Directorio Catequístico General 1971



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Directorio Catequístico General

- 1971 -

 

INTRODUCCION

 

Se publica el presente Directorio Catequístico General según las normas del Decreto "Christus Dominus" N 44.



No poco tiempo ha llevado la preparación de este documento, por las dificultades inherentes a la obra misma y por el método que se ha seguido.

Efectivamente, después de constituir una comisión especial de auténticos expertos en catequesis, de varias nacionalidades y escogidos tras consultar con algunos Episcopados, se recabaron los consejos y las opiniones de varios Episcopados. Teniendo en consideración tales consejos y opiniones, se elaboró un primer esquema de Directorio, sólo en sus líneas generales, que se presentó, para ser estudiado, a la Congregación Plenaria extraordinaria de la Sagrada Congregación del Clero. Luego se elaboró un esquema más amplio, sobre el cual también se han consultado las Conferencias Episcopales. Con las opiniones y propuestas obtenidas de los Obispos en esta segunda consulta, se preparó el esquema definitivo del Directorio, que antes de ser publicado, fue examinado por una especial Comisión teológica y por la Sgda. Congregación para la Doctrina de la Fe.

Este Directorio presenta los principios fundamentales teológico-pastorales del Magisterio de la Iglesia y especialmente del Concilio Ecuménico Vaticano II, con los cuales se puede dirigir y ordenar mejor la acción pastoral del ministerio de la palabra. De aquí se comprende el porqué en este Directorio prevalece el aspecto teórico, aunque, como se puede ver, no falta el aspecto práctico. Se ha empleado este criterio especialmente por el siguiente motivo: se evitarán los defectos y errores que no pocas veces se detectan en la catequesis moderna, únicamente si se parte de la recta manera de entender la naturaleza y los fines de la catequesis, como también las verdades que se enseñan con la misma, teniendo en la debida cuenta los destinatarios de la catequesis y sus condiciones. La aplicación concreta de los principios y de las enunciaciones contenidas en el Directorio, es incumbencia especifica de los Episcopados, que publicarán Directorios nacionales y regionales, como también catecismos y otras publicaciones aptas para promover con eficacia la obra del ministerio de la palabra.

Es claro que no todas las partes del Directorio tienen la misma importancia. Debe ser aceptado por todos lo que se dice de la Revelación divina, de la naturaleza de la catequesis, de los criterios con los cuales exponer el mensaje cristiano y de sus elementos más importantes. Tienen más bien valor de sugerencia y de indicación lo que se refiere a la condición presente, a la metodología, a los textos de catequesis según las edades, pues muchos de esos datos se toman necesariamente de las ciencias humanas, teóricas o prácticas, que pueden evolucionar.

El Directorio está destinado a los Obispos, a las Conferencias Episcopales y en general a cuantos, colaborando con ellos, tienen una responsabilidad en el campo de la catequesis. El fin inmediato del Directorio es prestar una ayuda para preparar los Directorios catequísticos y los catecismos. Por eso mismo, es decir para ayudar a la preparación de estos instrumentos, se han propuesto unas líneas fundamentales de las actuales condiciones, para que en las distintas partes de la Iglesia se susciten investigaciones, — con estudio atento y diligente— acerca de las condiciones y de las necesidades pastorales de los lugares; se han indicado además unos principios generales de metodología y de catequesis según las varias edades, para poner de manifiesto cuánto es necesario aprender el arte y la ciencia de la educación; un cuidado especial se puso en redactar la tercera parte en la cual se exponen los criterios con los cuales se tendrán que proponer las verdades mediante la catequesis, y a la vez se da un compendio de los elementos esenciales de la fe cristiana, para que quede bien clara la meta que la catequesis debe necesariamente tener: proponer el mensaje cristiano en su integridad.

Como el Directorio está destinado a Naciones que tienen condiciones y necesidades pastorales muy diferentes, es claro que sólo se han podido tener en cuenta las condiciones comunes. Hay que tener presente esta índole peculiar y esta estructura para juzgar y comprender el Directorio. Lo mismo dígase de la descripción de la labor pastoral que figura en la sexta parte. Se trata de la promoción de la acción pastoral, de la que sólo se dan las líneas principales: insuficientes, tal vez para las regiones muy adelantadas en la catequesis, y excesivas para aquellas que no lo son tanto.

Mientras se publica este Documento, por el cual la Iglesia demuestra una vez más su interés por un ministerio absolutamente necesario para cumplir cabalmente su misión en el mundo, es de desear que sea bien recibido y con toda diligencia estudiado y meditado, teniendo presentes las necesidades pastorales de las comunidades eclesiales. Igualmente se desea que sirva de estímulo para ulteriores e incansables investigaciones que respondan fielmente a las necesidades del ministerio de la palabra y a las normas del Magisterio eclesiástico.

PARTE PRIMERA

LA ACTUALIDAD DEL PROBLEMA

SENTIDO Y FINALIDAD DE ESTA PARTE.

 

1. Puesto que la preocupación fundamental de la Iglesia es la de anunciar y promover la fe en la sociedad de nuestro tiempo, sometido a profundas transformaciones socio-culturales, es conveniente —teniendo presente cuanto ha expuesto el Concilio Vaticano II— describir algunos rasgos específicos de la situación actual, indicando las repercusiones espirituales y los nuevos compromisos que esta situación pone ante la Iglesia.



Con esto no se quiere de ninguna manera agotar un asunto que en las varias partes de la Iglesia presenta aspectos particulares y muchas veces profundamente diferentes. Será tarea de los Directorios Nacionales completar estas indicaciones y adaptarlas a las exigencias de cada nación o región.

LA SITUACION ACTUAL DEL MUNDO

LA EPOCA CONTEMPORÁNEA EN CONTINUA TRANSFORMACION.

2. "El género humano se halla hoy en un período nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y acelerados, que progresivamente se extienden al Universo entero... Se puede ya hablar de una verdadera transformación social y cultural que se refleja también en la vida religiosa" (GS. 4).

