Educación contra mercado: la filosofía y la formación política de la ciudadaníA. Simón royo hernández



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Tendencia que no se aprecia, por ejemplo, en Gustavo Bueno: “Lo cierto es que la «formación del juicio» —si se quiere, de la opinión— en torno a las Ideas que tienen una mayor presencia en nuestros días (pongamos por caso: Idea de «conciencia», Idea de «libertad», Idea de «democracia», Idea de «verdad», Idea de «Estado de derecho», Idea de «persona», Idea de «dialéctica», Idea de «bien», Idea de «mal», Idea de «ética», Idea de «finalidad», Idea de «poder», Idea de «materia», Idea de «vida»,...) es un proceso en el que la educación reglada interviene en una proporción muy pequeña: son las experiencias sociales, vitales y profesionales que cada uno tenga en el curso de su vida lo que irá conformando ese juicio, es decir, su «filosofía personal». Pero tampoco vemos mayores razones para subestimar la importancia de la educación reglada en filosofía hasta el punto de proponer su total abolición. Desde luego, nos parece ridículo atribuir a esa educación reglada la responsabilidad de «enseñar a pensar» a los ciudadanos, como han argumentado tantos profesores y estudiantes con ocasión de los debates en torno a los efectos de la LOGSE. Argumentos contraproducentes, como debería haber sabido todo aquel que hubiese estudiado el Protágoras de Platón (319b‑d)xiv”. Opinión o , esto es, juicios adquiridos por ósmosis a través de la socialización, se contraponen a
o , donde lo de “personal” desaparece.

Enseñar a pensar es imposible, como decía Sócrates, no se puede enseñar sino a lo sumo, ayudar a aprender, favorecer el desarrollo del pensamiento propio; la posición de Nietzsche a este respecto es bastante clarificadora:

No hay educadores. Como pensador éste no debería hablar más que de la educación de sí mismo. La educación de la juventud dirigida por los demás es o una experiencia emprendida acerca de algo desconocido e incognoscible, o una nivelación por principio, para producir el ser nuevo, cualquiera que éste sea, conforme a las costumbres y a los usos reinantes; en ambos casos se trata de algo que es indigno del pensador, es la obra de los padres y de pedagogos a quienes un hombre leal y audaz llamó nuestros enemigos naturales. Cuando, después de mucho tiempo, hemos sido educados según las opiniones del mundo, acabamos un día por descubrirnos a nosotros mismos: entonces comienza la tarea del pensador; entonces es el momento de pedir su ayuda, no como educador, sino como alguien que se ha educado a sí mismo y tiene experiencia” (F.Nietzsche Humano demasiado humano II. El viajero y su sombra, 267).


Con palabras de Richard Rorty, se puede ilustrar también lo antedicho, aunque sin necesidad de suscribir su punto de vista relativista (desde el punto de vista hermenéutico la objetividad consiste en prácticas sociales funcionales y bien asentadas, y su búsqueda constituye uno de los componentes de la educación). La filosofía edificante presupone la sistemática puesto que surge como una reacción contra ella. De manera que la educación siempre empieza por la socialización normalizada y es una vez que estamos familiarizados con esa parte de la educación que forma el discurso normal de la filosofía sistemática que podemos reaccionar en su contra. “El discurso anormal y depende siempre del discurso normal..., y... la edificación utiliza siempre materiales proporcionados por la cultura de la épocaxv”. Si cambiamos lo que Rorty llama filosofía sistemática por y lo que denomina filosofía edificante por
o , el párrafo nos vale perfectamente. Claro que también hemos de resignificar los términos, ya que para Rorty el discurso normal está formado por las ciencias naturales y la filosofía (epistemología) y el discurso anormal por la literatura postmoderna; mientras que para Gustavo Bueno (como para Platón) el está formado por las opiniones (doxa) y el por la ciencia (episteme) y la filosofía.


No sólo se piensa desde lo que se conoce, sino contra lo socialmente vigente como conocimiento, que en numerosas ocasiones no es sino opinión.
La orden de Nietzsche de invertir a Platón ha sido seguida (quizá de forma equivocada) por la postmodernidad, que reivindica el mito como el discurso emancipador, rebelde y revolucionario, frente al como discurso esclavizador, la literatura que nos salva de la filosofía, el retorno a la tribu frente a la ciudadanía, la supremacía de la pasión sobre la razón. El hombre como dios cuando sueña y como mendigo cuando reflexiona.
4) La filosofía (pensar) no consiste en generar preguntas tan solo, sino fundamentalmente en contestarlas, y no de cualquier manera. Cuando nacemos lo hacemos en un entorno social que nos proporciona respuestas sociales a las preguntas individuales, tales respuestas no son filosóficas, sino culturales, ideológicas, y si todo el mundo se cree capaz de hablar de cuestiones filosóficas es porque está provisto de dichas respuestas y enarbola las creencias sociales como si fuesen ideas filosóficas. Creen que las creencias vigentes son sus ideas propias y no se dan cuenta de que las han tomado prestadas. Tiene que haberse pasado por la adquisición de los patrones sociales compartidos para poder elevarse por encima de ellos y comenzar a filosofar. Por eso la socialización precede a la filosofía, que si surge, lo hace en su contra, en contra de la admisión de los tópicos vigentes como criterios de la existencia, en contra del discurso de la subjetividad, que no suele ser otro que la voz del rebaño. ¿Cómo entonces enseñar a rebelarse contra las creencias a quien todavía no ha cuajado siquiera esas creencias? Para reaccionar ante algo y elevarse por encima de ese algo se ha de estar previamente inmerso en ello. Es una lástima que quienes podrían empezar ya a pensar, personas con familiaridad en otras disciplinas, generalmente postuniversitarias, se dediquen con tanto esmero a defender las familiaridades adquiridas.
La filosofía es un saber de segundo orden que implica a otros saberes y por ello no puede enseñarse ni aprenderse, ni ejercitarse, sin una preparación previa. Cierto que el profesor de matemáticas no puede enseñar las operaciones con polinomios a los jovencitos de 15 años si éstos no saben sumar, restar, dividir y multiplicar. Tampoco el de literatura puede enseñar a leer poesía a quien no sepa ya leer prosa, ni el de francés puede enseñar el imperfecto si no se domina el presente. Pero la filosofía no tiene una propedéutica interna a sí misma, sino que es indispensable la familiaridad con otras disciplinas para poder llegar a ejercitarla. Cada pregunta filosófica involucra a los demás saberes y el desarrollo de la capacidad de pensar hasta el nivel de ser capaz de pensar filosóficamente no lo adquiere el ser humano al nacer, como la razón, ni coincide en absoluto con la muy extendida capacidad de opinar.



