De los primeros hermanos en el taller del alfarero H. Juan Jesús Moral Barrio, fms



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III. LA EFICACIA DE LOS MEDIOS EN EL TALLER DEL ALFARERO



1. La escuela de l’Hermitage y su eficacia metodológica

Algunos visitantes de los archivos maristas de Roma piden ver de cerca las cartas escritas de puño y letra por S.Marcelino. Algunas de estas cartas son circulares dirigidas a todos los Hermanos diseminados en la cincuentena de escuelas fundadas por el mismo P. Champagnat. Tienen a veces el membrete con el título de ESCUELA NORMAL de N.D. DE L’HERMITAGE. Les sorprende el título y preguntan el porqué.

Establecer un Noviciado y formar a religiosos congregacionistas era equivalente a tener una escuela de maestros. Era el reconocimiento oficioso, popular, no el de la Universidad de Francia.

Lo que no se puede poner en duda es que La Valla, y después L’Hermitage, funcionaron como escuelas de formación humana, cristiana y de perfección religiosa, es decir de auténtica mística.



Nos dejamos conducir por la mano del H. Furet que va señalando los avances de los componentes de la nueva comunidad. Aunque Juan Bautista Audras es el segundo, él mismo añade con mucha discreción: en realidad es el primero, porque Juan María Granjon no perseveró.
Juan Bautista Audras comunicó a sus padres el ofrecimiento que le habían hecho. Ellos no vieron ningún inconveniente, ya que consideraron las propuestas del coadjutor como una prueba de afecto para con su hijo, y como un modo barato de instruirlo. Poco después, el señor Champagnat desveló por completo todos sus proyectos al nuevo discípulo y le preguntó si estaba dispuesto a ingresar en el nuevo Instituto.
El joven postulante, una de cuyas cualidades era la total docilidad a su director espiritual, le respondió: “Desde que tengo la dicha de estar bajo su dirección, sólo pido a Dios una virtud, a saber, la obediencia y la gracia de renunciar a mi propio criterio. Así pues, haga de mí lo que quiera, con tal de que yo llegue a ser religioso.” ¡Hermosa virtud y magnífica disposición que le conquistaron el corazón y el afecto de su padre espiritual, le merecieron las bendiciones de Dios y le alcanzaron, como veremos más adelante, la perseverancia en su vocación!89
Los procesos de crecimiento eran asumidos personal y comunitariamente, de modo que la satisfacción era doble y multipliadora en el mejor sentido de la palabra.
Distribuían el tiempo entre la oración, el trabajo manual y el estudio. Los ejercicios de piedad fueron al principio pocos y muy breves: oración de la mañana, misa, lecturas cortas, tomadas del Manual del Cristiano o del Libro de Oro90, distribuidas a lo largo del día; rosario, visita al Santísimo Sacramento91 y oración de la noche. La ocupación manual consistía en fabricar clavos92. El producto de ese trabajo era suficiente para el sustento.
El señor CHampagnat, que los quería como a hijos, los visitaba a menudo, trabajaba a veces con ellos, los animaba y les daba clases de lectura y escritura. Los orientaba y les comunicaba los planes y proyectos que abrigaba para gloria de Dios y salvación de las almas. Los dos novicios correspondían a sus desvelos con gran fidelidad. Pasaron el invierno solos, en paz y fervor, y practicando todas las virtudes.
En primavera, Dios les envió un nuevo Hermano, Antonio Couturier93, joven bueno y piadoso, pero sin instrucción alguna, que pidió ingresar en la nueva comunidad. Fue admitido y, con el tiempo, llegó a ser el excelente y virtuoso hermano Antonio, fallecido en Ampuis el 6 de marzo de 1850, después de haber dedicado sus fuerzas y su salud a la educación de los niños y haber sido siempre modelo de regularidad, humildad, obediencia, paciencia y amor a la vocación94
2. Marcelino velaba paternalmente por sus discípulos
El señor Champagnat, al ver cómo aumentaba el número de sus discípulos, pensó establecer un modo de vida más reglamentado y más acorde con la vida comunitaria. Como no le era posible estar siempre con ellos, y por otro lado sentía la necesidad de no abandonarlos a su suerte, quiso darles un director que estuviera al frente, los orientase, velase por el cumplimiento del reglamento y amonestara a quienes lo quebrantasen o incurrieran en otras faltas.
Para hacerles más llevadera la obediencia y más fácil la sumisión, quiso que ellos mismos eligieran al director. Les propuso, pues, que fuera elegido en votación secreta. Cuando todos hubieron escrito y entregado su papeleta, procedió al escrutinio en su presencia y nombró director al que había obtenido mayor número votos, que fue el más antiguo, es decir, el Hermano Juan María.
Les impuso también, después de algunas pruebas, un traje sencillo y modesto95, que, al mismo tiempo que los diferenciaba de los seglares, servía de distintivo a la congregación, la daba a conocer y favorecía las vocaciones. Este traje96 consistía en una especie de levita azul que llegaba hasta las pantorrillas, pantalón negro, una pequeña capa y sombrero de ala. Escogió el azul para recordar a los Hermanos que eran hijos de María, y que, al llevar su hábito y color, debían trabajar continuamente en conformar su vida con la de ella imitando sus virtudes97.
Hay un horario de empleo del tiempo de la comunidad y de cada uno que incita a compararse con el trazado en el camino místico de la Imitación de Cristo.
A las cinco, levantarse; en comunidad, oración de la mañana, seguida de media hora de meditación. Después, santa misa, horas menores del oficio de la Santísima Virgen y estudio. A las siete, desayuno, y, a continuación, cada cual, en silencio, iba a su ocupación, que era, para la mayoría, el trabajo manual. A las doce, almuerzo, seguido de la visita al Santísimo Sacramento y recreo. Lo tomaban siempre juntos; la conversación debía versar siempre sobre temas edificantes o encaminados a formar a los Hermanos en los conocimientos necesarios a su vocación. La tarde, como la mañana, se ocupaba en el trabajo manual. Hacia las seis, se reunía la comunidad para el rezo de vísperas, completas, maitines y laudes del oficio mariano y rosario. Después, lectura espiritual. Concluidos estos ejercicios, los Hermanos pasaban a la cocina para cenar. Tomaban luego el recreo, al igual que después de la comida, y terminaban con la oración vespertina y la lectura del tema de meditación para el día siguiente. A las nueve se acostaban98.


3. Marcelino pasa a convivir con los primeros hermanos




El celo, el discernimiento, las prioridades delante de Dios empujan a Marcelino a tomar una decisión clave y decisiva para la vida de la Comunidad naciente y para la vida del mismo Instituto.


En efecto, pese a su celo y abnegación, las tareas de su santo ministerio le dejaban tan poco tiempo que le resultaba imposible formar personalmente a los Hermanos, como hubiera sido su deseo.
Pasó pues desde su presbiterio a la casita de los Hermanos a formar comunidad con ellos con todas sus consecuencias.
Era consciente de que al vivir en comunidad tendría que soportar la pobreza, las privaciones y los sacrificios inherentes a la vida religiosa. Pero eso era precisamente lo que más le impulsaba a querer vivir con sus Hermanos. Sabía que ponerse al frente y compartir su suerte, hacerse uno más, darles ejemplo y practicar el primero cuanto les decía, era el mejor medio de encariñarlos con su vocación, hacerles amar la pobreza, la vida reglamentada y demás virtudes de su santo estado.
Añádase a esto que amaba a sus Hermanos como a hijos, y su corazón de padre le decía que tenía que estar en medio de ellos, vivir con ellos y como ellos, compartir su indigencia y abnegación en la educación de los niños, sometiéndose como uno más a las exigencias de la vida religiosa. Desde los comienzos se había entregado en cuerpo y alma a la obra de los Hermanos y todo lo había supeditado a ella. Suponía -y se había preparado para ello- que tendría que dedicarles sus desvelos y trabajos, y sacrificar, si fuera preciso, en aras de su obra, fuerzas, salud y vida. El caso requería toda esa abnegación para asegurar el éxito de la obra de los Hermanos: hasta ahí llego su sacrificio99.
Obtenida, pues, la autorización de dejar la casa parroquial, se estableció para siempre con los Hermanos. Trasladó de noche su escaso mobiliario para pasar inadvertido y evitar habladurías. Lo aposentaron en un cuartucho bajo e insalubre100, que, así y todo, era el mejor de la casa. Le preparaban su frugal comida con la de los Hermanos, pero comía aparte101. Gran consuelo sintió al verse entre sus Hermanos, vivir con ellos y poder dedicar todo su tiempo a instruirlos y formarlos en la virtud. Como buen pastor, estaba siempre a la cabeza de su rebaño102. Trabajaba con los Hermanos, ya cultivando la tierra, ya fabricando clavos. Tomaba el recreo con ellos, visitaba las clases para animar a los niños y orientar a los maestros.
Este hecho y estas fechas han sido consideradas por algunos historiadores de la vida de Marcelino Champagnat, como el verdadero origen de la fundación de los Hermanos Maristas. En efecto el impulso efectivo para la vida de la incipiente comunidad, se lo dio desde el momento en pasó a vivir con ellos y a formar parte de su comunidad en la casita de La Valla.
4. Marcvelino animador, acompañante, dialogador y leader
No pretendió asumir la dirección de la casa. Su presencia en la comunidad reanimó el celo y la disposición de los Hermanos. Pero Marcelino les seguía en todo momento dice J.B. Furet para estar siempre e a su lado y corregir las deficiencias.
Las intervenciones pedagógicas además de educadoras de maestro noveles son de advertencia directa personal de crecimiento espiritual correcto. Eleva su calidad de leader en el diálogo con el H. Lorenzo Audrás, hermano de Luis, más joven que él. El conocido trabajo de catequista del Bessac está referido en la vida como un diálogo transcendental de vida.
Conseguir ser nombrado catequista de una aldea era andar bien en un examen difícil de superar. Se requería celo, abnegación, piedad, humildad, paciencia y tiempo. Al Hermano Lorenzo Audras le costó mucho tiempo de espera, pero al fin fue nombrado para esta tarea en Le Bessac. Dejamos al H. Juan Bautista que nos lo cuente:
Bessac, situado en lo alto de los montes de Pila, a dos leguas de La Valla, se encuentra cubierto de nieve seis meses al año. Por entonces, el pueblo no tenía sacerdote. Niños y adultos se hallaban sumidos, en la más profunda ignorancia.
El Hermano Lorenzo llevaba consigo provisiones desde La Valla y regresaba los jueves para convivir con los Hermanos y proveerse de lo necesario. Se alojaba en casa de un vecino de Bessac103 y se preparaba él mismo su comida, que consistía en una sopa, que hacía por la mañana para todo el día, patatas y queso. Dos veces al día recorría el pueblo con una campanilla para llamar a los chicos. Era tal la veneración que había suscitado por su virtud que todos se descubrían a su paso. Cuando ya los niños estaban reunidos, Ies enseñaba las oraciones, el catecismo y la lectura
No es para describir la dicha que experimentaba catequizando a esta buena gente y consagrándose a la educación de los niños pobres e ignorantes. Júzguese por esta anécdota:
Un jueves, como de costumbre, vino a La Valla a proveerse de alimentos y regresó a Bessac en compañía del señor Champagnat que tenía que ir a confesar a un enfermo que le quedaba de camino. Había dos o tres palmos de nieve y los caminos estaban cubiertos de hielo. El Hermano Lorenzo llevaba en un saco un pan grande, queso y patatas para alimentarse durante la semana. Aunque era fuerte, como los caminos estaban intransitables, sudaba con el peso que llevaba.
El señor Champagnat, al verlo así, le dijo:

-Hermano, qué oficio tan duro el suyo.

