De por qué no comprar nuevos espejitos. Por Mónica Virasoro



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De por qué no comprar nuevos espejitos.

Por Mónica Virasoro
Abstract

A propósito de las recientes visitas a Buenos Aires de Slavoj Zizek y Aldo Negri, un comentario de las principales categorías de este último en su libro Imperio escrito en coautoría con Michael Hardt. Se trata fundamentalmente de los conceptos de imperio, multitud, trabajo inmaterial que los autores introducen oponiéndolos a los de imperialismo pueblo y Estado-nación. Se trata de mostrar el carácter ambiguo de estas categorías así como su inadecuación para comprender la realidad de nuestras naciones latinoamericanas.


Hay algo en que muchos estamos de acuerdo, muchos al menos de los que asisten a este Congreso convocados por el anhelo de indagar en la evolución de nuestro pensamiento.

Son dos cosas:

I. Que la filosofía en la Argentina, el pensamiento argentino ha sido el fruto inmaduro de influencias extrajeras mal digeridas. Que nosotros, como otros pueblos de América Latina, signados por la dependencia económica, y la debilidad política sufrimos de un malestar crónico de la cultura, sentimiento de desajuste y náusea por la presencia de cuerpos extraños.

Hablamos de cultura porque conforme a aquellas primeras nociones de antropología, cultura es todo: desde la cocina que elaboramos, hasta los modelos económicos que nos tragamos como purgantes, pasando por los ornamentos que consumimos, los aparatos que compramos, las expresiones artísticas que admiramos, las opiniones que conservamos, las ideas filosóficas que envolvemos y atesoramos.

II. Sabemos que urge construir, modelar, consolidar y no por vía de la recepción y traducción pasiva de los modelos foráneos sino por el impulso de la creatividad, una cultura propia en el sentido de la antes dicha definición. Tal tarea supone en la esfera filosófica que particularmente nos atañe, tanto la renovación del lenguaje tras la remoción o reciclamiento de las viejas categorías cuando estas no se nos acomodan, como el ojo alerta a modo de filtro de aquellas nuevas categorías que crecidas en organismos de otras latitudes, vienen a enquistarse en nuestras coordenadas espacio-temporales como cuerpos extraños y cancerígenos.

Es abundante la literatura que da cuenta de aquellas influencias foráneas tan intensamente ejercidas sobre el pensamiento de nuestros antepasados; no nos detendremos por tanto en ellas, nos ocuparemos del ahora, aquí, nosotros cuando una compulsión de repetición nos condena siempre una vez más a recibir, adoptar, copiar lo extraño y curiosamente hallar en ello nuestra redención.

De esta renovada reincidencia son casos sintomáticos las recientes visitas a la Argentina de dos destacadas figuras una de la esfera política otra del ambiente académico, ambas europeas. Me refiero a Toni Negri y Slavoj Zizek cuya visita apreciamos por lo que tengan de signo de que ellos nos buscan de referentes e interlocutores pero rechazamos por los comportamientos que despiertan entre nosotros: cierta actitud servil y complaciente, un colocarse en posición de discípulo a la espera de diagnóstícos y recetas, a la espera de que nos digan quienes somos, hacia donde vamos, cuán honda o terminal es nuestra crisis, cuánto nos es dado esperar, “hermano tú puedes”. Del lado de los señores extranjeros cierto vergonzante reconocimiento de ignorancia –tantas veces preguntados, respondieron ambos desde la timidez “de la Argentina no sé”- pero al mismo tiempo un atrevido desliz, la incapacidad de abstenerse en el impulso egomaníaco de probar sus esmirriadas categorías para calificar algunos hechos singularísimos ¿Los piqueteros? Son manifestaciones de la “multitud”. O viceversa, ¿la multitud? Por ejemplo los piqueteros. El señor Negri se siente especialmente recompensado en sus elucubraciones teóricas ante el espectáculo de la santa alianza entre cacerolas y piqueteros.
Pero hora es ya de abandonar preámbulos e introducciones, e hincar en la médula del asunto. Hablábamos de categorías, de la inadecuación de aquellas nacidas y desarrolladas en los centros para analizar y pensar nuestras realidades; me ocuparé en esta oportunidad de algunas, diríamos las centrales, acaso las únicas de Toni Negri.

