De lo abstracto a lo concreto



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LA CONCEPCIÓN HEGELIANA DE LO CONCRETO
Hegel fue el primero en concebir el desarrollo del conocimiento como un proceso histórico sometido a leyes independientes de la voluntad y de la conciencia de los hombres. El descubrió la ley de la elevación de lo abstracto a lo concreto, ley que dirige todo el curso del desarrollo de las conciencias.
Descubre primero esta ley en calidad de simple constatación empírica: la cultura espiritual de la humanidad se desarrolla gradualmente. Es indiscutible que el mundo espiritual del hombre se enriquece progresivamente, que se vuelve más complejo y más multiforme, y en este sentido más completo. Pero a pesar de toda su complejidad, este mundo sigue único, dirigido por las mismas leyes y representa, pues, una verdadera unidad en la diversidad. El movimiento de lo abstracto a lo concreto aparece, sobre todo en Hegel, como la forma empírica indiscutible en la cual se realiza el proceso de edificación del "reino del espíritu". Al principio es un reino de forma simple y pobre; es decir, que es muy abstracto: conforme pasa el tiempo se complica, se enriquece y se diversifica; se vuelve más completo.
No hay aquí todavía nada de dialéctico ni de idealista.
El idealismo y, al mismo tiempo, la dialéctica especifica de Hegel comienzan después, cuando Hegel plantea la cuestión de los resortes motores del desarrollo del reino del espíritu.
Para Hegel, la naturaleza que existe fuera del espíritu no se desarrolla. Ella se opone a la conciencia como un cuadro eternamente parecido a sí mismo y estancado en el tiempo. Es en la consideración activa de este cuadro inmóvil, de este reino, donde las cosas guardan eternamente las mismas relaciones entre si, que la conciencia realiza su naturaleza activa. La toma de conciencia como tal, comprende en si misma al resorte de su propio desarrollo.
El espíritu se manifiesta como lo único concreto, es decir, como el único sistema de fenómenos actuando los unos sobre los otros y transformándose los unos en los otros para desarrollarse y continuar desarrollándose. En cuanto a la naturaleza, es totalmente abstracta y metafísica por su propia esencia: todos sus fenómenos están dispuestos los unos junto a los otros, distintos los unos de los otros, "exteriores" los unos a los otros. Según la expresión de Hegel, ella se descompone en sus momentos abstractos en cosas, objetos y procedimientos distintos e independientes los unos a los otros. En el mejor de los casos, la verdadera dialéctica no hace más que reflejarse, aparecer confusamente en la naturaleza.
El filósofo atribuye a la naturaleza misma la limitación metafísica de los conocimientos de su época sobre la naturaleza. Pero allí donde las ciencias de la naturaleza habían empezado a distinguir la dialéctica de las cosas en sí, él vio igualmente alusiones a un carácter concreto real y a una interacción dialéctica viva de los fenómenos. Es así como ve una forma imperfecta de lo concreto en la vida orgánica. Descubre una interacción viva, que une a todos los miembros de un organismo vivo en un sistema único, en el interior del cual cada miembro no tiene sentido ni existencia mas que gracias a su interacción con los otros. Una mano cortada se descompone y deja de tener incluso la forma exterior de una mano. Ella no puede existir separadamente, abstractamente. Hegel ve aquí un débil parecido con el carácter concreto de lo que él considera un rasgo exclusivo del mundo del espíritu. Pero en el reino de la química, las interacciones son aún más débiles, aunque presente todavía a titulo de alusiones. El oxígeno, por ejemplo, puede existir al lado del hidrógeno sin estar forzosamente ligado a él en forma de agua. Pero en un organismo, las relaciones de este tipo son imposibles; la mano no puede existir separada de la cabeza; las dos sólo existen en su interacción. Una partícula que no posee más que propiedades mecánicas, sigue idéntica a ella misma cualquiera que sea la ligazón que la une con otras partículas idénticas. Privada de esta ligazón, es decir, abstracta, sigue siendo siempre la misma y no se pudre, como lo hace una mano [amputada] ligada al cuerpo.
El sistema hegeliano de la naturaleza es un sistema de grados, empezando por la esfera abstracta de la mecánica para llegar hasta la esfera relativamente concreta de la vida orgánica. La pirámide está coronada por el espíritu, en el que todo el significado se halla justamente contenido en su carácter concreto, en el inter-condicionamiento mutuo absoluto de todas sus manifestaciones.
¿En qué reside la falsedad de esta construcción?
