Definiciones de la adolescencia



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UNA VEZ QUE LA CRISIS AGUDA HA SIDO SUPERADA
V QUE EL ADOLESCENTE ACUDE REGULARMENTE A
LAS SESIONES, ¿CÓMO CONSIGUE
EL PSICOANALISTA
DESACTIVAR EL CONFLICTO INCONSCIENTE
SUBYACEN
T E A LA CRISIS?


Ante todo, le diré que el tratamiento que le propongo a un adolescente que sufre siempre tiene una duración limitada, Para suscitaren el joven paciente el sentimiento de que tenemos por delante una tarea común que cumplir, prefiero jijar tina fecha i imite a riesgo de acollarla o alargarla. Preguntémonos ahora cují es el principal agente tempe utico en la cura de un adolescente. Dejando de lado los psico trópicos, que a veces resultan indispensables, proscripto# por un psiquiatra, d principal medio terapéutico es la transferencia* Sea cual fuere la técnica médica o p sien terapéutica empleada, lo que cura a un adolescente o al menos apacigua su sufrimiento es la calidad del intercambio afectivo que se establece con d profesional. ¡Esto es la transferencia! Si, pero aún falta definirla. ¿Qué es la transferencia en una cura*4' La trans-

lerenda es un fenómeno sorprendente que consiste en ]■> siguiente: por el mero hecho de entreoírse regularmente a un terapeuta del que espera, confiado* que lo alivie, el paciente lo va invistiendo poco a poco con su amor, con

  • o admiración; a veces puede rechazarlo, desearlo con i Livor b incluso temer su poder, fin este cariño afectivo global -con lianza, amor, atl inir ación, rechazo, deseo v miedo- lo (|ül vuelve al paciente sensible no solo a lo

  • ¡lic el terapeuta le va revelando, sino a la manera espontánea en la que asume su rol tle terapeuta y, más particu- l irmente, al aplomo tranquilizador del que da pruebas.

fiero ya sea la manera como el profesional asume su rol o la impresión de tranquilidad que transmite, siempre ■e trata de las expresiones de su “inconsciente instrumen- i.¡r ral como es percibido intuitivamente por el paciente. De hecho, la relación afectiva entre paciente y analista,

  • s decir, la transferencia, es la condición que rinde el analizante receptivo no solo a las intervenciones explícitas del psicoanalista, sino a las manifestaciones inconscientes de este fi,s por ello que cuando me preguntan cuál es

I instrumento utilizarlo por el psicoanalista para atender a los pacientes, respondo diciendo: un terapeuta no cura con lo que dice ni con lo que buce, sino con lo que ev, y ciado: con lo que es inconscientemente. El verdadero instrumento terapéutica es mi inconsciente, mi inconsciente Je analista cuando entra en resonancia con el de mi paciente. Esto es la transferencia; la puesta en movimiento Je un circuito cerrado entre el inconsciente de uno y d inconsciente del otro. En el fondo, la transferencia no es sino la creación de un inconsciente nuevo, de un inconsciente compartido, resultante Je! intercambio regular entre los inconscientes de los dos protagonistas de la Cura-

Tal como usted lo ha entendido, la reunión de informaciones sim e en verdad para hacer vibrar mi inconsciente y para despertar d del joven que me consulta. Cuando utilizo la expresión “mi inci insciente ríe analista”, pienso en todas sus manifestaciones en la sesión; en las palabras que se me ocurren, en la intensidad de la mirada que le dirijo a mi paciente, en el timbre de mi voz, en mi porte, en mi manera do moverme en el sillón y en todo aquello que constituye rni presencia activa. E,s necesario que el joven sentado delante de mí sienta que soy un terapeuta franco, abierto, sin artificios ni reticencias, que tengo ganas de comunicarme con él, que es bienvenido, que lo recibo y lo acepto tal como es, sin juzgarlo, que estoy allí no solo porque tengo que trabajar, sino porque disfruto ejerciendo mi oficio de terapeuta. Deseo acceder a su mundo interior y experimentar en mí las emociones que dente conscientemente, ¡y sobre todo las que no siente conscientemente! Quiero decir el dolor de su desunión, su miedo a la humillación y veces el rencor Inicia los adultos. Formulémoslo de otra manera. Trato de visualizar en mi mente la escena tic su fantasma pernicioso y transmitirle lo que veo con palabras que lo movilicen. Es

entonces cuantío se c rea, por un instante, ei inconsciente compartido.

