Dimorfismo sexual en las culturas primitivas Traducción de la referata presentada en el curso 1958 en el Instituto de Etnología del profesor Hermann Bauman1 Tema general propuesto: el dimorfismo sexual en las culturas primitivas



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Dimorfismo sexual en las culturas primitivas Traducción de la referata presentada en el curso 1958 en el Instituto de Etnología del profesor Hermann Bauman1

Tema general propuesto: el dimorfismo sexual en las culturas primitivas.
¿Cómo se recoge en la imagen del hombre que han desarrollado las culturas primitivas el fenómeno del dimorfismo sexual? ¿Se utiliza de algún modo ese dimorfismo sexual en la organización del grupo humano? ¿Se transfiere a la imagen del mundo? ¿Aparece en la imagen de Dios? ¿Qué otros múltiples usos se hace de él?
precisiones: 1º no se trata - o también, pero sólo ramalmente, floralmente, de exponer los conocimientos pre y científicos alcanzados. ejemplo, nuestra propia sociedad.
2º restricción del tema general
a) los primitivos de cultura menos diferenciada, los pueblos marginales y pueblos resto, recogen el dimorfismo sexual sin otorgarle mayor importancia, sin utilizarlo en la organización del mundo social, sin reflejarlo en la imagen del mundo.

pigmeos y pigmoides de Africa y de Asia, fueguinos, esquima­les, cazadores de N. América, ¿bosquimanos australianos?


división de trabajo - caza recolección; ligera superioridad del hombre compensada por el predominio económico de la mu­jer, igualdad de derechos, monogamia.

la traslación a la imagen del mundo del dimorfismo sexual no se realiza; la imagen de dios, asexuada.

b) la inmensa mayoría de los primitivos, en especial los pueblos agricultores y sus vecinos, conciben el dimorfismo sexual como un antagonismo permanente que atraviesa toda su cultura y que sólo se suspende o se supera en el acto sexual mismo y en los cultos de la fertilidad.
I formas menos diferenciadas: totemismo de sexos -Australia, semang- totems separados; irrisión y occisión del tótem del sexo opuesto; iniciaciones.

mitos culturales -austra­lianos, fueguinos- con los que hombres y mujeres se disputan la prioridad en el hallazgo de ciertos bienes culturales.

separación de sexos: casas de hombres -California-; ligas cultuales.
II formas más evolucionadas, que van desde el simple antago­nismo permanente pero libre de hostilidad hasta el antago­nismo hostil y activo y que en su último estadio podrían quizá estar representadas por el desprecio y por la opre­sión de que uno de los grupos, normalmente el de los hom­bres, hace objeto al otro, por lo regular el de las muje­res.
Se manifiestan:
a) en las restricciones puestas al libre contacto entre los sexos y que conducen a la separación de éstos.
1. temporal: comidas separadas en grandes zonas de Africa, Polinesia, Australia, Asia septentrional.
menús distintos: Nuevas Hébridas, los hombres sólo comen animales machos, las mujeres anima­les hem­bras.
de habitación: especialmente en Melanesia, Nuevas Hébridas; en Malekula, el poblado tiene dos partes, separadas por un tabique de hojas a un lado, casa de hombres, a otros chozas de mujeres. En América abundan los casos simila­res: los kagaba de Colombia.

en ocasiones varias vg. culto: iglesia.


2. permanente: restringida a ciertas clases: los kagaba colom­bianos, sacerdotes (sobre todo novicios) y caudillos.
generalizada: Nueva Guinea, papua digul: casa divinidad con ventano; no se hablan; trabajo por separado; danzas separadas; caminos y plan­tación; circunstancias similares en América, vg. wapishano de Guayana.
escatológica: trasmundos separados: Australia 30.

reencarnación separada: Australia, euahlayi: hombres, animales; mujeres, plantas.

nambiquara: hombres, jaguares; mujeres, lleva­das por viento y trueno.
b) en la lucha, más o menos ceremonial de los sexos.
1. invectivas, dicterios, bromas obscenas.

2. peleas tras el nacimiento de un nio: Nueva Irlanda.

antes o después de la siembra o de la cosecha: Afri­ca occidental.

cuerda en las fiestas del Ao Nuevo, Japón.

