Definiciones de la adolescencia



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LA ATENCION DE UN ADOLESCENTE EN CRISIS
OMIENZA CUANDO Eí PSICOANALISTA RESPONDE
AL LLAMADO TELFFÓNICO DF UN PADRE O DE UNA
'¡ADRE QUF PIDE UNA CONSULTA DE URGENCIA


En una pal ultra, este corto rodeo nos permite afirmar «pie el encuentro inicial con el joven no dehe fallar v, para que no falle, tenemos que anudar de entrada el lazo ii jíisferencial, a partir del primer llamado telefónico del ¡'adre o de la madre. L,s por ello que es tan importante, Traha i a en el ámbito privado, atender uno misino ■ I iciétonu y saber mostrarse decidido en la manera de organizar la primera cita. Algunos profesionales, con el im de no ser molestados durante las sesiones, recurren i una secretario para contestar las llamadas. Ein lo que i mi respecta, prefiero que del otro lado de la linea sea mi vw la que responda en directo. Por supuesto, el timbre del telefono perturba a la persona que esta en sesión.

I 1 se, pero atiendo igual, tomo rápidamente nota de mi mo rlncutor y lo llamo más tarde. Cuando, al final de la tomada llamo a la madre del adolescente para lijar un mino, me muestro disponible y tranquilizador. Lo que Lusca una madre que está sufriendo tanto comía su lujo • *. i ur la voz de un profesional que sabe lo que hace y que, por su determinación, le da la impresión de ser rcalmen- te ¿tendida. (Quiero que, a) cortar, la madre, fortalecida |mr el intercambio telefónico que acabamos de tener, le hable a su hijo o hija encerrados en su rechazo de toda intervención exterior. F.s necesario que haya escuchado una palabra no solo tranquilizadora, sino también poii tica, tn ■ solo calmante, si un capa/ de decirle cómo hablarle a su adolescente para incitarlo a acudir al consultorio. M haber contestado yo mismo a la madre, ya empece a traba jar con el joven, pues se que b mayor parte de los conflictos que abitan al adolescente están invaria lilemente ligados ¡i sus padres, i n suma, atender por teléfono .1 una 11 latiré, con b firme idea en mente de que ia cura empic/a en este primer contacto telefónico, antes aun de haber conocido al adolescente, es por cierto ia mejor numera de establecer durablemente un lazo terapéutico siempre dclicado.

Por lo tanto, quiero que, al cortar, t.i madre 1c hable a su hi|o en nombre de! analista que soy. Hablar en nombre del otro me evoca aquí la expresión (acaman a del “Noiabrc-del-Padre". ¿Qué significa dicha expresión? (hiando una madre le habla a su hija 11 a su hijo refiriéndose a su padre, hombre al que ama y desea, su palabra no puede ser suio benéfica para el joven porque esa palabra lleva la marca de h fuerza de su deseo de mujer. Por ende, el "Nombre-del Padre" significa que la madre hace existir al padre en ia palabra que le dirige a su hijo. Aclaro que, aunque b referencia al padre no sea explícita, lo que opera es la autenticidad del deseo de la mujer por su compañero. Si admira y realmente desea a su pareja, cada palabra dirigida al hijo solo sera mas fuerte. En nuestro caso, es la madre de un joven en crisis la que hace existir

d psicoanalista en la palabra que le dirige al adolescente, una palabra nutrida por la esperanza suscitada en nuestra i >mversudón telefónica. Ya no es el Nombre-del-Padre, -uno el Nombre-deí-ana Hit a el que actúa.

