Definiciones de la adolescencia



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Como actuar con un adolescente difícil

Retrato JeI adolescente

de hoy

DEFINICIONES DE LA ADOLESCENCIA



"En este momento esloy dividido t urre dm edades, Ut di' In infi/miti i1 la de la adultez, < intrido Iti edad adulta predomine rubre la infamiti, sere dueño de mi nit stati. Pienso que fu.ir a bora debo estar en un 60% de infancia y un 40% de adultez".

Alain, IS anos

\in c todo, comencemos por definir hi adolescencia. I a adolescencia es un pasaje obligado, d pasaje delicado, atormentado pero también creativo, que se extiende desde el lín de la infancia hasta los puertas de la madurez, M adolescente es un muchacho o una chica que poco i poco deja de ser un niño y se encamina difícilmente bacia el adulto que será. Definiré a la adolescencia de acuerdo con tres puntos de vista dilercnl.es pero complementarios: biológico, sociológico y psicoanalítico. I )esde la perspectiva biológica, sahumos que la adolescencia corresponde a la pubertad, mas exactamente el principio de la adolescencia corresponde a la pubertad, a ese momento de la vida en el que el cuerpo de un niño de 11 años es abrasado por una sorprendente llamarada hormonal. La pubertad -término médico- designa (ustamente el periodo en el que se desarrollan los 'irga-

nos genitales, aparecen signos distintivos del cuerpo del hombre y de la mujer, y se produce un impresionante crecimiento de la altura, así como una mndilitación sensible de las formas anatómicas. Para el varón, es la edad en la que se producen las primeras erecciones seguidas de eyaculación durante, una masturbación, las poluciones nocturnas, el cambio de la voz y el aumento de la masa \ de la tonicidad musculares, gérmenes todos ellos de una virilidad incipiente, ha la niña, se desencadenan las primeras menstruaciones y las primeras sensaciones ova ricas, los senos crecen, la cadera se ensancha confinen' dolé ú la silueta el porte típicamente femenino y, sobretodo. se despierta en ella esa tensión imposible de definir que emana del cuerpo de toda mujer y que llamamos el encanto femenino. Por lo tanto, biológicamente hablando. la adolescencia es sinónimo del advenimiento de un cuerpo maduro, sexuado, susceptible de procrear,

En cuanto a lo sociológico, el vocablo “adolescencia" abarca el periodo de transición entre la dependencia infantil \ la emancipación del joven adulto. Según las culturas, este periodo intermedio puede ser muy corto -cuando se reduce a un rito iniciático que. en unas pocas horas, transforma a un niño grande en un adulto- o particularmente largo, como en nuestra sociedad, donde los jóvenes conquistan su autonomía muy tardíamente, dados la extensión de los estudios y el desempleo masivo, factores que mantienen ia dependencia material y afectiva del adolescente respecto de su familia I n este sentido, observemos que un adulto joven de cada dos sigue viviendo en el domicilio de los padres a los años, gozando no solo del techo por tiempos cada vez,

  • r b . pmlf >n i^ailf >s, si mi también de su sostén económico, ifiit*, muy ;i mcrudo, se extiende incluso mis a![i. En una p.ifiltra, si se consideran los dos extremos del pasaje a Jo h-,vente, puede afirmarse que Li pubertad signa su entry-

  • I i hacia Iris II o 12 años, mientras que la emancipación puntúa su salida alrededor de los 25 años.

RETRATO DEL ADOLESCENTE DI: HOY

Pera vayamos ahora al punto tlt vista púcoatralíti- Cti i d etnmi lo lili forjandn a ín largo del contacto con iins jóvenes pacientes, Ahora bien, ¿qué es un adoles-

ntt1 para d analista que somos? Kn primevísimo lugar, esbócenlos su retrato hecho en vivo. Mas adelante, cien— tTÍhiré al adolescente desde el interior, desde el londn de su inconsciente, tal como se ignora a si misino. Por el momento, esbocemos su figura a grandes rasgos. Et inven muchacho o ln chica tic hoy es un ser trastornado que, alternativamente, se precipita alegre hacia adelante en la vida, luego de pronto se detiene, agobiado, vacio de esperanza, para volver a arrancar inmediatamente llevado por el fuego de la acción. lodo en el son conlras- ies y contradicciones. Puede estar tanto agitado como indolente, eufórico y deprimido, rebelde y conformista, intransigente y decepcionado; en un inomento entusiasta y, de golpe, inactivo y desmoralizado. A veces, es muy individualista y exhibe una vanidad desmesurada o, por el contrario, no se quiere, se siente poca cosa y duda de todo. Exalta hasta las nubes a una persona de mas edad, a la que admira, como, por ejemplo, un rapero, un jefe

