Desarrollo homogéneo y segregación dinámicas del poder en el contexto urbano homogeneous development and segregation power dynamics in the urban context



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DESARROLLO HOMOGÉNEO Y SEGREGACIÓN

Dinámicas del poder en el contexto urbano

HOMOGENEOUS DEVELOPMENT AND SEGREGATION Power dynamics in the urban context


  1. RESUMEN

El presente artículo, busca evidenciar situaciones específicas mediante las cuales se ejercen dinámicas de poder urbano, en el contexto del desarrollo como discurso generador de modelos homogéneos de ciudad. Estos modelos se imponen en los contextos locales, para generar progreso, sin embargo su ejecución se vincula con conflictos urbanos relacionados con la segregación y la exclusión social. Este aspecto señala la incongruencia entre el discurso global del desarrollo, con las condiciones locales de las comunidades que enfrentan directamente los resultados de su aplicación.

Los argumentos expuestos a continuación, son el resultado de diferentes investigaciones llevadas a cabo en el Grupo de investigación en Pensamiento Ambiental de la Universidad Nacional de Colombia en el marco de la crisis ambiental, el desarrollo y el medio ambiente urbano. En el periodo 2011-2012, se abordó el tema de las configuraciones estético-ambientales de la ciudad de Manizales, en términos de la planificación espacial y el habitar urbano. Esta investigación es el soporte más concreto de las referencias contextuales expresadas en el artículo, las cuales se fundamentan en un fuerte trabajo de campo abordado con diferentes sectores sociales de la ciudad.

Palabras clave: desarrollo, homogenización, poder, segregación.

ABSTRACT

This article seeks to show specific situations which power is mobilized by urban dynamics in the context of development as discourse generator homogeneous models of the city. These models are imposed on local contexts to generate economic progress, but their ejecution is linked to urban conflicts related with segregation and social exclusion. This aspect points out the inconsistency between the global discourse of development, with local conditions of communities facing directly the results of their application.

The arguments presented below are the result of various investigations carried out in the research group Environmental Thought at the National University of Colombia, manizales headquarters in the context of the environmental crisis, development and the urban environment. In the period 2011-2012, we addressed the topic of the environmental and aesthetic configurations of the city of Manizales, in terms of spatial planning and urban living. This research is the most concrete support of the contextual references expressed in this article, which are based on a strong fieldwork addressed since different social sectors of the city.

Keywords: development, homogenization, power, segregation.


  1. INTRODUCCIÓN

Si al tocar tierra en Trude no hubiese leído el nombre de la ciudad escrito en grandes letras, hubiera creído llegar al mismo aeropuerto del que partiera. Los suburbios que tuve que atravesar no eran distintos a aquellos otros, con las mismas casas amarillentas y verdosas. Siguiendo las mismas flechas, contorneaban los mismos canteros de las mismas plazas. Las calles del centro exponían mercancías en embalajes que no cambiaban en nada. Era la primera vez que iba a Trude, pero conocía ya el hotel donde acerté alojarme; ya había oído y dicho mis diálogos con compradores y vendedores de chatarra; otras jornadas iguales a aquellas habían terminado mirando a través de los vasos los mismos ombligos ondulantes” (Calvino, 1972, p.55)

La metáfora usada por Calvino (1972) en el anterior fragmento de sus Ciudades Invisibles, permite pensar en ciudades homogéneas que lejos de ser un referente regional, evidencian más bien, el paradigma urbano que se generaliza sin distinción alguna o reparo por las particularidades del territorio. En la medida en que las estructuras urbanas se diseñan desde una perspectiva moderna instrumental, su principal objetivo es la funcionalidad. De allí que los espacios de arribo sean siempre iguales y solo difieran en su tamaño, pero no modifiquen sustancialmente su connotación simbólica con el lugar. Bajo esta misma lógica se establecen los grandes proyectos de urbanización, donde el hábitat como referente de los hábitos y formas de morar terminan convertidos en los mismos estilos de vida, impuestos por construcciones estandarizadas. Así mismo, la distribución espacial de estas construcciones obedecen a las mismas lógicas de circulación, centralidad y en aras de lo anterior (no en todos los casos) marginalidad espacial de las poblaciones excluidas. Se permite de este modo, que en las plazas y en la centralidad se concentre el poder político y económico encargado precisamente de movilizar las dinámicas internas del diseño y planificación espacial. El poder económico es directamente proporcional al poder político, en la medida en que, bajo las lógicas modernas del progreso, es este el que permite que la ciudad sea o se aproxime a ideales primermundistas cuyos paradigmas imponen el modelo tanto desde lo técnico, lo político, lo económico y lo simbólico.