-Perdone, Padre, no es duro, sino agradable.

-No veo qué gusto puede encontrar en subir estas montañas cada ocho días, pisando nieve y hielo, con ese peso al hombro y expuesto a caer en un precipicio.

-Tengo la seguridad de que Dios guía todos mis pasos y recompensará con inmensa gloria los trabajos y las fatigas soportados por su amor.

-De modo que está contento de catequizar y dar clase en ese pueblo difícil, llevando, como un pobre, su pan a cuestas.

-Tan contento, Padre, que no cambiaría mi empleo por nada del mundo.

-Ya veo que estima mucho su trabajo. Pero, ¿cree que lo merece?

-No, desde luego. Estoy convencido de que no soy digno de ir a dar la catequesis a Bessac; es un privilegio que se me ha concedido por especial bondad de Dios

-Qué cierto es cuanto dice. Pero no podrá por menos de admitir que hoy nos ha tocado un día pésimo

-No, Padre, es uno de los más bellos de mi vida.
Su rostro brillaba mientras decía estas palabras, y se le nublaron los ojos de lágrimas de felicidad. El señor Champagnat, emocionado y confortado ante tanta virtud, pudo, a duras penas, contener las suyas104.
¡Dichoso el Hermano de María que, siguiendo tan admirable ejemplo, anhele ser enviado a una escuelita pobre y considere como un favor verse al frente de una clase llena de niños indigentes, toscos e ignorantes, ame la vida oculta y trate de hacer el bien sin ruido! Ese tal poseerá realmente el espíritu de su estado, atraerá las bendiciones de Dios y será colmado de gracias y consuelos. Un Hermano así, será columna y gloria de su Instituto105.

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5. H. Lorenzo Audras
5.1. Características maristas en la espiritualidad mística.
El H. Lorenzo viene a La Valla enviado por sus padres para llevarse a Louis Audras, su hermano, y devolverlo a su casa paterna.

Tras un encuentro desconcertante con Marcelino (con Dios, por medio de) se acaba quedando en su compañía convencido por sus palabras, convencido por la atracción y encuentro místico.


Benedicto XVI en su de sus áltimas audiències generales106, dejó caer, como quien no dice cosas importantes esta descripción teològica aplicable a la decisión de Lorenzo, siendo un joven labriego, un “destripaterrones”, como él mismo se cualifica107.
La oración sencilla es como la relación viviente de los hijos de Dios con su Padre infinitamente Bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo... Así que la vida de oración es estar habituelmente en la presencia de Dios y tener conciencia de ellos en el vvir esta relackión. Como si viviese las relaciones habituales de nuestra vida con los familiares más queridos, con los verdaderos amigos. De hecho la relación con el Señor es la que alumbra todas nuestras otras relaciones. Esta nuestra comunión de vida con Dios trino y uno es posible porque, mediante el bautismo, hemos dio insertados en Cristo, hemos comenzado a ser uno con El”108
Evidentemente se han de considerar unas cuantas características en la actitud de Lorenzo que, a mi entender son bien propias del maestro espiritual que es Marcelino, y del discípulo que lo aprende en espiral que es Lorenzo Audrás:
1. Conformar un tipo de persona que responda a la sociedad
La escuela católica, es conformar un tipo de persona que responda a la sociedad, dándole un tono de nueva sociedad, la formulación del Proyecto Educativo, necesariamente, estará vinculado a la manera como las congregaciones asumen el horizonte vital de su existencia y responden proféticamente, a la realidad en la que están inmersas según el carisma heredado de sus fundadores.
2. Generar nuevos rasgos de humanidad
Transformar la sociedad, generar nuevos rasgos de humanidad, impregnar de Evangelio, consolidar hombres y mujeres nuevos, urge a la vida religiosa, en el mundo educativo; a releer y plasmar de manera nueva, inventiva y creativa el carisma legado, para constituirlo en el sustrato desde el cual, todos en el centro educativo, organizan y planean su acción en función de los procesos de enseñanza-aprendizaje de tal modo que desencadenen en el aspecto cognitivo y afectivo una nueva manera de pensar, actuar, sentir y relacionarse.
3. Inspirar la misión de educar
Los carismas congregacionales, dedicados a la educación, traen consigo una mística que ha de ser puesta en marcha para inspirar la misión de educar según los lineamentos evangélicos contenidos en ellos. E sta experiencia, a la vez que nos hace particularmente atrayentes como comunidad educativa, nos lleva a trasparentar el cuerpo místico de Cristo, donde la escuela, haciendo énfasis en un aspecto evangélico, va presentando, a modo de un abanico, las distintas formas en las que Cristo se manifiesta a la humanidad en quienes, como educadores y consagrados, somos enviados a ser fermento del Reino querido y anhelado por Él para sus hijos e hijas.
4. Desarrollar el carisma y la mística profética de los educadores
Podría sintetizarse pues el marco ambiental de la escuela, como medio especialmente dispuesto para desarrollar el carisma y la mística profética de los educadores. Guiados por el Espiritu y alentados por los dones recibidos por medio de los fundadores expanden el modelo de persona que conviene a la sociedad de su tiempo, que exigen las familias y les pide la Iglesia.
5. Arraiguen su opción fundamental de vida
La vida religiosa, inmersa en el mundo educativo, está llamada a sentirse parte de la ciudadanía global y, proféticamente, ha de orientar su labor haciendo que los estudiantes, que se les ha confiado, con los padres, los educadores y las personas implicadas en la misión educativa, arraiguen su opción fundamental de vida, en las semillas del Reino: en la justicia, la solidaridad, la fraternidad, el amor, la paz, etc.
6. El acto educativo como aprendizaje para la vida.
Pedagógicamente hablando, la comunidad educativa, en pleno, habrá de desarrollar el acto educativo poniendo en el centro de su acción, las competencias básicas que les lleve a todos los miembros, en la escuela, a definir la educación como un proceso de aprendizaje continuo, donde cualquier situación problemática puede ser motivo de aprendizaje para la vida.
7. Dimensión profética de la escuela
Este proceso, unido a los valores carismáticos de las congregaciones, genera en estudiantes, educadores, directivos, padres, etc, nuevas maneras de pensarse y verse frente al mundo que les rodea, como personas capaces de trasformar su entorno generando acciones para el crecimiento humano, la comunión y el avance social incluyente, el avance científico ético y avancetécnico humanizado. Interacción propia, que sirven de marco cognitivo de interpretación y de modelo de comportamiento para la realización de las actividades.
Por lo tanto, es preciso que la escuela, en su dimensión profética, se pregunte por el tipo de escenario pedagógico que busca implementar, desde los medios tecnológicos e informáticos y ofrezca unas políticas institucionales adecuadas y definidas para su uso en el centro educativo, de tal modo que lo transforme en un escenario pedagógico innovador, con capacidad para convertir estos medios en instrumentos para el conocimiento con enfoque social, a través del cual puedan tener una visión crítica y reflexiva para desarrollar los valores que giran en torno a ellos y proyectan la humanidad y sociedad inherente en los carismas fundacionales.
5.2. Características propias de la consagración
La vida religiosa, cuyo carisma se convierte en ej e transversal de su tarea evangelizadora, a través de la educación, debe buscar los medios eficaces para articular pedagogía-tecnología, desafiando los ambientes culturales y propiciando una educación incluyente, participativa y transformadora en los procesos de liberación personal y social a los que estamos llamados como seguidores de Jesús, el Cristo.
Todas las vocaciones, por lo que tienen de llamada/ respuesta, porque poseen un objetivo que pide dedicación y entrega, pueden calificarse de vocaciones hermosas, y lo son, porque hablan de llamada, de don, de compromiso, de misión, de entrega en un sentido más o menos amplio, aunque, por supuesto, solamente de la manera de vivirlas hasta el final, desde la libre respuesta de cada uno, dependerá que éstas alcancen su plenitud y hagan felices a los sujetos que las viven.

Todos compartimos la vocación a la vida, es la primera llamada, el primer regalo, el mayor don. Esta es la primera vocación que ya nos exige una respuesta, porque no hay dos maneras iguales de vivir. La vocación a la vida religiosa, que es patrimonio de algunos -"Eligió para Si a los que quiso" leemos en Marcos 3, 13-concreta la llamada, con unas características especiales de consagración que irisan en mil carismas.


El silencio respetuoso: el camino empinado que conducte al Bessat, desde l’Hermitage, deja que vaya emergiendo el deseo profundo que se sobrepone a los deseos superficiales. Ese deseo ardiente que existe en todo hombre, tantes veces sofocado por los otros deseos temporales.
El diálogo franco y sincero: el verdadero diálogo que escucha y manifiesta, que propicia la conversión, el cambio radical, que nos enfrenta con nuestra realidad más profunda y total. Ese deseo de comunicar algo intenso que se lleva en el alma.
El acompañamiento discreto y firme: Va empujando amorosamente hacia el encuentro con alguien más fuerte, con la palabra más definitiva, con la voluntad de Dios. Más allá de lo externo, más allá de lo sujetivo
La oración de encuentro: cuando logra ponerlo a disposición del Espíritu, El hará de Vd un buen educador, se vislumbra la satisfacción del P. Marcelino, porque ya lo ha puesto en buenas manosy puede esperar la recreación de Lorenzo. Buena arcilla en manos del alfarero, no importa que se trate de un barro informe. Si el barro es dòcil, hará una obra de arte. Si es demasiado duro, se resqubrajará en trozos desechables, si es demasiado blando, se deshará como el barro blando en el agua. Sólo vale ser dòcil.
La acción del Espíritu: con todo es fruto maduro de una doble cooperación, la de Dios que nos configura, (la del mediador que nos guia), la de Lorenzo en fidelidad.
5.3. La mística de la infancia espiritual
En la vida del H. Lorenzo podemos encontrar fàcilment las actitudes definitorias de la espiritualidad de la infancia.

