Definiciones de la adolescencia



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I’s mu

1 .1 uiusor.iUemente hasta Ii conquista de la madure/.

  1. i ido leseen le, por lo tanto, crece realizando, paulm-

nti v ''Jn saberlo, el duelo de su infancia. Finiré loe

lil i iues ssunos que liaran tcsUn ionio de] fin de este i \ de l.t entrada en la edad adulta, hay uno esencial

  1. ii .i nosiili os, v a) que volveren u>s, es decir, d aprendí/a- m di1 otra manera de amar a sus miedos compañeros y de

  • n.ti v a í mismo, .Ser maduro es haber adquirido ana nueva tnaueni de amar al otro y Je amarse a si mismo.

Vu que voy a desarrollar sucesivamente estos dos il'ordajes complementarios que son la adolescencia omdderada como una turbulenta neurosis histérica y ., adolescencia considerada como un duelo silencioso de fu infamia Kntonccs, ¿qué es la adolescencia? Para responder en una palabra, dire que la adolescencia es a la ve' una histeria| y un, dudo , necesarios pañi volverse adulto. (.oíncncemos por la neurosis histérica.

La adolescencia es una saludable histeria de crecimiento



i i ADOLESCENTE HISTERICO OSOLA ENTRE LA
ANGUSTIA, LA TRISTEZA v LA REBELDIA


< muido se trata de nuestros pacientes adultos, aun- ifmi l ad.i personalidad es única } completa, conseguimos i lintilieur fácilmente mi adolescente, aunque se trate del más norma], los > Mtiiportam¡untos son tan cambiantes, contradictorios c imprevisibles, y el mismo tan poco locuaz, que al tera- p< iu muchas veces le cuesta ubicarse. -Como agrupar - monees las diversas manifestaciones neuróticas habi- iulitis en un joven, y por que considerar que todas ellas .nn de naturaleza histérica?

I squemáricarnente, reconozco tres estados del yo del ulolcscente histérico; un estado angustiado, un estado nixte y un estado rebelde, siendo este ultimo justamente 11 estado del yo más característico de la histeria juvenil I’ I primer estado, por así decir pasivo, es aquel en el que el joven angustiado se siente impedido de actuar, de desear o de pensar. F¡ adolescente es tímido, temeroso e indeciso. Algunas veces, su supervó es tan represivo de toda sensación o pensamiento sexual perturbador que * 1 (oven termina por execrar su cuerpo o, peor aún, por t' ner vergüenza de experimentar el más mínimo placer.

También está en juego la virulencia del niperyo hiper- morul que lleva ;il adolescente 11 mostrarse intratable en fanitliü v hostil .1 todo compromiso. Ln ud sentido, ¡no hay nadie más sectario que un adolescente! ¡Sun implacables! Aquel que no tiene La misma marea de zapatillas que yo, ¡flhra! M que no escucha lo misma música que yo. ¡ kui-.ka! ¡Tienen la visión más estrecha e intolerante de las cosas! Por ende, la intransigencia es lo propio ,1 esa edad es un nimísimo de intransigencia, sino también porque el brote del nuevo yo adolescente es un pimpollo tan tierno \ Irá gil que el joven quiere protegerse de toda amenaza procedente del otro, de lo extraño, de lo Jik- rente. El otro, ei entraño, el diferente deben ser excluidos despiadadamente, porque son una amenaza grave contra la afirmación de uno mismo. Por lo tanto, d primer estado es d de un yo miedoso y angustiado.

El otro estado de un yo bien distinto es d de un yo triste. Se da sobre todo en ía*¡ jóvenes, decepcionadas de si mismas y de la vida, cuya personalidad parece totalmente impregnada de un estarlo de ánimo taciturno. La adolescente está tiesa tentada, replegada en si misma y cerrada .i los otros. Sometida también día al dominio de un superyo inflexible que la agobia con reproches y la desprecia, la joven se siente tan culpable que puede llegar a ser presa de ideas suicidas, sin pasar necesariamente al acto. Por consiguiente, el segundo caso, el de un yo triste, es víctima de una autodesvakjn ¿ación exagerada o. lo que viene a .ser lo mismo, víctima de una denigración operada por un su penó tiránico. Observemos que este estado de hipertrofia del superyo dd adolescente triste se

una en las antípodas del estado tIlj ausencia de superra i i idnleseente delincuente cuando este actúa con total 11' 11 dad (cutegi iri ;i tí I de n tiesm> Panomrna}.

