Ecologia, etica, epistemologia y economia: relaciones dificiles pero necesarias



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ECOLOGIA, ETICA, EPISTEMOLOGIA Y ECONOMIA: RELACIONES DIFICILES PERO NECESARIAS.

Antonio Elizalde

I. Introducción

La hipótesis que sustenta este trabajo es que la crisis ambiental, social y cultural que vivimos actualmente es producida por la forma como actualmente gran parte del análisis científico, y en especial el económico, razona sobre el mundo.

Iniciaré mi presentación, indicando algunos de los errores contenidos en nuestras formas de pensar la realidad. Haré referencia en especial a las formas dominantes de pensamiento económico, e intentaré también identificar parte de los gazapos contenidos en su forma de reflexión y en su modelación conceptual de la realidad. A continuación presentaré algunas propuestas y búsquedas que nos ayuden a enfrentar y superar las limitaciones reseñadas, tales como: proposiciones para una reflexión económica distinta, nociones para un nuevo lenguaje económico y algunos criterios básicos para una nueva economía. Terminaré presentando algunos cambios valóricos inevitables y las condiciones que considero necesarias para el desarrollo de una conciencia solidaria y ecológica.

II. Desconsideración de leyes básicas de la existencia

Como ya hemos señalado en trabajos anteriores (1) el sistema de lenguaje dominante se encuentra actualmente en crisis, porque no es capaz de dar cuenta de realidad. La cosmovisión existente que expresa este sistema de lenguaje es la que gobierna gran parte de nuestras acciones colectivas, sin embargo ella ha olvidado o desconsidera absolutamente la existencia de leyes físicas o biológicas fundamentales.

Lo anterior tiene su origen en una profunda crisis del paradigma científico y tecnológico en torno al cual hemos organizado el mundo en que vivimos. Este es el paradigma cartesiano, cuyos rasgos de reduccionismo, disciplinariedad, linealidad, atomización de la conciencia y compartimentación del saber, nos han conducido hacia una situación en la cual sabemos muchísimo sobre muchas cosas, pero a la vez comprendemos muy poco de lo que nos pasa. Este paradigma en el cual se busca a toda costa la modelación de la realidad y la imposición de nuestra voluntad sobre ella, es la expresión más refinada de una cultura profundamente machista y dominatoria.

En nuestras formas de percibir la realidad y en nuestras conductas hacemos tabla rasa de algunos axiomas o leyes fundamentales de la existencia; ejemplos de ellos son:



1. La aceleración del tiempo histórico y descoyuntamiento del tiempo físico.

Los análisis históricos de nuestras culturas tienen una absoluta desconsideración del tiempo biológico. El tiempo biológico es la escala de medición de la evolución biológica y sus unidades de medida, al estudiar el pasado, son del orden de millones de años.

"Miles de millones de años nos separan del origen de la tierra; cientos de millones de años del origen de la aparición de las primeras formas vivas: algas, bacterias, trilobites, artrópodos, peces; tres millones de años de la aparición del hombre. Pero el tiempo biológico es también una medida del futuro y la ruptura del equilibrio biológico está induciendo variaciones a nivel planetario en períodos tan breves como para acelerar el reloj geológico. Transformaciones que previamente tomaron lugar durante millones de años pueden ahora ser realizadas (a causa del desbalance inducido) dentro de unas pocas décadas y las consecuentes variaciones en los equilibrios humanos y sociales equivalen a una aceleración de millones de años de historia." (2)

Lo anterior se traduce a nivel socio-cultural en el fenómeno de aceleración del tiempo histórico. Hoy se vive un proceso de creciente aceleración del ritmo de transformación cultural. Una profunda transformación científica y tecnológica en la cual los corpus teóricos de las diversas disciplinas se tornan obsoletos a una velocidad asombrosa. Pero, asimismo, experimentamos enormes mutaciones materiales de la realidad. El habitat humano de cada habitante del planeta se transforma radicalmente varias veces a lo largo de su existencia. Debemos vivir enfrentando cada día situaciones inéditas, absolutamente distintas de las que nos tocó vivir anteriormente.