La infancia que evoca la actitud del que todo lo necessita, porque no tiene nada. Es ver a Cristo infante, que es pobre, inerme, solencioso; que vive en família; que aprende y crece; que no enseña ni predica a nadie; Si no os volvéis y hacéis como niños109, tomó un niño y lo puso junto a sí, añade en el mismo episodio, Lucas (Lc 9, 47).


Tres cualidades son otras tantas características:
la vida oculta como la de un niño,

la vida de servicio a todos sus hermanos,

la obediencia total, en disponibilidad y radicalidad.
El crecimiento pasa por un itinerario de la caridad:
Inscrito en la misma naturaleza humana, como formas de desarrollo, se distinguieron desde antiguo diferentes formes de amor: eros, filia, agapé, que se han propuesto con contenidos antropológicos progresivos, humanos. del crecimiento, desde el deseo, a la vinculación afectiva y a la donación y entrega sin reciprocidad, en total gratuidad.
Los latinos tenían estas tres expresiones radicales y completas:
Ex corde dilligamus, ex intelligentia et ex plenitudine.

(Amemos con el corazón, con la inteligencia, con plenitud, con totalidad)

El amor considerado en todas las direcciones, abarcaría desde el amor a Dios, al amor al prójimo y el amor a todo lo creado.


En la quinta morada teresiana el alma se desposa con el Rey. Todo en la vida de la desposada es amor. Se transforma en amor como el gusano de seda cuando hila su capullo. Se pierde si pone afición en cosa que no sea Él.
Los hitos del crecimiento son: atracción, interès, deseo, gusto, unión, comunión, intimidad, crecimiento.
5.4. Las purificaciones, las noches del alma de San Juan de la Cruz.
Que el camino no es de rosas, ni fácil, ni divertido, lo dicen los mismos místicos.

En sus descripciones abundan las dificultades y los obstáculos de todo tipo como inherentes al mismo caminar.

Las diferentes purificaciones permiten avanzar, dejando al peregrino más ligero de equipaje.

Se inicia con las purificaciones de los sentidos, de los más externos, para ir penetrando en los otros tipus de purificación del alma.

La última añadida a las purificaciones por medio del trabajo, o el trabajo en sí como purificación, puede constituir otro medio más de purifiación externa.
La noche de los sentidos.

La purificación del amor propio110.

La purificación pasiva.

La purificación por el trabajo.


5.5. Las tres uniones o tres niveles de mística.
La comparación con los niveles de conocimiento, afecto y amor han dado también diversas graduaciones para las formas místicas de vida de los orantes cotemplativos, considerando sus actitudes de unión con Dios, como las que entendemos cuando explicamos nuestros conocimientos, deseos y voluntad.
Una vista atenta y sencilla de la verdad suprema y también un afecto supremo de la voluntad que es amor dulce y gusto111.
Se ha conocido como el desapego de todo lo creado que impida la comprensión de lo increado.

El alma en intimidad llega a la luz inaccesible, noticia secreta del mismo Dios, regalo de su amor, pues el Espíritu actúa desde el centro mismo donde reside. Conocimiento oscuro, anterior a todo lo que inflama la inteligencia. La fe que precede a la caridad, aunque ambas se funden en el afecto.


El gozo de los regalos sumido en el mar profundo del espíritu de Dios.

Los tres no son fruto de técnicas o de ejercicios humanos de dinàmica perfeccionada, son regalos y dones gratuitos y sus manifestacions son también un don de Dios112

El rey regala sus joyas más preciosas: conocimiento de la grandeza de Dios, desprecio de las cosas terrenes; la esposa quisiera gritar a este mundo las maravillas de este gran Dios de la Caballería, (el Dios galante y generoso)
El alma està en Dios y Dios en el alma, como la luz que aunque entre por diverses ventanes es la misma luz. El alma no está para de gozar sino para servir113


IV. LA TRANSCEDENCIA DE LAS VERDADES EN LA VIDA

4.1. Sus razonamientos no me han dejado dormir


Si deseo algo de ti, no te amo de verdad.

Tú no crees esto ni eres aquello.

Abandonaré hoy mismo el más mínimo afán”114
El H. Francisco, Gabriel Rivat, el pequeño Gabriel, como lo llama Furet, es una vasija modelada por el alfarero de La Valla. Sabemos que es recibido como un niño. Que allí se le prepara para la 1ª Comunión, aprende a leer y escribir y crece y desarrolla su fe a medida que progresa en edad y razón. El niño, demasiado joven aún para tener criterios propios sobre vocación, pero sumamente dócil y obediente, siguió las orientaciones de su experto director, a quien, con razón, consideraba como intérprete de la voluntad divina sobre él. Y cuando alcanzó la madurez suficiente, nunca le asaltó la idea de replantearse su decisión primera.
En cierta ocasión, el señor párroco de Tarentaise115, después de animarlo para que estudiara latín y siguiera sus clases para prepararse al sacerdocio, al comprobar que sus palabras le habían dejado insensible y que escuchaba con visible indiferencia, le dijo:
-¿Por qué no estudias latín, como tu hermano?116

-Porque yo no hago mi voluntad, le respondió el Hermanito, sino la de Dios, manifestada por medio de mi superior.
El párroco, impresionado por esta respuesta, enmudeció y en toda la noche no pudo alejar de su mente aquellas palabras: “No hago mi voluntad, sino la de Dios. “A la mañana siguiente, dijo al Hermano Luis: “El Hermano Francisco no me ha dejado dormir en toda la noche. Tiene sentimientos sublimes. Si, como no dudo, los conserva, alcanzará la bendición de Dios y será instrumento apto para procurar su gloria.”
Admirable, en verdad, la conducta del Hermano Francisco. Y quienes, como él, han tenido la dicha de ser llamados de jovencitos a la vida religiosa, nada mejor pueden hacer que seguir su ejemplo cuando lleguen a la edad de las pasiones y el demonio suscite en ellos dudas sobre su vocación. Entonces deben recordar que, cuando Dios concede a un niño, incapaz de razonar, la gracia de abandonar el mundo, no habla a la inteligencia y a la razón, sino al corazón. Él vuelve el corazón dócil a los consejos de un prudente director, del padre, de la madre o de un amigo. Le otorga gusto por la oración, inclinación por la vida religiosa y la gracia de emprender el camino que le ha mostrado
Al llamar a los apóstoles, Jesucristo no les dijo: “Reflexionad y luego seguidme.” No. Les dice sencillamente: Seguidme. La gracia que conmueve el corazón y lo arrastra hacia el bien no es menos excelente que la que ilumina la inteligencia. Y la vocación procede siempre de Dios, lo mismo cuando nos llama por el sentimiento o el atractivo, que cuando nos cautiva por la inteligencia, esto es, por la luz, el raciocinio o el discernimiento117.
4.2. La profecía de la obediencia
Sucedió en la escuela de Marlhes, siendo Director el H. Luis Audras.

En esta última parroquia, los Hermanos se habían granjeado de tal manera la confianza y el aprecio de los padres que todos los vecinos querían confiarles a sus hijos. Se presentaron también muchos alumnos de las parroquias vecinas. Este éxito sin precedentes fue en parte la causa de su ruina. Como dijimos antes.


La vivienda de los Hermanos era pequeña insalubre e irregular las aulas no podían admitir tantos muchachos; faltaba espacio, luz y ventilación. En estas condiciones, la salud de los Hermanos corría serio peligro. El señor Champagnat pidió que se reparase y ampliase convenientemente la casa. El señor cura estaba de acuerdo en que los Hermanos estaban mal alojados y que era imprescindible mejorar su vivienda. Pero por falta de recursos, o más bien por creerse ofendido por el traslado del Hermano Luis118, realizado contra suparecer y a pesar de sus reclamaciones, no se apresuró a satisfacer la petición del señor Champagnat.
En los comienzos, aunque la gente estuviera satisfecha de los Hermanos, diera testimonio de sus éxitos, admirase su comportamiento personal y aprobase su método de enseñanza y modo de educar a los niños, no confiaba demasiado en el futuro de su obra ni daba crédito a la congregación. Al contrario, se la consideraba como una novedad, como un edificio sin base ni cimientos y que se vendría abajo en el momento menos pensado o que sería arrebatada por los vientos de la tribulación119.
Se atribuía el éxito de las escuelas no al espíritu de la congregación y las gracias de estado, sino al mérito personal del director de la escuela120 y a su talento. Por eso, al producirse un cambio, creían que todo se arruinaría y que la desaparición del Hermano llevaría consigo la de la escuela. El señor Allirot parecía ser el primero en creerlo así. De modo que mientras por un lado pedía Hermanos al señor Champagnat, por otro enviaba a los Hermanos de las Escuelas Cristianas de Lyon a los muchachos que le pedían consejo para hacerse religiosos. Pues pensaba que encaminándolos o, simplemente, permitiéndoles ir a los Hermanitos de María cometía una imprudencia y ponía en peligro los intereses, la vocación y el porvenir de esos postulantes.
Lo peor era que no se recataba de expresar estos sentimientos ante los mismo Hermanos.
No piense, decía al Hermano Luis, que su comunidad vaya a perdurar. Para ello habría que construir sobre roca, y su congregación está edificada sobre arena121. Hay que contar con recursos de los que ustedes no disponen ni dispondrán jamás.”
La roca que debe servir de base a una congregación, le respondió el Hermano Luis con suma tranquilidad, es la pobreza y la contradicción. Y, gracias a Dios, ambas cosas las tenemos en abundancia, por lo que estoy convencido de que construimos sólidamente y de que Dios nos ha de bendecir.”
-Usted hace el bien aquí, le dijo un día. ¿Por qué tiene que marcharse?

-Me voy porque la obediencia me lo pide, señor cura.

