Curso de filosofía del lenguaje



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CURSO DE FILOSOFÍA DEL LENGUAJE


Dra. Ma. Teresa Muñoz Sánchez


PARTE 1 FILOSOFÍA ANALÍTICA DEL LENGUAJE IDEAL


Al abordar el problema del lenguaje desde la filosofía, una de las posibilidades podría ser considerar todo lo que los filósofos hacen cuando reflexionan, en tanto filósofos, acerca del lenguaje. Sin duda, la reflexión sobre el lenguaje ha sido una constante en la praxis filosófica de las diferentes épocas desde los griegos hasta la época contemporánea. Pero sería hasta el siglo XX que este tema adquiere un carácter central en tanto se convierte en problema, al grado de condicionar el filosofar mismo. La perspectiva desde la que aquí se aborda la filosofía del lenguaje es aquella que se inaugura cuando los filósofos tratan de esclarecer los conceptos básicos que utilizamos cuando reflexionamos sobre el lenguaje. Así, un filósofo del lenguaje intenta determinar qué es el lenguaje, qué quiere decir que una expresión lingüística sea significativa, cómo es posible referirse mediante un término a un objeto, etc. En el ámbito contemporáneo, dos grandes propuestas dominan el panorama filosófico en filosofía del lenguaje: la tradición anglosajona, conocida como filosofía analítica, y la tradición germana esencialmente hermenéutica. En este curso nos ocuparemos en especial de la filosofía analítica en sus dos vertientes: la filosofía analítica del lenguaje ideal y la filosofía analítica del lenguaje ordinario.

La filosofía analítica ha sido, y aún es, una de las corrientes de la filosofía contemporánea que más impacto ha causado en el ámbito filosófico. Esta corriente experimentó un giro importante durante los años treinta del siglo XX, pasando del análisis formal del lenguaje ideal a un análisis fenomenológico del lenguaje ordinario. Así como el Tractatus Lógico-Philosophicus marcó los desarrollos de la llamada filosofía analítica del lenguaje ideal, de nuevo una obra wittgensteiniana, las Investigaciones Filosóficas, guiará una reformulación del filosofar mismo desde esta perspectiva. Estas dos obras constituirán, por ello, el eje de curso.






EL PROGRAMA ANALITICO


Podríamos establecer, de manera sin duda arbitraria, siete etapas en lo que ha dado en llamarse el programa analítico:
1. Los precursores: Frege; "Sentido y referencia" 1891 y los empirio-criticistas: Mach y Avenarius

2. El atomismo lógico: 1er. Wittgenstein y Russell

3. El Círculo de Viena y la Escuela empirista de Berlín: R. Carnap, M. Schlick, O. Neurath, etc.

4. La Escuela polaca: Lukasiewiz, Tarski.

5. Teoría analítica de la Ciencia: Hempel, Nagel y Stegmüller.

6. Filosofía Analítica del Lenguaje ordinario o fenomenología lingüística: 2do. Wittgenstein, Austin, Ryle y Strawson.

7. Las corrientes postpositivistas de la ciencia: Kunt, Lakatos y Feyerabent.
Ideas clave:

A. filosofía analítica del lenguaje ideal

1. En toda dilucidación teórica es necesario conocer los conceptos con los que operamos debido a que para conocer el mundo estamos mediatizados por el lenguaje, y fundamentalmente por los giros del lenguaje cotidiano.

2. No podemos quedarnos en la riqueza del lenguaje cotidiano, que a la vez es vago y confuso. Cuando nuestros objetivos son teoréticos, el lenguaje ordinario no puede ser tenido como base sino que debemos buscar un lenguaje ideal, científico.

B. filosofía analítica del lenguaje ordinario

1. Lo sepamos o no todo uso del lenguaje implica una determinada ontología (estudio del ser del ente, la esencia de las cosas).