En su libro Imperio todo el discurso teórico se sustenta sobre una díada categorial uno de cuyos términos da título a la obra: Imperio – multitud. Imperio y multitud se corresponden como las dos caras de una moneda no sólo es su aspecto estructural sino en el proceso de su generación pues es la multitud la que da nacimiento al Imperio, éste –dice Negri – “no nace por propia voluntad, antes bien es convocado a nacer y se constituye sobre la base de su capacidad para resolver conflictos”. En función de esta correspondencia podrían tratarse ambos términos en forma conjunta, sin embargo, a fin de poner un poco de claridad en las turbias aguas del autor los trataremos por separado.


Imperio

Es un término que surge pese a su aire de familia en oposición a imperialismo, es más, el sólo hablar de Imperio supone una nueva era, la posmoderna, el fin del imperialismo. A diferencia del Imperialismo, el Imperio no establece ningún centro de poder ni se apoya en fronteras fijas. Es un aparato de gobierno descentrado y desterritorializado que va incorporando progresivamente todo el reino global en sus abiertas y expansivas fronteras. Se suma pues a sus propiedades el no tener un afuera, todo le es interno y se mueve en consecuencia en un plano de pura inmanencia.

Pero hagamos un poco de historia para comprender mejor esta diferencia. Dicen los autores que los imperialismos que Europa construyó a lo largo de la era moderna tenían como piedra angular la soberanía de los Estado-nación, la misma que hoy día el proceso de globalización viene a suprimir. Desde este punto de vista la cara positiva de este orden global, consistiría en terminar con la base de sustentación del colonialismo europeo y su expansión económica, los Estado-nación delimitados por fronteras, desde los cuales el poder se ejercía sobre territorios extranjeros a través de un sistema de canales y barreras que gobernaba el flujo de la producción y la circulación.

Reconocen, es cierto, los autores que de algún modo fue la misma dinámica del capital, al cual los imperialismos, fundados en el Estado-nación y su sistema de fronteras, obstruían el desarrollo y la realización plena del mercado mundial, la que terminó por destruir las barreras que separan lo interior de lo exterior y facilitó el tránsito del imperialismo al imperio. Sin embargo, lo novedoso de la tesis es afirmar, que se equivocan todos los análisis que subestiman el rol de los movimientos y luchas del proletariado, ahora “multitud”. Para los autores de Imperio, esta, la multitud es el verdadero motor que impulsa el desarrollo del capitalismo

Hasta aquí, sólo por el momento, lo que atañe al Imperio, Pasemos al segundo término del binomio: la multitud.

Multitud


Es el conjunto de todos los explotados y sometidos, una fuerza insurgente que actúa sin mediación, esa es la novedad. Pero ante todo –aclara Negri en una entrevista- hay que entender que es un concepto de clase, aunque no realmente una clase porque se trata de una situación modificada, nuevas condiciones de producción que dan al concepto de clase mayor extensión e intensidad que el de la clásica clase obrera.

Trabajo


En este punto la noción de multitud se vincula con la de trabajo, concepto que también sufre transformaciones. Negri habla de “trabajo inmaterial” que a diferencia del trabajo en la fábrica, comprende una serie de actividades desde servicios industriales, hasta relaciones sociales, domésticas, educativas de salud, de comunicación, de información, científicas. Todo un espectro de actividades que requieren capacidad creativa. Todo esto conforma lo que llama trabajo productivo que unifica sectores sociales cada vez más extensos y que pone a estos bajo el régimen de explotación. He aquí lo común a todos ellos la explotación capitalista. En comparación al trabajo en su sentido tradicional, el trabajo inmaterial es siempre más productivo, capaz de desarrollar más valor, más riqueza, más dignidad del trabajador, porque el trabajador –dicen- lleva al lugar de trabajo su propio instrumento, su cerebro. Vale señalar que pese al tono de segura originalidad esto no es más que una glosa aggiornada del propio Marx cuando con Engels explica la mayor movilidad social como efecto de la disminución de la jornada laboral y en consecuencia el mayor tiempo libre para dedicarlo a la formación-capacitación de la clase trabajadora. Y si bien para Marx trabajo es siempre trabajo material con el limitado sentido de transformación de la naturaleza, también es cierto que una idea más ampliada de trabajo bajo los términos de servicios, trabajo invisible, administración, trabajo creativo, tiene ya larga data. Pero sigamos con nuestros autores. Como consecuencia de este aporte cerebral - dicen- “la flexibilidad y movilidad de la fuerza de trabajo no son simplemente el arma que el patrón empuña para vaciar las fábricas, flexibilidad y movilidad son la dignidad del cerebro del hombre que trabaja desplegando toda la libertad de su imaginación”. Este despliegue de la libertad al interior del trabajo, de las capacidades productivas, es el elemento de fuerza de la Multitud, como clase, como elemento de antagonismo. No es verdad que la Multitud elimina la estructura y la figura del antagonismo social: por el contrario lo multiplica y lo lleva a lo que debe ser el verdadero nivel de confrontación forzando de ese modo el tránsito del imperialismo al imperio

