Dermatologia y poesia



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DERMATOLOGIA Y ARTE. EDICION 228.

DERMATOLOGIA Y POESIA.



CRUZ SALMERON ACOSTA. Cielo y Mar.

En este panorama que diseño,


para tormento de mis horas malas,
el cielo dice de ilusión y galas,
el mar discurre de esperanza y sueño.

La libélula errante de mi ensueño


abre la transparencia de sus alas,
con el beso de miel que me regalas
a la caricia de tu amor risueño.

Al extinguirse el último celaje,


copio en mi alma el alma del paisaje
azul de ensueño y verde de añoranza;

y pienso con oscuro pesimismo


que mi ilusión está sobre un abismo
y cerca de otro abismo mi esperanza.

CRUZ SALMERON ACOSTA.



(Cumaná, 1892-1929). Llamado "poeta del martirio". En colaboración con otro poeta cumanés, su gran amigo José Ramos Sucre, fundó la revista literaria "Broche de oro". Víctima del Mal de Hansen, se recluyó en Manicuare, un pueblo que creció a lo largo de la costa de la península de Araya y desde el cual se puede ver Cumaná. Allí, postrado en la cama, tuvo que dictar muchos de sus poemas cuando la enfermedad le impidió escribir. Su obra refleja la adversidad, la angustia y la restricción que le acompañaron durante su vida. Hoy en día, la casa de Cruz Salmerón Acosta, lugar de destierro físico y espiritual del poeta, aún convida al reposo para contemplar, desde la pequeña colina en que se encuentra, aquella costa que tanto amó y el ancho azul que insuflara a sus poemas toda esa carga de melancolía y desconsuelo. La casa es conservada por los jóvenes del Centro Cultural Cruz Salmerón Acosta con esmero y dedicación, un grupo de muchachos manicuareros dedicados a conservar viva la memoria del poeta y que celebran de manera especial el natalicio (3 de enero) y muerte del poeta. Además, han construido el Museo Cruz Salmerón Acosta en el lugar donde vivieron los padres del mismo.

Colaboración de la Dra. Raquel M Ramos M.

DERMATOLOGIA Y PROSA.

MUCHACHO. Raquel M Ramos M.

Como recuerdo al primer caso de Hansen visto en el cuarto 1 de emergencias en mi primer año de post grado.

Muchacho:



Ya ves que tierna ironía que casi sería sarcasmo ¡si no estuviera empapada en tristeza!, ¡escribirte a ti, que jamás leerás esto! Porque no sabes leer. Estaba buscando entre mis papeles, entre las poesías, algo que alimentara el alma. Descarté simbolismos ternuristas y aéreas referencias, porque el horno no está para bollos de escapista dulcedumbre y de pronto, volví a encontrar tu imagen en mi mente: un niño venezolano de inefable mirada, casi senil a fuerza de trágica historia. Una mirada de todos los niños olvidados, oscurecidos, envejecidos, salidos de las ruinas y los ranchos, y las guerras y los terremotos y el hambre y los vientres de madres solteras, exiliados de la vida. Niños machacados aquí y allá. Niños destrozados en la miseria más rampante, dentro de una sociedad de despilfarros, idiota. Niños que componen las más espeluznantes cifras de la injusticia humana: quinientos millones de niños desnutridos, doscientos millones sin escolarizar, más de cincuenta millones condenados a trabajos inmundos. Tú, mi niño, eres uno de esos millones de niños.

Sin hablar, porque es que ya le tiembla a uno todo y la tecla se resiste a sonar, sin hablar digo, que sé mi niño, que somos los contemporáneos de la más horrible masacre infantil de la historia, y sé también que caminamos entre discursos, foros, seminarios, diciendo al mundo que tus ojos deben mirar atónitos, que no, no por favor, nosotros no somos culpables, sólo somos “contemporáneos” de la culpa.



Perdona mi niño, Estamos aquí muy ocupados con nuestras estupideces, luchando por cosas tan bonitas como la posición y el honor, como el amor propio y el figurar, y corremos detrás del absurdo de ídolos de barro.

Ustedes se pudren de horror con los ojos abiertos.

Te asías a tu silla de ruedas, nosotros te mirábamos como un caso y tú nos mirabas como lanzando la última llamada de socorro y de ternura inocente lanzada a un mundo que duerme cada noche con la maldita conciencia que no sirve para nada.

Perdona mi niño esta simpleza estética mía.

Perdóname hijo mi necio afán de aprovechar bellezas en un mundo de porquerías,

Y perdona esta carta que jamás llegarás a leer.

¡ qué golpe cordial de amistosa ternura te salvará!

¿qué fibras del alma pondré en andadura, para convertir tus ojos de tristeza, tus encharcados ojos, en mirada de esperanza?

Pongo un disco y oigo los sones comerciales del amor que se compra, dulzón, pegajoso, desentendido de todo horror, porque ese horror indigesta, molesta nuestra diaria digestión.