Ante todo, en que recoge las representaciones históricamente limitadas de las ciencias naturales de su tiempo, que no contienen todavía, efectivamente, una dialéctica conciente para los caracteres absolutos de la naturaleza humana. El hecho de que la naturaleza en su totalidad es efectivamente un sistema único en el desarrollo de formas de movimiento de la materia condicionándose unas a otras; el hecho de que la naturaleza en su conjunto, el hombre incluido, es un concreto objetivo, este hecho es mixtificado por Hegel en su sistema, en el cual lo abstracto, es decir: el mecanismo, es el descubrimiento de lo concreto espiritual.

No admite concreto inmanente, es decir, condicionamiento reciproco de los fenómenos en el interior de una totalidad natural, a ninguna otra forma de movimiento que a la de la razón pensante


Hegel considera de la misma forma la esfera de la vida económica de la sociedad. Es, para él, la esfera de la necesidad y de la razón", donde individuos particulares, separados los unos de los otros, se encuentran en interacción, cada uno no entrando en ligazón con los otros más que porque debe mantenerse justamente como único, como individuo absoluto, como átomo social particular.
Aquí también es fácil subrayar que Hegel toma la limitación metafísica de la economía política de su tiempo (él conocía perfectamente los teóricos ingleses) por un rasgo de la esfera económica misma. La razón, es decir, en la terminología hegeliana: la forma abstracta de la conciencia, reina y gobierna en la esfera de la sociedad civil.
En esta esfera, los contrarios siguen, no mediatizados, inconciliables: chocan y se repelen los unos a los otros. Esta es la razón por la cual un desarrollo real es imposible. Una misma relación se reproduce eternamente: la de las necesidades a su modo de satisfacción. Por eso la única forma posible de paso a lo superior, en el seno del cual todos los extremos abstractos de la esfera económica hallan su solución, es el paso a la realidad jurídica. El derecho es ese concreto supremo que se manifiesta en la esfera de la vida económica descompuesta en sus momentos abstractos.
Aquí vemos cómo la lógica de Hegel y su concepción dialéctica, pero al mismo tiempo esencialmente idealista, de lo concreto y de lo abstracto sirve a la apología del estado de cosas existentes.
Cabe examinar de más cerca la aproximación hegeliana de la economía política. Por otra parte, es aquí -y precisamente en la manera de comprender lo concreto- donde aparece con claridad la oposición entre la dialéctica idealista de Hegel y la dialéctica materialista de Marx; por otra parte, un segundo hecho aparece no menos claramente: la dialéctica idealista aporta una justificación al carácter metafísico del pensamiento de los clásicos de la economía burguesa (Smith, Ricardo, etc.), y esto porque niega el carácter auténticamente dialéctico del objeto mismo de la economía política haciendo de él una esfera donde las definiciones abstractamente racionales corresponden enteramente al carácter del objeto.
Un hecho salta a la vista desde el principio: para esta interpretación, la esfera de la vida económica no es concreta; no es un sistema de interacciones entre los hombres y las cosas en un desarrollo histórico que pueda ser comprendido como una estera efectivamente concreta. La economía no es más que una de las numerosas manifestaciones del espíritu concreto", es decir, una manifestación abstracta de una naturaleza del hombre más elevada. Esta naturaleza "más elevada” de la cual uno de sus aspectos aparece bajo la forma de la actividad económica, no es más que la voluntad obrando según un fin, sustancia del derecho, de la vida económica, de la política y así sucesivamente. Una vez admitido este punto de partida, Hegel no considera en la economía más que lo que puede ser interpretado en calidad de manifestación de la voluntad racional.
Por eso todas las determinaciones de la economía, todas las categorías de la vida económica, el valor, el beneficio, el salario, etc., se presentan como formas abstractas de la voluntad racional corno formas particulares de su ser social. La razón se manifiesta en la economía bajo una forma que no corresponde a su naturaleza universal, sino a una sola de sus manifestaciones, unilateral y abstracta. La voluntad universal concreta no crea forma adecuada a su naturaleza más que bajo el aspecto del derecho del Estado. El Estado es, según Hegel, la realidad concreta de la voluntad universal y abarca todas las formas particulares y, por consiguiente, abstractas, de su propia manifestación; comprende la economía como "sistema de necesidades”.
La esfera de la actividad económica de los hombres no es un sistema concreto de interacciones entre los hombres y las cosas, nacido y desarrollándose independientemente de la voluntad y de la conciencia de los individuos. Ella no puede ser objeto de una ciencia particular y no puede ser considerada más que en el sistema de las determinaciones universales de la voluntad racional, es decir, en el interior de la filosofía del espíritu de la filosofía del derecho de Estado. Ella es, entonces, una de las esferas particulares de la actividad de la razón, una forma abstracta de la razón actuando en la historia.