Por último, reconocemos un tercer estado del ra li ■ adolescente, el más (recuente en la población mas- ■" .1-1 adolescente y el más parecido al yo histérico. F.l jmrn es susceptible, irritable, provocador v agresivo; es ili'iiien til carne viva que solo vive en el presente, igno- i, el pasado v desprecia el futuro. Vive en oposición v

  • n una rebeldía permanente, y esta rebeldía suele ser la

presión paradójica de una depresión que calificamos " as anílei como hostil. Mienrras que la joven deprimida

agota repitiendo y machacando hasta el hartazgo sus -Fas mórbidas, el joven huraño, aunque habitado por mu tristes« no consciente, no manifiesta ningún signo ib depresión. Por el contrario, el muchacho histérico

  • ai riori¡ía su saturnismo mediante un humor reactivo, i i -k tlde y por medio de comportamientos reivindica- ovos. nihilistas v violentos. Más que quejarse, el joven depresivo-hostil se crispa en el despecho y estalla en una ruma destructiva. Su triste?.a v su culera se mezclan asi en una agresividad epidérmica, lai que usted tiene delante

  • un joven despechado, un ser que su i re de la misma manera que el neurótico aquejado de lo que denomino una histeria parannide.

t las Mico a la histeria en tres tipos: la histeria de angus-

labia, la histeria depresiva y la histeria parannide,

l .1 histeria de angustia se caracteriza por la preval encía h los sintonías fnbictis; es el caso de nuestro ndniesceti- <<■ ¡ifífrftsíj/ido, F.l histeria depresiva se caracteriza por la pie valencia de síntomas rales como la apatía, las quejas

[recuentes o la amargura de sentirse mal ainado; es el caso del adolescente triste. Por último, tenemos la histeria paranoide, forma clínica que más se aproxima al retrato de nuestro adolescente susceptible y rebelde La histeria paranoide se caracteriza por una insatisfacción permanente dd joven; por el resentimiento contra sus padres, a los que acusa de no haberlo amado lo suficiente cuando sahemos que en realidad h.i sido un niño mimado y sobreprotegido; piar una hipersenxibilidad a la menor contrariedad, que automáticamente interpreta como un rechazo de amor procedente de su familia: y. en una pala- lira, pur un narcisismo inmoderado que lo vuelve mas v ulneraUe que nunca. En la histeria, siempre se trata de ana desilusión amorosa. Ya es le angustiado, deprimido o ptmmoidtí, nuestro joven histérico sufre invariablemente de creerse mal amado. í',1 amor desdichado siempre csti en d corazón de la histeria: el angustiado tiene miedo de amar, d depresivo llora su amor perdido v el paranoide grita mi rabia de haber sido abandonado. Por lo tamo, el tercer estado es el de un yo susceptible y rebelde. F.n suma, según su personalidad, su contexto familiar v su medio social, el adolescente "neurótico de crecimiento” oscila entre la angustia, la tristeza y la rebeldía. De estos tres estados del yo, el que me llevó a identificar la adolescencia con Ja histeria y del que querría hablarle ahora es el yo susceptible y rebelde.

LL ADOLESCENTE REBELDE ES UN HISTÉRICO


QUÉ TEMÉ SER HUMILLADO


Lo mas insoportable futra un adolescente es que le bagan un pedido;

¡taco imparte el inntenidn del pedido, la i/ue lo espante es el ser solicitado por sus padres, el tener ijite responderles v, curiosamente, hacerlos

felices,

¿Pero fmr que es tan alérgico a las solicitaciones de los

adultas?

Parque toda pedido procedente de los padres despierta en el dos sentimientos pe husos; el miedo a no saber responderles y la vergüenza de mostrarse servil "¿lo no soy tu sirvienta!”, suele repetir.

J D N.

Ante todo, querría explicar más detalladamente por

  • 111e asimilo El adolescencia a una histeria pasajera de . red miento. ¿Porqué una histeria y rio una fohia o una ul»esión? ¿Qué tienen en común la histeria y la adoles-

  • eneia? I' I adolescente, al igual que el histérico, tiene una i once pe ¡ñu infantil del amor, del odio y Je la rela-

i afectiva en general. Seguramente, esta visión pueril

los sentimientos también está presente en la fohia
\ L-n la obsesión, pero sin ser dominan Le. Cada neurn-


r. está caracterizada pur una problemática dominante.