Déjame mirarte y déjame llorar aunque no sea más que de rabia, por ser tan cobarde.

Ojalá me quede todavía algo más que el grito desesperado en el alma.

¡Ojalá me quede la esperanza!.


DERMATOLOGIA Y PINTURA.
Armando Reverón. Periodo azul.
Marina
Material: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 45,6 x 53,5 cm.
Museo: Fundación Galería de Arte Nacional. Caracas.

ARMANDO REVERON




    Considerado el mejor pintor venezolano de la primera mitad del siglo XX, se interesó profundamente por la acción de la luz sobre las formas. Entusiasta del impresionismo francés, su pintura evolucionó a la abstracción y el simbolismo. Los temas preferidos fueron el paisaje y el desnudo femenino. Nació en Caracas y desde niño mostró afición por la pintura, en la que se inició bajo la orientación de su primo Ricardo Montilla. En 1908 ingresa en la Academia de Bellas Artes de Caracas, donde permanece tres años y tiene por compañeros a Rafael Monasterio, Manuel Cabré y Antonio Edmundo Monsanto, a esta etapa formativa corresponden temas religiosos, paisajes y naturalezas muertas, influenciadas por Arturo Michelena (Josefina en el jardín, 1909). Gracias a una beca, en 1911 viaja a España e ingresa en la Escuela de Artes y Oficios de Barcelona, coincidiendo de nuevo con Rafael Monasterio. Tras un corto viaje a Venezuela, en 1912 se traslada a Madrid y sigue estudios en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Durante su estancia en la capital visita los estudios de Muñoz Degrain, Moreno Carbonero y viaja a Segovia, donde conoce a Zuloaga. En 1914 se traslada a París, allí permanece unos meses (Paisaje de Burdeos) y tras una corta estancia en Barcelona, vuelve definitivamente a Venezuela un año más tarde. Allí se integra en el Círculo de Bellas Artes y abandona el rigor académico, ante el entusiasmo que despierta el impresionismo en él. Su traslado a La Guaira, en 1917, donde conoce a su modelo y compañera de vida, Juanita Ríos, será definitivo para su carrera de artista, en la que se distinguen tres periodos. En 1919 inicia el llamado periodo azul, en el que su obra, inmersa en una atmósfera sensual y misteriosa, está dominada por el azul profundo de su paleta y una factura espesa. Se trata de paisajes, retratos de Juanita y majas, El bosque de la Manguita, Juanita, La Cueva.

A partir de entonces se definen las dos líneas temáticas que cultivará hasta la muerte, el paisaje (pintado al aire libre) y el desnudo. El momento decisivo de su carrera se produce en 1921 con su traslado y asentamiento en Macuto, pueblo costero, donde construye su castillete, y vive hasta poco antes de morir en compañía de Juanita. Entre 1922 y 1924 se dedica preferentemente a la construcción del Castillete -hoy Museo- y abandona el impresionismo, adquiriendo gran importancia el color blanco, que utiliza en composiciones de corte abstracto (El Paisaje blanco, 1934), -periodo blanco-. La obra que marca el paso del periodo azul al blanco, que se extiende hasta 1934, es Fiesta en Caraballeda de 1924, donde utiliza como soporte tela de coleto, también incorpora a la obra elementos concoides, rocas, cocoteros, como referencias estructurales y figurativas en una atmósfera casi abstracta. En 1933 sufre una crisis nerviosa que le mantiene inactivo durante cierto tiempo, tras la cual empieza a pintar sobre papel con un estilo gestualista, que constituye una etapa de transición al periodo sepia, que se inicia en 1936. Pinta entonces obras de gran formato que escenifican varias figuras desnudas en un interior (La maja criolla, 1939) al tiempo que su producción se torna dramática con acentos expresionistas. Sustituye sus modelos, salvo Juanita, por muñecas de trapo fabricadas por él mismo (Serafina). Salvo el paréntesis de 1940-1945 en que pinta del natural paisajes portuarios con la frescura de los primeros años (El puerto de la Guaira, 1941), su obra es cada vez más introvertida y simbólica, al igual que su vida, cada vez más solitaria y ajena a la realidad, sus pinturas están bañadas por la luminosidad del sol y el resplandor de las estrellas bajo la noche tropical (Amanecer en el Caribe, 1944). En 1945 es internado por primera vez en un psiquiátrico, aumentan los desnudos y autorretratos (Desnudo acostado, 1947) y a partir de 1949 se observa una menor producción pictórica, a la vez que se centra en la técnica del dibujo, que se convertirá a partir de 1950 en la única utilizada. Los últimos años los pasa en una clínica psiquiátrica, en Catia, donde realiza distintos retratos de pacientes, que constituyen su último trabajo. Sus pinturas giran mayoritariamente en torno a la representación de paisajes y figuras femeninas, en algunas de las cuales muestra cierto erotismo.


Colaboración de la Dra. Raquel M Ramos M


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