¿De qué hablamos cuando hablamos de pensamiento crítico?



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¿De qué hablamos cuando hablamos de pensamiento crítico?
Norman J. Solórzano Alfaro

II Encuentro Internacional de Pensamiento Crítico

Heredia, 8 – 10 de diciembre, 2010
Mi saludo solidario y el agradecimiento anticipado por la atención que presten a estas reflexiones.
Algunas deudas: Mi reflexión en torno a un pensamiento crítico se alimenta, por un lado, del intercambio generoso con compañeros y compañeras vinculados a lo que, de manera provisoria, podríamos denominar Teoría crítica de derechos humanos, la cual supone un esfuerzo por pensar el pensamiento sobre derechos humanos a partir de las negatividades de humanidad que enfrentamos en la realidad social, para radicalizar lo humano y erigirlo como criterio de referencia para la acción y el pensamiento mismo, y, por otro lado, de los diálogos sistemáticos y continuados que hemos venido sosteniendo en el Grupo Pensamiento Crítico, el cual está empeñado, entre otras cosas, en hacer bosquejos de un marco categorial que aporte pistas y claves para comprender su exigencia crítico-negativa y su compromiso prospectivo frente a esas construcciones de las realidades sociales que niegan y oprimen al ser humano y la naturaleza.
Intentaré, entonces, mostrar algunas de esas pistas y claves, las cuales presento de manera esquemática y como notas breves (apuntes) que deberán ser escuchadas y leídas en clave interrogativa, con el claro espíritu de a-puesta (en sentido pascaliano) para la re-visión (en el sentido de Raúl Fornet Betancour). De todos modos, la intención de este II Encuentro Internacional de Pensamiento Crítico es hacer y mostrar un ejercicio de pensamiento crítico en la comprensión de los fenómenos que cada uno y cada una enfrenta en sus realidades cotidianas, para lo cual estas reflexiones preliminares pretenden ser un preámbulo abierto e inconcluso.
Dos conceptos básicos a tener en cuenta para lo que diré:

“El pensamiento es aquello que es capaz de transformar las condiciones de pensamiento, es decir, de superar una alternativa insuperable, no esquivándola, sino situándola en un contexto más rico en el que deja lugar a una nueva alternativa, la aptitud de envolver lo anti en lo meta. Permite resistir la disociación generada por la contradicción y el antagonismo, disociación que evidentemente no suprime la contradicción. El pensamiento posibilita la integración de la contradicción en un conjunto en el que pueda continuar fermentando, sin perder su potencialidad destructiva e incluso su potencialidad constructiva” (Morin et al. (2006) Educar en la era planetaria, 37).


“Una teoría no es el conocimiento, permite el conocimiento. Una teoría no es una llegada, es la posibilidad de una partida. Una teoría no es una solución, es la posibilidad de tratar un problema. Una teoría sólo cumple su papel cognitivo, sólo adquiere vida, con el pleno empleo de la actividad mental del sujeto. Y es esta intervención del sujeto lo que le confiere al método su papel indispensable” (Morin et al., 2006: 25).
Preguntas de partida

    • ¿Es posible construir una teoría crítica? Aún más, ¿es posible un pensamiento crítico que sea algo más que una crítica del pensamiento y se constituya en un ejercicio de pensar críticamente?

    • Si eso es posible, ¿cuál sería el fundamento de un pensamiento/teoría crítica en un mundo secular hoy?

No creo poder responder a satisfacción estas interrogantes en este breve espacio, pero si intentaré mostrar algunos elementos que pueden servirnos de insumos en tal empresa.


Ideas preliminares
Cuando hablamos de pensamiento crítico y teoría crítica también estamos hablando de una sensibilidad, por tanto, de una ética, que nos constriñe a dilucidar y declarar:

    • Mi visión: ¿cómo veo las cosas?

    • Un posicionamiento: ¿dónde estoy y cuáles causas abrazos?

    • Una intencionalidad: radicalizar lo humano, para reproducir, sostener y potenciar la vida, humana y no humana.