*!c grupo m un personaje de juegos ile utico, a condición tic que su ídolo sea diametral mente npucsto a los valores la mi liares. Los únicos ideales a los que adhiere, las inas de las veces con pasión \ sectarismo, son los ideales -a veces nobles, a veces discutibles- de su grupu de amigos. \ sus padres les manifiesta sentimientos que son la inversa de los que siente realmente por ellos: los desprecia y les grita su odio, mientras que el niño que subsiste en el fondo los ama con ternura. Ls capa/- de ridiculizar al padre en público mientras que está orgulloso de él y lo envidia en secreto, bales cambios de humor y dé actitud, tan frecuentes y tan bruscos, serian percibidos como anormales en cualquier otra época de la vida, pero en la adolescencia, ¡mida mas normal!

EL IMPULSO CREADOR DEL ADÜLESCEN CE



Sin ninguna duda, el adolescente es un ser que sufre, exaspera a los suyos \ se siente sofocado por ellos, pero es, sobre todo, el que asiste a la eclosión de su propio pensamiento y al nacimiento de una fuerza nueva; una fuerza viva sin la cual en la edad adulta ninguna obra podría llevarse a cabo, lòdo lo que construimos hoy esta erigido con la energia y la inocencia de! adolescente que sobrevive en nosolivs. Indiscutiblemente, la adolescencia es una de las fases más lecundas de nuestra existencia, l’or un lado, el cuerpo se acerca a la morfología adulta y se vuelve capa?, de procrear; porci otro, la mente se inflama por grandes causas, aprende a concentrarse en un problema abstracto, a discernir lo esencial de una situa-

< ron, a anticipar las dificultades eventuales y a expandirse r mando espacios desconocidos. El adolescente conquista I espacio intelectual con el descubrimiento de nue- t os intereses culturales; conquista el espacio a lectivo con i I descubrimiento \ del escolar, el universo de los otros seres humanos en mda su diversidad. Ante la creciente importancia que la sociedad reviste ahora en su vida, comprende muy pronto que nada puede surgir de una acción solitaria, iadolescencia es el momento en el que nos damos cuenta de ruin v nal es el otro biológica, afectiva y soda luiente para t ada uno de nosotros, cuanta necesidad leñemos del otro para ser nosotros mismos.

PANORAMA DE LAS MANII ESTACIONES


DLL SUERIMILNIO INCON5CIENTE
DEL ADOLESCENTE DÉ HOY


Con todo, Lis más de Lis veces, nosotros, los profe 'onalcs o los padres, no estamos con I ron nulos con esta energí a crea dora del adolescente. Em mayor parte del tiempo, lo que se presenta ante nosotros es un adolescente en estado de desasosiego: un (oven al que le i tiesta expresar su malestar con palabras. No sabe o no puede vertvalizar el sufrimiento difuso que lo invade y es

-j nosotros, adultos, a quienes ros compete soplarle las pala hras que le fakan, traducirle el mal-estar que siente \ que habría expresado el mismo si hubiera sabido reconocerlo, Soplarle las palabras, ¡mr cierto, pero con mucho tacto y sin que lo advierta, ayudarlo pero no ofenderlo. No, el adolescente no siempre sabe hablar de lo que siente porque no sabe identificar bien lo que siente. Se trata de una observación que muy a menudo hago a los padres t, a los profesionales que se quejan del mutismo del [oven que se encuentra ante ellos. Si el adolescente no habla, no es porque no quiere comunicar, sino porque no sabe identificar In que siente, y mucho menos verbalr/urlo. Ks osé como se ve lanzado a actuar mas que a hablar y que su mal-estar se traduce mas por medio de los actos que de las palabras. Su sufrimiento, confusamente sentido, ínformulable y, en una palabra, inconsciente, está más expresado medíante comportamientos impulsivos que conscientemente vivido y puesto en palabras.

justamente, me quitaría proponerle un Panorama de Lts manifestaciones del sufrimiento inconsciente del adolescente de boy. Dichas manifestaciones se presentan de distinto modo ^ecun el grado de intensidad del sufrimiento: moderado, intenso o extremo. Lo invito a detenerse un instante en la figura I


