El genio femenino La vida, la locura, las palabras Melanie Klein



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3. HANS Y (TAL VEZ) MELITTA


El primer hijo de Melanie, Hans, tampoco escapó a la vigilancia de la madre analista. Con el nombre de Félix, en “Una contribución a la psicogénesis de los tics” (1925),29 aparece sometido a una dilatación del prepucio a la edad de 3 años, y a los 11 años a un examen nasal que reactivó el primer trauma, acentuando la tendencia del muchachito a la masturbación. Esta era sobre todo reprimida por el padre que, de regreso del frente, se mostraba muy severo con el hijo. Félix desarrolló tics, en los cuales la analista vio un desplazamiento de la excitación genital y la masturbación. Al descomponer los tres movimientos irreprimibles de Hans (la sensación de depresión en la nuca, el empuje compulsivo de la cabeza hacia atrás con rotación hacia un lado y, finalmente, el desplazamiento del mentón hacia abajo con una fuerte presión sobre el pecho), Melanie Klein los asoció con el recuerdo de la madre del niño (que en realidad era ella). Antes de los 6 años de edad, Félix había compartido el dormitorio de los padres y había querido participar en sus juegos sexuales: los movimientos o tics del niño imitaban la supuesta pasividad de la madre y la penetración activa del padre en ella. El análisis descifró “la fijación anal del niño en su madre”, así como “su homosexualidad reprimida”.30 Por esquemáticas que puedan parecer estas interpretaciones, ellas no se contentan con retomar la idea freudiana de que el síntoma histérico simboliza una parte del cuerpo (por ejemplo, en los Estudios sobre la histeria, el brazo paralizado de Anna O. equivalía a un pene en erección que la paciente, según Freud, deseaba o anhelaba tener). Klein estaba bosquejando aquí su teoría de la relación de objeto, situando el síntoma en el vínculo particular del niño con los objetos de sus deseos, el padre y la madre:
La experiencia me ha convencido de que el tic es inaccesible a toda acción terapéutica mientras el análisis no logre develar las relaciones objetales sobre las que se basa. He comprobado que en la base del tic se encuentran tendencias genitales, sádico-anales y orales, dirigidas contra el objeto.31
En cuanto a Melitta, se puede suponer que fue presentada de manera poco halagüeña, primero como un caso anónimo, y después con el seudónimo de Lisa.32 Sumándose a la historia de Félix, Melanie comunica el caso de otro niño que tiene una hermana, “en una familia que yo conocía bien”, y a la que ella describe de manera idílica (¡por supuesto, ya que se trata de la suya!): “Estos niños tienen muy buen carácter y son educados con mucha inteligencia y amor”.33 Hete aquí que, aunque dotada al principio de aptitudes intelectuales, la adolescente de 15 años (exactamente la edad de Melitta en 1919, fecha de la primera parte del artículo) se fue marchitando al crecer. Era superficial y no ponía de manifiesto ninguna curiosidad. El texto en inglés dice: “The Child never asked for sexual enlightenment at all”,34 lo que podría sobre todo significar, jugando con el sentido de la palabra enlightenment, que no era verdaderamente “una luz” ni un “espíritu de las Luces”, ¡esa pobre Melitta!35 En síntesis, “hasta el momento no ha dado pruebas más que de [...] una inteligencia media”.

Tal vez se estuviera incubando ya, en esa década de 1920, la guerra entre madre e hija que solo se desencadenó en 1933. En esta manera de pintar negativamente a la hija, mucho antes de que estallara el conflicto, ¿no se revela ya la envidia o la venganza de la madre, que sin embargo se presentaba serena en este drama? Lisa/Melitta personalizaba extrañamente las cifras y las letras, en lugar de utilizarlas como todo el mundo: por ejemplo, agrandaba la letra “a”, asociándola con una imagen del padre, cuyo nombre (Arthur) comenzaba con esa letra.

Pero entonces se dijo que, después de todo, tal vez la “a” fuera demasiado seria y digna, y que debería tener al menos algo de la “i” saltarina. La “a” era el padre castrado, pero no obstante invicto, y la “i” era el pene.36

En esa niña poco dotada, Melanie diagnosticó una “concepción sádica del coito” y un complejo de castración que obstaculizaba sus aptitudes matemáticas... El complejo paterno de Lisa/Melitta solo iba a salir a plena luz con Edward Glover,37 ¿acaso para tratar de rehabilitar al padre “castrado pero invicto”, frente a una madre invasora y dominante?

Sin embargo, a través de esos esquemas rígidos que la analista-madre parece adosar a sus hijos, y que traducen sus propias defensas contra el sentimiento de culpa, o incluso su odio de madre a su progenie, la pertinencia del insight kleiniano no cesa de sorprendernos. Sobre todo porque encontró de inmediato la prueba principal capaz de confirmarlo, moderando al mismo tiempo la siempre amenazante crispación dogmática: esa prueba no fue otra que la invención de la técnica del juego.

La atención prestada a los juegos de Erich/Fritz, la propia participación de la madre en las fantasías de sus hijos, como si ella “jugara el juego” mientras develaba el sentido inconsciente, le habían abierto el camino. Pero fue con otros niños, con hijos de sus colegas, en particular en Berlín, como Melanie Klein, dirigida por Abraham, puso a punto la técnica del juego.


