De lo abstracto a lo concreto



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EL FUNDAMENTO MATERIALISTA

DEL PASO DE LO ABSTRACTO A LO CONCRETO EN MARX
Marx no se limitó a dar a la ley de la elevación de lo abstracto a lo concreto un fundamento teórico general: él lo aplicó a la elaboración de una ciencia concreta: la economía política. El Capital contiene la prueba práctica, concreta y desarrollada de la necesidad de este método: muestra su fundamento materialista real en tanto que único método que corresponde a la dialéctica del desarrollo de la realidad objetiva.
El análisis de El Capital desde el punto de vista del método de investigación que se aplica en él, debe mostrar la esencia concreta del método en cuestión. Entonces éste aparecerá como el único capaz de conducir a la solución de la tarea central de la investigación científica tal como ella se dibuja desde el punto de vista de la dialéctica materialista: seguir el conocimiento reciproco concreto de los fenómenos que crean por su interacción un sistema que tiene un origen histórico, se desarrolla y manifiesta siempre, nuevas formas de existencia y de interacciones internas.
Sería completamente erróneo no ver la necesidad de este método sino el hecho de que la conciencia del hombre es incapaz de abarcar de un solo golpe toda la complejidad de un objeto y que necesita "elevarse" de una representación .del objeto incompleta, unilateral (abstracta), a un conocimiento más completo. Esto no será una explicación sino la simple repetición de un hecho trivial. Que la conciencia sea efectivamente tal es evidente. Pero las propiedades de la conciencia tienen ellas mismas, necesidad de una explicación materialista. Además, esta simple referencia a la naturaleza de la conciencia no nos muestra rigurosamente nada sobre el carácter específico del método que se eleva de lo abstracto a lo concreto en tanto que método de investigación científico-teórico. La simple toma de conocimiento de un objeto de un fenómeno se desarrolla también como un proceso de apropiación gradual y progresivo de detalles cada vez más nuevos; ella pasa de una representación unilateral y pobre a otra más completa (pero siempre puramente empirica). El proceso de acumulación de los datos empíricos por medio de los cuales la realidad es percibida sin ser todavía conocida transcurre también como un desarrollo del conocimiento unilateral.
El método que se eleva de lo abstracto a lo concreto no es sino un método de reflejo de la realidad concreta en el pensamiento, y no un método de creación de esta realidad por la fuerza del pensamiento, como decía Hegel. Por esto el punto de partida y el orden de desarrollo lógico de los conceptos, según este método, no depende del pensamiento, sino exclusivamente, como lo ha mostrado Marx, de las relaciones en las cuales se encuentran los diferentes aspectos de un todo concreto de los unos con relación a los otros. El método de desarrollo lógico debe, por consecuencia, corresponder al modo de división interna de ese método, a la dialéctica de la aparición de lo concreto fuera del pensamiento; es decir, a fin de cuentas, al desarrollo histórico de este concreto, aunque, como demostraremos más adelante, esta correspondencia no es simple e inerte y no concierne sino a los momentos universales de desarrollo.
La fórmula del materialismo en la teoría del conocimiento y en la lógica es exactamente la inversa de lo que hemos citado más arriba: el objeto es tal que a él no le corresponde sino tal forma de la actividad de la conciencia y no otra cualquiera: el objeto es tal que él no puede ser reflejado en la conciencia sino por este solo procedimiento.
Dicho de otra manera, el problema del método de la actividad lógica cambia en investigación de la naturaleza objetiva de la realidad de los objetos y en profundizaciones de la categoría de lo "concreto”, como categoría que tiene relación con el objeto y que expresa la forma universal de existencia de la realidad.
Aquí también reina el principio de la coincidencia de la lógica, de la teoría del conocimiento y de la dialéctica: una cuestión que aparece a primera vista puramente lógica es, en el fondo, la cuestión de las formas universales, en las cuales lo concreto objetivo se transforma y se desarrolla.
No se puede dar un fundamento materialista a la justeza y a la necesidad del método que se eleva de lo abstracto a lo concreto sino haciendo ver las leyes universales reales, a las cuales obedece uniformemente en su devenir todo sistema concreto de fenómenos en interacción (el sistema capitalista y mercantil de las relaciones sociales, el sistema solar, la forma química o biológica de las interacciones, etc.).
Pero aquí tropezamos de nuevo con una dificultad dialéctica ya conocida: la dialéctica interviene en la forma misma de plantear la cuestión de la dialéctica. Aparentemente, es imposible aclarar y expresar teóricamente las leyes universales del devenir de algo concreto, sea por vía de generalización inductiva, por abstracción de lo que tiene de común y de semejanza el sistema capitalista mercantil y el sistema solar, la forma biológica de las interacciones naturales y sus formas electromagnética, química u otra cualquiera.
Plantear la cuestión así es fijarse una tarea absolutamente irrealizable por su propia naturaleza. En efecto el conocimiento de todos los casos de interacciones concretas en la naturaleza infinita sobrepasa no solamente las posibilidades del autor de una obra, sino la de la humanidad entera. Nosotros no estamos ante la tarea de esclarecer precisamente las leyes universales del devenir de todo el sistema objetivo concreto de interacciones. Dicho de otra forma, hemos vuelto a uno de los problemas "eternos" de la filosofía: ¿es posible? -y si ello lo es, cómo- elaborar, sobre la base del estudio de un dominio de hechos limitados y necesariamente terminado, una generación realmente universal e infinita.
Por suerte, la filosofía no ha intentado nunca realmente llegar a una tal concepción por vía inductiva. El desarrollo real de la ciencia y de la filosofía desde hace ya mucho tiempo ha resuelto prácticamente esta “antinomia” que no parece insoluble por principio más que cuando se la formula de manera metafísica.
En efecto, la humanidad, ya sea en filosofía o en cualquier otro dominio del conocimiento, ha llegado a generalizaciones y a conclusiones universales "infinitas", no por la vía de abstracción de lo que tienen de común entre sí todos los casos posibles, sino por el análisis, aunque sea nada más de un caso típico.
Bastará recordar a este propósito lo que escribió Engels en la Dialéctica de la Naturaleza "Que poco fundada es la pretensión de la inducción de ser la única forma o al menos la predominante del descubrimiento científico, la termodinámica da un ejemplo sorprendente. La máquina de vapor ha dado la prueba más perentoria de que se puede poner en juego calor y obtener movimiento mecánico. Cien mil máquinas de vapor no lo han demostrado mejor que una sola: solamente han obligado más y más a los físicos a explicarla. Sadi Carnot ha sido el primero en ocuparse seriamente; pero no por inducción. Estudió la máquina de vapor, la analizó y encontró que en ella el proceso fundamental no aparece en estado puro sino que está encubierto por toda una serie de procesos secundarios; eliminó esas circunstancias accesorias, indiferentes para el proceso principal, y construyó una máquina de vapor (una máquina de gas) ideal, que, en realidad, es tan poco realizable como, por ejemplo, una línea o una superficie geométrica, pero que, a su manera, cumple el mismo servicio que esas abstracciones matemáticas. Ella representa el proceso considerado en estado puro independiente, no alterado" 14
No la inducción orientada hacia la investigación de una abstracción, que expresa lo que tiene de común con todos los casos particulares, sino un análisis profundo de un caso particular orientado hacia la puesta en evidencia del proceso de investigación en estado "puro”, tal fue la vía de la filosofía por todas partes y siempre que ella ha realmente conducido a descubrimientos objetivos. Sólo las personas como Comte y Spencer han inventado tomar la vía de inducción y de la abstracción. Pero los resultados de sus esfuerzos fueron lo que era de esperar.