En cuanto materialista, Marx se opone a Hegel en esta cuestión. El materialismo le da la posibilidad de tener una visión más profunda sobre la dialéctica misma en este orden de cosas. Esto es lo más interesante.
Para Marx, la esfera de las interacciones económicas de los hombres es enteramente una esfera concreta de la vida social, que posee sus propias leyes de movimiento inmanentes. En otros términos, es relativamente independiente de todas las otras formas de la actividad viva social de los hombres, y por ello es el objeto de una ciencia particular. El sistema de interacciones económicas de los hombres hacia un desarrollo histórico y todos sus aspectos están ligados los unos a los otros por su unidad de origen.
Es importante subrayar a este propósito que el sistema de relaciones económicas no es sólo relativamente, sino absolutamente, autónomo e independiente de la voluntad y de la conciencia de los individuos, aunque, él se forme con la más activa participación de la voluntad y de la conciencia. El carácter mismo de esta participación de la voluntad conciente al proceso de formación del sistema no está determinado de antemano y del exterior por la "naturaleza del espíritu", sino una vez más por el sistema mismo de las relaciones económicas en el interior del cual se encuentran los hombres dotados de voluntad y de conciencia. La voluntad y la razón son aquí modos de otra sustancia, sus manifestaciones abstractas, su producto. Todas las determinaciones de la voluntad y de la conciencia de los individuos, atraídos por el proceso de desarrollo del sistema económico, se deducen literalmente del carácter del propio movimiento interno del sistema en su totalidad y son concebidos como los productos del movimiento de ese sistema.
Así, desde ese punto de vista, todo se encuentra invertido y puesto cabeza abajo. Es el materialismo la causa y la condición principal del hecho de que, en la dialéctica, penetre la concepción de la economía mucho más profunda y largamente que en las posiciones hegelianas.
Para Hegel, la categoría de lo concreto no puede ser empleada sino cuando se trata de la voluntad conciente y de sus productos. Desde el punto de vista de Marx esta categoría capital de la dialéctica puede ser empleada de lleno por todas partes, no importa en qué esfera del ser natural y social, y ella es independiente de todo espíritu; por consiguiente, de las manifestaciones de la vida del espíritu mismo, es decir, del desarrollo de toda la esfera de la ciencia social, e incluido el pensamiento, esfera de la lógica.
Según la construcción hegeliana, ninguna forma del movimiento de la naturaleza puede ser comprendida como forma concreta, como sistema históricamente surgido y desarrollado de sí mismo, fenómenos que ligan las interacciones internas. Toda esfera de este genero adquiere una relación cualquiera con lo concreto sólo cuando se le puede interpretar como engendrada por el espíritu, como modo de la sustancia del espíritu. Las interrelaciones no son posibles a los ojos de Hegel, mas que de forma puramente ideal; ellas sólo pueden ser planteadas por el espíritu, por el concepto.
De hecho, lo concreto está indisolublemente ligado con el desarrollo, y con el desarrollo dialéctico, "el autodesarrollo por la contradicción". Hegel ve esto último sólo en la conciencia y en ninguna otra parte mas. De ahí la estrechez de su concepción de lo concreto, que se extiende seguidamente, con toda su estrechez, a todo el dominio de la naturaleza.
La interpretación hegeliana del paso de lo abstracto a lo concreto implica, pues, toda la realidad, e incluye la naturaleza y la historia; es proceso por el cual "el espíritu se eleva” hacia si mismo y pasa por una serie de escalones: del "mecanismo” como esfera de la espiritualidad en su manifestación puramente abstracta hasta el espíritu absoluto, no humano, divino, que se eleva hasta sí mismo. Como tal, este espíritu es concreto por si mismo hasta que se manifiesta de modo unilateral y abstracto bajo la forma de "mecanismo', “quimismo", "organismo". Por eso en el sistema de Hegel la "lógica pura" precede al examen filosófico de la naturaleza. Esta aparece como una serie de escalones bajo la forma espacio-temporal. Por eso el proceso que se eleva de lo abstracto a lo concreto coincide en Hegel con el proceso que engendra el mundo por la idea lógica. Así, la ley de la creación del mundo por las fuerzas y por los medios del pensamiento, está directamente dada como ley de creación de este mundo por la fuerza creadora del concepto.