A propósito justamente del mimbre del analista, pero d nombre propio esta vez, sepa usted que atribuyo una i! huí importancia a que la madre indique claramente a su i di desvente el nombre del terapeuta. Después de haber Ipado la fecha de la primera cita las más Je las veces d día siguiente- y antes de que la madre corte, le digo que me quedan todavía algunas aclaraciones por hacer. Xgrego que, al comunicarle a su hijo o a su hija la fecha d¡ nuestro turno, tendrá que mencionar muy bien mi nombre. Es imperativo que, antes del encuentro inicial, ■ I |oven paciente conozca bien el nombre de su futuro Terapeuta. El primer aspecto de la persona del profesional en el que se fija la transferencia, quiero decir el pri- iih r rasgo al que se une afectivamente d paciente, es d nombre propio del terapeuta. Observemos que, en la primera comunicación telefónica con la madre, no pregunto cuál es el motivo de la consulta. Prefiero descubrirlo " ■ ! momento del intercambio inicial con el joven. En . nina, usted no puede imaginarse el impacto positivo que puede tener este protocolo de recepción telefónica en la kmura relación terapéutica. Una madre que recibe estas o-'Mtnendacjones telefónicas se siente inmediatamente ■'■sienida. Y como sé que una gran parte de la crisis del mu n se debe a los lazos conflictivos que mantiene con

  • • ■ padres, puedo decir que el trabajo ya ha comenzado, 11 anquilizada, la madre sabrá hablar a su cónyuge y a su

  • I'«leseente con palabras a su ve/, tranquilizadoras. Fs asi

no


|i 1AM OVIO ÑAS C>

como debe minarse el tratamiento de un ¡oven en tTLsis; suscitando una primera reacción positiva de los padres respecto de nosotros.



I A f’KlMERA CITA DE UN AUOLESCEN !E
f N CRISIS CON tL PSICOANALISTA


t '«a vez que el adolescente se hn sentado ante noto- ■ios |«ira tener su primera entrevista, cruáles son las prc k untas que hay que formulare? ¿Y qué hacer con sus M .pm st.ts?1 huera del hecho de saber con quien comparte su casa -sin olvidar lus animales domésticos, «pie a« el en ser extensiones del yn de nuestros pacientes , tuiaa de esta información de lase, trato de conocer iros r-i km. tos esenciales de su vida, asentíales para alcanzar un

tbfciivu: instalarme en la mi mi 11 jad de su vivencia



mas profunda, es decir, de la vivencia interna, incons-
1 «< nie, que determina su comportamiento de crisis, ¿Y

  • 1 il es esta vivencia? No puedo responder mal y pronto

  • mu precinta tan nodal. 1 ,e propongo pues detenemos ■1 mte’ algunas páginas antes de encontrar el es«]nema 1 lohHiifirdc la primera entre-isla

: \1.«l|, I,nut,revujninn1 n Ir pifpn1 mi recuadro*,tun 'i‘í) ¡>«un ip.ilrs n-ionicnJaauncs drtl ¡odas .1 li* pnjfesioiHili's s..lne li uum.ra bli u iuJi durante Ins pioneros tnciiennros con un ado- i-. 1 1 isis. Por s 11111 it-s111, esi.is reLinnendiidunes se 111 r 1

niilmii , I,,-, padres, que pueden inspírame .ir ellas, adapt-.mdnl-is il 1 naris 1 familiar

«Cuál es entonces la vivencia inti ma de un adolescente desesperado que debo captar v sentir en mi, rcrapeti- til? KJ sentimiento mas profundo de un adolescente en situación de crisis es ante todo l.i sensación imprecisa de vivirse conto un ser inconsistente, interiormente dislocado, desmembrado V peligrosamente amenazado. Insisto: mi objetivo es conocer suficientemente algunos aspectos ilc l,i vida del adolescente para intentar sentir en mi los impulsos violentos que lo dcsestal til izan, los impulsos pnivocados por la desunión interna entre su cuerpo y su cabera, desunión -recordémoslo inherente a la [»ersonit de cualquier adolescente y, mas particularmente, de un adolescente en crisis,También trataré de sentir su crispa- don de aimn.il acosado basta visualizar mentalmente lu escena de su fantasma de humillación verdugo / victima,