La filosofía ha procurado siempre resolver los problemas específicos que son muy diferentes de los esfuerzos que se pueden hacer para descubrir lo que tiene abstractamente de común el cocodrilo y Júpiter o el sistema solar y la riqueza. La filosofía ha tenido siempre serios problemas en el curso de la solución de los cuales [problemas específicos] ella ha ido hacia el descubrimiento de leyes universales de todo lo que existe y la revisión del contenido de las categorías.
Marx, como es sabido, no ha sometido a su análisis critico el sistema hegeliano de las categorías universales comparando estas categorías con lo que la humanidad tiene de común con el núcleo del átomo, y el uno como el otro con la estructura del gran Universo.
El sistema hegeliano de las categorías ha sido superado por su confrontación crítica esencialmente como un caso de desarrollo dialéctico (pero, ya aquí, está toda la cuestión, un caso típico): la dialéctica de las relaciones sociales de producción en uno de sus grados de desarrollo. Es la vía la que siempre hizo evolucionar la concepción del contenido de las categorías universales.
El problema del análisis teórico de lo universal se reduce siempre en realidad al análisis de lo único desde el punto de vista de lo universal. Hace falta solamente saber distinguir en lo único lo que constituye, no la unicidad y la particularidad de un caso, sino su universalidad. Es bajo este punto de vista donde hace falta justamente disponer de la aproximación, la más conciente posible, de la abstracción y de los medios de llegar a ella. El error más ordinario de la investigación teórica consiste en tomar por la forma universal de un hecho único, lo que no tiene relación en realidad más que a un curso dado de circunstancias pasajeras en el interior de las cuales esta forma realmente universal es ofrecida a la inducción.
Pero ya que se ha llegado a descubrir más completamente el contenido de una categoría tan universal como lo concreto, el problema puede y debe ser resuelto mediante el estudio de un caso típico de sistema de fenómenos objetivos en interacción desarrollándose dialécticamente. Un caso verdaderamente típico de sistema de este género es el de las relaciones capitalistas y mercantiles entre los hombres. Es el que nosotros tomaremos como caso particular inmediato de lo concreto en general en el cual pueden y deben ser puestos en evidencia los contornos universales del todo concreto. Haremos apelación a otros dominios sólo cuando encontremos materiales característicos por sí mismos.
La elección de este material no está determinado por un capricho subjetivo o por las inclinaciones personales. Una circunstancia mucho más decisiva en su favor reside en el hecho de que ningún otro concreto ha sido aún tenido por el pensamiento con tanta plenitud.
Cuando Marx se propuso la tarea de descubrir la ley general del capitalismo corno tal, como sistema histórico determinado de producción social, no ha procedido, en ningún momento por la vía de la comparación inductiva de todos los casos del desarrollo capitalista existente sobre el globo terrestre en su época con excepción alguna. Como dialéctico, él ha procedido de otra forma; tomó el caso más característico y el más desarrollado, a saber, la realidad capitalista y mercantil inglesa, así como su reflejo teórico en la literatura económica inglesa, y desarrolló una teoría económica universal fundándose principalmente en un estudio detallado de este caso único.
Se basó en la concepción de que las leyes universales del desarrollo capitalista son las mismas para todos los países, y que Inglaterra, país que llegó más lejos en la vía del desarrollo capitalista, presentaba todos los fenómenos bajo este aspecto, el más puro. Todo lo que en otros países existe en estado de alusión débil y difícil de distinguir, o de una tendencia que no se ha manifestado aún enteramente, o que está recubierta y complicada por circunstancias exteriores accesorias, estaba en Inglaterra enteramente desarrollado bajo la forma clásicamente pura. Marx no recurrió a ciertos rasgos del desarrollo capitalista de otros países más qué en ciertos casos bien determinados (recurrió, por ejemplo, a numerosos rasgos del desarrollo económico del campo ruso para su análisis de la renta.
Hace falta ciertamente inspirarse en las mismas consideraciones cuando se plantea el problema de categorías de la dialéctica. Es, en efecto, la realidad capitalista y mercantil, en el desarrollo teórico de El Capital y otras obras que tienen la misma orientación (de Marx mismo y de sus mejores discípulos y sucesores, ante todo Engels y Lenin), que se nos presentan como el cuadro más desarrollado de lo concreto histórico. Además, El Capital continúa siendo un modelo insuperado de aplicación conciente del método dialéctico, de la lógica dialéctica en toda la amplitud de su contenido. Muestra a numerosas ciencias su propio futuro, contiene todos los aspectos del método que no ha encontrado aún una realización tan consecuente en otras ciencias. Hace falta subrayar igualmente que la crítica constructiva de las teorías anteriores, momento necesario de la elaboración teórica de los problemas científicos de una época, supone que la asimilación crítica se ejerce sobre un material teórico de buena calidad y sobre los ejemplos realmente superiores de concepciones teóricas existentes sobre la realidad, que en el caso dado, es el objeto de la atención del investigador.
Tratando de elaborar la teoría económica, los principales adversarios teóricos, oponiéndose a los cuales Marx desarrolla su concepción de la realidad, eran los clásicos de la economía política burguesa y no los representantes contemporáneos de Marx de la economía vulgar y de la "forma universitaria de descomposición de la teoría". Estos adversarios eran contemporáneos de Marx sólo en el tiempo y no desde el punto de vista de la penetración teórica. En este sentido, ellos estaban infinitamente por debajo de los clásicos y no representaban, de ninguna manera, una oposición teórica digna de una constatación seria. En la exposición de su concepción teórica de la realidad, exposición que tiene la forma de un debate serio con los clásicos, Marx se limita, de paso, a poner en ridículo a teóricos como Senior, Bastiat, McCulloch, Roscher, etc.
Cuando se trata de categorías filosóficas, en la filosofía burguesa clásica queda hoy aún el único adversario válido de la filosofía del materialismo dialéctico, esto bien entendido, lejos de apartar del orden del día la lucha más despiadada contra los sistemas reaccionarios contemporáneos, ayuda a demostrar su vacío I sti tendencia a eludir miedosamente los grandes problemas filosóficos
Marx, Engels y Lenin tenían otra actitud hacia Hegel y Feuerbach que hacia Schopenhauer o Comte, Mach o Bagdanov. En su crítica vigorosa de las especulaciones de los pequeños idealistas, ellos no pretendían nunca encontrar en éstos el "núcleo racional".
