Del camino del ideal al camino de la vida



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IX

DEL CAMINO DEL IDEAL AL CAMINO DE LA VIDA

La idea central de este curso es el “Desvelamiento del ser en el hombre”. Pero, hasta ahora, sólo hemos señalado las líneas generales que pueden conducir a ese descubrimiento; sólo hemos mostrado los puntos cardinales que pueden dar una orientación general en esta búsqueda del ser, como quien señala en el cielo unas cuantas estrellas que pueden servir de guía al navegante. Hemos mostrado la constelación de signos que marcan el camino hacia el descubrimiento de lo que el hombre realmente es, y esta constelación de signos se dibuja hoy en el cielo de las aspiraciones humanas como tres “Estrellas guías”: la estrella que marca el camino hacia las aspiraciones divinas del hombre, su necesidad de trascendencia, su vínculo con lo divino; la estrella que marca el camino de sus aspiraciones humanas, su necesidad de encuentro con los demás hombres, su vinculo con la humanidad; y la estrella que marca el camino de sus aspiraciones íntimas, su necesidad de encontrarse consigo mismo, de descubrir el misterio de su ser individual, de revelar su propia alma.


Pero dijimos que no era suficiente una carta de signos fijos, de estrellas fijas, de signos estáticos, porque ninguno de estos signos por si sólo es suficiente para llevar al hombre a colmar la totalidad de sus necesidades como ser humano.

No podemos guiarnos por una divinidad hecha símbolo muerto, como si fuera una estrella que brilló en el monte de la transfiguración hace 2000 años y hubiera quedado para nosotros como un simple objeto brillante... como esas estrellas que vemos en el cielo, que ya se han extinguido hace muchos millones de años, pero cuya luz aún sigue su camino. No podemos guiarnos tampoco por una Humanidad ideal a la cual quisiéramos pertenecer, como símbolo abstracto de comunidad humana. No podemos guiarnos por un “prototipo ideal de hombre”, que diera el modelo del hombre perfecto para que yo pudiera imitarlo... porque hemos dicho que tales modelos de perfección –por lo menos en la forma en que lo hemos imaginado- no existen.



Sin embargo, cuando descubrimos la VIDA que se manifiesta más allá de esos símbolos, cuando podemos descubrir esa vida transfigurada que surge detrás del rostro material que la cubre con su velo, esa vida transfigurada puede convertirse en corriente de Inspiración y en guía de orientación para mi propia alma.
Todo esto, a pesar de ser muy hermoso, puede parecer muy teórico, muy ideal... y corre, efectivamente, un gran riesgo de serlo... Y puede parecer muy ideal, sobre todo al hombre que tiene aún el recuerdo de haber vivido en un mundo bien señalizado, cuando aún el mundo de significados no había sido barrido por la técnica y cuando aún los dueños de los negocios ostentaban con orgullo su propio nombre al frente de sus establecimientos, es decir, antes de que aparecieran las corporaciones anónimas.
Muchas de las huellas bien definidas que antes marcaban el camino han desparecido y tendremos que acostumbrarnos a guiarnos por signos más sutiles.
Al hombre acostumbrado a guiarse por señales concretas, por hechos concretos, por imágenes concretas, puede resultarle muy utópico decirle: “Guíese por la fuerza de la Inspiración”. Decirle: a pesar de que usted crea que está perdido y solo en un mundo que no le dice nada, en un mundo que no le da ninguna señal referida al universo; a pesar de que las imágenes que usted se ha formado de Dios puedan no decirle nada; a pesar de que la humanidad se le aparezca como un conjunto de almas que no conoce y a pesar de que usted sea un desconocido para sí mismo...; a pesar de todo ese abismo de soledad, hay una corriente de Inspiración cósmica que se manifiesta detrás de todas esas cosas que usted cree muertas: trate de sintonizarse con ella, de escuchar su Voz, y Ella lo guiará...
Todo esto suena a algo muy ideal, muy abstracto ¿no es así?
Es decir, hemos mostrado el camino de los grandes ideales: hemos mostrado un foco de Conciencia Cósmica, hemos mostrado el rostro de una Humanidad ideal y hemos mostrado la imagen de un “hombre ideal” –de una egoencia del ser revelándose en el individuo como una armonía de valores humanos y divinos. Estos grandes Ideales pueden, realmente, Inspirarme, pero son insuficientes para “abrir” el Camino que yo, como hombre concreto, quisiera recorrer para descubrirme a mi mismo. Y este es el punto crítico de la existencia humana, descender de la cumbre de sus aspiraciones al plano concreto de la existencia cotidiana, pasar del “Camino del Ideal” al “Camino de la Vida”.
La Inspiración puede guiarnos hasta ese umbral, pero para cruzarlo hay que poner el pie en el Camino. ¿Qué quiere decir esto?

