De la etnia a la polis



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DE LA ETNIA A LA POLIS

Las Furias y Apolo

Artículo publicado en Spring Journal 1985. Spring Publications, Conn. USA.

Pgs. 56-73.

Traducción: Lola Botello


JAMES HERSH


(Newport, Rhode Island)
El autor es Profesor de Filosofía en el Newport College, Salve Regina de Newport, Rhode Island. Está terminando un libro sobre psicología étnica en Oriente Medio.
“Ante tal exceso de sangre absorbida, la venganza ha apelmazado y endurecido sus coágulos de tal manera que nuestra tierra será incapaz de drenarlos.”1

Esquilo


En 1915, Gourning Yanikian presenció el asesinato de su hermano mayor durante el genocidio de los armenios en Turquía. Como era pacifista, Yanikian no buscó venganza, sino que huyó a Irán donde se convirtió en un próspero ingeniero. En 1946, por invitación del Gobierno de los Estados Unidos, él y su esposa emigraron a América, en donde les garantizaron la ciudadanía. Publicó libros sobre la contribución del pueblo armenio a la civilización universal, discutiendo en profundidad los horrores de las masacres que tuvieron lugar entre 1894 y 1922. A pesar de su éxito, sin embargo, Yanikian vivía atormentado por pesadillas en relación con la muerte de su hermano y su fracaso al no vengar esa muerte.

Desde 1921, cuando un armenio, Soghomon Tehlerian (“El Arroja-Luz”), asesinó a Talat Pasha, el Ministro del Interior de Turquía que había firmado la orden del genocidio, no se había llevado a cabo ningún otro acto de venganza por parte de los armenios. Fue Gourning Yanikian quien en 1973 tomó las armas; y lo hizo, según dijo, para librarse de las pesadillas. En un acto de “buena voluntad” invitó a dos diplomáticos turcos a su habitación de hotel para enseñarles dos cuadros excelentes. Cuando llegaron, les disparó. Inmediatamente, telefoneó a la policía y les contó tranquilamente lo que había hecho, explicando que había cometido los asesinatos para librarse de las pesadillas. Y lo consiguió. Antes de su muerte, en Febrero de 1984, comentó que después de los asesinatos, nunca más volvió a tener pesadillas relacionadas con la muerte de su hermano.

Los asesinatos de Yanikian se convirtieron desde entonces en modelo para una serie de asesinatos perpetrados por dos organizaciones terroristas armenias ( El Ejército Secreto Armenio para la Liberación de Armenia y Los Comandos de Justicia por el Genocidio Armenio). Hasta la fecha (Agosto de 1984), treinta y cinco diplomáticos turcos han sido asesinados con el propósito reconocido de “llamar la atención al mundo sobre el genocidio olvidado”.

Una cuestión fundamental surge por sí sola: ¿cómo puede alguien con los recuerdos étnicos de Gournig Yanikian sobrevivir en un país moderno sin perder la cabeza en su habitación o la vida en la silla eléctrica? Es una pregunta un tanto inútil. Según el Centro de Información de Defensa, hay actualmente cuarenta y dos guerras distintas, rebeliones y levantamientos civiles, y el derecho no escrito de tanto derramamiento de sangre reside, según Flora Lewis, en la siguiente cuestión: “¿En qué medida puede un individuo entrar en la era moderna sin perder su orgullo e identidad?”2 Esta pregunta surge por primera vez cuando surge la ciudad-estado, la polis, ya que la ciudad-estado trae consigo un nuevo sentido de justicia basada en la igualdad de las tribus. Una respuesta sutil y elocuente a la pregunta de Flora Lewis nos la ofrece Esquilo en su Orestía (una trilogía de obras que incluyen Agamenón, Las Coéforas y Las Euménides), representadas por primera vez en el 485 a.c., justo en el periodo siguiente a la descomposición del poder político de los clanes familiares de la aristocracia3.

Aunque la cuestión se refería en un principio a la Grecia del siglo V, dicha cuestión se vive hoy día en cualquier parte del mundo. El mito de Esquilo presenta un dilema psicológico moderno.
Las Furias y la memoria del mal
Del fondo de mis sueños me ha llegado

un ultraje que ha herido

entraña y corazón

cual aguijón que un carretero empuña.

Aún siento el cruel, muy cruel escalofrío

que me ha causado este feroz verdugo.4


Apolo ordenó al joven Orestes que asesinara a su propia madre, Clitemnestra. Este acto está justificado, según Apolo, por el hecho de que Clitemnestra mató al padre de Orestes, Agamenón. Ella estaba furiosa con Agamenón por haber dado a su hija a Artemis en sacrificio para que el viento llenara sus velas y llevara a los Aqueos a la Guerra de Troya. Sin embargo, si Orestes mata a su madre, será eternamente atormentado por las Furias, figuras femeninas infernales que causan sufrimiento a todo aquel que haya hecho daño a alguien de su propia familia. Estos tormentos se llevan a cabo de modo que sean invisibles para todo el mundo, excepto para la víctima, a la que vuelven locas acercándose a ella. Apolo promete a Orestes que lo protegerá de las Furias. Y aquí reside el asunto central de la Orestía de Esquilo: ¿Tiene Apolo derecho a bloquear esta prefijada tarea divina de las Furias? La llamada a la venganza en el texto de Esquilo viene “de los sueños”(“del fondo de mis sueños”) y ha herido “entraña y corazón”. Las palabras “venganza”, “vengar”, y “revancha” derivan todas del latín vindicare, que significa “reclamar, liberar, castigar”. Vindicare es una combinación de las palabras latinas vim “fuerza” y dic “decir”. El uso que se le dio en la antigüedad en el mundo anglosajón sugiere que “revancha” estaba asociada con la rabia atrapada como el viento en el estómago. El prefijo “re-“ denota un “volver a”. Revancha, por tanto, se refiere a reclamar algo del pasado que debe ser devuelto para liberar algo que ha estado atrapado. Este retorno, como nos indica la etimología, se convierte en fuerza que habla como un viento rabioso en el estómago.