A manera de ejemplo se pueden indicar dos repercusiones que afectan la vida de la fe e interesan mas de cerca a la catequesis.

a) En el pasado la tradición cultural era más favorable que hoy a la transmisión de la fe; hoy esa tradición ha cambiado no poco, de manera que cada vez se hace menos posible apoyarse en su continuidad. Por eso para poder transmitir la fe a las nuevas generaciones, es necesario una evangelización renovada.

b) Conviene tener presente que la fe cristiana, si quiere arraigarse en las nuevas culturas que se suceden, necesita desarrollo y nuevas formas de expresión.

Aunque las aspiraciones y los deseos profundos del hombre y de su condición humana permanecen profundamente idénticos, sin embargo, los hombres de hoy se hacen nuevas preguntas acerca del sentido y la importancia de la vida.

El hombre creyente de hoy no es totalmente igual al hombre creyente de ayer. De aquí nace la necesidad de asegurar la continuidad de la fe, pero también de proponer de un modo nuevo el mensaje de la salvación.

Hoy es necesario tener presente la grandísima difusión de los medios de comunicación social; su eficacia sobrepasa los confines de las naciones y hace a los individuos como ciudadanos de todo el consorcio humano (Cfr. IM. 22).

Estos medios actúan con gran fuerza en la vida de los fieles, tanto por lo que enseñan como por la mentalidad y modos de comportarse que fomentan en ellos. Todo esto hay que tenerlo en cuenta con la debida atención.

 

EL PLURALISMO DE HOY.

3. "Por todo ello, son cada día más profundos los cambios que experimentan las comunidades locales tradicionales, como la familia patriarcal, el clan, la tribu, la aldea, otros diferentes grupos y las mismas relaciones de la convivencia social" (GS. 6).

En las antiguas cristiandades la religión era considerada como el mejor principio de unidad de los pueblos. Hoy las cosas han cambiado: la cohesión de los pueblos, que trae su origen en el fenómeno de la democratización, promueve la concordia de las diversas familias espirituales; el "pluralismo" no es ya considerado como un mal que hay que combatir, sino como un hecho digno de consideración; cada uno puede tomar sus decisiones, sin que por eso sea considerado como extraño a la sociedad.

Por tanto los que se encargan del Ministerio de la Palabra, no deben nunca olvidar que la fe es la libre respuesta del hombre a la gracia de Dios que se revela. Y deben proponer, más que en el pasado, el buen mensaje de Cristo en su admirable condición de clave misteriosa que explica toda la condición humana, y de don gratuito de Dios que se recibe de su gracia en la confesión de la propia insuficiencia (Cfr. GS. 10).

 

EL DINAMISMO DE NUESTRA EPOCA

4. La construcción de la sociedad humana, el progreso y la gradual realización de los proyectos humanos, movilizan las energías de los hombres de nuestro tiempo (GS. 4). La fe no puede permanecer extraña a estos progresos que por otra parte pueden ir unidos a graves desviaciones. El mensaje evangélico debe aportar su juicio sobre este estado de casos y manifestar a los hombres el sentido de estos acontecimientos.

El ministerio de la palabra, por medio de una más profunda exploración de la vocación humana y divina del hombre, debe dejar que el Evangelio derrame sus fermentos de auténtica libertad y progreso (Cfr. AG. 8,12), haga nacer el deseo de la promoción de la persona humana y de la lucha contra el modo de hacer y pensar que se entrega al fatalismo.

Estas indicaciones quieren solamente mostrar cómo el ministerio de la palabra debe dirigir su acción al mundo de hoy:

"...se pide a la Iglesia que inyecte en las venas de la comunidad humana la fuerza perenne, vital y divina del Evangelio". (Juan XXIII, Constituc. Apost. Humanas Salutis, AAS, 1962, p. 6).

 

LA CONDICION DEL SENTIDO RELIGIOSO

5. La civilización científica, técnica, industrial y urbana no pocas veces aparta el interés del hombre por las cosas divinas y le hace más difícil la preocupación interior por la vida religiosa.

Para no pocos, Dios se ha hecho como menos presente, menos necesario, menos válido para dar una explicación a la vida personal y social: de este estado de cosas surge fácilmente una crisis religiosa (Cfr. GS. 5,7).

La fe cristiana experimenta en sus seguidores esta crisis lo mismo que en las otras confesiones religiosas. Frente a una cultura desacralizada y secularizada, la fe tiene el deber urgente de afirmar su naturaleza que trasciende a todo progreso cultural y manifestar su originalidad.

Toca al ministerio de la palabra descubrir y desarrollar, liberándolos de los elementos ambiguos, los valores auténticos que se encuentran en el patrimonio espiritual de aquellas culturas humanas en las que el sentido religioso se conserva todavía vivo y operante, influyendo en toda la existencia de la vida humana.

En otro tiempo las opiniones desviadas y los errores acerca de la fe y la manera cristiana de vivir alcanzaban a un número pequeño de personas, limitándose, más que hoy, a los ambientes intelectuales.

Hoy, en cambio, el progreso humano y los medios de comunicación social hacen que estas opiniones se divulguen con mayor rapidez y tengan un influjo cada vez más grande en los fieles, especialmente en los jóvenes que sufren una mayor crisis y son empujados a adoptar modos de pensar y de actuar contrarios a la religión. Esta situación requiere adecuados remedios pastorales.

 

LA SITUACION ACTUAL DE LA IGLESIA

 

Estas notas que caracterizan la situación religiosa del mundo, tienen profundas repercusiones en la vida de la Iglesia.



LA FE "TRADICIONAL"

6. La fe cristiana en muchos fieles corre graves peligros, especialmente en aquellos lugares donde la religión era considerada como prerrogativa de algunas clases sociales, o donde esa fe confiaba demasiado en las antiguas costumbres y en la unanimidad de la profesión religiosa.

Masas enteras se van haciendo al indiferentismo o corren al peligro de conservar una fe privada del necesario dinamismo y de un influjo real en la vida. Más que conservar las costumbres religiosas, conviene hoy afrontar el problema de una reevangelización de las masas, de una renovada conversión de las mismas y de una más profunda y madura educación de la fe.