-Pero, ¿no se da cuenta de que arruina su escuela al marcharse?

-No lo creo; pues el que me va a sustituir lo hará mejor que yo.

-No es posible.

-No sólo es posible, es segurísimo, pues está mucho mejor preparado y es más piadoso que yo.

-Aquí lo apreciamos; tiene éxito. Quédese con nosotros. Yo le protegeré; respondo de su porvenir.

-De ninguna manera, señor cura.

-Está equivocado.

-Debo cumplir con mi obligación. Mi superior lo manda y debo obedecer.

-Su superior es un hombre sin experiencia, sin capacidad ni dotes intelectuales. Lo demuestra el hecho de llevárselo de aquí, a pesar de mis indicaciones. Ya lo conozco hace mucho.

-No es ésa la idea que tienen en La Valla acerca del señor Champagnat. Todos lo consideran sabio y bueno. Y nosotros, los Hermanos, lo tenemos por santo.
El párroco se dio por vencido y no insistió. Y el Hermano Luis se marchó no sin antes haber pedido y obtenido su bendición.

El comportamiento del Hermano es admirable y manifiesta las grandes cualidades que formaban su carácter. Humilde y modesto, considera a los demás Hermanos superiores a él, más virtuosos preparados. Dócil como un niño, la obediencia le es tan natural, le parece tan necesaria al religioso que la considera simplemente como su deber.


”Mi superior manda, yo debo obedecer.” No dice: tengo que analizar la orden, tengo que ponerle mis objeciones, debo hacerle conocer la actitud del señor párroco y lo mal que le sienta mi traslado; sino, sencillamente: “debo obedecer”. Manifiesta un respeto y una veneración incomparables por un superior cuya orden suscita tantas dificultades y al que oye censurar y denigrar inconmovible en su vocación como una roca, lo dejan tan indiferente las ventajas temporales que le parece inútil decir que las desprecia, y ni hace alusión a ellas. ¡Ojalá todos los miembros del Instituto tengan presente este ejemplo de uno de sus mayores y se muestren dignos Hermanos suyos si llegaran a verse en parecida situación!
La primera recompensa que Dios concedió al Hermano Luis por su noble postura fue tal vez lo que más deseaba: la prosperidad de la escuela que tantos desvelos y sacrificios le había ocasionado. Su sucesor obtuvo, efectivamente, éxito total y mereció el afecto de los niños, la confianza de los padres el aprecio del señor cura122.
Las profecías de los religiosos se producen desde varios púlpitos, pero siempre que imitan la vida de Jesús están profetizando. Si imitan su vida de obediencia al Padre en vez de seguir la carrera de los prestigios de este mundo profetizan que no tienen este reino sino otro por término final. Si viven la vida de pobreza y comunidad evangélica están profetizando que su vida no es de solterones regalados y satisfechos sino de fecundos en producción de servicios y satisfacción de vida de los otros.
La gran profecía de proclamar cómo será la vida preanunciada del Reino sin las ataduras del tiempo presente es su reto y su pretensión. Si no renuncia a la profecía es porque sigue en la disposición de anunciar el reino futuro. La matización interesante y a veces épica es que su actitud no está siempre de acuerdo con la jerarquía y en el cómo está se desarrolla de ordinario la matización de la profecía.
No es exacto que para ser profeta tenga que estar en contra de la jerarquía, puede ser cierto que jerarquía y profecía no coincidan, pero es cierto que pueden coincidir. La profecía siempre es levadura que anuncia el reino en la propuesta del Evangelio. La profecía religiosa siempre se mueve a compás del carisma recibido
4.3. El amor de Dios en acción



El espíritu que insuflaste en mí, al crearme,

esencialmente es el mismo espíritu que debo restituirte.

He de regresar al origen123.

Dos de nuestros primeros hermanos manifestaron dones místicos que las Biografías de algunos hermanos nos han conservado. El primero, el H. Doroteo, era un vaquero, casi analfabeto. Sin embargo, se le considera como un experto en la ciencia de los santos, hasta el punto de que un sacerdote que le pregunta sobre el amor de Dios reconoce que habla como un doctor.

Una noche después de la cena, el P. Champagnat le pregunta sobre la lectura que se acaba de hacer de la Imitación de Cristo. Como no sabe qué responder se excusa en estos términos: Perdone, Padre, pero un verso de la Imitación me ha hecho olvidar todo lo demás (...) Me ha llamado la atención que toda la vida de Jesús no fue más que cruz y martirio, y estas palabras me han impresionado de tal manera que no lo puedo explicar.


Así, con toda candidez, el H. Doroteo revela que una palabra espiritual le ha puesto fuera de él mismo: en éxtasis, en sentido estricto. Conviene leer en su biografía su método para hacer el Vía Crucis y para oír la santa misa, esencialmente afectivo, sin palabras, pero al mismo tiempo profundamente teológico, puesto que meditaba sobre la encarnación y la redención. El H. Doroteo es un espiritual que ignora que lo es.
El H. Luis, primer discípulo del P. Champagnat, es un hombre espiritual mucho más ilustrado: su biografía desarrolla una larga conversación con el P. Champagnat sobre el Tratado del amor de Dios, de san Francisco de Sales, monumento de la literatura mística.
Pocos días antes de morir, confiesa a un hermano:
¡Mi querido hermano!, ¡qué dulce es el amor!, ¡qué fuerte es el amor!, ¡si usted supiera qué asaltos me da! En la meditación, durante la santa misa y sobre todo después de la comunión, siento mi corazón abrasado, y tan lleno de delicias inefables que quedo traspuesto (...) No puedo ocuparme en otra cosa. Por lo demás, el amor me basta, y ya no quiero más que estudiar, contemplar y amar a Jesús, mi Salvador, mi amor y mi beatitud.
Tales palabras son dignas de los mayores místicos, y el hecho de que hayan sido conservadas nos muestra que el Instituto era un medio apto para comprender el estado de una persona imbuida de la presencia de Dios. Sin embargo, este pasaje parece hoy olvidado, probablemente porque, como muchas otras perlas de la espiritualidad marista, está incluido en un discurso edificante y ascético, no adaptado a nuestra mentalidad124.
El eje primero me parece contenido en una expresión que se repite varias veces: enseñar a ricos y pobres,125 que se inscribe en la tradición de san Juan Bautista de la Salle, preocupado por acoger en sus escuelas a los ricos y a los pobres, porque la doctrina cristiana es para todos. Esto desembocará en el necesitamos hermanos, que lleva la originalidad al seno del grupo marista.
Con este proyecto se combina una gran devoción a María. Aunque manifestada de una forma bastante vulgar en 1812, toma un aspecto más personal y profundo en 1815. En efecto, en este año, en sus resoluciones, Champagnat se declara en él esclavo de María. Y la oración mariana que cierra sus resoluciones para las vacaciones de este año es mucho más personal que las del año anterior.


1er. Reglamento (1814)

“Espero con vuestra ayuda, oh, Virgen santísima, cumplir este pequeño reglamento. Haced que agrade a vuestro divino Hijo, y que me guarde durante las vacaciones y durante toda la vida del pecado y de todo lo que pudiera desagradarle. Amén. L. S. J. C. (Alabado sea Jesucristo).”



2º. Reglamento (1815)

“Virgen Santísima, no ignoro que sin vuestra protección soy incapaz de llenar fielmente (sic) este pequeño reglamento sobre los ejercicios (sic) y las ocupaciones del tiempo de vacaciones; por eso imploro vuestra poderosa ayuda ante Dios y espero que, vista vuestra ternura para con los pecadores que desean su conversión, queráis obtenerme la gracia de cumplirlo puntualmente, y todo ello para la mayor gloria de vuestro misericordiosísimo Hijo. Así sea.”


Un tercer aspecto, netamente marcado en sus resoluciones de 1812, es la lucha contra el orgullo.

Me parece, pues, que cuando Champagnat manifiesta a los demás aspitantes su deseo de fundar unos hermanos, expresa ya una primera síntesis de su espiritualidad. Pues, ¿qué significa para un sacerdote la fundación de una congregación de hermanos?
Es consagrarse al último rango del dispositivo apostólico, cuyas funciones más honrosas son la predicación, las misiones, los seminarios y los colegios. Está dispuesto a una vida de humildad, porque ha sentido una llamada y probablemente también porque ha reconocido en sí aptitudes para ocuparse de los niños. Su encuentro con Montagne, el joven moribundo, será la culminación de un itinerario cuyo esbozo se percibía ya desde 1810-1812.126

Conclusión


Prometemos solemnemente que dedicaremos nuestras personas y todo lo que tenemos para salvar de todos los modos posibles las almas, bajo el nombre muy augusto de la Virgen María y bajo sus auspicios. Salvo, sin embargo, para todos, el parecer de los superiores. Alabada sea la santa e inmaculada concepción de la bienaventurada Virgen María. Así sea.

Primera fuente


Los abajo firmantes (...), por el presente acto y con nuestra firma, dedicamos irrevocablemente nuestras personas y todo lo que tenemos, en cuanto sea posible, a la Sociedad de la B. V. María. Y tomamos este compromiso no a la ligera y como niños, ni por un motivo humano o por la esperanza de un interés temporal, sino seriamente, después de haber maduramente reflexionado, tomado consejo y sopesado todo ante Dios, únicamente por la gloria de Dios y el honor de María, madre de N. S. J. C. (...) adhiriéndonos con todas nuestras fuerzas al santísimo jefe de (esta misma) la Iglesia, el Romano Pontífice, y también a nuestro reverendísimo obispo ordinario, a fin de que seamos buenos ministros de J. C., alimentados por las palabras de la fe y de la buena doctrina que por su gracia hemos recibido.

Segunda fuente


Los abajo firmantes, deseando trabajar para la mayor gloria de Dios y de María, Madre de N. S. J. C., afirmamos y manifestamos que tenemos la sincera intención y la firme voluntad de consagrarnos, en cuento sea oportuno, a la institución de la piadosa congregación de los Mariístas (...) y nos sometemos para ello a todas las penas, trabajos y sufrimientos, y, si hiciera falta, a todos los tormentos, atreviéndonos con todo en aquel que nos fortifica, N. S. J. C., a quien por este mismo acto prometemos fidelidad en el seno de nuestra Madre, la santa Iglesia católica y romana (...) con la confianza de que, bajo el pacífico y religioso gobierno de nuestro cristianísimo rey, esta excelente institución verá la luz.

