El concepto hayekiano de orden espontáneo



Descargar 91,46 Kb.
Página1/4
Fecha de conversión31.05.2017
Tamaño91,46 Kb.
  1   2   3   4
El concepto hayekiano de orden espontáneo*
Federico G. M. Sosa Valle**

I.- Introducción.

El propósito de este ensayo consiste en tratar de ajustar la definición del concepto de orden espontáneo empleado por Frederich A. Hayek en su extensa obra, que supera los veinte volúmenes a lo largo de más de sesenta años de actividad, a fin de hacerla susceptible de utilización en la historia y en las ciencias sociales, sin que por ello deje de ser fiel a la idea expresada por dicho autor.

Como el lector afín a la obra de Hayek conoce, nuestro autor nació en Viena en 18991, combatió en el frente italiano en la primera guerra mundial enrolado en el ejército del Imperio Austro-Húngaro; luego de un escarceo en el campo de la psicología alentado por su maestro Ernst Mach, siendo abogado con vocación diplomática acepta llevar adelante una investigación sobre ciclos económicos a instancias de Ludwig von Mises y, dadas sus simpatías con el socialismo fabiano, se hace cargo a principios de la década de 1930 de una cátedra en la London School of Economics and Political Sciences. Ya para ese entonces, Hayek había incursionado en la crítica de políticas monetarias activas al participar de un concurso para la refutación de un libro titulado “The road to plenty” que los propios autores habían organizado y, asimismo, en su estadía académica de un año en la ciudad de Nueva York, había tomado contacto con los últimos avances de su tiempo en materia de estudios estadísticos. Será precisamente esta materia, además de economía superior, la que habrá de enseñar en Inglaterra.

Además de la indicada influencia de Ernst Mach2, Hayek habrá de reconocer en un escrito autobiográfico la influencia recibida de Ludwig Wittgenstein3, tío tercero suyo, en especial en cuanto a las tesis por él expuestas en el Tractatus Lógico-Philosoficus.

Su libro “The Road to Serfdom”, de 1944, marca de modo definitivo su adhesión al ideario del liberalismo clásico y significó la caracterización de su autor como un fuerte crítico del socialismo.

Si bien en un reportaje4, Hayek aclaró expresamente que no había tomado contacto con la obra de I. Kant más que a través de segundas fuentes, su expresa suscripción de las posturas epistemológicas de su amigo personal Karl R. Popper y los trazos generales de sus investigaciones, permiten caracterizarlo dentro la tradición de ideas inspiradas en aquél filósofo. En todo caso, Hayek apelará a Kant para la elaboración de su concepción del derecho, particularmente en la relevancia de la distinción entre normas de derecho público y privado5. Paralelamente, Hayek, recipiendario de la filosófica y economías austríacas, recurrirá para enriquecer aquéllas a la tradición escocesa: David Hume, Adam Ferguson, Bernard Mandeville y, por supuesto, Adam Smith.

De una primera etapa marcada por la preocupación por problemas económicos como ser los ciclos y fluctuaciones industriales, el debate acerca del cálculo económico en el socialismo y la crítica a la revitalización de las teorías del subconsumo por parte de John M. Keynes, la que culmina con la publicación de la “Teoría Pura del Capital”, Hayek pasará a ocuparse mayormente de problemas políticos, significando “The Road to Serfdom”, “The Constitution of Liberty”, y “Law, Legislation and Liberty”, tres hitos en la evolución de su pensamiento político y jurídico. Tres colecciones de ensayos profundizan los temas allí expuestos: “Individualism and Economic Order”, “Studies...” y “New Studies...”6.

A los fines del presente trabajo, hemos decidido concentrarnos en lo expuesto por F.A. Hayek en “Law, Legislation and Liberty”, por haber indicado su autor que dicho libro significaba la superación de “The Consititution of Liberty” y por representar, a nuestro juicio la obra de su madurez. Asimismo, será imprescindible acudir a los estudios que integran las colecciones aludidas, ya que el mismo autor indica que allí habrá de encaminarse su lector a los fines de profundizar las tesis por él expuestas.

Somos conscientes que F.A. Hayek contemporáneamente a dichas obras realizó contribuciones en el campo de la teoría económica en sentido estricto, sin embargo la consideración de tales trabajos nos alejarían demasiado del propósito de este estudio crítico7. Asimismo, hemos optado por obviar mayormente “The Fatal Conceit”, por ser ésta una obra inconclusa y póstuma.

