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Remesas, pobreza y desigualdad: el caso de Ecuador
Iliana Olivié

Juan Ponce

Mercedes Onofa

Documento de trabajo 06/307


Remesas, pobreza y desigualdad: el caso de Ecuador
Iliana Olivié1

Juan Ponce2

Mercedes Onofa3
Resumen

Por una parte, este trabajo trata de perfilar las principales características del flujo de remesas internacionales hacia Ecuador, de los migrantes que envían estas remesas y de las personas que las reciben. En segundo lugar, se explora el impacto de las remesas internacionales en la pobreza y la desigualdad en Ecuador. En 2007, y sobre la base de la Encuesta de Condiciones de Vida de 2006 realizada por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, el Real Instituto Elcano y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, con sede en Ecuador, recogieron nuevos datos sobre las remesas enviadas por migrantes ecuatorianos en el extranjero. Esta nueva base de datos muestra que las remesas internacionales de Ecuador son enviadas por personas que migraron desde los mismos lugares de destino de las remesas, las zonas más ricas y pobladas del país. Por último, se analiza el impacto de las remesas en los niveles de pobreza y desigualdad en Ecuador. No se halla un impacto significativo en los niveles de pobreza pero sí un impacto negativo, aunque moderado, en la equidad en la distribución de la renta.