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Paro rrrfcr, nos bcmos visto obligados a sopante dos nenmsis en nuestra juventud: la primera entre tur i y tos 6 años, V la segunda entre tus 11 y los I ,V años; una netumis infantil durante el Idijm y mus tarde, una neurosis juvenil durante la adidestennu listas dos neurosis Je crecimiento son neurosis sanas porque son pasajet o> se reruefam por n mismas

.1 o \

I .n la columna p7]del Paitnnnmt {figura 1), indique la man ¡testar'irin ñus (recítenle itt* un sufrimiento modera- do, es decir. I;i efervescencia adolescente ordinaria. bien tilico l-i agitación adolescente con una neurosis juvenil sana v nuil necesaria; necesaria para»]ue el adolescente, al i alto de mi metamorfosis, logre adueñarse de si mismo \ afirmar mi personalidad. laminen la denomino neurosis de crecimiento. Los principales síntomas de esta neurosis saludable de crecimiento, síntomas que vamos a profñn iliniir m is .nielante pero que de ahora en más podemos mencionai -angustia, triste/.a y rebeldía , son los signos anticipmlores de la lutur i madure/ del muchacho y de la chica ( a he señalar que esta neurosis de crecimiento afeita a prácticamente la totalidad de la población ado leseen te. es decir, a s millones de jóvenes, de entre 11 y 1N años de edad, sobre una población glohaL en fian cía, de fs millones y medio de ad(»leseenles. ¿Quiénes son estos muchachos? Son los jovenes con los ipu; nos rel.n lonauioH todos los dias, incluso los jóvenes pacien tes iptc recibimos puntualmente poi problemas de poca navedad. En síntesis, los adolescentes incluidos en la

  • ii' ih .ría !/í | son en su gran mayoría jóvenes con buena alud que atraviesan su adolescencia de manera modera-

  • miente conflictiva y sufren una neurosis pasajera que - dilicri como sana porque se disipa por si misma con el ii' uipo, sin necesidad de recurrir a un terapeuta. En el •'»ido, en presencia de un adolescente difícil, es decir neurótica, nuestra mejor respuesta como padres es saber

  • sperar, lo mejor (fue podamos, el fin de la tormenta, Al

  • nial de esta neurosis insoslayable y en suma benéfica, el i» la joven entran por im en la edad adulta.

I le de aclararle que esta manera de pensar la adoles- 1 Linda como una neurosis de crecimiento es una idea un ova dora que me ha sido inspirada por el trabajo con lo1* jovenes y que propongo a los padres v a los profesionales confrontados con el sufrimiento juvenil. Me gus- i.ii u agregar que esta neurosis saludable es, de hecho, la iepetición en la adolescencia de la primera neurosis de

  • 11 cimiento que lúe, para un niño de 4 años, el complejo di í'.dipu. Estoy convencido de que la formación Je la personalidad de un individuo se decide en su manera de n rrvesar estas dos pruebas inevitables que son la neurosis uina del complejo de Ijdipo y, diez anos mas tarde, la neurosis sana de la adolescencia.1 En ambos caía >s, se ¡rata de mui neurosis porque, en el transcurso de esios dos peno- 1 dos de l.i vida, complejo de Edipoy adolescencia, el sujeto se desgarra interiormente, tratando de responderá la vez a las fuertes exigencias pul si únales de su cuerpo (llamarada Lilmlinal) y a las fuertes exigencias suciales {padres, amigos y valores culturales), exigencias pue ha mtroveo ladu i, que se impone a sí mismo bajo la forma de la voz interior \ despótica dd sttpnyó. l a adolescencia es la edad en que las sensaciones corp< Tales son tan apremiantes como lI juicio crítico procedente de Lis otros. Este juicio negativo, interiorizado como ¡m enjuicio, es lo que denominamos superyó, entidad a La que nos referiremos más adelante. Ahora usted comprenderá que la neurosis sea justamente el resultado de la incapacidad que tiene el vo adolescente, aun inmaduro, ele conciliar las tiránicas exigencias pulsioitales con las uránicas exigencias super- voicas. Esta guerra intestina entre un cuerpo invadido por [as pulsiones y una cabeza invadida por una moral extrema buce del adolescente un ser intima mente dislocado, desgarrado, que experimenta sentimientos contradictorios respecto de si mismo y de aquellos de los que depende afectivamente, en primer lugar sus padres. Por ende, tiene reacciones desconcertantes, chocantes, incluso agresivas respecto de su entorno. Esto es la neurosis: sentimientos, palabras y comportamientos impulsivos v desfasados, que engendran una insatisfacción permanente i múltiples conflictos con el prójimo. Pero el fin normal de esta neurosis juvenil de crecimiento dependen en gran medida de la inteligencia, de la serenidad y, en una palabra, del umbral de tolerancia de los padres durante la ro rmen ta. I bd o es iri ha e n lo s i guíe me: aceptar que mies- mi hijo real no sea el hijo que hemos soñado.

