Dime qué imagen de Dios tienes y te diré que clase de cristiano eres



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IMÁGENES DE DIOS
Dime qué imagen de Dios tienes y te diré que clase de cristiano eres”
En muchas ocasiones la vida, la actitud, las opciones de muchos cristianos son claro reflejo de la imagen de Dios que tienen. Así podemos encontrar una imagen impersonal y lejana de Dios, o un Dios que premia o castiga según las conductas, un Dios buscado como solución ante problemas y situaciones difíciles. Un Dios utilitario del que se prescinde cuando se tiene todo. Un Dios a quien se le atribuye el mal del mundo, eludiendo la propia responsabilidad y libertad y de los límites de la condición humana. En definitiva, un Dios hecho a nuestra imagen y capricho o necesidad…

La problemática de las imágenes de Dios es uno de los temas básicos en la pastoral de acompañamiento. Lo debemos afrontar no solo como proceso psicológico, sino también como proceso existencial y espiritual. La misma Revelación se expresa a través de símbolos humanos (Dios es señor, padre, guerrero, amante, roca, luz,…). Por tanto, la imagen psicoafectiva de relación expresa contenidos y experiencias de fe.


La imagen de Dios en nuestra cultura
La imagen de Dios está presente en los creyentes, en los agnósticos y en los no creyentes. Puesto que a Dios nadie le ha visto (Jn 1,18), nos remitimos a las imágenes y a la reflexión racional que surge de la experiencia humana y en ocasiones también de la proyección de las necesidades humanas.
Giro antropocéntrico
Durante mucho tiempo Dios era el centro y en torno a él giraba toda la sociedad (el pensamiento, las leyes, las costumbres,…) la autoridad de Dios era asumida sin problema.

En el Renacimiento surge un periodo de transformación de la sociedad en el cual el centro ya no va a ser Dios, sino la persona humana. Nace el humanismo y la subjetividad de la persona.

En la edad Moderna, las ciencias se emancipan de la teología y logran su propia autonomía, sin necesidad de recurrir a Dios, incluso no necesitan de su existencia. Muchas verdades bíblicas son puestas en duda…

La desacralización da lugar a la secularización y al convencimiento de que la afirmación de Dios lleva a la negación del hombre, y por tanto éste se ve amenazado en el ejercicio de su libertad.

La vieja cristiandad no supo asimilar la modernidad y fue desplazada por el nuevo paradigma cultural, fuente del ateísmo actual. El ser humano actual ha decidido ocultar y silenciar a Dios para ser él mismo.

La cultura posmoderna ha traído otros rasgos como la inmediatez, lo pragmático y superficial, lo indeterminado o discontinuo, lo gratificante. El rechazo a los relatos del pasado y por lo tanto el rechazo a las religiones en general.

Por todo ello, hoy en nuestra cultura Dios crea conflicto a la persona por lo que veremos reflejado en las distintas imágenes de Dios.
Imágenes de Dios

La clasificación de las imágenes falsas de Dios es diversa, según autores. Vamos a presentar algunas imágenes que podemos considerar falsas, recogiendo a diversos autores.

Las imágenes que nos forjamos de Dios, a veces, no sólo no nos acercan al Dios trascendente, sino que obstaculizan el encuentro con ese Dios, porque nuestra imagen de Dios se convierte en un dios, en un objeto de devoción y de fe, mientras que el Dios trascendente permanece oculto tras múltiples máscaras e imágenes antropomórficas.

A veces no se corresponden las imágenes de Dios con la experiencia de Dios que se tiene. Porque se puede tener experiencia de Dios y no saber explicar la imagen de Dios que se forma en la mente.


Imágenes de Dios configuradas por las figuras parentales 1
Dios Madre

La madre constituye el sustrato afectivo, la fusión diferenciada, acogida incondicional, lo envolvente, la disponibilidad. Genera sentimiento de protección, de confianza. Este sentimiento básico constituye en sí una vivencia prerreligiosa, que será base para la experiencia religiosa.


Dios Padre

Su imagen surge del conflicto de Edipo. Se introduce la relación dual. Supone la aceptación de la diferencia, distancia y limitación. Configura la aceptación del otro en su alteridad más allá del deseo de fusionar.