Ah! Por último decir de una vez por todas y sin tapujos por sentimentalismo humanitario que, en efecto, quien no piensa (filosofar) no alcanza una buena vida plena, que, la vida contemplativa (teorética) como decía Aristóteles es la vida superior, que “el mayor bien para un hombre es precisamente éste, tener conversaciones cada día acerca de la virtud y de los otros temas de los que vosotros me habeís oído dialogar... una vida sin examen no tiene objeto vivirla” (Sócrates, Apología platónica 38a).
Y que al que no le guste que se aguante su vida menos buena o incluso mala, o que comience a pensar, para lo cual no es necesario matricularse en la facultad de filosofía, basta que deje de admitir las creencias sociales y, partiendo de las ideas de un campo categorial cualquiera, se remonte hasta el nivel del pensamiento, más allá de la subjetividad y de la cultura tribal.
“La felicidad no es un premio que se otorga a la virtud, sino que es la virtud misma, y no gozamos de ella porque reprimamos nuestras concupiscencias, sino que, al contrario, podemos reprimir nuestras concupiscencias porque gozamos de ella”. (Spinoza Ética demostrada según el orden geométrico. 5ª Parte, Proposición XLII). En la medida en que gozamos de la felicidad, que consiste en la vida teorética, en el conocimiento, podemos liberarnos de las pasiones.
Cuanto más conoce la razón las leyes que gobiernan el mundo “tanto mayor poder tiene sobre los afectos, y ... tanto menos padece por causa de los afectos” (Spinoza Ibid. 5ª Parte. Proposición XLII, Demostración), ya que “la potencia humana para reprimir los afectos consiste sólo en el entendimiento” (Ibid.). Es al conocimiento a quien corresponde la guía de los afectos o pasiones, dirigirlos, encauzarlos, a eso llama Spinoza reprimirlos, hasta que desaparezcan en la teoría, que se identifica con la felicidad.
“Es evidente cuánto vale el sabio... Pues el ignorante, aparte de ser zarandeado de muchos modos por las causas exteriores y de no poseer jamás el verdadero contento del ánimo, vive, además, casi inconsciente de sí mismo... y, tan pronto como deja de padecer, deja también de ser. El sabio, por el contrario, considerado en cuanto tal, apenas experimenta conmociones del ánimo, sino que, consciente de sí mismo... y de las cosas con arreglo a una cierta necesidad eterna, nunca deja de ser, sino que siempre posee el verdadero contento del ánimo... Pero todo lo excelso es tan difícil como raro”. (Spinoza Ibid. 5ª Parte, Proposición XLII, Escolio). El ignorante es inconsciente de sí mismo y su vida se identifica y reduce a sus pasiones o emociones, mientras que el sabio, consciente de sí mismo y de las leyes que rigen la Naturaleza, a través del entendimiento identifica su ser con el Ser en general, y no librado a los cambios de la opinión, vive contento en la contemplación de la Verdad. (Nótese que el Filósofo, esto es, el aprendiz de sabio o amante del saber, no está en esa situación en la que el microcósmos o entendimiento particular se encuentraría en armonía con el macrocósmos o Razón en general, sino en la búsqueda de liberarse de lo contingente -de las pasiones- para ser en lo eterno -en la razón-).
Desde luego no sólo la vida filosófica es vida buena, también lo son (o pueden llegar a serlo) la vida artística o poética (literatura, escultura, pintura, cinematografía, etc) o la vida científica (antropología, historia, lingüística, biología, medicina, matemática, física, economía, etc) e incluso la vida religiosa (mística, ascética, etc) y, en muy pocas ocasiones, ciertos estados calificados como locura, que en lugar de destruir -mayoría de los casos- alcanzan la misma libertad del conocimiento, lo que podríamos denominar, vida esquizoide. La distinción freudiana entre aquél que vive el sentido religioso de una manera profunda, (que le resulta respetable y digno, aunque no comparta su visión), y aquél que se encuentra imbuido en la concepción común socializante, (que le produce lástima), es bastante ilustrativa y representativa de lo que acabamos de plantear. Dicho con palabras llanas y vulgares, es doloroso constatar que la gran mayoría de los mortales tienen una vida de mierda, simple, animalizada y enajenada.
5) TEORIA DEL VALOR Y VIDA HUMANA.

Ahora bien, cuando hablamos de vida buena queremos decir vida valiosa, y no confundimos los dos sentidos de la palabra bien, sino que la entendemos en su acepción estricta de lo valioso (objetiva) y no en la acepción moral (subjetiva) de bueno.


DISTINCIONES CONCEPTUALES PARA UNA TEORÍA NEOMARXISTA DEL VALOR.