  1. ai indo uno escucha a un paciente que, desde la primera enLrcnsuq habla tic amor, o mis bien de celos, de

  2. .lición o de pasión amorosa, uno está escuchando a un histérico; si halda ele angitstia, estamos escuchando a un fñhico; y, por último, si nos habla de poder. o más bien de lodo lo que debe bucee y que no consigne hacer, estamos escuchando a un obsesivo. Pot supuesto, estas distinciones esquemáticas no son útiles sino a condición de someterse a la singularidad de cada Lino de nuestros pacientes.

Pero volviendo a nuestro adolescente histérico \ a su visión pueril de la .declividad, este percibe a los adultos a los que quiere y de los que depende a través de la lente deformante de un imaginario infantil v emotivo. Para él, como para todo histérico, el universo -afectivo se divide natural mente en dos grandes categorías humanas: los amados y los mal amados, los fuertes y los débiles, los dominadores v los dominados, los jueces v los cul- pables, I os perversos y las victimas: en una palabra, los fálteos y los castrados. Ahora bien, cuando la relación con los padres está falseada por este imagina rio dual isla. invariablemente el conflicto estalla en el seno de la familia. Dotado de un yo inmaduro por estar inacabado, el adolescente se siente mal amado más que amado, débil nías que fuerte, dominado más que dominante, víctima mas que manipulador y culpable más que acusador. Por consiguiente, el peligro más temido para un joven que se siente débil, sometido o culpable es que justamente se lo sospeche de ser débil, sometido o culpable. Si tuviera que enunciar el lema del adolescente histérico y rebelde, seria el siguiente: Cualquier casa antes t/uc se afir la vergüenza de ser descubierta tai cottto me siento en lo más profundo de mi mismo: ¡débil, sometido o culpable! 1 para evitar la vergüenza y la humillación, tengo que rechazar absolutamente toda palabra, todo pedido o

todo exigencia de las adultos, que desenmascararía mi ,h hit idad, r/ii inferioridad o mi dependencia üigámos- i- ■ I ;tra mc:nte: h mayoría de los cortilleros que es ral I mi rimv i-\ adolescente y sus padres están motivados por el

lo -incluso inconsciente de exponerse a la humilla-

mu v :i mosirarse un intiLtl ,1 sus ojos, a los ojos de rodos y uik Lodo a los propios, L'.n consecuencia, para no sentirse Uil. el adolescente es agresiva y a ruca. Uecid idamente, la mejor defama es d ataque!

Pero na hay humillación más i labiosa, mas tria ida t mi riso por el adolescente -sorprendentemente ¡que htner feliz ni adulto que le hace au pedido! Me explico: 11ki de decir que l,i mayoría de los conflictos del ado- I si ente mn sus padres están motivados por su miedo » mostrarse inútil, incapaz y afectivamente dependiente; ahora completo la idea y afirmo que muchísimos eonflie- i" . también están motivados por su miedo a satisfacer la < spectadva de sus padres y a hacerlos felices: “¿\o soporta complacer a mis padres!", se sublevaría el inconsciente del adolescente histérico.‘‘Sobre todo, ¡no quiero que mis padres estén orgullosos de mi! Si están orgullosos de ■ ni, vuelvo a ser no soto un niño dependiente, sino que me siento el objeto servil de su placer, ¡y esto me repug-

nar Entonces los hago sufrir haciendo todo |<> contrario de lo que querrían que hiciera!”.

En suma, las dos peores amenazas por un adolescente histérico y rebelde son la humillación de que lo vean tallar y, en d extremo opuesto, la humillación de mostrarse demasiado conforme a! hijo ideal o a la lipa ideal que, según él, sus padres soñarían tener, lie aquí dos libretos habituales, eminentemente neuróticos, que se juegirt en lo que llamamos d fantasma de humillación ¿leí adolescente histérica. Observ emos que estas dos variantes dd fantasma angustiante de humillación no son más que la expresión de loque Freud denominaba el fantasma angustiante tic castración. ¿Pero por qué hablar aquí de castración? ¿Castración de qué? La angustia de castración siempre es el temor de perder lo más caro que se tiene, ¿V cómo se llama en psicoanálisis aquello que se considera lo más caro que tenemos? Se llama d “Falo". i:J f alo es la cosa que mas nos interesa porque pensamos, erróneamente, que solo de él depende nuestra felicidad. Por ejemplo, creyendo que nuestra felicidad depende exclusivamente de nuestro hijo, nos arriesgamos a hacer ile él nuestro precioso Falo, descuidando asi al compañero o a la compañera que, sin embargo, comparte nuestra vida. Para un padre o una madre, el Falo no debería ser el hijo, sino su pareja. ¿Por qué? Porque mi pareja es el elegido dd que espero, con o sin razón, la felicidad binara. Esto es el amor; creer en la felicidad tácitamente prometida por aquel o aquella con quien comparto mi vida. Cuando llega a mi consultorio un niño en presencia de sus padres, sudo decirle a la madre: “Señora, d rey en su casa no es su hijo; el rey es el señor que esta a su izquierda.