Supongamos que Orestes es un armenio contemporáneo y que Clitemnestra y las Furias simbolizan la vida armenia en si misma, la madre de familia con sus memorias oscuras de todos los crímenes cometidos contra los armenios a lo largo de la historia. “Ya desde el nacimiento esta misión fatal nos fue asignada”5, claman las Furias. Este es el pensamiento de la etnia, el pensamiento de un pueblo. Apolo y Agamenón, por el contrario, representan la ciudad-estado, la polis y su demanda de orden y ley democrática, su preferencia por el deber cívico por encima de las lealtades familiares, su aprecio por abstracciones tales como contratos escritos, constituciones y leyes que garanticen la igualdad de toda la gente. No obstante, no todo derramamiento de sangre ha de ser visto a través de esta polaridad; porque el deber de la Furias es vengar el daño de alguien de la misma familia, la polaridad Apolo-Furias es útil sólo para desentrañar las situaciones en las que el parentesco (o la raza ) están envueltas.6

Si imaginamos el drama de Esquilo de esta forma, entonces, cualquier armenio que participe, activa o pasivamente, en lo que los armenios denominan masacre blanca (la pérdida de la cultura armenia en la amalgama cultural americana, en el sueño comunista ruso, en la “nueva” Turquía en donde la lengua y la religión armenia están proscritas, o en cualquier otro estado moderno) ha matado a su madre. La masacre blanca, como dirían las Furias, es el matricidio, el peligro real de la diáspora armenia. Las preguntas que Esquilo formula a Orestes son preguntas válidas para cualquier armenio y para cualquier persona del mundo que tenga alguna reminiscencia de cultura étnica: ¿Cómo puedo pertenecer a la moderna nación-estado y asegurar la permanencia de mi pueblo?

La polis tanto en la mentalidad griega como en la moderna es el lugar de los contratos por escrito (el contrato social, el contrato de matrimonio, las constituciones, los manifiestos, las enmiendas, los escritos de habeas corpus, las hipotecas), mientras que la etnia prefiere los contratos no verbales, los que se entienden a través de los vínculos de sangre. Los deberes que la polis demanda tienen que estar plasmados por escrito ya que se aplican más allá de los parentescos y es probable que se olviden o ignoren; los deberes de lealtad a la etnia no precisan de algo tan abstracto como la palabra escrita.

En la esfera de la etnia, uno sabe instintivamente cómo defender a los niños o proteger a su madre. Como algo representativo del pensamiento étnico, Clitemnestra subordina la polis y sus contratos a cuestiones de la sangre: ella asesina a Agamenón sólo porque él ha matado a sus hijas y no para satisfacer una ambición política. El ha matado a sus hijas, por otra parte, para que Poseidón avive el viento y el pueda cumplir con su deber para con la polis de acuerdo con el contrato que ha establecido con los otros capitanes. El fin de este contrato es el de proteger otro contrato, el matrimonio de Menelao y Helena. Clitemnestra asesina por necesidad instintiva, sin necesidad de contratos que le recuerden lo que tiene que hacer, mientras que Agamenón lo hace por necesidad política.

Clitemnestra y las Furias viven hoy en día en lo que un armenio llamaría “la furia atrapada bajo la piel”7 “Están furiosos por lo que ha ocurrido a lo largo de la Historia, en las masacres blancas y negras, en la esclavitud, el apartheid, los genocidios, e insisten en que esta Historia no puede desvirtuarse u olvidarse. Su peor enemigo es la amnesia”. En el principio de Las Euménides, el fantasma de Clitemnestra debe despertar a las Furias de un sueño profundo y recordarles su deber sagrado de atormentar al asesino:


Sí, sí, gruñid, y mientras tanto el hombre

se os escapa. Pues tienen protectores

los míos, mientras yo ninguno tengo.

(...)


Duermes en demasía sin sentir

por mi destino compasión, y en tanto,

el matricida Orestes se os escapa.8

Estas palabras sugieren que las pesadillas de Gournig Yanikian sirvieron para hacerle consciente de su tarea, de que dormir hasta el punto de llegar a la amnesia es un enemigo, pero dormir como oportunidad de revivir una pesadilla es un amigo de la etnia.

En este mismo espíritu, un hombre armenio que apoya el asesinato de los diplomáticos turcos me dijo, “¡Los armenios están olvidando lo que les hicieron a sus abuelos. Están dormidos! ¡Quieren ser americanos de clase media, se han acomodado en exceso! ¡En esto consiste la masacre blanca y deben despertar antes de que sea demasiado tarde!”9 Tenía en la cabeza a su hermano cuando dijo estas palabras. Su hermano, discutiendo desde la perspectiva de la polis, dijo, “No hay excusa para el terrorismo. ¿Qué espera mi hermano que yo haga? Ya es hora de que continuemos con nuestras vidas. El genocidio ocurrió hace sesenta años”.

Las Furias tienen una apreciación profunda del pasado, como Esquilo sugiere, porque son dioses más viejos que Apolo o Zeus. Están escandalizadas por la fuerza que estos dioses más jóvenes usan, fuerza que sacrifica mareas de sangre en interés de la polis y su nuevo orden. Este orden puede mantenerse, o eso parece, sólo tanto tiempo como las Furias permanezcan dormidas. Si Gourning Yanikian se olvida de la masacre de su familia y se concentra en su hipoteca, su impuestos, los beneficios de su negocio y sus multas de tráfico, no hay diplomáticos turcos muertos en su habitación de hotel. Esta “concentración” es algo posterior al ser armenio.

La polis aparece en segundo lugar, la etnia está primero, reclaman las Furias. Se refieren a las leyes de la polis con desprecio, llamándolas “ nuevas leyes”10 y declaran que si la polis permite que el matricidio no tenga castigo, entonces, todas estas leyes nuevas no deben tenerse en cuenta. “Las leyes del mundo moderno carecen de significado”, me dijo un armenio, “si los turcos no pagan, si ni siquiera tienen que admitir el crimen”. A diferencia de los alemanes después del holocausto judío, el gobierno turco se ha negado a reconocer el genocidio de los armenios, aduciendo que los sucesos tuvieron lugar antes de la subida al poder de Kemal Atatuirk y la “modernización” de Turquía.