Puede ser que la conclusión no sea más que la recapitulación del texto que la precede y que por tanto no manifieste una tendencia particular. Sin embargo, añade dos ideas importantes, solamente implícitas en el cuerpo del Formulario: salvar las almas y honrar la Inmaculada Concepción de María. Por otra parte, el P. Champagnat utilizará por dos veces la expresión “bajo los auspicios de María” empleada en esta conclusión. Y me pregunto si ésta no traduce la más antigua fórmula de adhesión de los aspirantes maristas, todavía un poco vaga y sucinta.


Los otros dos textos, notables por su coherencia a pesar del despiece que hemos hecho, parecen traducir netamente dos tendencias opuestas: la fuente primera define “una sociedad de la B. V. María” y no hace alusión al cristianísimo rey. La segunda, en cambio, emplea el término “Marista”, piensa en un apostolado heroico, hace claramente alusión al rey, pero no habla de la obediencia al obispo127.

Hay pues una verdadera mística marista por parte del Fundador y transmitida a los discípulos. Como en toda nuestra historia, tal vez hay que decir que más vivida explícitamente que expresada sistemáticamente. Conservamos los vestigios preciosos en los textos y los rasgos de vida de los Hermanos. Tal para evitar el ambiente antimístico que los rodeaba, tal vez porque era preciso presentar una formulación doctrinal sencilla, comprensible y pareja con la literatura ascética del ambiente en que vivían, usaban este discurso más normativo que místico.


4.4. Adelantando conclusiones
En una parábola moderna gráfica se cuenta que un aguador tenía dos vasijas para llevar el agua. Una vasija era perfecta y llegaba a casa llena de agua. La otra tenía algunas grietas y llegaba medio vacía. Ésta avergonzada le dijo un día al aguador: “Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo puedo entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir”. Y el aguador le dijo: “Ya sé de tu defecto pero cuando regresemos a casa, quiero que mires en el lado del camino por donde tú pasas. Precisamente por tus grietas, sembré semillas y dejé que las fueras regando poco a poco y han crecido flores”. “Si no fueras exactamente como eres, con todos tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza”.
Hermosa historia que sirve para situarnos ante el evangelio de Lc 10, 1-9: “Ya sabéis que vamos camino de Jerusalén y allí Jesús va a morir en la cruz”. Y en ese camino va enseñando a los suyos, a los discípulos y por tanto a nosotros.
San Lucas en el evangelio nos dice que Jesús envió por delante a setenta y dos mensajeros para que prepararan a los habitantes de las ciudades y pueblos por donde iba a pasar. Setenta y dos no es un número matemático. De hecho, todos los números en la Biblia son simbólicos y el 72 simboliza que la misión es universal, simboliza a toda la iglesia y a todos los cristianos.
4.4.1. Llamada y misión
Lo que nos dice, por tanto, es que todos somos enviados como embajadores de Cristo para preparar los corazones y así puedan dar la bienvenida a Jesús que quiere visitar nuestras calles y barrios. Pero para eso, hemos de tener nosotros el corazón lleno de Dios y en muchas ocasiones no dejamos que escriba su historia en nosotros; en muchas ocasiones huimos de Dios para que no sea exigente, para que no nos moleste, para que no nos saque de nuestras comodidades… ¡Esas son nuestras debilidades y las grietas de nuestro barro! Pero a pesar de ello, somos esos setenta y dos. Jesús cuenta con nosotros para llevar el agua de la fe y de su amor a todos los demás.
Esta llamada de Dios es una llamada que nos permite ponernos en camino e ir adelante. Y es que ser cristiano es una llamada de amor, de amistad; una llamada a ser hijo de Dios, hermano de Jesús; a ser fecundo en la transmisión de esta llamada a los otros; a convertirnos en instrumentos de esta llamada. Y es que esa llamada, cuando nos toca de lleno, no podemos callarla sino lanzarla a los cuatro vientos. Cuando uno ha experimentado el amor de Dios, no puede callarse. Al contrario, se convierte en mensajero de ese amor.
Y es verdad que alguno puede decir: “Bueno: es que yo también tengo grietas, soy pecador…. Pero todos lo somos. Eso ya se sabe. El problema es: Si todo eso nos impide ponernos en camino e ir adelante con el Señor, id adelante con esa misión que nos ha dado de anunciar la fe con nuestra vida.
Por eso, si venimos a la Iglesia, debe ser para llenar - si se puede decir así- nuestro tanque con el entusiasmo y la fe, para recordarnos que la mies es mucha y los obreros pocos. Sería estupendo si además de ganarnos el pan de cada día honradamente fuéramos testigos de Jesucristo de palabra y de obra. Sería estupendo si la fe fuera lo que moviera nuestra vida día a día. Si la fe fuera criterio de actuación, y de pensamiento.
Me decía un feligrés que durante la semana solía compartir el evangelio y la homilía con los compañeros de trabajo. ¡A mí me pareció fantástico! El domingo - decía- lleno el tanque y luego intento llevarlo a los otros en el camino de la vida. Os invito a hacer lo mismo porque en definitiva a eso nos llama el Señor.
La misión es universal. Es mi misión, su misión, la de todos… pero como dice el evangelio: “Jesús los envió de dos en dos”.

Esta frase significa no que fueran dos personas porque como os he dicho los número son la Biblia son simbólicos. Para nosotros “de dos en dos” significa que la fe tiene que ser vivida en comunión con los hermanos, que la fe, la eucaristía y la salvación no es un asunto privado sino que pertenece a toda la comunidad. A la Iglesia. Y mirad, la iglesia no es un club privado sino un grupo de creyentes llamados a ser testigos, en el mundo cada día más pagano, de la fe en Cristo y del amor de Dios. y también tiene sus fallos, sus grietas porque fallos y grietas tenemos los que la formamos pero no por eso podemos despreciarla.


Pero es más. Dice el evangelio que envió a esos discípulos, de dos en dos y sin dinero, sin talega… es decir sin muchas cosas. Y es que no podemos llenar nuestra vida de algo que al final nos va a molestar y nos va a pesar por el camino. Hay que llenarlo de Dios.

Cuando nos aferramos a las cosas materiales de este mundo, no tenemos sitio para Dios. Y es que para ayudar a Dios no necesitamos ni millones ni doctorados ni mucho equipaje… Sólo necesitamos el poder de Dios. Una profunda relación con el que nos envía es más importante que cualquier otra cosa.


Los discípulos tenemos que recordar que es Dios quien tiene que trabajar a través de nosotros. Nunca debemos caer en la tentación de creer que la misión y el éxito es nuestro. Todos somos pecadores, vasijas agrietadas y el agua de la salvación que llevamos es obra de Dios y nosotros tenemos que darla. Como decíamos ayer: Jesús no es un señor tal o cual sino el único Señor; tiene que ser el único Señor de nuestras vidas. Sólo así podremos llevar su palabra.
Y esto no es cuestión de cuanto valemos o de cuán perfectos somos, sino que es cuestión de disponibilidad.

La gente adquiere muchas habilidades. En el servicio de Dios hay una habilidad que es la más grande y necesaria de todas. La disponibilidad. Si no estamos disponibles para Dios, por más habilidades que tengamos no sirven de nada.

Hay personas que piensan que Dios no las puede usar porque no tienen grandes habilidades o talentos especiales.

Dios nunca nos preguntará por nuestras habilidades, sólo nos preguntará si estamos disponibles para trabajar para Él, para ser su embajador128.


4.4.2. Maestros y apóstoles.
Tratamos de encontrar en los escritos de Juan Bautista y del H. Francisco apoyo y fundamento para saber lo que pudo ser el ideal al que tendieron los primeros Hermanos, y al que llegó especialmente el P. Marcelino, pues después de haberlo practicado y enseñado, nos lo ha dejado escrito por las manos de estos eficaces secretarios.
Analicemos la vocación de educador marista a través de tres documentos:
La cuestión fundamental129

La finalidad de los Hermanos Maristas130

Los principios de perfección131
4.4.2.1. Fin de los Hermanos Maristas

Cuida de ti mismo y de cómo enseñas; persevera sin desanimarte, pues actuando así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan”132.

Trabajar en nuestra santificación y en la de los niños, ése es el fin de nuestro Instituto, el objetivo de nuestra vocación. - La salvación de un Hermano está ligada a la de los niños que le son confiados. Deben precederle o seguirle en el cielo. Pues los que están encargados de los demás no pueden salvarse solos. Su salvación estará acompañada de la de un gran número. En verdad, la vocación de los Hermanos es un apostolado. Les está confiada la porción más preciosa de la Iglesia. Comparten con el sacerdote el ministerio de la Palabra.

Los Hermanos deben echar la primera simiente y el sacerdote debe cultivarla. - Los Hermanos ocupan el lugar de los padres ante sus hijos. Las escuelas de los Hermanos son asilos que Dios ha preparado para los niños, para preservarlos de la corrupción del mundo. Son el remedio que la Providencia ha preparado para curar o impedir el mal que causa la impiedad.

La mayoría de los padres no son capaces de dar a sus hijos la instrucción cristiana; ya porque están muy ocupados, ya sobre todo porque son impíos, o poco religiosos. Dios ha suscitado los Hermanos para reemplazarlos. Los enemigos de la religión quieren apoderarse de la juventud para inculcarla sus perniciosos principios, para quitarle la moral y perderla, quitándole el don precioso de la fe y la inocencia de costumbres.

Pero Dios, siempre rico en misericordia, ha dado a la Iglesia diversas Órdenes religiosas cuyo fin es el de oponerse a esos designios pérfidos y malvados.

Estamos en un siglo en el que el hombre tiene sed de ciencia. La instrucción se extiende hasta las más pequeñas aldeas. Los malos, inspirados por el ángel de las tinieblas, se sirven de ella para inocular en el espíritu y en el corazón ce los niños los principios más perversos, los más perniciosos, el veneno más sutil.

Los niños tienen que aprender todo, que sean conocedores de todas las ciencias, excepto la de la religión.



Se han establecido para dar a conocer a Jesús

Las escuelas de los Hermanos se han establecido para oponer un dique a este torrente de doctrinas perniciosas. Se han establecido para dar a conocer a Jesús y su religión. Se han establecido para regenerar nuestra patria, para impedir que la fe se extinga entre nosotros.



La vocación de los Hermanos, vocación sublime

La vocación de los Hermanos es pues sublime. El fin que se proponen es de tal importancia que se puede decir que de su cumplimiento depende la salvación de un gran número de almas, la conservación de la fe y de las buenas costumbres, la felicidad espiritual y temporal de la generación presente y de aquellas que vendrán.