En esto no hallamos gran novedad se trata, como decíamos, de la misma idea de Marx expresada en similares términos acerca de la creciente movilidad de la fuerza de trabajo que acompañaría necesariamente al desarrollo del capitalismo con todo lo que este implica: tecnificación, disminución de la jornada laboral, más tiempo libre para alcanzar más alto nivel educativo. Solo que habría que evaluar que cantidad de la pirámide social entra efectivamente en esta categoría de multitud, entendida como aquella que lleva su libertad así alcanzada al ámbito del trabajo cuando el espectáculo que tenemos sobretodo en nuestras periféricas latitudes es el de la creciente exclusión social de grupos cada vez más vastos.


Masa

Algo más para la caracterizar la multitud: la multitud no es masa. A diferencia del concepto de clase que se define –dice Negri- abstracta y numéricamente- en verdad no es así, por algo distingue Marx entre clase en sí y para sí, pero por el momento no lo discutiremos- la noción de multitud alude a una multiplicidad de singularidades. El trabajador es un singular y es precisamente ese carácter de singular lo que multiplica su potencia productiva porque a cada momento tiene algo que agregar. La multiplicidad, a su vez, se unifica en lo que las partes tienen de común, su antagonismo al capital que les permitirá tras las luchas, la reapropiación de la cooperación y del comando sobre el trabajo.


Pueblo

Para completar los rasgos más sobresalientes de la noción de “multitud“ hay que mencionar que Negri la opone al concepto de pueblo. Pueblo –dice- es un concepto de producción burguesa vinculado al surgimiento del Estado-Nación. El pueblo nace con la Nación y supone la reducción a uno de lo que es la diversidad popular.

Aquí hace historia filosófica recorriendo las vicisitudes de estas dos categorías de multitud y pueblo en las teorías políticas del siglo XVIII, se remite especialmente a Hobbes, pues es en el discurso de los detractores del concepto de multitud donde se puede comprender mejor el alcance de este concepto, la operación es sencilla, si Hobbes el máximo defensor del Leviatán, de la “máquina estatal”, rechaza a la multitud, por representar el incontrolable estado de naturaleza, es índice de que ahora debemos darle una nueva oportunidad a este concepto, dice Pablo Virno otro de los teóricos del autonomismo y los autores de Imperio citan a Hobbes:

Es un gran obstáculo para el gobierno civil, especialmente monárquico, que los hombres no hagan la necesaria distinción entre el pueblo y la multitud. El pueblo en cierto modo es uno, algo que tiene una voluntad y a quien puede atribuirse una acción; nada de esto puede decirse de la multitud. El pueblo gobierna en todos los gobiernos. Porque hasta en las monarquías el pueblo manda. (De cive cap XII, sección 8

Y luego siguen ellos, los autores de Imperio en palabras que no se comprende si son síntesis de Hobbes o expresión de su propio pensar, probablemente sean ambas cosas a la vez, sólo que en uno esas cualidades del pueblo son valoradas positivamente y en los otros negativamente.