2. Es necesario hacer una reconstrucción consciente del lenguaje, fundamental para hacer fenomenología del lenguaje.




EL MÉTODO DEL ANÁLISIS


Para esclarecer, así sea someramente, los ejes de la tradición analítica es preciso definir o al menos caracterizar qué se está entendiendo en Filosofía Analítica por análisis. Una definición formal de análisis, muy general, que es correcta pero no elucidatoria es la siguiente: el análisis consiste en el hallazgo de los elementos últimos. A esta definición podemos agregar una serie de características también generales. A saber:

1. No es un ejercicio verbal, es decir, en esta corriente de la filosofía no se trata de hacer análisis sintáctico sino de rastrear el orden lógico del lenguaje.

2. Solo pude ser de lo complejo. De este modo, los filósofos analíticos presuponen que el lenguaje es un conjunto de elementos que mantienen relaciones. Estos elementos son, por un lado, las proposiciones (atómicas o moleculares) y por otro, los nombres.

3. Es como una definición.

4. Puede ser correcto o incorrecto (en las primeras épocas)

5. Puede aplicarse a una variedad de cosas. En este caso al ámbito del lenguaje y el pensamiento, por ello,

6. tiene que ver con la lógica

7. Debe detenerse en algún lugar. Busca los elementos últimos.

LÓGICA MATEMÁTICA O LÓGICA SIMBÓLICA


Rasgos:

1. Se trata de un "cálculo", es decir, de un método formal que consiste fundamentalmente en que las reglas de las operaciones se refieren a la "forma" de los signos y no a su 'sentido', exactamente igual que en matemáticas.

2. Se parte de la construcción de un sistema puramente formal, y sólo después le buscan una interpretación en el lenguaje cotidiano.

3. Las leyes se formulan en lenguaje artificial, que consiste en símbolos semejantes a los matemáticos. La novedad con respecto a la lógica aristotélica está en que también las constantes se simbolizan.

4. Representantes: George Boole, El análisis matemático de la lógica, 1847. Augustus De Morgan, Lógica Formal, 1847.

De la segunda generación C. S. Peirce, 1867, Gottlob Frege 1879 y G. Peano 1888.

Frege fue el primer lógico que se propuso elaborar un método para solventar los problemas que genera el lenguaje al pensamiento. Su propuesta condujo a vincular la noción de análisis de la que hablábamos más arriba con la lógica matemática.

Así, tanto Frege como posteriormente Russell concibieron la lógica como un lenguaje ideal. Ahora bien, ¿en qué consistiría un lenguaje lógicamente perfecto? En un lenguaje lógicamente perfecto, los términos de una proposición se corresponderían uno a uno con los componentes del hecho correspondiente, con la excepción de palabras como “o”, “no”, “si”, “entonces”, que desempeñan una función diferente. En un lenguaje lógicamente perfecto, habría una palabra, y no más, para cada objeto simple, y todo aquello que no fuera simple se expresaría por medio de una combinación de palabras, combinación formada, naturalmente, a partir de las palabras correspondientes a las cosas simples –una palabra para cada componente simple- que forman parte de ese complejo. Un lenguaje de este tipo sería completamente analítico, y mostraría a simple vista la estructura lógica de los hechos afirmados o negados. El lenguaje que de esa manera se establece en Principia Mathematica de Russell y en la Conceptografía de Frege pretende ser un lenguaje con esas características. Los lenguajes comunes no son lógicamente perfectos en este sentido, ni posiblemente tampoco pueden serlo, si han de servir para los propósitos de la vida cotidiana.



Esta propuesta fregeana y russelliana tiene como consecuencia una redefinición de la filosofía misma, a saber:

La filosofía se ocupa, como uno de sus principales cometidos, de analizar el lenguaje para superar los obstáculos lógicos que éste tiene.
Esta propuesta tiene a la base los siguientes presupuestos:

1. Toda expresión es nombre de alguna entidad.

Esta tesis acabó colocando a los lógicos en problemas porque nos enfrentaríamos en ese caso a un mundo superpoblado, y sería preciso sostener, por ejemplo, la que si la frase “El actual rey de Francia es calvo” es porque existe una entidad a la que corresponde el nombre “actual rey de Francia”.

Por este tipo de problemas es que Russell introduce una serie de modificaciones a la propuesta fregeana.1 Entre ellas:
2. la existencia de símbolos incompletos, es decir, expresiones que forman parte de una oración y contribuyen al significado de ella pero no son nombres (en el sentido en que Frege los había definido, es decir, como expresión de una entidad).