Para alcanzar más fácil y perfectamente a su objetivo, los Hermanos deben dar a sus alumnos, junto con la instrucción religiosa, la instrucción profana; es decir, que deben formar no solamente buenos cristianos, sino también buenos ciudadanos, haciendo adquirir a los alumnos todos los conocimientos que pueden serles necesarios más tarde. Pero que recuerden siempre que las ciencias humanas no son el objetivo de su vocación, y que no son más que un medio para cumplirla.

Maestros para ser apóstoles

Los Hermanos consienten en inculcar las ciencias humanas para atraer y ganar a los niños. - No son maestros sino para ser apóstoles. Un Hermano que se contentara de dar a sus alumnos los conocimientos profanos no cumpliría del todo el objetivo de su vocación. Se degradaría, se envilecería. En lugar de ser un apóstol y el embajador de Jesucristo ante sus queridos niños, no sería más que un vil maestro de escuela; en lugar de ser el ángel tutelar de la juventud que le es confiada, no sería más que un vil mercenario; en lugar de ser el doctor, el propagador de la verdad, no sería más que un propagandista de la vanidad y de la mentira; en lugar de ser la ayuda y el cooperador de la Iglesia, no sería más que el cooperador de los enemigos de Jesucristo y de la Iglesia.

Este Hermano se haría indigno de su vocación, se opondría a los designios que Dios ha tenido al suscitar la Congregación de la que forma parte al llamarle a le religión. Ofendería a Dios; sería infiel a su vocación; profanaría la gracia de su estado y los talentos que ha recibido al no emplearlos sino en la propagación de las ciencias profanas.

Este Hermano afligiría a su Fundador del que se mostraría indigno discípulo y cuya obra destruiría; escandalizaría a sus Hermanos, y llegaría a ser para ellos una piedra de escándalo y paralizaría su celo. Defraudaría las esperanzas de los bienhechores de su escuela o de las autoridades que le han llamado y que le honran con su confianza.

Se haría indigno de la estima y de la confianza de los padres.

Se haría pérfido y traidor, cruel y homicida para con sus alumnos; pérfido y traidor abusando de la autoridad y del ascendiente que tiene sobre ellos para hacerles amar la vanidad y tragar el veneno; pues la ciencia, sin el conocimiento de Jesucristo, sin la virtud, es un veneno; cruel y homicida, pues mataría las almas a las que ha sido llamado a salvar.

El padre y la madre que negaran a sus hijos la comida o el vestido serían mirados como seres crueles, bárbaros, duros, indignos de la vida. - El Hermano que se niegue a distribuir a sus alumnos el pan de la palabra de Dios es mucho más culpable, porque deja morir el alma, que es mucho más excelente que el cuerpo.

S. Pablo dice que quien no tiene cuidado de los suyos, y especialmente de los de su casa, ha renunciado a la fe, es peor que un infiel. ¿Qué habremos de pensar, pues, de un Hermano que abandona a sus alumnos, que no los instruye, que no les corrige de sus vicios, que no les hace cumplir sus deberes religiosos?133

El amo no toma un criado más que para hacerse servir. El Hermano se encarga de sus alumnos solamente para formarlos en la virtud, para hacerlos mejores, para hacerles conocer sus deberes y enseñarles a practicarlos. Si dejas perecer a tu hermano, a tu prójimo, dice el Espíritu Santo, Dios te pedirá cuenta de su alma. - Esta cuenta será terrible para un Hermano que por su estado, por su deber, estaba obligado a procurar la salvación de los que Dios, la Iglesia, la sociedad y los padres de familia le han encomendado.

No es amar a los niños hacer de ellos unos sabios y descuidar el hacerlos santos; iniciarlos a todas las ciencias humanas y permitir que ignoren las ciencias de la religión, la vía de la salvación y los medios de corregir sus vicios y de adquirir las virtudes cristianas. - Eso no es amarlos para el tiempo ni para la eternidad.

En efecto, a pesar de los progresos de las luces y de la ciencia, los movimientos de los espíritus y el deseo de penetrar en los secretos de la naturaleza, a pesar de todos los esfuerzos que se han hecho para extender la instrucción entre los pueblos, no por eso caen menos lágrimas de los ojos de los pobres, no salen de sus bocas menos quejas desgarradoras, y no están al abrigo de las miserias y de las desgracias134.
La perfección, según el H. Francisco
Es un texto del H. Francisco135, de uno de sus cuadernos que se desmarca de los otros por la orientación de su pensamiento. Como el título lo indica: “La perfección, finalidad de un religioso”, el autor desea mostrar que hacerse religioso es querer hacer, de la tendencia a la perfección, la ocupación de su vida.
No hay nada de extraordinario en eso: “todas las criaturas tienden a perfeccionarse”. El hombre, en cuanto a ser corporal, evoluciona sin cesar desde su nacimiento hasta su muerte. Lo mismo, en cuanto a ser espiritual, un profundo deseo le anima y le empuja a querer ser siempre mejor. Ese deseo, al que Dios le llama, la criatura humana en potencia de ser, aspira a llegar a ser más y más semejante al Creador, a poseer como él la plenitud del ser.
Este ser llegará a ser semejante a Dios desarrollando la naturaleza que ha recibido de él, las potencialidades que lleva dentro. Ese desarrollo se hace por los actos que concretizan las capacidades. Estas capacidades son dones de Dios. Por consiguiente, es conformándose a la voluntad divina que florecen, en una intimidad de afecto más y más profunda con él.
Cierto, ése es un programa que se ofrece a la voluntad de cada uno, pero el religioso busca hacer de su cumplimiento la tarea esencial de su vida, mirando no al fruto material, sino a la plenitud de su ser en Dios. El religioso no es, por tanto, un ser aparte. Como toda persona, él entiende que debe realizarse lo antes posible, porque la perfección de la criatura es la gloria de su Creador y la plenitud de su dicha (de la criatura).

4.4.2.3. Los principios de perfección136


La introducción137 tiene el mérito de situarnos dentro del enorme esfuerzo doctrinal de la congregación entre la muerte del Fundador y su biografía oficial. Habiéndose obtenido la uniformidad de la vida religiosa por las "Reglas Comunes", y por "La Guía del Maestro" la de la enseñanza, por "Las Reglas de Gobierno" una autoridad firme, el Instituto debía elaborar la uniformidad de las oraciones y de la formación de los hermanos jóvenes. El Manuel de Piedad responde a este objetivo ya que su primera parte encierra los Principios de la perfección cristiana y religiosa138, la segunda Las cualidades de un buen Hermano, la tercera Oraciones diversas para santificar el día.
Pero la obra tiene todavía otra ambición: "Dar a todos los Hermanos la facilidad y el medio para su autoformación en la virtud, y de penetrarse más profundamente del espíritu del Instituto y de los principios de nuestro piadoso Fundador". Y así - continúa la introducción- "tales principios de la perfección serán para todos los Hermanos como un catecismo de la vida espiritual" destinados a afirmar y a dar uniformidad a la formación inicial y continua de los Hermanos. Esta obra es pues, la antecesora de "Los Principios de Perfección Cristiana" (1863) que no conservarán del Manual sino la parte doctrinal notablemente aumentada, y del "Directorio de la Sólida Piedad" (1865) que guarda las oraciones. Es también la primera guía de la formación.
Sencillas observaciones:
Hoy nos parece fácil su lectura dado que fue redactado en forma de catecismo. Por ser la redacción de alguno de los escritos un poco anterior a la Vida del Fundador, merece una gran atención ya que es el fruto de la experiencia y de la reflexión del Instituto, y una de las fuentes de inspiración de la Vida misma de la comunidad.
Estractando lo más específico y relativo a la mística de la vida de los Hermanos, tendríamos las siguientes afirmaciones, que seguramente se fueron clavando incisivamente en alma de su ávidos lectores y auditores.

El nivel de exigencia y de elevación mística se va subiendo, hasta alcanzar un alto grado.


Las escuelas de los Hermanos se han establecido para dar a conocer a Jesucristo y su religión.

Deben formar no solo buenos crisitianos, sino también buenos ciudadanos.

No son maestros sino para ser apóstoles.
El padre y la madre que negaran a sus hijos la comida o el vestido serían mirados como seres crueles, bárbaros, duros, indignos de la vida. - El Hermano que se niegue a distribuir a sus alumnos el pan de la palabra de Dios es mucho más culpable, porque deja morir el alma, que es mucho más excelente que el cuerpo.
El Hermano que se contentara con dar a sus alumnos los conocimientos profanos, no cumpliría del todo con el objetivo de su vocación.

No es amar a los niños hacer de ellos unos sabios y descuidar el hacerlos santos

Hacerse religioso es querer hacer, de la tendencia a la perfección, la ocupación de su vida.
Ese deseo, al que Dios le llama, la criatura humana en potencia de ser, aspira a llegar a ser más y más semejante al Creador, a poseer como él la plenitud del ser.

Conformándose a la voluntad divina florece, en una intimidad de afecto más y más profunda con él, mirando no al fruto material, sino a la plenitud de su ser en Dios.

V-. EN QUÉ CONSISTE LA MISIÓN PROFÉTICA



1. El hermano Luis una vida místico-profética
Al regreso de lo acontecido con Montaigne, Marcelino viene tan conmovido, tan impresionado que el H. Juan Bautista Furet describe la siguiente escena de manera que habla de alegría y miedo mezclados. La idea de fundar el Instituto continúa motivando su corazón con tal fuerza que va al encuentro de Juan María Granjon. ¿Es la misma noche? (Esto supondría que eran cerca de las diez horas de la noche) o al día siguiente? No parece posible dar una respuesta a esta pregunta bastante ociosa.
Por otra parte, el Padre Champagnat no sabía que ese mismo lunes, 27 de octubre, por la tarde Jean -Baptiste Audras fue a presentarse a los Hermanos de las Escuelas Cristianas de Saint-Chamond. El sábado siguiente, día de los difuntos, 2 de noviembre, Jean Baptiste Audras llega a La Valla para presentarse al Padre Marcelino Champagnat.
El futuro hermano Louis había nacido el primero de Messidor, año 10, es decir, el 20 de junio de 1802, en las primeras Vísperas de la fiesta de San Luis Gonzaga, lo que explicaría su especial devoción a este santo y la elección de su nombre religioso como Hermano marista de H. Luis.