  • El pensar críticamente, por consiguiente, es un esfuerzo por ver las realidades, tanto en lo que muestran, privilegian, enfatizan o construyen cuanto en lo que ocultan, disminuyen, socaban o destruyen. Cómo dirá Franz Hinkelammert, se trata de juzgar lo que es, la realidad existente, a partir de lo que no es, para hacerlo transparente. Por tanto, se trata de un pensar paradojal, como forma de poder penetrar y discernir las paradojas de las realidades sociales.




  • Un pensamiento crítico es un ejercicio en permanente ebullición, consciente de la lagunaridad o parcialidad de cuanto sabe o pretende saber; por tanto, está en constante re-visión y auto-revisión, solo confiado en la posibilidad de transformarse más tarde.



  • Un pensamiento crítico se sabe limitado, pues juega dentro de los límites de la condición humana (los límites de lo que puede pensar y de lo que puede hacer). Por ejemplo, solo podemos pensar aquello que podemos enunciar, y esto está determinado por lo que el lenguaje posibilita; de ahí las urgencias por resemantizar los términos, pero también de empezar a crear-poner nombres a lo que ha sido invisibilizado u ocultado. Pero tal conciencia de los límites nos abre a la inmensidad de posibilidades. Este juego con los límites y los intentos de su superación está dado por ese esfuerzo que el mismo Franz Hinkelammert llama reflexión trascendental, y que es constituyente de esa condición humana; se trata del esfuerzo y la pretensión de superar los límites imaginarios, en el sentido de Castoriadis, es decir, construidos sociohistoricamente, o inclusive aquellos físicos, que se dan en la relación vida – muerte. Ejemplo: la medicina es la tecnología que pretende, si no superar la muerte, sí alejar ese límite lo más posible de la experiencia inmediata. O bien, en un sentido similar, como lo presenta Bauman, en general:

“La inventiva cultural humana desplegó –de manera intermitente o concomitante- una cantidad de estrategias [familia, nación, etc.] destinadas a descifrar el enigma [por qué estoy aquí y con qué propósito, si es que lo hay?], o dar la impresión de que estaba descifrado, para que la vida resultara más vivible a la sombra de la muerte” (2001: 41)
Este es un primer acercamiento a la sensibilidad de un pensamiento crítico.

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En lo que sigue, para efectos de brevedad, ordenaré la conversación en dos apartados:

1) algunas condiciones para hacer un ejercicio de pensamiento crítico;



2) algunos criterios o claves para un marco categorial de pensamiento crítico.
Condiciones
Para pensar críticamente se requiere una serie de condiciones, tanto de tipo epistémico como pragmáticas, entre otras, algunas de las cuales son:


  • Una concepción convencional de la verdad: en un registro epistémico, esto supone que la validez de toda proposición está determinada por el conjunto de hablantes y se valida según las condiciones que ofrece el medio en que es enunciada (contexto). Esto no supone una deriva relativista extrema, pero si se hace cargo de la relacionalidad como base de cualquier comunicación y producción cultural, por ejemplo, en el sentido en que Maturana entiende la cultura, como el conjunto de lenguajeos que va constituyendo el dominio de la acción de los sujetos participantes. Por otra parte, en la dimensión pragmática, supone que la verdad de la acción se da en la elucidación de sus resultados (consecuencialismo) que rápidamente podríamos enunciar como aquello que permita liberar al ser humano de lo que lo oprima y sojuzgue y construya humanidad; se trata de la verificación práxica de la que hablaba Ignacio Ellacuría y que juega en relación con el cuestionamiento de las acciones, normas e instituciones que favorecen la producción y autoproducción de dignidad para las mayorías populares. Así, la verificación de los procesos, las acciones y los argumentos es de carácter práxico y está en función de lo que produzca, reproduzca y despliegue la vida, humana y no humana, en todas sus potencialidades. Hay un factor de verdad en lo que enfrenta y transforma aquello que sojuzga, humilla, explota y/o mata al ser humano y la naturaleza.