Corno Marx ha demostrado, esta ilusión hegeliana se basa simplemente en el punto de vista unilateral del filósofo lógico acerca de la realidad, Hegel, como lógico ex profeso, se interesa por todo y sobre todo, no por la lógica de las cosas, sino por “las cosas de la lógica". Desde este punto de vista, el hombre no es considerado sino como sujeto de la actividad teórica lógica, y el mundo exterior solamente como un objeto, como el material que trabaja esta actividad. En la lógica, esta abstracción es válida dentro de ciertos limites, y mientras que la lógica no olvide estos límites no hay nada en ella de idealista. Pero Hegel suprimió estos limites. No considera el pensamiento como una de las aptitudes del hombre, sino como la fuente primaria sustancial de todas las otras aptitudes humanas. La aptitud de modificar prácticamente el mundo exterior es igualmente interpretada por él como una manifestación de la idea en el hombre. El proceso práctico real de la transformación del mundo, es la consecuencia de la manifestación de una actividad puramente espiritual y en fin de cuentas puramente lógica, y toda la cultura material de la humanidad es el producto del pensamiento, un "concepto mediatizado”, un “otro ser" del concepto.
Ahora bien, en la realidad, la base inmediata del desarrollo del pensamiento no es la naturaleza como tal, sino la modificación de la naturaleza por el hombre social, es decir, la practica. Si esta base práctica objetiva del pensamiento es dada como el pensamiento en su realización objetiva, resulta de ello que el pensamiento no tiene nada que ver con el objeto sino aparentemente, pero en realidad él no tiene que ver sino consigo mismo, sino con su propio "otro ser". Las definiciones lógicas, es decir, las definiciones cuyo mundo exterior de los objetos se debe al pensamiento, vienen a resultar las definiciones absolutas y las únicas verdaderas de este mundo.
El punto de vista de la lógica se convierte en Hegel en punto de vista absoluto y universal. Si la naturaleza del hombre está en el pensamiento y si la naturaleza de la realidad de los objetos reside en que ella es el producto del pensamiento, "un concepto alienado" entonces la ley del desarrollo del pensamiento se convierte en la ley de desarrollo del mundo real. Por eso, "hombre" y “pensamiento en conceptos" son enteramente sinónimos para Hegel, lo mismo que "mundo” y "mundo en conceptos", "mundo lógicamente comprendido”.
En realidad, el objeto real de la lógica de Hegel queda a pesar de sus ilusiones, como el proceso de apropiación teórica del mundo, de reproducción del mundo por el pensamiento. En tanto que Hegel estudia este objeto, llega a verdaderos descubrimientos. Pero en la medida que toma este objeto, no por lo que él es, sino por el proceso de devenir del mundo mismo, llega a una concepción falsa no solamente del mundo, sino del pensamiento mismo. Se priva de toda posibilidad de comprender el proceso del pensamiento. A partir del momento en que las condiciones reales que engendran la realidad lógica se presentan como sus productos y sus consecuencias, ella se encuentra suspendida en el aire, más exactamente "en el éter del pensamiento puro”. La aparición del pensamiento y su desarrollo llegan a ser perfectamente inexplicables. Por ello Hegel se ve obligado, a fin de cuentas, a interpretar la aptitud lógica para distinguir y reunir los conceptos como una especie de "don divino', como la actividad de un "concepto” desarrollándose de si mismo. No menos inexplicable resultan las leyes de la elevación de lo abstracto a lo concreto, que Hegel ha puesto en evidencia en el movimiento del conocimiento teórico. A la pregunta ¿por qué el movimiento posee ese movimiento y no otro?, la filosofía de Hegel da de hecho una respuesta tautológicá: tal es la naturaleza original no creada (incrée) del pensamiento. La tautología cesa entonces de ser una simple tautología y se convierte ean mentira idealista.
Marx dirige sus golpes críticos sobre este punto, mostrando que en realidad no hay aquí la menor explicación, y que si se da la ausencia de explicaciones por una explicación, esto lleva simplemente al idealismo.
Rebatiendo la concepción hegeliana del pensamiento como creadora del mundo objetivo. Marx no rechaza la ley que Hegel puso en evidencia en el movimiento del conocimiento teórico, aunque él le dio una falsa interpretación idealista. Realmente indica Marx, el método que se eleva de lo abstracto a lo concreto no es otra cosa que el método con la ayuda del cual el pensamiento humano se apropia la realidad concreta que existe fuera, e independientemente de él. Como tal este método supone, primeramente, la existencia de lo concreto no pensado: segundo, la actividad práctica objetiva del hombre social desarrollándose independientemente del pensamiento y tercero, la forma sensible inmediata del reflejo de lo concreto en la conciencia, es decir, la conciencia empírica, la intuición y la representación formándose totalmente con la independencia de la actividad teórica espacial y antes que ella. Dicho de otra forma, el pensamiento teórico está precedido no solamente por el mundo objetivo, sino por otra forma de conciencia, construida directamente en el curso de la actividad práctica sensible, el modo práctico-espiritual de apreciación del mundo, como le llama Marx.