Dios Padre pre-edípico

Provoca la ruptura del mundo fusionar materno, aplaza la gratificación, se impone la ley externa y se limita la omnipotencia del deseo. La realidad percibida es limitación de la desmesura del deseo y se deposita en el padre el sentimiento de omnipotencia.



Dios Padre post-edípico

Obliga a un distanciamiento de lo pulsional y del mundo fusionar, crea el espacio para que emerja el espíritu y la cultura. Genera un proceso de individuación en confrontación con los demás, con el mundo real material y la limitación humana. Progresivamente surge la ética, la responsabilidad y la creatividad.



Dios Edipo resuelto

Aceptación de la diferencia que imita la demanda afectiva y da el salto a la alteridad, a los valores de incondicionalidad, la construcción del yo, y a la distinción respecto de los otros aceptada y diferenciada.


Dios Padre como alteridad

Promesa que se sitúa en el futuro y se puede realizar en la propia construcción de sí mismo. Necesidad del otro para ser yo. Construcción del yo, de identidad y lenguaje.



Imágenes de Dios desde nuestra cultura 2

Dios sin rostro personal

Se concibe a Dios como sentimiento vago y proteccionista, al servicio de la paz y la armonía personal. No fomenta la responsabilidad y se genera el peligro de huida de la realidad en un misticismo impersonal. Desarrolla espiritualidades “Balneario”. Esta acogida incondicional, lo envolvente y el “sentimiento oceánico” es el subsuelo de la afectividad religiosa y de la confianza en un Dios bueno, a favor de la persona. Esta imagen de Dios tiene aspectos maternales.



Dios autoridad implacable

Refleja la vivencia del Dios juez según una verdad objetiva que el hombre nunca puede satisfacer. Está ligado a la imagen anterior. Puede generar sentimientos de culpa preocupantes.



Dios rival

Aunque Dios está ausente y es existencialmente irrelevante, se le percibe como rival. No se asimila el drama del mal, de la libertad y de la finitud. Provoca la necesidad de la salida de Dios del campo de la libertad para garantizar la autonomía. La muerte de Dios es necesaria para la vivencia de lo humano.



Dios, horizonte de sentido

Dios queda reducido al fin escatológico, al momento en el que intervendrá con autoridad para juzgar todo lo humano. El entretiempo queda bajo la responsabilidad de lo humano. Genera conciencia y conciencia social.



Dios, el Otro

Se entiende como un Tú personal que interviene en la existencia y es aceptado como tal en la vida social e individual. Posibilita el ser y la identidad, configura la conciencia, dialoga con el hombre y se hace presente en la historia.



Imágenes de la posmodernidad 3

La ausencia de Dios.

Frente a una saturación de imágenes de todo tipo, se puede dar la ausencia total de una imagen de Dios, pues nunca se ha recibido una mínima información sobre el concepto Dios. Por lo tanto no hay una toma de postura sobre Dios, porque ni lo afirman ni lo niegan, sino que practican una total indiferencia.

Esto no tiene por qué ser negativo, porque es mejor una ausencia de imagen que una mala imagen. Suele darse en personas que no han tenido una educación del sentido religioso, de la experiencia trascendente. Viven en el mundo sin plantearse el tema de Dios porque nunca se lo han presentado. No padecen ningún drama de la ausencia de Dios porque viven en un mundo sin Dios.

Lo que más abunda en estos tiempos es la indiferencia frente a Dios. Le resulta indiferente su existencia, y en el caso de que existiera –dicen- tampoco cambiaría su modo de vivir.

Esto es propio de un mundo pragmático, materialista, que busca la inmediatez. Es el “adiós a Dios”. En algunos casos es fruto de una nefasta educación religiosa en la que la imagen de Dios era pura teoría y no se relacionaba con la vida.
El Dios Obstáculo

Es una visión negativa de Dios, al que se le ve como un obstáculo para la libertad humana. Es el Dios obstáculo a mis deseos, a mi felicidad y a mi crecimiento. El Dios que quiere amargar mi vida, el Dios obstáculo para la paz.

Es un Dios que con su acción o su presentación hace inútil la decisión libre del hombre. Se le presenta como un juez que condena los actos libres de las personas. Por ello es un impedimento para el ejercicio de la libertad y tiene que ser superado o negado. (Hoy es ya poco frecuente).