Hasta ahora la humanidad ha enfrentado el cambio mediante la apelación a la experiencia. Cuando el cambio es progresivo pero lento, la experiencia sirve para enfrentar lo nuevo, que al fin y al cabo no es tan novedoso o distinto de lo anterior. En esos contextos es posible hacer uso ampliado de procedimientos o prácticas analógicas -basadas en la experiencia-. Si bien lo humano es enormemente diverso, a la vez, la común naturaleza humana lo torna ineludiblemente semejante, por ello es posible hacer uso corriente de una racionalidad o inteligencia analógica, incluso aún más, mimética. Pero en situaciones donde todo es inédito, todo es impactantemente nuevo, todo es extraño, la experiencia no sirve para mucho. Allí se requiere hacer uso de la característica, tal vez más específica de la especie humana, su creatividad.

Sin embargo, lo paradójico es que la mayor parte de las instituciones sociales, lo que hacen es impedir la creatividad, dificultando la transformación. Ello, porque históricamente han estado orientadas, de manera preferente, a la conservación y no al cambio.



2. ¿Adicción a la monotonía o fobia a la variedad?

Vivimos en un mundo donde se da la coetaneidad de lo no coetáneo, es decir la coexistencia de personas que pertenecemos a diferentes épocas históricas, con distintos ethos, con diversas perspectivas vitales y para los cuales los mismos hechos adquieren distintas resonancias. No obstante, uno de los defectos de nuestra civilización es que nos induce un temor enfermizo a la diversidad. Somos educados para temer al extraño, al que es distinto, siendo la xenofobia uno de nuestros rasgos característicos. Nos cuesta muchísimo aceptar el conflicto y las diferencias, y nos sentimos mal cuando afloran diferentes posiciones, y entonces, o nos negamos a reconocer su existencia o asumimos posiciones irreductibles que niegan al que piensa o actúa distinto a nosotros.

Lo anterior puede ser causa o resultado de una tendencia cultural a producir homogeneidad. Parte importante de nuestro quehacer apunta a crear regularidades, a construir orden mal entendido como uniformidad, a generar certidumbres de todo tipo y en todos los niveles, lo cual va produciendo una homogeneización de la realidad en todos sus planos, incluído el natural. Pero aquí está lo paradójico, mientras más nos esforzamos en ese sentido, más alteramos el orden natural de las cosas y consecuentemente generamos desorden y complicación.

Violamos así la ley ecosistémica de la vulnerabilidad creciente en todo sistema que pierde diversidad, ya que perseguimos de manera tremendamente obsesiva la homogeneización cultural y biológica, la uniformidad, la paz de los cementerios o de los regimientos, reprimiendo con enorme eficiencia toda disidencia interna o externa, toda desviación, toda anormalidad, como si toda diferencia fuese patológica.



3. La creencia de que podemos hacer sólo lo que queremos.

Hay un axioma derivado del principio de acción y reacción de la física clásica y también del fenómeno que Allan Watts denomina como la ley de retrocesión: "cuando queremos flotar nos hundimos, cuando queremos hundirnos flotamos". (3) Ello implica que toda acción positiva perseguida genera inevitablemente algunos efectos negativos no buscados. Ejemplos conspicuos de ello son los resultados no deseados de la industrialización y del crecimiento económico: el calentamiento del planeta, la difusión de sustancias tóxicas en el ambiente, la perforación de la capa de ozono, la acidificación de lagos y destrucción de bosques y la pérdida de biodiversidad.

Es posible que el desconocimiento de este axioma se deba a una especie de "falacia ecológica" inherente a nuestras formas de percepción. No podemos ver de inmediato el resultado completo de nuestras conductas, ya que la mayor parte de dichos resultados se desarrollarán en el futuro y en muchos casos generando eventos y afectando a seres humanos de los cuales nunca sabremos. De allí entonces el caracter catastrófico que a nivel colectivo pueden llegar a producir nuestras conductas individuales. La probabilidad de que la discrepancia entre lo que creemos o deseamos obtener como objetivo de nuestras acciones y los resultados o efectos obtenidos, es considerablemente mayor que en el pasado; porque la unificación del espacio mundial ha ampliado enormemente el contexto de significado de nuestra propia existencia y de nuestras acciones.

