El concepto hayekiano de orden espontáneo



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V.- Redefinición del concepto de orden espontáneo


Vale la pena entonces intentar un redefinición del concepto hayekiano de orden espontáneo haciéndolo relativo no sólo al campo problemático de la economía, el derecho y la ciencia política tal como Hayek las concibe, sino dándole también una formulación que le permita a dicho concepto incorporarse de pleno derecho a la filosofía de las ciencias sociales; vale decir que no sea una mera contraseña dentro de una comunidad de “hayekianos” sino un auténtico concepto propio de las ciencias sociales.

Un posible expediente para tal empresa puede ser el de la búsqueda de isomorfismos en otras ciencias o escuelas, una suerte de “juego de abalorios”, como lo presentara Ludwig von Bertalanfy –amigo personal e influencia reconocida de F.A. Hayek. Sin embargo, tal intento fue realizado por el mismo Hayek y fue lo que le permitió trazar puentes con el pensamiento conservador de Bernard Mandeville, Adam Ferguson y Edmund Burke e ilustrar su noción de orden espontáneo explicando su filiación con la metáfora de la mano invisible de Adam Smith. La influencia de dichos autores sobre F.A. Hayek es sumamente evidente: todo cuanto en “The Constitution of Liberty” y “Law, Legislation and Liberty” se afirma acerca del carácter evolutivo de las instituciones sociales y de su raíz no deliberada ya se encuentra suficientemente expresado en los escritos de dichos autores y no es vana la continua cita que de ellos hace Hayek.

Sin embargo, insistimos que la noción de F.A. Hayek de orden espontáneo mantiene su originalidad pese a tales influencias y que su obra, si bien necesariamente implica una revalorización de la tradición escocesa, no se agota en una mera puesta al día, en una mecánica adaptación de obras de filosofía política a la forma de exposición de las ciencias sociales del siglo XX. Es cierto que la propuesta de F.A. Hayek está marcada por todo lo que vino después de la ilustración escocesa, pero consideramos que si solamente hubiera consistido en su traducción a los términos y consensos científicos del siglo XX, su obra hubiera sido de una fácil y rápida asimilación o al menos sus aserciones no se hubieran prestado a tantos equívocos. Lo que queremos decir es que no es la crisis del liberalismo clásico lo que determinó la desvalorización de la obra de Hayek, ya que autores como Ortega y Gasset y Raymond Aron representan, con sus matices, la misma corriente y no sufrieron en su momento la misma indiferencia, aun cuando, paradójicamente, su obra fue escrita en una terminología que no se correspondía con el orden espontáneo que caracterizaba a la comunidad científica de su tiempo.

Dos razones tomamos como hipótesis explicativa de dicha situación: la primera es la reconocida erudición de F.A. Hayek, que lo lleva a conversar con ambientes intelectuales no contemporáneos, como el de los siglos XVII y XVIII, y en segundo término, y como consecuencia de lo primero, su propensión a tomar préstamos de diversas áreas del conocimiento: de las ciencias naturales a la economía, de la economía al derecho, de la psicología a la filosofía y así.

Por tales motivos, consideramos provechoso hacer un intento de redefinición del concepto de orden espontáneo y abordar seguidamente problemas que pueden presentarse en el campo de las ciencias sociales en el siglo XXI. En dicha inteligencia diremos que las ciencias sociales entendidas como el estudio de los órdenes sociales espontáneos concentran su atención en la dinámica de aparición y transformación de instituciones sociales, entendidas éstas como un conjunto de creencias enunciables e inenunciables que determinan la conducta humana y que, por contar siempre en su cuerpo con una región que se mantiene inenunciable, no son susceptibles de un completo diseño deliberado.

Reconocemos que “in-enunciable” -o “inarticulable”- es el término más problemático y esotérico de la definición, pero en él reside la originalidad del pensamiento hayekiano. La cuestión es que no encontramos ni en la teoría económica, ni en el derecho, ni tampoco en la política ningún concepto que pueda ser homologable a “inarticulable”, más allá de la ya mencionada metáfora de la “mano invisible”. Sí podemos encontrar abordamientos en dicho sentido en el terreno de la psicología y el psicoanálisis, en las teorías lingüísticas inspiradas en el estructuralismo y en filósofos afines a la crítica de la filosofía de la representación como el primer Wittgenstein, M. Heiddeger y Giles Deleuze.

Sin embargo, el mismo carácter innovador a la vez que crítico de la noción de ciencia que tales autores y escuelas propugnan o inspiran hace más dificultoso aún la inserción de una dimensión del orden de lo in-enunciable en el territorio de las ciencias sociales.