Marx distingue entre varias clases de valorxvi, teoría que vamos a intentar clarificar, desarrollar y ampliar de la siguiente manera:

1. El valor en sentido estricto.

2. El valor de uso.

3. El valor de cambio.

4. El valor de la naturaleza y del producto natural.

5. El valor de la vida humana.
1. El valor en sentido estricto. Es la energía empleada por el hombre para producir, tanto valores de uso como valores de cambio. Aquello que les es común a los bienes y las mercancías y que se manifiesta en la relación de cambio es el trabajo humano materializado en ellas. Ese es su valor propiamente dicho. La magnitud de valor de una mercancía se mide por la que contiene, de trabajo; que equivale al medio necesario para su producción en una sociedad dada.
Bajo el régimen capitalista, la apropiación derivada de la propiedad privada de los medios sociales de producción, tanto de los intelectuales (como las teorías científicas), como de los tecnológicos (maquinaria), y de los naturales (tierras y materias primas); requiere la privatización de la fuerza de trabajo, esto es, su conversión en valor de cambio y su asignación de un precio de mercado. De manera que, si bien el trabajo se paga por su valor en sentido estricto, esto es así, una vez expropiadas las condiciones de producción, los medios de producción y los beneficios o excedentes de la producción.
2. El valor de uso. Es una medida en parte objetiva y en parte subjetiva del valor de un bien, ya que depende de las necesidades del ser humano que, a parte de las indispensables para la supervivencia, que se pueden considerar objetivas, esto es, por ejemplo, la cantidad de proteinas que por término medio debe ingerir un cuerpo humano para estar suficientemente nutrido; están sujetas al capricho particular, a lo que se considera útil después de deducir lo necesario.
3. El valor de cambio. Es una medida objetiva del valor de una mercancía, concebida por Marx como la relación cuantitativa de intercambio entre mercancías. De dicha relación y de la oferta y la demanda, depende la determinación del precio en el mercado. Es una constante de la economía desde Marx a nuestros días el confundir valor y precio, cuando lo único que puede tener precio es un valor de cambio.
4. El valor de la naturaleza y de las producciones de la naturaleza. Es el valor de las tierras y de los productos no mediados por el hombre. a) En principio, la naturaleza y los productos naturales no tienen valor en sentido estricto, ya que sólo tiene valor en dicho sentido, el producto del trabajo humano o actividad humana que produce algo tranvasando energía del sujeto productor al objeto producido. Sin embargo, aunque la naturaleza no tenga valor en sentido estricto y mucho menos precio (valor de cambio en el mercado), sí que posee un valor de uso y, además, genera este valor por sí misma. Un ejemplo de ello es la caza y recolección en las sociedades preneolíticas. Una tierra sin cultivar pero fértil y de abundante fauna genera más valores de uso para los hombres que un desierto. El hombre en cuanto ser natural es también un ejemplo de este tipo de valor, sólo posee un valor de uso en cuanto que puede colaborar socialmente con otros hombres y, a diferencia de las materias primas, es el único objeto natural capaz de generar valor, propiedad que comparte con su madre, la naturaleza. b) Una vez expropiados estos bienes naturales de la propiedad colectiva adquieren un valor de cambio en relación a la cantidad disponible. Teniendo en cuenta su relativa escasez, y la oferta y la demanda que se genera entorno a ellos, adquieren un precio, que aumenta cuando se les incorpora trabajo y se tornan mercancías. Es entonces cuando el hombre, ya en cuanto peculiar objeto de la naturaleza capaz de producir no sólo valores en sentido estricto sino mercancías, es vendido y comprado en el mercado, esto es, adquiere a su vez un precio.
5. El valor de la vida humana. La vida humana no tiene un valor determinado ni determinable objetivamente y de manera estable, no lo tiene en su origen y tampoco durante su desarrollo; ni siquiera lo tiene individualmente, ya que hay que tener en cuenta más cosas además de la energía que la sociedad ha empleado en su desarrollo. Bajo ese criterio se podría dar el valor de la vida humana, pero tan sólo a posteriori, es decir, una vez que la vida hubiese terminado y bajo el supuesto, incumplible, de que no hubiese tenido nunca ninguna traba en su desarrollo y hubiese dispuesto de todos los medios existentes para su construcción, obteniéndose así el valor del producto total, que puede dar una imagen imperfecta del valor del productor. Por eso en Heródoto, el sabio Solón le dice al rico Creso, que de nadie se puede decir que ha sido feliz hasta que no ha acabado el último de sus días. La vida humana no se puede evaluar sino a posteriori y, malamente, ya que las potencias desperdiciadas por nuestra negligencia y nuestro egoísmo no entrarán en el cómputo final, aun representando un valor perdido.
Por eso resulta una medida cambiante, las vidas de los hombres no valen lo mismo, lo cual no quiere decir que se esté a favor de la pena de muerte, ya que no hay ninguna relación necesaria entre diferencias de valor y falta o carencia de valor. Toda vida humana es valiosa, pero unas formas de vida resultan más valiosas que otras. Su valor es social, y tiene que ver con tantos factores sociales que contribuyen al desarrollo o que lo inhiben, que no es posible enumerar todos los elementos intervinientes. El valor de una vida humana no puede ser sólo el de la energía socialmente necesaria para su construcción, porque la materia orgánica no es moldeable de la misma manera que la inorgánica; en el ser humano es la inversión social una variable entre otras, ya que también es posible, simultáneamente, la autoconstrucción individual, el trabajo gastado en la producción de uno mismo; y el objeto humano no es sólo un valor, sino, junto a la naturaleza, una fuente de valor. Se puede evaluar el valor de los huevos de la gallina que pone huevos de oro, pero no el de la gallina, al menos hasta que haya fallecido, y podamos evaluar cual hubiese sido el valor de toda su producción bajo el supuesto de que se desenvolviese sin impedimentos y con la sociedad facilitando sus puestas aúreas; lo cual, finalmente, tampoco nos daría el valor del productor sino el de la totalidad producida.
6) INGENIERÍA SOCIAL vs INGENIERÍA GENÉTICA.