Índice

Introducción
En un estudio previo sobre las relaciones económicas entre España y Ecuador (Olivié, 2008), se identificó la necesidad de valorar el impacto de las remesas en el desarrollo de Ecuador y, en términos generales, de recabar más información acerca del flujo, los remitentes y los receptores de remesas. Aquel estudio tenía como finalidad analizar las implicaciones para el desarrollo económico y social de Ecuador de las relaciones económicas entre los dos países, y de las políticas que las sostienen. A pesar de que las remesas de migrantes suponían para Ecuador, en 2006, según algunas fuentes oficiales, el 80% de los ingresos externos desde España, apenas encontramos datos o análisis que pudieran ofrecernos una imagen clara del impacto de las remesas internacionales en las condiciones de vida en Ecuador.
Además de acaparar las relaciones económicas España-Ecuador, las remesas internacionales hacia el país andino constituyen una parte importante de las remesas internacionales que se dirigen a los países en desarrollo. Así, Ratha (2005) identifica a Ecuador como uno de los 20 países en desarrollo más importantes en la recepción de remesas, en términos absolutos. Por tanto, no es sorprendente el peso de estas transferencias de renta para la economía local. Entre 2004 y 2007, las remesas exteriores explicaron entre 5% y 7% del PIB ecuatoriano, según datos del Banco Mundial y el Banco Central de Ecuador. Asimismo, según esta última fuente, durante el actual decenio, las remesas de migrantes en el extranjero han constituido la segunda fuente de ingresos exteriores, sólo superada por las ventas del petróleo.
Estas cifras se explican, en parte, con el fuerte crecimiento de las salidas de migrantes ecuatorianos –y, en consecuencia, de las remesas internacionales– en la primera mitad de este decenio. Aunque la migración ecuatoriana hacia Estados Unidos podría remontarse a los años 50 y aunque se hayan registrado flujos migratorios desde entonces, la última y más intensa oleada migratoria sólo puede entenderse en el contexto de la crisis económica que azotó al país a finales de los años 90. La crisis de balanza de pagos de 1999 dio lugar a una reducción de las posibilidades de empleo y, en términos más generales, a un empeoramiento de las condiciones de vida. Una de las respuestas de política económica más destacadas fue la dolarización oficial de la economía en 2000 (Calero et al., 2008; Solimano, 2003). La Dirección Nacional de Migración de Ecuador estima que, entre 1999 y 2006, abandonaron el país 900.000 personas que no han regresado –de una población total de en torno a 12 millones de habitantes–. En esta ocasión, el flujo migratorio se dirigió en mayor medida hacia España; y esto como resultado de diversos factores push –fundamentalmente, la crisis– y pull –el dinamismo del sector de la construcción, la escasez de mano de obra en el ámbito rural, o la normativa española sobre inmigración previa a la imposición de visados–4. En consecuencia, según datos del Instituto Nacional de Estadística de España (INE), los ecuatorianos empadronados en España pasaron de 18.000 en 1998 a en torno a 500.000 en 2005.
Además del importante volumen de remesas ecuatorianas que registran algunas fuentes oficiales, debe tenerse en cuenta el impacto potencial en el desarrollo y, más específicamente en el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que este recurso económico puede tener en un país que se ha caracterizado tradicionalmente por registrar altos niveles de pobreza y de desigualdad. Así pues, Ecuador registra una distribución más desigual de la renta que otros países con un nivel de desarrollo humano menor, tanto fuera como dentro de la propia región latinoamericana. Según datos del PNUD, el índice de Gini de Ecuador se sitúa en 0,536 mientras que el de Vietnam es de 0,344 –coincidiendo con el de Egipto– y el de El Salvador es de 0,524. Algo similar ocurre con la pobreza: el porcentaje de población ecuatoriana que sobrevive con menos de 1 dólar diario es, según la misma fuente, de 17,7% mientras que en Sudáfrica es de 10,7% y en Egipto de 3,1%.
En los últimos años, han proliferado los estudios sobre remesas internacionales de migrantes y su impacto en el desarrollo de América Latina –gran parte se cita en la primera sección de este documento que repasa la literatura académica–. Sin embargo, este Estudio Elcano pretende ofrecer una información más completa sobre el flujo de remesas, el perfil del migrante que las envía y el perfil del receptor. Esto permite, asimismo, el análisis del impacto en los niveles de pobreza y desigualdad sobre la base de una información más completa, lo cual facilita a su vez una menor complejidad del modelo contrafactual. Para ello, en 2007, el Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos (RIE) y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) con sede en Ecuador colaboraron en la realización de una encuesta a receptores de remesas –que dio lugar a lo que en este texto se denomina la base de datos RIE-FLACSO sobre remesas de migrantes y que se describe en las secciones 2 y 6 de este documento–5. Así, la definición de remesas empleada en este trabajo queda determinada por esta metodología. En la encuesta realizada, se entiende por remesa el dinero recibido por cada individuo, en los 12 meses previos, de amigos y/o familiares que no son miembros del hogar y que se encuentran fuera de Ecuador. Se trata, por tanto, de una variable continua y se excluyen tanto las remesas en bienes como las enviadas por los migrantes a receptores que no sean individuos –algo habitual en la compra de viviendas o electrodomésticos–6.