  • Una concepción secularizada de la realidad: por eso mismo, la visión sobre la realidad resulta, en los términos de Castoriadis, una estrategia autónoma, es decir, se trata de una visión de la realidad independiente y autorreferente. Veamos: si se tiene conciencia de los límites y del esfuerzo por superarlos (reflexión trascendental), pero también, se tiene como único fundamento la autorreferencia de la convivencia humana, de lo que hacemos en y con ella, la realidad que surge de este interactuar juntos será eso y nada más que eso, nuestra realidad, sin más fundamento que la propia acción humana por la que se va desplegando.

Y en esto, seamos claros: cuando digo concepción secularizada no se trata de la simple crítica anticlerical a algunos símbolos externos, de tipo religioso, eso solo alcanza para una secularización epidérmica; se trata, ante todo, de una comprensión de nuestro “lugar en el mundo” y la condición de este mundo como inmanente, por tanto, un mundo que nos exige ser responsables, pues nadie más, sino nosotros mismos, somos responsable por él, por sus grandezas y sus miserias.

  • Una actitud de autocrítica: un pensamiento crítico es un saber que sabe, en los términos de Boaventura de Sousa Santos. Un pensamiento crítico mira no solo lo que mira, sino que se hace consciente de cómo mira, es ejercicio auto-reflexivo, por tanto, se hace cargo de sus errores, aún más, los aprovecha como aprendizaje. Esta autorreflexividad o autocrítica lo pone en constante vigilia frente a lo que sabe y lo que cree saber; pero no se trata de las actitudes cínicas y escéptica, que niegan que se puede saber-pensar, o el pesimismo al estilo de la condena de Sísifo, es decir, la condena de una repetición incesante de los mismos errores. Pero sí asume una actitud trágica, en sentido clásico, pues reconoce que no hay otra verificación, otra referencia más que el camino por seguir elucidando, discerniendo, cuestionando, pro-poniendo. Sobre este carácter autocrítico, el mismo Habermas ha señalado, refiriéndose a la teoría crítica:

“Se comporta críticamente, lo mismo frente a las ciencias sociales contemporáneas que frente a la realidad social que esas ciencias tratan de aprehender. Se comporta críticamente frente a la realidad de las sociedades desarrolladas en la medida en que éstas no hacen uso del potencial de aprendizaje del que culturalmente disponen y se entregan a un descontrolado aumento de la complejidad.

“Pero esta teoría se comporta también críticamente frente a los planteamientos en ciencias sociales que no son capaces de descifrar las paradojas de la racionalización social sólo porque convierten en objeto a los sistemas sociales complejos” (Habermas, Teoría de la acción comunicativa, II, p. 529).


Con el marco de fondo que establecen esas condiciones, veamos algunos de los criterios de discernimiento de un pensamiento crítico.

Criterios
El marco categorial del pensamiento crítico, como lo hemos venido a entender, se construye sobre algunos ejes o claves respecto de los cuales cualquier pensamiento, acción, norma, institución o valor, entre otros, debe ser contrastado. Menciono al menos tres criterios o calves que consideramos relevantes:


  • Crítica de la irracionalidad de lo racionalizado: La modernidad supuso una creciente racionalización del mundo de la vida (burocratización y monetarización) y de las formas del pensar (ciencia positivista y técnica). Incluso supuso una teoría crítica como crítica del sistema social existente y confió en la superación de este mediante un control técnico (la planificación) y tecnológico. Pero en la medida que las posibilidades de una teoría crítica están vinculadas a las condiciones de producción del pensamiento y estás son sociohistóricamente determinadas, la crítica tradicional no rompió con el cerco paradigmático en que se gestaba esa modernidad (mecanicismo, linealidad-progreso, fragmentariedad, simplificación); es decir, fue más de lo mismo, como ocurrió en el experimento soviético.