¿Cómo entendemos la prioridad ontológica que las Furias atribuyen a la etnia? Su argumento sugiere que la polis se construye sobre los cimientos de una forma arcaica de justicia y esa ignorancia o incumplimiento de esta justicia devendrá en la destrucción de la polis. Lo “viejo” en término de “leyes viejas” no hace tanta referencia a la historia antigua como a un cimiento psicológico. La ignorancia de estos cimientos (Las Furias son las nietas de la Madre Noche que toma la forma triple de Noche-Orden-Justicia) da como resultado una polis sin alma, sin cimientos. La Ley Vieja es el logos de la psique, que, según Heráclito, es infinitamente profunda.


La negación del genocidio por parte de los turcos representa una forma de blanqueo para muchos armenios y así está reflejada en el uso que del color se hace en la Orestía. Para Esquilo, la polis se representa con tonos dorados o blancos, en la túnica blanca de Apolo y en las cintas doradas de su arco, y las Furias gritan, “Conmigo nada tienen que ver los blancos peplos”11 Ellas son “negras”12 como dice Pitia (la sacerdotisa de Apolo), y Apolo añade que ellas “nacieron para el mal, pues que habitan la horrorosa tiniebla, y, en la entraña de la Tierra, el Tártaro, el encono de mortales y de los dioses del Olimpo”13. La blancura y la masacre blanca, el imaginario de la amnesia racial, son sus enemigos declarados; “y las glorias humanas, aun las más ilustres bajo el cielo, cual cera se derriten bajo tierra, aniquiladas por mi negro asalto”14

Desde la época de las primeras polis, las familias se deshacían. A principios del sigloV, Píndaro que pertenecía a la antigua familia de los Aegidas –vivía en Tebas, aunque había Aegidas en Esparta y Aegina, a los que Píndaro consideró de su familia. ¿Qué quería decir con “familia”? Demóstenes expresa la idea del parentesco mostrando a dos hombres que ofrecen sacrificios funerarios en la misma tumba sobre el mismo fuego. El parentesco estaba determinado por el linaje del varón. El derecho a llevar a cabo estos sacrificios estaba relegado a los varones, y sus ancestros, que eran quienes recibían estos sacrificios, eran exclusivamente varones. Fustel de Coulages explica que para los griegos del periodo clásico, “una hembra no transmitía ni el ser ni la devoción”15. La madre era excluida de su familia el día de su boda y considerada una “hija” en la familia de su esposo, sus relaciones de sangre se anulaban. En la época de Platón, el parentesco había perdido la mayor parte de su sentido en términos de lazos de sangre para convertirse más en “una comunidad con los mismos dioses domésticos”16 . El rol de la madre en la familia había sido completamente abrogado.

Lo que se había perdido era una perspectiva del rol de la sangre de la madre en la familia, una perspectiva expresada con la imagen de las Furias.

Las Furias como recordatorio de la sangre materna es algo incomprensible para la mente apolónida. Los mandatos de Apolo a las Furias recuerdan a la voz de la ley americana dirigiéndose a los espíritus armenios de las pesadillas de Gourning Yanikian después de los asesinatos:


¡Fuera, os ordeno yo, y a toda prisa,

salid ya de mi templo! Retiraos;

¡dejad ya la profética morada!

Si no, recibiréis blanca y alada

sierpe salida de estos arcos de oro,

y hará brotar la negra sangre humana

entre estertores, y echar los coágulos

de sangre que chupasteis. Que no es ésta

mansión par vosotras adecuada.

Porque vuestro lugar se encuentra donde

hay sentencias que siegan las cabezas,

y vacían los ojos; do hay degüellos;

donde se aja la flor de los mancebos,

aniquilando su semilla, donde

mutilaciones hay, lapidaciones,

y donde en larga queja el empalado

lanza sus ayes. ¿No me habéis oído?,

monstruos abominables de los dioses,

en qué fiestas hacéis vuestras delicias?

Y a fe que vuestro aspecto es el más apto

para este horror. La cueva de un león

de sangre alimentado deberíais

habitar, pero no manchar, en este

templo sagrado, a otros. ¡Fuera, fuera,

rebaño sin pastor! Vuestro rebaño

no lo quiere ninguno de los dioses.17


Las Furias replican a Apolo diciéndoles que su deber es “expulsar del hogar al matricida”18.Cuando Apolo pregunta, “Y, ¿si una esposa mata a su marido…?”19, las Furias contestan de acuerdo a la lógica étnica, “Esta sangre vertida no es la suya.”20.

Obsesionadas con la sangre, las Furias exigen “que la sangre vertida de una madre no puede recogerse, ¡por los dioses!, y una vez derramada el líquido se escapa. A cambio habrás de concederme que yo chupe de tu cuerpo vivo su rojo humor.”21. Quieren “secar vivo” a Orestes para que viva “bajo tierra”22. Las Furias habitan el mundo antiguo de los feudos de sangre, de los lazos de sangre, y de los hermanos de sangre. Con este espíritu, las Furias en el alma armenia, enfadadas con el asesinato de la Madre Raza, piden “sangre”. Gournig Yanikian intenta satisfacerlas con la sangre de los diplomáticos turcos. “Sin un entendimiento en concreto”, dice James Hillman, es normal esperar matanzas”23. ¿Pero qué clase de sangre demandan las Furias? ¿Cuál es su deseo en concreto?

El carácter de las Furias, en palabras de David Miller en su ensayo “Sobre el carácter”24 es de una literalidad que ya no podemos entender, cuyas letras ya no podemos leer. Es un carácter más profundo que el corriente (la noción de la identidad armenia no es otra que la de la sangre, la estructura ósea, la textura de los cabellos, la pigmentación y el programa genético). El carácter de las Furias se corresponde con una perspectiva psicológica sobre la raza como sangre y cuerpo. La idea de Miller de “carácter más profundo”, por tanto, no requiere que establezcamos una oposición entre la identidad armenia como realidad biológica y como realidad psicológica. El “rojo humor de tu cuerpo vivo” que demandan las Furias es la relación con lo concreto, lo que se pierde en la masacre blanca. La pérdida de esta perspectiva se expresa en la vida cuando uno se convierte en un “fantasma racial”, blanco, sin sangre en las venas en un mundo en el que todos hablan inglés, llevan pantalones vaqueros, comen Big Macs, y hacen footing. Consideradas como “el carácter más profundo”, la sangre que las Furias demandan en las pesadillas de Yanikian no es ni literal ni metafórica; sino, parafraseando a Miller, sin las Furias como la imagen de la literalidad, esta literalidad se promulgará literalmente en vida.