Sin embargo nuestra conciencia sigue radicada en el ámbito de la "experiencia directa" y por eso no logra ponerse a tono o en sintonía con los inmensos problemas relacionados con el medio ambiente y la urgencia por resolverlos.

Ello porque no hemos sido aún capaces, en nuestro actual estado evolutivo, de generar una ciencia que sea capaz de reconocer algo que está presente en todas las grandes cosmovisiones religiosas, conceptos tales como el de cuerpo místico, de conciencia universal, de gracia y pecado, de reencarnación, u otros, que nos señalan la trascendencia de las conductas humanas en cuanto trasformadoras del universo físico y creadoras de existencia social. De allí aquella suerte de divorcio que se ha ido generando en muchos científicos que pretenden no asumir una responsabilidad ética sobre sus actos en cuanto tales.

Todas las anteriores civilizaciones humanas dispusieron de cosmovisiones adecuadas para la escala y magnitud del impacto e intervención que sobre su entorno natural producían. Nuestra civilización al unificar el planeta y masificar el consumo ha globalizado la magnitud de los impactos ambientales; pero también ha descubierto la existencia de la biósfera.



4. La incapacidad para ver más allá de nuestras narices.

Nuestras formas de pensar el mundo no solamente deberían tener la capacidad de dar cuenta de lo que éste contiene, según pensamos en el momento en que pensamos sobre él, sino que también de toda la virtualidad de despliegue que contiene. Es decir deberían ser capaces de circunscribirlo, fijar sus límites y fronteras, pero también de trascenderlo, de contener la infinidad de posibles realizables.

Lamentablemente no sólo no ocurre así sino que incluso tenemos una incapacidad constitutiva para percibir lo que está más allá de nuestras narices. Ello es producto de la fragmentación de nuestra conciencia. De allí que aquello de lo cual no somos capaces de dar cuenta, tendemos a desconsiderarlo, vale decir a considerar que no existe. Como lo expresa el adagio popular: "ojos que no ven, corazón que no siente". Pero estamos equivocados; habitualmente todo suceso está emparentado con una amplia gama de otros sucesos, y así sucesivamente, creando o dando origen a la extraordinaria riqueza y diversidad del universo de lo existente. Es posible de allí concluir que gran parte de aquello que ocurre como resultado o efecto de algo, se oculta a nuestra capacidad de percepción, observación o análisis, tal como ocurre con aquello que pasa a la vuelta de la esquina.

Hasta ahora nuestro comportamiento ha sido como el del Obispo Berkeley, quien afirmaba que lo que sucedía en el bosque carecía de significado si él no estaba allí para ser afectado por ello. Pero el que no veamos algo o que carezca de significado para nosotros no significa que no ocurra. David Bohm nos habla de la existencia de un universo explicado y de otro universo implicado; del primero somos capaces de dar cuenta, del segundo no. Sin embargo ambos están íntimamente imbricados y constituyen una realidad indisoluble, posible sólo de diferenciar mediante aproximaciones analíticas. Pretenciosamente sin embargo creemos que somos capaces de dar cuenta de los efectos y no efectos de nuestras acciones, o de las acciones que ocurren en la naturaleza. Pero tal como lo señala Bohm..."la cosa real tiene más dentro de ella de lo que nunca podrá tener el contenido de nuestro pensamiento acerca de ellas, como siempre podrán revelar observaciones posteriores". (4) Lo que nos pasa, sin embargo, es que nuestras acciones comienzan a tener una trascendencia mucho mayor incluso de lo que podamos desear, debido a la emergencia de Gaia (5), es decir del conocimiento que hoy tenemos de formar parte de la Biósfera.



5. ¿Generadores de negentropía (complejidad organizada) o de entropía (complicación y desorden)?