Esto sin embargo no debe entenderse en el sentido de que se deba descuidar el sentimiento religioso popular, o que se deba hacer poco caso de la fe genuina conservada en ambientes transidos de cultura cristiana. El sentido religioso, no obstante el progreso de la secularización, sigue vigente en muchas partos de la Iglesia. No se puede hacer caso omiso de él pues muchas veces se expresa en el estilo de vida sincero y auténtico de multitud de hombres.

- Más aún el sentido’ religioso popular brinda una ocasión para el anuncio de la fe. Naturalmente hay que purificarlo y jerarquizar sus elementos válidos para que nadie se contente con formas de acción pastoral inadecuadas a nuestros tiempos y menos adaptadas a la realidad de hoy.

 

EL INDIFERENTISMO RELIGIOSO Y EL ATEISMO

7. Muchos bautizados se han apartado de la religión de tal manera que llegan a profesar en cierto indiferentismo y disfrace que hasta el ateísmo. "Muchos son, sin embargo, los que hoy día se desentienden del ‘iodo de esta íntima y vital unión con Dios lo niegan en forma explícita. Es esto ateísmo uno de los fenómenos más graves de nuestro tiempo. Y debe ser examinado con toda atención" (GS. 19).

El Concilio Vaticano II ha examinado con detención este fenómeno (GS. 19,20), y ha procurado encontrarlé remedio. "El remedio del ateísmo hay que buscarlo en la exposición adecuada de la doctrina y en la integridad de vida de la Iglesia y de sus miembros. A la Iglesia toca hacer presentes y como visibles a DIOS Padre y a su Hijo encarnado, con la continua renovación y purificación propias bajo la dirección del Espíritu Santo. Esto se logra principalmente con el testimonio de una fe viva y adulta, educada para poder percibir con lucidez las dificultades y poderlas vencer" (GS. 21).

Se da también el caso de una fe cristiana mezclada con una especie de neopaganismo aunque quede un cierto sentido religioso y una cierta creencia en un ser supremo. La mentalidad religiosa puede andar lejos del influjo de la Palabra de Dios y de la vida sacramental y de buscar su alimento en prácticas supersticiosas y mágicas; y la vida moral, por su parte, puede regresar a una ética precristiana. Es posible a veces que en la religiosidad cristiana se introduzcan elementos de cultos naturistas y animistas, de prácticas adivinatorias con peligro de caer en formas sincretistas. Y pueden también difundirse sectas religiosas que mezclan los misterios cristianos con antiguas visiones míticas.

En estos casos principalmente se necesita que el ministerio de la Palabra, sobre todo la evangelización y la catequesis, sean renovadas según lo indicado en el Decreto Ad Gentes divinitus nn. 13, 14, 21 y 22.

 

LA FE Y LAS DIFERENTES CULTURAS

8. Tampoco faltan cristianos, especialmente entre aquellos que han recibido una formación cultural más elevada, que experimentan cierto descontento frente al lenguaje de la fe que ellos juzgan demasiado apegado a fórmulas superadas y a la cultura occidental.

 

Ellos van a la búsqueda de un nuevo lenguaje religioso más de acuerdo con la vida moderna y que permita a la fe difundir su luz sobre las realidades que angustian al hombre de hoy, dejando que el Evangelio pueda encarnarse en las diversas culturas.



 

Sin duda es deber de la Iglesia considerar con la mayor atención esta aspiración del hombre.

 

Lo que el Decreto Ad Gentes dice a propósito de las Iglesias jóvenes, vale también para todos los que trabajan en el ministerio de la palabra: ". . . de las costumbres y tradiciones, de la sabiduría - y doctrina, de las artes e instituciones de sus pueblos, reciben todo lo que puede servir para confesar la gloria del Creador, para ensalzar la gracia del Salvador y para ordenar debidamente la vida cristiana". (n. 22; cf.: n. 21; Paulus VI, Alloc. 6 agosto 1969).



 

Por lo tanto "el ministerio de la palabra presentado de una manera renovada el mensaje evangélico, debe manifestar la unidad del plan de Dios. Sin caer en confusiones e identificaciones simplistas, debe manifestar la unidad profunda que existe entre el plan salvífico de Dios, realizado en Cristo, y las aspiraciones del hombre; entre la historia de la salvación y la historia humana; entre la Iglesia, Pueblo de Dios, y las comunidades temporales; entre la acción reveladora de Dios y la experiencia del hombre; entre los dones y carismas sobrenaturales y los valores humanos". (II Conf. Gen. Episc. Lat. Amer. 1968 VIII, 2,1).

 

LA RENOVACION

 

9. En esta situación de tan profundos cambios cualquiera podría pensar que es inútil el esfuerzo apostólico que la Iglesia pretende desplegar. En realidad no se puede acusar al celo de los pastores ni el de los fieles, que en verdad es grande. Los impedimentos para una acción más eficaz parecen provenir o de la falta de una preparación adecuada a los nuevos y difíciles compromisos que se ofrecen al ministerio de la palabra o de una reflexión todavía imperfecta que se expresa en teorías que lejos de favorecer obstaculizan la iniciativa evangélica.



 

Es por esto por lo que el Concilio Vaticano II ha multiplicado sus llamadas a una profunda renovación del ministerio de la palabra. Pero esta renovación parece correr peligro principalmente:

 

—Por parte de aquellos que no logran ver la profundidad de la renovación propuesta, como si sólo se tratara de poner un remedio a la ignorancia religiosa. Según éstos, bastaría incrementar la instrucción catequística. Es evidente que este remedio no responde a la verdadera realidad. Lo que hay que renovar es el mismo lenguaje catequístico, pues se trata de una renovación no sólo en lo que respecta a la catequesis de los niños sino a la educación permanente de los adultos en la fe.



 

—Por parte de aquellos que quieren reducir El mensaje evangélico a sus consecuencias temporales en la vida de los hombres.