Las Furias son importantes porque son las preservadoras de esta perspectiva de lo concreto, una perspectiva que se pierde con el terrorismo y los asesinatos.

Hesíodo dice que las Furias, Alecto (“la crueldad”), Tisifone (“la venganza”) y Megaea (“la envidia”) fueron creadas cuando las gotas de sangre de la castración de Urano cayeron sobre Gaia.25 Esquilo, sin embargo, sostiene (Hesíodo también)26que son las Hijas de la Noche. Su principal responsabilidad es vengar la violencia contra las madres. Homero dice que Edipo estaba atormentado por las Furias que lo acusaban de haber causado el suicidio de su madre. El que Alcmaeon asesine a su madre, también bajo las órdenes de Apolo, provoca que las Furias lo persigan y lo vuelvan loco.

A las Furias se les incita a la acción con la violación del curso de la naturaleza. En la Iliada, cuando Hera garantiza el poder de hablar al caballo Xanthus, las Furias anulan dicho poder. En este mismo espíritu, Heráclito ofreció su famoso discurso en el que decía que si el Sol abandonara su curso, las Furias lo encontrarían. La naturaleza sobre la que las Furias cuidan más es la del cuerpo y la tierra; el título Demeter Erenis se usaba en Telpusa. Estas fuentes (Homero, Hesíodo y Heráclito) sugieren que la violencia a la madre es mala a los ojos de las Furias, porque es algo antinatural. Una polis que cree que la madre “no transmite ni el ser ni el culto”, es, desde el punto de vista de las Furias, una polis sin cimientos en la tierra, sin perspectiva ni concreto.

En largas conversaciones con un fotógrafo armenio, lo felicité por su habilidad para transformar el ultraje del genocidio en la belleza de su fotografía. Me contestó, “Me has malinterpretado. Lo que hago no es arte, es documentación histórica. Muestro estas fotos del genocidio para despertar al pueblo armenio. Es el primer paso para reclamar nuestra tierra. Lo que hago tiene más que ver con la tierra que con el alma.” Añadió que posiblemente yo no lo entendiera porque yo había sido víctima de la masacre blanca hace ya tanto tiempo que había perdido el alma de mi pueblo y por tanto ya no estaba conectado a la tierra. “Ese es el peligro de América”, concluyó. Detrás de él, en la pared de su salón había una fotografía del monte Ararat con las palabras “NUESTRA TIERRA”. Cuando le discutí que la manera de preservar un pueblo es preservar su alma a través de imágenes –imaginario étnico, cuentos armenios, alfombras armenias, libros antiguos, la metáfora del Monte Ararat, la danza, incluso la fotografía-, me contestó que si los armenios siguieran mi sugerencia, en quinientos años la identidad armenia habría desaparecido del universo. Una vez más el tema se volvía hacia el tiempo (los cincuenta años desde el genocidio, los quinientos años hasta la desaparición de la cultura armenia), y sentí la profunda desconfianza en el pensamiento étnico del paso del tiempo y la apreciación del pasado. La perspectiva que del tiempo poseen las Furias es diferente de la de Apolo. Las Furias repetidamente invocan el pasado, recuerdan a sus ancestros, estudian la historia, conmemoran las guerras. Harían que el tiempo transcurriera más despacio para rumiar los recuerdos, mientras que Apolo desea que todo vaya más deprisa, para provocar amnesia. La perspectiva de las Furias no es sólo la de la tierra y el cuerpo, es también la de un aspecto concreto de la historia o “de lo que realmente sucedió”.

Orestes espera que el tiempo lo absuelva de su culpabilidad. Piensa que tiene mayor poder de eliminar su culpabilidad que si sacrificara a sus cerdos:

“Porque el tiempo sabe, mientras envejece, borrarlo todo”27, una frase que recuerda la respuesta del gobierno turco a las acusaciones de genocidio: ¿Quién puede preocuparse de lo que ocurrió hace tanto tiempo?. Adolf Hitler en 1939 dijo: “ ¿Quién, después de todo, habla hoy en día de la aniquilación de los armenios?”28 “Porque se halla adormecida y marchitada la sangre de mi mano,” dice Orestes29. El pensamiento de la polis espera que el tiempo borre lo que el pensamiento de la etnia conmemorará eternamente. Cada 24 de Abril los armenios de todo el mundo se reúnen en altares para recordar el genocidio, pero esas conmemoraciones están prohibidas en Turquía.

Orestes apela a Atenea, en su máscara del siglo quinto de hija de Zeus y patrona de la polis, una diosa que no requiere de “ayuda de lanzas”30. Es a través de su sabiduría que Orestes espera conseguir su absolución: “porque siendo un numen, bien puede oírme aun de lejos, y, que, al fin me libere de mis penas”31. Quizás Gournig Yanikian tenía esperanzas parecidas cuando vio por primera vez en la Atenea americana del puerto de Nueva York, que la “sabiduría” del mundo moderno lo liberaría de sus pesadillas.

Además de la sangría y el deseo de sangre, las Furias también buscan “entonar nuestra musa de horrores”32, un canto que sea “Sobre la víctima nuestra, este canto, que es delirio y un extravío mortal de la mente, himno de Erinia que las almas encadena, un himno sin lira que va marchitando a los hombres.”33. Tienen la misma madre que Rhea, la Noche, y puede ser que sus canciones se parezcan a los ritmos de los tambores de Rhea en la boca de la cueva de la Noche, ya que los ritmos de Rhea convocan a la humanidad a volver a sus orígenes, a esos principios originarios donde experimentamos lo arcaico, los “primeros principios” del ser, de manera que los cantos de las Furias devuelven al hombre a sus orígenes raciales, a esos primeros principios que infunden a la gente su identidad. Las pesadillas de Gournig Yanikian eran esos cantos.