Este panorama parece describir lo que pasa hoy con la ciudad, siendo Trude equiparable a la anteriormente visitada y haciendo una extrapolación al contexto actual, podríamos estar hablando de cualquier ciudad del mundo. Los modelos constructivos cada vez se generalizan más, los mercados trasnacionales se posicionan progresivamente en el ámbito local y el orden simbólico asociado a la tierra habitada, se convierte en un único estilo de vida impuesto por paradigmas dominantes. Dichos fenómenos podrían ser rastreados en las modificaciones que han tenido las ciudades de América Latina, muchas de las cuales han surgido precisamente bajo estas mismas lógicas durante los períodos coloniales, tras de los cuales se han borrado todo los referentes particulares con el lugar. Siguiendo la metáfora específica de Trude en el desdibujamiento de su peculiaridad, se podría entonces asociar dicho fenómeno en un ámbito particular. Hablaremos por lo tanto más adelante, sobre la ciudad de Manizales capital del departamento de Caldas, ubicada en el centro occidente de Colombia, sobre la Cordillera Central de los Andes, en la cual se ha evidenciado en las últimas décadas, una fuerte influencia externa (por las mismas fuerzas del mercado) en sus procesos de modificación estructural con tendencias a la homogenización y tras de esto, una consecuente segregación espacial de la población excluida.


  1. MATERIALES Y MÉTODOS

De lo homogéneo

Para hablar de lo homogéneo en el contexto urbano, vamos a orientarnos desde el enfoque de la economía del mercado, en sus formas de producción y estandarización, para luego develar las condiciones del consumo y el mercado en el contexto urbano contemporáneo. Dichos acontecimientos, tienen como antecedente social, la industria desarrollada desde el siglo XIX, la cual se pudo consolidar a gran escala, en el siglo inmediato gracias a los modos de producción Taylorista y Fordista los cuales traen tras de sí motivos económicos, pero también tecnológicos y políticos, como mecanismos para generar cada vez mayores excedentes de capital. (Aguirre Rojas, 2011)

Aguirre Rojas plantea que bajo este esquema, lo que llevó al planteamiento y puesta en marcha del modo de producción Taylorista fue la necesidad de aumentar la intensidad del trabajo. Una mayor ganancia obtenida de los trabajadores. Esto fue posible por medio de un sistema especializado de instrucción laboral, con el cual se orienta al obrero en sus procedimientos y ritmos de trabajo, y se le da seguimiento de sus procesos a través del control. En medio de estas estrategias, a los obreros se les somete y obliga al cumplimiento de ciertos parámetros, que terminan por reducir la autonomía del sujeto. El éxito de la instrucción y seguimiento obrero como estrategia de producción a gran escala, radica en la reproducción de dichos procedimientos en toda la masa obrera, manteniendo una tendencia hacia el absoluto control de las actitudes y movimientos de la población en general.

Ahora bien, el taylorismo no surge de manera separada o posterior a la industria, sino que se pone a su servicio desde su enfoque capitalista, focalizado en el carácter subjetivo que la compone. Es decir, en los actores sociales, propiamente, que desde la producción misma movilizan el capital.