Esta imagen de Dios se ha construido a lo largo de la historia a partir de tópicos y de una educación o iniciación religiosa bastante negativa. Para estas personas es necesaria la superación de esta idea de Dios para ser libre y poder crecer como persona.

A esta imagen se le fomenta desde ciertas informaciones en los Medios de Comunicación al presentar la fe y la institución de la Iglesia como la que coarta el libre ejercicio de la libertad en temas como la sexualidad. Y últimamente como el causante de los atentados terroristas desde la fe islamista, siendo un impedimento para la paz.

Un Dios que respalda ciertos tabúes morales, que nos impone caprichosamente lo que es molesto, y nos manda sistemáticamente lo que es desagradable. Un Dios de cuyo capricho dependen las catástrofes y las guerras.

Aunque esta postura responde más a una presentación externa de la religión, no deja de ser una interpretación exenta de crítica sobre la información que se recibe.

La transmisión de esta imagen, por parte de los adultos, ha dado lugar a la disolución de toda idea de Dios y a liberarse de esta imagen de Dios que limita su libertad y su capacidad de realización personal.



El Dios – Amor

Algunos han sido iniciados en la fe cristiana en la imagen del Dios-Amor que crea el mundo por amor y se manifiesta en la historia de la humanidad para liberar al hombre de todas formas de esclavitud.

Se presenta a un Dios amable, un Dios cuyo fin es la realización del hombre y su plena liberación. Esta imagen, para muchos, no tiene un significado vital, pues no tiene como consecuencia una vivencia en coherencia con esta imagen de Dios y su vida esté muy alejada de este concepto de Dios.

Se asume como un axioma pero sin consecuencias para la vida práctica. No se vive angustiado por el más allá. Tienen presente que Dios les ama, que les acoge incondicionalmente y que perdona por su Amor absoluto.


El Dios – principio cósmico

La imagen del Dios principio cósmico, energía, es un Dios forjador del mundo, el principio de todas las cosas, pero que no es persona, y por lo tanto no entra en contacto con el hombre ni el hombre con él. Este Dios no compromete a la vida del creyente, porque no crea una relación personal, y por lo tanto la oración es absurda, ya que ésta requiere la cualidad de la escucha.

Quienes siguen esta idea de Dios no le niegan, pero sí niegan a un Dios personal y no admiten la filiación divina de Jesús, ya que consideran que Jesús fue un hombre singular, como ser humano ideal, coherente y solidario, pero no pueden admitir que sea la encarnación de Dios, porque Dios es un principio cósmico que nada tiene que ver con los hombres, con su vida y sus sufrimientos.

Es un Dios amoral, sin ley que resulta irrelevante en la vida personal. Estaría discutido por la ciencia, porque resultaría una hipótesis inútil. Es un Dios impersonal, apático, sin deseos, que ni ama ni condena.


El Dios – Naturaleza
A raíz de la creciente sensibilidad ecológica en los últimos tiempos, se ha llegado a divinizar la naturaleza de una manera consciente o inconsciente. Es el resultado de la mitificación de la naturaleza, por parte sobre todo de la persona urbana, en un intento de huida hacia lo natural. Se vive en contacto con la naturaleza como una experiencia religiosa, que trasciende lo habitual.

Es el Dios panteísta, o Dios-Tierra, donde Dios es el conjunto de todo. En esta imagen de Dios, Dios no dispone de una ley, sino que vivir conforme a la naturaleza es vivir ya conforme a lo que me pide este Dios. Así entrar en comunión con la naturaleza es entrar en comunión con Dios.

El código de comportamiento se deduce del Dios-naturaleza donde no dañar el entorno natural y practicar una benevolencia hacia todos los seres vivos sería el exponente del comportamiento del creyente en esta imagen de Dios.

Este tipo de actitudes tienen ciertas similitudes y afinidades con éticas de signo oriental, como el Budismo, el Hinduismo y con el movimiento New Age.



El Dios – Interior

El Dios–interior no se sitúa en ninguna institución religiosa. Se trata de una religiosidad sin institución, sin credo, sin dogmas y sin moral. Esta espiritualidad no se exterioriza en la vida pública sino que sólo tiene cabida en la intimidad personal. No tiene prácticas rituales ni signos simbólicos.