4. ¿JUGAR? INTERPRETAR


Rita tiene 7 años, la horroriza la escuela, no demuestra ningún interés por el dibujo, pero un día borronea un papel, lo desgarra y lo arroja, mientras murmura: “Mujer muerta”. Esa era la causa de los terrores nocturnos por los cuales la pequeña había llegado a la consulta. Melanie comprende que la “mujer muerta”, una mujer amenazante que había que matar, era a la vez la analista y la madre de Rita: la transferencia se convierte en el objeto obligado de la interpretación. Advierte en seguida que el papel, el dibujo y el agua eran indispensables para ese “lenguaje sin palabras” que parecían ser las fantasías de Rita: jugar será el camino regio al inconsciente, así como el sueño lo fue para Freud. Después Melanie va a la habitación vecina a buscar los juguetes de sus hijos, y Rita comienza a representar diversas catástrofes con los autitos, los trenes y las figurillas llevados por la analista. Esta ve allí una puesta en escena de las actividades sexuales de Rita con un compañero de escuela. Malestar de Rita, y después alivio: la técnica del juego estaba en camino.
Me gustaría explicar en algunas palabras la razón de que estos juguetes sean de tal utilidad en la técnica del análisis mediante el juego. Su pequeño tamaño, su cantidad y su gran diversidad pueden dar lugar a los juegos más variados, mientras que su simplicidad permite una infinidad de empleos distintos. Estos juguetes pueden perfectamente servir para expresar con variedad y detalle las fantasías y las experiencias infantiles. Los diversos “temas lúdicos”, así como los objetos que los acompañan y que podemos observar directamente y a la vez deducir del contenido del juego, se presentan en una vecindad y un marco estrecho; no se nos escapa nada del encadenamiento y la dinámica de los procesos mentales en acción, ni de la cronología de las experiencias y las fantasías del niño; a menudo la contigüidad espacial representa la contigüidad temporal.38
Más tarde, Melanie precisará, retomando estas ideas, que es importante que esos juguetes sean pequeños, “no mecánicos”, tan simples como el equipamiento de la propia sala de juego, y que los “personajes humanos, que varían solamente en color y tamaño, no indiquen ninguna ocupación particular”, para que se los pueda utilizar según el material específico que surja en el juego.39

Por otro lado, al prestar atención a la expresión de la agresividad en el juego, e interesarse particularmente por los objetos maltratados, Klein establece también un límite que veda cualquier agresión física a la persona del analista.40

Pero el juego no es la puesta en escena abstracta de “objetos” de deseo u odio, simbolizados por los juguetes. El juego kleiniano se sitúa en el cuerpo y en el mundo: es, puesto que arruina, quema, rompe, seca, ensucia, limpia, destruye, construye... Necesita entonces un ámbito muy distinto del sobrio diván:
En la habitación debe haber además una cantidad de objetos susceptibles de utilización simbólica, entre los cuales el más importante es un lavabo con agua corriente...41
Peter, de 3 años y 9 meses, es un niño muy difícil, inhibido en el juego, muy apegado a la madre, y no tiene nada de varón. En la primera sesión hace chocar autos y caballos:
Le pregunté qué hacían los autos. “No es lindo”, respondió, abandonando su manejo, para retomarlo de inmediato.42
Durante una sesión:
“Es así como sus máquinas se entran.” [...] Yo continué mi interpretación: “Has pensado que tu mamá y tu papá se entran sus máquinas y que es eso lo que hizo nacer a tu hermanito Fritz”.43
Trude, de 3 años y 3 meses, es muy neurótica y está muy fijada a la madre. En la primera sesión insiste en que se retiren las flores que hay en un jarrón.
De inmediato interpreté esas palabras como un deseo de suprimir el pene paterno.44
Klein observa la destrucción de los objetos por parte de los niños: ¿no representa para el inconsciente la destrucción de los órganos genitales del padre?45 No evita interpretar la transferencia negativa46 en cuanto aparecen los primeros signos de angustia y resistencia. La interpretación de la transferencia negativa constituye entonces otra novedad que Melanie Klein aportó al psicoanálisis: lejos de ignorarla, le prestaba tal atención que hubo quienes le reprocharon que incluso la suscitaba. Pero lo que ella quería ceñir era la agresividad del paciente, la pulsión de muerte refrenada, pues desinhibiéndola esperaba liberar el pensamiento. La lección de Freud, tal como la presentan los textos consecutivos a su descubrimiento del más allá del principio de placer, en particular “La (de)negación” (1925), encontraba de este modo su aplicación, o más bien su desarrollo original.47

A medida que Klein ampliaba su práctica analítica con los niños, se iba confirmando que el juego tiene tanta capacidad de dar acceso al inconsciente como la asociación libre del adulto o un análisis de sueños; incluso más, puesto que el inconsciente preverbal o transverbal, un inconsciente profundo cercano a la represión originaria, se expresa intensamente en el juego. Y, de manera muy adecuada, como epígrafe al relato del caso de Richard, Klein cita una frase de los Ensayos de Montaigne: “Hay que observar como algo cierto que los juegos de los niños no son juegos, y hay que considerarlos sus acciones más serias”.48


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