Con el seguimiento y control sobre la población obrera, se aceleran los procesos y los resultados. Se da un gran crecimiento con un consecuente aumento del capital, configurando así la producción en masa o en serie, avizorada ya en el siglo XIX con la revolución industrial. La característica esencial de esta producción, es la estandarización tanto de los modos de trabajo, bajo los esquemas anteriormente mencionados, como de los instrumentos de trabajo – las exigencias del capital en este contexto abogaron por grandes cambios en la infraestructura laboral - y finalmente, en los productos resultantes de estos procesos industriales. Este contexto es el que Aguirre denomina como hiperracionalización del trabajo, la cual da origen a la producción en masa gracias al uso de las máquinas, mediante las cuales se regula el ritmo productivo de los obreros.

Un sistema mecánico completo y complejo, cuyas piezas clave o mecanismos esenciales son, en primer lugar la cadena de montaje, y en segundo, todo un conjunto integrado de formas de movimiento y transporte interno de los objetos de trabajo, compuesto de grúas, deslizadores, vagonetas, transportadores. (…) ¿Qué es la cadena de montaje? Un mecanismo en movimiento constante, que uniendo todos los momentos constitutivos de la transformación completa del objeto de trabajo hasta su conversión en producto, va trasladando la pieza principal frente a los obreros, fijados a sus puestos de trabajo, para que ésta vaya siendo modificada pertinentemente (ensamblada, adicionada con partes nuevas, remachada, soldada, atornillada, remodelada, etcétera) en tiempos rigurosos y preestablecidos, hasta convertirse en el producto final resultante de un proceso de trabajo determinado”. (Aguirre Rojas, 2011, p.29)

Bajo estos mecanismos, la industria y sus productos masificados, se movilizan a unos ritmos cada vez más acelerados, precisamente como consecuencia de instaurar instrumentos y procedimientos de manera estandarizada. La población obrera se maquiniza, y termina convertida como un apéndice más del dispositivo técnico. Con todo esto, el proceso productivo se simplifica, permitiendo que se desarrollen mercancías rápidamente y a gran escala, aumenta la cantidad del producto disponible para el consumo.

Este panorama abre las puertas a la globalización del consumo en el mundo occidental. Las industrias se expanden alrededor de los continentes, posicionando en todos los rincones sus productos, sus marcas y sus sistemas maquínicos de producción. Dicho aspecto va generar de manera paralela importantes procesos de expansión y renovación urbana, siguiendo, por su puesto las directrices de la modernización, que esta ola de progreso venía proponiendo en el marco de las diferentes facetas del crecimiento.


Lo proceso de crecimiento urbano alrededor del siglo XX y lo que llevamos recorrido del XXI han estado vinculados al crecimiento industrial, siendo este el referente para la expansión y modificación infraestructural. Dichos procesos se inscriben dentro de la misma política pública con el fin de movilizar el trabajo, el transporte, el mercado, es decir, la economía alrededor de la producción y el consumo. La modificación de la vivienda se incluye en este tipo de intervención, ajustándose a los modelos de urbanización-modernización inscritos en estas lógicas de producción post fordista.
Las ciudades entonces, también se globalizan. Después de la segunda guerra mundial, los países europeos caen en un crítico déficit de vivienda, en el que se abogaba por la producción de la misa a gran escala y bajo costo. El sistema fordista se instala en los procesos urbanos para producir vivienda colectiva de manera estandarizada. Un tipo de urbanismo que se asemeja a la producción industrial de mercancías, mientras permanecía permeado por las ideologías industriales del siglo XIX. El colectivismo que desde el punto de vista estético buscaba una sociedad igualitaria, consolida la tendencia hacia el desarrollo de construcciones homogéneas. (Gadea Lucio, Referencia digital)
Desde estas tendencias se configuraron lo grandes espacios homogéneos al interior de las ciudades. La uniformidad del espacio como premisa para el diseño urbanístico, no solo se orientaba a la organización física del espacio, también pretendía instalar mecanismos sociales de control1. En la descripción de La Casa Monol, Le Corbusier puntualizaba en la impresión de calma, orden y disciplina impuesta sobre los habitantes, a partir de la regulación espacial y la construcción en serie. (Le Corbusier, 1998) En este escenario el usuario no decide sobre su vivienda, solo ejerce el rol de ocupante. El proyectista es quien diseña el escenario, toma decisiones y organiza la vida al interior del hábitat urbano.
Gadea, plantea que todo este escenario llevó a que fundamentalmente en el siglo XX, la vivienda se convirtiera en un bien de consumo, dinamizado por los fenómenos de especulación mobiliaria. Esto implica que los nuevos paradigmas económicos permeados por el consumo y su globalización, van a generar contundentes cambios en la morfología, ritmo y comportamientos de las ciudades. Estos podrían generalizarse en el sentido de lo homogéneo, en la intervención en las infraestructuras de transporte, la tendencia hacia la vivienda multifamiliar cerrada y la proliferación de centros comerciales.
El agente movilizador de dichas intervenciones, en términos de los habitantes, es precisamente el consumo de mercancías que libremente circulan a través de estos espacios. La vigencia de dicho flujo radica precisamente en la posibilidad de que dichos productos puedan renovarse. La idea de la moda, mediante la que el consumidor pretende sentirse paradójicamente identificado con la masa, pero a la vez diferenciado de ella, no es otra cosa que la obsolescencia del producto para garantizar el flujo de bienes y capitales de manera constante. El invento de la moda como concepto permitirá entonces la continuidad del consumo. (Hispano, 2005)