Es reconocido por esa voz que me habla en la conciencia, que acompaña y que en las horas de soledad se convierte en el interlocutor fundamental. Es un Dios-amigo que me comunica pensamientos, ideas y sentimientos y que se convierte en un confidente invisible que me acompaña allá donde voy.

Esta voz no se identifica con el Dios de Israel que se manifiesta en la historia de su pueblo. Tampoco con el Dios trascendente más allá del tiempo y del espacio, sino más bien como esa voz interior a la que se escucha y se obedece, pero que no genera sentimiento de culpabilidad ni responsabilidad.


El Dios tapa-agujeros.

Esta imagen de Dios se identifica con aquellos que apelan a él como alguien que viene sola y exclusivamente a cubrir nuestras deficiencias, sobre todo si esto se entiende en el sentido de disminuir la vocación que el hombre tiene de alcanzar plenamente su autonomía personal y de construir por sí mismo su proyecto de llegar a ser plenamente hombre. Esta creencia limita y en muchos casos sustituye el papel del ser humano en la historia y su responsabilidad.

En este modelo de imagen de Dios la oración se presenta como una especie de “técnica” para curar enfermedades.

Cuando la ciencia y la técnica van evolucionando van ocupando los puestos que antes tenía esta imagen de Dios. La aspiración del hombre sería prescindir de Dios por la superación de estas limitaciones.


El Dios infantil

El Dios que sirve para justificar las injusticias del orden constituido, que vigila con severidad las normas de una moralidad oprimente, que se caracteriza por una actitud de amenaza, de castigo vengador. El Dios que protege siempre a los de nuestro país, a los de mi partido, a los de mi religión y mira con ira a los enemigos de mi Patria, de mi partido, de mi iglesia... El Dios que ha hecho que unos pocos privilegiados posean la mayor parte de los bienes de la tierra y prohíbe a los pobres organizarse para reclamar con eficacia sus derechos.

El Dios relojero del universo que maneja como un técnico muy hábil la máquina de todas las cosas creadas. El Dios objeto de todas las ñoñerías sentimentales de ciertas formas de piedad y beatería.

Un Dios que está en el cielo y que nos observa desde allí con ojos policiales y actitud amenazante.


Politeísmo mediático

Aunque entre las generaciones jóvenes muchos ya no creen en los dioses de sus padres, sin embargo creen en otros dioses. Practican otros ritos y sacrificios, no frecuentan los templos de sus padres, pero sí otros espacios.

Estos dioses se manifiestan en los Medios de Comunicación y generan movimientos de seguidores que están dispuestos a imitarles en lo que hacen y en lo que dicen.

Es la divinización de figuras humanas ya sea del deporte, de la música, del cine, etc. Son los nuevos dioses, que se imitan, se adoran, y provocan un fetichismo. Inducen a un gregarismo que no admite disensión. Este tipo de devociones genera comportamientos adictivos que llegan a ser, a veces, patológicos.

También se diviniza determinados hechos de la vida humana, tales como el éxito, la fama, el cuerpo, la salud, el deporte, la música, el sexo, …

Sus seguidores son capaces de sacrificar tiempo y dinero para conseguir estar cerca de sus dioses, sin escatimar esfuerzo alguno.



Algunas causas que hay detrás de las imágenes distorsionadas

Las imágenes distorsionadas de Dios que han tenido y tienen los creyentes tienen diversas causas, como pueden ser las históricas, las sociales-culturales, las personales y pastorales.

Estas imágenes de Dios distorsionadas provienen muchas de ellas de la doctrina teológica que se ha enseñado durante tantas generaciones y que han inspirado la cultura religiosa vigente, la influencia de tradiciones, mitos, costumbres heredadas de épocas anteriores y de factores de índole socioeconómico. En cuanto a los factores personales, también contribuyen a formar una imagen de Dios el nivel de formación religiosa, o el grado de madurez afectiva e intelectual, las propias historias de vida personal y los procesos psicológicos.

En cuanto a los condicionamientos teológicos podemos encontrar en la configuración de la imagen distorsionada de Dios el tipo de formación que se ha desarrollado, desde una visión metafísica y esencialista de Dios, que es lo que ha predominado en los manuales de teología y en la teología abstracta y cosificante de Dios que es como se ha hecho la presentación pastoral de Dios en los catecismos con los que se ha formado a los creyentes.

