David K. Lewis "Conocimiento elusivo"



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¿Cómo de alto es ‘suficientemente alto’? Eso puede depender de cuánto se arriesgue. Cuando el error fuera especialmente desastroso sería adecuado ignorar pocas posibilidades. Entonces incluso un grado bajo de creencia podría ser ‘suficientemente alto’ para que la Regla de la Creencia entre en juego. El jurado [429] sabe que el acusado es culpable sólo si su culpabilidad ha sido probada más allá de una duda razonable.12

Incluso cuando el riesgo es alto, algunas posibilidades pueden ignorarse adecuadamente. Por desastroso que fuera condenar a un inocente, el jurado podría ignorar adecuadamente la posibilidad de que fue el perro, maravillosamente bien entrenado, el que disparó el tiro fatal. Y a no ser que estén ignorando otras alternativas más pertinentes que esa, es correcto decir que sabe que el acusado es culpable. Sin embargo si hubieran existido razones para dar a la hipótesis del perro un grado de creencia ligeramente menos despreciable—si el mejor entrenador de perros del mundo hubiera sido enemigo mortal de la víctima—entonces la alternativa sería pertinente después de todo.

Sólo aquí la creencia y la justificación entran en mi historia. Como ya se ha dicho, admito que haya creencia justificada verdadera sin conocimiento, como en el caso de tu creencia de que no te tocará la lotería. Admito conocimiento sin justificación, como en los casos de reconocimiento facial o de los sexadores de pollos. Incluso admito el conocimiento sin creencia, como en el caso del estudiante inseguro que sabe la respuesta pero no tiene la confianza de estar en lo cierto, y por tanto no cree lo que sabe.13 En consecuencia, cualquier propuesta de Regla de la Creencia inversa ha de ser rechazada. Una posibilidad que el sujeto no cree hasta un cierto grado, y no debería creer hasta un cierto grado, puede sin embargo ser una alternativa pertinente y no adecuadamente ignorada.
A continuación está la Regla de la Similitud. Supongamos una posibilidad que se asemeja notablemente a otra. Si una de ellas no puede ser adecuadamente ignorada, tampoco puede serlo la otra. (O mejor, deberíamos decir que si una de ellas no puede ser adecuadamente ignorada en virtud de reglas distintas de ésta, entonces tampoco la otra puede serlo. De lo contrario, nada puede ser adecuadamente ignorado; porque un número suficiente de pequeñas similitudes pueden llevarnos de cualquier sitio a [430] cualquier otro.) O supongamos que una posibilidad se asemeja notablemente a otras dos o más, a una en un aspecto y a otra en otro, y supongamos que cada una de ellas no puede ser adecuadamente ignorada (en virtud de reglas distintas de ésta.) Entonces las similitudes pueden tener un efecto acumulativo, siendo más poderosas juntas que cualquiera de ellas por separado.

Debemos aplicar la Regla de la Similitud con cuidado. La realidad es una posibilidad no eliminada por la evidencia del sujeto. Cualquier otra posibilidad M que tampoco es eliminada por la evidencia del sujeto se asemeja a la realidad en un aspecto notable: en concreto, con respecto a la evidencia del sujeto. Esto será así incluso si M es muy distinta de la realidad en otros aspectos—incluso si, por ejemplo, es una posibilidad en la que el sujeto se ve engañado radicalmente por un demonio. Claramente, no podemos aplicar las Reglas de la Realidad y la Similitud para concluir que tal M es una alternativa pertinente—esto sería capitular frente al escepticismo. ¡La Regla de la Similitud nunca pretendió aplicarse a esta similitud! Parece que tenemos una excepción ad hoc a la Regla, si bien se trata de una excepción razonable a la vista de la función de la atribución de conocimiento. Sería mejor, sin embargo, una forma de reformular la Regla de manera que obtuviéramos la excepción necesaria sin que fuera ad hoc. Esto no sé cómo hacerlo.

Es la Regla de la Similitud la que explica por qué no sabes que no te va a tocar la lotería, sin importar las posibilidades en tu contra ni tampoco lo seguro que estés de que no te tocará. Para cada boleto existe la posibilidad de que le toque. Estas posibilidades son notablemente similares unas a otras: de forma que o cada una de ellas puede ser adecuadamente ignorada o ninguna puede serlo. Pero una de ellas no puede ser adecuadamente ignorada: la que realmente se da.

