Diferencias de género en relación con el miedo al delito. Análisis en méxico



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DIFERENCIAS DE GÉNERO EN RELACIÓN CON EL MIEDO AL DELITO. ANÁLISIS EN MÉXICO
Aurea Esther Grijalva Eternod

Esther Fernández Molina



Centro de Investigación en Criminología

de la Universidad de Castilla-La Mancha

Resumen: El miedo al delito en las sociedades actuales es un tema que, desde hace unas décadas, ha captado el interés de las ciencias sociales en general, pero muy particularmente de la Criminología. En la evolución del estudio de este fenómeno, se han adoptado muy diversas perspectivas que han ido desde la tesis de victimación, hasta los modelos integradores en los que se considera que el miedo al delito es un fenómeno multidimensional que tiene su origen en aspectos principalmente sociales y culturales.

Dentro de esta evolución, existen investigaciones que han centrado el análisis del miedo al delito en relación con el género, dando lugar, en parte, a lo que se ha denominado la paradoja del miedo al delito, de acuerdo a la cual los grupos con menores posibilidades de ser víctimas son los que sufren un mayor miedo al delito (ancianos y mujeres generalmente). Actualmente, estas diferencias de género no se analizan únicamente en relación con la probabilidad de victimación, sino que existe una mayor amplitud y diversidad de literatura científica que ha ayudado a interpretar estos hallazgos.

Sin embargo, la mayoría de los estudios que han abordado el miedo al delito y concretamente la influencia del género en él, se han realizado en el ámbito anglosajón, por lo cual es necesario profundizar, en otros contextos, sobre la existencia o no de esta asociación y su posible explicación.

En este foro concretamente se pretende dar a conocer algunos de los resultados obtenidos en una investigación cuyo objetivo principal es analizar aspectos sociales y culturales del miedo al delito en México reportado en una encuesta aplicada a 900 estudiantes mexicanos de nivel licenciatura de la Universidad Nacional Autónoma de México.

La intención será explorar un tema poco abordado en ese contexto y establecer si en la muestra estudiada existen diferencias entre hombres y mujeres en relación con el miedo al delito reportado, y de ser así, interpretar estas diferencias a la luz de la literatura científica reciente, con el fin de generar un debate en relación con las posibles medidas de política criminal que se deben adoptar en función del género de los individuos a quienes va dirigida.

Palabras clave: miedo al delito, género, victimación, percepción de inseguridad, México, política criminal


  1. INTRODUCCIÓN

La inseguridad relacionada con la delincuencia siempre ha formado parte de las preocupaciones de los seres humanos; sin embargo, no es sino hasta tiempos recientes que se ha convertido en un objeto de interés para la ciencia (Warr, 2006 y Lee, 2007). Así, desde los inicios de la década de 1970, el miedo al delito se ha convertido en un tema de gran debate académico (Gabriel y Greve, 2003) que ha interesado a las ciencias sociales en general, pero muy particularmente a la Criminología. Especialmente en el mundo anglosajón, este interés ha dado lugar a una larga tradición en su estudio que busca ya no solo describir el problema, sino también conocer sus causas, los procesos que intervienen en su formación y los grupos de población que tienen más tendencia a desarrollarlo.

La propia definición de miedo al delito, es un tema de debate académico en sí mismo (Dammert y Malone, 2003; Gabriel y Greeve, 2003). Warr (2006), en el contexto estadounidense, ha señalado que a pesar de décadas de investigación y debate, los investigadores aún tienen que consolidar una definición de miedo al delito; pero uno de los principales problemas que se producen es que es común confundir el objeto del miedo con sus causas (Varela, 2005), la realidad es que son éstas las que han ido dando contenido a su conceptualización y a su definición operacional, y quizá sea por esto por lo que se ha ido dificultando más aún la precisión de su definición.

