancial entre la Iglesia y estado y la acción de los laicos. La colaboración formal. La situación en el mundo. Una declaración universal de derechos con Dios como fundamento.



REFLEXION FINAL.

La cuestión de Dios y las posibilidades de nuestro humanismo para todos los hombres. La utopía y la realidad. Factores que impiden la utopía en nuestro humanismo. La influencia de las ideologías. Aclaración sobre nuestra crítica a las “ideologías”. Nuestra visión de la historia. La relación no necesaria entre los esquemas históricos y las bases de nuestra filosofía política. Nuestra “clasificación” política. Nuestra esperanza.

PROLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN (2002)
Este libro fue terminado de escribir en Febrero de 1989, cuando todo hacía suponer que el mundo se encaminaba hacia una nueva era de paz y prosperidad. Las posteriores dificultades del tan debatido proceso de globalización, más la situación enfrentada tras el 11 de Septiembre del 2001, parecen haber contradicho ese momento de optimismo.

Sin embargo, quiero resaltar que el libro no obedecía en su momento a ninguna circunstancia concreta ni tampoco a predicciones optimistas. El libro, si bien enmarcado en la esencial historicidad de todo humano relato, no intentaba ser un análisis de coyuntura. Su intención fue, y sigue siendo, lograr una síntesis teorética, una intersección de horizontes incomunicados: cierto liberalismo clásico, por un lado, y una perspectiva ius-naturalista de orientación cristiano-católica, por el otro. Y todo su optimismo fue y sigue siendo haber logrado, al respecto, algunas fórmulas que tengan cierto grado de verdad y permanencia. En ese sentido es verdad que el libro es terriblemente optimista.

Por lo demás, cuando lo escribimos no veíamos tan cercana la caída del muro y ese tema, que constituye tal vez la mayor des-actualización del texto (el análisis de la situación internacional está hecha antes de la caída del muro) tiene, paradójicamente, un triste retroceso, y en ese sentido una lamentable actualidad. Seguimos sosteniendo lo que parece totalmente anticuado: que el marxismo sigue siendo el principal obstáculo. Esa expresión sería decididamente errónea si se refiriera a la ex Unión Soviética o si quisiéramos ignorar con ello otras fuentes del totalitarismo, tanto pasadas como presentes: los nacionalismos y los fundamentalismos religiosos.

Sin embargo, la noción marxista de la escasez, donde ésta es fruto de la explotación del capitalismo a través de la plus-valía, sigue estando presente, como creencia cultural, en gran parte del discurso y del análisis de quienes se dicen no marxistas. En ese sentido, frente al supuesto de que el actual proceso de globalización muestra una vez más las injusticias del capitalismo, hay un repentino revival de la teoría de la dependencia estructural de los 701. A saber, que la riqueza de los países ricos no es más que el fruto de la explotación que realizan de los países pobres. Se sigue pensando eso cuando se dice que la globalización, que se supone “libre mercado” ha acentuado la brecha entre ricos y pobres. En mi opinión el marxismo clásico nunca pudo entender la escasez como una condición natural del proceso económico que se enfrenta, precisamente, con el ahorro, la inversión y el aumento de los bienes de capital, como explicó E. von Bohn-Bawerk ya en vida de Marx2. El aumento de bienes de capital implica mayor demanda de trabajo y por ende un aumento sostenido de los salarios reales, pero la hermenéutica marxista es totalmente al revés, justamente porque no logra “ver” el fenómeno de la escasez, y por ello, allí donde hay pobreza se cree que hay explotación. Por esto, aunque no coincidan con la peculiar afición de Bin Laden de destruir torres con aviones de línea, muchos de nuestros contemporáneos piensan igual que él: que las naciones capitalistas occidentales son la causa de la pobreza y la miseria del Medio Oriente, de América Latina, etc. Por eso digo que esa concepción marxista de las relaciones internacionales, antes pregonada por Fidel Castro y otros fideles de saco, corbata y tarjeta de crédito, ahora es compartida por otras personas más coherentes y por ello, precisamente, más explosivas.

Pero no es sólo el marxismo clásico el que no logra ver el fenómeno de la escasez. Tampoco lo logran ver, creo, los modelos neoclásicos de economía que parten del supuesto de competencia perfecta y luego tratan de ajustar el modelo a los mercados reales. Por más ajustes que intenten hacer, en el supuesto inicial hay una esencial falla, que no se trata del realismo o el no realismo del modelo3. Se trata de que al suponer competencia perfecta, el ajuste, la coordinación y el equilibrio entre oferta y demanda es perfecto y, por ende, ab initio, no se ha considerado el fenómeno de la escasez. Tampoco se han considerado, ab initio, los presupuestos jurídicos del proceso de mercado, a saber, propiedad privada y, por ende, libertad de entrada al sistema.