La multitud es una multiplicidad, (...)un conjunto abierto de relaciones que no es homogéneo ni idéntico a sí mismo y que mantiene una relación indistinta e inclusiva con lo que es exterior a él. El pueblo en cambio tiende a la identidad y a la homogeneidad interna al tiempo que manifiesta su diferencia con lo que queda fuera de él. Mientras la multitud es una confusa relación constitutiva el pueblo es una síntesis constituida preparada para la soberanía (Negri y Hardt: Imperio)
Pero estos teóricos del autonomismo no quieren que se los confunda con estribillos postmodernos del tipo "la multiplicidad es buena, la unidad es la desgracia a evitar" es preciso reconocer –dicen- que la multitud no se contrapone al Uno. También los muchos necesitan una forma de unidad, un Uno: pero, ésta ya no reside en el Estado, sino en el lenguaje, el intelecto, las facultades comunes del género humano. Con esto parecen retornar a un concepto universal de naturaleza humana: la identidad, o bien, la autonomía, todo lo que tiene que ver con un singular, no son cosas a alcanzar sino lo ya dado desde siempre. El Uno –dice Paolo Virno- ya no es más una promesa, sino una premisa. La unidad no es más, trátese del Estado, o el soberano, algo hacia donde converger, como era en el caso del pueblo, sino algo que se deja a las espaldas, como un fondo o un presupuesto. Los muchos deben ser pensados como individuaciones de lo universal, de lo genérico, de lo indiviso. Y cierra Negri, concluyente pero evasivo y confuso, lo Uno no es más que la base que autoriza la diferenciación, aquello que consiente la existencia político-social de los muchos en cuanto muchos.

Un último detalle para completar por el momento este tema de la multitud. Negri insiste en que cuando se habla y se dice que la “multitud” no es un “pueblo”, se dice fundamentalmente una cosa. Se dice que la multitud no puede ser encerrada en los mecanismos de representación política, tal como han sido creados por el Estado moderno porque estos son precisamente los mecanismos de creación de las élites y de mistificación continua de la voluntad de la gente, de las singularidades y multiplicidades. Entonces agrega hablamos en contra del concepto de representación, hablamos del “Que se vayan todos”.

Y a continuación se pregunta:

¿Cómo se hace para reconquistar un concepto, que sea un concepto político que no tenga la ambigüedad y la falsedad del concepto de pueblo?

Pero la pregunta la reservamos para más tarde, para el propio Negri, claro, sustituyendo la palabra “pueblo” por “multitud”. Nos preguntamos como hacemos de la multitud un concepto político.
Rebobinemos ahora, regresemos al tema del Imperio, recordemos que no es más que uno de los términos del binomio “Imperio-multitud”, destaquemos del conjunto la idea de desterritorialización, término deleuziano, estamos en familia, entre europeos se entienden. El no-territorio carece de centro y de fronteras, todas las propiedades concentradas en una sola palabra. Como se ve, nada agrega el predicado al sujeto, y para seguir con la tautología se dirá que se opone a imperialismo que sí tiene todo ello más un ejército y propios y unificados intereses porque se sostiene sobre un Estado-nación.

Tenemos el no-territorio, una nada, borramos el espacio y con él el tiempo, porque espacio-tiempo son uno. Tenemos el vacío y sobre el vacío flotando máquinas, segundo término deleuziano, ellas son la multitud, multiplicidades cada una de ellas con su singularidad y diferencia pero a la vez iguales respecto a la explotación capitalista. El antagonismo es sencillo por una parte máquinas, todopoderosas pues ellas generan el imperio, el imperio crece por fuerza y obra del poder de la multitud; por el otro capitalismo que de tan contundente se ha vuelto una abstracción. Es difícil salir de este esquema tan sencillo pero lo intentaremos. El camino será enumerar unas pocas consecuencias que se derivan de esta matriz teórica consecuencias que no surgen de ninguna dudosa elaboración personal sino que están extraídas del propio discurso del autor.

Comencemos con aquellas que tienen que ver con el mundo globalizado.

Preguntado acerca de la validez de la tesis central de su libro, la decadencia histórica del Estado-Nación como continente de poder, cuando en razón de los últimos acontecimientos, pareciera que el ejecutor del mencionado "Imperio" es el propio ejército nacional de los Estados Unidos, preguntado acerca de sí la ocupación de Irak por los Estados Unidos no contradice su teoría acerca del Imperio sin Imperialismo, responde Negri:




Nosotros pensamos que el imperio americano no existe como tal. Los Estados Unidos han intentado, a través de su clase política, imponer la unilateralidad americana sin conseguirlo. Lo que algunos llaman "imperialismo norteamericano en Irak" es quizá la prueba más convincente de que el Imperio está avanzando. Los estadounidenses no lograron implantar una administración suya en Irak. Se vieron obligados a recurrir nuevamente a Naciones Unidas después de haberla rechazado para decidir la guerra preventiva. Fueron humillados a nivel internacional. No pueden conseguir el dinero para pagar esta guerra.

