El genio femenino La vida, la locura, las palabras Melanie Klein



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3. SANDOR FERENCZI


Hacia 1913 Melanie había iniciado en Budapest un análisis con Sandor Ferenczi: un tercero y esa vez fructuoso intento de renacer... En 1920 tuvo el valor de abandonar Budapest y Rosenberg, dejando a Melitta y Hans, para irse a vivir con Erich en Berlín, no lejos del domicilio de Karl Abraham, con quien iba a continuar su análisis.

Unos años después, la correspondencia de Alix Strachey, otra paciente de Karl Abraham, nos describe a una mujer transformada. Una noche, Melanie la arrastró a un baile de máscaras organizado por socialistas.21 La elegante inglesa del grupo muy esnob de Bloomsbury quedó por lo menos desconcertada: Melanie bailaba “como un elefante”,22 era una “Cleopatra, terriblemente décolletée,23 pero “decididamente muy simpática”;24 otra noche, en una representación de Cosi fan tutte, en la Ópera, Melanie la “atosigó de palabras”25 durante todo el espectáculo... “Demasiado simple y cómodo para mí”,26 observa Alix, pero ella era “a pesar de todo encantadora”.27 Alix, desde el inicio de su amistad, reconoció haber sido “realmente impresionada”28 por la competencia y los conocimientos de Melanie, y apreciaba su creatividad psicoanalítica.

Liberada de este modo de su familia, Melanie comenzó a asistir a una escuela de baile, donde conoció a Chezkel Zvi Kloetzel, un periodista del Berliner Tageblatt. Él estaba casado, se parecía a Emanuel... Melanie se enamoró de manera romántica, y le puso en secreto el nombre de... Hans, su hijo mayor. El diario de bolsillo de Melanie, así como sus cartas muy vacilantes y con numerosas tachaduras, dan testimonio de mucha pasión y de una profunda depresión, trama de fondo de ese vínculo. El amante tomaba el idilio más a la ligera, y le comunicó a Melanie la decisión de separarse de ella con unas palabras bastante secas.29 “Era una mujer inteligente capaz de perder la cabeza”, comenta su biógrafa.30 No obstante, Melanie ejercía sobre Kloetzel una fuerte atracción sexual, pues él continuó visitándola regularmente hasta que, en 1926, ella se instaló en Londres. Como no pudo encontrar trabajo en Inglaterra, Kloetzel emigró en 1933 a Palestina, donde se convirtió en editorialista del Jerusalem Post. Melanie no volvería a verlo. Él murió en 1952.31

El momento decisivo de esta primera parte de la vida de Melanie Klein, que acabamos de trazar sucintamente, fue la crisis conyugal de 1913-14, que concluyó con la muerte de Libussa. En Budapest, desde que se radicaron allí, Arthur Klein estableció un contacto profesional con el hermano de Sandor Ferenczi. Melanie, que padecía una seria depresión, agravada aún más por la muerte de la madre, inició un análisis con Ferenczi, muy probablemente en 1912, y lo continuó hasta 1919. Leyó el texto de Freud titulado Über den Traum (1901)32 en 1914, y se inició progresivamente en el psicoanálisis de los orígenes, en un contexto de pioneros libres y apasionados. Sandor Ferenczi (1873-1933) fue el más eminente analista de Hungría, y al principio Freud lo consideró “su hijo querido”. Entre esos “primeros cristianos de las catacumbas”, al decir de Radó, que fueron los primeros discípulos de Freud, Ferenczi se destacó como uno de los más fervientes y talentosos. Con Jung, acompañó al fundador del psicoanálisis en su viaje a los Estados Unidos en 1909, para hacer conocer en el Nuevo Continente el descubrimiento freudiano. Ernest Jones (1879-1958) y Géza Roheim (1891-1953) se analizaron con él.