Sin embargo, la inquietud respecto a este fenómeno no se ha ceñido al ámbito científico o académico, también ha influido el discurso y las decisiones de la clase política. El argumento de que existe un aumento no únicamente de los niveles de criminalidad, sino también del miedo al delito por parte de los ciudadanos, ha servido para justificar, en diversos países, la implementación de políticas para el combate a la inseguridad con un énfasis en el endurecimiento del derecho penal, el aumento de las facultades policiales e incluso la intervención de las fuerzas militares y la denominada “mano dura” para el control de la delincuencia y sus consecuencias.

Estas decisiones políticas se han implementado a pesar de que la evidencia empírica ha dejado bien establecido que el miedo al delito no siempre tiene una base puramente objetiva (Medina, 2003; Jackson, 2004; Díez, 2004; Warr, 2006; Huesca y Ortega, 2007; etc.), es decir, que no siempre tiene su origen en los propios niveles de delincuencia y victimación y que, de hecho, existen multitud de factores que pueden incidir en su incremento.

Por ello, y haciendo eco de lo sostenido por Farrall, et al. (2009), en relación con que el miedo al delito es un indicador del estado de una sociedad, parece fundamental indagar, en cada contexto en el que se pretenda estudiar, cuáles son los aspectos sociales y culturales concretos que influyen en el aumento de la alarma social relacionada con la criminalidad. De hecho, si se acepta que el miedo al delito es un estado emocional que se encuentra plagado de significados culturales y contenidos sociales (Varela, 2005; Farrall, et al., 2009), no es conveniente asumir que los factores causales que han sido constatados en el contexto anglosajón, sean también causa del miedo al delito en otros países, al menos sin haberlo contrastado con datos empíricos.

En México, al igual que en otros países, puede decirse que las decisiones políticas que se han tomado en este sentido, no parecen basarse en criterios científicos; de hecho la mayoría de los estudios que han abordado el tema, se han ceñido a la descripción del miedo al delito en la población y han dejado de lado aspectos, tales como la victimación previa y el género que han sido prácticamente inexplorados en ese contexto, con lo cual existe una gran brecha que impide que las estrategias de política criminal destinadas a combatir el miedo al delito sean exitosas.

En este sentido, surge la necesidad de analizar de profundizar en el análisis del miedo al delito en el contexto mexicano, teniendo en cuenta algunos aspectos que han resultado relevantes en otros contextos, sobre todo el anglosajón, donde se han realizado la mayoría de los estudios relacionados con el miedo al delito, con el fin de generar medidas de política criminal más precisas.

Las explicaciones que se han intentado dar al miedo al delito son muchas y muy variadas1 y van desde la tesis de victimación o las incivilidades, hasta relacionar la preocupación respecto del crimen con otro tipo de ansiedades y que han desembocado en un modelo integrador del miedo al delito (Farrall, et al., 2009). Además, como se decía anteriormente, la gran mayoría de los avances se han promovido en el ámbito anglosajón; de tal manera que los factores que han sido identificados como influyentes en el miedo al delito, y que han servido como base para la configuración de los modelos más actuales, sólo han sido constatados en este contexto.

Dentro de las posibles causas que se han encontrado en los diversos estudios que han abordado el tema, especialmente en el mundo anglosajón, destaca su relación con la victimación previa y con el género.

De hecho, los primeros estudios que analizaron el miedo al delito, comenzaron analizándolo en conjunto con los niveles de victimación, encontrando que aquellos individuos que contaban con experiencias de victimación previa sufrían más miedo al delito que aquellos que no la habían experimentado. Sin embargo, el avance en las investigaciones fue arrojando resultados distintos que mostraban que en ciertos grupos sociodemográficos esta relación entre victimación y miedo al delito no era tan clara; concretamente, se fue estableciendo que en el caso de las mujeres y los ancianos existía un mayor miedo al delito, a pesar de que tenían una menor probabilidad de sufrir una victimación que los hombres y los jóvenes, quienes por el contrario, a pesar de tener más probabilidad de ser víctima de un delito, reportaban un menor miedo al delito.