II.- La definición de orden espontáneo


Habiendo reconocido las confusiones a las que se puede prestar el término orden, especialmente por sus connotaciones autoritarias, y aportando en consecuencia términos alternativos como sistema, estructura o patrón8, Hayek define expresamente dicho concepto en el capítulo II de “Derecho, Legislación y Libertad": “By “order” we shall throughout describe a state of affairs in which a multiplicity of elements of various kinds are so related to each other that we may learn from our acquaintance with some spatial or temporal part of the whole to form correct expectations concerning the rest, or at least expectations which have a good chance of proving correct” 9.

Como se advierte claramente, esta definición se encuentra fuertemente sesgada hacia el problema del conocimiento: mediante toma de contacto (acquaintance) con un segmento del orden espontáneo, el sujeto cognoscente podrá hacer una estimación de la totalidad de dicho orden. A su vez, el conocimiento de dicha totalidad siempre llegará al sujeto de modo esquemático y general. De esta manera, podemos decir que, de un orden espontáneo, se puede conocer mucho de muy poco y poco de mucho.

Sin embargo, en el mismo capítulo citado, Hayek agrega a dicha definición, éste advierte que pueden existir otros órdenes espontáneos distintos al social y señala como ejemplo la disposición de las partículas de un cristal o de las limaduras de hierro bajo el influjo de un imán. En este último caso, podremos predecir la disposición general del conjunto de limaduras de hierro, pero no la posición exacta de cada una de ellas en particular.

Podemos decir entonces que un orden es entonces un sistema de posiciones relativas, del que se puede predecir un patrón (pattern), predicando de cada uno de sus elementos solamente su ubicación dentro de una nube de probabilidades. Este método de predicción por patrones será, por lo menos en el terreno de ciencias sociales, el que habrán de seguir tanto el científico como sujeto inmerso en el propio sistema social estudiado. En lo que a este último se refiere la aserción relativa a la predicción por patrones que lleva adelante el sujeto actuante en su vida social tiene el carácter de descriptiva. En cambio, la adopción de un método de predicción por patrones por parte del científico social no es propiamente lo que el científico social hace sino que debería hacer o, al menos, lo que algún día terminará haciendo, dado el proceso evolutivo de la ciencia. Por consiguiente, desde el punto de vista de la filosofía de las ciencias sociales, la predicción por patrones hayekiana no será una teoría epistemológica descriptiva, sino normativa.

Decimos entonces que cada agente inserto en el orden social tiene un pleno conocimiento de las especiales circunstancias de tiempo, lugar y personas que lo rodean10, y que tales circunstancias significan fragmentos de información de la totalidad del orden social que le permitirán conformarse una imagen general, o esquema, de dicho orden. Tal esquema comporta un conjunto de expectativas y será tomado por el agente para la decisión de sus planes individuales; pero a su vez, tales planes individuales significarán fragmentos de información para los demás agentes actuantes.

Esta última posición es sucintamente la expuesta por F. A. Hayek en “Economics and Knowledge”; sin embargo, años más tarde el autor introducirá una substancial modificación: el Hayek de “Studies...”, “New Studies...” y “Law, Legislation and Liberty”, ha abandonado la noción de equilibrio. El orden económico de sus escritos de juventud es un orden que tiende al equilibrio mientras en su obra de madurez el orden económico tiende a permitir la coordinación de la mayor cantidad posible de planes individuales.

A su vez, los aludidos fragmentos de información que poseen los individuos serán sintetizados y transmitidos mediante precios monetarios o normas morales y jurídicas. Que los mismos planes individuales de los individuos sean “datos” relevantes para la toma de decisiones de los individuos le permite avanzar a Hayek a formulaciones propias de la teoría de la complejidad, como lo habrá de hacer en “New Studies...”11.

Sin embargo, para poder introducirse de lleno en la teoría de los fenómenos complejos, aquellos en los que el observador es parte del fenómeno y su propia actitud observante introduce una variable en el objeto de estudio de la que no puede dar cuenta el sujeto observante, necesitamos darle a tal orden social el atributo de espontáneo.

Espontáneo significará no deliberado por no ser susceptible de conocimiento completo por parte de ningún observador, dado que todo observador se encuentra inserto en el orden social y no hay modo de observar dicho orden social si no es introduciéndose en él. Como corolario de ello, todo orden social tendrá una complejidad mayor a la de las mentes de los individuos que lo integran. Por consiguiente, todo orden social será “increado”, dado que es in-susceptible de ser diseñado por una inteligencia que descansa sobre aquél mismo orden.

