Cuerda Año 2, No. 15 Guatemala, agosto de 1999 mm~mm~mm~mm~mm~mm~mm~mm~mm~mm~mm~mm~mm~mm Contenido



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laCuerda

Año 2, No. 15

Guatemala, agosto de 1999
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Contenido

EDITORIAL


  • Creatividad como alternativa política


TEMA CENTRAL: CADA MUJER, UNA ARTISTA

  • La onceava grande: Cómo construyen el arte las mujeres en Guatemala (Rosina Cazali)

  • La mujer no es como la pintan (Anamaría Cofiño K.)

  • Glosario... para hablar de arte (Colaboración de La Curandería)


COYUNTURAS

  • Dos presidenciables y el voto femenino (Rosalinda Hernández Alarcón)

  • Un periodismo más humano (Laura E. Asturias)

  • Síntesis informativa


VOCES, TABLAS Y MUJERES

  • La Mona (Katia Orantes)

  • Cuando la música se lleva dentro (Katia Orantes)


ESTA BOCA ES MÍA

  • Las guatemaltecas y el proceso electoral (Catalina Soberanis)

  • La mujer, de sujeto a objeto (Francisco Morales Santos)


TRANSGRESORAS

  • Bacterias + Arte


HISTORIAS COTIDIANAS

  • También es arte (María Eugenia Solís García)

  • Esa famosa artista (María Dolores Castellanos)

  • Notas para un mapa de la memoria (Anabella Acevedo)



ESPACIO CULTURAL

  • Cien veces una: Reflexiones acerca de la poesía de mujeres jóvenes guatemaltecas (Aída Toledo)


Editorial

CREATIVIDAD COMO ALTERNATIVA POLÍTICA
En momentos en que la ciudadanía tiene la responsabilidad de ejercer el derecho al voto para elegir a quienes han de gobernar en el futuro, se nos plantea el problema de toparnos con opciones poco o nada interesantes. Con canciones tontas y sin gracia, con caras maquilladas y sonrientes pretenden llevarnos a las urnas y recibir nuestro apoyo para que ejerzan su autoridad.

Día a día salen a luz la corrupción, falta de ética, ambición desmedida y la incapacidad de los candidatos para ofrecernos salidas realistas a los grandes atolladeros nacionales. Nos sentimos impotentes ante la falta de planteamientos y programas serios que permitan vislumbrar posibilidades de mejorar. La perspectiva es más bien nefasta.

De un lado se nos ofrece continuismo, más de lo mismo: abuso, prepotencia, arrogancia, racismo, enriquecimiento de unos a costa del empobrecimiento de muchos. Del otro lado: fundamentalismo, corrupción, represión, etcétera. Las terceras opciones parecen tan autoderrotadas que aumentan más nuestro desgano. El panorama es desolador y por ello la gente, desconcertada y sin alternativas, piensa en abstenerse o votar nulo.

Ante la incapacidad de los partidos tradicionales de formular programas adecuados a nuestra particular realidad, ante la falta de políticas, lineamientos y soluciones claras frente a los sempiternos problemas nacionales, es necesario buscar -desde la sociedad civil- alternativas que posibiliten seguir avanzando en la construcción de la democracia y la consolidación de la Paz.

Como sociedad no podemos continuar dejando pasar. Tenemos la obligación de involucrarnos, nos guste o no, en procesos que busquen alternativas diferentes, congruentes con lo que aquí tenemos y somos. No podemos seguir dependiendo de imposiciones, modas, recomendaciones y sugerencias que se hacen desde fuera y adoptarlas mecánicamente. Por todos los medios es necesario recurrir a la creatividad y a la inventiva para diseñar un futuro que debe ser nuestro, construido y vivido por nosotros y nuestra descendencia.

Las mujeres venimos tomando conciencia de la importancia de nuestra participación en la vida del país. En los últimos años hemos hecho propuestas dirigidas al conjunto de la población con el fin de ir erradicando prácticas excluyentes enraizadas en ese pasado que queremos dejar atrás. Nuestras propuestas -diversas como son- se encaminan a diseminar las semillas de la equidad y la justicia.

En ese marco proponemos que luchemos como colectividad por establecer una auténtica cultura de paz que permita no sólo la reconciliación, sino el tránsito a una vida digna y segura para toda la población.


LA ONCEAVA GRANDE

Cómo construyen el arte las mujeres en Guatemala

Rosina Cazali*
Llamar por teléfono. Esperar segundos.


  • "Señorita ¿podría decirme quiénes son los 'Diez Grandes' de Guatemala?"

  • "Maco Quiroa, Efraín Recinos, Luis Díaz, Manolo Gallardo, Ramón Avila, Rodolfo Abularach, Elmar Rojas, Dagoberto Vásquez, Magda Eunice Sánchez. ¿Cuántos van ahí?"