En definitiva, este trabajo se articula en torno a dos preguntas de investigación. En primer lugar, y en un plano mayoritariamente descriptivo, nos preguntamos cuáles son las principales características del flujo de remesas hacia Ecuador. Además, en segundo lugar, queremos saber cuál es el impacto de dichas remesas internacionales en la pobreza y la desigualdad en el país andino7. Por este motivo, en la descripción de las remesas trataremos de resaltar los principales aspectos que puedan orientarnos sobre la magnitud y signo de este impacto.
La primera sección repasa la literatura académica sobre remesas y desarrollo, especialmente la que se centra en la región latinoamericana. En segundo lugar, se describe la base de datos para este estudio. Las secciones 3, 4 y 5 describen las principales características del flujo de remesas, de la persona migrante que las envía y de la persona receptora en Ecuador. La sexta y última sección evalúa el impacto de las remesas en los niveles de pobreza y desigualdad en Ecuador.
1. El vínculo entre remesas y desarrollo en la literatura económica
En términos generales, la literatura sobre remesas de migrantes puede ser dividida en tres grupos. En primer lugar, están los análisis sobre los motivos para ‘remesar’ como el altruismo, intercambio, seguro, inversión o la herencia8 (Cox et al., 1998; FMI; 2005; Gosh, 2006; López-Córdova y Olmedo, 2006; Rappoport y Docquier, 2005; Solimano, 2003). En segundo lugar, están las investigaciones sobre los canales de envío, los costes de envío y los mecanismos para reducir estos últimos –véase, por ejemplo, Cirasino et al. (2008), FMI (2005), Orozco (2006) y Orozco y Fedewa (2006)–. Por último, hay un amplio cuerpo de análisis sobre el impacto de las remesas en el desarrollo de los países receptores, la mayor parte de los cuales destacan los efectos macroeconómicos y en el capital humano. Esta sección se centra en este último grupo.
En diversos informes de organismos internacionales y en buena parte de los medios de comunicación, suele predominar la idea de que las remesas contribuyen al desarrollo a través de la reducción de la pobreza y el desarrollo humano –mejor educación, mayor acceso a servicios sanitarios–, facilitando así la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). La literatura académica sobre este tema cubre un abanico amplio de países, regiones y variables de impacto, llegando a conclusiones también variadas. Según el Banco Mundial (2006), las remesas tienden a reducir la pobreza, tienen un impacto leve en la desigualdad y permiten un mayor gasto de hogares en salud y en educación. De forma más específica, Adams y Page (2005) estiman el impacto de las migraciones y las remesas en los niveles de desigualdad para 71 países y concluyen que un incremento de 10% de las remesas reduce la proporción de individuos que viven por debajo de la línea de la pobreza en 3,5%9.
Según Acosta et al. (2007b), las remesas tendrían la capacidad de reducir la pobreza en América Latina. Cada aumento de 1% de las remesas en proporción al PIB reduce la pobreza en la región en 0,37%. No obstante, el impacto en la pobreza varía de un país a otro y depende de los niveles iniciales de desigualdad. En base a datos de balanza de pagos y a encuestas nacionales a hogares, Acosta et al. (2007a, 2008b) evalúan el impacto de las remesas en la pobreza, la educación y la salud en 11 países latinoamericanos10 llegando a la conclusión de que se da un impacto moderado pero positivo de las mismas en la reducción de la pobreza. Estos mismos autores también observan fuertes variaciones tras este impacto medio11. Fajnzylber y López (2007) llegan a conclusiones similares: las remesas tienen un impacto positivo en la reducción de la pobreza, la equidad, el crecimiento y la inversión. Inter-American Dialogue (2007) encuentra una relación entre la llegada de remesas desde Estados Unidos y la caída de la pobreza en América Latina –incluyendo una mejora de las dietas y de las condiciones de habitabilidad– lo cual se debe, en parte, a la concentración de las remesas en los hogares rurales de ingresos bajos. Gosh (2006) subraya el hecho de que, aunque existe una minoría de receptores de remesas pobres, la mayor parte de los migrantes no son pobres. Por ello, según este autor, de existir, el vínculo entre remesas y reducción de la pobreza sería indirecto y se daría por spill-over de las remesas recibidas por los parientes de estos migrantes.
Para el caso concreto de Ecuador, Acosta et al. (2007a, 2008b) encuentran un impacto moderado de las remesas en la reducción de la pobreza a nivel nacional pero un impacto significativo en hogares individuales receptores de remesas. Por su parte, Acosta et al. (2006) sostienen que las remesas habrían logrado sacar de la pobreza al 5% de la población ecuatoriana entre 2001 y 2002. Este impacto limitado sería el resultado de la concentración de las remesas en familias no pobres12.
A diferencia del impacto de las remesas en la pobreza, la incidencia de las remesas en la desigualdad puede ser tanto positiva como negativa. Desde el punto de vista teórico, existe una explicación para ambos vínculos. Por una parte, las remesas tendrán un impacto negativo en la equidad si los migrantes desde los países en desarrollo son no pobres y envían sus ahorros a familiares o amigos, en su país de origen, que tampoco lo son. Sin embargo, también puede darse una caída de los costes de migrar a medida que el proceso migratorio de un país se consolida. Esta reducción de costes se explica con menores costes de información y establecimiento –alquiler de vivienda, acceso a empleo, entre otros– a medida que la comunidad de migrantes de un determinado país de origen aumenta de tamaño. En tal caso, podrán sumarse a este proceso migratorio personas con niveles de ingresos cada vez menores lo cual puede terminar redundando en una caída de las desigualdades.