Hasta ahora, hemos reseñado el concepto de orden espontáneo abstrayéndolo de su dimensión temporal. Sin embargo, Hayek se ocupará de toda una dinámica de los órdenes espontáneos: mediante un proceso de retroalimentación negativa, los diversos planes individuales se irán reajustando conforme los nuevos datos (precios, normas, costumbres) que irán apareciendo, lo que implicará una nueva proliferación de más información, lo que exigirá un reajuste en los planes individuales y así. Cada individuo actuará conforme un sistema de prueba y error, adaptando sus planes a su medio e introduciendo modificaciones en su medio como consecuencia de dicha adaptación.

Señalaremos cinco fuentes probables de inspiración para esta noción de orden espontáneo: en primer término es innegable que la predicción por modelos es propia de la ciencia estadística y actuarial. Al día de la fecha los diseños de programas de salud, control de epidemias, seguros y demás, recurren a esquemas que les permiten formular predicciones acerca de la conducta de un agregado, resignándose a mantener la ignorancia respecto de la suerte a correr por cada uno de los elementos de dicho agregado en particular. Tal indicio respecto de la fuente de inspiración de nuestro autor concuerda con sus investigaciones estadísticas de juventud.

La segunda influencia a señalarse será la teoría cuántica: el principio de incertidumbre nos señala que el imposible conocer la ubicación y la masa de un electrón al mismo tiempo, dado que el observador perturba al objeto observado y, por consiguiente, la ciencia habrá de conformarse con “nubes de probabilidad” en cuanto a dicho dato.

La tercera influencia se encuentra fuertemente emparentada con al anterior y es la formulación del teorema de Gödel: un sistema lógico o será completo pero inconsistente o será consistente pero incompleto.

En cuarto término, queremos señalar la influencia de L. Wittgenstein en el pensamiento de F.A. Hayek, aquél en su Tractatus señala la existencia de porciones de la realidad que se encuentran vedadas al conocimiento discursivo12.

La quinta influencia la representa la teoría de la relatividad: el abandono del paradigma del equilibrio significa la recusación de todo sistema de coordenadas con posiciones fijas y la adopción de una noción de la realidad en donde sus elementos buscan la coordinación en un mundo donde el límite de la velocidad de la luz impone un conocimiento fragmentario. Por otra parte y acudiendo a una interpretación biográfica, vale la pena indicar que uno de los maestros de Hayek, Ernst Mach, es considerado como uno de los precursores de la teoría de la relatividad13.

La profundización de cada una de estas cinco relaciones escapan a la extensión prevista para esta nota, pero serán ellas a su vez inspiradoras de lo que a continuación sigue.
III.- Los riesgos del orden espontáneo: irracionalismo e historicismo.

Hayek distingue expresamente dos tipos de órdenes: los creados y los espontáneos. Como ejemplo de los primeros Hayek ubica a las empresas, los gobiernos, las familias, los ejércitos y todas aquéllas organizaciones que se estructuran sobre la base de órdenes concretas –también llamadas mandatos- emitidas por una autoridad identificable. Otra característica saliente de este tipo de órdenes es que todos ellos tienen una función concreta: obtener beneficios arbitrando entre los mercados de factores y productos, darle fuerza obligatoria al derecho positivo, proveer el sustento de sus miembros, dar batalla y las demás.

En contrapartida, un orden espontáneo es increado, carece de origen y de finalidad. Hayek señala que los órdenes espontáneos son abstractos, pero en diversos pasajes le cada vez un matiz diferente al término: los órdenes espontáneos son abstractos primeramente porque solo pueden ser captados por el intelecto y no por los sentidos, también son abstractos en el sentido de que las normas que lo estructuran son iguales para cada uno de sus miembros y asimismo son abstractos porque, como ya dijimos, carecen de una finalidad concreta. El ejemplo paradigmático de orden espontáneo es la sociedad misma, siendo entendida ésta como un entretejido de relaciones humanas en la que se integran un gran número de individuos. También ha señalado Hayek como ejemplo de órdenes espontáneos al mercado y la economía monetaria, el lenguaje y la estructura de capital de una economía.

Sin embargo, tales formulaciones pueden llevar a equívocos: si bien resulta claro que “espontáneo” significa “sin origen”, es necesario distinguir de qué tipo de origen carecen los órdenes sociales espontáneos: origen en el sentido de “comienzo histórico” o con la significación de “principio motor”. La misma controversia se debe abordar en torno a las normas que articulan los órdenes espontáneos: ¿son ellas también espontáneas y, en tal caso, en qué sentido?