l j carea es difícil pues, en la adolescencia, los padres i. i m» cuentan m con la paciencia ni con la flexibilidad mental que tuvieron durante el Edipo. La efervescen-

  • i neurótica del joven desborda a menudo en la escc- ii-i social y los padres rápidamente se ven superados. Seminen mil veces más desarmados para manejar las tur-

i-ulencias de su adolescente difícil que para mane jar, por |ctupio, la inocente falta de piudor de su hijo de A años. lí< tomaré detenidamente el cuadro clínico de la neurn- r adolescente. Por el momento, sigamos examinando el i'nnonmtn de la figura I.

Remitámonos a la columna _H], donde encontramos diferentes comportamientos peligrosos que interpreto

  • i'inn la puesta en acto por parte del joven de un sufrimiento del que no nene conciencia, un sufrimiento un onsciénte que ya no es moderado, sino intenso. Aquí ipicrm volver un instante a la naturaleza inconsciente l: l sufrí ni ictitu adolescente. Cuando digo que el sufrimiento es inconsciente, quiero dar a entender que el loven no siempre Jo siente y nunca nítidamente; y, si lo ■lente, no llega a verba liza rio. Altura bien, cuando este

Linimento muelo es muy intenso e incoercible, se exterioriza ya no a través de la efervescencia adolescente i ormin y corriente, sino a través de los comportamientos 11esgosos, impulsivos y repetitivos. Insisto: nosotros, los psicoanalistas, sernos los que interpretamos, por ejemplo, tal o cual acto de violencia perpetrado por un adolescente tunoso como la expresión actuada de un ilolor interior, nu sentido, que socava al joven desde tos desgarramientos familiares de su infancia, Kn e! momento de cometer ci .u to, d imen tío oentc naiiá, m dolor, ni miedo, tu culpabilidad; está como amvtcstaJo, lucra >lc -.1 v Jim* has vece* animado por un scni i miento di ninni pote»« i.i e irmdntralididad Esta amen* u de cnticiencia de mi tii.iI'CSUI' interior m plica porque mi adolescente, peic *1 hallarse en mu situación tleKspciida, no piensa i n pedir ayuda l\ir li > unto, se encierra en vu soledad, su rencot y su des.Mió para mu los otros No obstante, h,u otra ra^ón que aplica h violencia que puede adueñarse nenia. t J atíldese* lite mu* ¡tas s cees ent re riesgos par a pmmni prui ha y ultimarse \ través tic la violencia y el ruido, huso» U prueba de su propio valor, temeré sentirse c.stuir, distingunse de los adultos y hacerse reconocer por sus jmiynv

Vn cuanto a los comportamientos peligrosos, observemos que, pese a su curaner ruidoso y espectacular (meen din de unos, violencia en el colegio secundario v muchos otros hechos que ocupan la primera plana ¡le los periódi

ci>s|, solo conciernen i de |n\< ne<¡ de entre 11 v

i ¡S allí o li> que rio dcM de se ■■ in cmhargi *. una c antidad cimsidi rabie - I as conductas riesgosas que encontramos i on m,i cor Ir venencia en nuestra (ir a ti ira son Sos ctrm- porta mientas tUpresivoi v ei aislamiento sobre todo en las adolescentes ■; los intentos de su iridia, mas frecuentes en las jóvenes pero más sanguinarios unte los varones; los fuitidiof logrados, t|ue representan la segunda causa de mortalidad entre Jos jóvenes adultos después de los accidentes de ruu; la po/iadiccitin -taimo ■, alcohol, can rtrtbiv cu constante al«; el consumo de drogas dtimt como el évtiisis, tas anfvtammas, la heroína o la cocaína Me interesa desucar que Inv adoles* entes en peligro

i h|N( (.Atamos iiotilando mm rada vel más jóvenes:

ucncn ] 1 o 1J años! liecícn teniente, han ajw- ■ ihIk nuevas alteraciones del carácter van predices i

i unes truno el reviente alcohólico del .sábado a í.i

"... In que suele degenerar en situaciones trágicas; la ¡ >» uii^nifta invasora via la u levisinn e Internet:, duiwh i .anorexia \ httiirnia en nimio

en Lo , asi tomo la descrxiótt esentar, el ausentismo

. i im i, que instalan el vagabundeo \ fomentan los

  1. i< is delicttvos.