Si bien es cierto que este segundo mecanismo presenta limitaciones en su capacidad para reducir las desigualdades –algunos costes de migrar, como los de transporte transoceánico, no disminuyen necesariamente con el tiempo–, existen diversos análisis que encuentran una mejora de la equidad como consecuencia de la recepción de remesas. En esta línea estaría el análisis de Taylor (1999) para México. Por el contrario, también para México, Rubenstein (1992) encontraba años antes el efecto contrario; coincidiendo así con los resultados de Adams (1991) y McCormick y Wahba (2003) para Egipto, de Barham y Boucher (1998) para Bluefields en Nicaragua, o de Rodríguez (1998) para Filipinas. Por su parte, Koechlin y León (2006) observan, para un grupo de 78 países y para el periodo comprendido entre 1970 y 2001, un impacto negativo de las remesas en la equidad en un primer momento, que posteriormente se compensa con una caída de la inequidad. Así, según estos autores, la evolución de la desigualdad en función de las remesas sería en forma de U invertida –tal y como también lo plantean Stark et al. (1986) teóricamente y para el caso de México– siguiendo la idea de que, con la caída de los costes de migrar, las rentas más bajas pueden ir sumándose al proceso migratorio. La disparidad de resultados, incluso para un mismo país, se puede explicar con muy diversas causas. Gosh (2006) insiste en que el impacto final de las remesas en la desigualdad depende de los niveles de renta y desigualdad iniciales del país de origen de la migración y de los grupos de población en los que se ubican los migrantes –urbanos o rurales, no pobres o más pobres que se van sumando al proceso migratorio…–. La explicación también puede ser meramente metodológica: distintos estudios recurren a distintas fuentes de datos y a métodos diferentes que arrojan resultados igualmente desiguales. De hecho, como señalan López-Córdova y Olmedo (2006), una crítica recurrente a los análisis de impacto de las remesas en la pobreza y la desigualdad está en que buena parte de dichos estudios se limita a sumar las remesas al ingreso de los hogares sin tener en consideración la renta o salario que deja de percibir el migrante en su país de origen como consecuencia del proceso migratorio13.
Para el conjunto de la región latinoamericana, Fajnzylber y López (2007) concluyen que se da un impacto leve pero positivo de las remesas en la reducción de las desigualdades para 9 de 11 países analizados14, siendo las excepciones México y República Dominicana. Según el Fajnzylber y López (2007), de media, las remesas estarían reduciendo las desigualdades en 2,7% en aquellos países en los que se encuentra un impacto significativo. Asimismo, observan un impacto mayor en la equidad en los países que registran mayores proporciones de remesas en relación al PIB. En el marco del mismo proyecto del Banco Mundial, y de forma más detallada, una serie de análisis sobre distintos aspectos de la relación entre remesas y desigualdad llega a diversas conclusiones respecto de la desigualdad en la región latinoamericana. Acosta et al. (2008a) observan, en primer lugar, que los ingresos por remesas registran una distribución regresiva. No obstante, al ser ésta menos regresiva que la –muy regresiva– distribución del ingreso general en algunos países como México, El Salvador, Guatemala, o Paraguay, las remesas pueden estar teniendo un efecto compensador para estos casos. En segundo lugar, los coeficientes de Gini de los ingresos por remesas son levemente superiores a los coeficientes de Gini para los ingresos totales menos remesas –para 9 de 11 países y exceptuando Nicaragua y Perú– (Acosta et al., 2008b), lo que puede llevar a pensar que la distribución de la renta de la región sería aún más inequitativa sin la llegada de remesas. En tercer lugar, en base a un modelo contrafactual que elimina el efecto de la migración en la renta, los mismos autores (Acosta et al., 2008b) observan un impacto mayor, de 2,7%, en la reducción de las desigualdades, siendo los casos más evidentes los de Haití, Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Honduras.
Otros estudios sobre el impacto de las remesas en el desarrollo a nivel micro incluyen su papel como seguro frente a riesgos (Kapur, 2004; Taylor, 1999), su impacto en el empleo (López-Córdova y Olmedo, 2006) o en variables educativas y sanitarias (Cox, Edwards y Ureta, 2003; Acosta, 2007; Acosta et al., 2007a; Acosta et al., 2008c; Yang, 2004; y para el caso concreto de Ecuador, véase Calero et al., 2008; Guerrero, 2007; Pacheco, 2007; Ponce et al., 2008). No hemos encontrado tantos trabajos sobre el impacto de las remesas de migrantes a nivel meso o de comunidad. Un ejemplo es el de Gosh (2006) quien concluye un impacto positivo en la vivienda y las técnicas agrícolas. A nivel macroeconómico, el grueso de la literatura se dedica a efectos de las remesas como la enfermedad holandesa (FMI, 2005; Gosh, 2006; Martínez, 2007; López et al., 2008)15, y al impacto de las remesas en los tipos de cambio, las exportaciones, la renta y el crecimiento (Acosta et al., 2008b; Amuedo-Dorantes y Pozo, 2004; Banco Mundial, 2006; Fajnzylber y López, 2007; FMI, 2005; Gosh, 2006; López-Córdova y Olmedo, 2006; Pradhan et al., 2008)16.
2. Descripción de los datos