L Je herbó, este fantasma tiene una doble Fundón en el adolescente perturbado. IW un lado, el fantasma es pro- teiiui en lugar de sentirse amenazado desde el interior por su propia inconsistencia, H joven se siente amenazado desde d exterior por la presión de los adultos: HNo es (/lie yo sea frágil; son los otros, los adultos, los (fue me acosan y me amenazan con humillarme". Por el otro lado, esu fantasma es pernicioso porque desencadena

los ponimientos tanto impulsivos como depresivos

Jel unen. Por ende, leñemos tres niveles para pensar la ui. iiots de los comportamientos perturbados Jel adolcs- LLMie; el subsuelo, representado por la desunión cuerpo/ superyó, intrínseca ai ser juvenil-, la planta baja, represen tuda por la i iva susceptibilidad debida ¡d fantasma de humillación a la cec protector y peí niciosn, y, por último, el pr iTtiet piso, representado por los diversos comportamiento* dtjiñUs del adolescente. en particular impulsi- y-i en l«»s varones v t)c|itr>ivos en las tinjieres. I*ji sm i'-siv al escuchar a mi joven ¡radente. irain de sentir no ni , el uiiilcM.ii provocatiti pir mi distorsión interna, Mno ' nublen el sentimiento tic desconfianza que lo balliti l na p.ilahra mas para explicar en detalle coiti«» so 1 sen cadena el comportamiento impulsivo n depresivo del hIiilescente en crisis, como actúa el lantasma ino «ns « me de humillación ( Mtservcim s.imc todo, que dicho cmi asma adipiiere en el inconsciente la forma Je una « « « na ì ina pi n arta donde intervienen tíos personajes, de

  • ■ ■ « nales uno domina v humilla al otro; poi lo penerai el «■n tose »dentilica con la victima humillada t n realidad,

".miasma es una escena instantánea, un flash, que con i. l n la si i na« uiti i « « « > elemental un adulta dotttitnniur >h iftrtrin a un «r débil Digamos sin uníanla que el «Hc-ti « no se representa mentalmente esta CMtiu, no Ja ve «i « imagina. y sin cmliwi paella lo Invade poi compirlo l'or lo general. dielva escena es una escena latente como 1« a mida en vi. per > cuantío. Ut patiti eJ momento, >e «les ¡o.-i rn, la escena precipua impulsivamente en d suietu mu conducta irreflexiva, J’or consiguiente, digamos que í ithiJest ente desesperado oliedecé al impulso de su l.m

  • i ni i inconsciente de humillación, salvo que en mu «un ■imamiento desempeña eí papel activo tic I adulto dtuní

nliir \ v « no el pasivo de la victima humillada Mu ño as . ,n él ti «tinto de >i mismo el adolescente se Itlcmrfiea ila i la tu na humillada, cu la tula real v cu respuesta <

suiLicmn supuesi miente ofensiva, se su ntc amena

lo. se re belli f irose ámente v asume el r«i| del domina .!>,« í s lo , 111 l‘ sucede vibre todo o*n los varones: ebrio

de rabia. ti adolescente va mi ts la víctima pasiva el» la escena inconsciente, sino ti personaje i n-lento que no le teme .1 nLidie ni a natía, que destruye y se destruye con total impunidad. Al rebelarse, el sujeto |ucga su fantasma sin saber que su comportamiento violento esta detenni nado por dicho fantasma. I ,s claro que esta inversión de la pasividad inconsciente en actividad agresiva m> tiene lugar tan enérgicamente en todos Jns adolescentes; en algunos le ellos. te rebelión puede cobrar íormjs mucho mas atemperadas. Ln síntesis, nocivo para el joven es ese fantasma inconsciente de humillación, pues desencadena pot reacción las dos conduelas defensivas que son la rebelión en el varón y la depresión en la mujer. La rebelión histérica en el varón es d negativo de su miedo imonsnenre a ser humillado: ir rebela para no mentirse humillado. 1 n la mujer es muy diferente, f n lugar de ocupaí el lugar del verdugo y volverse agresiva ton los otros, dirige la rabia tontra u misma. As» como el fantasma de humillación se exteriori/a en el varón por medio de un comportamiento agresivo, en la mujer adquiere la forma (le un comportamiento depresivo.