 

El Evangelio y su. ley de amor requieren, sin duda, que los cristianos colaboren con ‘todas sus fuerzas —comprometiéndose en actividades de orden temporal— a fin de promover cada día más la justicia y la fraternidad entre los hombres. Esto sin embargo no es suficiente para dar testimonio de Jesucristo, hijo de Dios y Salvador nuestro cuyo misterio, muestra inefable del amor de Dios (1 Jn 4,9) debe ser explícita e integralmente anunciado a los evangelizados y aceptado por ellos.



 

Las enseñanzas de la Constitución GS y de la Declaración DH no están por el "minimismo" en cuanto al servicio directo de la fe por el ministerio de la Palabra. Ambos documentos muestran su inquietud porque se ponga remedio a las situaciones de estos tiempos. En todo caso la renovación del ministerio de la Palabra no puede ir separada de la renovación general de la Pastoral.

Habrá que realizar tareas graves y decisivas: habrá que promover la evolución de las formas tradicionales del ministerio de la palabra, y suscitar nuevas; evangelizar y catequizar a aquellos que solo han alcanzado niveles culturales bajos; responder a las instancias de la "inteligencia" y salir al encuentro de sus exigencias; mejorar las formas tradicionales de presencia cristiana y encontrar otras más válidas; utilizar todos los recursos actuales de la Iglesia y al mismo tiempo renunciar a aquellas formas que aparezcan menos conformes al Evangelio.

 

Para lograr estos propósitos, la Iglesia confía en todos los miembros del pueblo de Dios Cada uno —obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos— según la propia responsabilidad, tiene



el deber de desempeñar su misión teniendo presente la situación del mundo que influye tan profundamente en la vida de fe.

La renovación catequística, para que pueda dar una ayuda eficaz a estos obreros del Evangelio, deberá valerse del. apoyo de las ciencias sagradas, de la teología, de los estudios bíblicos, de la reflexión pastoral y de las ciencias humanas y de otros medios —sobre todo de los medios de comunicación social— a través de los cuales se difunden hoy las opiniones y las ideas.

 

PARTE II

 

EL MINISTERIO DE LA PALABRA

 

CAPITULO 1

 

EL MINISTERIO ‘DE LA PALABRA Y LA REVELACION

 

LA REVELACION DON DE DIOS

 

10. En la Constitución DV., el Concilio Ecuménico considera la revelación como un acto mediante el cual Dios entra en comunión con nosotros personalmente: "Quiso Dios, en su bondad y sabiduría revelarse a si mismo y manifestar el misterio de voluntad.., para invitarlos y recibirlos en su compañía (a todos los hombres)" (DV. 2). Así aparece Dios como quien quiere comunicarse a sí mismo, realizando un proyecto inspirado en el amor.



 

Este amor de Dios es el punto de partida de la catequesis. La fe es la aceptación y la fructificación de este don divino en nosotros. Esta característica, por la cual la fe debe considerarse como un don, toca íntimamente todo el contenido del ministerio de la Palabra.

 

LA REVELACION: HECHOS Y PALABRAS

 

11. Dios, para hacer conocer a los hombres su plan obra por medio de los acontecimientos de la historia de la salvación y por medio de palabras inspiradas que acompañan y esclarecen estos acontecimientos: "La revelación se realiza con hechos y palabras intrínsecamente ligadas; las obras que Dios realiza en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y las realidades que las palabras significan; a su vez, las palabras proclaman las obras y explican su misterio" (DV. 2).



 

La revelación es, por tanto, un conjunto de hechos y palabras que se iluminan recíprocamente. El ministerio de la palabra debe anunciar tales hechos y palabras de tal manera que esclarezcan y comuniquen los profundos misterios contenidos en ellos. Así el ministerio de la palabra, además de recordar. las obras admirables realizadas - por Dios en. el pasado ..y. qué encuentran. én Cristo .su cumplimiento, interpreta. también ..a la luz de esta revelación, la vida humana de nuestro tiempo, los signos de los tiempos y las realidades de este mundo, en cuanto en ellos se actualiza el pian de Dios para la salvación del hombre.

 

JESUCRISTO MEDIADOR Y PLENITUD DE TODA LA REVELACION

 

12. "La verdad profunda de Dios y de la salvación del hombre que trasmite dicha revelación.., resplandece en Cristo, mediador y plenitud de toda la revelación" (DV. 2).



 

Cristo no es sólo el más grande de los profetas, el que con su doctrina completó lo que Dios había dicho y hecho con anterioridad. El es el Hijo eterno de Dios hecho hombre, el acontecimiento último al cual tienden todos los anteriores que constituyen la historia de la salvación; el que cumple y manifiesta las supremas intenciones de Dios. "El . . .cumple y completa la revelación. . ." (DV. 4; LG. 9),

 

El ministerio de la palabra debe poner en luz este admirable carácter de la economía de la revelación. El Hijo de Dios se integra en la historia de los hombres, asume la vida y la muerte del hombre, y cumple en esta historia su plan de alianza definitiva.



 

Como el Evangelista Lucas, el ministerio de la Palabra tiene como primera tarea recordar a los creyentes el acontecimiento — Cristo, manifestar su significado, indagando siempre más profundamente este hecho único e irreversible: "Dado que muchos han emprendido la narración bien ordenada de los sucesos que se han verificado entre nosotros . . . he determinado yo también después de haberlo investigado todo diligentemente desde los orígenes, escribírtelo ordenadamente" (Lc. 1, 1-3).

 

El ministerio de la Palabra, por tanto, debe apoyarse en el comentario divinamente inspirado que han hecho de la Encarnación Redentora el mismo Jesús, los primeros discípulos y sobre todo los apóstoles, testigos de los acontecimientos. "Todos saben que entre los escritos . . .sobresalen los Evangelios por ser el testimonio principal de la vida y doctrina de la Palabra hecha carne, nuestro Salvador" (DV 18)



 

Recuérdese además que Jesús, Mesías y Señor, está siempre presente en su Iglesia por medio de su Espíritu (Cfr. J. 14, 26; 15,26; 16,13; Ap.. 2,7); El ministro de la palabra por tanto . debe presentarlo no solo como objeto de estudio, sino también como el que abre los corazones de los oyentes para recibir y comprender el mensaje que viene de Dios (Cfr. Act. 16,14).