¿Pero qué ha ocurrido para que mis palabras liberen ,d adolescente de su malestar? Pues bien, en d transcurso rle las sesiones, mis diferentes intervenciones reveladoras de su fantasma de humillación han terminado por ejercer una influencia en él, más exactamente, en lo que considera corno la parte enferma de su Inconsciente, es decir, su superyó. Mi objetivo final es actuar sobre el superyó del adolescente ;Eur qué actuar sobre d superyó? Porque d superni dd adolescente es su tumor moral, su enemí- ¡'o interior que lo agobia con autocríticas v lo mina. 1:1 superyó corresponde exactamente al personaje dominador y odioso de la escena famasmática de humillación, I I superyó en un joven es mil veces más torturante e invasor que d que se ha forjado durante la infancia, cuando el caroncho o la niña interiorizaron la mora! de mis padres. ( lomo si, en d iranscurso de la adolescencia, d superyó no pudiera sino hipertrofiarse en su esfuerzo permanente por refrenar el maremoto de las pulsiones agresivas y sexuales propias ile la pubertad. Ahora bien, de manera más simple, ¿qué es el superyóf El superyó es nosotros, cada uno de nosotros mando se habla mal a sí mismo, soy yo mismo cuando me critico con severidad. l: I superyó es una invención formidable de Freud, pero la ha elaborado tanto que se ha reificado como si hiera una entidad autónoma que estraga nuestro psiquismo. Pero no, el superyó no es ni una cosa ni un ser, es una facultad, la facultad propiamente humana de hablarse y de juzgarse a si mismo. El superyó somos nosotros cuando nos juzgamos a nosotros misinos después de haber tenido la

impresión de cometer una falta o Je hacer una tontería. Somos nosotros cuando nos decimos, por ejemplo; '¡Pero que estúpido!" o incluso “¡Estuve lamentable!". Asi pues, distingo tres superynes; el superyó acusador que me juaga {“¡E* culpa múiD-, el su pe no perfeccionista que tiu evalúa j me desalienta {“¡Soy un inútil! ¡Nunca lo conseguiré!")', y luego, el superen odioso y sádico que me humilla {“¡Soy una ni.T'). Kl su per y o siempre es el vo que se las toma consigo mismo, Pero quiero actuaren estas diferentes variantes de superyó, pues estimo que el adolescente es ante todo un enfermo de i superyó. (.1 nandú Je digo que trabajo con mi inconsciente dejando emanar de mí esta presencia activa, es para mitigar el superyó Je mi joven paciente y, al hacerlo, reducir su distorsión interna cuerpo/supetyó y disminuir la virulencia de su fantasma de humillación, Quiero atenuar d rigor de su superyó; quiero que el joven, cuando se hable a sí mismo, se hable con templanza, que no siga maltratándose ni denigrándose; quiero que sea mas conciliador consigo mismo. Mi objetivo es lograr que aprenda a hablarse de otro modo que no sea Ja injuria o d asco hacia sí mismo.

Pero, precisamente, más alia de las palabras pregnan- ies que le dirijo a mi joven paciente, palabras que traducen la escena de su fantasma, ¿cómo lograr que se hable a sí mismo de otro modo? Solo tenemos una respuesta, que es hablarle y tratarlo como debería hablarse y tratarse a sí mismo. Quiero que se diga refiriéndose a mí: “¡Es sorprendente! ¡Me trata mejor de lo que lo bago yo/", o incluso: “¡Quema poder tratarme como me trata el.r. En síntesis, para conseguir d relajamiento del superyó adolescente, d analista debe tratar a su joven paciente

i omu ^erV-i mi estrió que el paciente se trate a sí misino, í-1 tciim dd intercambio terapéutico debe mostrarle al adolescente progresivamente que existe otro modo de relación hIc uno con los otros y tic uno consigo mismo

  • i1 Je el que le diera su fantasma de humillación verdugo/ victima. I'.sioy eonvencido de que el apaciguamiento del subimiento de un adolescente en crisis solo puede tener

ugar si el profesional favorece en su joven paciente una aiemi.u ión dt su superyó, incitándolo a producir otra i i gura superyoiea tnás proclive a consentir, más pacifica- 'l.i v, por i Hile, moderadora del fantasma de humillación. I’ n otros términos, el analista debe enseriarte at joven ti hablarse de nn modo diferente, ti tratarse con menos intrun silencia y a quererse más. Para terminar, si tuvie raque definir el ideal lejano que puede guiar ¡il terapeuta

  • n su trabajo ton un adolescente perturbado, dina que h.u que transformar el fantasma crispante de humilla

  • ion en sentimiento sereno de humildad.




Consejos prácticos para los padres

¿ Cómo actuar con un adolescente difícil?