1. La conquista de una verticalidad existencial
No es suficiente comprender (poner la cabeza), ni es suficiente amar (poner el corazón), sino que es necesario poner el pie que es el instrumento de contacto del hombre con la tierra, con el mundo material. Cuando se pone el pie en la tierra, recién cuando se recorre el camino material y concreto de la vida, cuando el pie siente las asperezas del camino, sólo entonces el hombre conquista su verdadera verticalidad existencial y se hace a sí mismo “puente” entre el cielo y la tierra; entonces conquista la verdadera verticalidad funcional y no una simple verticalidad postural. ¿Qué quiere decir una “verticalidad funcional”?: quiere decir un hombre que funcione en los dos polos, que tenga la cabeza en el cielo y los pies en la tierra.

2. La conquista de la dimensión material de la existencia
Poner el pie en el camino significa aceptar la materialidad del mundo en que le toca vivir y tomar los elementos terrestres para transformarlos, por medio del conocimiento, el amor, el trabajo y el sacrificio, en los elementos transfigurados del hombre cósmico.

3. Las coordenadas de la Vida
En el instante de aceptación de su real condición humana, se revelan las tres coordenadas de la vida que señalan al caminante el esfuerzo que tendrá que realizar para que el Ideal se transforme en Vida, para que lo divino pueda hacerse humano, para que el espíritu se encarne de verdad en la materia. Estas tres coordenadas de la vida son:
La coordenada de la comprensión, que nos señala el camino del conocimiento, que va quitando uno a uno los velos de la ignorancia y descubriendo la realidad de lo que es.
La coordenada del amor, que nos señala el camino del corazón, que va quitando poco a poco la cáscara de los amores egoístas y liberando los amores más puros y generosos.
La coordenada del esfuerzo de la voluntad, a través del trabajo y el sacrificio.

4. La estructura homogénea de los valores humanos y divinos
En resumen, seis coordenadas, seis puntos cardinales, seis estrellas para guiarnos en la noche de lo desconocido, para guiarnos en el camino de búsqueda del sentido de nuestra existencia:
Tres coordenadas Ideales, de Inspiración: la estrella del ideal divino, la estrella del ideal de la humanidad, y la estrella del ideal individual.

Tres coordenadas Materiales, de la acción y de la vida: la estrella que nos guía hacia el conocimiento, la estrella que nos guía hacia el amor, y la estrella que nos guía hacia el trabajo y el sacrificio.
Las tres coordenadas ideales apuntan a un vértice de conciencia Cósmica, que trasciende las limitaciones humanas. Y las tres coordenadas materiales apuntan a una Voluntad que acepta dichas limitaciones para conocerlas, transformarlas y trascenderlas.
Pero para que todas estas señales funcionen como una estructura viviente, es necesario que brille en nuestro cielo interior una séptima estrella: la estrella del compromiso con la vida, que es la señal que pone en movimiento la energía indispensable para que el hombre realice su propio destino.

Pregunta (señorita)

Al hablar de esa corriente de Inspiración, usted parece partir del supuesto que todo ser humano tiene en algún momento de su existencia un contacto con lo divino, pero yo sólo he tenido impresiones estéticas.


M.S.

La pregunta suya apunta a las posibilidades del hombre frente a lo divino. No quisiera hacer de esto una especulación... Si usted me permite quisiera dejar su pregunta flotando en el ambiente, que siga resonando en todos nosotros como pregunta hasta el momento en que dentro mismo del grupo surja la respuesta adecuada.


Pregunta (otro interlocutor)

Por un lado habla de una Inspiración que pareciera venir más allá del hombre y, por el otro, habla de un esfuerzo centrado en el hombre mismo. ¿No es esto una contradicción?


M.S.

Es y no es una contradicción. Surge como contradicción apenas la mente quiere disociar la unidad del ser.


Pregunta (mismo interlocutor)

Pero si usted habla de aspectos humanos y divinos en el hombre, ¿no está postulando desde ya una dualidad de aspectos que atentan precisamente contra dicha unidad del ser?


M.S.

Atentan contra la unidad del ser si disociamos dentro de nosotros mismos esa unidad, y de hecho vivimos “fuera” de la unidad del ser, ya sea en un polo ideal o ya sea en un polo material y nos pasamos la vida en contradicciones permanentes con nosotros mismos. Pero el hombre siente cada vez más la necesidad de resolver dicha contradicción existencial ya no a través de una nueva “dialéctica” sino a través de una nueva mística que restablezca el sentido de la unión.


