El arte Barroco



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Historia del Arte El arte Barroco

EL ARTE BARROCO
  1. Introducción

El Renacimiento agotó su inspiración a partir de 1550. Entonces surgen los manieristas, los cuales no tenían una capacidad creadora de primera magnitud. A fines del s. XVI o inicios del XVII se nota un cambio a todos los niveles y también artístico. Todas las artes plásticas se senti­rán alteradas por igual.


El término Barroco fue creado despectivamente en el S. XIX por los clasicistas enemigos del recargamiento decorativo del S. XVII. En el s. XX se volvió a valorar el arte del Barroco pero no homogéneamente: se atacó la arquitectura barroca por ser bárbara y desproporcionado pero se elogió sobre todo la pintura de Poussin o de Velázquez. La pintura fue el arte más importante del Barroco porque ahora el arte se idealiza, es un transporte intelectual, es la base de una idea y aquí la pintura puede instrumentalizarse mucho mejor que el resto de las artes.
Hoy se sitúa al Barroco en su auténtica perspectiva histórica. No es sólo un estilo desproporcionado y recargado. Hay que profundizar más. Ya no es sólo aquel arte irregular, contorsionado, grotesco o de mal gusto, como lo calificaron los neoclásicos del s. XIX

Localización

La cuna del Barroco vuelve a estar en Italia, exactamente en Roma, allá por el último decenio del S. XVI. La Roma contrarreformista de­sarrolló una política plástica contra los nórdicos luteranos. Este cambio provocó una inversión estética radical que fue el inicio del Barroco. De aquí pasó a las Cortes absolutistas de España y Francia donde el Barroco fue un arte al servicio del poder real, instrumentalizado por la Iglesia y el Rey y popularizado para tener bien amarrado al pueblo.


Pero el Barroco no es sólo Contrarreforma. También fue el soporte plástico de la Reforma y también se dió en los países republicanos y protestantes, aunque con notables diferencias. Por eso conviene estudiar por separado los dos Barrocos, el católico y el protestante porque al igual que las doctrinas religiosas, las dos artes se endurecieron y separaron radicalmente. Si en el Renacimiento era difícil a veces distinguir una obra flamenca de otra francesa o española he­cha al estilo flamenco, en el Barroco resulta imposible confundir los dos tipos de arte en los que se dividió Europa.

Cambios de pensamiento.

Hay una estrecha relación entre el Barroco y el pensamiento raciona­lista que brota en esta época, por ejemplo el arte de Velázquez, es un arte racional hasta el extremo. Pero este racionalismo es diferen­te al del Renacimiento. El arte del Renacimiento es antropocéntrico, la apariencia natural de las figuras, la perspectiva, son elementos de un concepto del mundo como algo ordenado por Dios, pero que aho­ra, una vez creado por él, sigue sus propias leyes. Todo ocupa un lugar ordenado en el espacio porque Dios lo puso ahí. Por eso el Re­nacimiento es una arte sereno, proporcionados, armónicos. El hombre sólo tenía que desentrañar ese orden perfecto y reflejarlo en su obra de arte.


Pero en el Barroco se realiza un descubrimiento filosófico funda­mental, sobre todo por obra de Descartes: ahora la Naturaleza ya no es algo indudable, con un orden perfecto y universal. Es incluso difícil que algo exista tal y como se presenta ante nosotros. Lo único indudable para el Barroco es la conciencia, el pensamiento íntimo de cada hombre. Las cosas no tienen un orden prefijado e inamovible sino que tienen el orden que el hombre les da cuando las ve. Esto es idealismo, también relativismo y sobre todo dinamismo frente a lo estético del Renacimiento. El artista no puede representar el mundo tal y como es sino tal y como lo ve. Por ejemplo un cuadro renacen­tista representa un conjunto de cosas tal y como las podría ver cualquiera, desde un lugar impersonal y abstracto, desde un enfoque geométrico de la perspectiva. Pero el cuadro barroco representa cosas conforme al punto de vista de un hombre, de una retina en particular. Un cuadro de Mantegna representa a hombres, árboles y cosas y todas con el mismo derecho y la misma pretensión de realidad. En un cuadro de Velázquez, se representan un conjunto de cosas, las cuales adquieren un grado de realismo diferente para el espectador. La perspecti­va aérea selecciona objetos y personas de entre la realidad. Es así como el pintor barroco utiliza las ideas racionalistas del s. XVII.

El fracaso del humanismo.

A pesar de sus extravíos, el Manierismo seguía participando de la fiebre humanista del S.XVI. La figura humana sigue siendo su base sustancial, tratada con juegos sinuosos y graciosos y con miradas vacías, fijas o hurañas. Pero el hombre seguía en la cima donde se había colocado, limitándose a disfrutar de un disimulado vértigo que prepara su caída. Ese orgullo del hombre es el que ataca la Reforma para anonadarlo ante el Dios medieval. Con ello la Reforma abría el paso al individualismo pero con un complejo de inferioridad, como conciencia de su aplastante y solitaria pequeñez ante el juez y Creador.

Pero también la Iglesia Católica echó la culpa de las herejías cristianas que desgarraban Europa al cáncer humanista, el cual, habiendo nacido puro y cristiano en Italia, se había vuelto orgulloso y hereje en Europa. Reforma y Contrarreforma ven con malos ojos el orgullo humanista y anteponen la fe, luterana o católica, al humanismo.
"El humanismo, obra de esa clase nueva que son los intelectuales, había afirmado la independencia del genio humano. Del mismo modo, los artistas no querían depender más que de su arte, hecho autónomo. Pero el fervor cristiano, interrumpido en su curso medieval, seguía insatisfecho. El hombre, separado de Dios por el crecimiento irresistible de sus conquistas y de su confianza en sí mismo, es presa de un escalofrío en su cima solitaria a la que se había alzado. Pronto, frente al intelectualismo colmado, reclama su parte de espiritualidad, ayer triunfante y hoy frustrada"( el Arte y el Hombre,vol,2)
Estas reivindicaciones tuvieron ya su precedente con Savonarola, en pleno corazón de la Florencia renacentista y llegaron a tocar la fibra del principal pintor del cuatrocento italiano: de Boticcelli. Pronto serán muchos pintores los que ejemplifiquen este cambio espi­ritual y el más representativo es el Greco. Impregnado de Renacimiento en Italia, aprendió en Venecia la lección manierista del humanis­mo, pero vino a España y fue transformando ese manierismo por un im­pulso místico exaltado.

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