La Regla de la Similitud también es la regla que resuelve los problemas de Gettier: otros casos de creencia justificada verdadera que no constituyen conocimiento.14 [431]

(1) Creo que Notiene es dueño de un Ford porque lo he visto conducir uno; pero sin yo saberlo no es el dueño del Ford que conduce ni de ningún otro Ford. Sin yo saberlo, Lotiene es dueño de un Ford, aunque no tengo razones para pensarlo porque nunca conduce y, de hecho, lo he visto coger el tranvía con frecuencia. Mi creencia justificada verdadera es que uno de los dos tiene un Ford. Pero no lo sé; estoy en lo cierto por casualidad. Diagnóstico: no lo sé porque no he eliminado la posibilidad de que Notiene conduce un Ford del que no es el dueño, mientras que Lotiene ni conduce ni es dueño de un coche. Esta posibilidad no puede ser adecuadamente ignorada. En primer lugar, porque la realidad no puede ser adecuadamente ignorada; y en segundo lugar, porque esta posibilidad se asemeja notablemente a la realidad. Se asemeja perfectamente en lo que a Notiene se refiere; y se asemeja bastante a la realidad en lo que a Lotiene se refiere, puesto que encaja con la realidad tanto con respecto a las costumbres no automovilísticas de Lotiene, como con respecto a la correlación general entre costumbres no automovilísticas y carencia de coche. Además, esta posibilidad se asemeja notablemente a una tercera posibilidad: una en la que Notiene conduce un Ford del que es el dueño, mientras que Lotiene ni conduce ni tiene coche. Esta tercera posibilidad no puede ser adecuadamente ignorada dado el grado de creencia. En esta ocasión, la similitud es perfecta en lo referente a Lotiene, y bastante buena en lo referente a Notiene.

(2) Un reloj parado da la hora correctamente dos veces al día. Dice que son las 4:39, del mismo modo que lo ha hecho durante semanas. Lo miro a las 4:39: por casualidad adquiero una creencia verdadera. He ignorado la posibilidad no ignorada de haberlo mirado a las 4:22 estando parado a las 4:39. No era adecuado ignorar esa posibilidad. Se asemeja perfectamente a la realidad en lo que se refiere al reloj parado.

(3) Sin saberlo, estoy viajando en la tierra de los graneros falsos, pero mis ojos se posan en uno de los pocos auténticos. No sé que estoy viendo un granero, porque no puedo ignorar adecuadamente la posibilidad de que esté viendo otro de los muchos graneros falsos. Esta posibilidad se asemeja notablemente a la realidad en lo concerniente a la abundancia de graneros falsos y a la escasez de graneros auténticos en la zona.

(4) Donald está en San Francisco y tengo todas las razones para pensarlo. Pero, aficionado como es a los engaños, me está escribiendo cartas y haciendo que su cómplice me las envíe desde Italia. Si yo hubiera visto las cartas [432] engañosas, con sus matasellos italianos, habría concluido que Donald está en Italia. Por suerte, no he visto ninguna de ellas. He ignorado la posibilidad no eliminada de que Donald se haya ido a Italia y me esté enviando cartas desde allí. Pero no es adecuado ignorar esta posibilidad, porque se asemeja a la realidad tanto con respecto al hecho de que las cartas me están llegando desde Italia, como con respecto al hecho de que dichas cartas vienen en última instancia de Donald. Así que no sé que Donald está en San Francisco.


A continuación está la Regla de la Confiabilidad. En esta ocasión, tenemos una regla presuntiva acerca de lo que puede ser adecuadamente ignorado; y por medio de esta regla se puede captar lo que tienen de correcto las teorías causales o confiabilistas del conocimiento. Consideremos los procesos por medio de los cuales nos llega información: percepción, memoria y testimonio. Estos procesos son bastante fiables15. Dentro de unos límites nos podemos permitir darlos por sentados. Podemos presuponer adecuadamente que funcionan sin fisuras en el caso que estemos considerando. La posibilidad de que fallen puede ser adecuadamente ignorada—aunque de manera derrotable, muy derrotable (defeasibly).