Esquilo dice que el lugar de las Furias en el esquema de las cosas ha sido decretado por los dioses34, y por eso han sido desterradas por esos mismos dioses35. “Nuestro nombre en la morada nuestra, bajo tierra, es el de Maldición”36. Sólo haciendo trampas consiguen realizar su misión, que es “antigua” “asignada por las Moiras y ratificada por los dioses”37. No podemos vivir sin ellas, aunque su lugar no esté psicológicamente soleado sino en lo profundo y oculto: “ No me faltan honores, aunque tenga mi estancia bajo tierra, envuelta en la tiniebla”, dicen las Furias. Pero, ¿cuál es su sitio en la vida de la polis?


El juicio
Hacia la mitad de Las Euménides, Esquilo cambia, situando la acción en el templo de Atenea. Aquí Atenea convoca a su corte en la colina del Ares, donde las Amazonas sacrificaron a sus caballos al dios de la guerra y donde, como ella dice., “escogeré jueces atados por gran juramento y luego en un augusto tribunal lo tornaré que dure para siempre”38. Esta ubicación indica que para Atenea hay un aspecto marcial con respecto a las decisiones judiciales, que la etnia y la polis están en pie de guerra.

Las Furias y Apolo discuten sus posturas ante su corte mientras Orestes se arrodilla en señal de adoración, pero el dado parece inclinarse a favor de Apolo ya que Atenas es la patrona de la ciudad-estado. Sin embargo, las Furias esperan un juicio justo ya que Atenea es hija declarada de Zeus y hermana de Dike (Justicia). Además, deben sentirse reforzadas por la imagen de Gorgona que Atenea posee; Pitia, la sacerdotisa de Apolo, compara las Furias con las Gorgonas39. En teoría, Apolo tiene derecho a detener el tormento que las Furias le aplican a Orestes. Atenea replica que el asunto es demasiado grave para que un grupo de mortales lo dirima40. “han de causar desdichas sin remedio,” reclama, pero la corte que ella está estableciendo permanecerá “para siempre” . Este juicio, así lo entendemos, está teniendo lugar hoy en día, doscientos cincuenta años después de la primera producción de la Orestía, en las vidas de gente como Gournig Yanikian. Porque es un juicio del alma, la corte en la que se desarrolla permanecerá dondequiera que la etnia y la polis se deban reconciliar.

En su argumento, las Furias reclaman que el asesinato de Agamenón a manos de Clitemnestra fue un crimen menos serio que el de Clitemnestra a manos de Orestes. Continuamente refiriéndose a la sangre, aducen que “No comparten su sangre los esposos”41 y que “Fue la sangre de una madre lo que vertió”42.

La impugnación de Apolo tiene muy poco que ver con la pérdida de la sangre de Agamenón, es decir, con el hecho de su sangre. Sin embargo, Apolo apela a ideas teniendo en cuenta la importancia política de Agamenón como “gran hombre caudillo de la armada”43 y a la idea de que era inverosímil que tan gran guerrero muriera en el baño a manos de una mujer. El crimen de Clitemnestra amenaza las ideas fundamentales en las que (según Apolo) está basada la polis, principalmente la idea de categoría humana a los ojos de la comunidad. Apolo va tan lejos como para decir que el asesinato de Clitemnestra a manos de Orestes no es un matricidio puesto que


Del hijo no es la madre engendradora,

es nodriza tan sólo de la siembra

que en ella se sembró. Quien la fecunda

ése es engendrador. Ella, tan sólo

-cual puede tierra extraña para extraños-

conserva el brote, a menos que los dioses

la ajen44.
Ofrece el ejemplo de la misma Atenea, como una criatura nacida de un padre sin madre. Concluye su discurso con un voto a Atenea para “engrandecerte a ti y a tu ciudad, y sus habitantes”45.

Atenas admite su parcialidad por lo masculino:


No me parió una madre, y siempre, en todo,

salvo en tomar esposo, me he encontrado

del lado del varón. Soy, sin reserva,

del bando de mi padre. De este modo,

no prefiero el destino de una hembra

que muerte dio a su esposo, de una casa

dueño y señor46.
Esta desacreditación de la madre es algo antinatural y, por tanto, algo malo a los ojos de las Furias. ¿Es posible que el exponente de esta desacreditación pueda servir de árbitro en la reconciliación entre la etnia y la polis?

Las Furias quieren saber si su madre, la Noche, está atenta a estos procedimientos de conveniencia. La influencia contra ellas es tan grande que temen ser aniquiladas, pero si la Noche está atenta, las Furias sienten que su rol en el esquema de las cosas se reforzará. La Madre Noche es necesaria para la causa de las Furias porque todos los dioses les deben su existencia a ella. En la sucesión de los dioses, ella es la primera es casi todas las tradiciones.

En el mito órfico de la creación, ella gobierna el universo desde su cueva en la tríada de Noche-Orden-Justicia. Esta nueva corte debe tener en cuenta la Justicia original que dio a luz a las Furias. En su recapitulación final frente al jurado, las Furias reclaman, “ la ruina o conservar la gloria”47.

Se celebran pues las votaciones, y los “buenos ciudadanos” de Atenea eligen un número igual por cada lado. Atenea echa a suertes el voto decisivo y salva a Orestes de las Furias. Orestes está tan contento que jura defender la polis incluso después de muerto.

Las Furias, sin embargo, están furiosas y sueltan un discurso digno del más extremo terrorismo étnico:
¡Ay, ay, jóvenes dioses,

la antigua institución habéis hollado,

me lo habéis arrancado de las manos.

Sin honra, sin ventura,

rebosante de cólera

en contra de esta tierra,

destilando un veneno,

un veneno que será mi venganza

contra esta tierra, irresistible... De él

una peste que dejará sin hojas

y sin hijos saldrá...

¡oh. Justicia!, y que cayendo

sobre la tierra vuestra hará brotar

contra el país mil plagas asesinas48.


Un hombre armenio que apoyaba el asesinato de los diplomáticos turcos me dio un poema escrito por un armenio en 1905 (once años después de la masacre por parte de los turcos), un poema con el tono de este discurso. Este poema se ha convertido, en sus palabras, en el “llanto colectivo” de la resistencia armenia. Está dirigido a todos los futuros “Asesinos, Terroristas, Vengadores”, y unas cuantas líneas serán suficientes para mostrar su semejanza con el espíritu del coro de las Furias en la corte de Atenas:
Así, igual que vuestras justas e invencibles manos de hierro,

que salen furiosamente de vuestros marciales pechos fieros,

se hunden en la tierra, los crímenes y la traición con un golpe despiadado...
Atravesasteis a toda prisa las puertas de los espíritus oscuros y criminales, como la conciencia, cuya búsqueda termina cuando se encuentra la verdad,

os convertisteis en la ley, observando el mal de los que adoran el crimen.


