El duelo y sus etapas



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Melissa Chávez López / Tanatología


EL DUELO Y SUS ETAPAS

Desde 1969 en este campo de la psicología domina la teoría de las 5 fases del duelo, desarrollada por la psiquiatra suizo-estadounidense Elisabeth Kübler-Ross.

En su libro "Sobre la muerte y el morir" presentó este modelo general de cinco etapas de duelo que explican cómo se sienten las personas en distintos momentos de su luto y cómo tienden a actuar.


  1. Etapa de la negación

Esa negación puede inicialmente amortiguar el golpe de la muerte de un ser querido y aplazar parte del dolor, pero esta etapa no puede ser indefinida porque en algún momento chocará con la realidad.


  1. Etapa de la ira.

En esta fase son característicos los sentimientos de rabia y resentimiento, así como la búsqueda de responsables o culpables. La ira aparece ante la frustración de que la muerte es irreversible, de que no hay solución posible y se puede proyectar esa rabia hacia el entorno, incluidas otras personas allegadas.


  1. Etapa de la negociación

En esta fase las personas fantasean con la idea de que se puede revertir o cambiar el hecho de la muerte. Es común preguntarse ¿qué habría pasado si...? o pensar en estrategias que habrían evitado el resultado final, como ¿y si hubiera hecho esto o lo otro?


  1. Etapa de la depresión

La tristeza profunda y la sensación de vacío son características de esta fase, cuyo nombre no se refiere a una depresión clínica, como un problema de salud mental, sino a un conjunto de emociones vinculadas a la tristeza naturales ante la pérdida de un ser querido. Algunas personas pueden sentir que no tienen incentivos para continuar viviendo en su día a día sin la persona que murió y pueden aislarse de su entorno.


  1. Etapa de la aceptación

Una vez aceptada la pérdida, las personas en duelo aprenden a convivir con su dolor emocional en un mundo en el que el ser querido ya no está. Con el tiempo recuperan su capacidad de experimentar alegría y placer.

Pero según los expertos las personas no pasan necesariamente por todas estas etapas ni en ese orden específico, así que el duelo se puede manifestar de distintas maneras y en momentos diferentes para cada persona.



Dr. J. Montoya Carrasquilla
Ante la pérdida de un ser querido, las reacciones que se presentan son normales y predecibles. La recuperación transcurre por etapas que son muy parecidas al proceso de una herida que evoluciona hasta la cicatriz.


  1. AFLICCIÓN AGUDA

Se inicia en el momento del fallecimiento y tiene prácticamente todos los elementos de un estado de shock emocional. Sin ser rígidos en la duración de ese periodo, pues cada persona lo hará según su propio tiempo y estilo, su duración aproximada es de uno a tres meses.


  1. CONCIENCIA DE LA PÉRDIDA

A medida que los síntomas y reacciones iniciales pierden su intensidad, y la persona acepta intelectualmente la nueva situación, comienza esta segunda fase del duelo. Cuando el funeral termina, y los amigos y conocidos reanudan sus vidas normales, el verdadero significado de la perdida golpea con fuerza al superviviente. Es pues el periodo caracterizado por una notable desorganización emocional. Con la constante sensación de estar al borde de una crisis nerviosa y enloquecer. Aunque disminuye el nivel de angustia inicial, el dolor comienza a sentirse con mayor intensidad: en una palabra, la persona se siente peor.


  1. CONSERVACIÓN – AISLAMIENTO

Esta fase es experimentada por muchos como “el peor período de todo el proceso del duelo”, pues es durante ésta que la aflicción se asemeja mas a una depresión (ya como trastorno psiquiátrico) o a una enfermedad general. De forma muy característica, y relacionado en parte con el desconocimiento general del proceso del duelo, la relación muerte-aflicción al final del año se pierde, la mayoría de las personas no relacionan una cosa con la otra. Por ello, esa “nueva” sensación de tristeza es vivida por muchos como un cuadro depresivo aislado. Sin olvidar que cada persona elabora su pena según su propio tiempo y estilo, este momento se presenta, en promedio, al cabo de 8 – 10 meses.