Para destruir la argumentación sofística de los machistas, Lenin la concentra, sobre todo, en la expresión clásica, clara y fundamental, en la posición que el combate había alcanzado en Berkeley y Fichte. Esto no es un procedimiento polémico, sino el medio más seguro para poner al desnudo teóricamente lo esencial de una posición. De otro lado, cuando Lenin se encuentra ante el problema de una elaboración más profunda de la dialéctica materialista, él deja de lado a los machistas, estos contemporáneos teóricos de Berkeley, y vuelve al análisis crítico de la Ciencia de la lógica de Hegel como verdadera cumbre del pensamiento burgués en el dominio de la concepción de leyes universales de la naturaleza, de la sociedad y del pensamiento humano.
Así podemos resumir es en El Capital de Marx y en el análisis de su estructura lógica donde hace falta buscar el verdadero fundamento concreto del método que se eleva de lo abstracto a lo concreto como único método de desarrollo lógico científicamente concreto y correspondiente a la dialéctica objetiva.
El Capital realiza sistemáticamente la coincidencia de la lógica, de la teoría del conocimiento y de la dialéctica, que es el rasgo distintivo del método de investigación de Marx, y la coincidencia de la inducción, del análisis y de la síntesis que caracteriza al método qué se eleva de lo abstracto a lo concreto. Vamos a examinar la cuestión primero en su expresión económica concreta para pasar seguidamente a conclusiones de orden metodológico general.

Hagámonos la pregunta siguiente: ¿Es posible concebir teóricamente (reproducir en un concepto) la naturaleza objetiva de fenómenos como la plusvalía y el beneficio, si no se ha analizado anterior e independientemente la categoría del valor? ¿Se puede comprender la moneda si no se conocen las leyes a las cuales obedece el movimiento del simple mercado? Cualquiera que haya leído El Capital y conozca la problemática de la economía política sabe que hay aquí una tarea insoluble.


¿Se puede formar el concepto (la abstracción concreta) de capital por vía de generalización puramente inductiva de caracteres abstractos que se observa en todos los aspectos diversos del capital? ¿Esta abstracción será científicamente satisfactoria? ¿Expresa ella la estructura interna del capital en general en tanto que forma especifica de la realidad económica? Basta poner la pregunta así para que la respuesta sea necesariamente negativa. Una tal abstracción expresa naturalmente lo que hay de idéntico en el capital, industrial, bancario, comercial y usurario. Ella nos evita indiscutiblemente repeticiones. Pero aquí termina su valor de conocimiento real. Ella no expresa la esencia concreta de ninguna de estas formas de capital. Pero expresa también poco la esencia concreta de su ligazón recíproca y de su interacción. Es precisamente por esto por lo que ella se ha abstraído. Ahora bien, es la interacción concreta de fenómenos concretos lo que constituye, desde el punto de vista de la dialéctica, el objeto y el fin del pensamiento en conceptos. La significación de lo general es contradictoria, ha subrayado Lenin: hace de la realidad viva un cadáver, pero es, al mismo tiempo, el único grado posible para alcanzarla. Pero no es difícil comprender que, en el caso considerado, lo general no hace más que matar lo concreto, alejarse de él, al mismo tiempo un paso hacia ello. Lo general, se abstrae de lo concreto como de una cosa "que no es esencial".
Una tal abstracción no expresa, ciertamente, la naturaleza universal concreta del capital (de todo capital) industrial, bancario o comercial.
El Capital demuestra de la forma más evidente que la naturaleza económica concreta del capital comercial -en tanto que aspecto concreto de la totalidad capitalista y mercantil- no puede ser concebida en su principio y expresada por una abstracción teórica si el capital industrial no ha sido comprendido previamente en su estructura interna.
El examen del capital industrial en sus determinaciones inmanentes corresponde a la puesta en evidencia de la esencia del capital en general. Es igualmente cierto que el capital industrial no puede ser comprendido antes que el valor.
"Es fácil concebir el tipo de beneficio cuando se conocen las leyes de la plusvalía. Por la vía inversa, no se puede concebir ni lo uno ni lo otro." 15
Subrayamos que se trata de concebir (expresar en conceptos) ya que no se puede crear una abstracción del beneficio en general. En este caso basta reducir los fenómenos observados empíricamente a una expresión abstracta. Esta expresión. será totalmente suficiente para distinguir con seguridad los fenómenos de beneficio de otros fenómenos para "reconocer" el beneficio. Cualquier patrón lo sabe hacer, ya que sabe reconocer de maravilla el beneficio del salario, de la moneda, etc.
Pero no es por esto que el patrón comprende el beneficio. No tiene, por otra parte, .ninguna necesidad de ello. Él actúa en la práctica, como un partidario instintivo de la filosofía positiva y de la lógica empírica. Se limita a dar una expresión generalizada a los fenómenos importantes desde su punto de vista, del punto de vista de sus fines subjetivos, y esta expresión generalizada de los fenómenos le sirve perfectamente en la práctica del concepto, permitiéndole distinguir con seguridad el beneficio del no beneficio.
Y como un verdadero positivista, considera sinceramente como escolástica metafísica, aislada de la sabiduría de la vida, todos los discursos sobre la naturaleza interna del beneficio, sobre la esencia de este fenómeno querido a su corazón. "Cada uno puede utilizar la moneda como moneda, sin saber qué es la moneda.” 16
La inteligencia práctica y utilitaria es hostil y extraña a la comprensión, como subrayaba Marx a propósito de P. List en una nota del primer capítulo de la Contribución a la Crítica de la Economía Política.
Para un patrón es incluso nocivo reflexionar demasiado acerca de la naturaleza del beneficio. Mientras que él procura comprender, otros hombres de negocios más prudentes y prácticos se aprovechan de su parte del beneficio. Y un hombre de negocios no cambiará jamás un beneficio real por la comprensión de lo que realmente eso puede ser.
Pero en la conciencia, en el pensamiento, lo importante es justamente la comprensión, la concepción. La ciencia, es decir, el pensamiento en conceptos, comienza sólo dónde la conciencia deja de expresarse simplemente y de repetir las representaciones acerca de las cosas que le han sido suministradas espontáneamente, para esforzarse en analizar de forma orientada y critica, tanto las cosas como las representaciones que de ella tiene.
Comprender (concebir) un fenómeno significa aclarar su puesto y su papel en el interior del sistema concreto de fenómenos en interacción en el cual se realiza necesariamente, y aclarar justamente las particularidades gracias a las cuales este fenómeno no puede jugar más que este papel en el seno de un todo. Comprender un fenómeno significa aclarar su modo de aparición, la "regla" según la cual esta aparición se realiza con una necesidad oculta por un conjunto concreto de condiciones: significa analizar las condiciones mismas de aparición del fenómeno. Tal es la fórmula general de la formulación de un concepto, de la comprensión (concepción).
Comprender el beneficio es elucidar el carácter universal y necesario de su aparición y de su movimiento en el interior del sistema de la producción capitalista y mercantil: es aclarar su papel específico en el movimiento total de todo el sistema en su conjunto.