Esta discrepancia originó la denominada paradoja del miedo al delito-victimación, en la que se consideraba que las mujeres y los ancianos contaban con un miedo al delito irracional y desproporcionado (Skogan y Maxfield, 1981; Clarke y Lewis, 1982; etc.). Sin embargo, la mayoría de los estudios que evidenciaban esta paradoja lo hacían con el uso de ítems individuales para medir el miedo al delito (Callanan y Teasdale, 2009), lo cual fue ampliamente criticado por considerarse que un constructo tan complejo como el miedo al delito, no podía medirse de una manera tan simple.

Con el avance en el uso de escalas y la mejora en las mediciones de este fenómeno, se fueron dando diversas explicaciones a la paradoja del miedo al delito-victimación. Entre ellas, por ejemplo, se decía que esos hallazgos se debían probablemente a errores de tipo conceptual y de medición; que las mujeres relacionan la probabilidad de ser victimas específicamente con delitos sexuales (Junger, 1987; Ferraro, 1996; Fisher y Sloan, 2003; Wilcox, et al., 2006); que los hombres no reportan el miedo real que sienten (Ditton, et al., 1999; Sutton y Farrall, 2005; Callanan y Teasdale, 2009), que estos grupos sufren menos victimación porque tienen más precauciones y con ello reducen la probabilidad de ser víctimas (Meyer y Post, 2006), que se debe a diferencias de género construidas socialmente (Stanko, 1995; Madriz, 1997; Rader y Haynes, 2011); que las mujeres sufren mayores niveles de victimación que lo que reportan y por ello su miedo en realidad no es irracional (Junger, 1987; Stanko, 1995; Ferraro, 1996; Kury y Ferdinand, 1998), e incluso que las mujeres reaccionan más emocionalmente ante la posibilidad de victimación (Pain, 2001).

Ante esta diversidad de explicaciones y la abundante evidencia empírica que la acompaña, es evidente que la asociación entre miedo al delito y victimación aun no ha sido aclarada del todo; de hecho, a diferencia de lo esperado, algunos estudios han obtenido que la victimación previa no necesariamente se relaciona con un mayor miedo al delito, y que esto puede depender de tipo de delito y la severidad de la victimación, de las condiciones de vida y de la personalidad del individuo victimizado (Kury y Ferdinand, 1998); pero también que en ambientes más favorables las víctimas se pueden sobreponer de sus experiencias negativas relacionadas con la victimación mas fácilmente, es decir, neutralizando sus efectos (Agnew, 1985; Box, et al., 1986).

Sin embargo, algunos aspectos parecen estar más claros, por ejemplo que la victimación es un proceso psicológico complejo y que las personas que han sido víctimas de un delito no forman un grupo homogéneo (Kury y Ferdinand, 1998), por lo que aspectos como la edad y el género deben tenerse en cuenta al analizar la relación entre victimación previa y miedo al delito.

Concretamente, de los aspectos relacionados con el miedo al delito, uno de los más consistentes en la literatura ha sido su relación con el género (Skogan y Maxfield, 1981; Ferraro y LaGrange, 1987; Hale, 1996; Ferraro,1996; Smith, et al., 2001; Warr, 2006; Franklin y Franklin, 2009; Snedker, 2012); incluso se ha dicho que es el mayor predictor sociodemográfico del miedo al delito (Baur, 2007); sin embargo, muy poco se ha dicho sobre la causa de esta asociación.

A pesar de que como se decía, existe un consenso más o menos extendido en la literatura anglosajona de que la victimación previa y el género son aspectos asociados al miedo al delito, estos aspectos han sido muy poco explorados en México, donde incluso, las medidas utilizadas para medir este constructo no suelen ser escalas.