Sin embargo, esa racionalización y control tecnológico, en una u otra versión (positivista funcionalista o crítica tradicional), han supuesto efectos perversos que ponen a la humanidad al borde del colapso (peligros ontológicos):

    • Amenaza nuclear y bacteriológica: el control del átomo, que supone un triunfo de la ciencia se convierte en triunfo pírrico en la medida que pone a disposición, por primera vez, la posibilidad y el potencial de exterminio total de la especie.

    • Crisis ambiental: la intervención en los medios, tanto para la extracción de materiales para la producción cuanto por el intento de domeñar las fuerzas naturales (v.g., climas artificiales), impulsan procesos entrópicos como la erosión, el calentamiento global, la producción descomunal de desperdicio y, lo que es peor, la funcionalización de casi toda la producción como producción de basura.

    • Crisis de socialidad (rompimiento de las formas de socialidad; exclusión; pobreza...). Los controles impuestos por los estados nacionales, mediante cláusulas de cierre como la ciudadanía y el nacionalismo, erigen la convivencia planetaria en una competencia por los espacios y la convierten en fuente de amenaza; así, se estigmatiza al migrante y se entra en una escalada de xenofobia y racismo. Por otra parte, el mercado impone un control y mediación cuasi absoluta de las relaciones sociales, y las convierte en relaciones contractuales de intercambio, con lo cual ha hecho del planeta un apartheid social, que hace de la redundancia social (la exclusión) un mero efecto colateral que además se celebra.

Todo pensamiento crítico surge frente a este núcleo de irracionalidad. Por tanto, el pensamiento crítico despliega una racionalidad que tensiona y enfrenta los efectos directos/indirectos de la racionalidad medio-fin. La racionalidad medio-fin se inscribe en una mística del crecimiento y del progreso, que hace del cálculo utilitario el principio rector de la objetivación de lo real. Por esta vía, tanto la naturaleza externa como el ser humano son constituidos (mistificación; absolutización) como mecanismos de funcionamiento, lo cual produce un desdoblamiento de la afirmación de la vida. Según esta visión, destruir las condiciones de posibilidad de la vida es una afirmación de la vida; esta es una nueva dimensión del fetichismo, efectuada a través de los mecanismos del mercado y de la ley. Frente a esto, la crítica se despliega como crítica de la economía política (satisfacción de las necesidades humanas) y del Estado de Derecho (crítica de la ley), así como de las formas idolátricas en que se soportan. Esto supone, además, una crítica de los diversos aspectos de la condición humana y de la sociabilidad: ética (formal y funcional); dimensión libidinal; política; producción de sentido y construcción de realidad, entre otras.


  • Discernir y enfrentar lo que sojuzga, menoscaba y destruye la vida, lo humano y lo no humano. El pensamiento crítico debe estar atento a los procesos de subjetivación (producción de subjetividad-humanización), para enfrentar la explotación del trabajo en todas sus formas, así como de la naturaleza externa y de la humanidad, en ambos casos por extracción y exclusión. Los procesos de subjetivación-humanización resultan obstruidos por las diversas formas de la violencia y la acumulación (Laissez Faire-Laissez Mourir: dejar hacer, dejar morir; matar es suicidio), frente a los cuales el pensamiento crítico debe ofrecer argumentos y perspectivas para resistir y superarlas.

Un pensamiento crítico comprende la subjetividad partiendo de la corporalidad y del tramado de relaciones en que esta se realiza-despliega (intersubjetividad), no de los esquemas abstractos del sujeto cartesiano, predominante en el pensamiento moderno (la disyuntiva entre sujeto cognoscente-sujeto actuante). El pensamiento crítico comprende al ser humano como sujeto necesitado, por eso pone énfasis en la relación entre corporalidad y satisfacción de las necesidades, y, en términos de una economía política, en el valor de uso sobre la prevalencia mercantilizante del valor de cambio. En ese sentido, decimos que es la satisfacción de necesidades humanas lo que se erige como criterio, y no las preferencias como supone el discurso neoclásico y comercial, pues para elegir, el ser humano requiere vivir. No somos libres para elegir satisfacer o no satisfacer las necesidades, aunque seamos libres para elegir la forma de satisfacerlas, o, incluso, de insatisfacerlas.