De las pretensiones de homogenización

La uniformidad urbana, se puede asociar a lo que el arquitecto y profesor de la Universidad Javeriana Carlos Mario Yory (2006) denomina pretensiones de la globalización, entendiéndose en primera instancia, una pretensión de homogenización del valor, cuyo enfoque se centra en la suposición de que todos desean lo mismo y que por lo tanto bastaría con ofrecérseles un determinado bién, por su puesto atractivo primeramente a la vista para cargar en él la apetencia colectiva. A partir de esto, el consumo termina siendo una condición necesaria para que las ciudades se movilicen en torno al mercado y el consumo de masas.

No obstante Yory, enuncia ciertos cuestionamientos al respecto, al afirmar que no es tan posible ese consumo de masas, en la medida en que gran parte de las poblaciones urbanas no cuentan con el poder adquisitivo para acceder a muchos de esos artículos ofertados en los centros comerciales. Aun así agrega, que aunque no se produzca un absoluto consumo, lo que si se suscita es un homogenización de los mismos deseos, puesto que si bien no todos tienen accesos a los bienes de consumo, al menos si tienen derecho a desearlos. De este modo, afirma que ese deseo se consolida a través de las tiendas y vitrinas en los centros comerciales. Quien posee el capital accede a ellos por medio de la transacción financiera, quien carece del mismo accede a su deseo solo en la virtualidad de su cumplimiento, la vitrina le proporciona de este modo esa ilusión del producto, la posibilidad virtual de algún día acceder a él.

Teniendo en cuenta este aspecto que en la época actual atraviesa la estructura misma de las ciudades, se puede pensar en la ciudad de Manizales, desde el principal eje vial (la carrera 23) que la atraviesa. Se considera como tal por el flujo vehicular que soporta, y por los espacios comerciales que en ella se han instalado. Es importante tener en cuenta que si bien no todos los centros comerciales que se han construido en la ciudad en los últimos años, se localizan sobre esta Carrera, si lo es que le dan continuidad en la medida en que los puntos de acceso a los mismos, se encuentran estructuralmente conectados y de manera cercana a través de otras vías principales. En este sentido, el centro comercial y la vitrina son elementos fundamentales que configuran sus contornos y las prácticas de consumo en ella determinadas desde el diseño para estos fines. Por ello y siguiendo lo que Yory evidencia en cuanto a esa condición urbana del consumo, no es extraño que las actividades que este espacio suscite se orienten precisamente hacia la transacción satisfactoria o la contemplación deseante, de tal manera que esta calle se diseñe para, además de su funcionalidad vial de circulación, con fines orientados al consumo. El movimiento comercial de la ciudad se localiza de este modo, fundamentalmente sobre este eje. Los habitantes-actores del consumo, responden a estas pretensiones del mercado casi que disciplinariamente siguiendo las normas impuestas por sus leyes, obedeciendo dócilmente a lo que la publicidad, desde los paradigmas globales del consumo, sugiere que es socialmente aceptable.