 

EL MINISTERIO DE LA PALABRA O PREDICACION DE LA PALABRA DE DIOS: ACTO DE LA TRADICION VIVA

 

13. "Por eso los Apóstoles, al trasmitir lo que escribieron, avisan a los fieles que conserven las tradiciones aprendidas de palabra o por carta. Lo que los apóstoles trasmitieron comprende todo lo necesario para una vida santa y para una fe creciente del pueblo de Dios; así la Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y ‘trasmite a todas las edades lo que es y lo que cree" (DV. 8),



 

Esta tradición está vinculada a formulaciones, pero es más vasta y más profunda que estas formulaciones. Es una tradición viva, porque en ella Dios continúa su diálogo con nosotros: "Así Dios que habló en otros tiempos, sigue conversando siempre con la Esposa de su Hijo amado; así el Espíritu Santo, por quien la voz viva del Evangelio resuena en la Iglesia, y por ella en el mundo entero, va introduciendo a los fieles en la verdad plena y hace que habite en ellos intensamente la Palabra de Cristo" (DV. 8).

 

De aquí que el ministerio de la Palabra puede considerar.se como el portavoz de esta tradición viva, en el ámbito de toda la tradición. "Esta tradición apostólica va creciendo en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo; es decir, crece la comprensión de las palabras e instituciones trasmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón, cuando comprenden internamente los misterios que viven, cuando las proclaman los obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad" (DV. 8).



 

Por una parte es necesario distinguir claramente la revelación divina que constituye el objeto de la fe católica y que se cerró con el tiempo de los apóstoles, de la gracia del Espíritu Santo, sin cuya inspiración e iluminación nadie puede creer. Por otra parte Dios, que un tiempo había hablado a los hombres revelándose a sí mismo a través de los acontecimientos salvíf1co y el mensaje de los profetas, de Cristo y de los Apóstoles, todavía hoy guía misteriosamente la Iglesia, su esposa, y habla con ella, mediante el Espíritu Santo, en la sagrada tradición, con la luz y el sentido de la fe, para que el pueblo de Dios, bajo la dirección del magisterio, adquiera una comprensión siempre más profunda de la revelación. -

 

Los pastores de la Iglesia tienen la obligación, no sólo de proclamar y explicar directamente al Pueblo de Dios el depósito de la fe que les ha sido confiado, sino también de discernir con autenticidad las formulaciones y las explicaciones propuestas por los fieles, de suerte que "en el conservar, practicar y profesar la fe trasmitida haya concordia entre pastores y fieles". (D/V. 10). .



De aquí se sigue que el ministerio de la Palabra debe presentar la revelación divina como la enseña el Magisterio y como la expresa en su conciencia y en su fe el Pueblo de Dios bajo la vigilancia del Magisterio. De esta. manera el ministerio, de la Palabra no es la pura y simple repetición de una antigua doctrina, sino una reproducción fiel de ésta, adaptada a los nuevos problemas y comprendida cada vez más profundamente.

 

LA SAGRADA ESCRITURA

 

14. La revelación divina, por especial inspiración del Espíritu Santo, ha sido expresada también en forma escrita, es decir en los Libros Sagrados del Antiguo y Nuevo Testamento, que contienen y presentan la verdad revelada por Dios (Cfr. DV. 11).



 

La Iglesia, custodia e intérprete de la Sagrada Escritura, es por ella amaestrada, meditando asiduamente y penetrando cada vez más su doctrina. Fiel a la tradición, el ministerio de la palabra encuentra en la Sagrada Escritura el alimento y su norma (Cfr. DV. 21, 24, 25). En efecto, en los libros sagrados el Padre que está en los cielos viene amorosamente al encuentro de sus hijos y dialoga con ellos (Cfr. DV. 21).

 

La Iglesia, sin embargo, aunque toma de la Sagrada Escritura la norma de su pensamiento, tiene también el poder de interpretarla en virtud del Espíritu de que ella está animada:



"En ella las Sagradas Escrituras son más profundamente comprendidas a la vez que más constantemente activas" (DV. 8).

 

El ministerio de la palabra, por tanto, tiene su punto de partida en la Sagrada Escritura y en la predicación de los Apóstoles, de la manera como son entendidas, explicadas y aplicadas a las situaciones concretas en la Iglesia.



 

LA . FE: RESPUESTA A LA PALABRA DE DIOS

 

15. Con la fe el hombre acoge la revelación y por medio de ella participa del don de Dios de manera consciente.



 

A Dios que se revela debemos la obediencia de la fe por la cual el hombre se adhiere libremente al Evangelio de la gracia de Dios, (Cfr. Act. 20, 24) con pleno asentimiento de la inteligencia y de la voluntad. Guiado por la fe y por el don del Espíritu Santo el hombre llega a contemplar y a gustar el Dios del amor que en Cristo ha revelado la riqueza de su gloria (Cfr. Col. 1,26); más aún la fe viva constituye en nosotros un comienzo de la vida eterna, en la cual finalmente se podrán conocer sin velos las profundidades de Dios (1 Cor. 2,10). La fe que conoce el plan de salvación de Dios, nos gula al discernimiento de la voluntad de Dios con respecto a nosotros en este mundo y a la cooperación con su gracia. "La fe todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre. Por ello orienta la mente hacia soluciones plenamente humanas" (GS. 11).

 

TAREA DEL MINISTERIO DE LA PALABRA

 

16. El ministerio de la Palabra, para decirlo brevemente, debe estar consciente del cometido que se le ha confiado, es decir suscitar una fe viva que convierta la mente a Dios, impulse a asentir a su acción y lleve a un vivo conocimiento de los contenidos de la tradición y revele y manifieste el verdadero significado del mundo y de la existencia humana.