¿COMO ACTUAR FN LA COI IDIANIDAD CON UN
ADOLF5CENTF DIFÍCIL LS DECIR NORMALMENTE
NEURÓTICO?


Consejos prácticos para los padres

Si usted quiete (¡tu m adolescente cambie, ¡cambie tu mirada que usted tiene de el!

J.-D, N.

.Ahora me gustaría dirigirme muy particulármente a i"i padres y responder a las preguntas más Ereetuínies ■ jno se lucen cuando se enfrentan a dificultades con su adolescente, liiegí la opción de presentarle, en las páginas con recuadros, las uch< > recomendaciones mas impor- cintes que suelo formularles a los numerosos padres y madres que recibo en la consulta para desanudar sitúa- nones conllÍL*tiv3S sin gravedad.

" Saber esperar \ntc todo, minea hay que olvidar que el mejor remedio para calmar a un |i>vni que se ha vuelto difícil de manejar es el tiempo iftu pasa IJÍgase que, larde o tcnipra no, los disgustos debidos al e¡ importa miento del adolescente van ,\ cesar. No pueden mas que cesar, salvo en el caso de una patología mental grave. Si usted recuerda que ta adote 1- i meta es una etapa de la vida que comienza y Mimím, tendrá la fuer/a de esperar» de sopo) - i .ir y de reía timar los inconvenientes inhe- imies a esta prueba insoslayable que todos lus pudres y sus hijos deben atravesar.

Saber retativisar, (mando usted regaña a su luto o a su hija adolescente, ¿que escucha él o ella? No es tanto la sanción mural que usted le dirige, ni siquiera la emoción que llena sus palabras |,n que el joven escucha, a través de vuestro enojo, es mucho más profundo, es vuestra disponibilidad espiritual. Más alta de vuestra reacción legitima y necesaria de colera o rlc decepción, es necesario que sienta que, en el fondo de usted mismo, usted no esta desestabilizado por el comportamiento no obstante inadmisible que acaba de tener, que usted no ha perdido confianza en él y que sigue creyendo que, pase lo que pase, sera mejor de lo que es hoy. Kn una palabra, sepa distinguir a ta persona de sus aetos; usted

puede condenar un comportamiento condenable sin por dio renegar de su amor de padres.

" Sabei negociar Hity t/iu saber prohibir y san - donar, pero también saber hacer arreglas mu et joven Si su adolescente tiene un desvio en su conducta (como, por ejemplo, llegar a tma hora muy tardía, ehno o impregnado de olor .1 vannahis), no reaccione impulsivamente en el momento. Espere al día siguiente para habl.tr- le v muéstrese firme pero abierto al intercambio. Usted no es ni un gendarme ni un amigo No olvide que su hijo espera de usted que asuma un rol de adulto protector y no dude en fiiar limites cuando hace falta. Poner límites significa no sido prohibir (evitando siempre humillar o atacar a! joven), sino también negociar con él. Además, es preferible que esta aclaración, muchas veces difícil y otras malograda, concluya con una iniciativa positiva: por ejemplo, proponerle .1 su hijo que organice una reunión en la casa con algunos amigos tpie han participado en la parranda Je la víspera Su hijo se sentirá entonces valorizado a lo-, ojio de sus amigos y usted tendrá la ocasión de saber quienes son las compañías que freruem.i buenas o malas-. Más tarde, en un momento más favorable y estando usted mejor informado, podrá entonces volver a hablar con él de

dicha batahola, de sus amigos y de su relación con el alcohol o el cannabis.

Saber no comparar. Cuando usted lo rete, nunca lo compare con uno de sus hermanos o con otro joven que tendría un comportamiento ejemplar. Poniéndolo en competencia con un modelo, usted tal vez cree provocar un sobresalto de orgullo. Pues bien, se equivoca; en lugar de aguijonearlo, lo desalienta o, peor aún, lo humilla.

>■ No presagie nunca un fracaso de su hijo. Por el contrario, sea siempre positivo. Para incitar a su adolescente a responder -a una exigencia escolar, por ejemplo, no lo asuste anunciándole un fracaso seguro si no estudia. No es la amenaza de un fracaso lo que va a estimularlo. ya que no sabe anticipar los problemas y evitarlos. Solo vive en el presente y, en lugar de sentirse aguijoneado por el miedo de un eventual fracaso, solo se escucha ni, de vuestras palabras preventivas, su falta de confianza en el. ¡Usted quem protegerlo de la derrota, pero el solo escuchará su supuesto pesimismo! lis por ello que resulta inútil agitar e! espantapájaros del fracaso. Más vale llevarlo a dirigir sus esfuerzos a lo que concretamente debe hacer. Es preferible que tome clases particulares de una de las materias en las que esta flojo, con un profesor calibeado para que le enseñe a estudiar, conocer el placer Je di >i ti mar una noción y sobre Lodo sentirse reconocido en sus progresos por el docente dei colegio- Estos logros puntuales datan al adolescente una mejor opinión de si mismo y, por ende, una mayor tolerancia respecto dd prójimo.