  1. CICATRIZACIÓN

Este periodo de cicatrización significa aceptación intelectual y emocional de la pérdida y un cambio en la visión del mundo de forma que sea compatible con la nueva realidad y permita a la persona desarrollar nuevas actividades y madurar. Esto no implica que el deudo no vuelva a sentir dolor: por el contrario, podrá vivirlo, pero de forma diferente, sin tanta angustia como al principio, si bien, con periodos de agudización que le recordarán épocas anteriores.


  1. RENOVACIÓN

Una vez que el deudo ha realizado los cambios necesarios en su realidad, sentido y estilo de vida, que ha recuperado su forma de verse a sí misma y a su mundo con un sentido positivo, y que ha logrado encontrar sustitutos y reemplazos para la persona u objeto perdido (éstos pueden ser cualquier cosa que interese al individuo o le dé un sentido y propósito, no necesariamente un rol sustituto), se mueven hacia la fase final del duelo.

REFERENCIAS



1 Bustos, M. (2013). EL DUELO. Recuperado: septiembre 13. UNIVERSIDAD VERACRUZANA

Sitio web: http://www.tanatologia-amtac.com/descargas/tesinas/216%20duelo.pdf


2 Montoya, J. (s/f). LAS FASES DEL DUELO. Unidad de Duelo Funeraria San Vicente. Recuperado: septiembre 13.

Sitio web : http://www.fadedsfya.com.ar/archivos/IM/0000000628-DCM.pdf



TÉCNICAS PARA ELABORAR EL DUELO


  • 3 La caja de recuerdos

Consiste en recopilar en una caja una serie de pertenencias, recuerdos u objetos del fallecido que son de especial relevancia para el doliente. También se puede elaborar un álbum o una caja de fotos. Se puede incluir todo lo que el doliente necesite: fotos, escritos, recuerdos, objetos, dibujos… El objetivo de esta herramienta es poder acudir a un lugar donde sabemos que están los objetos que nos vinculan con el fallecido.
Elaborar una caja o un álbum debe ser algo que surja como necesidad o que encaje bien en un proceso de duelo concreto. Puede ser especialmente útil en los duelos por la muerte de un bebe; los duelos a distancia o aquellos en los que, por circunstancias, los dolientes no pueden acudir a ningún lugar para honrar al fallecido; para aquellos dolientes que sienten que la emoción esta bloqueada y no fluye con naturalidad; para personas que necesiten ir cerrando algún proceso del duelo… y, por supuesto, para todos aquellos dolientes que sientan que les puede ayudar o que les gustaría realizarlo. Es una herramienta que se puede utilizar a nivel familiar, dejando participar también a los niños.

¿Cómo hacer una caja de recuerdos?

Cuando ponemos en marcha una herramienta de este estilo, debemos tener clara su finalidad y cómo hacerlo. Es importante seleccionar una caja bonita o especial, y también seleccionar dónde vamos a guardarla. Quizá al principio necesitemos un lugar accesible para poder acudir a ella de vez en cuando y, más adelante, tal vez podamos ir guardándola en lugares menos accesibles de la casa, o incluso fuera de ella, porque ya no sintamos la necesidad de ir a verla.


A medida que el duelo se va elaborando se van necesitando menos los objetos externos para rememorar o sentir, puesto que se va interiorizando el vínculo con el fallecido. Pero este complicado proceso conlleva un camino y un tiempo, y este tipo de herramientas pueden facilitar la tarea.



  • 4 Las despedidas simbólicas

Existen circunstancias en torno a algunos fallecimientos que impiden a los dolientes celebrar un ritual de despedida como un funeral o un entierro.

Estas circunstancias pueden darse, por ejemplo…



  • Cuando el doliente se encuentra en un país diferente al del difunto.

  • Cuando fallece un bebe intra-útero o durante el parto.

  • O simplemente cuando el doliente tiene la necesidad de hacer un ritual especial de despedida, ya sea en el momento del fallecimiento o más adelante.