En los manuales tradicionales se encuentra la imagen de Dios identificada con una verdad absoluta fría y lejana, apoyada en el tratado que divide el Dios uno del Dios trino, en el que la existencia de Dios aparece como algo distinto de su presencia histórica y de su revelación manifestada en el NT.

Los teólogos de la Edad Media dejaron sus huellas en los catecismos populares. Así nos encontramos una catequesis sobre Dios donde se echa en falta el mensaje salvador y sobresale una exposición racionalista de la fe. Es una catequesis basada en una mera transmisión de conceptos y abstracciones (aunque el motivo de fondo haya sido preservar la fe tradicional frente a determinadas corrientes y herejías). Una catequesis donde la fe es presentada como deber (carácter moralizante), como verdades que debemos creer más allá de la respuesta libre y dialogante de quien recibe y acepta la Palabra, descubriendo en ella el sentido más profundo de su existencia.

Lejos de desarrollar la actitud de fe en cuanto adhesión personal y comunitaria del hombre con Dios, esta imagen de Dios presentada ha engendrado muchas veces en el creyente actitudes como el miedo o la sumisión por encima de la del amor.

El proceso de despersonalización de la imagen de Dios es también fruto de considerar a Dios no como persona que actúa en la historia de la salvación, al que sólo nos aproximamos desde la experiencia existencial y dinámica, sino como alguien que posee ciertos atributos metafísicos esenciales y que se deben reconocer con la razón, alguien inaccesible para la experiencia, incomunicable, que está al margen de toda aspiración humana.

A partir de la concepción teológica aristotélica-tomista se ha producido una laicización y racionalización de la imagen de Dios, determinada sobre todo por la ausencia explícita de la persona y obra de Jesús en cuanto a los contenidos y por un proceso racional de acercamiento a Dios ajeno al dato revelado como metodología, donde ha estado ausente el carácter antropológico y pastoral.

Junto con la exposición de la esencia de Dios de carácter abstracto y filosófico (con relación casi exclusiva a su trascendencia: misterio inescrutable, omnipotente, justo juez, señor de los ejércitos, luz inaccesible, etc.), se observa la ausencia de la Escritura y de los ecos salvadores.

Por otro lado, podemos señalar que el Dios bíblico ha recibido numerosas añadiduras culturales. Y el Dios anunciado muchas veces no es sólo el Dios de la fe, sino una imagen de Dios en la que han entrado otros elementos culturales que pudieron ser en otro tiempo útiles a la interpretación del mensaje bíblico, pero que han sido desplazados por otra cultura.

Si nos situamos en la Edad Media, observamos que el ambiente cultural y social era muy distinto al presente: nos encontramos ante una aceptada situación sociológica de cristiandad –una cultura estática que no siente el estímulo de la historia- y ante una estructura social rígida y vertical, en que el feudalismo presenta un tipo de relaciones sociales basadas en la dialéctica autoridad-súbditos; todo lo cual contribuye a modelar una imagen de Dios autocrática y lejana. Más adelante, mientras la cultura es racionalista, iluminista, intelectualista, un Dios anunciado desde la razón no provocaba un rechazo especial. Pero, en una cultura interesada por la historia, por la existencia, la libertad y el futuro, y también antisobrenaturalista, surge un "lógico" rechazo de un Dios así presentado.

En relación a esto, se hace evidente una falta de diálogo entre la fe revelada y nuestra cultura actual, o más bien un enfrentamiento de la cultura teológica medieval y la actual cultura técnica.

Muchos de nuestros contemporáneos viven declarando: "¡O Dios o yo!". Para convertirse en adultos estiman que han de eliminar a Dios del pensamiento, de la cultura, y de la sociedad.

Tanto la imagen metafísica de Dios que aparece en la reflexión teológica de los manuales como la presentación de Dios en los catecismos tradicionales ya no son válidas, no sólo en relación a la imagen bíblica de Dios sino también por la misma transformación cultural que se ha producido.

Destacamos, por último, que la falta de experiencia personal y comunitaria del Dios vivo ha causado el predominio de una imagen natural de Dios en muchos cristianos.