Por esto sólo se puede realizar un concepto concreto por intermedio de un sistema complejo de abstracciones que expresa un fenómeno por el conjunto de condiciones de su aparición.
La economía política como ciencia comienza históricamente sólo allí donde los fenómenos, repitiéndose muchas veces ("beneficio", "salario". "interés", etc.), no solamente están fijados con la ayuda de denominaciones universales comprendidas y admitidas (lo cual se produce con anterioridad a la ciencia y fuera de ella, en la conciencia de los que participan prácticamente en la producción), sino cuando son concebidas concretamente por el análisis de su puesto y de su papel en un sistema.
Así, comprender (expresar en un concepto) el beneficio es fundamentalmente imposible si la plusvalía y sus vías de aparición no han sido comprendidas previa e independientemente.
¿Por qué esto es imposible? Si respondemos a esta cuestión bajo una forma teórica general, demostraremos con ello la necesidad real del método que se eleva de lo abstracto a lo concreto y. su validez en todos los dominios del conocimiento.
Examinemos, pues, la historia de la economía política.

LA INDUCCIÓN DE ADAM SMITH Y LA DEDUCCIÓN DE RICARDO.



LOS PUNTOS DE VISTA DE LOCKE Y SPINOZA EN ECONOMÍA POLÍTICA
Las colisiones lógicas que han marcado el desarrollo de la economía política resultarán incomprensibles si no establecemos las ligazones reales entre ellas y la filosofía de su tiempo. Las categorías, con la ayuda de las cuales los economistas ingleses pensaban concientemente los hechos empíricos, tomaban sus raíces en los sistemas filosóficos de aquella época.
Un hecho característico que tuvo una profunda influencia sobre el pensamiento económico en Inglaterra, fue el clásico empirismo filosófico de John Locke, que fue uno de los primeros teóricos de la economía política.
"Los puntos de vista de Locke tienen una importancia muy grande, pues fue él quien dio una expresión clásica a las representaciones jurídicas de la sociedad burguesa en oposición a la sociedad feudal; además, su filosofía ha servido de base a todas las representaciones de la economía política inglesa ulterior. 17
Los puntos de vista de Locke fueron el eslabón intermedio entre el empirismo filosófico inglés (con todas sus debilidades) y la teoría naciente de la riqueza. Por intermedio de Locke, la economía política ha adoptado los principios metodológicos fundamentales del empirismo, en particular el método exclusivamente analítico e inductivo y el punto de vista de la "reducción" de los fenómenos complejos en sus componentes simples.
De todas formas, como en las ciencias naturales de la época, la práctica real del estudio de los fenómenos económicos difieren notablemente, incluso en Locke, de la teoría del conocimiento que podía recomendar y que recomendaba, en efecto, el empirismo consecuente. El procedimiento por el cual los economistas teóricos formaban, en efecto, en contra de sus ilusiones unilaterales las determinaciones teóricas de las cosas, no coincidían con la lógica empírica inductiva. Empleando concientemente un método unilateralmente analítico, los teóricos partían, sin darse claramente cuenta, de toda una serie de premisas teóricas que contradecían, en el fondo, los principios de su acercamiento estrechamente empírico a las cosas.
La lógica del empirismo puro era incapaz de elaborar tina vía teórica de los fenómenos de la realidad económica pues ésta presentaba tina confusión extremadamente compleja de formas capitalistas burguesas y feudales de propiedad.
En tales condiciones, la generalización directamente inductiva de los hechos empíricos no habría dado, en el mejor de los casos, más que una descripción correcta de los resultados de la interacción de dos principios de propiedad, no solamente diferentes, sino directamente opuestos. El método de Locke no hubiera permitido penetrar en la "fisiología” de la propiedad privada burguesa.
Se sabe que Locke mismo no se limitaba a generalizar lo que él veía, sino que se detenía activamente en los hechos empíricos, las cínicas formas y los momentos que correspondían. a su parecer, "a la naturaleza eterna" y verdadera del hombre.
En otros términos, la misma tarea de la distinción abstractamente analítica de los componentes elementales, la tarea de descomposición analítica de los hechos empíricos, suponía también aquí un criterio general determinado, conforme al cual ciertas formas de la economía serían distinguidas como "auténticas", como "correspondientes a la naturaleza del hombre", y las otras serían eliminadas como "inauténticas". Esta es la representación burguesa individualista de la "naturaleza del hombre" que servía de criterio a todos los teóricos burgueses. Locke fue uno de los fundadores de este punto de vista.
Claro está que este fundamento universal y original de la ciencia burguesa, desde el punto de vista del cual eran medidos todos los hechos empíricos, tan difícilmente podía haber sido obtenido por inducción empírica, como la noción del átomo, la propiedad capitalista burguesa de la época de Locke no era la forma de propiedad universal ni dominante. No era un hecho empírico universal y la representación del proceder de la economía política burguesa no podía formarse de ella misma por generalización inductiva de todos los casos y de todas las formas de propiedad "sin excepción".
Consideraciones diferentes a las puramente lógicas tuvieron parte real en la formación de ese fundamento universal. Aún más, la razón social espontánea se reveló más fuerte que los cánones de la lógica racional.
Dicho de otra forma, la economía política se encontraba desde su nacimiento ante el mismo problema lógico que Newton en su dominio: para hacer; aunque sea una sola generalización inductiva; el economista debía poseer (aunque sea inexpresada) una concepción cualquiera de la verdadera naturaleza universal (de la sustancia) de los fenómenos considerados. Lo mismo que Newton puso como base de todas sus inducciones la noción de que las formas geométricas determinantes de los hechos son las únicas objetivas, los economistas han supuesto tácitamente que sólo las formas económicas que corresponden a los principios de la propiedad burguesa son las formas auténticas.
Todas las otras formas de relaciones económicas han sido tácitamente eliminadas como fruto de ilusiones subjetivas de los hombres, como formas que no corresponden a la naturaleza auténtica natural y por eso objetiva del hombre. Sólo entraron en la teoría de las determinaciones de los hechos que emanaban directamente, que se "deducían" de la naturaleza "eterna y natural" del hombre, o sea, de la naturaleza especifica de la propiedad privada del burgués.
Todos los teóricos de la economía política burguesa debían, pues, partir, y partían realmente de un principio fundamental universal plenamente determinado y de una representación clara de la sustancia, de la naturaleza general objetiva, de los casos particulares y de las formas de la economía.
Igual que en las ciencias naturales, esta concepción de la sustancia no podía ser obtenida aquí por vía de inducción empírica. Pero la teoría del conocimiento de Locke guardaba precisamente silencio sobre este punto decisivo: la cuestión de las vías del conocimiento de la sustancia y de la formación del principio fundamental universal de arranque de la ciencia. Este principio fundamental, esta concepción de la sustancia de la riqueza, los economistas (y el propio Locke) tuvieron que elaborar de forma espontánea, sin tener una concepción clara sobre la forma en que ellos la obtenían.