Es cierto que esta es una pequeña ciudad tercermundista, que no podrá nunca alcanzar las dimensiones de una metrópolis y menos sus dimensiones de consumo; sin embargo, si se hace insistencia aquí sobre la imposición de leyes capitalistas sobre sus estructuras. Se considera que si es posible que sobre su ejes geométricos se pretendan imponer ciertas lógicas de poder y homogenización determinadas por el mercado. En efecto, aunque Manizales no sea comparable con las mencionadas metrópolis, lo que le da una posibilidad aunque sea reducida de seguir sus lógicas, son precisamente estas pretensiones de consumo. No es pues casualidad que aunque no atiendan a ninguna necesidad de su población carente, se venga instalando en la ciudad aparatos globales de consumo como son los centros comerciales construidos en los últimos años, específicamente el centro comercial Cable Plaza y Fundadores para atender a los intereses capitalistas de multinacionales como Macdonals, elemento característico precisamente de metrópolis ancladas a sociedades capitalistas.

En efecto, el espacio donde esta ha sido instalada, viene a configurase en vivaz ejemplo de una segunda instancia de homogenización, mencionaba también en clave de Yory y que es precisamente la que él denomina como pretensión de homogenización del espacio, donde este adquiere aquí un valor no por sus características ambientales, culturales, históricas, urbanas propiamente, sino por su ubicación y potencialidad estratégica. En tal sentido, aumentan los espacios periféricos y, con ellos, la exclusión y la segregación constituyéndose de este modo en negación teórica y práctica de lo urbano, desdibujando y destruyendo las formas de apropiación que en la ciudad como plétora de lugares, de huellas, memoria e intercambios sociales.

Recordemos aquí esa denominación de lo urbano en clave de Delgado (1999) no como esa estructura física de carácter defensivo ajena para los habitantes, sino precisamente desde las configuraciones sociales y simbólicas que resultan de la misma práctica del habitar con independencia de su referencia material. La ciudad se constituye por esa plataforma física y lo urbano por las prácticas que en ella o por fuera acontecen. Así, lo urbano se devela como el encuentro entre hombres y se moviliza en un simbolismo concreto, como el rumor, el chiste, o las distintas maneras cargadas de significado cotidiano, con las que se designan los lugares marcándolos como sitios territoriales, construcción imaginaria desplegada en narración emergente de esos encuentros y desencuentros entre los cuerpos2 que transitan la ciudad.

Son estas dinámicas del habitar, las que se ven afectadas en esas pretensiones de homogenización, puesto que opera a partir de la fragmentación del espacio urbano entendido no solo como las infraestructuras de comunicación y vivienda sino, también constituido por las practicas del habitar que en ellos acontecen, y que terminan siendo disociadas. Se instauran distancias entre quienes están próximos espacial y culturalmente a los centros hegemónicos de equipamiento cultural, comercial, político y de consumo; y quienes son excluidos de estos, asegurándoles dificultades estructurales económicas, de transporte, hábitos, para relacionarse con tales equipamientos.

Tal es el caso que ha venido ocurriendo en el sector de la comuna San José en la ciudad de Manizales, sector en el que se encuentra instalado el Centro Comercial más nuevo de la ciudad inaugurado en el año 2011. Un emplazamiento de aproximadamente 60.000 metros cuadrados ocupado por 334 locales comerciales, obra que no solo le abre las dimensiones del consumo a los Manizaleños, sino que también, administrativamente se configura en el punto de partida del Macro Proyecto de Renovación Urbana de la comuna San José, cuyo objetivo es, “promover y ejecutar intervenciones urbanísticas que generen suelo destinado a vivienda multiestrato, equipamientos colectivos, espacios públicos, optimización y equipamiento de la actividad institucional, comercial y de servicios, en un zona estratégica y central de la ciudad con riqueza paisajística, densamente poblada y de fácil acceso” (Alcaldía de Manizales- Macro Proyecto San José para que vivamos mejor).