Por ello, el objetivo general de este trabajo es analizar, en el contexto mexicano, la paradoja del miedo al delito-victimación, es decir, el impacto del sexo y de la experiencia previa de victimación en conjunto, mediante un instrumento de medición multidimensional, con la intención de dar un primer paso en la dirección de generar sugerencias de política criminal más concretas dirigidas a grupos de población objetivo.


  1. METODOLOGÍA



    1. Muestra y procedimiento

La muestra, integrada por 990 estudiantes del sistema escolarizado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), de nivel licenciatura, dentro del campus de Ciudad Universitaria, se extrajo mediante muestreo no probabilístico intencional.

Con el propósito de obtener una muestra que fuera representativa de la población antes señalada, y no solo de alguno de los sectores o áreas de estudio en que se divide la universidad, se estratíficó mediante asignación proporcional; la unidad de la primera etapa fueron los 14 centros del Campus, la unidad de segunda etapa fueron las aulas seleccionadas aleatoriamente y las unidades finales los individuos que las componían. El tamaño de la muestra se planificó para un nivel de confianza del 98%, con un error de muestreo del 4%.

El cuestionario fue administrado en los meses de noviembre y diciembre de 2011 y enero de 2012. Se contestó de forma autoadministrada por los encuestados en sus propias aulas de clase y el tiempo empleado para su contestación fue de aproximadamente veinte minutos.


    1. Variables empleadas en el análisis

Como se ha venido diciendo, específicamente en México, en comparación con otros países, el miedo al delito ha sido poco analizado, y más aún, los indicadores utilizados para su medición han sido principalmente, o bien, réplicas de instrumentos utilizados en otros países, o bien, ítems individuales que indagan sobre algunos aspectos de la percepción de inseguridad fundamentalmente, sin que se haya trabajado en demasía para garantizar la validez y fiabilidad de las preguntas utilizadas.

De hecho, los cuestionarios que se han aplicado de manera periódica en este país, se han concentrado más en medir la percepción de inseguridad que, si bien es un aspecto subjetivo de la inseguridad, no es lo mismo que el miedo al delito (Medina, 2003; Vozmediano, et al., 2008). El miedo al delito es un concepto más preciso y concreto (Medina, 2003) que puede ser entendido como una reacción hacia la percepción de inseguridad, pero también hacia otras creencias e interpretaciones sobre el entorno que pueden ir desde la consideración de que el aumento de la delincuencia ha aumentado, hasta la percepción de incivilidades y desorden en el lugar de residencia.

Así, por ejemplo, el cuestionario utilizado en la Encuesta Nacional sobre Inseguridad (ENSI), por el Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad (ICESI), hasta el año 2010, trata de medir aspectos de percepción de inseguridad en abstracto y creencias sobre el número de delitos en la colonia o barrio, así como respuestas conductuales relacionadas con el miedo al delito; por su parte, el instrumento utilizado en la Encuesta de Victimación y Eficacia Institucional (ENVEI) que se realiza por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), desde el año 2004 hasta la fecha, utiliza indicadores de percepción de frecuencia delictiva y de sensación de inseguridad e ítems sobre percepción de riesgo de victimación y temor a ser víctima de un delito dentro de un catálogo concreto de delitos; y, más recientemente, la Encuesta Nacional de Victimación y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE), realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), desde el año 2010 hasta la fecha, se ha concentrado en aspectos de inseguridad en abstracto y percepción de riesgo de victimación.

Si bien, todos estos instrumentos hacen aportaciones valiosas para conocer una parte del miedo al delito, ninguno de ellos ha utilizado escalas que midan el miedo al delito como un fenómeno multidimensional que no solo se relaciona con la percepción de inseguridad o la victimación, sino que tome en cuenta otros factores que la literatura científica ha mostrado que pueden ser indicadores del miedo al delito. Tomando en cuenta esta carencia, recientemente se ha validado una escala para medir el miedo al delito en el contexto mexicano, teniendo en cuenta su naturaleza multidimensional (Fernández y Grijalva, 2012).

A continuación se van a exponer las variables empleadas en el presente estudio, las cuales derivan del instrumento diseñado previamente.