3. danzas
fundamento de estas luchas, la creencia de que hombres y muje­res poseen fuerzas de signo opuesto, que se destruyen: igah e ileo de Malekula, Melanesia
c) en la organización del mundo humano: división del trabajo, vg. Nueva Caledonia.






VARONES

HEMBRAS

ARCILLA Y PIEDRA

Pulimiento del ja­de, hachas, colla­res
Utiles de piedra
Conchas para ador­nos

Cerámica
Raederas

FIBRAS

Tela de cortezas
Cordelería
Espartería fina, ornamental
Redes

Fibra torcida
Lianas y juncos
Cestería y chozas

Esteras


MADERA

Apeo y todos los trabajos

Lea y corteza

CULTIVOS

Roturación, irriga­ción, terrazas
Siembra y recolec­ción de ames

Labores culturales

Siembra y recolec­ción de otros pro­ductos



PESCA EN MAR LIBRE




Marisqueo

CAZA




Captura de larvas, animales

GUERRA

es cosa de hombres




MUSICA

Interpretación

Fabricación instru­mentos

es muy común la división de instrumentos (incluso para un mismo uso) la división de herencias.


d) el antagonismo varones - hembras se traslada a la imagen del mundo como principio clasificatorio.

jívaro y canella ecuatorianos plantas y animales del hombre (vg. estimulantes, narcóticos, maíz) y de la mujer (alimenti­cias menos maíz)


Nueva Guinea plantas secas - sol - varones

húmedas - lluvia - hembras


Melanesia, Nuevas Hébridas.
Sin embargo, son mucho más numerosos los casos en que el anta­gonismo es más sutil, menos perceptible y se manifiesta sólo en el desprecio que un grupo siente por el otro y en la opresión de que le hace objeto.
Su fundamento parece estar en la creencia de que hombre y mujer son portadores de fuerzas antagónicas que se destruyen mutuamente.
Es común hasta ser casi universal el aborrecimiento de los hombres por la sangre menstrual femenina, daina para todas las actividades viriles pese a que o precisamente porque generalmente se piensa que la sangre es la materia fecunda (fuerte) de la mujer (ver Levítico 15,)
maori: luna - marido; menstruación - aborto; destroza el mana de los hombres
la mujer queda sujeta a tabús; se venga infringiéndolos
La mujer se identifica con lo profano, daino, con la enferme­dad, con la muerte; su nacimiento se acompaa con llantos.
La mujer, portadora de fuerzas dainas específicas (Africa, Melanesia) localizadas en sus genitales (papua kiwai) (imbum del Camerún); los papua gelaria creen que posee un alma - sombra que, cuando ha parido - alcanzado su estatuto de mujer, puede enviar a su gusto para producir enfermedades; los imbum, que sólo las mujeres pueden ser brujas.

lunda y luena del NO de Rodesia: fuerza mágica benéfica de los hombres, daina de las mujeres

nupe de Nigeria: alma sombra y alma vida, el alma sombra de las mujeres se alimenta de almas vida (de hombres?); las mujeres, sociedad de brujas; los hombres, inquisición.

djukum (vecinos), ganda del Africa oriental, e innumerables mi­tos, Pandora, Eva, mujer origen del mal.