Este proceso emana del gran déficit de vivienda por el que está atravesando el país en tiempos contemporáneos, al que la política nacional responde a través de la consolidación de los macro proyectos de interés social nacional de renovación urbana, Siguiendo políticas del Banco Interamericano de Desarrollo, la ley 1151/07 del Plan de Desarrollo del actual gobierno, en su artículo 79, con el fin de promover la disponibilidad de suelo para la ejecución de programas, proyectos u otras obras de utilidad pública o interés social. En esta medida la renovación urbana de la Comuna San José, se presenta como urgente y prioritaria para el avance de la ciudad e incluye, en su descripción: inversiones en la construcción de una vía de casi cuatro kilómetros y tres carriles, la construcción de aproximadamente 2.569 edificaciones estandarizadas y empleadas para la vivienda, el comercio, servicios y las industrias. En las estrategias que movilizan su desarrollo se contempla desde la aprobación por parte del Gobierno Nacional para aportar subsidios de vivienda, la reubicación de familias que están en zonas de alto riesgo hacia apartamentos multifamiliares como vivienda de interés social, hasta la construcción de apartamentos en la modalidad de viviendas de Interés Prioritario. Por medio de estas estrategias, la Alcaldía y los organismos oficiales, ven la solución a la calidad de vida de los habitantes del sector, en la medida en que dicho proyecto desde su consideración "permite un adecuado desarrollo físico, ambiental, social y económico: garantizando una vivienda sin riesgos, disminuyendo la pobreza extrema, generando nuevas fuentes de ingresos, optimizando la movilidad del sector y creando espacio público"(Alcaldía de Manizales, Proyecto San José).



Del contexto local

Ante la aparente pertinencia de estas intervenciones, todas sus implicaciones han despertado grandes cuestionamientos no solo para la comunidad vinculada, sino en diferentes actores sociales que ven en dicho proceso, profundas laceraciones a las relaciones vitales de esta comunidad. Ejemplo de ello son las opiniones generadas por la Organización Planeta Paz entidad Colombiana que tiene como misión incidir en la materialización de las propuestas de los Sectores Sociales Populares, la formulación e implementación de políticas públicas y proyectos sociales. En su página oficial publicaron un artículo el día 10 de septiembre de 2009, en el que señalan la situación general de este proceso, poniendo en cuestión algunos de sus componentes.

(…) Donde se construirán las edificaciones son tierras planas u onduladas, lo cual es un lujo en esta ciudad y en parte nos conlleva a la explicación del por qué estos terrenos son tan apetecidos, por otro lado si la "prioridad" es la reubicación de las familias que se encuentran en zonas riesgosas, ¿en el orden de las construcciones que presentó la alcaldía, por qué primero está la obra de la Avenida Colón?” (Organización Planeta Paz, referencia digital, 2009).

En el mencionado artículo, también se ponen en evidencia, otros aspectos que no solo esta organización ha cuestionado. También la comunidad se ha manifestado a través de diferentes mecanismos de participación para mostrar su posición frente al proyecto, enfatizando en los límites que para ellos representa. Por tal razón, se conformó el Comité de Voceros de la comuna de San José, quienes llevando la voz de su comunidad, convocaron un cabildo abierto el 27 de noviembre del 2008, donde los pobladores manifestaron sus inquietudes y preocupaciones sobre el tema; también se realizaron un foro popular el 7 de junio del 2008, varias ruedas de prensa y una gran movilización de los habitantes de la zona el 27 de marzo del 2009, entre otras movilizaciones en los últimos dos años. Así mismo, tramitaron un derecho de petición dirigido al ministro de ambiente y vivienda el 1 de diciembre del 2008 y otro dirigido con 15 solicitudes al alcalde de Manizales.

De este modo, se debatieron aspectos como las fuertes transiciones que van a tener que afrontar estas familias de unos lugares que han constituido su habitar, sus huellas y su historia, en espacios en los que conviven núcleos familiares bastante grandes, todos acostumbrados al carácter de sus viviendas que aunque antiguas y deterioradas, también dotadas de amplios espacios y solares. Allí tienen sus rentas, sus pequeños negocios, sus amigos, sus historias, sus memorias. Todo ello tendrá que desvanecer para que otros espacios construidos se puedan consolidar, aspecto que ya ha generado la masiva reubicación de las familias que con la compra de sus viviendas, han tenido que desperdigarse en otros sectores de la ciudad incluso, teniendo que presenciar cómo sus viviendas, antiguas y cargadas de recuerdos, son desechadas más rápido de lo que se tomara quizás, pensar en las huellas de las que estaban impregnadas. Si a estas familias las reubicaran nuevamente en el sector de San José, tendrán que acostumbrarse a reconstruir su vida en apartamentos de 42 metros cuadrados, considerados por los voceros de la comunidad insuficientes y donde se les violenta su derecho a una vivienda digna.

Esta comuna se establece por el imaginario colectivo como un sector histórico de la ciudad, desarrollada desde finales del siglo XIX y principios del siglo XX, dotada de una centralidad que le permite una cercanía a la Catedral y la Plaza de Bolívar, escenarios que configuran la zona más central, en la que converge la más importante área comercial de la ciudad. Por esta cercanía habitantes de esta zona aceden a ella con gran facilidad incluso caminando, no tanto por placer sino porque sus carencias los abogan al andar. Los habitantes del sector pertenecen a bajos estratos socioeconómicos y con pocas oportunidades laborales, y de las pocas ventajas de las que gozan es precisamente esta cercanía con el centro de la ciudad. Han constituido en sus contornos diferentes alternativas económicas que soportan su existencia en las calles del centro, en la Plaza de Mercado, en la plaza de bolívar e incluso en los mismos barrios, negocios emergentes de la informalidad, la creatividad y las necesidades cotidianas. Si bien esta es una zona habitada por estratos bajos y populares, algunos en zonas de riesgo, no es esta la característica general, puesto que también, en allí habitan familias relativamente estables que se benefician de las rentas de sus casas o de los negocios formales e informales, razón en la que radica la no justificable demolición de la totalidad de las viviendas, suscitando entonces factores de temor.

También se evidencian afectaciones, en la medida en que la zona periférica en la que serán relocalizadas las familias, en la comuna Ciudadela de Norte, representa una distancia considerable del sector que habitaran antes, viéndose despojados de este modo, no solo de los lazos que le ligaran a un espacio habitado, sino también de las posibilidades que este les oferta. Se les priva de su fácil accesibilidad a la zona central donde movilizan su economía, de sus clientes, es decir de las posibilidades cotidianas de existencia, sin mencionar las posibles tensiones con la comunidad ya radicada en la zona y apropiada cotidianamente de sus espacios.

Si bien es cierto que los intereses del plan se orientan a mejorar la calidad de vida de la población que se encuentra en condiciones de riesgo, también lo es que en su desarrollo se está poniendo en juego otro tipo de riesgos, como lo es la estabilidad de una comunidad que se ha consolidado durante muchos años, con una gran memoria histórica para la ciudad y una cantidad de tejidos que en su seno se han construido. No solo se está poniendo en riesgo lo simbólico sino incluso la estabilidad económica ya debilitada por las pocas oportunidades que proporciona el sistema político social.

La reubicación de viviendas o de habitantes en nuevas viviendas, tiene un propósito muy claro de prevención y gestión del riesgo, con el interés de minimizar los posibles impactos que su estado de vulnerabilidad física les pueda ocasionar. No obstante, dicho mecanismo, ha generado paralelamente nuevas condiciones vulnerabilidad económica, social, educativa, física a las comunidades reubicadas, en la medida en que el riesgo evidente es remplazado por otros que se manifiestan de manera más sutil. Se evade el riesgo de deslizamiento de una vivienda ubicada en una ladera, pero se crea un conflicto territorial en el sector destino, donde las precarias condiciones económicas, el desempleo, el subempleo y la falta de oportunidades, se expresan cotidianamente a través de la violencia.

Con la segregación a la que se vieron sometidos incluso por la fuerza económica que les seduce, los habitantes de la Comuna San José, reubicados en la Comuna Ciudadela del Norte se han visto expuesto a distintas condiciones de vulnerabilidad, como es el conflicto territorial generado entre estos, los antiguos pobladores y otra comunidad que en años anteriores había sido reubicada del sector La Playita, también como estrategia de prevención. Han visto alterada su situación económica en la medida en que dicha comuna destino se encuentra ubicada en la periferia de la ciudad y ellos ya habían consolidado una economía de auto sostenimiento (aunque precaria hay que decirlo) basada en el comercio informal, gracias a su antigua ubicación en la centralidad. Los niños y jóvenes también se han visto afectados por este proceso no solo desde las implicaciones sociales y psicológicas resultantes como efecto colateral, sino también desde la alteración de su ciclo escolar. A los estudiantes se les dificulta acceder a cupos escolares en los colegios de su nuevo sector y quienes acceden se han visto enfrentados a diferentes conflictos juveniles al interior de su ambiente escolar.

La secuela más reciente de esta marginación, ha sido vivenciada a principios del presente año (Febrero 11 de 2013) cuando de acuerdo con los testimonios de la población y las redacciones de los diarios La Patria y EL Tiempo, fueron desalojadas 605 familias que se encontraban “invadiendo” un lote ubicado en el barrio Solferino. Este localizado en la Comuna Ciudadela de Norte, mencionada anteriormente, es uno de los sectores con mayores problemáticas y conflictos sociales, donde el procedimiento fue llevado a cabo en la madrugada por parte de la Policía y la Secretaría de Gobierno, siendo el primero de los tres operativos que se realizaron en esta Comuna. (La Patria y El Tiempo- Febrero 11 de 2013).

El interés de la invasión, de acuerdo con sus promotores, quienes se unieron bajo la consigna “Vivienda Digna,” era atender a una situación de necesidad en la que se encuentran y que ha sido ignorada por las distintas administraciones municipales, razón por la cual, a la hora del procedimiento asumieron una posición de resistencia que terminó por consolidarse en una confrontación violenta entre funcionarios de la Alcaldía y los pobladores. Este hecho terminó por lo tanto en un disturbio entre gases lacrimógenos, pelotas de goma y piedras, fenómeno que finalmente lo que evidencia es una estrategia de control movilizado por la fuerza y la acción violenta.

La invasión se ha convertido en un mecanismo de resistencia urbana ante las carencias de vivienda, familias que pagan alquiler protagonizaron la invasión como mecanismo de presión civil. De acuerdo con la redacción del diario La Patria (Febrero 17 de 2013) este es el caso de una familia habitante del barrio Comuneros ubicado en la Comuna Ciudadela del Norte quienes utilizaron esta estrategia hace 32 años, junto con otras familias, invadiendo un lote en el barrio El Nevado. Con el pasar del tiempo han llegado a tener los ingresos para pagar alquiler de vivienda, pero nunca han tenido casa propia. Hace pocos días protagonizaron una nueva escena de invasión, en el lote que ocuparon del mismo modo en el año 2002, precisamente al frente de la casa donde habitan en alquiler. Al verse presionados a desalojar el lote regresaron a su vivienda habitual, afirman que hicieron esto no tanto por que no tuvieran en donde estar, sino como forma de presión a los organismos municipales para que se ocupen de su problemática, la cual se generaliza con la de cientos de familias que diariamente viven en iguales o peores condiciones.

Frente a este escenario enmarcado fundamentalmente por un evidente déficit de vivienda, la alcaldía Manizales esta adelantando una revisión del Plan de Ordenamiento Territorial durante el presente año. En este se están planteando posibles medidas como la definición de nuevas zonas de expansión de la ciudad, o la densificación, por medio de la renovación de zonas donde ya hay viviendas construidas, como en el caso de San José. "Es más barato", afirman los funcionarios. "Además es lo que nos recomienda el Banco Interamericano de Desarrollo como parte del programa de ciudades amables, al que le apunta Manizales". (La patria Febrero 17 de 2013)


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