Ahora bien, un principio realidad en el pensamiento crítico asume el hecho de que las necesidades humanas se satisfacen en orden a un medio natural: circuito natural de la vida. Este supone, al menos:



    • Comprender el trabajo como enlace entre humanidad y naturalidad.

    • Una teoría de la racionalidad que reoriente la praxis: no se trata de clausurar ni satanizar la racionalidad medio-fin, sino reubicarla en función de los criterios de una racionalidad reproductiva o de la sustentabilidad del circuito natural. Tal racionalidad reproductiva se constituye en última instancia para la acción y descansa en el reconocimiento mutuo como seres naturales.

Este discernimiento al que está constreñido el pensamiento crítico dilucida la existencia de un sistema de dominación múltiple, lo cual exige un marco de análisis y de acción política complejo y diverso, que enfrente la pluralidad y diversidad de las dominaciones: v.g., patriarcal, etaria, étnica, de clase, libidinal y de la naturaleza. Estas dominaciones múltiples se inscriben en tramas sociales que las presentan como racionales.

El pensamiento crítico devela el carácter mítico de estas construcciones racionales de la dominación. Así mismo, el pensamiento crítico abre el espacio mítico como campo de construcción de realidades e interacción de racionalidades. Desde esta apertura, el pensamiento crítico se constituye en condición necesaria para la transformación y la emancipación. El examen crítico, dialogante, de las memorias colectivas, encuentros de saberes, imágenes, relatos, especialmente los producidos en las luchas, resistencias y afirmaciones de los pueblos, es fundamental para posibilitar y elaborar las alternativas liberadoras. En fin, en el contexto actual, por ejemplo, el pensamiento crítico se re-constituye como crítica política y del poder en las condiciones de la globalización neoliberal y su crisis. Esto exige de quienes resisten y buscan alternativas un esfuerzo por deconstruir la política actual y repensar políticamente las realidades en que se inscriben los actuales procesos de resistencia y alternativas.




  • Crítica de la ley: Se trata del sometimiento de la ley bajo un criterio de la acción racional: lo que permita producir y reproducir la vida, humana y no humana. No se trata de un criterio emocional o sentimental, tampoco es un mero valor; se trata de un criterio de la acción, un juicio práctico de posibilidad, fuera del cual todo cumplimiento de la ley se transforma en destrucción. El pensamiento crítico enfrenta todo proceso de naturalización de la ley, cualquier ley, que pasa por el olvido del origen de esa ley (toda ley ha sido puesta por alguien, por tanto, es expresiva de algunos intereses, como en el caso de la ley jurídica, o de alguna visión de la realidad, como en el caso de las denominadas leyes económicas y las leyes naturales, etc.), así como los intentos de una aplicación irrestricta de la ley que hace abstracción de aquel criterio y, por tanto, se convierte en ley que mata, como bien lo ilustrara en algunos de sus relatos Franz Kafka.

La ley ha sido una estrategia heterónoma-autónoma, en el sentido de Castoriadis, es un ejercicio de reflexión trascendental, en el sentido de Hinkelammert, para superar la angustia frente a la fragilidad de la existencia y su contingencia, pero, inversamente, cuando no admite ningún criterio de discernimiento se convierte en un instrumento de negación y destrucción de la misma existencia: dura lex, sed lex.
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En fin, el pensamiento crítico supone, y con ello termino, utilizando las palabras de Joaquín Herrera Flores:



“la crítica radical de toda teleología dogmática, sea explícita (el autoritarismo o el totalitarismo), sea implícita (como es el caso de la religión del mercado). Y desde esa crítica actuar inflexivamente creando espacios de intervención igualitarios y antijerárquicos que permitan la productividad y la sensibilidad necesarias para tener un poder no dominado por la violencia estructural [un poder productor de historias, creador] de prácticas compartidas y comprometidas en acciones ancladas en lo real, en definitiva, en la lucha por el Bien Común.” (2005:243-244)
¡Muchas gracias!


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