Mi experiencia visual, por ejemplo, depende causalmente de lo que haya ante mis ojos, y lo que yo crea que hay ante mis ojos depende a su vez de mi experiencia visual. Cada dependencia cubre una amplia y variada gama de alternativas.16 Por supuesto, es posible tener alucinaciones—incluso de manera tal que toda mi experiencia perceptual y memoria fueran tal y como realmente son. Esta posibilidad nunca puede eliminarse aunque sí puede ser ignorada. Y si es adecuadamente ignorada—como básicamente lo es—entonces la visión me proporciona conocimiento. A veces, no obstante, la posibilidad de la alucinación no puede ser adecuadamente ignorada, ya que en ocasiones realmente tenemos alucinaciones. La Regla de la Confiabilidad puede ser derrotada por la Regla de la Realidad. O puede igualmente ser derrotada en un problema de Gettier por la acción conjunta de las Reglas de la Realidad y de la Similitud: [433] si no estoy teniendo alucinaciones, pero sin saberlo vivo en un mundo donde la gente mayoritariamente sí las tiene, y yo mismo me he salvado de milagro, entonces la posibilidad no eliminada de la alucinación está demasiado cerca de la realidad para ser adecuadamente ignorada.

Por supuesto, no presuponemos que nunca se dé un fallo, por ejemplo, de la visión. El presupuesto general de que la visión es fiable consiste más bien en una disposición permanente a presuponer, con respecto a cualquier caso en concreto que estemos considerando, que no existe error en ese caso.
De modo similar, tenemos dos Reglas del Método permisivas. Se nos permite presuponer—de nuevo de una forma muy derrotable—que una muestra es representativa; y que la mejor explicación para nuestra evidencia es la explicación verdadera. Esto es, tenemos legítimo derecho a ignorar los fallos posibles en estos dos métodos clásicos de inferencia no deductiva. De nuevo, la regla general consiste en una disposición permanente a presuponer la fiabilidad de cualquier caso en concreto del que nos estemos ocupando.

Otra regla permisiva es la Regla de la Conservación. Supongamos que aquellos a nuestro alrededor ignoran habitualmente ciertas posibilidades y que es comúnmente sabido que lo hacen. (Lo hacen, esperan que otros lo hagan, esperan que otros esperen que otros lo hagan…) Entonces—una vez más de forma muy derrotable—estas posibilidades generalmente ignoradas pueden serlo adecuadamente. Se nos permite, de manera derrotable, adoptar las presuposiciones mutuas y habituales de aquellos que nos rodean.

(No está claro si estas cuatro reglas permisivas son necesarias. Algunas pueden ser subsumidas por otras. Tal vez nuestra costumbre de tratar las muestras como representativas y de inferir a la mejor explicación podría contar como un proceso normalmente fiable de transmisión de información. O quizá podríamos subsumir la Regla de la Confiabilidad bajo la Regla de la Conservación, sobre la base de que los procesos fiables por medio de los cuales obtenemos conocimiento son familiares, generalmente confiamos en ellos, y por tanto puede presuponerse en general que son normalmente fiables. Entonces la única tarea extra realizada por la Regla de la Confiabilidad sería cubrir procesos fiables menos familiares (¿y meramente hipotéticos?) tales como los procesos que confían en facultades extrasensoriales. Igualmente, mutatis mutandis, podríamos subsumir las Reglas del Método bajo la Regla de la Conservación. O en su lugar podríamos subsumir la Regla de la Conservación [434] bajo la Regla de la Confiabilidad, sobre la base de que aquello que es generalmente presupuesto tiende, en la mayor parte de los casos, a ser verdadero, y los procesos fiables por los cuales esto es así ya están cubiertos por la Regla de la Confiabilidad. Pero más vale ser redundantes que incompletos. Así, dejando la cuestión de la redundancia abierta, propongo las cuatro reglas.)
Nuestra última regla es la Regla de la Atención. Esta es, no obstante, una trivialidad más que una regla. Cuando decimos que es adecuado ignorar una posibilidad queremos decir exactamente eso; no queremos decir que podría haber sido adecuadamente ignorado. Según esto, una posibilidad no ignorada es, ipso facto, no adecuadamente ignorada. Lo que es y no es ignorado es un rasgo del contexto conversacional específico. No importa lo improbable que una posibilidad sea, no importa lo adecuado que pudiera haber sido ignorarla en otro contexto, si en éste de hecho no la estamos ignorando sino prestándole atención, entonces ahora es una alternativa pertinente para nosotros. Está en el dominio contextualmente determinado. Si se trata de una posibilidad no eliminada en la que no-P, entonces funcionará como contraejemplo a la afirmación de que P se da en toda posibilidad no eliminada por la evidencia de S. Esto es, servirá de contraejemplo a la afirmación de que S sabe que P.