Pero, de una forma u otra, la economía política inglesa (y, en la persona de W. Petty) ha resuelto esta dificultad al descubrir esta sustancia universal de los fenómenos económicos, esta sustancia de la riqueza, en el trabajo que produce las mercancías, en el trabajo que es realizado con el fin de alienar su producto en el mercado libre.
En la medida en que los economistas partían realmente de esta concepción más n menos claramente conciente, sus generalizaciones revestían un carácter teórico y se distinguían de las generalizaciones empíricas a las cuales podía entregarse cualquier mercader, usurero o pequeño comerciante. Pero esto significa que el acercamiento teórico a las cosas coincidían con la aspiración de comprender las diferentes formas particulares de riqueza como las modificaciones de tina sola y misma sustancia universal.
Mas el hecho de que la economía política clásica se adhiere a la filosofía de Locke, se manifestó en seguida bajo una forma muy demostrativa. Ello conducía a que el estudio propiamente teórico de los hechos estuviese constantemente entremezclado con simples reproducciones acríticas de representaciones empíricas.
Esto se ve particularmente claro en los trabajos de Adam Smith. El primer economista que ha expresado nitidamente la noción de trabajo como sustancia universal de todos los fenómenos económicos, desarrolla una teoría en la cual el examen propiamente teórico de los hechos este constantemente mezclado con la menos teórica de las descripciones de los datos empiricos, desde el punto de vista de un hombre arrastrado a la fuerza en el proceso de producción y de acumulación del valor.

“Smith mismo se mueve con una gran sencillez en una contradicción constante. De una parte, sigue la ligazón interna de las categorías económicas y la estructura encubierta del sistema económico burgués. De otra, yuxtapone a esto la ligazón tal como se da de forma visible en los fenómenos de la concurrencia y tal como se presenta a un observador extraño a la ciencia e igualmente a un hombre que es arrastrado prácticamente en el proceso de la producción burguesa e interesado prácticamente en ella. Estas dos formas de comprender de las cuales una penetra la ligazón Interna del sistema burgués por así decir su fisiología mientras que la otra sólo hace describir, catalogar, contar y llevar a las determinaciones esquemáticas de los conceptos lo que se manifiesta exteriormente en el proceso vital, y eso bajo la forma en la cual ella se manifiesta y sale al exterior, estas dos formas dé comprender no solamente coexisten tranquilamente en Smith, sino que se enredan la una con la otra y se contradicen recíprocamente sin cesar.18



Naturalmente Smith no observaba esta contradicción entre las dos formas de reflejar la realidad de las abstracciones. No es difícil por eso reconocer en él un hombre que se representa el proceso del conocimiento a la manera de Locke. La teoría del conocimiento de este último ignoraba justamente la diferencia entre la abstracción teórica (el concepto) y la abstracción empírica simple, la expresión simple en el lenguaje de semejanzas y diferencias constatadas por los sentidos.
Ricardo dio un paso adelante decisivo con respecto a Aclaro Smith. FI sentido filosófico e histórico de este paso reside, sobre todo, en que distingue por primera vez, conciente y consecuentemente, el examen propiamente teórico de los datos empíricos y la mera descripción del simple catálogo de los fenómenos bajo la forma en la cual son directamente dados a la intuición y ala representación.
Ricardo comprendía perfectamente que la ciencia tiene que trabajar con los mismos hechos empíricos que la intuición y la representación simples, pero en la ciencia los hechos deben ser examinados desde un punto de vista más elevado desde el punto de vista de su vinculo interno. Smith no lo hacia de forma rigurosa y consecuente. Pero Ricardo lo exigía inflexiblemente.
Los puntos de vista de Ricardo sobre la naturaleza ele la investigación científica recuerdan mucho más el método de Spinoza que el de Locke: también él adopta el punto de vista de la sustancia. Cada formación económica, cada forma de riqueza, debe ser no solamente descrita, sino comprendida en tanto que modificación de una sola y misma sustancia universal.
A este respecto, también Spinoza y Ricardo tienen razón ante Smith y Locke. Marx ha expresado un juicio claro y categórico sobre el papel de Ricardo en el desarrollo de la teoría de la ecomomía política.
"Ricardo aparece y grita a la ciencia: ¡Párate! La base, el punto de partida de la fisiología del sistema burgués, -para comprender su vínculo orgánico interno y su proceso vital- es la definición del valor por el tiempo de trabajo. Es de aquí de donde parte Ricardo, y después obliga a la ciencia a dejar su vieja rutina y a darse cuenta de la medida en la cual las otras categorías que desarrolla y propone -las relaciones de producción y de cambio- corresponden o contradicen esta base, ese punto de partida: en general la medida en la cual la ciencia reflejando y reproduciendo la forma exterior de la manifestación de un proceso, y, puesto que esas manifestaciones mismas corresponden a la base sobre la cual reposa la ligazón interna, la filosofía real de la sociedad burguesa que forma el punto de partida de la ciencia: al darse cuenta de la forma en que se presenta, en general esta contradicción entre el movimiento aparente del sistema y su movimiento real. Es aquí donde reside la gran importancia histórica de Ricardo para la ciencia.” 19
En otros términos, el punto de vista de Ricardo no consistía en reducir los fenómenos complejos a la serie de sus componentes simples, sino deducir todos los fenómenos complejos de una sola sustancia simple.
Esta ha obligado a Ricardo a renunciar concientemente al método de formación de las abstracciones teóricas que la lógica de Locke recomendaba a la ciencia. La inducción empírica no cortespondia a la teoría que se presentaba a Ricardo, tenia que deducir las determinaciones teóricas de un principio estrictamente pensado: de la concepción de la naturaleza-trabajo del valor.
Si Adam Stnith, en la medida en que él daba realmente alguna cosa más que la simple descripción de los hechos, entraba cada vez en contradicción inconsciente y espontánea con sus propias posiciones filosóficas tomadas de Locke, y si no hacía completamente e incluso en absoluto lo que pensaba, Ricardo comprendió con plena conciencia la vía de la deducción teórica de las categorías.
El carácter estrictamente deductivo de su pensamiento se convirtió desde hace mucho tiempo en proverbio de la economía política. Marx supo apreciar correctamente el sentido de esta deducción: demostró que reside en la expresión lógica natural lo que hace el mérito decisivo del acercamiento teórico de Ricardo: su esfuerzo por comprender todas las formas de la riqueza burguesa, sin excepción, como productos más o menos complejos y alejados del trabajo productor de mercancías y de valor, y todas las categorías de la economía política como modificaciones de la categoría del valor. Se distingue de Smith por su esfuerzo por examinar los hechos empíricos siempre desde el mismo punto de vista, estrictamente fijado en las definiciones del concepto de partida, a saber, del punto de vista de la teoría del valor-trabajo.
Este punto de vista existe igualmente en Smith: por eso es un teórico. Pero no es en él, el único punto de vista, y en este asunto Ricardo se opone resueltamente a Srnith. En Smith el examen teórico de los hechos (es decir, su análisis desde el punto de vista del valor trabajo) cede en cada momento el puesto a la descripción empírica.