Recapitulación
1ª conf.
Hemos querido presentar el fondo sobre el que destacan el conjunto de ideas, prácticas, instituciones, creencias a que vamos a dedicar nuestra atención en lecciones venideras. Pero el efecto de contraste que buscamos se perdería si ahora cambiásemos bruscamente de escala en la exposición y, tras de haber expuesto grosera y fugazmente un esbozo de los rasgos más característicos del antagonismo sexual comenzáramos a hablar prolija y circuns­tanciadamente de ese otro modo de dar cuenta de y utilizar el dimorfismo sexual que, superándolo por vía de conjunción pretende alcanzar la plenitud, restaurando la originaria. Lo metódicamente indicado parece pues, para que no aparezcan como diferencias del mapa las que no son más que diferencias de la escala, recorrer con la misma brevedad la superficie sobre la que andaremos este curso. Otra posterior detenida y prolongada excursión habrá de seguir por esta misma ruta. Pero ahora la transitaremos con la misma fugacidad con que hemos pasado por los caminos del antago­nismo sexual.
De ello sacaremos un doble provecho: posibilitar la compara­ción al conservar la escala; y programar el camino con algo más de detalle.
Una ventaja subsidiaria: dar elementos de juicio, porque la opción sigue abierta.
De la infinidad de pueblos naturales que aceptan el dimorfismo se­xual como inoperante fuera de sus niveles inmediatos y sobre todo, de aquellos otros que lo conciben como un antagonismo fun­damental que escinde la vida del grupo en dos mitades inconcilia­bles, se destacan ciertos grupos no muy numerosos que en sus ideas e instituciones revelan una concepción enteramente distin­ta. Interesa notar que esta nueva concepción no es exclusiva. En todos estos grupos presentan huellas más o menos marcadas de las posturas anteriores.
Cosmogonía. En un principio, existía una sustancia primordial, o cierto(s) dios(es) que reunían en sí los principios masculino y femenino.
Antropogonía. Ser primordial bisexuado o de sexo impreciso de cuya división nacen el hombre y la mujer.
Antropología. Tanto en el cuerpo como en el alma del hombre se unen lo femenino y lo masculino; en los puntos críticos de la vida el hombre se esfuerza por incorporarse los principios sexuales masculino y femenino para alcanzar una mayor eficacia.
Los hombres que presentan anormalidades sexuales y en especial hermafroditismo se consideran, como posee­dores de fuerzas especiales, más adecuados para el desempeo de algunas funciones clave para la vida del grupo.
La postura que se limitaba a aceptar el dimorfismo sexual sin trasladarlo a estos niveles la dimos por propia de los pueblos depredadores; aquella que hacía de él un antagonismo fundamental que informaba numerosos aspectos de la vida del grupo, la vincu­lamos especialmente a los plantadores tropicales. Esta tercera para la que lo primordial, lo verdaderamente grande y valioso es el cosmos bisexuado, el hombre bisexuado, la unión de los dos sexos, se encuentra sobre todo en ese cinturón que abarca desde el Mediterráneo oriental hasta el Extremo Oriente con prolonga­ciones de una parte del Sudán y en el Africa Oriental, de otra en el Asia Central y Septentrional, de otra en Indonesia, Polinesia y en América Central. O sea en el área en que se han desarrollado altas culturas arcaicas o que de un modo u otro han estado bajo la influencia de altas culturas. Es el único denominador común de los territorios estado que no tienen unidad geográfica ni econó­mica.
El primer fenómeno al que habremos de dedicar nuestra atención es el de la inversión sexual requerida como condición indispensa­ble o al menos estimada como favorable para el desempeo de cier­tas funciones específicas, centrales para la vida del grupo, cultuales preferentemente. Se expresa aquí la creencia del grupo de que la bisexualidad, si no es el modo óptimo del ser humano, si es al menos el signo de una existencia especialmente poderosa y eficaz.
Como veremos, se trata por lo general de hombres en los que los caracteres sexuales (más los psíquicos que los físicos, y de estos, más los secundarios que los primarios) apa­recen atenuados o mezclados. No faltan tampoco los auténticos hermafroditas. Por lo general, se les selecciona y segrega tan pronto como se apre­cia esa anormalidad, de nios todavía, y se les da una educación adecuada para acentuar sus tendencias, vis­tiéndoles o haciéndoles comportarse como corresponde al otro sexo. Desempeñan funciones cultuales predominantemente, pero también otras vinculadas con éstas: danzas, cánticos, teatro. La postura del grupo respecto de ellos es ambivalente, mezcla de respeto, temor y desprecio, pero el sentimiento dominante es la veneración.
Un mapa de la inversión sexual de carácter ritual mostraría los siguientes centros de frecuencia: SE de Europa, Oriente Próximo, NE de Africa y SO de Africa, Asia meri­dional y del SE, Asia septentrional, Micronesia y Polinesia, Madagascar y los plantadores de N. y S. América vecinos a las altas culturas.
Uno de los medios que se utilizan para asegurar la inversión sexual permanente es el cambio de vestimenta, segundo fenómeno de que vamos a ocuparnos. Junto a los travestidos permanentes, que son los sacerdotes invertidos, existen otros travestidos ocasio­nales que adoptan episódica y temporalmente la vestimenta del sexo opuesto para incorporarse así sus cualidades y potencias en ciertos momentos críticos de la vida. No debe creerse que la adopción de la vestimenta opere tan sólo a un nivel visible (i­dentificación con el sexo opuesto a través de la sumisión a su deformación corporal distintiva); la vestimenta es como el recep­táculo de donde se retienen y acumulan determinados principios vitales físicos (sudor, secreciones, forma de un cuerpo concreto) y entrar en contacto con ellos, mezclarlos con los propios, es incorporarse justamente los principios activos del sexo opuesto. Por eso consideraremos dentro de este apartado esos otros usos de reunificación temporal de los sexos lograda a través de la inges­tión o del tacto de ciertos receptáculos de fuerza vital tales como la sangre, la saliva, el esperma, las secreciones, genita­les, las partes sexuales, la orina, el sudor, los excrementos, los cabellos, las uñas, el aliento.
La distribución cartográfica de todos estos usos resulta prácticamente imposible: es demasiado extensa y poco coherente. Con la misma dificultad tropezaríamos si intentásemos presentar una interpretación histórico cultural. Es sin embargo interesante notar que todos estos usos representan justamente la postura simétrica pero inversa a la del temor a la sangre mens­trual y a Levítico 15.
Incomparablemente menos extendidas aparecen las ideas de que todo ser humano alberga, está constituido por dos principios vita­les un alma hombre y un alma mujer. El substrato corporal del alma hombre no se localiza nunca en la sangre; predominantemente se piensa que reside en el semen, en la saliva, en la cabeza, en los huesos; normalmente se piensa que es un alma sólo debilmente ligada a ese substrato, puesto que puede moverse, es activa y consciente. En cuanto al alma mujer está ligada a la carne y a la sangre y es más pasiva y menos consciente.
Sumo interés tienen dentro de este contexto las especulaciones primitivas acerca de la procreación. El nuevo ser recibe su san­gre y su carne de la madre, sus huesos y la médula del padre. Esta antropología que desarrolla las ideas básicas de la bisexua­lidad del ser humano se corresponde en algunos casos, especial­mente en Africa con una organización social de sistemas duales igualmente bisexuada. Todo hombre pertenece a dos grupos, paterno y materno. Las funciones que esos dos grupos desempeñan presentan las mismas características que poseen las dos almas, el alma - hombre y el alma - mujer.
Hombre: movilidad, fuerte relación con la esfera mítico religiosa - sol, colores claros, sociedades secretas, tótem, culto divino.

Mujer:pasividad, relaciones jurídico-sociales, antepasados.


Como anticipábamos, la difusión de estas ideas es mucho menor que la de los usos a que antes nos referimos. No las hallamos mas que en Africa y en Eurasia. Faltan (aun?) en todos los Mares del Sur y en América.
En la antropología, en la teogonía y en la cosmogonía de aque­llos pueblos que, como acabamos de ver, han desarrollado una imagen andrógina del hombre, domina un motivo básico: el de la existencia originaria de unidades indivisas, asexuadas o bisexua­das, cuya excisión en mitad hombre, mitad mujer, dio origen, según qué mitos, al mundo, al hombre, a los dioses. De modo ex­plícito a veces, y otras no tan explícito, lo que esta mitología parece ofrecer como meta de todo cuanto existe es o la recupera­ción de aquella unidad originaria o su restauración en otro plano superior.
Suelen estos mitos narrar como en un principio existía un ser de forma aproximadamente esférica -un punto unas veces, o un huevo más frecuentemente- que por sí mismo o por intervención de algún ser exterior o interior, se separó en hombre y mujer, o en cielo y tierra. En relación con este tema está la vinculación de lo alto - derecha con lo masculino y de lo bajo - izquierda con lo femenino. En las teogonías es muy frecuente que sobre los dos dioses sexuados resultantes de la separación permanezca activo un dios superior bisexuado, que forma con ellos una trinidad. Josef Leo Seifert, Sinndentung des Mythos. Die Trinität in den Mythen der Urvölker. Herold, Viena. Más común es, sin embargo, el tema de los padres del mundo.
Pero lo que en este esbozo previo inte­resa sobremanera resal­tar es que el pensamiento que subyace a esta identidad temática de antropogonía y cosmogonía - teogonía es el del paralelismo macrocosmos - microcosmos, paralelismo no libre sino condicionado por la intuición que lo ha hecho posible, pre­cisamente por la traslación del dimorfismo sexual, en suma, por su utilización como principio clasificatorio aplicable a realida­des en las que per se no resulta perceptible.
La división cósmica arriba - abajo se corres­ponde con la humana hombre - mujer y se funde con ella: así el cielo es padre y la tierra madre; pero a la vez la división hom­bre - mujer se funde con la división cielo - tierra; el hombre es cielo, la mujer tierra; el alma hombre de que hablábamos es alma del cielo, el alma mujer de la carne y de la sangre es alma de la tierra.
Surge así un sistema de categorías polares cuya capacidad de extensión parece prácticamente ilimitada.
El área de difusión de esta mitología de la bisexualidad coin­cide, más claramente aún que la de los restantes fenómenos hasta aquí considerados, con la de las altas cultura arcaicas y sus territorios coloniales.
La inversión sexual permanente como condición necesaria o favora­ble para el desempeño de funciones cultuales
F. Karsch - Haack, Das gleichgeschlechtliche Leben der Naturvölker, Munich 1911.
H. Baumann, Das doppelte Geschlecht, Berlín 1955.
J. Frazer, Golden Bough, 3ª ed. vol. III p. 428-34.
R. Lowie, Primitive Religion, Nueva York 1922.
M. A. Czaplizka, Aboriginal Siberia, Oxford 1914.
Poco material nuevo que no fuera conocido ya de Karsch - Ha­ack: los colonizadores no mostraron la menor tolerancia. Balboa y los perros.
De ASIA SEPTENTRIONAL es de donde poseemos los mejores infor­mes y los más numerosos.
Chukchee Waldemar Bogoras, The chukchee religion, N. Y. 1907 p. 488 ss. (fruto de su trabajo en la Jesup North - Pacific Expedi­tion). Abundantes y detalladas noticias de la inversión sexual de los chamanes, tanto varones como hembras.
Noticia etnográfica sobre los chukche y los coriaco;
chukche: península Chukche o de Chukots en Mar de Bering; hasta el Omolon, afluente del Kolima, y hasta la mitad de Kamchatka. Cerca de 13.000.
coriaco: istmo de Kamchatka, costas del Mar de Bering.
asociación de la pesca con la cría del reno; poblados de pescado­res costeros y, en el interior, campamentos de pastores; alter­nancia de ocupaciones.
cría del reno: domesticación incompleta, animales semisalvajes que engordan más pronto; rebaños enormes.
restricción del hábitat: pacen libremente; los criadores les siguen de pasto en pasto; el perro les ataca; el lazo, único modo de aproximarlos.

protección contra animales de presa, escasa o nula.

no se les suministra alimentos ni agua; los chukche llevan consi­go bolsa de cuero con orina para atraerlos.

control de la reproducción; permiten que los machos salvajes se acerquen al rebaño. Estiman sus crías.

otros aspectos; muerte por lanzada al corazón.

aprovechamiento: sólo carne; los rebaños inmensos pueden ser controlados adecuadamente porque la única exigencia es la dispo­nibilidad de carne.

consumo de leche, inexistente

empleo de piel, huesos, tendones, grasa, subsidiario.

tiro, sólo con renos tungús; normalmente con perros.
Excurso sobre el chamanismo
Cf. Mircea Eliade, El chamanismo, México, F.C.E. 1960. H. Findei­sen, Schamanentum, Stuttgart 1957.
Técnica extática, de rasgos muy arcaicos, característica del Asia central y septentrional; algunos de sus elementos caracte­rísticos se reencuentran en América del N. y central, así como en Indonesia y en Oceanía. El uso indiscriminado del término para designar otras formas de éxtasis halladas en religiones primiti­vas ha creado notable confusión.

