Derecho de libertad de creencias



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Beatriz Souto Galván. Profesora titular de la Universidad de Alicante

DERECHO DE LIBERTAD DE CREENCIAS



TEMA V. LA LIBERTAD DE CONCIENCIA Y OBJECIÓN DE CONCIENCIA

I. OBJECIONES DE CONCIENCIA

1. Introducción

A diferencia de los textos internacionales de derechos humanos que hemos analizado previamente nuestra Constitución no reconoce de forma expresa la libertad de conciencia. Esta ausencia ha sido suplida por el Tribunal Constitucional al manifestar que la libertad de conciencia es una concreción de la libertad ideológica reconocida en el art.16 CE.

La libertad de conciencia puede definirse como la libertad de actuar de acuerdo con las propias creencias o convicciones, es decir, “la libertad de conciencia tendría por objeto la decisión moral acerca de las acciones concretas, normalmente basada en el código moral al que la persona se adhiere como consecuencia de su sistema de pensamiento o de su opción religiosa”1. Como el resto de libertades fundamentales la libertad de conciencia, en cuanto conlleva de manifestación, está sujeta a los límites generales: el orden público y los derechos y libertades de terceros.

En principio, mientras no se conculquen los límites generales propios de los derechos fundamentales se debe garantizar la facultad del individuo de actuar según los parámetros que le impone su conciencia. Sin embargo, ocasionalmente, el ordenamiento jurídico introduce deberes jurídicos que chocan con las convicciones del sujeto individual. Nos encontramos, en este caso, con los supuestos denominados “objeciones de conciencia”, esto es, la negativa, por razones axiológicas, a someterse a una conducta que en principio le sería jurídicamente exigible.

El Tribunal Supremo, en su interpretación de la naturaleza y alcance de libertad de conciencia, ha asentado las siguientes premisas:

1) La objeción de conciencia sólo es predicable, en su caso, frente a deberes jurídicos válidos, de tal suerte que si la norma que impone un deber es inconstitucional (o tratándose de un reglamento, ilegal), la respuesta no puede ser la objeción de conciencia sino la activación de los procedimientos previstos para su anulación.

2) Niega que, con base en el art. 16.1 CE, pueda deducirse un derecho a la objeción de conciencia de alcance general, pues de otro modo la eficacia de las normas jurídicas vendría a depender de cada conciencia individual, con el consiguiente riesgo para los propios fundamentos del Estado de derecho. Sobre este particular Ruiz Miguel afirma que la vía judicial sería la más idónea para “excluir o atenuar la sanción en los deberes legales en los que es palmaria la escasa entidad del daño social producido en relación con el mayor beneficio de extender la libertad de conciencia de los ciudadanos”2.

Por su parte, el Tribunal Constitucional ofrece diversas interpretaciones sobre la naturaleza de la objeción de conciencia, resultando su doctrina claramente contradictoria:



      • SSTC 15/1982 y 53/1985: La objeción de conciencia existe y puede ser ejercida con independencia de que se haya dictado o no tal regulación. Forma parte del contenido del derecho a la libertad ideológica y religiosa del art.16 CE y, por ello, se trata de un derecho fundamental de aplicación directa.

      • SSTC 160, 161/1987, 321/1994, AUTO 270/1999: La objeción de conciencia al servicio militar “constituye una excepción al cumplimiento de un deber general, solamente permitida por el artículo 30.2º en cuanto que sin ese reconocimiento constitucional no podría ejercerse el derecho, ni siquiera al amparo de la libertad ideológica o de conciencia...”. Es decir, desde el punto de vista del TC, se trata de un derecho constitucional autónomo, cuya relación con el artículo 16 no permite calificarlo de fundamental: “La objeción de conciencia con carácter general, es decir, el derecho a ser eximido del cumplimiento de los deberes constitucionales o legales por resultar ese cumplimiento contrario a las propias convicciones, no está reconocido ni cabe imaginar que lo estuviera en nuestro Derecho o en Derecho alguno, pues significa la negación misma de la idea del Estado”.

2. Objeciones de conciencia
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