Hace al menos 10.000 años que la ingeniería genética azarosa de la naturaleza fue sustituida, por lo que respecta al animal humano, por la ingeniería social del propio homínido que se autoconstruye. Por eso los nazis erraron por completo al querer recuperar conscientemente y dirigir la ingeniería genética. En ese campo la naturaleza se basta a sí misma y cuando el animal humano la intenta sustituir siempre lo hará peor que el azar.
Sin embargo, la Unión Soviética, casi acertó en el problema, quizá errando en los medios al devenir un autoritarismo, pues llegó a comprender que la ingeniería social, comenzada con la revolución neolítica y nunca bajo completo dominio humano, era el camino a emprender. El desarrollo de la sociedad hasta la construcción de una sociedad política, el ideal de un comunismo democrático donde el hombre se gobierne a sí mismo en lugar de ser gobernado por otras fuerzas y otros hombres. A la naturaleza basta con dejarla vivir y no destruirla con una ingeniería social incontrolada, ciega al hecho de que lo social sólo puede crecer sobre lo natural, aunque sea en gran medida autónomo y esté gobernado por leyes construidas por los hombres y no por leyes naturales.
Nuestra última etapa de la ingeniería social, la que se marca como objetivo la producción masiva e ilimitada de bienes de consumo de acuerdo con el capricho, el capitalismo, burda caricatura del mundo natural en la que la quimérica invención de la mano invisible de Adam Smith pretende realizar el papel de la selección natural del mundo biológico. Un sistema económico ciego a las limitaciones y al control de su propia dirección que ha acabado por imponerse en el mundo actual sobre cualesquiera otros modelos de ingeniería social. Se deja al espontaneismo de la competencia económica del comercio la regulación de la convivencia humana, como si una ley natural regulase por sí sola el mercado del modo como las leyes de la selección natural rigen el devenir de las especies animales. Así, abandonado a esa quimérica mano invisible, el objetivo de la autoconstrucción humana, se restringe, en el capitalismo, a la infinita producción ilimitada de medios de producción. No se pretende ni se orientan los medios hacia la producción de hombres, sino que se labora en un ciclópeo proyecto de ingeniería social incontrolado e incontrolable cuyo objetivo es la producción de máquinas y de fuerza de trabajo, esto es, la producción de la producción.
Es en este contexto en el que la educación y la cultura se convierten en medios y dejan de ser fines. ¿Para qué todo ese derroche de energía? Para producir más y más bienes superfluos. El círculo vicioso de la producción y el consumo de bienes para un animal cuyas necesidades básicas, aquellas que han de colmarse para que pueda empezar a ser un animal humano, se consideran ilimitadas (en un mundo de recursos limitados), no puede sino generar desigualdad. Bajo el sistema económico capitalista se genera tanta riqueza en una minoría como pobreza en la mayoría, una regla de la acumulación que salta a la vista de cualquiera que tenga ojos.
Una vez que se tienen las necesidades materiales básicas cubiertas es cuando el animal humano, provisto de alimentación (comida) y vivienda (guarida), de vestido, higiene y sanidad, puede comenzar a vivir como hombre y dedicarse a la cultura. Pero como dedicarse a la cultura es algo contrario a la producción de la producción, en cuanto tarea que no se promueve ni se incentiva por una finalidad puesta exclusivamente en los medios y no en la promoción del desarrollo integral del ser humano, el habitante de la sociedad capitalista ya no sabe ser más allá del animal, por miedo a encararse con su vida devenida por fin en existencia, renuncia a esta última prolongando ilimitadamente la satisfacción de sus necesidades animales (siempre se puede perseguir la consecución de una vivienda mayor) convertidas en caprichos y negativas para la existencia (por ejemplo la sobrenutrición que crea obesos); con lo cual, creamos un mundo profundamente irracional en el que mientras unos luchan contra la escasez (por nutrirse) otros luchan contra la sobreabundancia (no engordar).
Ahora bien, hay que aclarar que cuando hablamos de finalidad (respuesta a la pregunta ¿para qué?) no nos referimos de ningún modo al falaz concepto de teleología, fruto de los delirios de teólogos obesos. La teleología, entendida como una direccionalidad interna que imprimiría un determinado camino a la evolución, al ser humano, a la cultura o a la historia, no es sino una quimera más inventada por el animal humano, no es sino la mano invisible o providencia divina, entidades a las que se les otorga el privilegio de la acción con las que quiere delegar en figuras imaginarias las competencias que son de su exclusiva responsabilidad. La ingeniería genética de la naturaleza es el fruto de miles de millones de combinaciones azarosas y la ingeniería social, en la medida en que el hombre no controla la historia ni se hace dueño de su propia construcción, también es el fruto de miles de millones de combinaciones azarosas.
Hay que reconocer, sin embargo, que el capitalismo ha sabido imprimir al menos una dirección externa (no existen teleologías internas o inmanentes) a la ingeniería social, basada en la construcción de una economía absurda. Con ello se demuestra, al menos, parcialmente, que el hombre puede adueñarse de su autoproducción, hasta hacerla consciente. Pero bajo la construcción capitalista, que se esfuerza por no considerarse obra humana, el animal humano no es superado sino supralimentado o infralimentado, concibiéndose como mero productor-consumidor, no se aprovecha de tal autoconciencia de hacer el mundo, la historia y a sí mismo, para emanciparse de la producción a través de la producción (oportunidad única del animal humano de dejar de meramente vivir y comenzar a existir), sino que el medio se convierte en fin y la producción de producción engulle por completo al animal humano, obcecándose el hominido en la esclavitud por falta de Ideas.
“Los principales inconvenientes de la sociedad económica en que vivimos son su incapacidad para procurar la ocupación plena y su arbitraria y desigual distribución de la riqueza y los ingresos (...). En el momento actual, la gente está excepcionalmente deseosa de un diagnóstico más fundamental; más particularmente dispuesta a recibirlo; ávida de ensayarlo, con tal de que fuera por lo menos verosimil. Pero de ese talante contemporáneo, las ideas de los economistas y los filósofos políticos, tanto cuando son correctas como cuando están equivocadas, son más poderosas de lo que comunmente se cree. Los hombres prácticos, que se creen exentos por completo de cualquier influencia intelectual, son generalmente esclavos de algún economista difunto” (John Maynard Keynes Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero. F.C.E. México 1995. L.VI, cap.24, I y V, págs. 328 y 337 respectivamente). (Título original: The General Theory of Employment, Interest and Money. 1ªedición inglesa, 1936).