Practiquemos la epistemología. Dejemos correr nuestras fantasías. Encontremos posibilidades no eliminadas de error por todas partes. Ahora que les estamos prestando atención, como he dicho que hiciéramos, ya no estamos ignorándolas, ni adecuada ni inadecuadamente. Hemos pues aterrizado en un contexto con un dominio tremendamente rico de contraejemplos potenciales a la atribución de conocimiento. En este contexto tan extraordinario, con un dominio tan rico, nunca (bueno, casi nunca) puede haber una atribución de conocimiento que sea verdadera. Ni una atribución de conocimiento a uno mismo (se trate de tu yo actual o de tu yo pasado, no contaminado por la epistemología) ni una atribución de conocimiento a los demás. Así es como la epistemología destruye el conocimiento. Pero tan sólo temporalmente. El pasatiempo que es la epistemología no nos hunde para siempre en su peculiar contexto. Podemos aún continuar ignorando adecuadamente, sabiendo y atribuyendo con verdad conocimiento a nosotros mismos y a los demás. Esto puede hacerse sin parar durante el resto del tiempo.

¿De qué va entonces la epistemología? En cualquier caso la que hemos estado practicando se convierte rápidamente en una investigación acerca del ignorar posibilidades. Pero la investigación de este ignorarlas ha sido ipso facto no ignorarlas. A no ser que nuestra investigación haya sido una [435] muestra atípica de epistemología, la epistemología inevitablemente destruirá el conocimiento. Por eso el conocimiento es elusivo. No hay más que examinarlo para verlo desaparecer.
¿Es inútil resistirse? Si fijamos nuestra atención en alguna posibilidad hasta ahora ignorada, entonces ya no la estamos ignorando y, a fortiori, no la estamos ignorando adecuadamente. ¿Cómo deshacer esta alteración de nuestra situación conversacional? Si no dejas de insistir quizá no pueda ser deshecha, al menos mientras sigas con nosotros. Incuso si nos vamos a jugar al póquer y al rato retomamos nuestra conversación, aún así podrías aparecer y volver a llamar nuestra atención sobre ella.

Pero quizás lo que hayas hecho sea llamar la atención por error sobre la posibilidad hasta ahora ignorada. La razón por la que sugeriste que debíamos sospechar del mayordomo es que pensaste erróneamente que tenía antecedentes penales. Ahora que sabes que no los tiene (era el anterior mayordomo el que los tenía) desearías no haberlo mencionado. Sabes tan bien como nosotros que la atención continuada a la posibilidad que sacaste a relucir es un impedimento para nuestros propósitos conversacionales compartidos. Ciertamente, todos podríamos estar de acuerdo en que preferiríamos poder dejar de prestar atención a dicha posibilidad. En tal caso podríamos llegar rápidamente al acuerdo tácito de hablar como si la estuviéramos ignorando y, tras hacerlo brevemente, sin duda estaríamos de hecho ignorándola.