¿SON NECESARIAS LAS IMÁGENES DE DIOS?
¿Le pasó a Jesús lo mismo? ¿La imagen que presentó Jesús fue comprendida?

¿Qué hará creíble la imagen del Dios de los cristianos? Para una minoría la coherencia personal e institucional y para la mayoría un “proceso de escucha”. No hay experiencia de Dios si no hay una actitud de silencio y de vaciamiento personal.

No se trata de decir muchas palabras, sino de provocar actitudes de silencio, de escucha y de coherencia personal.

Nunca acabaremos de conocer a Dios y siempre tendremos que revisar y mejorar nuestra relación con él. Una relación que pasa por la imagen que nosotros nos hacemos de Dios.

Las imágenes de Dios son necesarias para acercarnos a él, pero siempre como imágenes. Dios estará más allá de lo que nosotros nos imaginemos de él. Tenemos necesidad de imágenes pero relativizándolas y transcendiéndolas.

En una sociedad saturada de imágenes es muy importante saber cómo tratarlas para no caer en la súper saturación y que no diga nada…

Por eso es importante que antes de iniciar tengamos que vaciar, extraer todos los mensajes que son irrelevantes y que colapsan la interioridad de la persona. El encuentro con Dios se produce en la interioridad, pero sólo si la esta interioridad está dispuesta a recibir.

La tarea de la teología pastoral será primero liberar al creyente de las imágenes de Dios “demasiado humanas” que puedan colapsar todo el espacio interior y puedan permitir la experiencia del Dios Transcendente.

Como afirma Edith Stein4 “La meta de toda teología es liberar el camino que lleva a Dios mismo”. Por tanto la iniciación en el conocimiento de Dios implica la práctica de anonadamiento, una cura de silencio y una radical sospecha de todas las imágenes de Dios presentes en el interior.

Desde la perspectiva cristiana, Dios se manifiesta en la historia como Palabra y solo porque se manifiesta en la historia bajo esta forma, es posible decir alguna palabra sobre Dios. Y esta palabra tiene que fundamentarse en la Palabra que Dios ha dicho sobre sí mismo en la historia. Dios se da a conocer a través de la Revelación y solo nos queda acoger esta revelación de Dios.

Dios se manifiesta en la historia a través de la Palabra y con esta Palabra construye imágenes de sí mismo que los seres humanos debemos interpretar y ahondar. No toda imagen de Dios es legítima, sino solo aquella que se funda en la Palabra que Él ha comunicado en la historia.

¿CÓMO MADURAR HACIA UNA IMAGEN BÍBLICA DE DIOS?

Lo primero que hay que hacer es descubrir qué imagen tengo de Dios, revisando sobre todo mis vivencias con Dios y mis actitudes de vida.

Para ello hay que abrirse a un proceso de evangelización integral, debido a que la imagen que podemos tener de Dios mezcla aspectos de la formación, estados anteriores, situaciones psicológicas, etc. Un proceso que debe ser de conversión desde una vida orante y fraterna. "Nadie ha visto nunca a Dios: si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros" (1 Jn. 4,12) Así, en la experiencia del amor, conocemos auténticamente a Dios. Además, el amor con que nos amemos es el signo para que otros crean (cf Jn. 17,21).

Otro elemento clave puede ser hacer un análisis crítico del pensamiento y la catequesis tradicionales sobre Dios y un análisis del ateísmo contemporáneo, que nos advierten sobre determinadas imágenes de Dios que son equivocadas. Pero sin dejar de abrirse a la enseñanza conciliar y la revelación del rostro real de Dios que se nos acerca.

Junto con esto, la actitud que no debe faltar, es superar la distancia entre la reflexión y la vida, para poder encarnar lo verdadero y rechazar las imágenes falsas de Dios que vayamos descubriendo. Es necesaria una fe crítica, pero sobre todo una fe viva que transforme la existencia y que esta existencia hable de Dios.

El Dios vivo de la revelación es el Dios que se manifiesta en la historia o sea que está íntimamente unido al hombre en Cristo; se revela a través de sus obras. Por tanto, la experiencia de Dios necesita de un discernimiento, una capacidad crítica para descubrirlo en medio de la realidad que vivimos, una sensibilidad para captar e interpretar los signos de los tiempos. Esto requiere docilidad al Espíritu Santo, gracias al cual podemos tener experiencia de Dios y anunciar al Dios que escuchamos, vemos, experimentamos, tocamos y compartimos, del cual nos sentimos hijos.