La despedida no es un acto que implique olvido, ni que deba ser impuesto ni por uno mismo o por los demás. Implica un acto de profunda aceptación de lo que ha ocurrido. Constituye un símbolo que recoge el hecho de ser consciente de la muerte del ser querido y que no sólo es aceptado a nivel racional, sino también a nivel emocional.


¿Cómo hacer una despedida simbólica?

Elaborar una despedida simbólica no tiene un guión o unas pautas prefijadas, pero sí es conveniente elegirlo y planificarlo desde el corazón. No puede ser algo forzado, debe surgir desde la autenticidad de quien lo organiza y, si es entre toda la familia, que sea consensuado.


Hay muchos ejemplos de despedidas simbólicas: acudir a un lugar que sea representativo de quien ha fallecido y leer o dejar algún pequeño símbolo conmemorativo, plantar un árbol, una suelta de globos, realizar un pequeño viaje, o marcarse un reto, etc.
Puede ser útil hacerse un par de preguntas antes de planificarlo si no tenemos claro qué hacer:

¿Qué es lo que quiero simbolizar/despedir/marcar?

¿De qué manera podría plasmarlo?
Muchas veces no tiene por qué ser algo complicado o enrevesado, puede ser algo más sencillo, del día a día. Lo fundamental es que tenga un significado sentido para quien lo realiza. Es entonces cuando resultará terapéutico.



  • 5 Carta de despedida

Esta herramienta consiste en que el doliente escriba una carta -o varias, si resulta conveniente durante el proceso-, en donde exprese todo aquello que quiera, lo que ha quedado por decir, lo que necesite explicar, etc. Es una carta abierta, sin guión establecido. El único elemento imprescindible es que al final haya una despedida. Se trata de un proceso duro para el doliente, por eso es recomendable alternarlo con actividades más livianas.


¿Cómo se utiliza la carta en la terapia de duelo?

La carta debe ser leída por el doliente en el contexto de una sesión de terapia individual o de grupo. Mientras, el terapeuta o los demás miembros del grupo pueden ir transmitiéndole lo que van escuchando, lo que les resulta más emotivo o más significativo, etc.


Leer la carta con detenimiento y recibir feedback de aquellos que la escuchan es igual de importante que el hecho de que el doliente exprese cómo se siente y de qué se da cuenta tras leerla, del proceso que ha seguido, etc.
Esta herramienta ayuda al doliente a poner palabras a la realidad -a su vivencia del duelo- y a encontrar un lugar para el fallecido en su mente y su emoción. Cuando se propone esta estrategia, en general los dolientes suelen mostrarse reticentes a llevarla a cabo, ya que anticipan que va a ser doloroso y la idea de despedirse puede resultarles incluso agresiva. Es muy importante explicar bien la técnica, en qué consiste y por qué la proponemos, así como asegurarnos de que el doliente lo entiende bien.
¿Para quién y cuándo está indicada la carta de despedida?

La carta de despedida es una herramienta que puede resultar útil para cualquier doliente. En ocasiones nos encontramos frente a procesos en los que el doliente conserva la sensación de que le han quedado cosas por decir (por ejemplo: en fallecimientos en los que no ha habido posibilidad de despedida; cuando la muerte se ha producido de manera repentina; o incluso cuando, siendo una muerte esperada, la despedida no ha sido posible).


En casos así, cuando han quedado sin resolver ciertos aspectos de la relación y el doliente lo siente con dolor y angustia, puede estar especialmente indicada la carta de despedida, si el doliente está de acuerdo. Esta herramienta puede contribuir a poner luz sobre el proceso de elaboración de duelo y ayudar en gran medida al doliente cuando se enmarca dentro de un proceso terapéutico.

REFERENCIAS

Pastor, P. (s/f). Herramientas para elaborar el duelo. Fundación Mario Losantos del Campo. Recuperado septiembre 16.



3 Sitio web: https://www.fundacionmlc.org/herramientas-duelo-caja-de-recuerdos/

4 Sitio web: https://www.fundacionmlc.org/las-despedidas-simbolicas/

5 Sitio web: https://www.fundacionmlc.org/carta-de-despedida/

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