Los hombres nacen por un procedimiento natural que está al alcance de todos. No hay que saber muchas matemáticas para producir seres humanos. Es algo que obedece al instinto de supervivencia de las especies, pero en el caso humano tiene muchas más connotaciones, acaso culturales más que naturales. Los hombres nacen, crecen, maduran, entonces se encuentran con que no saben qué hacer ni para qué vivir y para romper ese vacío insoportable, engendran otros seres humanos de los que ocuparse, bien o mal, mejor o peor. Hasta que los primeros mueren y los segundos se encuentran en las mismas condiciones y se lanzan, al paliativo de la procreación y producción como forma de vida, y así sucesivamente, de manera que el reemplazo generacional queda garantizado. Conforme los humanos van sabiendo qué hacer con sus vidas, el instinto de parir disminuirá, la natalidad bajará. Luego el día en que todos los hombres sean dueños de su existencia y vivan para sí mismos en lugar de para otros, se acabará el problema de la superpoblación.
Se podría contar una fábula como la antecedente, y sin embargo no se darían con las claves de la producción de hombres en el mundo. En los países del Tercer Mundo se engendran hijos como conejos, en los del Primero no. Y esto no es porque los tercermundistas no sepan para qué ni cómo vivir y los primermundistas sí. Esto se debe a que bajo condiciones precarias de existencia se estimulan las ganas de vivir y producir vida, mientras que en la confortable y segura vida occidental la fuerza de la naturaleza disminuye. No hay más que ver a la selva amazónica destrozar el pavimento de una autopista y comparar esa fuerza con las briznas de yerba seca de los parques de las ciudades de Occidente. Por tanto, la disminución de la natalidad occidental no surge de la emancipación humana, sino de su sujeción esclava del trabajo.
El capitalismo se enfrenta al problema de que los hijos no salgan rentables en una sociedad en la que la rentabilidad es el único criterio de actuación. Lo quiere solucionar con una importación de mano de obra esclava y barata, pero al mismo tiempo quiere que esa importación sea controlada, de acuerdo con las necesidades del mercado. De ahí el gran problema de la inmigración, que no es que quite puestos de trabajo (falacia de Le Pen), sino que crea una nueva clase social, la de los esclavos, que unidos bajo algún Espartaco, podrían dar problemas al Imperio y a los pocos que dominan sobre muchos.
A los bárbaros se los quiere fuera, no dentro del Imperio exigiendo tierra y libertad. Dentro, unos pocos esclavos son controlables, pero su aumento hace temblar a los pocos que dominan toda la riqueza y que ya tienen adiestrados a sus ciudadanos en el respeto de la desigualdad, es decir, de la propiedad privada.
La máquina de producir hijos es algo ambigua. Se niega a los ciudadanos la libertad de adopción (lo que equivale ha hacer de un esclavo, ciudadano con todos sus derechos), la adopción debe ser controlada, al igual que la inmigración. Se fomenta el naturalismo y la familia clásica patriarcal, los hijos deben ser biológicos, nos consideramos tan estupendos que tenemos que pasarle todas nuestras taras a un nuevo ser que las perpetúe por el mundo. Mientras nuestro tarado se deprime (pues la depresión es el lujo burgués del siglo XXI), millones de niños enérgicos y con ganas de vivir se preparan para el sacrificio: la muerte por hambre.Todo encaja en el Capitalismo, donde la Familia, el Estado (patria) y la Religión, son el modo de control, de la máquina de producir hijos.
El nihilismo crece decía Heidegger para señalar lo que el poeta Hölderlin expresaba más bellamente: El desierto crece. El embrutecimiento va en aumento y lleva un paradójico parelelismo con el desarrollo tecnológico, a medida que las maquinarias del mundo desarrollado se vuelven más y más complejas el ser humano que las construye se torna cada vez más y más simple. Hoy mis amigos que terminan la carrera de Matemáticas se encuentran sin trabajo, excepto en el terreno de la informática, donde trabajan como programadores de una pequeña parte de un inmenso programa del que no conocen su integridad. Desde luego el aumento vertiginoso de las necesidades más superfluas para el consumo masivo les hace trabajar horas extras en su minucia de subprograma para poder comprar infinidad de cosas que no necesitan. Ello les lleva a ir olvidándose de las Matemáticas y olvidar por completo la literatura, el arte, la poesía, la biología, la historia, la música, el deporte, que ya tenían bastante olvidados desde que se habían especializado en matemáticas, hasta que al final, habiendo olvidado incluso los rudimentos de su propia disciplina en la medida en que no estuvieran relacionados con su subprograma informático, terminan convertidos en expertos zafios, en profundos conocedores de la realización de subprogramas informáticos y perfectos lerdos humanos. Si tenemos en cuenta que ésto es lo que le sucecede a quien culmina una carrera podremos imaginarnos cual es el destino del jovencito que apenas ha llegado hasta la FP de grado medio para pasar a dedicar su vida entera, desde la juventud a la jubilación, a la soldadura de piezas para motores; empleando el poco tiempo libre que le reste en consumir fútbol, MacDonals, televisión, alchool y periódicos deportivos, tras reponer fuerzas para producir al día siguiente.
La formación política y humana de los ciudadanos no es necesaria en unas sociedades gobernadas por la demagogia del espectáculo y la hipocresia. Cuando un futbolista, una cantante o un presentador de televisión son los personajes más emblemáticos de una sociedad en la que los grandes poetas, ignorados por la mayoría, acaban tirándose por la ventana. Cuando las declaraciones de principios meramente formales se esgrimen como coartadas de los hechos más viles e inconfesables. Cuando los seres humanos son mercancía homogeneizada, los ideales de la ilustración mueven a risa a los jóvenes, o a sonrisas cínicas y estúpidas de incomprensión absoluta, pero mejor si se sonrie, porque de lo contrario se corre el riesgo de volverse un hipócrita o de ser muy obtuso. Libertad, Igualdad y Fraternidad, hay que ser ingenuo o hipócrita para seguir sosteniendo que esos son los pilares de nuestra sociedad occidental. Los políticos demagógicos de la sociedad de masas lo hacen a diario. Pero los jovencitos que son todavía sinceros consigo mismos saben que el dinero es el único pilar de la sociedad occidental y todo lo demás les parece, con razón, un rollo intragable. Entonces podríamos pasar a decir que los principios de la ilustración no son nuestros pilares sino nuestros ideales a alcanzar, pero de nuevo la realidad (los jóvenes viven todavía en la realidad aunque sea espantosa) les desmiente a los interpelados semejante aserción con rotundidad. La realidad se les aparece todos los días durante unas cuatro horas a través de la televisión, porque hoy por hoy la realidad es la imagen. Sólo el telediario se dedica en ocasiones a proclamar bien los pilares o bien los ideales programáticos de la ilustración, pero ellos no ven el telediario ni leen el periódico. Hacen bien, porque para observar como el ministro de economía responsabiliza del paro a la inflación, en lugar de a los empresarios y a sí mismo, ya que para él es tanto como decir que la culpa del paro la tiene la ley de la gravedad, porque considera que la economía es una ley de la naturaleza en lugar de una convención humana, sobran los telediarios, ya que de tal falacia está ya