Diego Moñux Chércoles, 2000



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(2.4.) EL CONTROL soCIAL DE LA ciencia Y LA tecnología

Diego Moñux Chércoles, 2000


I. Tecnología y sociedad: evaluación de tecnologías

1. INTRODUCCIÓN Y JUSTIFICACIÓN

Desde que, en 1972, el congresista Emilio Q. Daddario impulsara su proyecto de ley para crear la Office of Technology Assessment (OTA, Oficina de Evaluación de Tecnologías) en EEUU, han sido diversos los pasos dados en el estudio teórico de la participación social en ciencia y tecnología, así como en la implantación práctica de la Evaluación de Tecnologías1 (ET). En efecto, la ET tiene un lugar destacado en los estudios sobre Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS) y surge —como veremos en el siguiente epígrafe— en un momento del siglo en el que algunas de las concepciones clásicas sobre la ciencia y la tecnología estaban siendo puestas en entredicho. Años tarde, a mediados de los 80, Europa se sumaría a la inciativa de la OTA creando agencias de ámbito nacional y comunitario. Ambas experiencias son comentadas en el epígrafe número cuatro, dedicado a la práctica de la Evaluación de Tecnologías.

Básicamente, la ET surge como método de investigación sobre las consecuencias sociales de la tecnología y como forma de apoyo a la toma de decisiones en política científico-tecnológica. Por tanto, asumir la necesidad de la ET supone partir de una determinada concepción de la tecnología o, mejor dicho, de una idea de qué no es la tecnología —puesto que, en función de lo que consideremos que es, existen diversas formas de entender cómo debe ser la evaluación y, en especial, la forma de articular la participación social en ella. Al menos, se debe suponer que la tecnología no es neutral y que no se desarrolla de forma autónoma de la sociedad, por lo que su aplicación práctica tiene una serie de consecuencias que van más allá de los objetivos técnicos con que se diseñó. Por otra parte, va asociada a una idea de cómo debe ser una sociedad democrática, y de cuál debe ser el papel de los políticos y los ciudadanos en ésta. Se creerá que los ciudadanos deben participar en la toma de decisiones de política científico-tecnológica o, al menos, que los políticos tomarán esas decisiones asesorados por un proceso de evaluación que consideré las consecuencias de esas decisiones sobre esos ciudadanos. De nuevo, distintas concepciones de sociedad democrática determinarán otras tantas concepciones de ET. Discutiremos algunos de los aspectos teóricos y las implicaciones de estos presupuestos en la tercera parte del texto.

Por otra parte, la ET es algo sobre lo que se sigue investigando. Como veremos en el quinto epígrafe, existen problemas abiertos y una gran distancia separa las expectativas y las propuestas teóricas de lo que se ha conseguido en la práctica.

2. CTS Y ET EN PERSPECTIVA HISTÓRICA

Obviaremos un análisis de las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad antes del s. XX, sin que ello suponga no tener presente su co-evolución en tiempos anteriores y, especialmente, a través de momentos clave como la Revolución Científica del siglo XVII o la 1ª Revolución Industrial de finales del s. XVIII. Nos centraremos en nuestro siglo porque es en el que se produce el más importante debate en torno al desarrollo de la ciencia y la tecnología, en el que surgen los estudios CTS y en el que se institucionalizan los procesos de evaluación de tecnologías.

2.1. Desde el principio de siglo hasta la Segunda Guerra Mundial (SGM)

El siglo XX se inaugura en plena Segunda Revolución Industrial, la que vendría a sustituir el carbón, la máquina de vapor y el ferrocarril —ejes de la primera revolución— por la electricidad, el petróleo y el automóvil de motor de explosión. Supone la primacía económica de EE.UU. sobre Inglaterra, que es decir del nuevo paradigma tecno-económico sobre el antiguo. En EE.UU. se desarrollarán con especial pujanza las citadas tecnologías, acompañadas de los nuevos referentes industriales: la organización científica del trabajo de F. D. Taylor y H. Ford2, y el capitalismo monopolista de las grandes compañías3. En el cambio de siglo, y por primera vez desde el nacimiento de la ciencia moderna, la investigación científica tendrá repercusión en la industria, dentro de un proceso de institucionalización científica en la sociedad.

En el plano teórico, la ciencia sufrirá en esos años fuertes sacudidas internas con la aparición de la Teoría de la Relatividad o la Mecánica Cuántica pero, a pesar de ello, el principio de siglo hereda la tradición positivista del s XIX: existe un consenso de opinión sobre la bondad de cualquier desarrollo científico y técnico y una confianza en ambas como garantes de todo progreso humano. Este consenso se refleja en la búsqueda filosófica de un modelo irrefutable de justificación de las teorías científicas y en la creencia absoluta en el método científico como respaldo de un conocimiento objetivo. Ambas posturas, social e intelectual, sustentaban la concepción de la ciencia y la tecnología como actividades autónomas y valorativamente neutras: independientes de cualquier condicionante externo social, psicológico o moral y, en consecuencia, ajenas a cualquier juicio de valor.

Por otra parte, el periodo de entreguerras y los propios años de la SGM son de un fuerte compromiso de la ciencia y la tecnología con lo militar. Los sistemas de control y guiado de misiles, el radar o los “computadores” de codificación y decodificación de mensajes son algunos de ejemplos de esta relación (que luego tendrían importantes aplicaciones en el ámbito civil), pero el más importante por su escala y sus consecuencias fue el “Proyecto Manhattan”, paradigma de proyecto científico-militar. El resultado del proyecto, la consecución y lanzamiento de la bomba atómica, pondría fin al conflicto bélico e inicio a la guerra fría.

2.2. Desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días4

Los años que van desde el fin de la SGM hasta nuestros días pueden ser entendidos, para enmarcar mejor el tema que nos ocupa, como la sucesión de tres periodos distintos en la percepción social de la ciencia y la tecnología: etapa de “optimismo”, de “reflexión y alerta” y de “reacción”5.
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