La disquisición no es anecdótica: adherir a la tesis de que los órdenes sociales son espontáneos en el sentido de que carecen de comienzo histórico nos llevará, no importa cual sea nuestra posición respecto del carácter de las normas que lo integran, a adherir a posiciones historicistas, ello con las implicancias que Karl Popper advierte en “La Sociedad Abierta y sus Enemigos”: al afirmar que la sociedad es un orden que carece de comienzo histórico, estamos apelando a una razón subyacente que estructura dicho orden espontáneo y el conocimiento de dicho logos estructurante es lo que le dará al ingeniero social –o filósofo rey- la aptitud para diseñar la sociedad.

No es una gran hazaña postular que el orden, social o físico, carece de un comienzo histórico si mantenemos, sin otra aclaración, la tesis de que tal orden, por ser tal, tiene un principio motor que lo estructura. Dado que hemos afirmado que por el conocimiento de una parte podemos formarnos expectativas adecuadas acerca del todo, nada nos impide postular sin contradecirnos que es posible “descubrir” mediante qué principios está organizado el todo. De esta posición pueden derivarse dos consecuencias contradictorias: la primera es la ya denunciada por Popper, la del filósofo rey que, mediante el conocimiento de la realidad esencial del orden social puede legislarlo al punto de construir un orden social, esta posición es la que Hayek ha llamado constructivismo. La segunda se remonta a David Hume y se la llama “falacia naturalista”: todo lo es, por el hecho de ser, debe ser. En términos políticos es una posición netamente conservadora: el científico social ha descubierto que la sociedad genera un orden natural; si afirmamos a su vez que existe una única posición de equilibrio, llegamos a la conclusión de que toda legislación estatal será desequilibradora y perniciosa para tal orden social.

En la división entre Sociedad y Estado, la tesis constructivista propone el avance completo del Estado sobre la Sociedad, en tanto que la tesis naturalista brega por el replegamiento total del Estado. Lo que estamos diciendo es que la adhesión a una concepción de la sociedad como orden espontáneo en el sentido de orden que carece de un comienzo histórico no nos permite excluir en absoluto las posiciones epistemológicas y políticas tanto constructivistas como naturalistas, que son de suyo antagónicas. Dado que el espontaneismo entendido en el sentido apuntado lleva a dos tesis contradictorias y relevantes para nuestra discusión a una zona de indecidibilidad, nos vemos obligados precisar mejor qué entendemos por orden espontáneo.

Ahora bien, de lo dicho se desprende que debemos probar por el camino que nos marca la otra acepción de espontáneo: aquello que carece de principio generador. En este sentido “orden espontáneo” sería un oxímoron: un orden que carece de principio ordenador. Esta posición es decididamente irracionalista: niega la existencia de un logos o arjé que permita dar cohesión tal a la realidad que nos permita inferir el todo, al menos en rasgos esquemáticos, del conocimiento inmediato de la parte. Decididamente esta no es la tesis de Hayek, quien a su vez en la introducción y en el primer capítulo de “Law, Legislation and Liberty” se toma el trabajo de aclararlo. Así como en el epílogo de “The Constitution of Liberty” se ocupó de aclarar “Why I am not a conservative”, en las primeras páginas de su obra siguiente señalará que su posición gnoseológica será la de un racionalismo crítico, en contraposición de otro ingenuo, y que en modo alguno niega la utilidad de la razón.

Su posición de racionalista crítico es la que permite determinar fielmente qué quiso decir Hayek por orden espontáneo. Hayek recusará al racionalismo cartesiano, que identifica como al padre del constructivismo, tanto como a la llamada “rebelión contra la razón”, que él mismo identifica como consecuencia no deseada del racionalismo. Precisamente será la crítica de F.A. Hayek al dualismo cartesiano la clave para comprender adecuadamente su propuesta epistemológica y política, dicha crítica se encuentra sintetizada en la siguiente cita: [...] “constructivist rationalism –a conception which assumes that all social institutions are, and ought to be, the product of deliberate design” [...] “That erroneous view is closely connected with the equally false conception of the human mind as an entity standing outside the cosmos of nature and society, rather than being itself the product of the same process of evolution to which the institutions of society are due”.14

Afirmar que la realidad –sea social o natural- constituye un orden espontáneo no significa negar que tenga un comienzo histórico ni negar tampoco que tenga un principio generador que la estructure. Sí implica, en cambio, negar que la realidad social pueda ser organizada por una mente humana, o una ciencia positiva construida al efecto. Más aún: Hayek da a entender que la mente humana es también un orden espontáneo, tal como lo es la sociedad jurídicamente organizada.