Pregunta

¿Cómo se concilia eso que usted dice de “aceptar la materialidad del mundo que a uno le toca vivir” con la idea generalmente aceptada de que la vida espiritual niega precisamente lo material?


M.S.

Lo que pasa es que hemos cultivado una espiritualidad fundada en un rechazo de la materia que nos ha llevado poco a poco a una negación de la vida. La espiritualidad que nace en nuestro tiempo se funda en una nueva actitud frente a la materia, ya no de negación sino de transformación de la misma. El hombre debe aprender a transformar la materia de su propia vida.


Pregunta

¿Pero la misma aspiración hacia lo espiritual no lleva a reaccionar contra el mundo y contra la materia?



M.S.

Es muy fácil reaccionar contra el mundo o contra la materia, pero la reacción no permite comprender. Si Ud. reacciona contra algo o contra alguien lo niega, y, al negarlo, no lo puede comprender. Si negamos la materialidad del mundo no la vamos a entender nunca.


El hombre moderno siente la inspiración del mundo espiritual pero, al mismo tiempo, quiere comprender la realidad del mundo material que le toca vivir, quiere amarla y quiere transformarla, para lograr una armonía de valores humanos y divinos.

Por eso, las tres coordenadas cósmicas de la Inspiración se revierten en las tres coordenadas de la vida humana –la coordenada del conocimiento, la coordenada del amor y la coordenada del trabajo- que son las tres dimensiones en que el hombre individual puede desenvolver su esfuerzo para conquistar el mundo material que le toca vivir y transformarlo. Y así llegamos a este punto esencialmente humano en que la expansión de la conciencia en el infinito cósmico se armoniza con una voluntad que se reduce al límite pequeño de la experiencia que cada uno tenga que cumplir en su vida, aceptando y comprendiendo las limitaciones del ser concreto, del ser-en-el mundo. En la armonía entre esta pequeñez humana y aquella grandeza cósmica es posible colmar la existencia: no negar la existencia –reaccionando contra la materia para refugiarse en un idealismo espiritual, o identificando al ser con la materia para anularse en un pragmatismo material-, sino consumar la existencia del hombre completo, consumar la egoencia del ser. Porque la egoencia del ser, tan difícil de captar cuando pretendemos reducirla a un concepto, es ese pulso maravilloso entre la conciencia que se expande al infinito y la voluntad que se reduce a la pequeñez del hombre para consumar en la partícula individual la armonía de sus valores humanos y divinos.


Pregunta

Si yo no he entendido mal, de todo lo que se ha dicho hasta ahora usted nos ha señalado tres coordenadas cósmicas que, de alguna manera, serían las tres grandes líneas de inspiración de la conciencia, y tres coordenadas que marcan el esfuerzo del hombre para realizar sobre la tierra aquello que presiente interiormente como los grandes ideales de la vida. Pero luego usted habló de una séptima estrella –como Ud. la llama- que dijo que era el compromiso. ¡Yo no me doy cuenta bien qué quiere significar ese compromiso!


M.S.

A ver si me puedo explicar mejor.



A través de este curso –hoy llegamos al término del segundo mes-, de alguna manera nos hemos puesto en contacto con esos grandes ideales de la vida que todos nosotros, por lo menos en algún instante queremos realizar. Pero llegados a esta altura en el curso de nuestras conversaciones tenemos que formularnos una pregunta: este “contacto”, esta “sintonía”, esta “aspiración”, ¿qué resultado concreto puede tener en cada uno de nosotros? ¿Seguiremos volando por las cumbres del Ideal o encarnaremos esas aspiraciones en nuestra propia existencia material? ¿Quedaremos como eternos enamorados de los ideales del alma o tomaremos un compromiso con la vida? ¿No se dan cuenta de que este interrogante existencial que a todo ser humano se le plantea en un cierto momento de su vida presupone por sí mismo la radiación de una séptima estrella que completa en el cielo interior de cada uno esa constelación de signos orientadores a que nos venimos refiriendo?
Creo que como se van desenvolviendo las cosas, el curso ha tenido durante dos meses un movimiento en una rampa de ascenso hasta tomar contacto con los grandes ideales de la vida, y tendrá ahora un mes de descenso para ir concretando en cada uno el grado de compromiso que quiera asumir frente a esos ideales. Por otra parte, cualquiera que sea nuestra respuesta, el sólo hecho de habernos puesto en contacto con la fuete de inspiración implica un compromiso del ser íntimo. No sé si ustedes se han dado cuenta de eso.




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