convencida la gran mayoría de la opinión pública. El paro es una calamidad natural, como el trabajo esclavo, un accidente, algo que sucede porque sí, fortuito, azaroso, pero al mismo tiempo tan rígido e inexorable como una ley de la física, detrminado por una férrea ley de causalidad. No importa que sea contradictorio, al contrario, mejor que así sea, no vayan a aprender las huestes un poco de lógica, no sea que les vaya a dar por pensar y descubran que el paro no es una calamidad sino una necesidad del sistema de relaciones económicas arbitrario y convencional en el que vivimos, que produce cuantiosos beneficios a los que además de muchas otras propiedades poseen en propiedad incluso las condiciones del trabajo en general y los medios de difusión de la ideología dominante (el sistema de creencias generadas por el propio sistema económico en cuanto que posee mecanismos de retroalimentación). De manera que el paro es a la vez fortuito y necesario, un azar y una ley. Si se acepta que la responsabilidad es de la inflación se está aceptando como ley natural todo el sistema económico vigente, y lo cierto es que sí que se siguen ciertas regularidades en la economía vigente, como se seguirían de cualquier otra economía alternativa, pero el detalle es que las leyes de la economía no son leyes de la naturaleza como la gravitación universal sinoconvenciones humanas que se podrían modificar, pero cuya modificación no interesa a las clases dominantes.
El economista liberal del capitalismo contemporáneo encuentra que el gozo y admiración del sabio ante la regularidad del movimiento de las estrellas y los planetas o frente a las leyes de la naturaleza que rigen el orden del universo, lo posee todo ser humano ante las estructuras que rigen la producción de la riqueza. Con esta peregrina idea se introduce la falacia de considerar que las leyes coyunturales que rigen la economía son eternas e inmutables como las leyes permanentes que rigen los movimientos de los planetas. Incluso personajes como George Soros, el firme seguidor de la filosofía de Karl Popper, con la que se familiarizó mientras era estudiante en la London School of Economics, antes de trasladarse, en 1956, a los Estados Unidos, donde acumuló una gran fortuna a través de un fondo de inversiones internacional fundado y gestionado por él mismo; opina que la economía no es una ciencia al no estar regida por leyes necesarias, como la física. “Existe la creencia generalizada de que los asuntos económicos están sometidos a irresistibles leyes naturales comparables a las leyes de la física. Esta creencia es falsa. Y lo que es más importante, las decisiones y las estructuras que se basan en esta creencia son desestabilizadoras económicamente y peligrosas desde el punto de vista políticoxvii”.
Lo de la “condena” o reprobación moral no es más que una pantalla con la que se compra la buena conciencia. Condenar o pedir perdón como han hecho el Papa por la Inquisición o Bill Clinton por las mil perrerías de la CIA, no quiere decir nada, nada significa y, además, son palabras huecas y vanas, mientras no vayan refrendadas por las medidas y los cambios que supriman las causas de tales hechos e impidan su repetición.Cuando hay un terremoto nos limitamos a decir “¡qué pena, pobrecillos!”, y podemos llegar a deplorar y condenar las acciones de la naturaleza; pero es que las acciones de la naturaleza no dependen de nosotros, excepto fenómenos derivados del cambio climático, como inundaciones o tifones, provocado por el deterioro del ecosistema planetario a causa de los emponzoñamientos del entorno por empresas polucionantes y ritmos de vida envenedadores. El caso del calentamiento de la tierra o del agujero de ozono son obra del ser humano más “civilizado”. Sin embargo podemos decir que de los terremotos o de las órbitas de los planetas no tenemos la culpa y no somos responsables, observarlos sin poder hacer nada y deplorarlos o condenarlos. ¡Lo voy a hacer! ¡Condeno y deploro profundamente las órbitas de los planetas! Ya está, ¡qué gustazo me dao! ¡qué güeno soy! De paso voy a condenar también el racismo, la violencia domestica, los altos beneficios de bancos y multinacionales y la caza de ballenas. ¡Cómo molo! Pero resulta que si bien las órbitas de los planetas son como son y en nada depende de mí que continúen su curso o se modifiquen no es lo mismo para todos los demás hechos mencionados. Los acontecimientos sociales, históricos y políticos no sólo dependen de mí y de todos los demás hombres, sino que yo y los demás hombres somos sus constructores, somos quienes hacemos la historia. No basta con que yo condene el racismo si luego no le doy un trabajo a un negro y escupo a una gitana. No basta con condenar el mundo capitalista si luego exploto a los demás y mi único aliciente en esta vida es la de comprarme un coche tras otro. Resulta al revés, España es un país racista porque los españoles somos racistas, desde 1421 cuando expulsamos a los judíos, hasta 1999 donde sólo se usan niños rubios y de ojos azules para anunciar pañales por la televisión o el año 2.000 en que la esclavitud más dura se puede ver en El Ejido. España es un país capitalista porque somos consumistas y estamos dispuestos a vendernos en el mercado de trabajo cuantas horas hagan falta a cambio de comprarnos nuestro telefono portátil. No se puede condenar el capitalismo y estar en contra de la reducción de la jornada laboral, igual que no se puede condenar el racismo y pagar 600 pelas la hora a una refugiada angoleña o a un inmigrante ilegal por limpiarnos la mierda de nuestra casa. No es que no se pueda, se puede, pero es hipócrita y contradictorio. Por eso no me importa que el PP no condene el franquismo, su actitud les honra, porque claramente hubiese sido por su parte una postura hipócrita. Prefiero hechos concretos y políticas concretas a vacías declaraciones de principios en el aire.
La famosa intervención estatal se reduce al plegamiento de la demagogia política a las necesidades de la economía vigente. El Estado interviene para forzar que se bajen los tipos de interés, interviene conforme a las reglas del mercado capitalista y pocas veces triunfa si por voluntad ciudadana llega a querer otras reglas, cuando el Estado se vuelve portavoz real de los ciudadanos e intenta el cambio de reglas, como en el Chile de Salvador Allende, casualmente se produce un golpe de Estado y una etapa dictatorial que dura hasta que se normaliza la demagogia capitalista. Medidas como la supresión del interés que al fin y al cabo no es más que lo que antes se denominaba usura y la nacionalización de la banca, ¿realmente una mayoría de los ciudadanos estaría en contra? No lo creo, pero desde luego nunca habrá un referendum sobre la cuestión. ¿Por qué no se suprime el interés y se nacionaliza la banca, como se hizo en Irán tras la revolución islámica? Pues porque las opciones de cambiar las reglas del juego son implanteables por los creyentes fanáticos en las reglas vigentes, ya neoliberales, ya socialdemócratas, la socialdemocracia capitalista occidental es la Verdad y cualquier alternativa no puede ser sino fascismo. Curioso integrismo el de la sociedad abierta para la que todo lo que no sea ella misma es enemigo del bien y de la verdad.
7) LA IZQUIERDA Y LA IDEA DE ESPAÑA.