 

El ministerio de la Palabra es la proclamación del mensaje de salvación: lleva a los hombres al Evangelio. El misterio anunciado y enseñado toca profundamente aquella voluntad de vivir, aquel profundo deseo de plenitud, aquella viva espera de ]a felicidad futura que Dios ha sembrado en el corazón de todo hombre y ha elevado con su gracia al orden sobrenatural.

 

Las verdades de la fe llevan consigo el amor a Dios, que ha creado todas las cosas por Cristo y en Cristo’ nos ha resucitado. Los diversos aspectos del misterio cristiano deben ser presentados de ‘tal modo que el acontecimiento central, Jesús —el don más grande de Dios a los hombres— aparezca en primer plano, y que las otras verdades de la doctrina católica se ordenen y se jerarquicen pedagógicamente en torno a El (cf. nn. 43, 39).



 

CAPITULO II

 

LA CATEQUESIS EN LA MISION PASTORAL

 

DE LA IGLESIA

 

(Significado, fin, eficacia)

 

 

EL MINISTERIO DE LA PALABRA EN LA IGLESIA



 

 

17. El ministerio de la palabra toma diversas formas, según las diversas maneras de ejercerlo y los fines que se persiguen, entre ellas ‘está la catequesis.



 

Hay en primer lugar una forma que es la evangelización o predicación misionera que se propone suscitar aquel primer acto de fe con el cual los hombres se adhieren a la palabra de Dios.

(Cfr. CD. 11, 13; AG. 6, 13, 14).

 

Sigue la forma catequística "cuyo fin es que la fe, ilustrada por la doctrina se torne viva, explícita y activa" (CD, 14).



 

Luego viene la forma litúrgica en el ámbito de la celebración litúrgica, especialmente eucarística (homilía) (SC. 33, 52; Inter oecum. 54).

Y hay, por último, la forma teológica, es decir, el estudio sistemático y la investigación científica de las verdades de la fe.

 

Para nuestro propósito es importante distinguir estas formas, cada una de las cuales obedece sus propias leyes, aún cuando en realidad guardan entre sí una íntima conexión.



 

Por lo ‘tanto, lo que hasta ahora hemos dicho del ministerio de la palabra de una manera general se aplica también a la catequesis.

 

CATEQUESIS Y EVANGELIZACION

 

18. La catequesis de suyo supone una adhesión global al Evangelio de Cristo, propuesto por la Iglesia. Sin embargo a veces se dirige a hombres que, aunque pertenecen a la Iglesia, de hecho nunca tuvieron una verdadera adhesión personal al mensaje revelado.



 

Esto significa que la evangelización puede preceder o acompañar a la catequesis propiamente dicha, según las circunstancias. Pero en todo caso hay que tener en cuenta que la conversión es un elemento necesario en el dinamismo de la fe, y por lo tanto la catequesis, cualquiera sea su forma, debe incluir de alguna manera la evangelización.

 

FORMAS DE LA CATEQUESIS

 

19. La catequesis adopta necesariamente varias formas según las circunstancias y las necesidades del caso.



 

En los países tradicionalmente cristianos la catequesis se presenta a manera de enseñanza religiosa que se imparte a los niños y adolescentes en el ámbito escolar o fuera de él. Hay allí

- ordinariamente organizaciones para catequizar a los adultos o catecumenados para los que se preparan a recibir el bautismo, o para los que —aún ya bautizados— carecen de la debida iniciación cristiana. Lo cierto es que la situación real en que se encuentra un gran número de fieles, pide alguna forma de evangelización antes de la catequesis.

 

En las Iglesias recién establecidas se le da especial importancia a la evangelización en el sentido estricto, y se organiza el catecumenado para los que se inician en la fe y se preparan para recibir el bautismo (AG. 4).



 

En pocas palabras, la labor catequística toma formas y estructuras muy diversas: sistemáticas y ocasionales; organizadas y espontáneas, etc.

 

20. Recuerden los pastores el deber que les incumbe de promover y asegurar la ilustración de la vida cristiana por la palabra de Dios, de acuerdo con la edad y las circunstancias (CD,



14) de tal manera que todos, así el individuo como la comunidad, puedan ser promovidos teniendo en cuenta el estado espiritual en que se encuentran.

 

Recuerden también que la catequesis de adultos, como dirigida a hombres capaces de una adhesión plenamente responsable, debe considerarse como la forma de catequesis principal a la cual deben encaminarse todas las otras formas, siempre necesarias. Procuren de igual manera, atendiendo a las normas del Conc. Vat. II, "que se restablezca o se adapte mejor la instrucción de los caitecúmenos adultos" (CD. 14; AG. 14).



 

 

MISION DE LA CATEQUESIS

 

 

21. En la actividad pastoral, la catequesis es una forma de acción eclesial que trata de llevar a la madurez de la fe tanto a las comunidades como a los individuos.



 

Por la catequesis las comunidades cristianas logran un conocimiento más profundo y más vivo de Dios y de su plan salvífico cuyo centro está en Cristo, Verbo de Dios Encamado, y se consolidan alcanzando una fe madura e ilustrada, haciendo a la vez partícipes de esa fe a los hombres que desean abrazarla.

 

Para cualquier hombre cuya alma se abra al mensaje evangélico, la catequesis es el medio más apto para captar el plan de Dios en su propia vida y descubrir el significado último de la existencia y de la historia, de suerte que tanto la vida de los individuos como la de la sociedad se ilumine con la luz del Reino de Dios, se adapte a sus exigencias y pueda conocer el misterio de la Iglesia como la comunidad de los que creen en el Evangelio. Todos estos aspectos determinan las tareas específicas de la catequesis.



 

 

LA CATEQUESIS Y LA GRACIA DE LA FE

 

 

22. La fe es un don de Dios que provoca la conversión del hombre. "Para dar esta respuesta de la fe es necesaria la gracia de Dios, que se adelanta y nos ayuda, junto con el auxilio del Espíritu Santo, que mueve el corazón, lo dirige a Dios, abre los ojos del Espíritu y concede a todos gusto en aceptar y creer la verdad" (DV, 5).