Ricardo ha sentido espontáneamente lo que podían ser los enfoques justos sobre el análisis teórico de los hechos. De ahí su tendencia al examen estrictamente deductivo de los hechos y de las categorías.
Esta concepción de la deducción no lleva aún nada de metafísico, ni de idealista, ni de lógica formal. Ella equivale a rechazar el eclectisismo en la consideración de los hechos. Esto significa que una vez establecida la concepción de la naturaleza universal de todos los fenómenos particulares y únicos debe permanecer constante a lo largo de la investigación y suministrar el hilo director para la comprensión de todo fenómeno particular. En otros terminos, en esta concepción (¡pero sólo en esta concepción!) la deducción es el sinónimo de un acercamiento realmente teórico de hechos empíricos.
Se sabe que es precisamente la renuncia a las tentativas de desarrollar todo el sistema de categorías económicas a partir de un principio establecido (a partir de la teoría del valor-trabajo) el primer signo formal de la descomposición de la escuela de Ricardo en economía política. Es, sobre todo, contra la manera deductiva de su maestro que se levantaron los representantes de la "economía vulgar” y, aún más, esta "ensalada de compilación sin sistema" que Marx pisotea desdeñosamente como "la forma universitaria de descomposición de la teoría”. No podían admitir lo que había sido la superioridad decisiva de Ricardo como teórico, su esfuerzo por comprender cada categoría como una forma transformada del valor, como una modificación compleja del trabajo creador de mercancías.
El principio de la forma "vulgar” y "universitaria” de teorización consistía en lo siguiente: si no se consigue deducir la comprensión de los fenómenos reales de una base única común a todos (en el caso considerado, de la teoría del valor-trabajo) sin chocar en seguida con una contradicción, entonces no hace falta intentar hacerlo, es necesario introducir otro principio de explicación, otro "punto de vista". ¿Y si eso no resulta? Entonces hace falta introducir un segundo, un tercer principio, tener en cuenta esto y aquello, y un quinto o un décimo principio. "No se trata de contradicción, sino de plenitud."
¿El valor comercial real (el precio) de una mercancía producida de forma capitalista no se explica por la cantidad de tiempo de trabajo necesario empleado para su producción? [ejemplo] Entonces, no es menester obstinarse y ver las cosas de una manera unilateral. ¿Por qué no admitir que el valor proviene no solamente de una sola fuente universal, como lo suponía Ricardo, sino de un gran número de fuentes diversas? ¿El trabajo? Si, el trabajo entre otros: pero no solamente el trabajo; no hay que subestimar el papel del capital y el de la fecundidad natural del suelo: hay que tomar también en consideración los caprichos de la moda, los azares de la demanda, la influencia de las estaciones. (las botas de fieltro cuestan más caras en invierno que en verano) y muchas otras cosas, hasta la influencia sobre la coyuntura de las modificaciones periódicas de las manchas del sol. Marx no ha tratado ninguna manera de teorizar con mayor desprecio que a las seudoteorias "vulgares" y "universitarias". Esta forma ecléctica de explicar un fenómeno complejo por una multitud de factores y de principios cuando no hay entre ellos ningún lazo interna representa, según la justa expresión de Marx, la verdadera tumba de la ciencia.” Aquí ya no hay nada de teoría, de ciencia, de pensamientos por conceptos. No hay nada más que la traducción en el lenguaje doctrinario de la terminología económica de concepciones superficiales, corrientes y su sistematización.
Keynes, que es considerado como el genio y el clásico de toda ciencia oficial contemporánea del mundo capitalista., no se permite nunca hablar de "valor". A su entender, es un mito, una palabra vacia. El sólo admite como "realidad" el precio de mercado. Este es determinado por el concurso de las circunstancias y los factores más diversos entre los cuales el trabajo juega un papel de décimo orden. La tasa del interés depende enteramente de las emociones de los poseedores del capital: es un hecho puramente psicológico. Pero esto no le basta a Keynes: "Seria, puede ser, aún más exacto llamar a la tasa del interés no un fenómeno psicológico en el más alto grado, sino un fenómeno convencional en el más alto grado” 20 La crisis de superproducción "es la simple consecuencia de la destrucción del equilibrio delicado del optimismo espontáneo. Para juzgar las perspectivas de las inversiones, debernos tener en consideración los nervios, la tendencia a la histeria e incluso los trastornos gástricos y la reacción a los cambios de tiempo de aquello de cuya actividad espontánea ellos dependen esencialmente"21
Naturalmente, aquí ya no es cuestión ni de teoría ni de ciencia. Si la "economía vulgar" se ocupaba, sobre todo, de traducir las concepciones superficiales corrientes en lenguaje doctrinario, estimando que ella elaboraba con esto los "conceptos" la ciencia burguesa contemporánea, toma por "conceptos" las emociones irracionales del capitalismo y su expresión escolástica.
Marx ha mostrado claramente que después de Ricardo, que fue su cumbre, el pensamiento burgués en economía política ha entrado en su fase de degradación. Esta degradación se esconde bajo grandes frases, llamando a "un estudio lucido inductivo y empírico" de los hechos. Oponiendo su "inducción" al "método deductivo de Ricardo, los representantes de la descomposición de la economía política burguesa se pronuncian simplemente por el eclecticismo contra la teoría.
Ellos no admiten los esfuerzos del teórico para comprender todas las categorías sin excepción desde el punto de vista de la teoría del valor-trabajo, pues han podido convencerse de que este punto de vista conduce inevitablemente a comprender él sistema de la economía burguesa como un sistema de antagonismo de contradicciones insolubles. El motor de esta actitud hacia Ricardo es simplemente una actitud de apología de la realidad.
Ricardo no niega el momento empírico en la investigación. Considera, al contrario, que una comprensión auténtica de los hechos empíricos dados y un empirismo auténtico (y no ecléctico) no pueden ser realizados más que si no se considera los hechas empíricos desde el punto de vista del azar, sino desde un punto de vista que posee, en si mismo, un fundamento teórico.
Asi, obedeciendo espontáneamente a la lógica de las cosas. Ricardo llega a un punto de partida teórico que Marx debía posteriormente admitir de forma enteramente conciente. Pero el hecho de que Ricardo llegue a este punto de vista de forma puramente espontánea, sin darse claramente cuenta de la dialéctica "de lo general, de lo particular y de lo singular" con lo cual se ha enfrentado, no deja de tener consecuencias.
Las concepciones filosóficas consientes de que disponía acerca de las relaciones entre la deducción y la inducción. lo general y lo particular, la esencia y el fenómeno, etc., no estaban separadas del proceso real del conocimiento. Actuaban sobre la marcha de su investigación de una manera notable y sobre ciertos puntos predeterminaban directamente el fallo de sus investigaciones.