Durante los siglos XIV y XV “la influencia de los judíos en las altas esferas, y el trabajo más humilde de los artesanos y campesinos moros al servicio de los nobles cristianos, excitan la envidia de las clases populares de estirpe cristiana. El orgullo de origen, de , compensa en los vencedores de la Reconquista el temor de la superioridad material, demasiado sensible, del vencido” (Pierre Vilar Historia de España. Editorial Crítica-Grijalbo, Barcelona 12ª edición, 1981. Traducción: Manuel Tuñon de Lara y Jesús Suso Soria. Cap.III, pág.44). De esta manera, la política de la España desde los Reyes Católicos hasta el emperador Carlos V, al expulsar y perseguir a los intelectuales (los judíos) y a los trabajadores (los moros) se quedó poblada por los brutos, de quienes descendemos en nuestra peor parte. La ortodoxia católica iba a vertebrar la línea de depuración con la creación de su brazo armado, la Inquisición, en 1478. Era éste el surgimiento del país más reaccionario, conservador y arcaico de todo el continente europeo, lider de la Contrareforma y anclado en medievalismos que perduran, aún insuperados, siendo una de sus últimas grandes manifestaciones la dictadura del sublevado general Franco. Decir que pese a todo pudo haber brotes de creatividad y mestizaje es una verdad que no ayuda mucho. Lo mejor de los habitantes de la Península Ibérica, sus legados árabe y judío, junto al greco-romano y a su diversidad lingüístico-cultural, no desaparecieron nunca, cierto, pero tampoco nunca han dejado de ser perseguidos por fuerzas reaccionarias antagónicas que han procurado, sin cesar, su erradicación.


Todavía los partidos de la derecha española ven y han visto en el exclusivismo religioso y en la ideología de casta los fundamentos de todo lo que ha habido de grande en la historia del país, aunque ahora le añadan algo que no aceptaron sus antecesores medievales, el espíritu de lucro. La derecha española tiene, curiosamente, como fuentes ideológicas, tanto el medievalismo como el neoliberalismo, dos corrientes antagónicas que pueden, sin embargo, llegar a encajar y coexistir, si se las impone con el ejercicio de la represión y el autoritarismo, estableciendo una férrea jerarquía de estilo militarista. La segunda etapa del franquismo, tecnocrático al tiempo que procesionario, es buen ejemplo de dicha mixtura, que sería perfeccionada por el Chile del también sublevado Pinochet.
La verdadera izquierda española no piensa en términos feudales, (Dios, patria, familia y religión, privilegios y terratenencias), como el nostálgico Partido Popular; en el cual se juntan, paradójicamente, el feudalismo político-moral y el neoliberalismo económico. ¡Vaya idea de España! La verdadera izquierda española ya no piensa, fue exterminada por el franquismo, murió, no existe, excepto en algún pequeño rincón del Norte de la Península Ibérica, donde todavía resiste (y no nos referimos a Asterix y Obelix) rodeada de impopularidad (también Viriato fue un terrorista para el Cesar).
La transición inacabada, ¡siempre inacabada!, el franquismo se dividió en sus dos ramificaciones principales, de un lado el Opus Dei, los tecnócratas (de ahí la fusión de Dios y mercado), se volvieron el PP; del otro, los Falangistas, se integraron en un PSOE (Barrionuevo) que depuraba progresivamente cualquier mácula de comunismo originario, para terminar arribando a idéntico neoliberalismo globalizado, pero aderezado con discursitos demagógicos de justicia social. Los dos partidos mayoritarios de la España de fines del siglo XX son tan socialdemócratas como neoliberales. La única diferencia entre ambos reside en que mientras el conservador deja la justicia social a la Iglesia y a la caridad religiosa, el progresista desconfía del clero y prefiere arbitrar procedimientos civiles de caridad social.
Ambos coinciden en la lógica de fondo, es justo que unos tengan mucho y otros nada, el principio del Capital no se discute y quien lo hace es terrorista, rata y asesino.
A los pobres, no obstante, les daremos el cepillo de la parróquia o algún subsidio, esto es, las migajas o sobras del pastel social, para demostrar lo buenos y justos que somos y que no nos afeen las calles con sus andrajos.
A los simples les explotaremos sin descanso a cambio de consumo basura que les permitirá su trabajo basura en su basura de vida: teleadicción, fútbol, vacaciones masificadas en bloques de hormigón hacinados en playas sucias de Torrevieja, estulticia alcohólica, embrutecimiento discotequero de pastillas y decibelios, lerdificación deportiva, estadounidización del consumo conspicuo, normalización y socialización en definitiva, que se limitan a un par de (cerditos) créditos: el del piso a 25 años y el del cochecito cada 4-5 años. ¡Qué felicidad! ¡Qué vida tan plena, grata y buena! ¡Casa, coche y procreación! ¡Aleluya! ¡Qué dignidad de existencia y qué magnífico desarrollo del ser humano! ¡Qué maravilla esto de la democracia! ¡Qué bien nos gobernamos los ciudadanos a nosotros mismos y de qué enorme grado de participación política gozamos! Con razón los simples se enojan tanto cuando se amenaza de alguna manera su forma de vida actual, lo llaman atentar contra la democracia y puede dar pie a un linchamiento justificado.
A los listos, dirán los listos, les reservamos las mejores plazas que ganarán en libre competencia con otras familias bien, gozantes de patrimonio y capital, absolutamente hereditarios, claro. Curriculums comprados por papá certifican el inglés en Cambridge, el Master en Relaciones Internacionales de Harvard, tras las empresariales en el CEU, y con unas cartitas de recomendación de los ministros amigos de papá, el niño ya puede salir al mercado en el puesto que le corresponde, y si no es posible, porque el nene pasó sus años de estudiante fornicando y bebiendo cerveza en la piscina del chalet del Parque Conde de Orgaz que se quedó su mamá tras el divorcio y no sabe hacer la O con un canuto, entonces, siempre tendrá un puestito directivo en los negocios de la familia. ¡Qué felicidad! ¡Qué renovación y modernización del cortijo que describe Delibes en Los Santos Inocentes! ¡Ay la España moderna! ¡Pueajjj”!
Algún pobre asalariado logrará remontarse hasta los lugares que ocupan los del patrimonio y capital y para emularlos, tendrá que trabajar 18 horas al día ¡Qué felicidad! ¡Viva la movilidad social! ¡Fijaros en el hijo del obrero que ha llegado a estudiar hasta la universidad y hasta consiguió trabajo! ¡Qué bien vive de su salario! ¡Como un Pachá! ¡Es un triunfador, hace todo lo que le dice la tele y compra vacaciones curro-halcón viajes en el caribe!....
Pobres, Simples, Asalariados, Listos y algún que otro puteado ser aún pensante que escribe y lanza bombas como ésta, que explotan en el vacío y no pueden oirse. Ese es el panorama que sugiere la idea de España y por eso termino citando a Valle Inclán (Luces de Bohemia escena sexta): “Max Estrella.-¿Mateo, dónde está la bomba que destripe el terrón maldito de España? El Preso.-Señor poeta que tanto adivina, ¿no ha visto usted una mano levantada?”. Luego se abrió la puerta del calabozo, se llevaron al preso y nadie escuchó al poeta ciego contestar: ¡Pues no, no la veo!....
Tengo problemas actualmente para identificar lo que se pueda denominar izquierda política. Me pregunto: ¿Qué significa hoy ese puño en alto de los dirigentes socialistas?. Ni el comunismo totalitario, ni la democracia representativa capitalista, permitieron, tras la 2ª Guerra Mundial, que se formara ninguna alternativa política a sus respectivas propuestas, una vez desbancado definitivamente el odioso fascismo. Los Estados Unidos, no obstante, iban a preferir el apoyo de cualquier dictadura fascista antes de que se les presentase otra opción cercana a lo soviético. El abandono de España en manos de Franco no fue sino el primero de sus movimientos estratégicos. Los soviéticos financiaban dictaduras comunistas totalitarias (como las que brotarían en Asía, p.ej.Camboya) y los norteamericanos dictaduras fascistas (como las de América Latina, p.ej.Chile y Argentina). Tipos como Vargas Llosa sostienen que “la democracia es consustancial al capitalismo”, cosa absurda, porque en la antigua Grecia estaba ligada a otro sistema económico, el esclavismo. Hoy se confunde lo que es un sistema político: democracia (directa, representativa, censitaria...), fascismo (oligárquico, dictatorial...), comunismo (stalinista, anarquista, cristiano...) con lo que es un sistema económico: esclavismo, colectivismo, capitalismo, y se declara que el anticapitalista es antidemócrata, como si una cosa implicase la otra. Todo ello nos lleva hacia la conclusión del pensamiento único: la democracia representativa capitalista es la única opción posible y respetable. Cierto que yo no soy ciego a las virtudes de tal sistema, entre el comunismo totalitario, el fascismo nazi y la democracia representativa, me quedo mil millones de veces con la última, y me alegro de que el modelo estadounidense haya triunfado sobre los otros dos. Pero no puedo olvidar que existen otras posibilidades a las que no se quiere tener en cuenta, así como otras combinaciones de política y economía que tampoco se plantean.
El espectro político actual es muy estrecho, se limita a democracias representativas capitalistas de dos tipos: neoliberales (mundo anglosajón) y sociales (modelo nórdico y escandinavo). Desde luego que entre éstos dos elijo las socialdemocracias de línea francesa y modelo nórdico, pero me resultan sumamente insatisfactorias. Quizá porque soy idealista político y mientras que un realista de izquierdas asegura preferir tener a Pinochet como senador vitalicio antes que como jefe de las fuerzas armadas, yo no acepto que esas sean las dos únicas opciones y prefiero una no contemplada, la de meterlo en la cárcel.
Yo no solo soy revolucionario, también estoy dispuesto a trabajar como reformista, por la mejora y transformación de las socialdemocracias en su modelo nórdico-francés. Sin embargo, el amado Mesías Felipe Gonzalez no me parece ni siquiera reformista, porque acepta el status quo como algo esencial, propio de la naturaleza de las cosas, declarando las consignas neoliberales como >. El modelo de Gonzalez no es ni siquiera el de las socialdemocracias nórdico-francesas, sino el del neoliberalismo estadounidense. Estas impresiones las saco, además de sus declaraciones públicas y sus últimos artículos en El País, de una reciente entrevista que se le ha hecho: “(Pregunta):
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