A veces no compartimos plenamente nuestros propósitos conversacionales, y puede ser una fuente de conflicto si el hecho de atender a una posibilidad improbable serviría para impulsarlos o limitarlos. ¿Y si quien llama nuestra atención sobre una posibilidad improbable no fuera un filósofo escéptico sino el abogado defensor? En tanto que miembros del jurado a lo mejor preferiríamos ignorarla y que no hubiera sido mencionada. De ignorarla ahora, estaríamos transgrediendo las reglas de conversación cooperativa. Pero puede ser que tengamos muy buenas razones para hacerlo. (Después de todo, lo que más nos importa como miembros del jurado no es si puede decirse con verdad que sabemos; lo que realmente importa es qué deberíamos creer y hasta qué punto, y si debemos o no fallar culpabilidad.) Ignoraríamos las posibilidades improbables si es que pudiéramos. Pero, ¿podemos? Tal vez nuestro primer intento de ignorar sea un ignorar fingido, o bien un ignorar que procede del autoengaño. Más tarde puede ser que se convierta en un ignorar genuino. Pero mientras tanto, ¿sabemos? Quizás no haya una respuesta segura. Estamos transgrediendo las reglas, [436] y nuestra práctica, dependiente del contexto, de atribuir conocimiento se estableció para contextos en los cuales las reglas no fueran transgredidas.

Si sigues contento de ser falibilista, a pesar de mi súplica de que escuches el argumento escéptico con oídos puros, probablemente la Regla de la Atención no te dejará tan contento. Te molestará hasta la victoria momentánea del escéptico. Insistirás en tu derecho a resistirse a su argumento, no sólo en contextos cotidianos sino también en aquellos contextos más peculiares en los que éste (u otro epistemólogo) reiteradamente llame tu atención acerca de las posibilidades de error más improbables. Más aún, reclamarás tu derecho a resistirte sin transgredir las reglas de la conversación cooperativa. Ya dije que la Regla de la Atención era una trivialidad: aquello que no se ignora no se ignora adecuadamente. Sin embargo la Regla es trivial sólo por la forma en la que enuncié la salvedad sotto voce. Así que tú, falibilista contento, pensarás que tendría que haberla enunciado de otra forma. Por ejemplo, del siguiente modo: ‘shh –excepto aquellas posibilidades que podrían haber sido adecuadamente ignoradas’. Y a continuación insistirás en que aquellas posibilidades improbables de error a las que hemos prestado atención por orden del escéptico son no obstante posibilidades que podían haber sido adecuadamente ignoradas. Mantendrás que la atención que les prestemos, por sí misma y por mucha que ésta sea, no puede convertirlas en alternativas pertinentes.

Si dijeras eso habríamos llegado a un punto muerto. He comenzado con un rompecabezas: ¿cómo es posible que el argumento del escéptico sea tan irresistible siendo su conclusión tan insensata? Mi versión de la salvedad que hacía que la Regla de la Atención resultara tan trivial, así como la propia Regla, fueron diseñadas para explicar cómo el escéptico se las ingenia para seducirnos, por qué su argumento nos parece irresistible, aunque sea de modo momentáneo. Si sigues encontrándolo básicamente resistible en todos los contextos, entonces no necesitas tal explicación. Sencillamente no estamos de acuerdo en cuanto al fenómeno que ha de ser explicado.
Mantengo que S sabe que P syss P se da en cada posibilidad no eliminada por la evidencia de S—shh—excepto aquellas posibilidades que nosotros ignoramos adecuadamente. ‘Nosotros’ significa: hablante y oyentes en un contexto dado; es decir, aquellos de nosotros que estamos discutiendo juntos el conocimiento de S. Es nuestro ignorar, no el de S, el que importa para lo que puede decirse con verdad acerca del conocimiento de S. Cuando hablamos sobre nuestro propio conocimiento o ignorancia, como con tanta frecuencia hacen los epistemólogos, estamos haciendo una distinción en donde no existe diferencia. Pero, ¿y si estamos hablando sobre otra persona?

[437] Supongamos que somos detectives; lo crucial para resolver el crimen es si S ya sabía, cuando compró la pistola, que era susceptible de ser chantajeado. Concluimos que sí lo sabía. Nosotros ignoramos varias posibilidades improbables, como ha de hacer un detective realista. Pero S no las ignora. S es un epistemólogo escéptico profesional. Nunca ignora casi nada. Si lo que cuenta para la verdad de nuestra conclusión es lo que ignoramos, bien podemos acertar en que S ya lo sabía. Pero si lo que importa es lo que S ignora, entonces nos estamos equivocando, puesto que S nunca supo mucho acerca de nada. Mantengo que bien podemos estar en lo cierto; así que lo que importa es lo que nosotros ignoramos, no lo que ignora S.