Los datos provienen de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) de Ecuador, realizada en 2006 por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC). Esta encuesta de hogares sigue la misma estructura que cualquier otra ECV estándar. Incluye una lista completa de todos los miembros del hogar, un módulo de consumo que permite diferenciar rubros como alimentación, educación, salud o vivienda. Asimismo, incluye variables sobre educación, salud y nutrición que suministran información sobre acceso a la escuela, asistencia escolar, malnutrición infantil y otros. La muestra incluye 55.666 individuos pertenecientes a 13.581 hogares. De todos ellos, 2.782 personas declararon haber recibido remesas durante los 12 meses previos a la entrevista.
De entre estos últimos, se seleccionó una sub-muestra –con representatividad nacional– de 937 casos. Estos hogares fueron revisitados en otoño de 2007 para obtener información adicional que se divide en 5 módulos: las características socio-demográficas del migrante y su condición laboral antes de migrar; los vínculos entre el migrante que envía remesas y el receptor; el volumen, frecuencia de envío y los canales de envío de las remesas; el uso de las remesas; y el acceso de los receptores a servicios financieros. Los hogares fueron seleccionados de ciudades que absorben la mayor proporción de remesas y que se ubican en 8 de las 24 provincias ecuatorianas: Pichincha, Guayas, Azuay, Esmeraldas, Cañar, El Oro, Loja y Tungurahua. Los datos que se ofrecen en este estudio provienen, en su casi totalidad, de esta base de datos RIE-FLACSO sobre remesas de migrantes.
Esta base de datos viene a sumarse a una encuesta previa sobre el fenómeno migratorio y las remesas en Ecuador. Estos nuevos datos permiten actualizar la información levantada previamente por Bendixen (2003) cuando el país se encontraba aún inmerso en las consecuencias de la crisis financiera y de la oleada migratoria hacia España. La base RIE-FLACSO ofrece, asimismo, información más detallada: los receptores de remesas en esta muestra duplican los de la de Bendixen (2003), la información sobre los usos finales de las remesas está más desagregado, se exploran en mayor medida las características del migrante que envía remesas, y en especial se cuenta con información sobre la condición laboral de las personas antes de migrar, etc.
3. Aspectos generales del flujo de remesas17
Como ya hemos señalado en ocasiones anteriores (Ponce et al., 2008), es difícil determinar con precisión el volumen de remesas de migrantes que alimentan anualmente la economía ecuatoriana. Aunque los datos ofrecidos por el Banco Central de Ecuador se asemejan a los que ofrece el Banco de España para el flujo España-Ecuador, fuentes alternativas, tanto oficiales –INEC– como no oficiales –como las estimaciones realizadas por la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA)– señalan volúmenes de remesas muy inferiores. Mientras los dos bancos centrales estiman un flujo España-Ecuador de, aproximadamente, 1.300 millones de dólares en 2006; según el INEC esta cifra no supera los 322 millones de dólares o 711 millones de dólares en 2004 según el estudio de FEDEA (Jiménez-Martín et al., 2007).
Existen problemas sobradamente conocidos con la estimación correcta de los flujos de remesas por parte de los bancos centrales (Álvarez et al., 2006). Está, por ejemplo, el envío de remesas a través de canales no oficiales que no quedan contabilizados por las autoridades financieras y que pueden llevar a una infravaloración de los flujos de remesas. Por este motivo, estudios recientes sobre la cuestión recomiendan que las cifras oficiales de remesas se recaben a través de encuestas a hogares que podrán capturar el volumen total de recursos recibido por familiares o amigos, independientemente del canal de envío (Hernández-Coss, 2005). No obstante, en este caso concreto de las remesas internacionales hacia Ecuador, podemos observar que fuentes alternativas de datos (INEC o FEDEA) ofrecen cifras de remesas sensiblemente menores que las se registran en el Banco Central de Ecuador, dándose el fenómeno contrario, en el que los datos derivados de las encuestas a hogares (INEC) muestran cifras menores que las registradas por el Banco Central. Pueden existir problemas metodológicos que lleven a una sobrevaloración del flujo de remesas por parte del Banco Central de Ecuador –como el cómputo, por parte de la banca central o por parte de bancos intermediadores, de otras transferencias de renta como remesas de migrantes– a una inafravaloración por parte del INEC –fruto, por ejemplo, del temor de los receptores a una posible carga fiscal–, o a ambas cosas. Pero, además, estas diferencias –o, al menos, parte de ellas– pueden explicarse con las remesas internacionales que no tienen como destino receptores individuales sino empresas, lo que es el caso cuando la persona migrante utiliza sus remesas para adquirir, directamente a través de una empresa inmobiliaria o de una constructora, una vivienda en su país de origen.
El cuadro 1 muestra la evolución reciente de las remesas internacionales según datos del Banco Central de Ecuador. Solamente entre 2004 y 2007, las remesas prácticamente se habrían duplicado en términos absolutos lo que llevaría también a un aumento del peso de las remesas en el PIB de algo menos del 5% en 2004 a casi el 7% en 2007. Cabe esperar, no obstante, que la recesión que azota en estos momentos las economías estadounidense y española pueda generar un cambio de tendencia y una caída o, al menos un menor crecimiento, de las remesas internacionales en 2008 y 2009.


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