Ahora (pie he definido la vivencia que el analista dehe sentir en el singular encuentro con cada adolescente en crisis -es decir el dolor de la distorsión entre el cuerpo v h cabeza, el remor a la humillación y el odio reactivo-, vayamos a los aspectos concretos que trato de descubrir en la vida de mi joven paciente. ¿Cuáles son estos aspectos, y en qué van a permitirme sentir distintamente en mí lo que e! joven siente confusamente en él? Primero y ante rodo, quiero conocer en sus menores detalles el episodio que ha marcado la crisis y, en partí-

.11. siiinjr m ese episodio es Ln repetición agravad] d>- un pisodio semejante anterior que paso inadvertido. Krnietde usted la gran lección del psicoanálisis, que

  • '■. enseña que un síntoma ¿u nía! suele st-r la repetición i. un simonía anterior semejante. Si tomamos el ejem pío de un adolescente suicida, trataremos entonces de

ih. i- si ya ha intentado suicidarse o si ha manifestado . sos de violencia contra si mismo; en qué contento estos acontecimientos han tenido lugar y si, en aque-

  1. cptKü, lúe atendido. Por tu tamo, tenemos aquí el primer aspecto esencial que trato de situar: las circunstancias precisas del episodio que signa la crisis y decide il paciente y a sus padres a consultarnos, sin olvidar la piohahle existencia de un episodio semejante sobrevenido en el pasado. Justamente, es el conocimiento de "..!oa estos detalles lo que excitará mi imaginación, lo

  • uie me permitirá representarme mentalmente la sitúa

  • << ei de crisis \ sentir las tensiones que agitaron a los lilerenles protagonistas del drama (el adolescente \io

i mu que agrede al padre, el joven dcaler en manos de

  • i policía, la adolescente enamorada traicionada por su i 'h »viento, etc,). Es entonces cuando pudre des liza míe

  • el pellejo del joven e imaginarme a mí mismo priesa ¡le l is mociones que lo perturban Irataré de vivir I i ■iKitiii einocmn que lo condujo a actuar impulsivamcn*

  • Li misma sensación de descarga emociona! que cupe-

i M.H'nió en el momento del acto y, por último, el mismo o 'n oí ii la misma tristeza que lo sumergió después del

  • i". En mi a palabra, debo examinar cotí ¡upa lo que bu <>• o nulo no tanto para infhrmunne, tino para instalarme mental y afectiva tu en re en el centro de la cris i*

y sentir en mt Jo que el joven debió de sentir en él, conscientemente o no.

Siempre con este espíritu de saber para retener mejor los flujos afectivos que mueven ai joven, inquiero luego sobre ¡os nombres de los amigos más próximos, en par- tictilnr de la no vienta o novtecito. Sabemos que los amigos, amados y cómplices, son los únicos aliados en medio de la tormenta. Por último, el reí ver aspecto esencial que busco, con tacto y medida, son las relaciones de placer y displacer que mantiene con su propio cuerpo ■ principalmente, la practica de h masturbación si es un varón y la relación con su imagen en el espejo así como evemua- les alteraciones ginecológicas, si es una chica-. Cuando digo con tacto v medida, es porque hay toda una manera de interrogar. F.n nuestra tradición psicoanalítica, sobre todo anglosajona, los analistas, en las primeras entrevistas, no hacen preguntas, es asi. Yo mismo me formé en esta escuela: ¡no hay que abrir la boca! No se pregunta, se deja hablar al paciente. Era la escuela de la sacrosanta neutralidad. Poco a poco, la experiencia rae fue enseñando, sobre pulo con los niños y los adolescentes, que al no interrogarlos me privaba no solo de informaciones útiles, sino de un primer diálogo indispensable para instaurar la con lianza. Lo que cuenta no es conocer ¡a intimidad del otro, sino crear un lazo fuerte con el otro que le bahía a usted de su intimidad. I la\ que hacer preguntas, pero, por supuesto, con una sutileza y una destreza que se adquieren con el tiempo. Es mu\ difícil preguntar a un joven adolescente, en sus ¡los primeras entrevistas, por ejemplo, cuáles srs¡ sus fantasmas cuando se masmrba. IIav que hacerlo con prudencia, empe-