Muy atento a los estados arcaicos y regresivos, muy inventivo en su escucha y su técnica, Ferenczi promovió un análisis “activo” que procedía por proximidad intrusiva y seductora con el paciente, y que Freud se vio llevado a criticar con severidad; a su vez, Ferenczi le reprocharía que no hubiera analizado la transferencia. Además de ciertos elementos de su estilo, Melanie Klein tomó de él conceptos elaborados en 1913, como el de “estadio de introyección” (que, según Ferenczi, es la de la omnipotencia infantil) y el de “estadio de proyección” (que es la de la realidad). Pero Melanie Klein se apropió de estas ideas de modo original, y modificándolas considerablemente. Después del texto inaugural de Freud titulado “Análisis de una fobia en un niño de 5 años (Juanito)” (1909)33 dedicado al análisis de un niño, Ferenczi aportó una profundización de esa nueva rama del psicoanálisis con su estudio “Un hombrecito gallo” (1913): la fobia del pequeño neurótico Arpad se habría debido a la represión de la masturbación. Dos analizantes de Ferenczi, la polaca Eugénie Sokolnicka, que iba a trabajar en Francia, y Melanie Klein, se consagraron al psicoanálisis de niños.34 En una carta a Freud del 29 de junio de 1919, Ferenczi le anuncia ya que “una mujer, la señora Klein (que no es médica), que recientemente había realizado muy buenas observaciones con los niños, después de haber seguido mi enseñanza durante varios años”, iba a ser la asistenta de Antón von Freund, el rico cervecero que financiaba generosamente a la Sociedad Psicoanalítica y la editorial de Freud, la Verlag.35

En su autobiografía, la propia Melanie traza el cuadro más esclarecedor de sus inicios en el psicoanálisis bajo la batuta de Ferenczi:


Durante mi análisis con Ferenczi, él llamó mi atención sobre el don real que yo tenía de comprender a los niños, y sobre el interés que despertaban en mí, y me alentó sin reservas en mi idea de consagrarme al análisis, y en particular al análisis de niños.

Por supuesto, en esa época yo tenía tres niños que eran los míos [...]. Yo no encontraba [...] que la educación [...] bastara para proporcionar una comprensión total de la personalidad, y en consecuencia que tuviera toda la influencia que se puede desear. Tenía siempre la sensación de que, detrás, había algo que yo no llegaba a captar.36


El primer caso de análisis de niños que Melanie Klein presentó ante la Sociedad Húngara de Psicoanálisis, en 1919, publicado al año siguiente con el título “Der Familienroman in statu nascendi,37 le valió su admisión como miembro, y sin supervisión. Allí expuso el análisis de su propio hijo, Erich, presentado con el nombre de Fritz, al que observaba desde los 3 años de edad (lo que no constituía una práctica excepcional en esa época); sus otros dos hijos habían sido educados en su mayor parte por Libussa. Volveremos sobre el escándalo, los inconvenientes y las ventajas de esa observación que no nos hemos privado de comentar, y que más tarde Melanie Klein iba a silenciar: “Mi primer paciente fue un varón de 5 años. En mis primeros artículos publicados, me referí a él con el nombre de Fritz.”38

Desde entonces, los colegas comprobaron que el enfoque kleiniano difería del de Hermine von Hug-Hellmuth, la analista de niños muy conocida en esos inicios del psicoanálisis; más tarde, Melanie también se distinguiría de la concepción de Anna Freud, al separar la experiencia analítica de la influencia educativa y parental. Un año antes, ella había conocido a Freud en el V Congreso de Psicoanálisis, realizado en la Academia de Ciencias Húngara el 28 y 29 de septiembre de 1918. Ese era el período venturoso de breve esplendor de esa sociedad, libre, distendida e inventiva; a la propia Melitta, de 15 años, se le permitió asistir a las reuniones.

La Gran Guerra trastornó a toda Europa y a los destinos individuales. Arthur fue movilizado y volvió del frente herido en una pierna. La pareja solo mantenía una fachada de vida conyugal. La derrota del Imperio Austro-Húngaro y la caída del gobierno de Michael Karolyi dieron lugar al establecimiento en Hungría de la dictadura del proletariado encabezada por Béla Kun. A diferencia de los estalinistas, que caracterizaban el psicoanálisis como una ciencia decadente, ¡los compañeros de Béla Kun nombraron a Ferenczi profesor de psicoanálisis en la universidad! Pero cuando estalló la contrarrevolución, y al terror rojo lo sucedió un terror blanco antisemita, Roheim y Ferenczi fueron destituidos y amenazados de muerte. El propio Arthur Klein, al no poder seguir ejerciendo su profesión, se fue a trabajar a Suecia. Y Melanie encontró a K. Abraham en Berlín.

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