Vieron vuestra cruel espada , era la espada del destino,

vieron que vuestras dagas, en busca de cuellos pecadores,

estaban brillando otra vez...
Pero aun tenemos que hacer resonar la muerte, tenemos que extender

la muerte, sobre esos malignos y atroces palacios del odio,

bajo esas piedras angulares el espíritu del cuerpo y la mente

de nuestras gentes golpea...


Vuestra persona invade sus pesadillas con sus pasos de hierro

en busca de venganza...


Por tanto, alzaos, una y otra vez, hijos de

Armenia, héroes, luchadores de la libertad,

alzaos, aniquilad y convertid en cenizas

esos palacios de culpa y sangre de nuestros ejecutores.49


Atenea busca apaciguar la ira de las Furias a través de la oratoria (los primeros políticos se denominaban retóricos), pero este poema, como las fotografías del fotógrafo armenio, no están concebidas como arte. Se trata de “documentación histórica” y busca incitar a la acción concreta: las Furias no tienen ningún interés en un Orestes estético.

Sin embargo, las palabras de Atenea son cruciales para encontrar una solución a esta batalla entre la etnia y la polis. Atenea explica a las Furias que un lugar les ha sido preservado para ellas eternamente, “Yo os prometo –cosa enteramente justa- en esta tierra una asiento legítimo, do sentadas en un trono esplendoroso junto al altar, los honores recibiréis de esta tierra”50. Atenea clama que, incluso en las polis más politizadas, la etnia tiene un culto y que el templo de este culto está en el centro, profundo y escondido.

Atenea está preocupada por el terrorismo: “no hagáis, en vuestra enorme indignación, a esta tierra sorda a los mortales.”51 Cuando los terroristas armenios mataron a ocho personas en el aeropuerto de Orly en Paris, cuando seiscientas personas murieron en la invasión del Golden Temple de los Sikhs en el Punjab, cuando seiscientos tamiles fueron asesinados por las guerrillas sinhalesas en Sri Lanka, cuando trescientos palestinos fueron masacrados por las milicias cristianas en los campos de refugiados de Beirut, y cuando Gournig Yanikian aparece en su hotel con un arma, Atenea explica que es hora de poner la furia “bajo tierra”.

Su discurso no satisface a las Furias: “¡Yo sufrir este ultraje! ¡Yo, con esa sapiencia tan antigua vivir en esta tierra, como algo sin honor, y abominable! ¡Oh, no! Respiro indignación, respiro un aliento de venganza. ¡Ay, ay, tierra, ay de mi! ¡Ay, qué dolor penetra en mis costados, qué dolor en mi pecho!”52. La “rabia atrapada como el viento en el estómago” insiste en salir a la luz.

Como último recurso, Atenea apela a la diosa Persuasión quien le da las frases y palabras adecuadas capaces de convencer a las Furias. Atenea empieza a describir la corte de honor de las Furias como “sin daño”53, y les garantiza el poder de hacer que las familias sean prósperas o pobres. La persuasión les puede. Esta transformación repentina de las Furias de toga negra en Eumenides de toga roja (espíritus buenos) es difícil de creer. ¿Qué es lo que las Furias reconocen en Persuasión? Que las Furias y Persuasión comparten una relación especial con la diosa Ananke (Necesidad) que ha sido destacada por Hillman en su ensayo sobre Ananke. “La imagen por la cual la carne vive es la necesidad definitiva de gobernar”54 según Hillman, y la imagen que vincula el cuerpo a la sangre es la de las Furias. Persuasión convence a las Furias porque entiende esta necesidad.

Como muestra Hillman, Persuasión y Necesidad comparten una conexión especial con la imagen del collar, una imagen relacionada con el destino. Esta conexión se ve en la etimología del nombre Ananke (neck, neck-band, collar, yoke)55y el hecho de que Hesiodo reclame que Persuasión le ofrece collares de oro a Pandora. “La garganta sin destinatario es la carne articulada e inarticulada sin sentido específico de su propia necesidad”, dice Hillamn. Lo que las Furias y Persuasión ven en Necesidad es con lo que de verdad Persuasión inspira el discurso de Atenea –las Furias deben coronar a cada familia con su propio destino.

Lo que persuade a las Furias es la promesa de reconocimiento. ¿Para qué si no entronarlas en el centro bajo la tierra, sino para centrarlas en sí mismas? Cuando Yanikian mata al embajador turco, es algo “meramente literal” y no psicológico porque se ha perdido la perspectiva de las Furias, “la imagen a través de la cual la carne vive”. El sólo sabe que las pesadillas se acaban y se siente liberado. Cuando el poeta árabe Al-Samau´al escribió “nuestras almas están pinchadas en los filos de nuestras espadas, y en ninguna otra parte las encontrarás”, estaba describiendo la condición del literalismo de Yanikian. El alma no sólo queda atrapada, dice Miller, sino que queda “atrapada ....en su propia trampa”56. Es el callejón sin salida de la venganza tribal que apacigua a las Furias, pero no coloca sus perspectivas en el centro.

¿Cómo entonces siguen viviendo las Furias si Yanikian (o cualquiera de nosotros) tiene que ser un “buen ciudadano de la polis”? ¿Cómo se les entrona en la experiencia de la vida? Consideremos el caso de Nicholas Gage, un antiguo reportero investigador del New York Times, que ha escrito un relato conmovedor57 de sus intentos por localizar al líder de la guerrilla comunista Achilleas Lykas, quien ordenó la tortura y ejecución de su madre en 1948 durante la guerra civil griega. La historia tiene un veneno añadido y es que la madre de Gage fue ejecutada por proteger a sus hijos, y su hijo más preciado, como suele suceder entre las campesinas griegas, era su hijo Nicholas Gage de nueve años.