, t.iii por interrogar ciertos aspectos secundario para llfi'.ir paulatinamente al grano Me hago el imítenle. , | t.niin, i Ij manera de l .nhuulto, el célebre detective la serie televisiva. Al comienzo, U sigo la comente \ |r pregmiio, por ejemplo, sobre t.i manera eomo se lia mtiMii físicamente en el incidente que cristalizó la eri i I negó, insensiblemente, me voy -acercando al punto , me interesa, que es conocer la relación profunda ipie lliaUticne con su cuerpo. !J s .»si Cutno, creando pequeños i. udt mesa nocionales, llegamos lutmts a hacer emerger |m i/itas ile dolor, de miedo \ de odio.

I’ero, insisto, todas estas inlorinaejones no son. en el

i lo, mas que un pretexto para crear un intercambio,

por tenue que sea, que me permita a mi. terapeuta, hacer . l■ r .ir mi presencia y le permita, a el. desarrollar la suya Mur significa'‘hacer vibrar mi presencia”? Kl terapeu- i, hace vibrar su presencia cuando muestra en acto al tvL ti sin tratar de mostrárselo- que está de acuerdo

ogo mismi i v con mi rol »le terapeuta. Guardando las

Jim.¡tu ¡as, esta actitud del pu ilcsiohjJ, e minen teme lite mi cunea, es la que, a la larga, puede im itar al adolescen i. i adoptar, por mimetismo, una actinal semejante pata

mismo.; Kste es el seer e t o! >á/ sea escucha tija, ya

u *t íHfrmtuVtw/o, le mostrarntrn til jrnvit, desteñido en su ¡n opto interior, nuestra mu ñera Je estar unidos en miso- n m l1 ara favorecer esta disponibilidad espontánea, aun i - adquirida al precio de una larga experiencia, ínter»

' Irnuasr- presen te ijiie i-ii j ranees rl Hiten m> tiene- lugai ni ei|¡omauea cu un primo i lh nnuro, nj ^quiera m un utvt'h

ni adolescente y lo llamo por su nombre rio pila, después de haber conseguido su consentimiento. Indiscutiblemente, la calidad de nuestras entrevistas subsiguientes dependerá de En dt nuestro primer encuentro, l’oi ende, gracias a la intensidad de nuestro comunicación verbal y no verbal, tendremos ocasión de ejercer una influencia terapéutica en él.

S¡ tuviera que resumir lo i|Ui se pone en juego en la primera entrevista, me imaginaría la palabra no formulada de un adolescente resonando en contrapunto a la palabra no formulada de su psicoanalista. Mientras que el psicoanalista diría: “jNo existo sino porque estoy unte un adolescente que espera que actúe, y me asumo como terapeuta a partir de su expectativa \ el adolescente replicaría: "Todavía no me siento existir, pero al ver su manera de tratarme y de ser usted mismo, me dan ganas de tratarme de otra manera y de ser yo mismo", Volveremos a este asumo, abordando más adelante la interacción psicoanLiJisi.i/Lulolescemc cu el marco de un seguimiento regulan

Ahora, me gustaría reunir en piteas páginas con recuadros las principales recomendaciones destinadas a los de corta edad, como ocurre en español, líl tradimento de usted (i'w l, <'Liando los interlocutores no se conocen, es predominante en rodas las situaciones, formajes e in Torma tes La frecuentación y cierto nivel de confronta van escali ledendo el tuteo en las relaciones. IN.de T)

prr ¡lesión a les llamados .1 notar a adolescentes en situa-

  • i >n iíe crisis aguda, Por supuesto, estas re comen dncm- 11 i dirigen también a los padres que puedan inspirarse

  • " ellas, adaptándolas a! marco familiar.