Tal vez quien haya realizado mayores esfuerzos en el sentido de “domesticar” una noción tan hostil a la ciencia como la de un “conocimiento inarticulable” haya sido Michael Polanyi, quien ha reconocido su inspiración en F.A. Hayek y que ha publicado obras como “Personal Knowledge” y “The Tacit Dimension”. Este autor nos habla de una esfera de conocimientos, consistentes en habilidades y propensiones, que no son aprensibles por la razón discursiva y que dependen de la práctica para su adquisición y transmisión. Tal noción se encuentra fuertemente emparentada con la phrónesis griega, que en el siglo XX abordaron filósofos como Gadamer y Foucault. La obra de Michael Polanyi, de profesión químico, se haya inscripta en la filosofía de la ciencia y se destaca por su profunda erudición, representando un verdadero intento de inserción dentro del paradigma de la ciencia contemporánea de los mismos conceptos que Hayek hubo tratado de introducir en las ciencias sociales a través de estudios como “The Use of Knowledge in Society” y “Primacy of the Abstract”.

Precisamente este último trabajo será el que tomaremos para ilustrar la idea que Hayek sostenía acerca de lo espontáneo y del conocimiento tácito, ya que el autor hace remisión a aquél en el primer capítulo de “Law, Legislation and Liberty” y asimismo este artículo es señalado por su propio autor como el compendio de sus ideas expuestas en su libro de psicología cognitiva “The Sensory Order”.

A lo que Hayek intenta hacer referencia con lo “inarticulable” es a una serie de nociones que condicionan la razón humana y que son más “abstractas” o “esquemáticas” que la razón humana misma, por tal motivo son “inconceptualizables” (o si, se quiere para continuar con la raíz del término “inconcebibles”). La génesis de tales nociones inconceptualizables está en la práctica que es instrumento del proceso de aculturación del hombre. Dado que en buena medida tales nociones residen en prácticas sociales, el obrar humano puede, aunque de modo no deliberado, interferir en ellas, generando un proceso de retroalimentación negativa.

Para ilustrar el primer capítulo de “La Fatal Arrogancia”, titulado entre el “Instinto y la Razón”, Hayek inserta un epígrafe con una cita del “Fausto” de Goethe, en el que Fausto se lamenta de que existen dos espíritus que tironean en su pecho, el que lo lleva a las alturas y en que lo empuja a la cosas mundanas. La cita pertenece a la primer parte del “Fausto”; pues bien, en la segunda parte del clásico encontraremos una sorprendente ilustración de lo que Hayek quería decir por “inarticulable”: la visita de Fausto a las Madres26.

Por nuestra parte consideramos que calificar a dichas nociones inarticulables como parte integrante de las instituciones sociales inserta a la teoría de los órdenes espontáneos dentro de las ciencias sociales –como ser la escuela de la nueva economía institucional27 o en la psicología social- al tiempo que hace su aporte original al postular que toda institución social tiene una región que siempre permanecerá inconceptualizable y que dicha característica será la que impedirá el completo diseño deliberado de tales instituciones.

Pero, fundamentalmente, redefinir el concepto de institución a ser usado por las ciencias sociales, introduciéndole en su definición extensiva aquellos elementos tales como prácticas, habilidades, prejuicios y demás, nos permitirá superar la instancia de las metáforas (como la de la mano invisible) o de las citas literarias (como la reseñada de Fausto). Así podemos reintroducir la obra de F.A. Hayek en elaboraciones vigentes en la actual comunidad científica, como ser la corriente de la llamada New Institutional Economics.

Correlativamente, y como conclusión preliminar, podemos decir que, en cuanto a su concepto de derecho, F.A. Hayek adhiere a una posición institucionalista, en cuanto a considerar al derecho como una institución social. Sin embargo, ello no significa que F.A. Hayek se inscriba dentro del historicismo jurídico, ni que niegue tampoco la posibilidad de una ciencia social “pura”, es decir independiente de la experiencia. Afirmar, como lo hace Hayek, que todo sujeto está condicionado en su actuar por instituciones de origen espontáneo, como el marco legal, la moral positiva, o el lenguaje, y que tal actuar a su vez conlleva una modificación gradual en tales instituciones significa reconocer una estructura de la realidad social universal para todo tiempo, lugar y personas.

En rigor de verdad, un apriorista o un partidario de la ciencia social pura no se diferencian del historicista o institucionalista por una negativa a reconocer el rol de las instituciones sociales en los procesos políticos o jurídicos. La auténtica distinción pasa por definir cuál es el principal objeto de estudio de científico social, sea el economista, el jurista o el sociólogo: el partidario de la ciencia social pura se abocará a examinar conceptos con que habrá de abordar la realidad social estudiada28, en tanto que el historicista estudiará las instituciones sociales dadas y extraerá las conclusiones que se deriven de tal análisis.