Hayek expone en “La primacía de lo abstracto” en qué consiste su recusación del dualismo cartesiano: la mente humana se compone de abstracciones de las que no puede dar cuenta en forma completa. Por consiguiente, existe una porción de la realidad que no es accesible al conocimiento humano, o por lo menos al conocimiento entendido como el expresado conceptualmente. El racionalismo crítico al que adhiere F. A. Hayek reconoce que la razón no puede franquear determinados umbrales determinantes de su propia condición de posibilidad. Es necesario reconocer la filiación kantiana del pensamiento de F.A. Hayek. Sin embargo, existe una diferencia de matiz que aleja notoriamente de Kant a Hayek: la ubicación de la moral y el derecho dentro del dominio de la voluntad permite la formulación de un constructivismo, en tanto que Hayek postulará la derogación de la dicotomía entre natural y artificial15 en cuanto a instituciones sociales concierne y, por consiguiente, ubicará a buena parte de la realidad social en aquélla región nouménica, inaccesible a la razón humana. Podemos decir que Hayek maneja un concepto amplio de physis16, en la que no sólo encontramos a la realidad física, sino también la social.

En efecto, no será gratuita su apelación a términos griegos como kosmos y taxis, nomos y thesys, Hayek reivindicará la nomos rural, en contraposición a la urbana y al orden de batalla (taxis), norma que rige en la región a donde no llega “la voz del heraldo” que imparte órdenes concretas sobre qué deben hacer los ciudadanos o los soldados17.

Llegado a este punto, encontramos que ha llegado el momento para hacer la siguiente aclaración: es habitual escuchar la reivindicación de la tragedia de “Antígona” de Sófocles para ilustrar la posición ius-filosófica de la corriente de pensamiento en la que se enrola Hayek. Sin embargo, tal ejemplo es más afín al racionalismo que Hayek critica: Antígona y Creonte disputan la prevalencia de dos sistemas de normas diferentes: uno proveniente de la tradición –que prescribe la sepultura de los muertos- y otro promulgado por los hombres –que ordena que los cadáveres de los traidores permanezcan insepultos. El espontaneísmo de Hayek es más afín a la tragedia de “Edipo Rey” de Sófocles, que ilustra la existencia de un orden in-engendrado –muerte del padre- y autogenerado –desposamiento con la madre18.

Lo que ocurre es que es fácil confundir el carácter espontáneo del orden social con el carácter espontáneo o deliberadamente creado de las normas que lo integran. Nunca será suficiente el número de veces que sea formulada la siguiente aclaración: que todo orden social sea espontáneo no implica que necesariamente las normas morales o jurídicas que sobre las que él descansa así lo sean. Un orden social puede contar con normas jurídicas cuya fuente sea la tradición o la legislación, aún puede estar integrado exclusivamente sobre normas legisladas, lo que no le quitará al orden social el carácter de espontáneo, ya que aquel legislador es parte del orden social espontáneo. Así es como Hayek dirá: “That even an order which rests on made rules may be spontaneous in character is shown by the fact that its particular manifestation will always depend on many circumstances which the designer of these rules did not and could not know”19.

El carácter de espontáneo de un orden no residirá en el origen histórico de sus normas, ésta podrán ser tanto espontáneas como deliberadamente creadas, aún deliberadamente creadas en su totalidad, sin que por ello el orden social resultante deje de ser espontáneo. Ello por cuanto toda norma –sea constitucional, de derecho privado, moral y aún un comando- necesita para su interpretación por parte de l órganos emisor y receptor del recurso a un cuerpo de conocimientos in-susceptibles de ser expresados en términos conceptuales. Esta esfera abstracta de conocimientos irrepresentables se escapa a la clasificación entre fenómenos naturales y artificiales, ya que conciernen al comportamiento humano pero carecen de finalidad concreta o intencionalidad.

Por otra parte, tal conocimiento tácito20 o irrepresentable por carecer de referencia concreta respecto de la finalidad de mente alguna es puramente abstracto, al punto de carecer de contenido extensional. Dentro de los parámetros inaugurados por la lógica de Port Royal, la esfera tácita de todo orden espontáneo se compone de términos puramente intensos.



  1   2   3   4


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal