Dimensiones de la Gestión del Conocimiento



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Dimensiones de la Gestión del Conocimiento

Cap. I del libro: A. Pérez Lindo; L. Ruiz Moreno; C. Varela; F. Grosso; C. Camós; A. M. Trottini; M.L. Burke; S. Darin (2005), Gestión del conocimiento. Un nuevo enfoque aplicable a las organizaciones y a la universidad, Editorial Norma, Buenos Aires


Augusto PEREZ LINDO



Dr. en Filosofía, Director de la Maestría en Políticas y Gestión Universitaria en el MERCOSUR, Universidad Nacional de Lomas de Zamora, Profesor de la Maestría en Gestión Universitaria de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
RESUMEN
En este trabajo se analizan los distintos aspectos del concepto de gestión del conocimiento aplicado a la Universidad. Se comparan los usos que puede tener el concepto en las organizaciones empresariales y en el ámbito universitario. Se trata de identificar los modelos de conocimientos subyacentes en distintas concepciones universitarias y en la definición de fines, misiones y funciones. Se sostiene que la gestión del conocimiento está asociada con el modo de articulación que cada universidad establece con la sociedad, la economía y el Estado. Se trata de mostrar como en la base de los modelos de gestión universitaria subyacen teorías del conocimiento. Se considera indispensable por lo tanto introducir una reflexión epistemológica para elucidar el modo de gestión de los conocimientos en la universidad. Por último, se proponen opciones y condiciones para desarrollar la gestión del conocimiento en la universidad.



  1. La formación de un concepto

En los años 90 "la gestión del conocimiento” apareció como una novedad en las grandes empresas y algunos comenzaron a aplicar ese enfoque a la administración universitaria. Aparentemente, la extensión de esta nueva cultura organizacional a diversos ámbitos tiene que ver con el despliegue de la “sociedad del conocimiento” que ya había anunciado Peter Drucker en Las nuevas realidades1.



Muchas empresas involucradas en proyectos de investigación, de innovación tecnológica o cultural pueden ser analizadas como entidades que administran, producen y transfieren conocimientos. Conocidos centros de investigación de empresas y fundaciones operan de acuerdo con los criterios que exige la comunidad científica. Entonces la pregunta es: ¿en qué se distinguen y en qué se aproximan la gestión del conocimiento en la empresa y en la universidad?.
Ante todo debemos reconocer que no todas las universidades están involucradas en la creación y legitimación de conocimientos. En Estados Unidos las “research universities” suman poco más de un centenar contra unas 2.800 instituciones de educación superior que se dedican a la formación de profesionales o a la formación básica.
En todo el mundo las universidades tienen como una tarea central formar profesionales y especialistas de distintas disciplinas. Además, suelen brindar servicios, generar nuevas tecnologías o realizar tareas de extensión cultural. A veces se interesan particularmente por la formación de dirigentes y por lo tanto ponen el acento en las creencias y actitudes. Las distintas actividades movilizan investigadores, profesores, estudiantes, funcionarios y empleados. El entorno que religa a todos estos actores puede ser una cultura del conocimiento, un conjunto de principios morales o religiosos, una estructura burocrática o simplemente un conglomerado de cursos. Cada universidad posee una cultura organizacional distintiva y aunque la transmisión de conocimientos interviene en muchas de las actividades la cultura del saber no siempre constituye el principio orientador. Como se verá en este trabajo una de las tareas pendientes es hacer explícito el saber “tácito” que las universidades transmiten.2
Mientras que en la empresa la preocupación principal es la gestión de los recursos humanos y materiales de manera inteligente en la universidad todo está vinculado a modelos de conocimiento , desde el currículo hasta el perfil del docente, desde el sistema de gobierno hasta el modo de relacionarse con la sociedad. Burton Clark traduce de la siguiente manera lo que muchos autores creen al respecto: “En cualquier sociedad encontraremos que el trabajo académico se organiza en torno a materiales cuya naturaleza es singularmente intelectual. Las sustancias de la educación superior son totalmente distintas de las que se encuentran en las organizaciones industriales, las oficinas gubernamentales y las diversas agencias civiles de carácter no lucrativo3
Una de las cosas sorprendentes de los procesos actuales es que las empresas descubren la importancia de lo cognitivo mientras que las universidades descubren la importancia de lo productivo. Se puede reconocer en esto uno de los aspectos de lo que ha dado en llamar “sociedad del conocimiento” donde confluyen las innovaciones científicas y tecnológicas junto a la centralidad de los procesos de gestión y producción.
Sería un error creer que la economía descubre ahora el valor del conocimiento y de los recursos humanos. Los mercantilistas del siglo XVII celebraron la frase de Jean Bodin: “no hay otra riqueza que los hombres”. William Petty (1623-1687) , precursor de la economía política inglesa, fue el primero en calcular el valor de los recursos humanos. Algo que con otro propósito intentará mucho más tarde Marx (1818-1883) en El Capital.
Adam Smith el autor de “Riqueza de las naciones” (1776) ya había señalado la importancia del rendimiento económico de la educación que permite a un individuo obtener ingresos superiores a los gastos de su formación. Stuart Mill (1806-1873) distingue el valor intrínseco de una persona de sus competencias adquiridas. Alfred Marshall en sus Principios de economía (1890) afirma “que en tanto medios de producción las facultades humanas juegan un rol tan importante como cualquier otra forma de capital”.
No extraña que el pensamiento económico moderno haya comenzado a reconocer el valor de la educación y de las técnicas. La revolución industrial estaba en marcha. La ciencia experimental también. Las revoluciones burguesas (en Inglaterra, Estados Unidos, Francia y Europa Central ) habían impulsado la generalización de la educación pública. Sin embargo, los filósofos y teóricos de las distintas disciplinas no alcanzaron a reconocer que el nuevo mundo moderno surgía de una alianza entre la ciencia, la técnica y la economía. Marx y Augusto Comte, fundador del positivismo, son los que anticipan esta perspectiva. Con ellos nace la sociología moderna.
Si bien estaba a la vista que el dominio de las nuevas técnicas definía la competitividad de las naciones y de las empresas no se puede demostrar hasta mediados del siglo XX que el factor “C” (conocimiento) resulta decisivo en el crecimiento económico y en la rentabilidad de las empresas. Por otro lado, no se debe olvidar que en pleno apogeo del colonialismo y del imperialismo era más rentable apoderarse de yacimientos de carbon, de oro, de diamantes, de petróleo, que invertir en innovaciones tecnológicas. Los países dominantes tuvieron su “acumulación primitiva del capital” de esta manera (como la tuvo España con la conquista de América).
Serge Stroumiline, economista soviético, fue el primero que intentó, en 1924, medir el impacto de los aportes de la educación, la investigación científica y las innovaciones tecnológicas en el crecimiento económico de un país. Más tarde Edward Denison encontró que las diferentes tasas de crecimiento en los países industrializados tenía que ver con el uso del potencial educativo y tecnológico. Es a partir de estas y otras constataciones que los Estados y las empresas comenzaron a considerar como un factor decisivo la inversión educativa, científica y tecnológica. Esta perspectiva se consolida entre 1960-1970.
Las teorías de la administración contribuyeron a valorizar la formación de recursos humanos. Pero durante un largo período se creyó que las organizaciones eran más eficientes porque tenían mejores estructuras, mejores líderes o mejores políticas. En la administración pública se soñaba con la burocracia eficiente y la planificación perfecta. Hacia mediados del siglo XX en Estados Unidos y Japón surgieron nuevos enfoques sobre la importancia de la gestión. La formación del personal y el desarrollo de actitudes acordes con los intereses de la empresa cobraron gran importancia.
¿Qué lugar ocupa en este proceso la emergencia de la “gestión del conocimiento”?. Ikujiro Nonaka e Hirotaka Takeuchi retrazan de una manera particular las evoluciones de las teorías del conocimiento, de las teorías económicas y de la administración.4 Una de sus afirmaciones centrales es que las teorías económicas y administrativas llevan implícitas una teoría del conocimiento. Observan, por otro lado, que las teorías del conocimiento implícitas tienden a separar el sujeto y el objeto, lo racional y lo intuitivo, lo material y lo cultural. Partiendo de experiencias exitosas de empresas japonesas muestran asimismo que es necesario disponer de una epistemología que religuen todos estos aspectos.

En principio la empresa se interesa en el conocimiento porque este interviene en el comportamiento de sus empleados y en la utilización de nuevas tecnologías. Como la evolución del mundo plantea cambios permanentes en todos los aspectos es obvio que las organizaciones empresariales tienden a fortalecer su capacidad de posicionamiento ante el medio. Algunos autores como Peter Senge ya habían señalado que muchas organizaciones desaprovechan una parte de su capital intelectual porque ignoran los conocimientos “tácitos” de sus miembros.5


Nonaka y Takeuchi van a proponer una metodología dialéctica para “convertir los conocimientos” de lo tácito a lo explícito entre los diversos actores y niveles de la organización. Pero lo más interesante, para nuestro propósito, es que plantean una nueva síntesis de las teorías del conocimiento de Occidente y de Oriente. En primer lugar proponen superar las dicotomías: individuo-sociedad; naturaleza-cultura; mente – cuerpo; razón – percepciones sensoriales.
En segundo lugar, reconocen que los problemas no siempre se pueden racionalizar mediante conceptos unívocos. Recomiendan aprovechar las metáforas y analogías que los mismos actores producen para acercarse al tratamiento de los problemas. (Notemos que también los científicos utilizan metáforas en sus hipótesis de trabajo). En tercer lugar, señalan que los avances se producen dialécticamente a partir de posiciones que pueden ser contradichas (por los hechos o por los actores) para dar lugar a un nuevo acuerdo sobre la realidad y así sucesivamente. Se reconoce aquí la idea de la espiral dialéctica de Hegel.
En cuarto lugar, y esto nos interesa particularmente, los autores señalan que toda teoría económica, organizacional o administrativa supone modelos de conocimiento que debemos explicitar. En Occidente ha existido, dice Nonaka, una marcada tendencia a compartimentar los problemas o las dimensiones de la realidad. En particular, la división cartesiana entre la razón y la materialidad, entre la conciencia y el mundo, conducen según los autores a la producción de efectos perversos en todos los niveles de la organización social.

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