En el siglo XX el enfoque historicista triunfó en el derecho en tanto que el puro lo hizo en la teoría economía y es muy probable que tal situación sea una de las principales responsables del divorcio de ambas disciplinas. En todo el mundo, las investigaciones jurídicas se centran en el análisis de los concretos marcos normativos vigentes en cada sistema jurídico, en tanto que la ciencia económica ha desarrollado complejos cuerpos teóricos que son materia de análisis y discusión por parte de los economistas de todo el mundo.

Como contrapartida de dicha situación, el evolucionismo de F.A. Hayek parece estar encaminado a permitir el derecho y la economía y también la psicología, la sociología y la ciencia política se reencuentren en un nuevo territorio conceptual que el propio Hayek ha dado en llamar “cataláctica” o que James Buchanan, apelando al mismo Hayek, ha propuesto llamar “teoría general del intercambio” y aún adoptar el tradicional de “economía política”.

Sin embargo, lejos de representar una síntesis entre ciencia pura e inductivismo, el evolucionismo hayekiano significa un intento de introducir en la teoría económica nociones como las de autopoiésis, retroalimentación y normas tácitas de conducta.

Tampoco el evolucionismo cultural hayekiano implica un relativismo, que niegue trascendencia a los conceptos de razón o verdad, tanto como tampoco afirma que dicha razón sea susceptible de evolución. El evolucionismo de Hayek implica la evolución de las instituciones sociales, pero no necesariamente de los criterios de justicia y verdad, que son necesarios a fin de juzgar el resultado de dicha evolución.

Consideramos que para entender suficientemente este punto resulta necesario enunciar la siguiente hipótesis interpretativa sobre el pensamiento filosófico de nuestro autor: Hayek no niega la existencia de una razón universal, inmutable y trascendente, lo que niega expresamente es que la razón humana sea semejante a dicha razón. Tal es la última consecuencia de su recusación al dualismo cartesiano, aquél que considera al intelecto humano como una entidad separada de la naturaleza o res extensa. Desde un paradigma estrictamente materialista, dicha posición implicaría una toma de partido por el irracionalismo; sin embargo, su propio credo evolucionista, su toma de partido expresa por posiciones políticas determinadas y una obra científica inspirada en valores, nos permiten inferir que lo que de lo que Hayek hablaba era de un proceso de descubrimiento de aquella verdad inmutable por parte de la una razón humana.

No necesariamente dicho proceso de descubrimiento será una marcha lineal de la historia, tal como parece postularlo el llamado paradigma de la modernidad29, sino que el concepto hayekiano de orden espontáneo permite formarse una idea de tal línea evolutiva tanto como una recta como una “espiral” que gira en torno a la verdad. En todo caso, la finalidad de todo orden espontáneo, como Hayek reiteradamente lo ha señalado, no es más que su autopreservación.

Si decimos con Hayek que el orden social, por ser espontáneo, carece de una teleología, entonces no podremos afirmar de modo categórico que la historia tiene un sentido de progreso lineal. En este aspecto Hayek guarda un sorprendente paralelismo con posturas como la expuesta por Jean François Lyotard en “La Condición Posmoderna”. El informe para el gobierno canadiense sobre el estado de los saberes y el conocimiento realizado en la década de 1980 por el autor francés, que en la década de 1960 había adherido a corrientes muy contradictorias con las de Hayek, apela, inspirándose en la noción de juegos del lenguaje elaborada por Ludwig Wittgenstein en Investigaciones Filosóficas, a reglas de formación y transformación de los enunciados que articulan las creencias en torno a la verdad vigentes en una sociedad dada.-

Lyotard, en una suerte de síntesis entre la filosofía del lenguaje anglosajona y el estructuralismo francés, postula que los criterios de verdad vigentes en cada sociedad se articulan teniendo a “grandes relatos” o “metarrelatos” –tales como el iluminismo francés o el romanticismo alemán- como marco de referencia y de legitimación. Tales meta-relatos sufren las transformaciones propias que le son exigidas por su adaptación a nuevos acontecimientos, los que ha su vez habían sido generados en el marco del mismo metarrelato.

Los paralelos con las nociones de orden abstracto, normas sin teleología y proceso de retroalimentación negativa empleados por F.A. Hayek son evidentes. Sin embargo, se puede definir al denominador común que relaciona a autores con posturas políticas tan disímiles con la noción de “sistemas autónomos o autopoyéticos” y, en este último sentido, todavía queda mucho por hacerse en torno al enriquecimiento de la teoría austríaca del orden espontáneo, recurriendo, en este caso, a los trabajos de autores como Niklas Luhmann.

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