“No cabe duda de que ella murió para que yo pudiera vivir”, dice Gage. En 1980, Gage comienza a investigar la historia de su madre:
Tenía que encontrar a mi madre para verla con los ojos de un adulto, y desvelar sus sentimientos secretos sobre ese mundo que la enjauló. Tenía que hacer esto para aprender cómo quiso ella que yo respondiera a sus asesinato. Tenía que descubrir si, cuando iba ascendiendo por el barranco para ser ejecutada, era Antígona, enfrentándose a la muerte con resignación porque había retado a propósito una orden humana para honrar una orden superior del corazón, o si era Ecuba, pidiendo a gritos venganza. ¿Qué quería ella que yo hiciera?
No supo la respuesta hasta Abril de 1982, cuando por fin encontró al juez que había ordenado la ejecución de su madre. En dos ocasiones distintas, Gage tuvo la oportunidad de matar al ejecutor de su madre pero se abstuvo gracias al recuerdo de una mujer que habló con su madre días antes de su muerte: ella “no hablaba del dolor de su tortura, aunque le pegaron mucho para que se mantuviera erguida, sino sólo de su ansia por abrazar más tiempo a sus hijos por última vez”. Este pensamiento lo frenó a la hora de apretar el gatillo: “como el árbol de moras de nuestro jardín, que aún sigue en pie aunque la casa esté en ruinas, ese amor ha echado raíces en nosotros, sus hijos, y se ha extendido a sus nietos también. Si hubiera matado a Lykas, hubiera tenido que desraizar ese amor de dentro de mí y ser como él, purgándome, como él hizo, de toda humanidad o compasión”.

“Matar a Lykas me hubiera quitado la pena que me ha inundado todos estos años. Pero aunque buscaba esa satisfacción más que nada, he aprendido que no puedo hacerlo. El amor de mi madre, el primer impulso de su vida, todavía nos une, a veces rodeándome como una presencia tangible. Reunir el odio necesario para matar a Lykas hubiera cortado el puente que nos conectaba y destruido la parte de mi que se parece más a Eleni”.

El intento de ser un buen ciudadano no fue suficiente en si mismo para evitar que Gage apretara el gatillo. Volvió al apartamento de Lykas por segunda vez. Fue persuadido (podemos decir que las Furias fueron persuadidas) cuando se les dio un lugar, cuando sus perspectivas, el lazo de madre e hijo, lo “casi tangible”, fue aceptado. Las Furias se han convertido en “ huéspedes de la polis”. Para Gage, haber matado al ejecutor, como él mismo dijo, hubiera sido haber matado el vínculo. Las Furias no son convencidas por Atenea; son persuadidas y ocupan su lugar de honor desde la perspectiva de Gage. Esta perspectiva corrobora que el vínculo sobrevive. Es un pacto al que las Furias acceden mientras permanezcan autónomas y fuera.
Epílogo
Hay una escena en el Ulises de James Joyce en la que Leopold Bloom entra en un pub de Dublín. Allí lo intimida un gordo fanático, identificado sólo como “el paisano”, pidiéndole que diga delante de todos los presentes cual es su nacionalidad. Conociendo sólo su condición de judío, el paisano se sorprende cuando Bloom responde que Irlanda es su patria. Pero se precipita a añadir “Yo pertenezco a una raza además, dice Bloom, que es odiada y perseguida. También ahora. En este preciso momento, en este preciso instante.... “. El paisano le tacha de sionista soñador, “Está hablando de la nueva Jerusalén?” Bloom responde que está hablando de injusticia.

Otro hombre en el pub, John Wyse Power, reta a Bloom:“ Hágale frente con redaño como los hombres”, pero Leopold Bloom, el nuevo “hombre femenino” da su famoso discurso,


“Pero no vale de nada, dice él. La fuerza, el odio, la historia, todo eso. Eso no es vida para los hombres y las mujeres, insultos y odio. Y todo el mundo sabe que es precisamente lo contrario lo que es la vida de verdad”.
“¿Qué?”, pregunta otro hombre en el pub. Y Bloom responde, “El amor, dice Bloom. Quiero decir lo contrario del odio. Tengo que irme,” .

Joyce basa esta escena en el encuentro de Odiseo con Polifemo en la cueva de los Cíclopes: Polifemo ha retado al héroe a que se identifique. Para Joyce, la identidad irlandesa del paisano es de un solo ojo, al rechazar todo lo que no sea irlandés y confundiendo la moderna nación-estado con la tribu irlandesa. El judaísmo de Bloom, por otra parte, es de dos ojos, evolucionado, y por eso es capaz de ver su propia condición irlandesa además de su judaísmo. Bloom es más cristiano que el paisano cristiano, animando a los hombres a amarse y abandonando el pub rapidamente58.

En Leopold Bloom encontramos al ciudadano ideal, el ciudadano de la nueva Bloomusalen, como Joyce la llama. Bloom no reniega de sus raíces tribales. Con su furia en su centro, no pierde su perspectiva en la naturaleza concreta de su judaísmo. Pero invoca el poder de la polis verdadera al honrar a sus furias en silencio59. La verdadera polis se funda en una visión psicológica interna y no en la Jerusalén “meramente literal”que el paisano tiene en mente cuando acusa a Bloom de sionista soñador. Bloom invoca el poder de la verdadera polis, la que se asienta en la perspectiva de las Furias, con su llamamiento a la justicia para todas las tribus y contra la fuerza que ha convertido la historia en una pesadilla. El alma se ha despegado del filo de la espada. Ulises, un libro en el que un judío es el padre de un celta, es un documento de esta nueva Jerusalén. Y bajo la tierra de esta ciudad, naturalmente, a las Furias sedientas de sangre se les tiene gran veneración:
De estos horribles rostros (de las Furias)

veo surgir para este pueblo, espléndido

provecho. Si sabéis

devolverles su amor con vuestro afecto

y los honráis por siempre

con espléndidas honras

se os verá eternamente conduciendo esta ciudad, esta tierra

por el sendero de recta justicia60.




1 N. Del T.: Traducción personal. No he podido localizarla en la obra.

2 Publicado en The New York Times. 8 de Noviembre de 1983.

3 El momento crucial de esta descomposición fue la creación por parte de Clistenes de la “phylai” local en el 508 a.c. que provocó la desintegración del bloque de votos de las familias de la aristocracia. Para más información sobre las reformas democráticas anteriores al periodo activo de creación de Esquilo, ver Eric Voegelin: Order a-z History: The World of the Polis. Baton Rouge, La. Louisiana State University Press, 1975. Pgas. 119 y 243.