He redactado estas recomendaciones a partir de los diferentes intercambios con los profesionales de la ado Ir -éencia (psicólogos, pa id opsiquiatras, pediatras, docente?,, en fe nueras escolares o jueces de niños) que asis- m ron a las dos principales conferencias que pronuncié • 11 el tema de la adolescencia. En la primera, dictada

  • diciembre de 2000, afirme la tesis de que la adolcscen- i ¡11 es una neurosis sana de crecimiento provocada por el miedo de ser humillado. En la segunda, pronunciada en

ñero de 2000. preocupado por definir una orientación 1 r.ipéutica eficaz, propuse loe-alizar la acción del clínico n el xupeiyó enfermizo del adolescente.

Cuando una madre desesperada, la
enfermera de un colero o incluso un
policía lo llaman por teléfono para
intervenir y resolver una situación de
crisis con un adolescente,


estos son los primeros gestos
que se deben realizar:


y* Va sea que usted se desplace o que reciba al joven en su consultorio, sepa que su intervención dehe ser considerada como una intervención psicológica de urgencia. í sta intervención será tal ce? la única que. usted podra realizar: no tiene que faltar, \ para que nn falle, cmpie ce por sorprender al joven v a sus padres acogiéndolos con una serenidad espontánea y con la determinación del profesional experimentado que usted es.

"■ £5 necesario, ante todo, que eljoven t'/i estado

de crisis acepte hablarte Fs e! imperativ i» previo a toda acción posible. Si se niega a verse con usted, no dude en recibir a los padres, en escuchar sus quejas y en indicarles Jo que conviene hacer o no hacer en las circunstancias presentes. £1 efecto de estas entrevistas con Ja familia sude ser benéfico, pues d joven, al \cr que se ocupan de él indirectamente, consien- ic entonces a acudir al consultorio. Mis .illa tici hecho de que el adolescente acepte o no hablarle, los padres siempre lidien ser recibidos en su primera cita. Aclaro que, en esta primera consulta, el encuentro con los padres en presencia de su adolescente debe tener lugar después y no antes de baldar con el joven a solas. Mas adelante, en el caso de un seirui- nnerto regular del adolescente, suele suceder, después de haber conseguido su acuerdo, que r vamos una < • vanas veces a sus dos padres Turtos o por separado.

^ Por ¡o tonto, la primera cita se divide en dos partes. Primero, reciba a! adolescente a solas y.si es posible, sin saber nada acerca del motivo ilc la consulta. F.n efecto, es preferible que el profesional, virgen de toda información, reaccione de manera espontánea a las explicaciones de su joven paciente. Sus Ínter venciones serán mas que nunca autenticas, y asi suscitarán en el adolescente las ganas de confiarse Por ende, las (ranas de saber del profesional llaman a las ganas de entregarse del paciente. Al final de este primer intercambio con el ¡oven a solas, este se sentirá favorablemente tocado si usted le dirige una palabra que le de la impresión de que usted lo ha comprendido, es decir, de que usted le ha expresado con claridad lo que él siente contusamente. No híen se produzca esta aclaración, pregúntele si esta de acuerdo en hacer entrar a los padres y en proseguir de a cuatro la consulta. Observemos que la duración de esta primera cita, v luego la duración de las sesiones con el joven, no debe exceder los 30 minutos, lie otro modo, nuestro adolescente se impacienta o se encierra.