LOS PUNTOS DE VISTA DE MARX SOBRE EL DESARROLLO DEL CONOCIMIENTO
La cuestión de las relaciones de lo abstracto y lo concreto en el pensamiento es presentado por Marx a la luz de otra cuestión más general: "¿Cómo desarrollar la ciencia?".
La formulación misma de la cuestión supone que el desarrollo científico sea considerado como un proceso histórico natural. Marx fue siempre decididamente contrario a la concepción izquierdista del desarrollo de la cultura espiritual que ignora todas las conquistas precedentes del pensamiento humano. En la ciencia, como en otros dominios de la cultura espiritual, el verdadero movimiento hacia adelante se realiza siempre por la vía del desarrollo de lo valido que ha sido creado por todo el desarrollo anterior, no a partir de la "tabla rasa" de Locke, sino por una cabeza poseedora de un desarrollo teórico.
Es evidente que la apropiación de los resultados del desarrollo histórico anterior no es la simple herencia de fórmulas preparadas, sino un proceso complejo de reexamen crítico que implica la referencia de estos resultados con los hechos, la vida, la práctica. Una nueva teoría, por muy revolucionaria que sea por su contenido y su alcance, nace siempre en el examen crítico de las teorías anteriores. Este hecho fue subrayado en su tiempo por Lenin en su lucha contra el izquierdismo del proletkult, para el cual era necesario crear la cultura proletaria, empujándola "directamente en la vida" después de haber rechazado como baratija inútil todas las conquistas del pensamiento humano.
Cuanto más revolucionaria es una teoría, más es la verdadera heredera del pasado teórico, tanto más se apropia del "núcleo racional" acumulado por la ciencia anterior a ella.
"Arreglar sus cuentas criticas" con las teorías anteriores no es de ninguna manera ocupación accesoria y de importancia secundaria, sino un momento necesario de la elaboración de la teoría misma. No es de modo alguno por azar que El Capital lleve como subtitulo o más bien como segundo titulo: Crítica de la economía política.
El análisis de los conceptos desarrollados por toda la historia anterior de la economía política coincide orgánicamente con el análisis de los hechos persistentes de la realidad económica. Esos dos aspectos de la investigación científica teórica se funden en un proceso único. Ninguno de los dos es pensable o posible sin el otro. Lo mismo que el análisis critico de los conceptos es imposible fuera del análisis de los hechos; el análisis teórico de los hechos es imposible si no se dispone de conceptos por los cuales ellos pueden ser expresados. La lógica dialéctica de Marx tiene enteramente en cuenta la importancia de esta circunstancia.
Por esta primera razón, la dialéctica realizó la coincidencia conciente y querida del momento de la inducción y del momento de la deducción, en tanto que momentos de la investigación inseparables e implicándose el uno en el otro.
La vieja lógica entendía con más o menos espíritu de consecuencia, por “inducción” el análisis de los hechos empíricos, el proceso de formación de las determinaciones analíticas de un hecho. Por esto, la inducción parecía ser el medio, si no único fundamental de acceder a un nuevo conocimiento. En cuanto a la deducción, se consideraba esencialmente como un proceso de análisis del concepto que establecía las distinciones en el interior de éste. Como tal, aparecería sobre todo como un proceso y como forma de explicación, de exposición de un conocimiento ya preparado, existente ya en la cabeza y no bajo la forma de creación de nuevos conocimientos, de conceptos nuevos. El hombre (a condición que piense realmente los hechos) no analiza los hechos empíricos con una conciencia "vacía", sino con una conciencia que se ha desarrollado en el curso de la educación. Es decir, capta siempre los hechos desde el punto de vista de tal o cual concepto. Le quiera o no, no puede sin esto pensar activamente, comprender los hechos; en el mejor de los casos, no puede sino constatarlos activamente.
Dentro de la más simple generalización, la inducción está indisolublemente ligada con la deducción: el hombre expresa los hechos en conceptos, y esto significa que toda nueva definición analítica de los hechos se forma al mismo tiempo como nueva determinación, más concreta, del concepto desde el punto de vista del cual él piensa estos hechos. En el caso contrario, no se forma, de ninguna manera, la determinación analítica del hecho.
Quien crea expresar los hechos "absolutamente sin idea preconcebida", sin ningún concepto "anteriormente admitido", no está desprovisto de ellos. Al contrario, es inevitablemente esclavo de los conceptos más vulgares más absurdos.