Esto es lo que reza el acta de nacimiento de Jean Baptiste Audras


H. Luis (Juan Bautista Audras) nace en La Valla el 20 de junio de 1802; fallece en Nuestra Señora de l'Hermitage, el 3 de agosto de 1847.

Después de leer el librito Piénsalo bien decide ingresar en la congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Se presenta al H. Director de la escuela de Saint-Chamond el domingo 27 de octubre de 1816. Este le invita a esperar un año para ir al noviciado.

El sábado siguiente, 2 de noviembre, va a confesarse con el coadjutor de La Valla. Le da a conocer sus intenciones, lo que había tramitado a escondidas de sus padres y la contestación recibida. El padre se contenta con animarle a perseverar en el propósito de abandonar el mundo y le alienta a rezar fervorosamente para llegar a conocer la voluntad de Dios. Al ver que el joven le escuchaba muy atento, se concentra un instante, y en lo más íntimo del alma siente como una voz interior que le dice:

"He preparado este chico, te lo envío para que hagas de él el cimiento de La Sociedad que debes fundar"139.

Poco tiempo después, el venerado padre, tras haber mani­festado su proyecto al nuevo discípulo, le pregunta: "Estarías dispuesto a ingresar en el nuevo Instituto?" El joven postulante, una de cuyas cualidades era la total docilidad a su director espiritual, le responde: "Des de que tengo la dicha de estar bajo su dirección, sóLo pido a Dios la obediencia y la gracia de renunciar a mi propio criterio. Haga, pues, conmigo lo que quiera, can tal que llegue a ser religioso".

2 de enero de 1817: Los dos novicios toman posesión de la casa comprada al señor Bonner.

Llega la primavera (1817). Los padres de Juan Bautista lo apremian para que regrese a casa por medio de su hermano mayor, Jean-Claude. Conocemos lo que ocurrió140

El H. Juan Bautista relata la lección del Fundador para formar al H. Luis en la huida de los más leves pecados, mientras van a visitar a un enfermo.

Maravillosamente aprovechado salió el H. Luis. Fue labor constante de trabajar hasta la muerte en ser fiel a la gracia, huir del pecado venial y combatir los defectos. Y el biógrafo va citando unos pensamientos hallados en la libreta denotas espirituales del Hermano

... El Padre Champagnat tenía en mucho aprecio al H. Luis y lo consideraba como uno de los pilares del Instituto... A fines de 1818, el Padre propone a sus Hermanos, después de veinticuatro meses de noviciado, hacer a Dios promesa de fidelidad. Con ella, se comprometían a buscar la santificación, educar a los niños, especialmente a los pobres, obedecer al superior, guardar castidad y vivir vida en común. El H. Luis, de conciencia timorata, se asustó ante las obligaciones que iba a contraer y rehusó firmar. Al hermano Juan María, que se escandaliza, el padre declara:

Conozco al H. Luis. Es hombre sólido y firme en la vocación.



Firmara más adelante y entretanto no dejará de cumplir fielmente el compromiso que encierra la fórmula." Y agregó, repidiéndolo dos veces: “El H. Luis es un joven excelente; todavía guarda la inocencia bautismal; tiene alma enérgica y, al tratarse del deber, nunca transige; salgo fiador de él y de su perseverancia en la vida religiosa".

“Elogio espléndido", añade el biógrafo... Treinta años más tarde, decía del H. Luis el padre Cholleton:



¡Qué alma tan encantadora! ¡Jamás ha conocido el pecado!"141
Cuatro actitudes de místicos
1. La mirada de Jesús142
La mirada de Jesús de hito en hito. Dejarse mirar a los ojos por Jesús y por los hermanos. Dejarse tocar. Son actitudes pasivas. Actitudes activas: ir al encuentro de, llevarle, dejarse llevar.

Le piden a Jesús que lo toque. Nos gusta tenerlo todo bien controlado. Las actitudes de Jesús son activas:



Tomó de la mano. Contacto físico, escupió en los ojos. Encuentro en la intimidad. En Jesús todo es sanador. Va, vuelve a poner las manos.

¿Estoy dispuesto a que Jesús me ponga las manos? Vuelve a casa, a lo cotidiano. No entres en el pueblo, entra en tu interior. ¿Quién soy yo para ti?




2.Creo, pero aumenta mi fe143
Como el ciego de Betsaida, presentarse ante Jesús sin más. Esperándolo todo, dejándose hacer todo. Confiándose plenamente, solo porque El dice:

Soy la luz, soy la palabra.

He venido a salvar, a que tengan vida.

No he venido a condenar.

Confiar, confiarse, refiarse de alguno.
3. El silencio144

Yo te he consagrado.

Las raíces de la vocación de Jeremías.

Dios se dirige personalmente, en un diálogo directo: Dios me dijo.

El diálogo que genera vida por si mismo, es una fuerza creadora

Antes de… ya te amaba, ya te había elegido, ya te había preferido…
Tienes que ser mi voz para todos los pueblos. No es al azar ni por casualidad que se elige.

Pensó ya en ti y te amó. Esta es la actitud que nos describe el texto de Jeremías que se ve superado, pero comienzan las excusas: soy joven, no tengo cualidades, no sé hablar…

Dios toma la iniciativa: No tengas miedo. Di lo que yo te diré. Alargó la mano y le tocó los labios.
4. Dejarse ennamorar por Dios145

Como en el profeta, en el místico, la actitud parece pasiva, parece la reflexión sobre la propia vocación y la propia llamada, es como si me preguntara, poniéndome en el lugar de Jeremías, ¿cómo siento hoy la llamada? Los orígenes conscientes de la propia vocación. Cuando la tendencia es a responder: todo está controlado, no avanzamos

Ciertamente no nos complicamos la vida…

Pero hay una nueva actitud posible: tomar la actitud de enamorados, dejarnos enamorar de Dios. Convertirnos a su voluntad. Entregados a El totalmente.


Estas cuatro actitudes progresivas han sido practicadas frecuentemente por nuestros primeros Hermanos, sin que ellos las describieran, es fácil percibirlas en sus vidas.
Volvemos a la vida del hermano Luis, su virtuddebía ser probada como el oro en el crisol.

Lo cuenta el H. Juan Bautista Furet en la vida de S. Marcelino.



Nuestro Señor, que quería probar la virtud de su siervo, le tocó en lo que más quería: las dos personas más capacitadas, los únicos en los que podía descargarse de la administración, lo abandonaron a la vez y se fueron al mundo.
Su pérdida le resultó tanto más sensible, cuanto más necesarios y queridos le eran y más costosa le había resultado su educación e instrucción. Pero Dios permitió que sucediera esto para mostrarle que sólo debía contar con su Providencia y que únicamente en él debía cifrar su confianza.
También por el mismo tiempo, el buen Hermano Luis fue violentamente tentado contra la vocación. La facilidad que tenía para el estudio y el amor que tenía a Nuestro Señor despertaron en él deseos de estudiar latín y abrazar el estado sacerdotal, para poder dar mayor gloria a Dios y unirse más a menudo a Jesucristo.
El Padre Champagnat, a quien se confió, le dijo que era una trampa del demonio, pues, envidioso de su virtud, trataba de engañarlo con el pretexto de una vida más perfecta, para impedir el bien que estaba haciendo.
“Querido amigo, prosiguió el Padre, para amar a Jesucristo y ganarle almas no es necesario ser sacerdote.
En su santa vocación puede usted estudiar, amar e imitar al divino Salvador tan perfectamente y con más facilidad que en cualquier otro estado. En ningún otro lugar puede hacer mayor bien, pues no existe obras más excelente que enseñar el catecismo a los niños, formarlos en la piedad, prepararlos para la primera comunión y conservarlos en la inocencia.”
Pese a estos oportunos consejos, la tentación del Hermano crecía; y hubiera sucumbido de no haber sido hijo de obediencia. El Padre, que era consciente de su docilidad, al verbo preocupado por estos pensamientos, lo llamó a su cuarto y le dijo:
“Hermano Luis, estoy convencido de que ésta es su vocación, y que la voluntad de Dios es que continúe en ella. Por eso le prohíbo que piense en estudiar latín.”
A pesar de todas las resistencias de la naturaleza, el Hermano Luis, que era humilde, acató esta prohibición. Y por extraño que parezca, pero que debe considerarse como consecuencia de su docilidad, desde ese día no volvió a verse asaltado por esa tentación. El hombre obediente alcanzará victoria146, dice el Espíritu Santo.
El buen Hermano pudo comprobarlo: no sólo triunfó de ese enemigo y recuperó la paz y el sosiego que había perdido, sino que además, con el amor y gusto por su vocación, recibió también el fervor y la unción de la gracia, que lo impulsaron a avanzar rápidamente en el camino de la perfección y la práctica de todas las virtudes de su estado.
Así fue como la obediencia mantuvo al Hermano Luis en su vocación y le alcanzó la gracia de morir como predestinado, según veremos pronto. El orgullo, sin embargo, y la falta de sumisión de los otros dos Hermanos, al hacerles abandonar la vocación, los hicieron desgraciados y los arrojaron a un camino lleno de riesgos para su salvación.
Champagnat propone a sus hermanos hacer votos
La salida de los dos Hermanos y la tentación del Hermanos Luis hicieron comprender al Padre Champagnat que se imponía vincular más estrechamente a los Hermanos a su vocación por medio de votos religiosos, y de ese modo dar estabilidad, en lo posible, con un compromiso irrevocable, a la inconstancia humana.
Desde los comienzos, estableció que los Hermanos hicieran promesa147 de fidelidad a Dios y a su vocación. No se trataba propiamente de votos. Sin embargo, esa promesa era muy idónea para vincular a los Hermanos a su vocación y adherirlos al Instituto por la importancia que se le concedía, la publicidad que se le daba y los sentimientos religiosos con que se hacía.
He aquí la fórmula de la consagración, como la recibimos de puño y letra del piadoso Fundador148:
Todo a mayor gloria de Dios y honor de la augusta María, Madre de Nuestro Señor Jesucristo.
Los infrascritos, certificamos y testificamos que nos consagramos por cinco años, a partir del día de la fecha, libre y voluntariamente, a Dios en la pequeña asociación de los Hermanitos de María, con el fin de trabajar sin descanso, por la práctica de todas las virtudes, en nuestra propia santificación y en la educación cristiana de los niños del campo.
Por ello nos comprometemos:
1. A buscar sólo la gloria de Dios, el honor de la augusta Madre de Nuestro Señor Jesucristo y el bien de la Iglesia católica, apostólica y romana.