Lo que Ricardo hacia, no era en absoluto la deducción en el sentido en que lo entendía la lógica metafísica de su época, es decir, una deducción especulativa de los conceptos. Era sobre todo, entre sus manos, un método de expresión teórica de los hechos y de los fenómenos empíricos en si, unidad interna. En tanto que tal, este método incluye la inducción empírica. Pero el hecho de que esta coincidencia de la deducción y de la inducción es puramente espontánea no deja de tener efecto. En los casos en los que se da cuenta del método con el cual estudia los hechos se ve obligado a recurrir a la concepción contemporánea de la deducción y de la inducción, la relación de lo general a lo particular, de la ley a sus formas de manifestación, etc. Y la concepción metafísica de las categorías de la lógica y de las vías de reproducción de la realidad en el pensamiento le desorienta en seguida.
Vamos a mostrarlo en el análisis de la marcha del pensamiento de Ricardo. He aquí su método. Parte de la definición del valor por la cantidad de tiempo de trabajo como base fundamental general de todo el sistema. Pero después intenta aplicar directamente esta base fundamental a cada una de las categorías particulares para verificar si ellas están de acuerdo o no.
Se fuerza siempre por mostrar la concordancia directa de las categorías económicas con la ley del valor. Piensa que la definición general puesta por él en la base de la deducción era un concepto genérico inmediato, es decir, un concepto general abstracto que incluye los caracteres directamente comunes a todos los fenómenos abarcados por él, y nada más. Las relaciones del concepto de valor con los conceptos de moneda, de beneficio, de renta, de salario, de interés, etc., le parecen ser relaciones genéricas entre conceptos. Según esta concepción, que se basa en una comprensión metafísica de las relaciones entre lo general, lo particular y lo singular, únicamente los caracteres comunes tanto a la moneda como al beneficio, a la renta y a todas las otras categorías pueden formar parte de la definición del concepto de valor. En el espíritu de la misma concepción, estima que una categoría particular no es agotada por los caracteres expresados en las determinaciones del concepto general y que cada categoría particular posee además, sus determinaciones generales de caracteres complementarios específicos que expresan justamente, la particularidad de cada categoría particular.
Por consiguiente, llevar cada categoría a un principio general, a la determinación de un concepto general (en el caso presente, el valor) sólo es la mitad del asunto. Esta operación permite considerar en una categoría particular solamente lo que está ya expresado bajo forma de determinación del concepto general. Pero queda por aclarar que determinaciones contiene aún y qué expresan no lo general, no lo idéntico, sino justamente, lo distinto.
Aplicada a la categoría de la economía política, esta concepción lógica se presenta así. La moneda por ejemplo, como todas las otras categorías, es una forma particular del valor. Por consiguiente, ella (es decir, el dinero real) está sometida en su movimiento, sobre todo, a la ley del valor. Por consiguiente, la teoría del valor-trabajo es inmediatamente aplicable a la moneda; dicho de otra forma, en la determinación teórica de la moneda debe entrar, ante todo, las determinaciones contenidas en el concepto de valor. Así se deduce la primera determinación de la moneda.
Pero está perfectamente claro que la naturaleza concreta de la moneda no se agota con esto. Seguidamente viene la tarea de comprender lo que es la moneda precisamente en tanto que moneda. Lo que es, además del hecho de ser valor, como todo el resto, de comprender por qué ella es moneda y no simplemente valor.
En este punto de la investigación cesa toda deducción. La deducción nos ha permitido ver en la moneda más que las determinaciones teóricas; de su naturaleza, que fueron incluidas ya anteriormente en el concepto de valor. ¿Y ahora? ¿Cómo descubrir en los fenómenos empíricos reales de la circulación monetaria las propiedades de la moneda, tan necesarias como las que han sido deducidas del concepto de valor? ¿Cómo leer en le moneda real las características que le pertenecen con la misma necesidad que todas las determinaciones generales del valor, pero que constituyen, al mismo tiempo lo que distingue a la moneda de todas las otras formas de existencia del valor?
En este punto la deducción resulta imposible. Hace falta recurrir a la inducción, que tiene como meta librarse de las determinaciones que son igualmente comunes a todos los casos, sin excepción, del movimiento de la moneda, es decir, los caracteres generales específicos de la moneda.
Ricardo se veía obligado a actuar así. Sacaba las nuevas determinaciones teóricas, de la forma monetaria por vía de inducción empírica, inmediata, distinguiendo lo que tienen abstractamente en común todos los fenómenos de circulación monetaria sin excepción. Generalizaba directamente los fenómenos del mercado del dinero, en el interior del cual circulan simultáneamente las diversas formas de moneda: piezas metálicas, lingotes de oro, billetes, etc. Busca lo que la moneda metálica tiene de común con los billetes de papel, los lingotes de oro o de plata, las obligaciones bancarias, los giros, etc. Es aquí donde reside, la debilidad fatal de su teoría de la moneda.
En esta vía, Ricardo confunde la determinación teórica de la moneda, como moneda, con aquellas de sus propiedades que ella debe, de hecho, al capital, que efectúa a través de ella su movimiento específico, que no tiene nada de común con el fenómeno de circulación monetaria como tal. El resultado es que toma por leyes del movimiento de la moneda las de la circulación del capital bancario, y viceversa, que reduce las leyes del capital bancario a las de la simple circulación de la moneda metálica. En cuanto a la moneda como fenómeno económico particular, queda incomprendida teóricamente, o, más exactamente, falsamente comprendida.
Ricardo sentía, él mismo, que este método no era satisfactorio. Comprendía que la inducción puramente empírica a la que estaba recurriendo en este caso no daba y no podía dar, por su esencia misma, las conclusiones necesarias acerca de la naturaleza de la moneda. Esta conciencia no venia de consideraciones puramente lógicas. Ricardo está en constante polémica con los directores de la banca, con los financieros, que, a su modo de entender tratan la moneda en contra de su naturaleza. Ve en esto la causa de todas las colisiones y de todos los disturbios desagradables de la circulación monetaria. Es esto lo que le empuja a aclarar la verdadera naturaleza de la moneda, y no razones lógicas o filosóficas.
El panorama dado empíricamente de la circulación monetaria no ofrece, a primera vista, la verdadera naturaleza de la moneda, sino exactamente lo inverso: una forma de servirse de ella que uno corresponde a su naturaleza. De tal forma que la inducción puramente empírica, como Ricardo lo comprendía perfectamente, procura, en el mejor de los casos, una expresión generalizada de un movimiento inauténtico de la moneda y jamás el de un movimiento de dinero que corresponde a su ley de existencia.
En otros términos, quería encontrar la expresión teórica de un movimiento de la moneda (oro, piezas, billetes, obligaciones, etc.) que responde directamente a las exigencias de la ley general del valor y no dependen (como eso se produce en la realidad empírica) de la arbitrariedad, de la avidez y de los caprichos de los dirigentes de los bancos. Su investigación de la verdadera naturaleza de la moneda tiene como fin obtener que el que maneja las finanzas no actúe como lo hacía hasta entonces, sino conforme a las exigencias que derivan de la naturaleza de la moneda.