      1. Variables dependientes

La variable dependiente de este estudio es por tanto el miedo al delito. Sin embargo, y en la medida que se trata de un fenómeno multifacético y complejo, es recomendable medirlo no a través de ítems simples sino a través de múltiples indicadores que comprendan todos los aspectos emocionales, cognitivos y afectivos; que abarquen la ansiedad, la preocupación y la aprensión, e incluso componentes de comportamiento. Por ello, en este análisis se van a utilizar tres escalas que miden las distintas dimensiones que comprenden este constructo (Fernández y Grijalva, 2012).

Tal y como puede observarse en la tabla 1, las dimensiones que se analizarán son: miedo al delito abstracto (en adelante MDA), aspecto cognitivo (en adelante AC) y respuesta conductual (en adelante RC). Para una descripción más pormenorizada de la construcción y validación de la escala puede consultarse Fernández y Grijalva (2012). De cara a garantizar la comparación entre las distintas dimensiones, las variables fueron recategorizadas empleando una puntuación estandarizada, creando cuatro puntos de corte, siendo 1 (nada), 2 (poco), 3 (algo) y 4 (mucho).



Tabla 1. Variables dependientes

El MDA hace referencia a esa sensación generalizada de preocupación o miedo que puede tener un sujeto, que en principio se relaciona con el miedo al delito pero que puede estar mediada por otros factores u otras preocupaciones sociales, incluso, con esa “inseguridad ontológica” de la que habla Giddens (1993), en la que se confunden la ansiedad y la preocupación por el delito con la ansiedad y la preocupación por el cambio social en general, que hace aflorar en el individuo sentimientos de incertidumbre, indefensión y vulnerabilidad respecto a los demás (Fernández-Ramírez, 2008 y Van Marle y Maruna, 2010). Este aspecto coincide en gran parte con lo que ha sido denominado en otros estudios como ansiedad difusa o como aspecto expresivo del miedo al delito (Farrall, et al., 2009).

Por su parte el AC tiene en cuenta los aspectos de percepción del miedo. Si bien es cierto que los avances en la investigación del miedo al delito han ido dejando claro que la percepción de riesgo de victimación y el miedo al delito no son sinónimos; también lo es que se ha encontrado una fuerte vinculación entre estos fenómenos al grado de considerar que la percepción de riesgo es causa del miedo al delito (Warr, 2006) y que el miedo al delito es una respuesta emocional a esta percepción (Farrall, et al., 2009).

Al ser éste un aspecto estrechamente relacionado con el miedo al delito, y aunado a que los juicios e interpretaciones que hacen las personas de su entorno son cuestiones centrales en la evaluación del riesgo de victimación (Farrall, et al., 2009), se ha considerado fundamental contemplar ítems que midieran la percepción del riesgo de victimación, pues como se ha dicho ya, uno de los principales objetivos de la investigación es indagar sobre el aspecto cultural del miedo al delito en México.

Finalmente, la dimensión RC tiene en cuenta lo apuntado por Warr (2006) en cuanto a que la conducta puede ser uno de los mejores indicadores del miedo al delito. Por ello, en esta dimensión se contemplaron ítems que midieran tanto las actividades que se habían dejado de hacer por miedo a ser víctima de un delito, como las medidas de protección para evitar serlo.


      1. Variables independientes

Así mismo, las variables independientes del estudio serán el sexo y las variables que miden la experiencia de victimación: victimación previa (en adelante VP) en dónde se pregunta al encuestado si él/ella o alguien de su familia han sido víctima de algún delito en los últimos cinco años, tiempo de victimación previa (en adelante TVP) en dónde el encuestado que ha reportado ser víctima debe indicar si ha sido en los últimos doce meses o antes y experiencia vicaria (en adelante EV), en dónde se pregunta a los encuestados si han sido testigos de algún delito en los últimos cinco años.

Tabla 2. Variables independientes







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