La experiencia de Dios nos defiende de confundir la fe con ideas, conceptualizaciones, activismos, normas. Además de la conversión personal, que va unida a una experiencia de fraternidad, a la práctica del amor mutuo, creo que es necesario avanzar hacia una renovación de las estructuras eclesiales para que estén orientadas totalmente hacia Dios, y que hagan transparente el rostro del Dios vivo desde una fe que obra por el amor.
En esta renovación, y si estamos hablando de dar un paso hacia la imagen bíblica de Dios, me parece fundamental el darle un lugar central a la Palabra. La Biblia nos presenta a Dios como el que habló al corazón del primer hombre y la primera mujer; hizo alianza en Noé y los compañeros del Arca; escogió un pueblo en Abraham, Isaac, Jacob y los doce Patriarcas; se reveló a Moisés en la zarza ardiente y concluyó una alianza en el monte Sinaí; y habló por los profetas. El Evangelio nos revela que se hizo hombre en Jesús, en quien nos ha manifestado su verdadero rostro de Padre, que tiene un proyecto salvador para cada persona.
Desde el Dios bíblico entendemos nuestra vida como un proyecto amoroso: somos creados por amor, no fruto de la casualidad ni del azar, y destinados a un futuro de amor en el encuentro con el mismo Dios que nos ha creado. Él es nuestro Alfa y Omega. En este sentido, es bueno, antes que reconocer a Dios como todopoderoso, descubrirlo como Padre. No somos esclavos sino hijos. A quienes les abren libremente su vida, Dios se muestra todopoderoso especialmente cambiándoles el corazón. El poder de Dios aparece en las obras de Jesús al servicio de la debilidad humana y se expresa en la misericordia y el perdón. Su omnipotencia no fuerza nuestra libertad.
No podemos los cristianos volcarnos prioritariamente a la acción y al obrar sin preocuparnos de ser comunidad con una unidad de vida manifestada en el amor fraterno. La comunidad es parte del ser cristiano y de este ser comunidad sigue la acción pastoral bajo la guía del Espíritu Santo.
"Toda una generación de creyentes ha aprendido un concepto legítimo pero limitado de Dios (todos los conceptos humanos de Dios son limitados); se encuentran, por educación o por carácter, sin posibilidad de alternativa o voluntad de ampliación de su rígida catequesis y, al encontrar situaciones en la vida que no encajan con ese concepto, dejan el concepto y dejan a Dios. Es decir, dejan al Dios que conocían. Si lo hubieran conocido mejor, no lo habrían dejado. Hay que ampliar la catequesis, hay que abrirle ventanas al alma, hay que dejar a Dios ser Dios. La mejor manera de contrarrestar el ateísmo –misión de misiones en el mundo de hoy (y quizá de siempre)- es entender mejor a Dios. (...)

Yo tampoco creo en el Dios en que los ateos no creen", declaró certeramente el patriarca Máximo IV en el Vaticano II. "




¿Cómo se pasa de una imagen a otra?

La relación cambia con la relación, por lo tanto los conceptos por sí solos no cambian, las imágenes cambian por la relación.

Serán necesarios el ambiente, los medios, las mediaciones, … para poder empezar a vivir una relación distinta, pero al final, es la relación la que cambia. Por mucha información o formación no es suficiente.

El acompañante debe usar una pedagogía complementaria teniendo en cuenta el proceso y la historia personal. Se puede pasar de una imagen a otra, pero teniendo en cuenta que hay que tender al sentido teologal.



El Dios de la Biblia siempre exige trascender lo psicoafectivo. La Palabra es la gran pedagoga de la relación con Dios y de la misma afectividad.

1 Vergote, A., Psicología religiosa, Taurus, Madrid: 1969.

2 Dominguez, C., Creer después de Freud, Madrid: 2001

3 Torralba, F., Imágenes de Dios en los jóvenes: Cuadernos formativos (abril 05), Delegación Diocesana de Pastoral con Jóvenes, Vitoria-Gasteiz.

4 E. Stein, Obras selectas, p. 486

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