I n 11 > .límente a los actos delictivos, he de decirle que lii mayor parte de los menores encarcelados son varo- i" dcsescnlar izados v librados a si mismos que» antes ■I« ."meter d deliro, absorben un cóctel de drogas \ \n-\mías alcohólicas para suprimo toda conciencia v todo uireiio al peligro. Asi. expulsan di su mente el menor indio superyoico para que su luror nn conozca limites. Vi u a i intíme, asistimos al ascenso indiscutible del vandalismo, asi como de la violencia contra los otros y contra u mismo, A veces, las víctimas de la violencia son otros r i venes que se vuelven violentos a su vez v a menudo noli*i»us contra si mismos. Pienso en los phrranys, no en : lóbulo de la oreja, sino en la lengua o en los órganos

  1. imítales; pirtrifígs muy sangrientos y, con harta trecucn- im, infectados. Pienso también en las uutomutilauones v en particular en las escaras que, cuando se repiten, provocan lesiones definitivas de I.j pid/lbda esta cruel dad contra uno mismo y contra los otros encubre muy a menudo -cosa que muchos ignoran una depresión muy particul.ir que no se manifiesta por medio del abatímien

lo v la tristeza- Es una depresión enmascarada, mezcla de amargura y despecho, que también vuele denominarse "depiTMi>n husUl" Por ende, ante un joven violento, pregúntete siempre cual es Ut decepción iftte, en tugar de ponerlo francamente triste. generó su odiu. En lugar de sufrir d dolor de una pérdida* Conservó en su tuero Inter- no el rencor de lina ofensa. I1,ira completar la columna '// de los comportamientos peligrosos, agregaré que el sufrimiento inconsciente ha adoptado recientemente la forma de nuevas adicciones, sin droga que son la aber- dependencia a los juegos de vídeo y el uso abusivo de los chais con taracler erótica con tomara V'eh y video Vquf ya no h: trata de la dcpcndenci i de un producto, sino tic ],i dependencia de un compon amiento.

Por ultimo, en la columna [el , incluimos las alten- | cienes mentales severas capaces de prolongarse hasta la edad adulta, perturbaciones que revelan un snfrimtentn tnconn i. nte extremo nid adolescente. 1' ntre esi.is ali-c- - iones, fj más dramática es indi si urihlrmcnte la esquizofrenia o disociación estfuizrtfrvmca„ que va ai omp-iñmla muchas veten de delirios, de afi limaciones o de un repliegue auiiM i irreductible. Otras veces, el [oven está aquejado jx u alteraciones obsesivas compulsivas -Lo mi perturbaciones ansiosas y fobrea* -las tuinas frailares, po r ejemplo , ñúsnanos alimentarios ñute hits veces t i únicos 1.i jnorevi.t y la büiirntf ; o im tosí» una depresión importante que puede conducir al suicidio: todos trastornos mentales tan invalidantes que el adolescente se desescolariza \ se margina, Otra patología mental, menos frecuente, que afecta a los virones, son los abusos sexuales paidóñlus practicados, por ejemplo, en niñas di

  1. *i 1.1 filad a las que t:l ¡ido leseente varón baby.^tter cuida i' .i K noche en ausencia Jt sus padres; o incluso los abu-

  • un iMuiwis tn he mi anos jovenes, hermanas o medias ln< manas.

i’i m en este pumo me interesa insistir. El problema

r ipil!, para nosotras, profesionales, paidopsiquia-

" i psicoanalistas, psicólogos, jura todos aquellos que ■ dm a jóvenes con un gran sufrimiento psíquico, la i" i turbación más grave, la más irreversible, es sin chula di-una la esquizofrenia. Es nuestro cáncer en psicopa-

  • ¡ ;11,i del adolescente, Recordémoslo; ía disociación

  • i'n/.íifrcrica es una enfermedad de la juventud y no 1 11 '.dad adulta. Kraepdin la había llamado demencia l'if fi7. ¿Por qué este nombre? “Demencia” porque el