TRES EQUIVOCOS
Debe notarse que ni lo que llamamos chamanismo agota la reli­gión toda del Asia central y septentrional, ni el chamán es allí el único especialista religiosos. Más: que la función del chamán no se restringe a lo puramente religioso.
a) coexisten con él otros especialistas en la manipu­lación de lo sagrado: sacerdotes sacrificadores, pater fami­lias.

b) la religión de estos pueblos incluye la creencia en un dios celeste ocioso, un número variable, de 7 a 99, de hijos - mensajeros del dios celeste; un culto del fuego, un ritual de la caza y una compleja esca­tología con culto de los ante­pasa­dos.

c) el chamán es además guía político y hasta militar. Oposición a Gengis-Khan; a los zares; al P.C.
Su especial prestigio y considerable influencia proceden:
a) del modo de adquisición de sus poderes chamánicos, que tanto si se trata de chamanes por herencia fami­liar, como por elección del clan o por decisión personal, incluye necesariamente una vocación y una instrucción extáticas de suma dureza.
Cántico de un chamán de Yenissei - Tunguska, recogi­do por Findeisen:

Kingät me ha dejado sus espíritus del aire

oh, oídme!

Este es el fin de la última palabra.

Antes un gran chamán me dejó sus palabras

ahora vienen a mi las palabras de los espíritus.

Antes yo no tenía memoria

Antes os decía el final de la última palabra

como a mí me lo habían dicho.

En verdad ser chamán es tan sólo una desdicha.


b) de las técnicas variadas y complejas que llega a poseer, adquiridas en un prolongado aprendizaje.
Esa vocación y esas técnicas son garantía de la muy especial relación del chamán con el mundo sobrenatural.
a) vocación: el chamán es un mediador entre el hombre y los seres sobrehumanos. Su vocación es una auténtica nupcia sacra con un espíritu.
b) técnica: el chamán conoce el modo de llegar desde este mundo al otro, superior o inferior.
Esa relación matrimonial y viajera da al chamán acceso exclu­sivo a zonas reservadas de lo sagrado:

a) vía matrimonial


1 protección del grupo contra sus superiores malévo­los.

2 abundancia de caza

3 adivinación
b) viaje del chamán al cielo y al mundo inferior
1 curación de enfermedades. No todas: parto distóci­co, esterilidad; fiebre recurrente, varicela, sífilis, mentales

2 conducción de las almas de los muertos

3 conducción de los animales sacrificados (caballo).
La inversión sexual no es en absoluto un rasgo constante de los chamanes; pero sí es frecuente y en todo caso los chamanes invertidos son especialmente venerados y temidos como peligrosos. Hasta sus colegas no invertidos los temen.
La inversión de los chamanes varones ("hombres blandos") es más común. Es un kalet ("espíritu", Bogoras) el que la reclama. Los jóvenes novicios temen extremadamente esa solicitud. Se pro­duce gradualmente: primero cambiar su peinado, luego su vestidu­ra. A veces se quedan aquí. Por estos dos primeros grados han de pasar a veces por prescripción terapéutica del chamán determina­dos enfermos. Luego "el joven abandona el comportamiento propio de su sexo y adopta el de la mujer. Deja a un lado armas y lanza, el lazo con que pastoreaba los renos, el arpón con que pescaba y toma la aguja y la raedera. Pronto aprende a usarlas, pues los espíritus le ayudan. Pierde su voz viril y habla como las muje­res. A la vez, su cuerpo cambia, si no exteriormente, si en sus facultades y en su rigor. Pierde su fuerza, la rapidez de sus pies, su resistencia en la lucha y queda débil e inerme como una mujer. Su valor y su espíritu de lucha se apagan y se hace tímido y chismoso, se aficiona a los niños. Se transforma en una mujer con aspecto hombruno... Pero el más importante de los cambios es precisamente la inversión sexual. El hombre blando comienza a sentir emociones de mujer. Busca los favores de los hombres y con ayuda de los espíritus lo consigue. Así conquista a cuantos hom­bres jóvenes desea. Entre ellos elige un amante y, pasado algún tiempo, toma un esposo. La boda se celebra con el ritual de cos­tumbre y debo decir que es una unión duradera, que no se deshace hasta la muerte de los cónyuges. El matrimonio vive como los demás. El marido cuida de los rebaños, va a cazar y a pescar, mientras que la mujer se ocupa de la casa. Cohabitan de un modo perverso y al "hombre blando" le corresponde siempre el papel pasivo.
Algunos "hombres blandos" pierden por entero sus instintos varoniles, pero otros los conservan y tienen amantes e hijos.

Además de su esposo humano, los hombres blandos, como los restantes chamanes, tienen un cónyuge sobrehumano. Pero l suyo es también varón, y resulta el verdadero dueño de la casa. Singular "mariage  trois ou  quatre".


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