De hitler a mis profesores



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DE HITLER A MIS PROFESORES

Como estudiante de segundo de bachiller he de confesar que atravesar las puertas del colegio algunas mañanas es un suplicio. El ambiente de ciertas clases está cargado de una acritud corrosiva, ni una sola participación entre profesor y alumno mientras el primero escupe la historia de España como quien se ve forzado a hablar del tiempo al encontrarse atrapado con un vecino en el ascensor. Suspiros, cabezas oscilantes acompañadas de bostezos marcan el compás de una hora que hasta el reloj se niega a completar eficientemente, ralentizando sus manecillas.

Esta sucesión de horas podría desmoralizar a cualquiera que siente un mínimo aprecio por la enseñanza, es como pedir tu plato favorito en un restaurante y que te lo entreguen cubierto de vómito, por supuesto, no se admiten cambios ni devoluciones. Pero por fin llega esa asignatura, impartida por alguien que declara su fascinación por ella. Alguien a quien le interesa conocer las opiniones inmaduras y brutas de su alumnado, que no recita el temario como si de un pasaje bíblico se tratase, se sale de lo normal buscando relaciones entre la actualidad y la página 137 del libro. Uno deja de comprender el dicho “salvado por la campana” cuando suena el timbre inesperadamente. Las luces se apagan al cerrar la puerta de la clase, pero la curiosidad por el saber queda encendida.

Y quien consigue provocar ese efecto es, a mi parecer, un verdadero líder. Éste es un concepto bastante abstracto, llamamos de esa forma a alguien que dirige, que se hace cargo de una situación de manera natural y consigue guiar a quién esté bajo su mando. Esas dotes suelen estar ligadas a un cierto carisma innato que despierta los afectos y emociones de los que le rodean, como una invitación para seguirle. Y si algo hemos aprendido de las emociones humanas es que son ciegas y más poderosas que la razón en algunos casos. Lo vemos actualmente en la insurgencia de políticas populistas, discursos que despiertan la pasión de los votantes prometiendo su bienestar, sin importar los argumentos, éstos pueden ser inexistentes o inmorales ya que lo primordial es exaltar los sentimientos de quien los escuche.

Por eso es difícil encontrar un buen líder, alguien que tenga la capacidad de engatusar a sus oyentes, pero no la utilice exclusivamente para defender sus propios intereses. Este modelo de dirigente llega a las emociones de sus seguidores y aun así se preocupa por despertar un pensamiento crítico en ellos que le ceda su respeto y confianza de forma racional. El buen líder deja atrás la ideología de obediencia ciega tan admirada antaño. Confundida con la disciplina, ha sido la base de todos los regímenes dictatoriales, véanse las violentas represalias por parte del propio Hitler contra todo aquel que se cuestionaba su mandato. En resumen, buscamos una persona asertiva.

Esta idea se ha popularizado gracias al desarrollo de la economía y a la investigación en este campo. Se ha descubierto que la producción aumenta en proporción directa a la motivación de los empleados. Por fin vemos que el jefe ideal no debe ser temido, sino respetado. Y digo ideal porque el progreso es una medicina que tarda en surtir efecto y, a pesar de haber observado estos fenómenos décadas atrás, es ahora cuando comenzamos a inquietarnos por proporcionar un ambiente de trabajo en el que los asalariados se sientan valorados y útiles.



Se nos llena la boca al hablar de liderazgo en la política y en la empresa, pensamos que son los únicos campos en los que este atributo sería aplicable, pero, ¿qué pasa con la educación? La fábrica de futuros ciudadanos, la más importante de todas las producciones. Los trabajadores no alcanzan su máximo potencial cuando se encuentran desmoralizados, cuando sienten que su aportación se pierde como una insignificante gota de agua en el océano, ellos necesitan un líder que les ayude a crecer y a encontrar su motivación, igual que nosotros. Cada profesor debería mirarse en el espejo y descubrir que es el directivo de un pequeño negocio que hay que mantener a flote como sea, el negocio de la curiosidad y el saber.

CECILIA


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