El Artista, Fernando Botero



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El Artista, Fernando Botero

Se le considera a Fernando Botero uno de los pintores y escultores contemporáneos

más importantes. Nació y creció en Medellín, ciudad colombiana que en los años 50 no

era centro artístico ni cultural. En Medellín se hablaba mucho de arte pero se veía poco,

porque no había museos. Las primeras obras que Fernando Botero vio eran cuadros de

iglesias y artefactos precolombinos. Un día, por casualidad, encontró un librito de la

historia del arte moderno en el que había reproducciones de dibujos de Picasso, Matisse y

Cezanne. Así Botero descubrió el arte y este pequeño libro lo inspiró a ser pintor aunque

no había visto nunca una pintura original en persona.

Fernando Botero empezó a trabajar cuando tenía 16 años. Siempre había tenido el

mismo placer, la misma pasión y la misma necesidad de crear. Era un pintor conocido en

su país cuando tenía 21 años. Disfrutaba de una reputación pequeña. Vendió varios

cuadros con escenas de la vida cotidiana, muy coloridos y un poco primitivos.

Su primer viaje fue a Madrid. Decidió ir allí porque se hablaba español y no tendría

dificultad con comunicarse. Más importante era poder visitar el famoso Museo del Prado.

Allí Botero vio las obras de los grandes maestros de la pintura que él copió para aprender

la técnica.

Viajó por otros países de Europa también. Pasó mucho tiempo en el gran museo de

París, el Louvre, fascinado con las esculturas antiguas. Después fue a Italia para estudiar

los frescos de los artistas italianos. Entonces regresó a Colombia, donde hizo una

exposición de pinturas que no tuvo éxito. Allá le tocó sobrevivir. Fue vendedor y artista

gráfico para diarios a los que les vendió algunas ilustraciones. En 1961 el Museo de Arte

Moderno de Nueva York le compró a Botero el “Retrato de Mona Lisa a los 12 años.” El

periódico New York Times reprodujo el cuadro en una de sus páginas. Botero entonces

fue descubierto por el público y comenzó a vender sus pinturas. La crítica de aquella

época, sobre todo en Nueva York, sólo se interesaba en el arte abstracto y el arte de

Botero era figurativo. Desde entonces, Fernando Botero se sentía único porque su arte

era difícil de clasificar.

Botero nunca usa modelos. Trabaja sólo con el lienzo frente a él. Para inspirarse usa su

memoria e imaginación y esto le ayuda a crear sus formidables pinturas y esculturas. Con

esta inspiración Botero intenta sugerir el placer, la plenitud, la abundancia y la expansión.

Hace a sus figuras artísticas con dimensiones enormes. Engorda a sus personajes no

para reírse de ellos sino para exaltar su belleza. La gordura no le interesa por sí misma,

sino por su cualidad original y personal. Esta es su “manera” y lo que hace que su estilo

sea reconocido de inmediato—estilo que lo ha hecho célebre en todo el mundo.

Según Botero, a las personas gruesas se les percibe como amantes de la vida,

simpáticas, y amables. Para él la gente delgada no provoca la misma reacción. Botero

piensa que lo gordo da tranquilidad.

A partir del año 1973 Botero pasó de la pintura a la escultura porque quería crear los

volúmenes y las formas de sus cuadros en lo concreto, en el espacio real. La ironía en sus

esculturas y sus pinturas está en lo que observa el espectador. A menudo se puede

apreciar el buen humor, pero sus personajes no son víctimas de ese humor: son inmóviles,

pero nunca ridículos. Según Botero, el artista en nuestra sociedad hace el papel de

contribuir a la belleza, a la cultura y al placer. El arte no tiene que ver con la realidad.

Ahora Fernando Botero vive parte del tiempo en Italia pero también en Nueva York,

París y Mónaco. No regresa a menudo a Medellín pero sí ama a Colombia con pasión y

quiso darle un regalo a su país natal. Por eso, Botero decidió dar a Medellín su colección

de obras de arte que adquirió durante 25 años. Su deseo sería morir allí con el pincel en



la mano, trabajando en su último cuadro, en la casa que conoció cuando era niño—una

casa fresca, rodeada de corredores, con el olor de los naranjos en flor viniendo del patio.


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