  1. i-io se recorla de la realidad y produce ideas deliran- i'-. I n la época de Kraepdin, el estado de alienación mental se calificaba como demencia y no corno psico-

i , tomo boy. Y “precoz"' para subrayar que la demen- u aparecía relativamente temprano en la vida de un individuo. Bleuler, el gran psiquiatra suizo, uno de los maestros de Freud y de jung, pretirió calificar la demencia precoz como esquizofrenia, donde “esquizo” quiere decir disociación, hiancia, ruptura, v “frenia", mente, Por consiguiente, “disociación de la mente”, expresión propuesta por Bleuler pat a dar a entender mejor que el síntoma principal del estado esquizofrénico es la niptn- i i, el el i va je tic la personalidad del ¡oven enfermo, sjn- toma que nosotros en la actualidad llamamos "despersonalización". Kn todo caso, llámese demencia precoz w esquizofrenia, siempre se trata de una psicosis que se declara en la adolescencia.

En lo que se refiere a la eildil de Id eclosión de esta enfermedad, seguramente usted habrá escuchado hablar, hace algún tiempo, de un esquizofrénico peligroso que se fugó Jel hospital de Grenohle y cuya foto fue difundida por los medios, la de un hombre de unos 50 anos. Al ver la foto, los profanos pudieron creer que la esquizofrenia era una patología de la edad madura. Pero sabemos que este enfermo diagnosticado como esquizofrénico es en verdad esquizofrénico desde su adolescencia; su enfermedad no data de hoy. Kn efecto, la esquizofrenia es una psicosis crónica que comienza entre los 15 y los 25 anos, la mayor parte de las veces alrededor de los 1 S, al finalizar los estudios secundarios. (Querría ser claro; la casi totalidad de los enfermos esquizofrénicos han visto estallar su psicosis antes de los 25 años. Si usted atiende a un paciente de unos 50 años, diagnosticado como esquizofrénico, tiene que saber automáticamente que los primeros signos de Ea enfermedad aparecieron en Ja adolescencia V, correlativamente, en ¡a tu multa ton un joven que presenta aJtervaones neuróticas severas t¡ comportamientos peligrosos, el primer gesto que tiebe acompañar a un profesional avezada es la búsqueda de tos síntomas típicos de la esquizofrenia, esperando, por supuesto, no encontrarlos. Fsta es exactamente la actitud que adopto. Movilizo todo mi saber de psicoanalista para descubrir una falla que, con todas mis fuerzas, no querría ver aparecer; la disociación esquizofrénica. Cuanto antes detectemos una esquizofrenia incipiente, m;is chances tenemos de sofocarla en su estado embrionario y, si se declara abiertamente, de tratarla muy rápido, Y ello sin ¡gnnnir que, según la gravedad de la enfermedad, núes-

"" initairuento puede tiu pasar. t:[ii¡»er?>, de ser un mero 11 ikitivo.

I - ¡i üactualidad, nuestro?;coleas psiquíatras,a Ja hora '■ tn sen hir, solo disponen de psu-fítrópicns bastante efi- ■■ paro desarraigar una esquizofrenia profundamente "" l.ida en el joven enfermo, l.a psicosis esquizofrénica ■■ una patología que aún resiste a la cura comprendida ■ 'Uní unn remisión completa \ dcliniliv-.i de las pertur !'■' iones. Sui duda, hoy en día contamos con excelentes "u dieamentos anupsicodeos, pero no son sino meros f Mil i nivos que favorecen, sin embargo, uno de nuestros 'hieltvos terapéuticos principales: la reinserción social,

  • 11.1 r o profesional del joven paciente. De modo que, n lo relativo a algunos enfermos severa mente aquejados, Sin que, a Jaita de conseguir una cura mental, se puede

petar tina cura social. Por ende, es responsabilidad del l' >-lesiona! tratante descubrir, desde la primera consulta,

eventual esquizofrenia lanada \ tener asi una opor-

h nadad de intervenir lo más eficazmente posible. Para J' i iibrii la, el terapeuta no psiquiatra debe estar bien i ■ irmadn y conocer exactamente los síntomas caracterís-

de esta psicosis, a saben la despersonalización - el

¡oven siente su propio cuerpo como si fuera extraño-; ideas de persecución que pueden llegar hasta el delirio; ilut i naciones, en particular auditivas, en cuyo transcurso