Al concluir esta entrevista de urgencia, si usted tiene la impresión de que el joven está dispuesto a seguir viéndolo, propóngale una cita unos días más tarde. En el caso de que su intervención de urgencia haya tenido lugar en la casa del ¡oven, en la escuela, en las emergencias pediátricas o en la comisaria, dele un rumo para más adelante en su propio consultorio hospitalario o privado. Si, luego de este segundo encuentro, usted estima que la relación por lin se instala, propóngale seguir viéndose todavía unas tres veces en fechas precisas que usted lijará con ¿I. Seguramente, piara anudar una relación terapéutica sólida con un adolescente con problemas, usted Jehcrá progresar paso a paso. I mas de las veces, la duración de un tratamiento pstcoanaJíiieo eficaz para un adolescente varia entre los seis meses y un año. Con todo, en algunos casos, sucede que una o tanas sesiones con el joven bastan para resolver la situación critica y para permitirle volver

j encontrar el equilibrio, aun luimln se- trate iíe itn equilibrio pre( ann.

' No olvidemos que, en esta primera entrevista, el profesional advertido debe buscar todo índice dittico capa/ de indicarle d el joven paciente en crisis presenta ios pnmems signos ile una psicosis incipiente, espesnmdo por supuesto que no sea el caste

¿Cómo


hablar

con un adolescente en crisis?

>- Las primeros palabras del profesional serán su propio nombre y su función: “¿Sabes cóma tac llamo? Me llamo ¡ ulano tic laL soy psicoanalista y mi trabajo consistí’ en tratar de resolver problemas como el que hoy vivisteLuego, Kny que pedirle ai adolescente que escriba su propio nombre v que le diga por que está allí: es h que paso para que tu madre decidiera llamarme}'. Nunca hay que utilizar la palabra “ayudar" o la e.\ presión “voy a ayudarte", lo cual lo colocaría en una posición de inferioridad.

>- Dirigirse al adolescente como a ljm joven adulto; sobre todo, no infuntilizatio Llamarlo por su nombre de pila \ tutearlo si usted se siente cómodo tuteándolo y si usted percibe que el tuteo le permitirá hablarle con más facilidad; hacerlo, en todo caso, luego de haberle pedido su acuerdo.

Rn el intercambio individual con el adolescente, esperar pacientemente a que devuelva la palabra. Necesita tiempo para identificar lo que siente y para nombrarlo. Por lo tanto, su ritmo de pensamiento v de elocución suele ser más lento que el nuestro. Pero no nos equi-

vaquemos,, "esperar" no significa quedarse en silencia.

Al contrario, tenemos que intervenir, pero h a! 11 ;im I o con pacas fui labras, claramente, con unii vn/, tranquilizadora y siendo auténticos.

^ Va sea en una intervención Je urgencia o a lo largo de todo un seguimiento regular, siempre hay que hablarle evitando seducirlo, educarlo, juzgarlo o condenarlo. Muéstrese v hablóle siendo usted mismo. Usted no es ni uno de sus padres, ni un amigo, ni su profesor, ni un juez, ni un policía. Usted es un psicoanalista que tiene la misión de traducirle con palabras simples' y comprensibles' lo que él está viviendo de modo confuso, lo que no sabe que vive y lo que lo hace sufrir. Si usted logra comunicarle en forma clara lo que él esta viviendo niconsvien- temenie, tendrá una oportunidad de aliviarlo.

¿En qué disposición mentili


el

profesional debe abordar aun
adolescente en crisis?

Ante todo, hay que tener ganar de comunicarse con él v rra r.i r de sentirla que él siente conscientemente. Una vez tpie usted estima que se ha establecido la corriente, y si usted tiene una formación psicoanalítica adecuada, trate de sentir no solo lo que él siente conscientemente, sino la que él siente inconscientemente Sentirse una mismo tlisf)onÍb/e v que nos sien - ta disponibles para recibirlo sin reservas, tal como es. F-1 adolescente tiene que sentir que lo tomamos tal como es y no ral como querríamos que sea. No lo juzgamos. Si ve que no tenemos prejuicios respecto de él, se sentara inmediatamente llamado a entregarse en confianza. Un esta primera entrevista, nuestra tínica expectativa es lograr comunicamos con él. Si lo conseguimos, habremos dado un gran paso con miras a comenzar la terapia, Luego, en el mareo de un seguimiento regular, nuestro objetivo será llevar al joven paciente a reconciliarse consigo mismo y, por ende, con su entonto.