Se esfuerza en resolver este problema deduciendo las determinaciones teóricas de la moneda de la ley del valor, esta deducción es la única que puede poner de manifiesto las notas necesarias contenidas en la naturaleza misma de la moneda. Pero ya no consigue deducir los rasgos distintivos específicos de la moneda cono tales, no contenidos en las determinaciones teóricas de la ley general del valor, sino que constituyen la particularidad de la moneda como forma particular del valor. Ningún artificio puede extraer los rasgos específicos de la moneda de las determinaciones del valor. Se quiera o no, hace falta obtenerlos no por deducción de un principio teórico general, sino por introducción puramente empírica, por abstracción de lo que es común a todas las formas de la circulación monetaria sin excluir ni la moneda metálica, ni los papeles de valor, ni los billetes de los bancos de Estado, etc.
Por esto, la concepción de la moneda ha quedado como uno de los puntos más débiles de la escuela ricardiana.
La deducción de Ricardo resulta en realidad puramente formal; no permite desprender en un fenómeno más que lo que ya estaba contenido en los determinaciones del concepto general, y la inducción es puramente empírica, puramente formal y no teórica la inducción formal no permite abstraer de un fenómeno aquellos de sus rasgos que le pertenecen necesariamente, que son atributos de la naturaleza del fenómeno y no han a parecido en él bajo la acción de circunstancias exteriores no relacionadas a su naturaleza.

El carácter formal de la deducción se manifestó aún más en Ricardo cuando intentó reducir fenómenos como el beneficio y la plusvalía a la ley del valor. Ricardo tropezó aquí con el hecho paradójico de que el beneficio puede, por una parte, ser reducido a la categoría de valor, mientras que, por otra, conserva, más allá de las determinaciones generales puestas en evidencia, algo que si se intenta expresar por medio de la misma categoría del valor, se pone inmediatamente a contradecir la ley general.


Ocurre algo similar con lo que se produce cuando se hace entrar a un llamado Caius en el campo de acción de la proposición: "todos los hombres son mortales''. Advertimos que, por una parte, él entra en ella: pero, por otra parte, su particularidad individual consiste justamente en esto, sólo en esto: que ese Caius...es inmortal.
Ricardo creyó en una situación absurda cuando intentó deducir las determinaciones teóricas del beneficio partiendo de la ley del valor y de relacionar directamente el beneficio con la ley del valor. Es cierto que Ricardo no notó esta contradicción, aunque él mismo la puso en evidencia. Pero los enemigos de la teoría del valor-trabajo, en particular Malthus, lo vieron en seguida.
Se sabe cuántos esfuerzos hicieron los partidarios de Ricardo para demostrar lo indemostrable, es decir, que esta contradicción en su sistema no existe, y que si existe no es mas que por falta de rigor en las expresiones del maestro, de la insuficiente elaboración de su terminología, etc.: por eso puede y debe ser eliminada por medios puramente formales, cambiando denominaciones, precisando definiciones, expresiones, etc.
Pero son justamente esas tentativas las que han iniciado el proceso de descomposición de la escuela de Ricardo, es decir, la renuncia, de hecho, a los principios de la teoría del valor-trabajo, encubierta por un acuerdo formal con ellos. Es precisamente porque la contradicción lógica entre la ley general del valor y la ley de la tasa media del beneficio que manifiesta la teoría de Ricardo es una contradicción enteramente real que todas las tentativas para presentarla como inexistente o como producto de la inexactitud de ciertas expresiones o definiciones no pueden conducir más que a renunciar, de hecho, a la esencia misma de la teoría y a su fundamento racional.
El primer indicio, y el fundamental, de la descomposición de la escuela de Ricardo es el abandono, de hecho, del esfuerzo para desarrollar todos los sistemas de categorías económicas a partir de un principio universal, la definición del trabajo creador de mercancias como sustancia y fuente real de todas las otras formas de riqueza.
El desarrollo de la teoría después de Ricardo ha conducido simultánea y directamente a la necesidad de aclarar la dialéctica de las relaciones de un ley general con las formas desarrolladas de su realización en particular. Por su evolución, la teoría de Ricardo ha conducido al problema de la contradicción en la esencia misma de las determinaciones del objeto de la investigación teórica. Ni Ricardo ni sus sucesores ortodoxos consiguieron resolver las dificultades que la dialéctica de la realidad descubre al pensamiento. Al quedar, en el fondo metafísico, su pensamiento no podía expresar la dialéctica en los conceptos sin renunciar a sus concepciones lógicas fundamentales, en particular a la concepción metafísica del problema de las relaciones de lo abstracto y de lo concreto, de lo general y de lo particular, en lo único.
Como no sabe ni quiere expresar concientemente en los conceptos la dialéctica contradictoria de las cosas, su pensamiento cae en contradicciones lógicas: rechazarlas del pensamiento, interpretarlas como resultado de inexactitudes de expresión, como un mal puramente subjetivo.
A pesar de su aproximación espontánea justa a los hechos y de su proceso de expresión teórica, Ricardo se quedó, concientemente, en las posiciones del modo de pensar metafísico. La deducción quedó en él como antes: un procedimiento de desarrollo de los conceptos que permite no considerar en un fenómeno particular mas que lo que ya había en la premisa mayor, en un concepto general de partida y en sus determinaciones; por ello mismo la inducción conservaba un carácter exclusivamente empírico. No permitía poner en evidencia los rasgos de los fenómenos que le pertenecen necesariamente y formar una abstracción teórica que expresa los fenómenos en su forma pura y en su contenido inmanente.
La deducción y la inducción, el análisis y la síntesis, el concepto general y el concepto que expresa una particularidad de un fenómeno, todas estas características quedaron en Ricardo como contrarias metafísicas que él nunca logró ligar las unas a las otras.
La deducción siempre estuvo en él en contradicción con la generalización inductiva de los hechos; nunca pudo reunir las abstracciones analíticas en sistema, es decir, hacer la síntesis, sin pensar con una contradicción lógica; un concepto general (el valor) se encontró en su sistema en relación de contradicción absoluta con un concepto particular (el beneficio), y así, sucesivamente. Todos estos fallos han conducido, bajo los golpes del enemigo, a la descomposición de la teoría del valor-trabajo y a una complicación sin sistema que sólo puede vanagloriarse de su plenitud empírica, pero queda totalmente desprovista de concepción teórica de lo concreto real.

La filosofía y la lógica de la época de Ricardo no le daban y no le podían dar ninguna indicación correcta sobre la forma de liberarse de estas dificultades. Para ello era necesaria una dialéctica conciente que combinara una actitud, crítica revolucionaria con respecto a la realidad a un método de pensamiento que no temiera la contradicción de las definiciones de las cosas y que fuera ajena a toda apologética del estado de cosas existente. Todos los problemas convergían en uno; la necesidad de concebir el sistema de producción capitalista y mercantil como un sistema histórico concreto, que ha nacido, se desarrolla y va continuamente hacia su pérdida.


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