Supongamos en cambio que somos epistemólogos planteándonos qué es lo que sabe S. Si estamos bien informados acerca de S (o si estamos contemplando un caso hipotético bien especificado), entonces si S presta atención a una cierta posibilidad, nosotros prestamos atención al hecho de que S le esté prestando atención. Pero esto significa ipso facto que nosotros le estamos prestando atención. En tal caso, a diferencia del caso de los detectives, las posibilidades que ignoramos adecuadamente deben estar entre las posibilidades que el propio S ignora. Podemos ignorar menos posibilidades que S, no más.

Incluso si el propio S no es ni escéptico ni epistemólogo, puede ser lo bastante imaginativo como para pensar en posibilidades improbables que no sean eliminadas por su evidencia. De nuevo, como epistemólogos bien informados que nos preguntamos qué sabe S, tendremos que prestar atención a las posibilidades imaginadas por S. Aún si la imaginación desbocada de S no lo conduce a conclusiones escépticas, en cualquier caso limita el conocimiento que podemos atribuirle cuando prestamos atención a las peculiaridades de su pensamiento. Dicho de un modo más sencillo: su imaginación limita su conocimiento. Habría sabido más si hubiera sido menos imaginativo.17


¡¿Estoy afirmando que P puede saberse simplemente presuponiéndolo?! ¿Estoy afirmando que puede saberse que una posibilidad M no se da sencillamente ignorándola? ¿No es esto lo que implica mi análisis siempre que el presuponer y [438] el ignorar sean adecuados? Bueno, sí. Y sin embargo no estoy afirmándolo. O mejor aún, no estoy afirmándolo para cualquier P o M concreto. Tengo que conceder, en general, que el conocimiento a base de presuponer e ignorar es conocimiento; pero es un tipo de conocimiento especialmente elusivo, y en consecuencia se trata de un tipo de conocimiento no afirmable. No es ni siquiera necesario practicar la epistemología para hacer que se desvanezca. Simplemente mencionar cualquier instancia de este conocimiento, en voz alta o incluso pensándolo en silencio, es una forma de prestar atención a la posibilidad hasta ahora ignorada, dejando de esta forma de ignorarla, y creando así un contexto en el que ya no es correcto atribuir el conocimiento en cuestión a uno mismo o a otros. De este modo, como es razonable pensar, las presuposiciones por sí solas no sirven de base sobre la cual afirmar conocimiento.
En general, cuando S sabe que P algunas de las posibilidades en que no-P son eliminadas por la evidencia de S y otras son adecuadamente ignoradas. Algunas pueden ser eliminadas pero no pueden ser adecuadamente ignoradas. Por ejemplo, cuando miro por el estudio sin ver al gato Possum, elimino varias posibilidades en las que Possum está en el estudio, pero de no ser eliminadas esas posibilidades no podrían haber sido adecuadamente ignoradas. Y hay otras posibilidades que no pueden nunca ser eliminadas pero pueden ser adecuadamente ignoradas. Por ejemplo, la posibilidad de que Possum esté en el escritorio convertido en invisible por un demonio engañoso normalmente está dentro de esta clase (aunque no lo está cuando le presto atención en el contexto especial de la epistemología).

Hay una tercera clase: posibilidades no-P que podrían ser o eliminadas o ignoradas. Consideremos la posibilidad improbable de que Possum ha logrado de alguna forma entrar en el cajón cerrado del escritorio (quizá entró cuando estaba abierto y lo he cerrado sin darme cuenta). Esta posibilidad podría ser eliminada abriendo el cajón y examinándolo concienzudamente. Pero si no está eliminada, puede no obstante ser ignorada, y en muchos contextos sería adecuado hacerlo. Si miro por todo el estudio, pero sin comprobar los cajones cerrados del escritorio, puedo en verdad decir que Possum no está en el estudio—o en cualquier caso hay muchos contextos en los que tal cosa puede afirmarse con verdad. Pero si hubiera comprobado los cajones cerrados, entonces sabría mejor que Possum no está en el estudio. Mi conocimiento sería mejor en [439] el segundo caso porque dependería más de la eliminación de posibilidades no-P, y menos de ignorarlas.18, 19

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