2. A dar enseñanza gratuita a todos los niños pobres que nos presente el señor cura párroco y a enseñarles, lo mismo que a los demás que nos sean confiados, el catecismo, la oración, la lectura, la escritura y demás contenidos de la enseñanza primaria, según sus necesidades.

3. A obedecer sin réplica a nuestro Superior y a cuantos por su delegación deban orientarnos.

4. A guardar castidad.

5. A poner todo en común.
Cada Hermano firmaba esta promesa de rodillas, en presencia de la comunidad. Podemos observar que en esencia contenía todas las obligaciones de la vida religiosa. Y así lo manifestaba el Padre Champagnat cuando admitía a los Hermanos a hacer esta promesa.
La primera vez que se trató de adquirir este compromiso en 1818, el Hermano Luis149, que tenía una conciencia muy timorata y que, con razón, era escrupuloso cumplidor de lo que prometía a Dios, asustado por las obligaciones que iba a contraer, se negó a firmar, pese a los consejos del Padre Champagnat y a las invitaciones cariñosas de los demás Hermanos. El Hermano Juan María, extrañado y hasta escandalizado, dijo al Padre:
-¿Qué piensa del Hermano Luis? ¿Qué cree que va a ser de él? Me temo que llegue a extraviarse y lo perdamos.

-Conozco al Hermano Luis, respondió el Padre; es un hombre seguro y firme en su vocación. Si no ha firmado, es por una excesiva delicadeza de conciencia. Firmará más tarde y, mientras tanto, no dejará de cumplir puntualmente cuanto se prescribe en nuestra fórmula de compromiso.

.Luego agregó, repitiendo la misma idea:

-El Hermano Luis es un joven excelente, guarda aún su inocencia bautismal; es un alma sólida que nunca transigirá ante el deber. Respondo de él y de su perseverancia en la vocación150.

¡Hermoso elogio, tanto más honroso para quien lo recibía cuanto que nunca lo desmintió. Al contrario, lo ratificó puntualmente con su conducta hasta el fin de la vida. Cuanto el Padre Champagnat le prohibió que siguiera pensando en estudiar latín para acabar con la tentación y evitar nuevos brotes, pidió enseguida hacer la profesión, cosa que le fue concedida inmediatamente.
Siempre fue modelo para los demás, hasta el fin de su vida, por su humildad, espíritu de sacrificio, regularidad, adhesión al Instituto y, sobre todo, por su amor a Dios.

Unos meses antes de su muerte, decía a un Hermano con quien no guardaba secretos:

-Siento oleadas de amor divino. En la meditación y después de la sagrada comunión, siento mi corazón tan cautivado, tan lleno de consuelos que me quedo arrobado.

-O sea, ¿que hace la meditación sobre el amor de Dios?, repuso el Hermano.

-No sólo la meditación; es que no puedo pensar en otra cosa en todos los demás actos. Por lo demás, me basta el amor y, en lo sucesivo, sólo quiero contemplar y amar a Nuestro Señor.
Machado escribió:
Dices que nada se crea /No te importe.

Con el barro de la tierra haz una copa/ para que beba tu hermano.

Alfarero, a tus cacharros,/dices que nada se crea,

haz una copa y no te importe /si no puedes hacer barro.
2. Misión y Apostolado
El hermano Luis decía con frecuencia al compañero:
Hermano, tenemos cien niños en la escuela. Pues bien, son cien almas cuya inocencia se nos ha confiado y cuya salvación depende en gran parte de nosotros... Los padres generalmente nos confían sus hijos para que se los instruyamos; pero Dios nos los trae para que les infundamos piedad y virtud. Tal es nuestra misión; afanémonos por cumplirla, sin olvidar el otro aspecto"151.
En la clase del H. Luis y en colegio donde estuvo trabajando
“el éxito fue clamoroso. Antes de un mes, los colegiales estaban desconocidos. Parecía que la piedad, el recato y modestia de aquellos maestros principiantes habían pasado a los discípulos. Padres, autoridades, la población entera quedó encantada de su docilidad, buena conducta, afán de estudio y apego a los Hermanos..."152 .
El H. Luis, con sentido cabal de sus funciones, comprendía la excelencia de la misión que había recibido y no daba la clase como simple maestro, sino cual religioso apóstol. Naturalmente, no descuidaba la instrucción elemental, pues entendía que su deber era darla, ya que es una forma de atraer a los niños y llevarlos a Dios.
Pero su fin y su ambición no era conseguir sabios; deseaba ante todo hacer de los niños cristianos ejemplares."Siempre ocupaba el primer puesto el catecismo. Los alumnos, cualquiera que fuese su edad, lo recitaban dos veces al día. El H. Luis acertaba a dar tal interés a las explicaciones, que los rapaces no le quitaban ojo, y estas prácticas religiosas eran el aliciente y causa principal de su apego a la es­cuela.
Por la noche, cada alumno repetía en casa lo que había oído al profesor... de modo que aquellas instrucciones eran de tanto provecho para los padres como para los hijos.

Antes de terminar el primer curso, ya todos dominaban la lectura, la escritura, las cuatro operaciones y algo mejor: se sabían al dedillo la doctrina y eran, por su piedad y buena conducta, el gozo de sus padres y el ejemplo de toda la feligresía" (Id. p. 34).


Cabe un paralelo con cualquier tiempo. Este es el que presenta una revista de vida apostólica
Allí donde la verdad no es anunciada, ni mostrada a través de la mística y el servicio amoroso de una comunidad.

Allí donde hay que ejercer la compasión, el consuelo y abrir el corazón a la esperanza:

cárceles, campos de exterminio, zonas de violencia y donde solo se vive para sobrevivir.

Allí donde va desapareciendo progresivamente y a veces de forma excesivamente veloz el

lenguaje sobre Dios: la cultura atea, o indiferente, o agnóstica.

Allí donde es necesario que haya voces sensatas y respetadas que den testimonio de nuestro Dios, tal como se nos ha manifestado en Cristo Jesús

Allí donde la Iglesia se encuentra con otros creyentes, de otras religiones, de otras confesiones cristianas, o con quienes niegan a Dios.

Allí donde hay espacios liminales de creación artística, fronteras del pensamiento y de la búsqueda de la verdad, o donde se investigan y abordan las grandes cuestiones éticas que acucian a la humanidad.

Allí donde el ser humano está creando y utilizando redes de comunicación, información, interacción.

Allí donde nos topamos con la frontera de la enfermedad o de la muerte, la última periferia a la que todos somos arrojados.

Allí donde se gestan las grandes decisiones políticas, económicas y que después repercuten

en los grupos humanos.


Allí donde se encuentra la humanidad emergente de los niños y jóvenes, necesitados de posibilidades económicas, educativas, religiosas; y de una manera especial, allí donde la mujer necesita todavía ser liberada y ser tratada en plano de igualdad y dignificación.
Estos nuevos escenarios nos desafían como Iglesia. El Papa Francisco no nos invita a responder a estos desafíos desde el trabajo, las programaciones y la propia intromisión en todos esos escenarios.
Esto es profecía y, asumirlo con todas las consecuencias, es ser profeta.
3. Cómo y cuándo son profetas.
Cuando viven y transmiten el espíritu de la familia de Nazaret y el talante aglutinador del Instituto. Alguien quiere separar para dividir y para vencer la resistencia a aceptar futuros ilusorios ofrecidos al H. Louis; éste contraataca y expone su decisión de obedecer a su Superior y seguir en todo lo que manda la obediencia religiosa profesada. Con esta actitud está profetizando.
Cuando son personas de calidad las que formulan los puntos neurálgicos de la vida: los de la misión, los valores, el sentido institucional, la formación, la pastoral; con palabras serenamente cálidas. Hay quien piensa acertadamente que la calidad conduce a la calidez. Puede ser por aquella relación evangélica, ir a Betania a casa del amigo a curar las heridas del corazón; a seguir el camino del corazón de Dios.
Cuando miramos con ojos de Dios; cuando miramos como Dios mira. Los ojos que miran así captan los regalos que Dios nos hace, captan e irradian luz, captan lo esencial, lo que en realidad nos mueve, lo que nos hace fuertes y resistentes a los embates del enemigo
Cuando se sienten enviados por Dios y se convierten en centinelas del carisma. Enviados por los Superiores, por encima de la propia voluntad y deseo; de los propios intereses y satisfacciones de medrar; jamás se les ocurriría cambiar el destino por el preferido por los cálculos humanos.
Cuando se convierten en cauces y canales conductores del que es la fuente y origen, por quien se hace todo y se entrega todo; la vida entera, si es preciso.

Cuando son testigos presentes y testimonios que transmiten amor, gratitud, alegría, admiración…
4. La identidad y la entrega

La vida del H. Luis no fue más que un ejercicio de amor."Poco antes de morir, decía a un Hermano para el que no tenía secretos:



- Hermano, ¡cuán suave es el amor, cuán fuerte es el amor! ¡Si pudiera usted ver cómo me asedia!... Bástame estudiar, contemplar y amar a Jesús, mi Salvador, mi amor, mi bienaventuranza.

Tales han sido los sentimientos del H. Luis durante toda su vida y hasta la hora de la muerte. Vino ésta por el 3 de agosto de 1847, tras larga enfermedad, durante la cual tuvo la dicha de no perder ni una sola comunión (Id. p. 53). Su tumba está al lado de la gran cruz del cementerio, a la izquierda, junto a la de su hermano Lorenzo.

El H. Luis fue maestro de novicios de 1821 a 1831, con algunas interrupciones (Bourg-Argental, fundación en Charlieu, 1824, Y dirección de Saint-Paul-en-Jarret en 1827). El 8 de septiembre de 1828 hace secretamente La profesión perpetua. En 1831 vuelve a Charlieu. A partir de 1836 y hasta su muerte permanece en Nuestra Señora de L'Hermitage encargado de la librería y de asuntos administrativos. Miembro de la Sociedad Civil constituida por el Padre Champagnat ante el notario de Saint-Chamond el 22 de marzo de 1839, escrutador en el Capítulo General de octubre del mismo año, pertenece al consejo que decide la fusión de los Hermanos de La Instrucción Cristiana de Saint-Paul-Trois-Chateaux con nuestra Congregación el 20 de octubre de 1841, fusión realizada en 1842.

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