Y ante la insistencia de algún interlocutor


¿Pero no hay características de la situación que nos retrotraen al imperialismo del siglo XIX: ocupación militar, una autoridad creada por la metrópolis, una apropiación de recursos naturales (petróleo) y nuevos negocios asignados arbitrariamente a empresas de esa metrópolis?

Dice Negri:

Todas esas afirmaciones son falsas, de la primera a la última. No se trata de una administración colonial, sino de un proceso clásico de "nation building", construcción de nación. Por ende se trata de una transformación de sentido democrático. Es una ocupación militar que derribó un régimen, pero después el problema es "nation building", o sea un intento de transición, no de colonización.. Estos estadounidenses quieren parecer más malos de lo que son. (Entrevista Oscar Cardoso para Clarín)

Estas palabras que son textuales, no requieren comentario, son una prueba más de como los filósofos europeos, de los cuales hemos tenido ejemplares varios allá por la guerra del Golfo, mimetizados con el sentir americano, modelan una filosofía al uso y abuso de los centros para el uso y sumisión de las periferias. Testimonio de ello son las expresiones utilizadas: proceso de democratización, o para colmo en inglés “nation building”

Pero lo que más nos interesa a nosotros periferias latinoamericanas, es el programa que Negri diseña para las partes homogéneas del mundo globalizado. Derribado el fantasma del imperialismo, nada de Estado-nación, construcción del romanticismo nacionalista europeo al servicio de sus burguesías, nada tampoco de pueblo que es la contraparte de ese Estado–nación de orígenes espúreos, ninguna pretensión de soberanía que no es otra cosa que el canal por el cual se cuela, dentro del mismo contexto ideológico, todo intento de dominación. Dice Negri: Todo lo que parece revolucionario y liberador en esta noción de soberanía nacional popular, no es en realidad más que otra vuelta de tuerca, una extensión adicional del sometimiento y la dominación que implicó desde el comienzo el concepto de soberanía.

Nada entonces de Nación, soberanía, pueblo, conceptos peligrosamente vinculados al de raza, conceptos que se justifican reciprocamente en una pretensión de anterioridad. ... así como el concepto de nación completa la noción de soberanía pretendiendo que es anterior a ella, -dice Negri- el concepto de pueblo también completa el de nación en virtud de otra fingida regresión lógica. Y agrega: “Aunque el pueblo se propone como la base originaria de la nación, la concepción moderna de pueblo es producto del Estado-nación y sólo sobrevive dentro de su contexto ideológico”. Negri insiste en que estos conceptos que a su modo de ver fallan en su pretensión de una mutua legitimación deben ser desnaturalizados, deben colocarse en el contexto histórico de su emergencia.

De acuerdo, historicemos, desnaturalicemos, volvamos a las coordenadas de espacio y tiempo que Negri borra de un plumazo cuando nos presenta su no-territorio, Imperio, generado por la multitud, léase máquinas; generado por el deseo de las máquinas sin telos, el telos sólo post festum. Imperio cuya dinámica de funcionamiento si nos remitimos a la musa inspiradora, Deleuze, se parece más al juego del go que al ajedrez. A diferencia del ajedrez, juego de Estado, cuyas piezas están codificadas y tienen una naturaleza interna de la que derivan sus movimientos, posiciones y enfrentamientos siendo cada una de ellas en cada caso un sujeto de enunciación, los peones del go por el contrario, son bolas, simples unidades aritméticas cuya función es anónima o colectiva se trata de “elementos de un agenciamiento maquínico no subjetivado, sin propiedades intrínsecas sino sólo de situación” dice Deleuze. Guerra institucionalizada, codificada versus guerra sin línea de combate, ni enfrentamientos, ni retaguardia, ni batallas, ni territorio; una pura estrategia que se agota en ser estrategia.

De acuerdo historicemos, tracemos nuestras coordenadas espacio temporales, Nosotras jóvenes naciones latinoamericanas que algo apartadas en la geografía, algo atrasadas y desfasadas en el tiempo, habiendo llegado tarde al banquete de los centros, tenemos que lidiar aún con el fantasma que el Sr Negri declara inexistente. Nosotros que aún pugnamos por forjar nuestra identidad, reconocernos en una historia y proyectarnos un destino común, que dependientes en lo económico y débiles en lo político tenemos por delante todavía la afimación de nuestra soberanía, digamos sencillamente, no. Curiosos estos europeos que nos obsequian sus juegos con fichas y reglamentos para sustituirlos luego por otros también de su ingenio y autoría antes de finalizar la partida. Digamos sencillamente no y de paso repasemos para el Sr Negri los motivos de nuestra negativa.