También aquí la libertad no consiste en escapar a la necesidad, sino en asimilarla conscientemente. La verdadera ausencia de prevención no consiste en expresar los hechos sin el menor concepto "anteriormente admitido”, sino expresarlos con la ayuda de conceptos justos concientemente asimilados.
Engels ha mostrado esto magníficamente a propósito de las categorías filosóficas de su crítica del empirismo. El científico que hace gala de su "libertad" con respecto a toda categoría lógica, por regla general, prisionero de las más vulgares representaciones a este respecto, no está en condiciones de formarlas él mismo "partiendo de los hechos": esto sería tener la pretensión de realizar él completamente solo lo que no puede lograr sino la humanidad en toda su evolución. Por ello, en realidad, él torna siempre las categorías lógicas de una filosofía. La cuestión se reduce a saber de qué filosofía: de un mal sistema que está de moda o de un sistema que representa realmente el último grado del desarrollo y que se basa en toda la historia de las investigaciones y de las adquisiciones del pensamiento humano.
Esto no concierne, naturalmente, sólo a los conceptos filosóficos. Lo mismo sucede con las categorías de no importa qué ciencia, El hombre no comienza jamás a pensar "a partir del comienzo" directamente a partir de los hechos. “Sin ideas en la cabeza no se puede percibir ningún hecho”; decía Pavlov. La “intuición” sin significación y la "inducción" sin idea es ficción, de la misma manera que el “pensamiento puro”.
El empirista que pretende pensar solamente con hechos opera en realidad siempre "principalmente” con ideas tradicionales, “con los productos en gran parte superados por sus antecesores.“8 Por ello, confunde fácilmente la abstracción con la realidad, las ilusiones subjetivas con los hechos objetivos y los conceptos que los expresan con las abstracciones. Por regla general, concretiza bajo forma de determinaciones (de definiciones) los hechos de las abstracciones usuales.
En consecuencia, la "inducción empírica” se realiza como proceso de concretización, de representación de los conceptos con los cuales se emprende el examen de los hechos; es decir, como deducción como proceso de completar los conceptos iniciales con determinaciones más detalladas, obtenidas a partir de los hechos por vía de abstracción.
La dialéctica materialista ha "abolido” la vieja oposición entre la deducción y la inducción. La deducción deja de ser un procedimiento de extracción formal de determinaciones contenidas a priori en un concepto y se convierte en un procedimiento de desarrollo real de los conocimientos sobre los hechos de su movimiento y su interacción interna. Esta deducción encierra orgánicamente en sí misma el momento empírico: se logra precisamente por el análisis más riguroso de los hechos empíricos, por la inducción. Pero en el caso presente, las denominaciones "inducción" y "deducción" no expresan nada sino una semejanza exterior y formal entre el método de la dialéctica materialista y los métodos correspondientes de la lógica tradicional. En efecto, esto no es ni la deducción, ni la inducción, sino otra cosa que incluye en si misma, en tanto que "momento abolido", la una y la otra. Ambas se realizan al mismo tiempo, en tanto que contrarias; implicándose recíprocamente justamente por su interacción, crean una forma más elevada de desarrollo lógico.
Esta forma más elevada, que une orgánicamente en sí misma, el análisis de los hechos con el análisis de los conceptos, es precisamente, la forma de paso de lo abstracto a lo concreto de la que habla Marx. Es la única forma lógica de desarrollo del conocimiento que corresponde a la naturaleza real del objeto. En efecto, sólo con su ayuda lo concreto objetivo puede ser reproducido en el pensamiento como realidad históricamente desarrollada. No se puede hacer de ninguna otra forma.
Como tal, el método que se eleva de lo abstracto a lo concreto no puede, en ningún caso, dejar de ser un procedimiento de exposición de un conocimiento ya preparado, obtenido previamente de alguna forma, como muchas veces han intentado obtener los revisionistas del marxismo, que deformaban el método de El Capital dentro del espíritu de un neo-kantismo vulgar.
Es así, por ejemplo, como R. Hilferding lo interpreta. Cita un extracto de la Introducción a la critica de la economía política ("El primer paso ha reducido la plenitud de la representación a una determinación abstracta: con el segundo, las determinaciones abstractas conducen a la reproducción de lo concreto por la vía del pensamiento), y lo comenta así: "Esto muestra ya que es falso poner al mismo nivel la deducción y la inducción como fuentes equivalentes del conocimiento. La deducción es más bien un simple procedimiento de representación científica, que puede pasar efectivamente, a fin de cuentas, de lo general a la representación de lo particular, con la única condición de que la inducción le haya precedido ya en el pensamiento".9 Llamando deducción al procedimiento qué se eleva de lo abstracto a lo concreto e interpretándolo de forma totalmente unilateral desde el único punto de vista de su semejanza exterior con la concepción tradicional de la deducción. Hilferding le niega la dignidad de método de estudio de los hechos reales y hace de ella una simple forma de exposición sistemática de un conocimiento preparado, que debería ser obtenido previamente por otra vía: la vía inductiva.
El austro-marxista Karl Renner razona de una manera análoga en el prólogo de su Teoría de la economía capitalista. Reduce la esencia del método que se eleva de lo abstracto a lo concreto, empleado en El Capital, a la "manera de exposición de los filósofos alemanes", que Marx habría asimilado en su época. Esta manera, habiendo llegado a ser, se dice, totalmente extraña a los lectores de la generación actual. Renner cree justo reemplazarla por otra. "No conozco ningún libro que deba su origen a una tal masa ,le experiencias como El Capital, de Marx -escribe Rénner -, y conozco aún menos libros cuya, expresión sea, a pesar de esto, tan deductiva y abstracta". 10 Por esto Renner estima útil "exponer'' el contenido de la teoría de Marx de otra manera que, "parte de hechos de experiencia inmediatamente observables, los sistematiza y los eleva progresivamente al nivel de los conceptos abstractos"11, es decir, de una manera inductiva. En este caso, piensa Renner, la exposición corresponderá al método de investigación, mientras que en El Capital lo contradice. El resultado es que Renner generaliza sin ningún espíritu crítico los fenómenos empíricos del capitalismo contemporáneo bajo el aspecto que ellos tienen en la superficie, y a continuación da sus generalizaciones para la expresión teórica de la esencia de estos fenómenos. En esta dirección descubre, por ejemplo, que un obrero que compra acciones participa por ello mismo en la propiedad de los medios de producción sociales, como resultado de lo cual se realiza una "democratización" automática del capital, una "socialización" de la producción social que hace la revolución superflua. Por ello mismo, Renner hace la demostración de que no se trata solamente de una manera de exposición. En realidad él ha reemplazado el método de Marx, que es un método de estudio de los fenómenos, por la apologética.
El método que se eleva de lo abstracto a lo concreto ya no puede ser interpretado como un procedimiento puramente lógico para sintetizar en un sistema único las abstracciones ya preparadas, obtenidas previamente por vía puramente analítica. La concepción según la cual el conocimiento precedería primero a un análisis "puro”, en el curso del cual se elaborarían múltiples abstracciones después de una síntesis pura, tal concepción pertenece al tipo de las fantasías propias de la teoría metafísica del conocimiento, como la de la inducción sin deducción.
Para apoyar esta concepción se da a veces como ejemplo el desarrollo de la ciencia de los siglos XVII y XVIII. Pero esto es forzar involuntariamente los hechos. Hasta si nos ponemos de acuerdo que el estudio analítico de los hechos, es muy característico de este periodo (aunque en realidad con ello se haya llegado a la síntesis, a despecho de las ilusiones de los teóricos), no hace falta sin embargo, olvidar que éste no es el primer grado del desarrollo científico de la humanidad y que el análisis exclusivo característico de esta época supone él mismo, como premisa, la ciencia griega antigua. Para la ciencia antigua, es decir, para el estado realmente inicial del desarrollo científico en Europa, es más bien la vía "sintética generalizada" de las cosas lo característico. Y si nos referimos a la historia de la metafísica de los siglos XVII y XVIII no hay que olvidar que no es la primera, sino más bien la segunda de las grandes épocas de desarrollo del pensamiento. Pero entonces es la síntesis y no el análisis la que se presenta históricamente como la primera etapa del tratamiento de los hechos por el pensamiento.
Así, este ejemplo prueba exactamente lo contrario de lo que se quería hacerle decir.
El análisis y la síntesis son (y han sido siempre) contrarios internos del proceso del pensamiento, tan inseparables como la deducción de la inducción. Si tal o cual época ha sobreestimado una en perjuicio de la otra, no es necesario hacer de esto una ley a la que el pensamiento deba obedecer en el futuro, una ley lógica, conforme a la cual cada ciencia primero debiera pasar por una etapa "puramente analítica” para en seguida, apoyándose en ella pasar a una etapa sintética.
Sin embargo, sobre una tal concepción se funda la idea de que el método que se eleva de lo abstracto a lo concreto no puede ser empleado sino cuando se ha terminado enteramente el proceso previo de "reducción" de lo concreto a lo abstracto.

