Ejemplo de comentario de un texto narrativo Fragmento de la novela



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Ejemplo de comentario de un texto narrativo

Fragmento de la novela Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán


Aquí verás, Guzmán, lo que es la honra, pues a éstos la dan. El hijo de nadie, que se levantó del polvo de la tierra, siendo vasija quebradiza, llena de agujeros, rota, sin capacidad, que en ella cupiera cosa de algún momento, la remendó con trapos el favor y con la soga del interés ya sacan agua con ella y parece de provecho. El otro hijo de Pero Sastre, que porque su padre, como pudo y supo, mal o bien, le dejó qué gastar, y el otro que robando tuvo qué dar y con qué cohechar, ya son honrados, hablan de bóveda y se meten en corro. Ya les dan lado y silla, quien antes los estimara para acemileros.

(Parte I, Capítulo IV)


El fragmento que vamos a comentar pertenece al capítulo IV de la primera parte del Guzmán de Alfarache (1599) de Mateo Alemán (¿1544-1614?). Se trata de una obra situada en el período de la Contrarreforma, pre-barroca y de género picaresco con sus peculiaridades temáticas y formales. Mateo Alemán fue un converso y por ello un marginado que tuvo limitada su vida social y eso condicionó su actividad literaria y de pensamiento. Como hijo de un médico de prisiones conoció los ambientes que describe y aunque no se puede considerar su novela un trasunto de su vida, el autor, como su pícaro Guzmán de Alfarache, dio el salto a América en busca de mejor fortuna. El Capítulo IV, uno de los más importantes para el significado de la obra, titulado “En que Guzmán de Alfarache refiere un soliloquio que hizo y prosigue contra las vanidades de la honra”, es una continuación de la expuesto en el capítulo anterior, es decir, una larga meditación sobre el importante problema para la época del tema de la honra.

El autor nos relata el hecho de que una persona sin ningún ascendiente familiar, otra que tiene dinero pero no apellido y otra que robando consigue dinero para sobornar, se consideran a sí mismos importantes, son tenidos por honrados por los demás y reciben la estima social. El tema es el desacuerdo entre la verdadera honra y los que pasan por honrados mediante procedimientos fraudulentos. Plantea uno de los problemas medulares del siglo XVII, que hay dos tipos de honra: la que todos poseen y que equivale a la dignidad de la persona, y la honra estamental, por el linaje. El autor parece referirse a la última, para mostrar cómo, a pesar de su aparente rigidez que exige la limpieza de sangre y noble apellido, también puede ser comprada y conseguida por dinero. Adopta así el autor una actitud aparentemente crítica, pero en el fondo no hace sino defender los principios estamentales. Es un tópico repetido en la novela picaresca, presente también en el Lazarillo.

En cuanto a la estructura del contenido, se pueden señalar tres partes: una introducción de lo que se va a describir y presentación del soliloquio: “Aquí verás...”; una ejemplificación de lo que es la honra, sirviéndose de tres casos (el hijo de nadie pero que tiene honra por el favor y el interés, el hijo de Pero Sastre¨[Don Nadie] que tiene honra por dinero, el ladrón que tiene honra porque soborna con dinero); y una conclusión en la que los tres personajes presentados, a pesar de su condición, son honrados y reciben de los demás su estima social. En conjunto, se trata de una estructura lineal, cerrada y convergente puesto que expone una idea, la ejemplifica y concluye. Se observa también una estructura paralelística de los tres ejemplos, dispuestos de forma simétrica y aunque independientes entre sí, dependen de la misma idea y sirven de ejemplificación de ella.

El punto de vista es el del autor omnisciente-testigo y aunque adopta la forma de soliloquio (diálogo consigo mismo) podemos decir que se sirve de la forma habitual de la tercera persona narrativa. La actitud del autor pretender ser externa-narrativa-descriptiva para presentar una situación que considera real y general en la sociedad de la época, pero se conjuga una postura objetiva con una postura subjetiva, porque el autor toma partido ante los hechos que relata y los presenta de modo expresivo mediante recursos literarios que veremos. Domina el tono pesimista y sombrío, característico de la novela picaresca.

Sobre los personajes, en el fragmento se menciona a Guzmán, el cual se dirige en un hipotético diálogo, soliloquio, a sí mismo y Pero Sastre, nombre basado en un refrán popular y que equivale a Don Nadie. Ambos buscan producir una sensación de concreción y de objetividad. El demostrativo “éstos” del inicio tiene función catafórica porque se refieren a los nombres que van detrás y actúa de presentador de ellos, manteniendo en suspenso la atención del lector, porque el significado queda incompleto hasta que no se conozca quiénes son: el hijo de nadie, el hijo de Pero Sastre y el otro que robando... Todos con un artículo determinado para acercarlos al lector y dar al texto mayor subjetividad puesto que ellos ejemplifican la consecución de la honra por medios fraudulentos.