Historicemos desde nosotros para el Sr. Negri. Esas categorías que sí tienen historia y que es preciso desnaturalizar, en esto coincidimos, tienen para nosotros una historia propia y no han permanecido inalteradas, nuestros pensadores las han resignificado en función de dicha historia.
Nación.

La construcción de nacionalidades está en América Latina vinculada, no como en Europa, a la emergencia de las burguesías nacionales, sino a los procesos de descolonización, guerras de independencia mediante y esfuerzos de reorganización, con fuerte influencia extranjera de lo que ha resultado un alto grado de dependencia económica y debilidad política. Urge por tanto completar la tarea, etapa que no puede saltarse por más avanzado que se halle el proceso de globalización. Requiere, ingenio, inventiva, afinar los diagnósticos, renovar las estrategias, pensar en sentido a la vez nacional y regional; es una ardua tarea.


Pueblo


A diferencia de “multitud”, abstracción no ubicada en espacio-tiempo alguno, no se trata aquí de una multiplicidad sino de un singular, una configuración histórica concreta vinculada a una cultura; no máquinas sino una comunidad de individuos vinculados “por una memoria común y el anhelo de un destino también común”_ dice Mario Casalla en su libro de reciente aparición “América Latina. en perspectiva”, cuyo desarrollo del tema pueblo seguiré casi textualmente en esta síntesis extrema.

Dice Mario:

El pueblo es una historia determinada, un relato, no algo abstracto. El conflicto lo atraviesa y en ello se constituye históricamente para conformar un “nosotros” y construir una identidad. Historizar este concepto de pueblo es entonces explicar las raíces de esa conflictividad que en América Latina se hallan más en lo cultural y racial que en lo económico, mal que le pese al S. Negri quien signado por la historia europea ve en todas las notas referidas a la raza cruzar el fantasma del nazismo. Es también trazar la dinámica de esa conflictividad, las modalidades de resistencia a la opresión, que en el caso latinoamericano responden a la dialéctica liberación o dependencia. Pero el pueblo, sin embargo, nos advierte Casalla no es lo bueno frente a lo malo, es esencialmente ambiguo y conflictivo y es de la solución de esa conflictividad que depende la posibilidad de integración nacional y regional.

El tema, vemos, es complejo y lleno de aristas, requiere sumergirse a fondo en la historia de estas naciones todavía en formación, en estos pueblos para los cuales, pese a al opinión del Sr Negri, lo uno, la identidad, no es algo dado sino por construir. Acaso de prestar atención a esta complejidad el Sr Negri que ahora nos promete en su próximo libro sobre el imperio todo un largo capítulo dedicado a la Argentina, no habría caído tan fácilmente en la ilusión de la consigna “Piquetes, cacerolas, la lucha es una sola”, arrastrando para su molino la fe en una fraternal alianza de estas dos singulares multiplicidades.



Pero acaso esto no sea lo más importante, el grado en que estos intelectuales europeos se apuran para colocarnos y maniatarnos a sus débilitados esquemas de signo posmoderno en versión deleuziana. Multitud como conjunto de fuerzas moviéndose en el vacío, multitud como flujo ininterrumpido de fuerzas a la vez y confusamente homogéneas y singulares sin centro ni telos circulando por un no territorio. Acaso lo peor sea lo exaltado de nuestra recepción, la actitud algo servil con la que le prestamos nuestros oídos y de paso comprar una vez más estos espejitos que reflejan nuestra imagen distorsionada por el color del cristal de las coordenadas espacio temporales de quienes nos miran y de paso armarles para su entretenimiento y regocijo esos paquetes turísticos con tour incluido “La ciudad y los piquetes”
Bibliografía:

Michael Hardt y Antonio Negri: Imperio, Buenos Aires, Paidós, 2002

Paolo Virno: Gramática de la multitud, Buenos Aires, 2002

Mario Casalla: América Latina en perspectiva, Buenos Aires, Altamira, 2003.

Entrevistas varias a Toni Negri



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