El concepto de entropía nos señala que todo medio ambiente, para poder vivir, tiene que pagar un tributo de energía en el proceso realizado. Este tributo, es precisamente, su desgaste. El universo viaja siempre hacia una entropía, cada vez más creciente y, al final, llegará la muerte del universo; habrá un equilibrio energético total.

El físico alemán Oswald afirmó hace sesenta años atrás que la segunda ley de la termodinámica pone todo lo que ocurre en una estricta dirección única con respecto al tiempo. Ningún proceso puede ser completamente revertido, como significaría el forzar tal reversión contra el flujo voluntario de los eventos usando - y así devaluando - la energía que podría ser convertida dondequiera y para otros propósitos. Este hecho completamente general nos confronta con la primera fuente del concepto de "valor". Si cualquier hecho pudiese ser revertido sin esfuerzo, no existiría valoración, ya que cualquier estado deseable podría ser alcanzado simplemente revertiendo los acontecimientos. En realidad, sin embargo, una tal reversión de los sucesos requiere el uso de energía convertible o libre (negentropía), la cual de ese modo tiene que ser pagada con el precio. La vida, por lo tanto, prueba ser una competencia por energía libre, cuya disponibilidad es limitada.

La vida es posible debido al flujo y reflujo de estados de equilibrio y desequilibrio, y éstos, a su vez, son posibles porque en el universo existen puntos de mayor energía que transmiten su energía o su excedente a puntos de menor contenido energético.

Pero el día en que todos esos puntos adquieran el mismo nivel energético, entonces ya no habrá ningún proceso, ninguna transformación a ninguna dirección; será el fin de la vida porque se habrá entrado en un estado de permanente equilibrio.

La vida es un milagro, en el sentido de ser una excepción a esta ley de hierro, en cuanto ella es generadora de una energía de orden, la negentropía; la cantidad de información necesaria para crear un orden. La negentropía es el dato, el conocimiento que hace posible que disminuya la incertidumbre, la confusión y el desorden y se genere un estado temporal de certidumbre, claridad y orden en el sistema. Así pues, es deseable que todo sistema tenga los canales de comunicación que le permitan adquirir la información pertinente para bajar su estado entrópico.

Sin embargo nuestras conductas tanto colectivas como individuales se han transformado en el principal generador de entropía en la biósfera y así en colaborador de su muerte. ¿Existen forma más entrópicas que las explosiones nucleares o las guerras y asesinatos?

6. La obsesión por más y más de lo mismo.

Marvin Harris (6) hace referencia a la Ley de Murphy que dice, "si algo puede funcionar mal, lo hará", para analizar el porque fallan tantas cosas en la sociedad norteamericana siendo una sociedad tecnológicamente tan avanzada. Señala asimismo que según lo que los ingenieros consideran como el principio básico del control de calidad, el índice de seguridad de cualquier aparato o estructura no es la media sino el producto de los índices de seguridad de sus diferentes partes componentes, de allí entonces que la práctica de agregar y agregar más piezas componentes dará lugar a índices crecientes de fallos en los productos - salvo que se produzca un permanente mejoramiento de la calidad de los componentes - . Es posible hacer una analogía de ésto para los sistemas artificiales y para los sistemas naturales intervenidos por los seres humanos. De allí la distancia que habitualmente observamos entre lo que queremos lograr y lo que realmente obtenemos. A pesar de ello seguimos obsesivamente buscando salir con más y más de lo mismo. La máxima expresión de ello es aquella sentencia del pensamiento militar que afirma, que si algo no resulta es porque no se aplicó con la suficiente energía. Lo anterior nos ha ido conduciendo a una creciente pérdida del sentido de los límites o de la umbralidad. Esta incapacidad de percibir los umbrales nos imposibilita preguntarnos: ¿Cuánto es suficiente?



III. Algunas constataciones necesarias

Sin pretender realizar un inventario exhaustivo, sino que nada más que a título de provocación para generar una reflexión y debate sobre los temas planteados, haré algunas afirmaciones que cuestionan radicalmente muchas de las formas como el pensamiento económico razona sobre el mundo.