>■ Un adolescente insoportable en su casa es tumbas veces muy bien apreciado Juera de ella. En efecto, los padres a veces se ven agradablemente sorprendidos al recibir elogios dd comportamiento en suciedad de su hijo, cuando en la casa es insufrible. ¿Cómo se explica esto? Primero, hay que saber que d amor de ios padres puede ser vivido por el adolescente no como un afecto tierno y protector, sino como una presión asfixiante: "Sé muy bien que mis padres me quieren, pero yo no siento el amor; solo siento que se interesan por mi rendimiento escolar y no por mi persona; que me gobiernan y me juzgan en vez de querer- me. En cambio, mis abuelos no me juzgan y me quieren tal como soy, sin pedirme nada". F.n una palabra, en el corazón dd adolescente neurótico, el amor del padre o de la madre, lamentablemente, queda suplantado por las exigencias v los juicios: “Cuanto más juzgado me siento por mis padres, menos amado me siento. En cambio, el amor de los otr os adultos es para mi un alivio; es un amor sin pedí- do, un amor calmo que no me angustia y que, por el contrario, ¡me consolida/” Es por ello que un adolescente puede ser insufrible en la casa y agradable en el exterior. Y es por ello ramhién que, los terceros -los abuelos, el Lio, un amigo de la familia, el médico de cabecera, un docente o a veces ios amigos- son mejor aceptados por el adolescente y pueden desempeñar un rol muy positivo en el desenlace de una eventual crisis, las intervenciones de tos terceros muchas veces son bien recibidas por el joven porque no reavivan su sentimiento de inferioridad.

>■ Justamente, a propósito de los terceros, no dude en hacerlos intervenir en caso de conflicto con el adolescente- Los abuelos, un rio, una tía, un amigo de la familia o incluso un profesor al que d adolescente aprecia suelen ser recursos inestimables para evitar los enfrentamientos explosivos padre-hijo o madre-hiia. En caso de tensiones con su hijo, no reaccione enfrentándote creyendo asi imponer mejor su autoridad. Seguro que lo lamentará,

s* No olvide que su actitud hacia el adolescente sude estar animada por sus sueños de lo que d joven debería ser. Sea realista y amelo tal como es. La agresividad y la viva susceptibilidad del adolescente neurótico son reacciones inherentes a las expectativas totalmente ueu roncas, aunque comprensibles, de sus padres. Por cierto, el sufrimiento de un adolescente neurótico se debe a los desgarramientos que sufre entre las exigencias de su cuerpo y las exigencias de su moral, pero también se debe a un malentendido profundo entre él y sus padres: estos no aceptan a su hijo tal como ha llegado a ser, y el joven, por su Lulo, piensa que no puede realizar sus propios sueños a causa de la actitud de sus padres. Se imagina impedido por su padre o su madre de ser él mismo y de hacer lo que eree que tiene que hacer. “jJVfl eres como deberías ser!", deploran constantemente los padres de Cyril; y él replica: '"¡San ustedes las que me impiden que sea el que quiera ser!... aunque conozca que mi ideal -llegar a ser una estrella de rock, por ejemplo- ¡es un sueño de niño!". Observe que los padres también sufren, pues deben cumplir el duelo del pequeño niño dócil de ayer que su adolescente ha dejado de ser y aceptar que el joven o la muchacha de hoy no sea el que han sonado tener. De hecho, los padres de un adolescente deben asumir dos pérdidas: la pérdida del niño que ahora ha crecido y la pérdida de su ilusión de un adolescente ideal, contento consigo mismo, sin demasiadas dificultades escolares, amante de la familia y de sus valo-res. Pero esta ilusión de Lis padres,

vivida como una expectativa legítima, es percibida pnr el adolescente neurótico como una exigencia aplastante. demás de mis di fiad- /mies y de mis temores -nos dice Cyril- tengo que soportar la ansiedad de sus expectativas. ¡Me exasperan! ’

Extractos de las obras de S. Freud y de J. Laca n sobre la adolescencia, precedidos por nuestros comentarios


Los subtitulo*, as i tumo tas timas en negrita jfue fuesen tan ios extra* ios ,ti I retid v Jt latean, vori Jejf.-lt V
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