4 “Las Euménides”. Pag. 381. N. Del T.: Todas la citas literales están recogidas de la siguiente traducción al español de dicha obra: Esquilo: Tragedias Completas. Cátedra. Madrid, 1990.

5 “Las Euménides”, pg. 390.

6Este concepto se complica por el hecho de que ya no existen “razas puras” entendidas como tal en la tierra, “puras” en el sentido de lazos de sangre sin mezclarse con ninguna otra raza. El término “raza” ya no se utiliza en antropología. Pero, a pesar de lo que haya ocurrido con la cuestión de la sangre o con la terminología antropológica, se siguen cometiendo atrocidades cada día en nombre de la “raza propia”¿Puede una fantasía griega u occidental como es la polaridad etnia-polis aplicarse a países no-occidentales tales como India, Sri Lanka, Nicaragua o Turquía? Si, puede aplicarse en la medida en que dichos países hayan fundamentado sus gobiernos en la idea griega de la polis. Dondequiera que la polis exista con su noción de igualdad de tribus y patrones de justicia basados en esa igualdad, Zeus, Apolo y Atenea estarán presentes. Y dondequiera que alguien haya imaginado, pensado o actuado en nombre del parentesco de los lazos de sangre, estarán presentes las Furias. ¿Y dónde no ha sido éste el caso? Los tamiles de Sri Lanka, los judíos en Rusia, los armenios en Turquía, los drusos en Líbano, los vascos en España, y muchos más están librando batallas para reafirmación de su identidad en países en los que se ejerce la igualdad.

7 Michael Arlen, citado por Irving Sheldon en The Providence Journal. 20 de Noviembre de 1983.

8 “Las Euménides”. Pg. 379.

9 Entrevista privada con el autor.

10 “Las Euménides”. Pg. 398.

11 “Las Euménides”. Pg. 391.

12 “Las Euménides”. Pg. 376.

13 “Las Euménides”. Pg. 377.

14“Las Euménides”. Pgs. 391-392.

15 The Ancient City. New York. Harper & Row, 1979. Pgs. 56-57.

16 Eric Partridge: A Short Etymological Dictionary of Modern English. New York, The Macmillan Company, 1985. Pg. 155 y The Compact Edition of thew Oxford English Dictionary, vol. 2. Oxford, Clarendon Press, 1971. Pg. 3.604.

17 “Las Euménides”. Pgs. 381-382.

18 “Las Euménides”. Pg. 383.

19 “Las Euménides”. Pg. 383.

20 “Las Euménides”. Pg. 383.

21 “Las Euménides”. Pg. 386.

22 “Las Euménides”. Pg. 386.

23 The Dream and the Underworld. New York, Harper & Row, 1979. Pg. 115.

24 Publicado en Spring. 1984. Pg. 157.

25 Teogonía. Pgs. 133-87.

26 Teogonía. Pgs. 211-32.

27 “Las Euménides”. Pg. 387.

28 Dickran H. Boyaiian: Armenia: The Case for a Forgotten Genocide. Westwood. N.J. Educational Bookcrafters, 1972. Pg. 311.

29 “Las Euménides”. Pg. 387.

30 “Las Euménides”. Pg. 388.

31 “Las Euménides”. Pg. 388.

32 “Las Euménides”. Pg. 389

33 “Las Euménides”. Pg. 390.

34 “Las Euménides”. Pg. 394.

35 “Las Euménides”. Pg. 394.

36 “Las Euménides”. Pg. 393.

37 “Las Euménides”. Pg. 393.

38 “Las Euménides”. Pg. 398.

39 “Las Euménides”. Pg. 376.

40 “Las Euménides”. Pg. 397.

“Las Euménides”. Pg. 398.

41 “Las Euménides”. Pg. 404.

42 “Las Euménides”. Pg. 407.

43 “Las Euménides”. Pg. 406.

44 “Las Euménides”. Pg. 407.

45 “Las Euménides”. Pgs. 407-408.



46 “Las Euménides”. Pg. 412.

47 “Las Euménides”. Pg. 412.

48 “Las Euménides”. Pg. 414.

49 Poema de Siamanto (Adam Yardjaanian, 1878-1915), compuesto en 1905, traducido al inglés por Sahag Vertanesian y Taniel Varoujan Santourian, en circulación privada. N. Del T.:Traducción personal al español.

50 “Las Euménides”. Pg. 415.

51 “Las Euménides”. Pg. 415.

52 “Las Euménides”. Pg. 418.

53 “Las Euménides”. Pg. 419.

54 “On the Necessity of Abnormal Psychology” en Facing the Gods. Spring Pub., Inc., 1980. Pg. 17.

55 N. Del T. : En inglés, la palabra “collar”, es decir “neckband” y “neck” (“cuello”) poseen una relación etimológica evidente con el nombre propio Ananke. Esto no sucede en español. Al menos no he encontrado un sinónimo del vocablo “collar” que pudiera sugerirla.

56 Spring 1984: 153.

57 “My Mother Eleni: The Search for Her Executioners”. New York Times Magazine. 3 de Abril de 1983.

James Joyce: Ulises. Pag. 381. N. Del T.: Todas las citas literales de esta novela pertenecen a la edición traducida por Francisco García Tortosa y María Luisa Venegas: James Joyce: Ulises. Cátedra. Madrid, 1999.

58 Richard Ellniann: Ulises on the Liffey. New York: Oxford University Press. Pg. 86.

59 Vemos la visión negativa que Bloom tiene de un sionismo literal en su descripción geográfica de la tierra prometida: “No, no es así. Una tierra baldía, erial desnudo. Lago volcánico, el mar muerto: sin peces, ni algas, hundido profundo en la tierra. Ningún viento podría levantar esas olas, brumosas aguas venenosas, metal gris. Azufre lo llamaban cuando caía en forma de lluvia: las ciudades del llano: Sodoma, Gomorra, Edom.” (James Joyce: Ulises. Pg. 68).

60 “Las Euménides”. Pg. 423.








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