 

La comunidad cristiana vive una fe madura, si oye religiosamente la palabra de Dios, tiende mediante el estudio constante a su conversión y renovación y está a la escucha de lo que el Espíritu dice a la Iglesia.

 

La catequesis (por la palabra acompañada del testimonio y la oración) tiene como misión disponer a los hombres a recibir la acción del Espíritu Santo y convertirse más profundamente.



 

CATEQUESIS Y COMPROMISO DE LA FE

 

23, El hombre maduro en 1-a fe adhiere plenamente a la invitación que contiene el mensaje evangélico, en virtud del cual es él llamado a la comunión con Dios y con los hermanos, y traduce en su vida los deberes que derivan de esta invitación (AG.



12).

 

La catequesis tiene los siguientes objetivos: ayudar a los hombres a hacer realidad esta comunión con Dios y proponer el mensaje cristiano de manera que aparezca como garantía del valor supremo de la vida humana. Esto supone que la catequesis tendrá siempre presente las legítimas aspiraciones del hombre así como el progreso y la realización de los valores que ellas involucran.



 

La comunión con Dios y la adhesión a El conllevan como efecto necesario el cumplimiento de los deberes humanos y la obligación de 1-a solidaridad, por que todo esto responde a la voluntad salvadora de Dios (GS, 4).

 

Por lo tanto la catequesis debe favorecer e ilustrar el incremento de la caridad teologal tanto en cada uno de los fieles como en las comunidades eclesiales, lo mismo que las obras que de esa virtud dimanan en los deberes de cada uno y de la comunidad.



 

CATEQUESIS Y CONOCIMIENTO DE LA FE

 

24. El hombre maduro en la fe conoce el misterio de la salvación revelado en Cristo y los milagros y hechos divinos que prueban que este misterio se realiza en la historia humana. Por tanto, no basta que la catequesis excite solo una experiencia religiosa, aunque sea verdadera, sino que debe llevar a percibir poco a poco toda la verdad del plan divino, enseñando a los fieles a leer las Sagradas Escrituras y a conocer la tradición.



 

CATEQUESIS Y VIDA DE ORACION LITURGICA Y PRIVADA

 

25. "Toda celebración litúrgica, por obra de Cristo Sacerdote y de su cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia cuya eficacia con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia" (SC, 7). Pero la comunidad cristiana, cuanto más madura en la fe, vive el culto en espíritu y en verdad principalmente en las celebraciones litúrgicas eucarísticas (Jn, 4,23).



 

La catequesis por tanto, debe ayudar a una participación activa, consciente y genuina de la liturgia de la Iglesia, no solamente explicando la significación de los ritos sino educando a los fieles en la oración, la acción de gracias, la penitencia, la petición confiada, el sentido comunitario y el sentido de los simbolos: cosas todas necesarias para que haya una verdadera vida litúrgica.

 

"Con todo, la participación en la sagrada liturgia no abarca toda la vida espiritual. En efecto, el cristiano, llamado a orar en común, debe no obstante, entrar también en su cuarto para orar al Padre en secreto (Mt. 6,6) más aún, debe orar sin tregua, según enseña el Apóstol, (1 Tes. 5,17) orad sin interrupción" (SC. 12).



 

Por tanto la catequesis debe educar a los cristianos a meditar la palabra de Dios y a rezar en privado.

 

LA CATEQUESIS Y LA ILUMINACION CRISTIANA DE LA EXISTENCIA HUMANA

 

26. El hombre ya maduro en 1-a fe puede reconocer en las distintas circunstancias y encuentros con el prójimo la invitación de Dios que lo llama a acogerse a su plan de salvación.



 

A la catequesis toca, pues, aclarar esta idea, enseñando a los cristianos la cristiana interpretación de las cosas humanas, principalmente los signos de los tiempos, de manera que todos "se capaciten para examinar e interpretar todas las cosas con integro sentido cristiano" (GS. 62).

 

LA CATEQUESIS Y LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

 

27. Las comunidades de los fieles, según las circunstancias, deben participar en el diálogo ecuménico y en los demás proyectos referentes a la restauración de la unidad cristiana (tJR. 5).



 

Por eso conviene que la catequesis preste su ayuda a esta causa, (UR. 6) exponiendo con claridad toda la doctrina de la Iglesia, (UR. 11) procurando un conocimiento adecuado de las otras confesiones tanto en los puntos que coinciden con la fe católica como en los que difieren; pero en este asunto hay que evitar las palabras y los modos de exponer la doctrina "que puedan inducir a los hermanos separados o a cualesquiera otras personas a algún error acerca de la verdadera doctrina de la Iglesia" (LG. 67); guárdese el orden y la jerarquía de las verdades de la doctrina católica; pero propónganse los argumentos en favor de la doctrina católica con caridad a la vez que con firmeza. (UR. 11; AG. 15; Ad Ecclesiam totam, 14 mayo 1967, AAS. 1967, p. 574-592).

 

LA CATEQUESIS Y LA MISION DE LA IGLESIA EN EL MUNDO

 

28. La Iglesia en ‘Cristo es como el sacramento o el signo y el instrumento de salvación y de unidad de la humanidad entera (LG. 1). Y en este sentido es ‘tanto más visible cuanto más maduras en la fe aparecen las comunidades de los fieles,



 

La catequesis debe ayudar a estas comunidades a propagar la luz del Evangelio y a entablar diálogo fructífero con los hombres y las culturas no cristianas dentro de 1-a libertad religiosa bien entendida (DH; AG. 22).

 

LA CATEQUESIS Y LA ESPERANZA ESCATOLOGICA

 

29. El hombre maduro en la fe dirige sus pensamientos y deseos a la plena consumación del Reino en la vida eterna.



 

De aquí que la catequesis deba dirigir la esperanza de los hombres hacia los bienes futuros que nos reserva la Jerusalén Celestial, pero invitándolos a la vez a colaborar con el prójimo en las tareas que tienen- al mejoramiento de la sociedad (GS.

39, 40-43).