Este método es ante todo un procedimiento de análisis de los hechos empíricos reales. Como tal, incluye en calidad de contrario interno necesario el movimiento "inverso"; cada paso por esta vía no es otra cosa que un acto que .se eleva de lo concreto dado sensible a su expresión teórica abstracta. Por esto, el proceso de elevación de lo abstracto a lo concreto en el pensamiento es al mismo tiempo un movimiento, sin cesar renovado, de lo concreto en la intuición y la representación a lo concreto en el concepto.


Las determinaciones abstractas de los hechos dados sensibles que están sintetizadas en sistemas cundo nos elevamos hacia la verdad concreta, se forman en el curso del movimiento mismo. No se encuentran en ningún caso preparadas como productos de una etapa anterior, que se dice es puramente analítica del conocimiento lógico.
Y si existe algún sentido en la afirmación según la cual, para elevarse de lo abstracto a lo concreto, es necesario reducir en forma puramente analítica lo concreto empírico sensible a una expresión abstracta por su esencia y como fase anterior particular de actividad lógica en el tiempo, este sentido reside en que el examen teórico de la realidad supone la presencia de un vocabulario desarrollado, de una terminología espontáneamente constituida, de un sistema de representación general abstracto. Esta etapa "puramente analítica" de reflejo de la realidad objetiva en la conciencia no es sino la premisa, de la actividad teórica lógica y no su primera fase.
Podemos pues, resumir. El método que consiste en elevarse de lo abstracto a lo concreto es una forma específica de acción del pensamiento y de elaboración lógica en conceptos de la intuición y de la representación. No es, en ningún caso un procedimiento artificial, una manera de exponer los conocimientos preparados, ni un medio formal de reunir un sistema las abstracciones ya existentes. Es sobre todo, la ley "natural" del desarrollo teórico de la humanidad, puesta en evidencia por la filosofía, después transformada en método de desarrollo de la teoría conscientemente empleada.
Cada generalización "inductiva" tomada aparte (cuya fórmula es: de lo concreto en la intuición a lo abstracto en el pensamiento), se realiza en efecto, siempre en el contexto del movimiento general del conocimiento, y en este sentido no es sino "momento que se desvanece” en la marcha del movimiento general hacia la verdad concreta. Así pues la elevación de lo abstracto a lo concreto en el pensamiento y la dialéctica del pensamiento son cosas indisolublemente ligadas.
No es por azar que Lenin, después de haber cuidadosamente recopilado la larga definición del camino de lo abstracto a lo concreto que da Hegel en la última sección de la "Gran Lógica” la caracteriza así: “Este fragmento resume bastante bien, a su manera, lo que es la dialéctica” 12
La definición citada por Lenin caracteriza justamente el proceso del pensamiento como un proceso que se eleva de lo abstracto a lo concreto: "...El conocimiento es así llevado de contenido en contenido. Esta progresión se caracteriza, ante todo, por el hecho de que comienza por precisiones simples, para continuar con precisiones cada vez más ricas y concretas. Esto quiere decir que el resultado contiene su comienzo, y la evolución de éste le enriquece con una nueva precisión. Que lo general es lo que forma la base, lo que hace que la progresión no sea un simple recorrido de lo uno a lo otro. En el método absoluto, el concepto se mantiene en su otro ser; lo general se conserva en su particularidad, en el razonamiento y en la realidad. A cada nueva fase de su determinación, la masa de su contenido anterior se eleva; no solamente no pierde nada del hecho de la progresión dialéctica, no deja nada detrás de ella, sino que ella lleva consigo todo lo adquirido y se recoge sobre ella misma a medida que se enriquece."
Las partes de la lógica de Hegel son precisamente las que Lenin hace resaltar en sus resúmenes como las menos impregnadas de idealismo, y que hablan, sobre todo, del método dialéctico:
"Es de subrayar que todo el capitulo sobre la idea absoluta no menciona casi la palabra Dios“ (apenas una vez el "concepto divino" se menciona brevemente): y, además -esto N. B.-, “este capítulo no contiene casi ningún idealismo específico, pero tiene como sujeto esencial el método dialéctico. La suma y el resumen, la última palabra y el sentido de la lógica de Hegel, es el método dialéctico, esto es muy elocuente.” Y todavía más: en la obra más idealista de Hegel es donde hay menos idealismo y donde hay más materialismo."Esto es contradictorio, pero es un hecho:''`
Si se considera dialécticamente el proceso del conocimiento, el método que se eleva de lo abstracto a lo concreto, de la determinación teórica general del objeto dado en la intuición y la representación a determinaciones cada vez más concretas, representa la forma teóricamente justa de la transformación de los hechos empíricos en conceptos. Así es como lo ven Marx, en la Contribución a la Critica de la Economía Política, y Lenin, en sus notas sobre los últimos capítulos de la Lógica de Hegel.
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