¿Cuál es la visión ética para el hombre en cada época de la filosofía? IntroduccióN



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Freud, Sigmund: (1856 - 1939) Médico neurólogo, inventor del psicoanálisis. Nacido en Freiberg (Moravia) en 1856, primer hijo del segundo matrimonio de su padre, Jakob, un comerciante en lanas judío. Se trasladó con su familia a Viena en el 1959 donde vivió hasta 1938, momento en que se exilió a Londres huyendo de la persecución nazi. Entre 1860 y 1872 realizó los estudios primarios y secundarios, interesándose más por las relaciones humanas que por los estudios científicos. A raíz de una conferencia sobre el poema de Tobler «Sobre la naturaleza» (atribuido a Goethe), decidió inscribirse en la facultad de medicina (1873), interesándose particularmente en las Ciencias de la Naturaleza de orientación darwiniana, por entonces muy en boga. Bajo la dirección de sus maestros Ernst Brücke y Theodor Meynert realizó trabajos de investigación en fisiología y publicó algunos artículos en el boletín de la Academia de Ciencias, cambiando definitivamente su nombre Sigismund por Sigmund. En 1881 obtuvo su título de doctor en medicina, especializándose en neuropatología. En este periodo se interesó por los efectos terapéuticos de la cocaína (1884 - 1885). En 1885 asiste en el hospital de la Salpétrière (París) al tratamiento de la histeria por la hipnosis, que realizaba el doctor Charcot. Los efectos espectaculares de este tratamiento, que afectaba a las capas profundas del psiquismo de los enfermos, le orientan hacia el descubrimiento del inconsciente.

Freud ve la necesidad de los hombre por ser feliz y a partir de ello ve las contradicciones que han mantenido los pensadores al tratar de buscar la felicidad en términos prácticos o abstractos, por que cuando se enfocan a buscar fundamentos o medios para que el hombre alcance la felicidad, siempre se tiende a proponer una solución para un determinado grupo de hombres, pero cuando se plantea como una posible globalización ética, se esta aniquilando a la misma ética y también se esta perjudicando al hombre, pues en vez de encontrar igualdad, lo que se esta generando es una inconformidad aún mayor que la anterior. La felicidad desde la ética de Kant no se puede lograr porque si el hombre es quien se plantea los deberes ¿acaso este mismo no los puede desobedecer, siendo él mismo el que hace sus leyes?, sólo queda en pensar que la vida feliz no se logra sin el hombre no es por sí mismo EI super-yo cultural ha elaborado sus ideales y erigido sus normas. Entre éstas, las que se refieren a las relaciones de los seres humanos entre sí están comprendidas en el concepto de la ética. En todas las épocas se dio mayor valor a estos sistemas éticos, como si precisamente ellos hubieran de colmar las máximas esperanzas. En efecto, la ética aborda aquel punto que es fácil reconocer como el más vulnerable de toda cultura. Por consiguiente, debe ser concebida como una tentativa terapéutica, como un ensayo destinado a lograr mediante un imperativo del super-yo lo que antes no pudo alcanzar la restante labor cultural. Ya sabemos que en este sentido el problema consiste en eliminar el mayor obstáculo con que tropieza la cultura: la tendencia constitucional de los hombres a agredirse mutuamente; de ahí el particular interés que tiene para nosotros el quizá más reciente precepto del super-yo cultural «amarás al prójimo como a ti mismo». La investigación y el tratamiento de las neurosis nos ha llevado a sustentar dos acusaciones contra el super-yo del individuo: con la severidad de sus preceptos y prohibiciones se despreocupa demasiado de la felicidad del yo, pues no toma debida cuenta de las resistencias contra el cumplimiento de aquéllos, de la energía instintiva del ello y de las dificultades que ofrece el mundo real. Por consiguiente, al perseguir nuestro objetivo terapéutico, muchas veces nos vemos obligados a luchar contra el super-yo, esforzándonos por atenuar sus pretensiones. Podemos exponer objeciones muy análogas contra las exigencias éticas del super-yo cultural. Tampoco éste se preocupa bastante por la constitución psíquica del hombre, pues instituye un precepto y no se pregunta si al ser humano le será posible cumplirlo. Acepta, más bien, que al yo del hombre le es psicológicamente posible realizar cuanto se le encomiende; que el yo goza de ilimitada autoridad sobre su ello. He aquí un error, pues aun en los seres pretendidamente normales la dominación sobre el ello no puede exceder determinados limites. Si las exigencias los sobrepasan, se produce en el individuo una rebelión o una neurosis, o se le hace infeliz.
CONCLUSIÓN:

En suma, los pensadores que han elaborado teorías para poder proporcionarle al hombre la felicidad "ya sea en sus ideales o en sus pasiones", han desarrollado desde la practica de la moral y la teoría de la ética a través de la historia, varios y diferentes puntos de vista para llegar a una posible forma de alcanzar la felicidad del hombre, lo que sucede es que estas proposiciones carecen de universalidad, porque cada vez que se plantea una solución ética a los problemas actuales de la humanidad, se enfoca en un determinado número de hombres y ello genera que la propia ética en vez de ser una solución ante los problemas humanos se convierta en la génesis de nuevos conflictos, porque genera desigualdades las cuales traen como consecuencia guerras y malentendidos entre los hombres. A partir de la falla de la ética, sólo queda que el sujeto trate de hacerse así mismo, unas normas y unas leyes que le ofrezcan felicidad y bienestar propio y que tal convicción propia e individual sea benéfica para los demás, a través de esta realización propia se podrá erigir hombre, libre y feliz, pero, ¿qué hacer con los otros? si los otros igualmente son hombres y tienen anhelos de libertad, y también querrán ser felices como el hombre que lo es o que lo fue. Por lo tanto al tratar de dar una solución de carácter netamente individualista, se cae en un error y es aquí donde pareciese que el hombre estaría destinado a nunca ser feliz. De esta manera se reconsidera la proposición de la felicidad del hombre y se formula que la felicidad al no lograrla en forma individual, habrá que construirla de forma colectiva, teniendo en cuenta las complicaciones del colectivismo, porque este colectivismo llevará a la perdida del sujeto. En conclusión, opino que, la mejor forma de ser feliz es creando por sí mismo una convicción de querer ser prudente en los actos cotidianos, junto con la construcción de un ideal que me lleve a determinar lo que debo hacer. De lo anterior se seguirá la interacción con el otro, durante esta interacción no habrán propuestas meramente teóricas, sino puramente practicas, porque si hay un fundamento teórico de mis convicciones, tal fundamento implicará que todo ha de ser igual y que no habrá la posibilidad de que ocurran cambios en la cotidianidad y por ello se caería en el dogmatismo extremo. De esta manera propongo que la ética y la moral no se deben entender como lo que significan sino como las acciones diarias entre hombres que viven en sociedad, un nuevo planteamiento sin fundamentos, con la aceptación del cambio de la naturaleza y la individualidad de cada hombre.


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