La estructura temporal de este texto se articula en torno a dos polos: el pasado lleno de deshonra y actividades para conseguir la honra por malos procedimientos y ser tenidos por honrados; y el presente, que es la honra conseguida.No hay casi acción puesto que se trata de una reflexión sobre el tema de la honra.

En cuanto al espacio (no se menciona ninguno en concreto), el fragmento tiene un valor informativo sobre la mentalidad, modos de vida, circunstancias de la época a la que pertenece (siglo XVII), pues señala características del código de la honra y honor que eran las bases sobre las que reposaba la vida en sociedad. De todas maneras no hay que olvidar que la novela picaresca peca en exceso de realidad, puesto que selecciona los aspectos más negativos y sórdidos de la vida.

En cuanto a la estructura externa, el fragmento pertenece al género narrativo, en concreto al subgénero de la novela picaresca, junto con el Lazarillo de Tormes forma su etapa constituyente. Si analizamos los recursos expresivos del nivel fónico, veremos que hay un ritmo de pensamiento basado en la repetición periódica de frases, palabras o esquemas sintácticos que son los responsables de la impresión de equilibrio y elaboración que produce el fragmento.

Este ritmo se basa en recursos del nivel morfosintáctico como el paralelismo ( “el hijo de..., el otro hijo de... y el otro que...”) y las bimenbraciones (“pudo y supo”, “lado y silla”). También destacan los sintagmas formados mediante la relación con “de” (“de nadie”, “de agujeros”, “de bóveda”, “de provecho”). El autor ha renunciado a la adjetivación para evitar detenerse en la descripción. La enumeración asindética “llena de agujeros, rota, sin capacidad” tiene un valor explicativo y nos da una visión analítica de una realidad fragmentada que el lector debe sintetizar en su mente. En el texto predominan los sutantivos y los artículos determinados, incluso como sustantivadores (“lo que”, “lo otro”), para dar concreción y objetividad. Los verbos son mayoritariamente presentes (“es”, “sacan”) y pretéritos perfectos simples (“levantó”, “pudo”), de acuerdo con la estructura temporal del texto, aunque hay también imperfectos de subjuntivo (“cupiera”) y un único futuro (“verás”) con valor narrativo para marcar el soliloquio. Aparece con cierta frecuencia la forma “que”, en función relativa, con valor exclamativo enfático (“qué dar”) y como conjunción. El resultado de esta presencia dominante es cierta monotonía, reiteración y empobrecimiento del texto. Domina la conjunción coordinante “y”, que es la forma más simple de conexión y de menos resultados estéticos; también hay subordinadas de relativo, modales y yuxtapuestas que marcan las relaciones de dependencia entre los elementos.

En el nivel semántico destaca la metáfora impura “El hijo de nadie... siendo vasija quebradiza” que organiza toda la frase y produce un encadenamiento de metáforas impuras que se refieren a la “vasija quebradiza”: “llena de agujeros”, “rota”, “sin capacidad”, “que en ella cupiera cosa”, y que en último término se refieren a “hijo de nadie”. Las imágenes o metáforas impuras se continúan en: “la remendó con trapos el favor y con la soga del interés ya sacan agua con ella y parece de provecho”, para aumentar la tensión y la expresividad. Se pone en relación un concepto abstracto “favor”, que hace referencia a “hijo de nadie”, con “vasija quebradiza” (la metáfora) y de ahí el que el sintagma “con trapos” adquiera valor polisémico: por un lado tapa los agujeros de la vasija y por otro designa metafóricamente la ayuda gracias a la cual el hijo de nadie que no tiene honra (vasija con agujeros) parece de provecho, parece honrado (la vasija tapada con trapos sirve para sacar agua). Hay una metonimia en la “soga del interés” al mencionar lo físico por lo moral y relacionada, a su vez, con la metáfora ya comentada. La frase completa resulta de gran belleza y destaca en el conjunto por su expresividad, asimismo se aproxima a una alegoría en pequeño, perfectamente articulada.



En conclusión, el fragmento es un soliloquio de Guzmán, un pícaro que plantea uno de los problemas del siglo XVII: el tema de la honra. El texto muestra una cierta crítica social a través de los tres personajes que consiguen de manera fraudulenta el reconocimiento social. Desde el punto de vista de la forma destaca sobre todo el uso del paralelismo, la bimenbración y la metáfora inicial “vasija quebradiza” que da pie a las otras metáforas relacionadas con ella y que originan una cascada de imágenes.


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