1. Los seres humanos somos seres productores de lenguaje, y por lo tanto de existencia social.

"En el principio existía la Palabra...." (San Juan, 1, 1)

Como afirma Humberto Maturana, "el lenguaje, como fenómeno que nos involucra como seres humanos y, por lo tanto, como un fenómeno biológico que se origina en nuestra historia evolutiva, consiste en un operar recurrente, en coordinaciones de coordinaciones conductuales consensuales. De esto resulta que las palabras son nodos en redes de coordinación de acciones, no representantes abstractos de una realidad independiente de nuestro quehacer. Es por esto que las palabras no son inocuas y no da lo mismo que usemos una u otra en una situación determinada. Las palabras que usamos no sólo revelan nuestro pensar sino que proyectan el curso de nuestro quehacer. Ocurre, sin embargo, que el dominio en que se dan las acciones que las palabras coordinan no es siempre aparente en un discurso, y hay que esperar el devenir del vivir para saberlo." (7)

De lo anterior fluye necesariamente que toda conducta económica, en cuanto producto de la existencia social, se sustenta en opciones valóricas, por consiguiente no es posible pretender para la economía un estatuto epistemológico similar al de las ciencias naturales. Toda ley económica tiene validez única y exclusivamente en un ámbito particular, es decir en el marco histórico y cultural concreto que le dió origen.



2. Nuestra existencia social (cultural) genera existencia material.

Los seres humanos en nuestra existencia social, es decir en nuestra relación con otros seres humanos, somos productores y operadores de lenguaje, producimos cultura, y en cuanto tal transformamos la realidad material, al crear lo que decimos (y creemos) crear. Ello en razón de que hasta el presente en la historia humana siempre ha existido un equivalente material a todo aquello que producíamos simbólicamente (conceptualmente) a nivel cultural. Cualquiera forma de producción simbólica, ya sea en el ámbito económico, riqueza o dinero, o en el ámbito político, poder y prestigio, o en cualquier otro ámbito de la realidad social tenía también invariablemente su correlato en el plano material.

El problema que recientemente ha surgido es el de la adecuada coherencia entre los niveles de uno y otro plano de la existencia cultural, ya que en los últimos años:

"Como promedio, el incremento del producto económico global alcanzado en cada una de las últimas cuatro décadas, ha sido superior al crecimiento económico acumulado desde los orígenes de la civilización hasta el año 1950. A pesar de ello, los niveles de pobreza, la devastación ecológica y la destrucción de los tejidos sociales jamás habían llegado a los alarmantes niveles actuales"... pero por otra parte..."Las grandes empresas transnacionales, comúnmente percibidas como generadoras globales de riqueza, simplemente concentran inmensas cantidades de recursos financieros en manos de administradores profesionales, abogados y banqueros inversionistas, mientras que los verdaderos dueños de esos capitales: la gente que produce, los pequeños inversores, los dueños de fondos mutuos, los jubilados y pensionados, cuyos ahorros agregados financian a esas megaempresas, carecen absolutamente de poder para orientar el uso de dichos capitales. Las consecuencias de esta situación resultan delirantes como lo demuestran algunos de los ejemplos que siguen.



- Mientras el PGB combinado de los 24 países de la OECD se duplicó entre 1980 y 1991, pasando de 7.6 millones de millones de dólares a 17.1 millones de millones (trillones en la numeración americana), el stock de préstamos internacionales (a través de fronteras, o internos en moneda extranjera) para el mismo período se incrementó en 23 veces pasando de 324 mil millones a 7.5 millones de millones de dólares.

- Las transacciones de especulación cambiaria, incluyendo opciones, futuros y swaps, alcanzan a 900 mil millones de dólares diarios. El doble de la deuda externa de América Latina todos los días.