Formados en este paradigma neoclásico de economía, miles de “funcionarios” integran después organismos internacionales como el NAFTA, el MERCOSUR, la Unión Europea, el FMI, el Banco Mundial, y bancos centrales y ministerios de economía de todo el mundo. Con lo cual se produce la otra parte de esta tragedia que retro-alimenta la anterior: creer que todo ello, ahora llamado “globalización” es capitalismo o libre mercado. Los funcionarios del FMI creen verdaderamente que son partidarios del libre mercado, con lo cual no hacen más que dar argumentos al pensamiento neo-marxista y a sus ideólogos. Pero no es esa la concepción de libre comercio internacional propugnada por Mises en 1927, en su obra Liberalismo4. Al contrario, es todo un ejemplo perfecto de las características que, en 1949, el mismo L. von Mises atribuía al intervencionismo gubernamental en el mercado, en su tratado de economía, La Acción Humana5, donde también había una importante crítica al FMI, y no en una nota a pie de página. Impuestos a la renta, aranceles, trabas migratorias, controles de cambio, de precios, bancos centrales y control de la oferta monetaria más curso forzoso del patrón monetario, confiscaciones, expropiaciones, monopolios legales, privilegios sectoriales, salarios mínimos, corporativismo sindical, estado de bienestar: todas ellas son las políticas criticadas por Mises en la sexta parte de su tratado de economía bajo el título “El mercado intervenido” y todas ellas, oh casualidad, son las características dominantes de las economías occidentales “capitalistas” y, sobre todo, de los acuerdos inter-bloques nombrados al principio, tan bien estimados por los organismos internacionales también arriba nombrados. Fidel Castro y Bin Laden tienen en todos ellos su mejor oficina de prensa.

Pero todo este panorama también implica una curiosa re-actualización del planteo inicial del libro. El capítulo uno habla de los derechos de la persona como su eje central. Es aquí donde a veces pienso si no es demasiado optimista hablar de esa cuestión olvidando el pecado original y las terribles contramarchas de la historia. Frente a las guerras y los odios tan enfrentados, frente a odios ancestrales de origen religioso, mezclados con nacionalismos y neo-marxismos en un sincretismo explosivo, ¿tiene sentido seguir hablando de libertades individuales, de garantías personales, de derecho a la intimidad, de debido proceso, y tomarnos verdaderamente en serio todo ello? Esas instituciones parecen haber sido concebidas y practicadas para sociedades y tiempos “lockianos”, pacíficos, pero parecen ser relegados al olvido, o a la hipocresía de bonitas declamaciones, cuando las sociedades se vuelven más hobbesianas, más bélicas y, por ende, llamamos nuevamente al dictador, dictador al cual, y coherentemente con la aludida hipocresía, todos criticamos en público pero, en nuestro interior, muy en nuestro interior, estamos tranquilos de que él haga el trabajo sucio de olvidarse por un tiempo de la libertad individual.....

En ese sentido, toda el mensaje del libro, a saber, respétense los derechos individuales y, con ello, la libertad y prosperidad que se dan por añadidura, no está escrito sólo con la esperanza de convencer de ello a quienes decididamente los consideran un invento de la alienación capitalista, sino también es un mensaje dirigido a aquellos que dicen defenderlos. En ese sentido creo que la primera parte de este libro es un mensaje no tanto a Bin Laden, obviamente, sino sobre todo a los líderes de las naciones llamadas democráticas. Pero no desde un supuesto pedestal de autocomplacencia filosófica, desdeñando y no comprendiendo las difíciles decisiones que hay que tomar en segundos, desde la complicada posición del político y el militar que no tienen el tiempo que tenemos los que sabemos de la comodidad de un pizarrón. No, no es esa mi actitud. Yo sé que, después del pecado original, la paz perpetua de Kant ha sido tal vez la más noble ilusión de todos los tiempos, tan noble como ilusa por minimizar el papel que el odio, la venganza y las ambiciones territoriales y de poder tendrán siempre en la vida y muerte política de los pueblos. Pero sería también iluso, también no-realista, suponer que paz es sólo una bonita palabra. El libre comercio internacional hace no rentables las guerras. Lo explicó Mises claramente, lo repetí yo en el 89 en este librito y lo sigo afirmando hoy. Ese es el margen de realismo, no utópico, por cierto, de quienes seguimos pregonando el libre mercado internacional. Pero hay algo más, que es lo más importante. Ante un ataque injusto, ante una dramática guerra fruto de un injusto agresor, lo que menos debemos hacer es convertirnos en él. No hablo, precisamente, como experto en seguridad interior. Hablo sencillamente como alguien que sabe que ser uno mismo tiene sus obvios riesgos y que forma parte de un país que ya ha vivido un drama al respecto.