Más tarde Wittgenstein, en el Tractatus2, también arguyó en contra de Frege que para que una oración sea significativa no tiene que ser nombre de nada. Wittgenstein y Russell coinciden en que:
3. El significado de un nombre consiste en el objeto que nombra; el significado de una oración, en el hecho o situación que describe.

Por ello, se concluyó que las proposiciones de la Filosofía no eran proposiciones con sentido, ya que no eran proposiciones que describieran hechos.
4. La filosofía no es, pues, un saber sustantivo sino una actividad.

La noción de filosofía en estos pensadores no será, de ningún modo, uniforme. Frege y Russell conciben la filosofía mediatizada por un lenguaje ideal que nos permita tomar distancia de los enredos conceptuales.

Wittgenstein concibió el análisis lógico como el método para de establecer los límites de lo que se puede decir con sentido. Esta propuesta sería interpretada por el Círculo de Viena a partir del dictum:

5. El significado de una proposición es el método de su verificación.

Y además,



6. la filosofía pasó a entenderse como sintaxis lógica del lenguaje.

1. TEORÍAS DEL DENOTAR: G. FREGE Y B. RUSSELL.

G. FREGE (1848-1925)


1.1. “SENTIDO Y REFERENCIA3
Gottlob Frege publicó la Conceptografía. Un lenguaje de fórmulas, semejante al de la aritmética, para el pensamiento puro, en 1879. La intención de este libro era construir un instrumento que permitiera al filósofo detectar las trampas que el uso del lenguaje inevitablemente tiende al pensamiento.

Uno de los aspectos fundamentales del pensamiento de Frege es su crítica a la lógica tradicional. El principal reproche que le hace Frege a ésta es que cae en el psicologismo, es decir, emplea conceptos como sujeto y predicado, que son conceptos psicológicos disfrazados de otra cosa. Frege opina que estos conceptos pertenecen al ámbito de comprensión de las oraciones y no son relevantes para la verdad o falsedad. Rechaza la tradición lógica en lo tocante a la distinción entre sujeto y predicado.

La lógica escolástica era una lógica de términos. Cada término se consideraba que denotaba una clase tal como la clase de los hombres, la clase de los mortales, etcétera. (Sócrates se interpretaba como una clase que contenía solamente un miembro). Las cuatro expresiones canónicas de la lógica escolástica –“Todo S es P”, “Ningún S es P”, “Algún S es P” y “Algún S es no P”, cuyos equivalentes en nuestra lengua podrían ser “Todos los hombres son mortales”, “Ningún hombre es mortal”, “Algún hombre es mortal” y “Algún hombre no es mortal”- se tratan como parte de la teoría de la cuantificación y, por tanto, pertenecen al cálculo funcional (de predicados de primer orden). Las palabras, “todo”, “ningún” y “algún” y ciertos equivalentes como “hay”, “existen”, se llaman “cuantificadores” en la lógica moderna.
La teoría fregeana de la referencia que nos interesa trabajar en este curso se inscribe en el programa logicista de Frege, el que suscribe dos tesis:


  1. la matemática es lógica

  2. la semántica también lo es.

Este programa tiene el propósito de fundamentar la matemática en la lógica, construye un lenguaje perfecto, supone una ontología de corte platonista y suscribe una epistemología racionalista.



La Lógica, para Frege, no es un juego de signos, sino una ciencia de "pensamientos" objetivos.
La estrategia para construir la sintaxis fregeana es la siguiente:
Primero se postula la noción de contenido, entendido como el juicio que expresa una oración independientemente de las distintas formas gramaticales que pueden utilizarse para ello.
Segundo, se proporciona una forma no gramatical que satisfaga los principios composicionales y extensional.
Tercero, la cantidad del juicio, particular o universal, se explica con base en una teoría cuantificacional; y su cualidad, afirmación o negación, se explican como operaciones que se llevan a cabo sobre el juicio.
En la teoría fregeana las oraciones son los nombres propios de los valores veritativos, los cuales a su vez son objetos. Así como se obtuvieron funciones de verdad con base en la estructura lógica, se obtendrán ahora funciones proposicionales con base en la estructura proposicional. Una función proposicional consiste en un lugar de argumento y una expresión funcional.
Las oraciones “Juan es hombre”, “Juan es mortal” tienen la estructura “… es hombre”, “… es mortal”. Dichas estructuras son funciones proposicionales de primer nivel porque admiten como argumentos nombres de objetos.
La semántica fregeana clásica se origina en la Conceptografía y se basa en los principios composicionales y extensionales. La noción de referencia es la piedra de toque de la teoría.4
Frege publicó “Über Sinn und Bedeutung” originalmente en 1891. En este artículo, comenzó afirmando que la idea de igualdad constituye un desafío para la reflexión filosófica. El problema que plantea la igualdad (identidad) es el siguiente:

Supongamos dos oraciones idénticas verdaderas:

“Venus = Venus” y “Venus – la estrella matutina”.
La primera es trivial, una tautología que no nos da ninguna información. Sin embargo, la segunda oración no es trivial. Representa una extensión de nuestro conocimiento. Ahora bien, si las dos oraciones dicen de un objeto particular que es idéntico a sí mismo, ¿cómo puede ser que la segunda oración sea significativa mientras que la primera no lo es? Al identificar el mismo objeto dos veces, ¿no nos estamos simplemente repitiendo?

.

Frege resuelve este problema trazando una distinción tripartita entre las expresiones lingüísticas, lo que significan y a lo que se refieren. De hecho lo que plantea es que el concepto de “significado” es ambiguo: unas veces, al hablar sobre el significado de una unidad lingüística, estamos hablando sobre su connotación o sentido y otras veces sobre la referencia o el objeto al que se refiere o menciona.


De acuerdo con esto, propuso un vocabulario técnico para discriminar entre esos dos usos diferentes del término. Al uso connotativo lo llama “Sinn” (sentido) y al uso referencial “Bedeutung” (referencia).

La idea básica de Frege es que toda expresión significativa tiene Sinn (sentido) y puede que también tenga Bedeutung. “intensión” y “expresión” (referencia)


Al establecer que Venus es idéntica a la estrella matutina, estamos haciendo algo más que repetirnos. Estamos añadiendo nueva información, a saber, que este es el objeto celeste que primero aparece en el cielo por la mañana. Todo el mundo sabe a priori que Venus es Venus, pero constituyó un descubrimiento astronómico establecer que Venus es idéntico a la “estrella” que primero aparece por la mañana en el cielo. El conocimiento de que uno se está refiriendo al mismo planeta con una descripción especial es lo que hace que la oración sea significativa y no trivial.
La solución de Frege consistió en decir que los dos términos, “Venus” y “la estrella matutina”, tienen significado idéntico en el sentido extensional (referencia) pero no en el sentido intensional (sentido), y precisamente esta última diferencia es la que hace que la segunda oración sea significativa.

Frege llama a todas las palabras individuales, y a sus combinaciones gramaticalmente correctas, “nombres”.


En "Sobre sentido y referencia"5 se preocupa, pues, por distinguir en el signo entre: referencia, lo denotado por el signo, y sentido, modo de presentación. Cuando Frege, en "Sentido y referencia" introduce precisamente la distinción entre sentido y referencia, caracteriza los sentidos como "modos de presentación" de la referencia, modos de presentación que conforman la ruta obligada hacia el referente. Así, por ejemplo, la referencia de "la estrella vespertina" es la misma que la de la expresión "estrella matutina", no así el sentido de ambas expresiones. Sin embargo, no podemos acceder a esa referencia más que por medio del inevitable rodeo de sus diversos "modos de presentación": los sentidos determinan por completo cual es la referencia en cuestión y, por eso, la referencia será, entonces y en todos los casos, necesariamente indirecta.

Toda expresión expresa su sentido y refiere a su referente, cuando lo hay. El sentido de una oración es el pensamiento expresado por ella; el sentido de un nombre como “Aristóteles” es idéntico al sentido de alguna descripción definida que asociemos al nombre.



La conexión habitual entre signo, sentido y referente es la siguiente. Un signo expresa un sentido y un sentido determina su referente, cuando lo hay.
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