  • I jt ¡ven oye voces que lo insultan o lo intiman a cometer ¡i 11 >s extraños, incluso violentos hacia si mismo o hacia . I prójimo} alteraciones discordantes de la afectividad

insensibilidad emocional o incoherencia entre la natu- i ileza de la emoción v las circunstancias que la snsn- i.iii ; y alteraciones eognirivas -detenimiento súbito y

momentáneo del pensamiento o incluso incapacidad de concentración acompañada a veces de dolores sentidos en la parte superior de la espalda cuando el joven enIcrino se esfuerza por retomar el hilo de sus nicas-,

lódas estas perturbaciones deben estar presentes en la mente del profesional cuando atiende a un joven aquejado, por ejemplo, de una neurosis obsesiva grave o de una fobin escolar grave. ¿Qué significa grave? Quiere decir que la enfermedad es invalidante. Una neurosis será calificada de grave cuando su intensidad, su duración o su invasión en la vida cotidiana impiden al sujeto vivir normalmente. Si uno atiende a un joven aquejado de neurosis obsesiva o de una fobia que sigue vendo a la escuela todos los dias, cuyo boletín de calificaciones es relativamente satisfactorio y cuyos amigos vienen seguido a su casa, se puede estar seguro de que esa neurosis no es preocupante. En cambio, si los síntomas obsesivos o fobieos son invasivos al punto de obligar -al joven a quedarse encerrado en su casa durante varias semanas y a deses cola rizarse, estamos verdaderamente en presencia de una patología severa que nos obliga por principio a no excluir jamás que la susodicha neurosis podría evolucionar hacia la esquizofrenia En efecto, el 20% délos esquizofrénicos declarados han sufrido previamente alteraciones neuróticas serias, en particular alteraciones obsesivas invalidantes. En este casu, la psicosis es un agravamiento de la neurosis, Quizás usted está atendiendo actualmente a jóvenes obsesivos y, al leerme, se preguntara; entonces, ¿la joven de I i años a la que atiendo por loe podría volverse esquizofrénica? Ya mismo le respondo: aunque su obsesión sea invalidante, no es

' puro que zozobre en la psicosis, llay que saber que ,u|o el 15% de los jóvenes adolescentes que sufren de

  • lo raciones neuróticas preocupantes pueden virar a la i Mpiizofrenia, Volviendo al caso de esta muchacha tle 1 3 mus que sufre de roe. lo tranquilizo recordándole que o trabajo de psicoterapeuta, asociado eventualmente al ¡|i un psiquiatra encargado de prescribir medicación, ya Im uniré entrever una salida favorable al tratamiento de J.i obsesión.

I fe aquí las eres categorías de manifestaciones del ufrímienio inconsciente de! adolescente: síntomas n- un micos, comportamientos peligrosos y alteracio- in" mentales, f.n cada categoría, podemos encontrar luis i!e adolescentes que atraviesan una crisis aguda. I'or ejemplo, en la categoría |/lj. la de la neurosis de

  • « cimiento, pienso en esa joven, va muy ansiosa, que - r epliega de pronto en un mutismo obstinado. Fu la i alegoría Bj, la de los comportamientos peligrosos, (Menso en ese joven ¡¡caler ocasional de cannabis que, I .M a estupor de sus padres, es detenido por posesión de 1 stupefacientes; o incluso, en la categoría ¡C'\, la de las enfermedades mentales, me acuerdo de ese joven de ló ■mos, atendido hasta entonces por una neurosis observa seria, que vira en pocos días hacia un delirio de

persecución. El agravamiento de su perturbación se ha operado cuando su miedo obsesivo al polvillo se convirtió en miedo a ser contaminólo por los microbios ■I' otra persona, v, más gravemente aún, cuando este miedo se ha transformado en la idea delirante de creer que alguien quería contaminarlo adrede. En lo atinente ■d modo de aparición de la esquizofrenia, y para corrí- píe tu lo que hemos dicho ni respecto, precisemos que esta psicosis juvenil puede declararse, empero, en lio a d oles ce n le sin ningún antecedente neurótico grave. Por ejemplo, puede suceder que estalle súbita mente en un joven durante un largo viaje al otra mero. Muchas veces pinte comprobar que d desencadenamiento de la esquizofrenia se producía en el momento del retomo de un viaje de un país lejano cuya cultura es muy di leven O' tic la nuestra, 1 n general, los jóvenes se lanzan a la aventura, solos o con amigos, para afrontar lo desconocido v vivir emociones nuevas. Pero sucede que en el avión tic regreso aparecen brutalmente las primeras manifestaciones de una disociación psicótica. I lasta ese momento, nada permitía presagiar tales alteraciones. Fs todo lo contrario del joven obsesivo de 16 años que ve sus obsesiones transformarse progresivamente* en delirio He persecución v al que tomé como ejemplo de una crisis aguda.