En este sentido, la filosofía política tiene un deber de realismo, porque estas exigencias éticas no pueden ser demandadas, reiteramos, en enfrentamiento dialéctico con la praxis de las medidas concretas. Preocupaciones de autores tan disímiles como Maritain6 y J. Rawls7, sobre la convivencia en paz de personas de religiones y metafísicas diversas, tienen hoy, nuevamente, una rigurosa actualidad. Pero, en ese sentido, los derechos individuales, y libertades tales como religión, enseñanza, expresión, etc., más una constitución federal que las asegure, no son un objeto de colección, sino, sigo insistiendo, el futuro posible. A riesgo de que se me considere insano, yo tengo algo muy concreto que proponerles a árabes y israelíes, paquistaníes e hindúes, etc.: olvídense del esquema del estado-nación8, y hagan una organización política conjunta donde simplemente una constitución federal garantice el derecho de cada uno a vivir conforme a su religión, tradiciones y culturas; intercambien sus bienes en paz y libertad y respétense sus ámbitos de pensamiento. ¿Utópico? ¿Seguro? ¿No es más utópico pretender vivir como ahora mueren?

Pero es utópico, también, que los occidentales, con una totalitaria unión entre estado y ciencia denunciada por Feyerabend9 y por nadie escuchada, sigan intentando establecer un diálogo con otras culturas a partir de la supuesta superioridad de la ciencia occidental. En este sentido, los proyectos asistencialistas, de corte estatista, de las Naciones Unidas, para otros pueblos –que tocan además delicadas cuestiones de salud pública a las cuales también habíamos dedicado nuestra preocupación en el cap. 4- están destinados a un posible fracaso cultural. Los derechos individuales, en ese sentido, si bien enmarcados en la intimidad de la historicidad de Occidente, no son una propuesta que debe ser “extraña” a otro ser humano, como un aparato ortopédico. Son, más bien, el lento descubrimiento de cuál es nuestra piel cuando vivimos sencillamente en libertad. En ese sentido, contrariamente a esquemas neo-conservadores, el humanismo del futuro es una propuesta para todos los pueblos, porque la libertad cultural, contenida en los derechos individuales, implica una adaptación ipso facto a circunstancias culturales diversas.



Ahora bien, una cosa son los derechos del hombre y otra cosa es la democracia constitucional. Esta última es un medio para la custodia jurídica de aquellos. In abstracto, se puede decir que la democracia constitucional, como lo decimos en el cap. 2, es la mejor forma de gobierno hasta ahora descubierta; in concreto, su aplicación dependerá de las circunstancias de lugares y pueblos. Y, entre esas circunstancias, hay una no ajena a Occidente, sino interna a él: la crisis de las democracias constitucionales, no sólo de las frágiles democracias de países “emergentes” sino sobre todo de las naciones desarrolladas. En este sentido nuestro libro tampoco ha perdido actualidad. Los análisis de Hayek10 y Buchanan11 sobre la crisis de la democracia constitucional fueron hechos –esto es muy interesante- prácticamente in situ: los EEUU. Sus diagnósticos y sus propuestas fueron hechas para los EEUU, pero se aplican también, haciendo una extrapolación, a otros casos. Cuando la escasez –nuevamente...- se concibe como un juego de suma cero, de modo tal que algo para uno es algo menos para otro; cuando las cámaras legislativas conciben su función como los que reparten esa torta fija que no crece; cuando las asociaciones intermedias se convierten, tal como lo analiza Buchanan en su “rent seeking society12 (sociedad en busca de renta) en grupos de presión que luchan por intereses contrapuestos, la combinación de todo ello va llevando a un sobre-dimensionamiento del poder legislativo y ejecutivo que termina de convertir en letra muerta a la libertad individual y a su resultado, la prosperidad y el bienestar. En ese sentido, es más actual que nunca la propuesta de reforma institucional que hacíamos en el cap. 2. Es ir en contra de la corriente, lo sabemos, de un constitucionalismo llamado social que concibe al poder legislativo como el eje central de la equidad mientras que se tolera a un capitalismo “para la producción”. Con lo cual se logra una sociedad más injusta de lo que se pretendía, con más desigualdades sociales y con un estado de bienestar muy parecido al estado tutelar descripto y advertido por Tocqueville y muy parecido, también, al estado científico preconizado por Comte. Esa es realmente la dialéctica del iluminismo: un estado racionalista que, al querer liberar, oprime. La propuesta de democracia constitucional debe, en ese sentido, volver a sus orígenes. Se trata de una constitución federal y, como mucho, un código penal federal. Ninguna legislación más, en principio. Esa constitución federal debe incluir expresas prohibiciones al poder legislativo federal y al ejecutivo: prohibición de monopolios legales, de exclusividad legal para la provisión de cualquier bien o servicio, moneda inclusive; prohibición de partidas presupuestarias adicionales a las atribuciones de los poderes establecidas en la constitución.... Eso no tiene nada que ver con una dialéctica entre estado gendarme y estado subsidiario, pues es un esquema que, atando todo lo posible las manos del gobierno federal, deja libre la acción discrecional de los gobiernos municipales para servicios sociales, siempre que no violen las prohibiciones establecidas a nivel federal, tal cual establece Hayek cuando trata de las funciones del gobierno13.