^ \'o jugar ti ser amigos ni ser demagogos. No

estamos en el mismo nivel: no hay que tratar

Je seducirlo hablando y actuando como el. Por el contrario, el |oven espera encontrar a un adulto que, por su diferencia y por su presencia, le recuerde los límites de la realidad v, al hacerlo, logre calmarlo.

Mostrarle que, diga lo que diga, turnamos t u serio !u que nos dice.

- Alentarlo a hacernos preguntas sobre cualquier tema, incluyendo nuestra propia persona: uA'lc gustaría que tu irte bagas una [tregunta sobre ti, sobre mí, sobre todo. ¡Poco importa!" No dudar en responderle con autenticidad y pudor. AÍ pedirle que nos baga una pregunta, to obligamos a concentrarse, a reunir fuerzas, a ser dueño de si mismo y a exteriorizarse.

^ í .i terapeuta no debe tomar ninguna iniciativa sin pedirle su opinión. Por ejemplo, en la primera entrevista, después de haber hecho un intercambio individual con él, le propongo hacer entrar a sus padres en el consultorio, lis e monees cuando le digo: ‘\S7 estas de acuerdo, vamos a hacer entrar a tus padres y voy a preguntarles por qué pensaron que era necesario que vinieras a consultarme. I amos a ver que responden. ]Con esta última frase, hago de él un aliado en una actitud concertada ante sus padres. Todo el arre radica en ello. ser cómplice del adolescente sin ser por ello su igual.] “JVo obstante -prosigo-, después de haberte escuchado, ya se lo que conviene hacer y puedo decírtelo ya mismo. Esta e.v mi idea: primero, si quieres, vamos a encontrarnos regularmente una vez por semana para hablar como lo hicimos hoy; luego, para no perder el año, prefiero que tomes clases particulares de matemáticas con un profesor que conoce muy bien el programa de cuarto año. ¿Quiero que el trabajo can él te permita volver a clase con una idea clara de lo que va a abordar tu profesor en el liceo!". Por supuesto, con este ejemplo Je un adolescente en crisis pero cuyo sufrimiento es moderado, quise mostrar solire rojo eí espíritu con el cual el profesional asocia a su joven paciente al proyecto terapéutico. Siempre en relación con este ejemplo en el que incito al joven a volver a ocuparse de su eso daridad, aclaro que, si lo consigue, ya habrá dado un primer paso hacia la reconquista de su autoestima, sin la cual ningún trabajo analítico puede llevarse a cabo.

Al linul de la primera entrevista, explicarle cómo van a desarrollarse las sesiones siguientes, Fijar con él una fecha límite (uno o dos meses más tarde) para hacer un balance de nuestros intercambios y decidir juntos cómo proseguirán los encuentros.

> Al cabo Je algunas sesiones, le pido al joven que me traiga fotos de él, de niño, y. en especial, de

di siendo un bebé en los brazos de su madre o Je su padre, en los días de su nacimiento. Sentado delante del adolescente, con las fotos puestas entre nosotros sobre una musita, muy focalizado en tal o cual detalle de la imagen, mt muestro curioso, hago preguntas sobre u.c|L¡el (u época ilel pasado, teniendo siempre presentes en l.i mente bis circunstancias actuales que lp condujeron a consultar. Indefectiblemente, el adolescente se ilumina, me cuenta, se entrega Como jamás antes lo bahía hecho y, sin darse cu tutu, revive en et presente de la sesión todo un pedazo de su pasado infantil.


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