é-

Antes de proseguir, querría introducir sin tardanza ilos distinciones terminológicas. Acabo de utilizar la expresión ¿Cómo matarean un adolescente difícil? Para evitar roda confusión, me gustaría aclarar que la palabra “crisis” puede entenderse de dos maneras diferentes: la crisis considerada como un periodo mas o menos largo de ruptura y de cambio -por ejemplo, la crisis económica que vivimos hoy-, y la crisis considerada como un momento agudo, brutal, un momento de ruptura y de cambio, un accidente, por ejemplo, o incluso el agrava-

n.irtito lirusct» de un estado crónico \_si pues, distinguí -

*t nsi<. de adolescencia" y "adolescente en crisis*’ i ¡i

ilf adolescencia designa el periodo intermedio de l.i \ ul.i en el que la infancia no ha renninadn de apagarse i l,i madure/, no Iva terminado de surgir, mientras t)ue mi adolescente en situación de crisis aguda es un |oven mVo comportamiento, que ya era agresivo u adictmi. pin ejemplo, súbitamente se convierte en inmanejable pira su taimlia.

I a segunda precisión terminológica condeme ¡d i Miiccpto nuevo que le propongo de "neurosis saludable i!, i rcemliento”. ¿Por qué de crecimiento? Porque pata , urtT todo adolescente esta obligado a sufrir una neu- oisk y a deshacerse de ella. I stá obligado a padecer el

din le sus pulsiones, la intransigencia de su superyn y, n. a conciliarias, La práctici con los jóvenes me ha il sadu a reemplazar la cipresino tómente y muy vaga |. "ti i.sis Je adolescencia" por ía de neurosis saludable 1/1 *tveittt lenta o. más exactamente, de histeria saludable Je tiramiento. Pronto explicaré lo que el vocablo lusicr i,i" aporta de esencial a nuestra comprensión del luni:untamiento psíquico fiel adolescente neurótico. \i I.in> desde ya que nu interpretación ríe la adolescen- , i,i í.i iiiui una histeria ha demostrado ser muy fecunda t operativa en el trabajo con los adolescentes. Ahora les pulo a ustedes -padres, docentes u terapeutas- seguir mi ngu mutilación teniendo presente tal o cual adolescente i,n el que están actualmente rn relación y confirmar o i valor de nuestra tesis.

i A AÍ’jOI ESC ENCIA ES UNA - ífi >ERíA Y UN OUUÜ
NEC ESA FIJOS PARA VOLVERSE ADULTO


Las aclaraciones terminológicas están ya plan realas y antes de responder a la presuma de saber cómo actuar cotí un adolescente en si ni a non de crisis aguda, necesitamos comprender mejor [o que es tm Adolescente normal -quiero decir inodcradamcnir nc un trico- desde el pimío dcvista l«surianalírico (categoría | l’de \ a figura 1) í-lióte el retrato del [oven v elalvorc el / 'anónima de Lls mandestaciones ilt su sufrimiento; ahora querría tpie se sumerja usted psa inrul ¡ricamente en su ion insciente,

leñemos dos maneras de conceptúalizar la tempestad que estalla en la cabeza del ulolcscente neurótico. Primero, podemos utilizar el modelo del conflicto que opone, por un lado, las pulsiones pulieres que se exteriorizan en comptxtAnúrltfns impulsivos y, por el otro lado, la represión brutal de estas pulsiones por partí de un superyo despiadado. Esta luí lia entre las pulsiones y el superyó, entre el cuerpo y la cabeza, se traduce en el adolescente por medio de una neurosis histérica difícil de manejar por los padres; neurosis no obstante sana, que evoluciona a lo largo de todo el periodo adolescente y que se disipa por st misma en las puertas de la vida adulta.

Pero también podemos concebir la tormenta psíquica del adolescente utilizando un segundo modelo conceptual, va no el del conflicto neurótico, sino el del fiarlo de la infancia perdida, l a adolescencia aquí es no solo una neurosis histérica ruidosa, sino un proceso silencioso, doloroM i, lento y subten ánn * dL desprendimiento del

mu tula tu fundí Cuando usted c*tu en presencia de un

r dígase que en el btterinr Je ese paciente -de la

»tunta uta aera que, sin percatamos^ perdemos a cotia • < cundo una célula de unes ira cuerpo-, el está perdien-
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