Todo esto es muy importante porque es la misma democracia la que está en juego. Las gentes son muy volátiles y son las primeras en pedir dictaduras cuando una democracia entra en crisis, como sucedió con la Italia y la Alemania de la post-guerra. Esa situación explica, actualmente, en parte, la inestabilidad política endémica de América Latina: ya sean dictaduras o democracias, todas parecen tener un pecado original de origen, un autoritarismo y un corporativismo endémicos que forman el telón de fondo que se manifiesta siempre, sea cual fuere el régimen adoptado. La democracia constitucional que proponemos no es una mera cuestión de formas democráticas pero de fondo autoritarias, sino una verdadera limitación al poder. Y entonces sí, seguimos proponiendo los Estados Unidos de América Latina.

Nunca se debe perder de vista que todo esto tendrá como consecuencia el desarrollo y, en ese sentido, la eliminación progresiva de la pobreza y la miseria. De igual modo que con el tema de la guerra, no ignoro que, dada la condición humana, los focos de pobreza serán una amenaza permanente para el mundo mejor que soñamos, pero, nuevamente, no es ninguna utopía suponer que, con estabilidad política y jurídica, el aumento permanente de bienes de capital llevará a una constante elevación de los niveles de vida y mayores oportunidades para todos. No sólo es una predicción: es lo que verdaderamente ha pasado en las naciones capitalistas democráticas, en la medida que nos saquemos los anteojos marxistas y podamos ver su riqueza como el resultado de libre mercado y no de la explotación de los más débiles. Esto es especialmente importante. Los niños desnutridos, las personas sin hogar, y millones y millones de personas que en todo el mundo vagan por hacinamientos inhumanos, sin otra esperanza humana que la muerte, no son fruto de un terremoto, una inundación, o algún otro desastre natural. Son fruto de un desastre humano: el empecinamiento de persistir en políticas estatistas, corporativas y autoritarias. La economía de mercado, contrariamente a lo que ese marxismo cultural, como creencia de base, hace pensar, no produce la exclusión de los más pobres. Al contrario, esa miseria indignante, que padecen millones de excluidos de todo el mundo, es el fruto de las guerras, de las violaciones de la propiedad y los contratos, de la violación del libre comercio, de la inestabilidad política de esa danza macabra entre dictadorzuelos y demagogos. La pobreza, ese rostro sufriente que nos tiende la mano, es una bofetada a nuestra vagancia intelectual, a no someter a dura crítica los presupuestos corporativistas y marxistas que la producen. El eje central de la crisis de los paradigmas es sobre todo la capacidad de éstos para auto-defenderse y ver en otros planteos los causantes de sus propios problemas.

Todo esto que estamos diciendo tiene, a su vez, una actualidad inusitada para los problemas de la Argentina. Sentados plácidamente en la cubierta de esa titánica combinación de corporativismo y socialismo que la Argentina fue y sigue siendo desde los 40 hasta la actualidad14, los argentinos, cual emergentes de un sueño dogmático, parecemos haber descubierto ahora, hace un tiempito, que nuestra democracia está en crisis, que los derechos de propiedad sirven para algo y que hay hambre y desnutrición. El futuro es incierto. Puede haber sido un descubrimiento muy tardío y los hábitos culturales de esas décadas de estatismo no son fáciles de cambiar. Editar nuevamente este libro, en estas circunstancias, es, por cierto, ser fieles a lo que Popper decía del optimismo: éste no deriva de que sepamos de cómo va a ser el futuro, sino de lo que podamos hacer hoy15.

Finalmente, mi mayor utopía, quizás. En medio de guerras religiosas, yo no dejo de hablar de Dios. Pero ocurre que, sencillamente, es Dios la fuente de la tolerancia, de la misericordia, del respeto al otro, del amor al que piensa distinto. Es el pecado el que hace decir al hombre que Dios es su aliado en su violenta lucha contra la paz. Yo, como filósofo, poco puedo contra eso, excepto escribir y pensar, pensar para el reino del hombre y confiar, absolutamente, en el Reino de Dios, que no es de este mundo.
Gabriel J. Zanotti

Noviembre de 2002.


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