Documento: forma, signo y medio, re-formulaciones de lo digital



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Documento: forma, signo y medio, re-formulaciones de lo digital
Rogelio T. Pedauque. STIC-CNRS

Contacto : pedauque@enssib.fr

Version española, Regina Carreira (carreira@enssib.fr), 10-11-2004

Resumen


Este texto es el fruto de un trabajo colectivo de reflexión que se lleva a cabo en el marco de la red temática pluridisciplinar 33 del departamento STIC del CNRS. Se propone precisar la noción de documento en su tránsito al medio digital, a partir de un conjunto de investigaciones que privilegian, ante todo, la forma (como objeto material o inmaterial), el signo (como vehículo de sentido) o el medio (como vector de comunicación).

Cada uno de estos componentes refleja las grandes transformaciones que convergen en la actualidad y su superposición resalta la pertinencia de un enfoque pluridisciplinar para un análisis lúcido y completo de la noción de documento y de su evolución.



Contexto


Muy pocos artículos científicos proponen una definición actual del documento, y todavía es menor el número de quienes la discuten. El documento se identifica directamente como objeto de análisis en pocas comunidades científicas: la de los investigadores en ciencias de la información (o Information Science1), al integrar trabajos que reflejan la amplia renovación en las técnicas documentales, como resultado de los procesos informáticos; la de los investigadores que se interesan en la digitalización y en los temas ligados a la indexación y a la categorización, extendiendo a menudo sus reflexiones a la gestión electrónica de documentos; y también la de quienes desenvuelven herramientas de edición electrónica (Electronic Publising2). Por otro lado, y puesto que resulta un elemento indispensable para la construcción y la evolución de la disciplina, la noción de documento se discute en foros de historia y especialmente en arqueología o en geografía, para el estudio de cartas, e incluso en derecho, agrupando textos, artículos legislativos, reglamentos o circulares, guardando eso sí un enfoque estrictamente instrumental y raras veces directo.

Numerosos diccionarios, repertorios de normas y enciclopedias plantean definiciones, más próximas de la designación y de la descripción, que de la reflexión profunda de la noción.

Desde el documentum latino, vinculado etimológicamente a la enseñanza (docere = enseñar) hasta su acepción más reciente y marginal, la más frecuente, pero también imprecisa, la de “información”, todo parece indicar que la noción de documento se apoya en dos funciones: la prueba (el denominado “documento probatorio” de los juristas o clave de un informe) y la información (que se refiere a la representación del mundo o al testimonio). La archivística contemporánea, por ejemplo, le reconoce ambas funciones, admitiendo para el documento un “valor de evidencia” (de actividad) en un sentido más amplio que el de prueba jurídica, y un “valor de información”, que se corresponde con su acepción más general, arriba indicada.

Otros artículos científicos emplean un vocabulario diferente para designar objetos comparables, a veces definiendo el documento de forma rigurosa, aunque a menudo víctima de interpretaciones diversas. Así, los investigadores en informática, desde el estudio de redes, de bases de datos, de búsqueda de información y de tratamiento lingüístico hasta la ingeniería de conocimiento, al igual que otras comunidades como la de lingüistas, semiólogos y psicólogos del aprendizaje; sociólogos de la cultura y de la organización, economistas de los medios o de la información, juristas de la propiedad intelectual y todos los “humanistas” en su conjunto, emplean una diversidad de palabras como información, dato, fuente, fichero, escrito, texto, imagen, papel, artículo, obra, periódico, hoja, página, etc; que, por supuesto, no son sinónimas y, por lo mismo, se justifican en el contexto particular de una investigación en curso, pero guardando siempre (aunque no se asuma en todos los casos) una relación con la noción de documento.

Por último cabe señalar la omnipresencia de los documentos en el día a día (especialmente en el plano administrativo y en la actividad científica). Se trata, así, de una noción intuitiva, no siendo necesario precisarla.

Tal vacío constituye hoy un problema. En efecto, la digitalización transforma profundamente la noción de documento, sin que podamos mesurar de manera rotunda sus efectos y consecuencias; un defecto por haberse precipitado en la delimitación de la problemática. Del papel, el soporte más corriente, al documento digital, estas transformaciones se localizan facilmente; por su aspecto material, por ejemplo, o por el tratamiento cognitivo, la percepción e incluso el uso que se hace de él. Aunque anunciada en los textos de algunos pioneros y preparada para una convergencia cada vez mayor entre lo escrito y lo audiovisual, esta cuestión todavía es reciente, para cuanto más caótica y sin que ya sea posible dar marcha atrás. Es probable que los numerosos investigadores que abordan estas cuestiones bajo múltiples facetas se beneficien de una visión de grupo, permitiéndoles así posicionarse de forma más lúcida.

El retraso de este análisis puede explicarse por el contraste entre una relativa estabilidad, dominante hasta hace poco, en contraste con la velocidad y la radicalización de los cambios actuales. Entonces, sólo cabía la posibilidad de interrogarse como historiador sobre un objeto demasiado corriente como para resultar complejo; actualmente, aún no hemos sido capaces de analizarlo guardando las distancias.

El documento se ha constituido como un objeto cuya materialización más banal es la hoja de papel, en el transcurso de un proceso secular en el que útiles, saberes y estatutos se van entrelazando. Con el tránsito al medio digital, desde hace ya algunas décadas, hemos entrado en una nueva fase, en la que determinadas características siguen en dependencia directa con el periodo anterior mientras que otras, al contrario, anuncian un cambio radical y quizás la emergencia de una noción diferente, que retome en totalidad o en parte, la utilidad social de lo que llamamos “documento”. La manifestación más simple de este cambio es la pérdida de la estabilidad del documento como objeto material y su transformación por medio de un proceso de construcción a la demanda, que cuestiona por momentos la confianza que se le otorgó al inicio.

La cuestión entre ruptura y continuidad no se plantea sólo en relación al objeto. Los métodos de análisis y los epistemológicos están también en rápida evolución.

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