 

LA CATEQUESIS Y EL PROGRÈSO DE LA VIDA DE FE

 

30. En los fieles la fe se presenta más o menos desarrollada según- la gracia que el Espíritu Santo da a cada uno y que hay que obtener mediante la oración constante, y según la respuesta que cada quien da a esa gracia (Mr. 9,23).



 

Además la vida de la fe reviste diversas formas según evoluciona la existencia del individuo, a medida que alcanza la madurez y va asumiendo responsabilidades. Por tanto la vida de fe admite varios grados sea que se considere la aceptación global de toda la palabra de Dios, sea que se considere su explicación y aplicación a los diferentes compromisos correspondientes a la edad y a la índole propia de cada hombre (n. 38).

 

Lo que significa que esas formas cambiarán según se trate de párvulos, de niños, de adolescentes, de jóvenes o de adultos.



 

La catequesis debe ayudar al nacimiento y al progreso de esa vida de fe a lo largo de toda la existencia hasta la plena explicación de la verdad revelada y su aplicación a la vida.

 

RIQUEZA DE LA ACCION CATEQUISTA

 

31. La catequesis se dirige a la comunidad sin olvidar a los fieles en particular. Ella se une a las otras actividades pastorales de la Iglesia pero conserva su índole específica, y cumple a un mismo tiempo su deber de iniciación, de educación y enseñanza.



 

Mucho interesa que la catequesis conserve esta riqueza de aspectos sin que uno se desarrolle más con detrimento de otros.

 

EFICACIA DE LA PALABRA DE DIOS EN LA CATEQUESIS

 

32. Recuerde la catequesis aquella expresión de la Sagrada Escritura: "Viva y eficaz es la palabra de Dios" (Heb. 4,12).



 

Esta palabra divina se hace presente en la catequesis por medio de la palabra humana. Mas para que sea fructífera y produzca en el hombre sentimientos capaces de descartar en él la incertidumbre y la indiferencia, moviéndole -a abrazar la fe, la catequesis debe expresar fiel y adecuadamente la palabra de Dios. Pero téngase siempre presente que a la eficacia de 1-a catequesis contribuye enormemente el testimonio de vida del catequista y el de la comunidad eclesial (n. 35).

 

La catequesis, por tanto, debe trasmitir la palabra de Dios como la Iglesia la propone y en el lenguaje de los hombres a quienes se dirige (DV. 13; OT. 16). Cuando Dios se reveló a la humanidad se expresó en palabras humanas y en el lenguaje propio de la cultura del tiempo. (Cfr. DV. 12).



 

La Iglesia a la cual Cristo confió el depósito de su revelación, se esfuerza por trasmitirlo hasta el fin de los siglos, explicándolo e interpretándolo de una manera viva y adaptada a los pueblos de cualquier cultura y a los hombres de toda condición.

 

LA PEDAGOGIA DE DIOS QUE REVELA Y DE LA IGLESIA QUE CATE QUIZA

 

33. Dios en la Historia de la Revelación usó de una pedagogía para anunciar en el A.T. sus designios de salvación por medio de profecías y figuras que preparan la venida de su . Hijo, autor y consumador de la Fe en el N. T. (Hebr. 12,2).



 

Pero ahora, después de la consumación de la revelación, la Iglesia debe predicar todo el misterio de nuestra salvación en Cristo. Y, sin olvidar la pedagogía usada por Dios, debe acomodar la suya a las nuevas exigencias que hoy confronta el mensaje, para que éste, propuesto sin adulteración ni mutilación, se adapte a la índole de los catequizados.

 

Por tanto, mientras por una parte se adapta a las mentalidades menos cultas y les expone las esas de manera simple y breve, mediante fórmulas sumarias que puedan explicarse más tarde, por la otra procura acomodarse a las inteligencias más desarrolladas que exigen explicaciones más profundas.



 

FIDELIDAD A DIOS Y AL HOMBRE

 

34. La catequesis guarda fidelidad a la palabra de Dios y a su expresión (DV. 24). Sacando la verdad de la palabra de Dios, con plena adhesión a la expresión segura de esta palabra, la catequesis intenta enseñar la palabra de Dios con toda fidelidad.



De todos modos su tarea no se limita a repetir las fórmulas tradicionales, sino que exige que estas sean adecuadamente comprendidas y que, según las necesidades se reexpresen fielmente en un lenguaje adaptado a los oyentes.

 

El lenguaje, por tanto, será diferente según las edades, las condiciones sociales, la cultura y la civilización (DV. 8; CD, 14).



 

NECESIDAD DEL TESTIMONIO ECLESIAL

 

35. La Catequesis por último pide, tanto’ a los catequistas como a la comunidad eclesial, el testimonio de la fe acompañado del ejemplo de una auténtica vida cristiana y de capacidad para el sacrificio (16. 12,17; NA. 2).



 

El encuentro del hombre con Cristo se efectúa no solo por medio del sagrado ministerio, sino por medio de los fieles y sus comunidades (LG. 35), que están, por tanto, obligadas a dar testimonio. Si falta este testimonio se pone a los oyentes un obstáculo para que acepten la palabra de Dios, ya que la catequesis puede hablar con más eficacia de las cosas que hace visible la comunidad. El catequista es como- un intérprete de la Iglesia ante los catequizados. El lee y enseña a leer los signos de la fe de los cuales el principal es la misma Iglesia (Concil. Vat. 1, Const. Dei Filius, Dz. Sch. 3014).

 

- De todo esto se desprende cuan necesario es que la comunidad eclesial según las enseñanzas de la Iglesia y guiada por sus Pastores evite o corrija todo aquello que pueda deformar la imagen de la Iglesia, convirtiéndola en obstáculo para que los hombres abracen la fe (GS. 19).



 

Los catequistas, por tanto, ‘tienen obligación de trasmitir la fe, pero la tienen también de dar su aporte a la comunidad eclesial de modo que ésta dé un genuino testimonio cristiano.

 

La acción catequística por tanto se encuadra en la acción pastoral general que ordena y coordina todos los elementos de vida eclesial (GS. 4, 7, 43).



 

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