M \ si recibí» a una niña con los padres, suelo

iln icirmc al padre y decirle: “Para usted, señor, la reina ih l.i casa no es su hija; la reina de la casa es esta señora, su Minpañera". Un niño no puede llevar sobre los hombros I peso inmenso de la expectativa de un padre o de una m.ulre que harían tic él la única razón de su felicidad. Fn una palabra, el Falo no puede ser ni tiene que ser nuestro lulo. Como lo decía el poeta libanes Khalil Cubran dirigiéndose a una madre: “ Fus hijos no son tus hijos / son lujos e hijas de la vida i deseosa de sí misma. / No vienen de n, sino a través de u i v aunque estén contigo / no te pertenecen”. Cubran nti era psicoanalista, pero entendió muy bien que es la castración, recordándonos que nues-

hijos no nos pertenecen y que nuestra felicidad no

rl:i pende exclusivamente de ellos. En una palabra, nues- n os hijos no sun nuestros Falos.

V para el adolescente, ¿cuál es el Falo? El Falo del adolescente histéricoaquello que le interesa por sobre rudas las cosas, es su propio yo, su amor propio. Fn última instancia, el jovencito no teme perder su virilidad o ■ii Fuerza, entidades que habría podido erigir en inestimables Falos. Fn cuanto a la jnvencita, lo que teme per- dui no es m su encanto ni su capacidad de seducción, ni siquiera el amor del compañero, todas cosas que habría |Hidido magnificar como Falos. No, el Falo para un adolescente, varón o mujer, es, insisto, su propio yo. lis lo que más les interesa a los jóvenes, su vo, es decir, la estima de si mismos. Para ellos resulta intolerable ver su yo maltratado, humillado o rebajado. u¡So soporto que me humillen! ¡So quiero pasar un mal hago!" Evidentemente, nadie tolera ser humillado, pero el adolescente vive en un c-stiiih > de alerta permanente para responder a la mas mínima amenaza de humillación, Tiene tanto miedo de ser humillado que está n instantemente a la detensiva, lj.ri rigor, el joven se siente frágil en lo mas profundo de si mismo y tan dependiente de sus padres que, para compensar este sentimiento de inferioridad, desarrolla una subrestimación patológica de su yo y una irritabilidad igualmente patológica frente a la más mínima olensa. Se ama a st mismo, por cierto, pero con un amor desmesurado, crispado y desafiante. Es como si tuviera el lira/.o herido y lo protegiera continuamente con la otra mano para que nadie lo rozara; “¡f undado! ¡No me toquen el brazo! ¡No ves que esta lastimado!

, ¡engo que ocuparme de él y desconfío de cualquier contacto que pueda llegar 3 dañarme!*’. Para el adolescente, esto mismo es lo que sucede con su “pequeño” yo. Nadie puede tocar su yo, al que venda y quiere como si estío lera herido, f.l ludo es su yo, el amor de si mismo; y la castración es la angustia, el miedo paranoide de que se pueda dañar a su yo embrionario \ i\ ido como más f rágil de lo que realmente es.

Ahora usted comprende por que la angustia Je una hipotética humillación, el temor pueril y exagerado de ver su yo rebajado es una variante en nuestro adolescente neurótico de lo que d psicoanálisis llama la angustia de castración- Por ende, afirmo sintéticamente que el adolescente sufre de ana neurosis de crecimiento nutrida por su miedo pueril y exagerado a ser humillado. I le resumido en el cuadro siguiente {figura 2) la génesis dd comportamiento Insidien del adolescente Frente a sus padres. Estoy persuadido de que si uno comprende que

HIL'HLI[pi|l|t A IlSTCl IIJ U,1 .IppTI.IlHlnMIJ AApriA .V, '11AIMiap|l l | i

a ttppqt^i aim-isunu u,i ‘oauajsiq aitiaasapipc [a ‘»turi ni in,|

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f txm iinstmu 3sjf ùpitjjnstttq asitffi^ " a/maìai\ ■>■

tlljSJtlJil Al li tlfiriffi iùrr V opjirn [(UOlJlfJ/IIHm/ '>{■> MitiU)tirj\
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