- La lógica económica siempre indicó que si se combinan los balances de las cuentas de capital de todos los países del mundo, la suma final debe ser cero. Hágase el ejercicio hoy en día y se detectará que en la década de los ochenta, de acuerdo a estadísticas oficiales, un promedio de 72.000 millones de dólares fluían desde economías nacionales pero nunca llegaban. En 1991 la discrepancia ha alcanzado a los 122.000 millones de dólares. Misterios de una especulación financiera globalizada que está fuera de control y que no se entiende." (8)

3. Parte importante de la existencia social consiste en generar profecías autocumplidas

"Si los hombres (sic) definen las situaciones como reales éstas son reales en sus consecuencias." (9)

Algo singular de lo social es la capacidad para generar profecías autocumplidas. En la medida en que nuestra existencia social tiene la capacidad de reflexionar sobre sí misma, en ese mismo grado es capaz de generar una cierta recursividad, o reversivilidad, ya que puede recapacitar sobre su actuar. Pero del mismo modo puede conferir una propositividad a su existencia, una suerte de racionalidad teleológica, a priori. Ello se hace manifiesto en el sinnúmero de actividades de planificación, programación, proyectología, previsiones, etc. que caracterizan las formas civilizatorias presentes. Toda institución social en algún grado define una racionalidad teleológica, comienza a existir para algo. Lo anteriormente descrito es posible hasta un cierto punto, ya que existe un margen relativo de maniobra permitido por la realidad material. Aquellos procesos mediante los cuales retroalimentamos nuestro accionar social pueden ser engañados transitoriamente por fenómenos del tipo espuma o burbuja, algo de eso se da en algunos procesos económicos, tales como la inflación y la recesión. Pero finalmente se llega a un techo o umbral inflexible e infranqueable, más allá del cual las leyes del universo material se hacen plenamente vigentes.

Los problemas que surgen a raíz del engaño por el "efecto espuma o burbuja" son de dos tipos: 1) altísimos costos sociales como lo han sido los ajustes recesivos en A. Latina como producto del sobreendeudamiento con petrodólares (la plata dulce) en la década de los 70; 2) altísimos costos ambientales tales como el efecto invernadero, la perforación de la capa de ozono y la destrucción de la biodiversidad, entre tantos otros. Lo que agrava lo anterior es que estos costos son irreversibles. Las muertes, dolor, sufrimiento e infelicidad producidos en los seres humanos y los daños provocados en la Biósfera son irreparables.



4. La tautología económica al incluir en su modelación de la realidad sólo lo escaso, excluye de la realidad lo no escaso y genera amplias zonas de invisibilidad.

La concepción dominante en el ámbito de las ciencias sociales, responde a una visión mecánica de la realidad social. Es decir la concepción ideal del movimiento perpetuo, esto es, una máquina que autoalimenta su dinámica. Un sistema en equilibrio, cerrado absolutamente a todo intercambio exterior. Esa visión trasplantada desde el ámbito de la física en el momento en el cual surgen las ciencias sociales, impregnó su desarrollo y sesgó la forma de considerar la realidad. De allí el enfoque estático que caracteriza a gran parte de estas ciencias, las cuales buscaron producir modelos de equilibrio para la interpretación de la realidad social. Hubo consecuentemente en ellos una desconsideración de los fenómenos de intercambio de energía propios de todo sistema abierto, y una incapacidad para dar cuenta de los fenómenos de entropía, cuya consideración se introdujo en las ciencias naturales con la aparición de la termodinámica.

Lo anterior condujo a una sobrevaloración de las estructuras y funciones y a una invisibilización del conflicto social, y del rol que juega en la transformación social. Se enfatizó la búsqueda de la estabilidad por sobre la comprensión de las leyes del cambio. Ello conllevó una negación de la dialéctica y del futuro, mientras se acentuaban las explicaciones homeostáticas y la referencia al pasado.

Asimismo, esta visión condujo a una invisibilización de la realidad mucho mayor aún que sólo la del conflicto social. Tornó invisibles todos aquellos recursos que por su naturaleza son abundantes y por los cuales los seres humanos no necesitan competir, destacando por ende en la percepción de la realidad unicamente aquellos recursos que por su naturaleza son escasos. De tal manera, incluso, se contagió con el atributo de la escasez a los recursos que abundan, y aún más, también a los que para crecer requieren de manera imprescindible ser compartidos. Operó de tal modo un verdadero enmascaramiento de la realidad, un proceso de ideologización y de creación de una falsa conciencia.


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