El genio femenino La vida, la locura, las palabras Melanie Klein



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2. JUDÍOS Y CATÓLICOS


Los Klein eran judíos asimilados: el padre de Arthur, Jacob Klein, que solo asistía a la sinagoga para cumplir con las formas, era director del banco local, alcalde de Rosenberg (pequeña aldea de 8.000 habitantes que entonces pertenecía a Hungría) y senador; Arthur fue educado por los jesuítas, igual que el tío materno de Melanie. En Rosenberg se instalaron primero los recién casados, antes de que Melanie diera a luz, en 1904, después de “repugnancia y náuseas”, a su primer vástago, Melitta, que lamentablemente no era un varón, como lo deseaba... ¡Libussa!; Hans iba a nacer en 1907, y Erich en 1914.

La existencia de la nueva familia Klein se desarrolló totalmente bajo la férula de Libussa: madre posesiva y abusiva, antes de instalarse con la pareja le prodigó consejos en cartas, les exigía ayuda económica, e incluso los acompañó en un viaje a Italia; consideraba a su hija inmadura y neurasténica, la abrumaba con su vigilancia, y llegó a ocupar el lugar de... “la señora Klein”: “Quería ocupar un lugar muy especial en la vida de la hija, y le propuso un medio extrañamente tortuoso para que Melanie pudiera comunicarse con ella sin que Arthur leyera sus cartas: «¡Dirigirlas sencillamente a la Señora Klein!»“12 En este contexto, el propio Arthur se convirtió en “muy difícil”, comenzó a sufrir de los “nervios” y del vientre... Las enfermedades de Melanie no tardaron en estallar a la luz del día: “inestabilidad creciente”, “agotamiento depresivo y abatimiento”, “depresión paralizante”.13 Ese clima iba a marcar en particular a la pequeña Melitta: la abuela prefería a Hans, e imprimió en el espíritu de la niña la imagen de una madre “enferma emocional” que había que alejar todo lo posible de su marido, despachándola a curas y temporadas de descanso. “Libussa quería que Melanie se mantuviera a distancia. Trataba de generar situaciones en las que marido y mujer se vieran entre sí lo menos posible. [...] La ponía furiosa pensar que Arthur pudiera elaborar proyectos privados con su esposa y, de manera sutil, desalentaba que él le escribiera.”14

Melanie intentó una primera huida de ese infierno: las amistades femeninas. Se vinculó afectuosamente a la hermana del marido Jolan Klein-Vagó, en quien admiraba la estabilidad y la cálida sensibilidad, y con Klara Vagó, hermana del marido de Jolan, Gyula. En cambio le provocaban celos intensos la plenitud afectiva y la libertad sexual (al menos supuesta) de su hermana Emilie. Volveremos a encontrar esta pasión por lo femenino en las teorías ulteriores de la psicoanalista, así como en sus conflictos profesionales con sus discípulas y sus adversarias.

Como era de prever, los trastornos sentimentales se cruzaban con las dudas espirituales y las crisis religiosas. La admirada Jolan se convirtió en una católica romana muy devota, a ejemplo de la familia Vagó. Melanie frecuentó entonces mucho a Klara Vagó, con la cual habría tenido “una aventura”, según su biógrafa, que toma como prueba el tierno poema dedicado a Klara en 1920. Durante su infancia, la judía Melanie había sido influida por el catolicismo, y confesó haberse sentido culpable en este sentido, pero cabe preguntarse si esa culpa no fue mucho más tardía. Algunos comentadores se complacen en descubrir analogías entre ciertos elementos de la teoría kleiniana e ideas católicas como la del pecado original, la Inmaculada Concepción o la expiación. Subsiste el hecho de que, bajo el impulso de Arthur Klein, y con el consentimiento de Melanie, la familia Klein se convirtió al cristianismo, uniéndose a la Iglesia Unitaria, más fácil de aceptar porque rechaza el dogma de la Trinidad. Y todos los hijos fueron bautizados.



Después, y bajo la amenaza de las persecuciones nazis, Erich Klein emigró a Inglaterra, donde se convirtió en Eric Clyne. Todos esos zigzagueos no le impidieron a Melanie Klein seguir muy atenta a su origen judío, y escribir en su autobiografía:
Siempre me ha horrorizado que algunos judíos, fueran cuales fueren sus principios religiosos, se avergüencen de sus orígenes judíos y, cada vez que se plantea la cuestión, yo tengo la satisfacción de confirmar mi propio origen judío, aunque, por otra parte, debo decir que no albergo ninguna creencia. [...] ¡Quién sabe! ¿No es posible que esto me haya dado fuerzas para estar siempre en minoría en mi trabajo científico y no darle importancia al hecho, y estar dispuesta a enfrentar a una mayoría que suscitaba en mí algún desprecio, atemperado a tiempo por la tolerancia?15
El trabajo de Arthur exigió que la familia se mudara a Budapest en 1910. A pesar de un período de calma en 1912, las relaciones del matrimonio Klein no cesaron de deteriorarse entre 1913 y 1914, año del nacimiento de Erich y de la muerte de Libussa. Lo atestiguan, además de las cartas a la madre, los textos de ficción que Melanie escribió entre 1913 y 1920, y que constituyeron otra tentativa de huir de la depresión. En esos treinta poemas, cuatro relatos y varios bosquejos y fragmentos en prosa,16 no cuesta trabajo descifrar el deseo de una vida llena de satisfacciones sexuales. En su estilo es visible la influencia de la poesía erótica expresionista, pero también la “corriente de conciencia”, a la manera de A. Schnitzler y J. Joyce: es el caso de la historia de una mujer que despierta de un coma después de un intento de suicidio, ¡y cuyo modelo habría sido la ex amante de Emanuel!17 Surgen allí sentimientos hostiles respecto de Arthur, que se fusionan manifiestamente con el odio inconsciente a Libussa. Sin embargo, hasta en su autobiografía, Melanie se cuidó de cualquier agresividad respecto de la madre, e insistió en idealizar su imagen:
Mi relación con mi madre fue uno de los más grandes recursos de mi vida. La amaba profundamente, admiraba su belleza, su intelecto, su profundo deseo de conocimiento, sin duda con un poco de la envidia que existe en toda hija.18
Naturalmente, Arthur era objeto de muchas menos consideraciones: Melanie conservó la casi totalidad de las cartas de la madre y el hermano, pero ni una sola del marido.19 En 1919 Arthur Klein partió a Suecia, donde permaneció hasta 1937, volvió a casarse y después se divorció. Murió en Suiza en 1939.20 El matrimonio Klein se había divorciado en 1923. Melanie da curiosamente la fecha de 1922: ¿lo habrá hecho para echar un velo sobre su vida privada y desplazar la atención hacia los otros acontecimientos que en adelante apasionaron su existencia?
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