  • "Nueve".

  • "A veces ponemos a Ramón Banús..."

  • "Y si no ¿ponen a alguna otra mujer artista?"

  • "No, espere... a Roberto González Goyri".


Entre la tradición y el qué dirán

Desde hace tiempo venimos oyendo esta historia. Cuando se piensa en homenajes, aniversarios y retrospectivas es la alternativa incuestionable. Consiste en una selección de nueve hombres y una mujer a quienes llaman los Diez Grandes. Todos son artistas reconocidos de los años cuarenta y setenta, cuyos nombres aún están ahí para recordarnos que la mayoría de creadores que han surgido y se aplauden en las últimas décadas son hombres.

Entonces ¿dónde están las mujeres? o, más bien, ¿que códigos hemos asumido para continuar con una buena dosis de invisibilidad? Hace poco una amiga me decía que consideraba que las mujeres se han ganado su espacio. Que el arte es universal y no hay por qué considerar el género para apreciarlo. No estoy tan segura que generalizar sea una buena idea, y menos tratándose de una sociedad como la guatemalteca. Es cierto que aquí hay mujeres valientes, que han ganado su espacio a pulso y, por ellas y nosotras, el hecho provoca un sentimiento de júbilo. Pero algo nos indica la colección de los Diez Grandes. Diría que el primer mensaje es la aceptación silenciosa de una serie de patrones culturales aplicados a las mujeres que hacen arte que, hoy más que nunca, no debemos desechar a la ligera o predicar que son algo superado.

Mi intención no es entrar a discutir las interioridades del porqué se escogió este grupo o cuestionar el criterio utilizado. Parto de éste únicamente para reflexionar pues es un dato que nos provee una lectura clara del estado actual de la participación femenina en el arte de Guatemala, nos da elementos para indagar sobre el lugar que se le otorga y cómo está interiorizada esta imagen al ubicar en primer plano, y en forma sistemática, el trabajo realizado por hombres. Por muy buenas intenciones que motivaron su conformación, los mensajes ocultos en esta lista nos marcan con la idea que las mujeres aún no han llegado al nivel deseable, todavía no son "suficientemente buenas" o un patético "no hay mucho de dónde escoger".

Como indica la antropóloga feminista Marcela Lagarde, en países como los nuestros nos encontramos con un pie entre la tradición y otro en el querer ser contemporáneas. De acuerdo a ello, cuando una mujer inicia un trabajo artístico camina por una larga senda de autocuestionamientos, muy relacionados con la desvaloración tradicional que se da al trabajo femenino. A esto se suma el efecto de la idea, heredada de generación a generación, de que las mujeres tienen una eventual, escasa o nula participación intelectual en todos los campos del desarrollo humano.

Cuando se llega a este punto generalmente se argumenta que muchas mujeres pintan flores y bodegones, bordan, hacen pastillaje, pirograbados, hacen crochet y compran mensualmente la revista «Ideas». Pero no estamos hablando de oficios basados en la repetición que, si bien son actividades dignas que llenan un espacio de placer, provocan relaciones sociales fundamentales para las mujeres y son canales maravillosos para la expresión estética, no son precisamente los medios que articulan un discurso artístico e intelectual trascendente.

Aparte es que una artista como la costarricense Priscilla Monge tome el bordado tradicional para elaborar imágenes simbólicas, de contenidos que transgreden la candidez de los hilos de colores y las telas finas para poner en evidencia el machismo que sobrevive en la sociedad tica. O la artista guatemalteca María Dolores Castellanos, cuya última obra consiste en una serie de recipientes de azúcar compactada, los cuales sugieren -con tono irónico- connotaciones como la fragilidad y la dulzura "propias de nuestro sexo". Pero al ser atravesados por objetos ligados a la imagen de la virilidad y el dolor como balas, alambres de púas o espinas, la intención se torna en la subversión de las preconcepciones.

A pesar que ambas artistas parten de materiales tipificados como femeninos, las intenciones están en un nivel distinto y apuntando a la provocación de un cuestionamiento sobre las implicaciones de asumir ciegamente estas formas de la cultura femenina y cómo nos ubican en un lugar inocuo e intelectualmente inofensivo. Pues si se une lo intelectual a la obra de arte realizada por alguna mujer, la cosa se vuelve peligrosa para muchos. Recuerdo a Cecilia Paredes, artista peruana residente en Costa Rica, quien atravesó una metamorfosis interesantísima, en la que la obra de carácter juguetón, decorativo y de colores alegres pasó a ser sustituida por una de gran sofisticación en el uso de materiales y brillantemente articulada en sus contenidos. ¿El resultado? Ex compradores molestos y ofendidos por la traición.


Primero mujer, después artista

Cuando pienso en las exposiciones tituladas "Arte de mujeres", donde ésta es la única excusa y no se formula un guión curatorial enriquecedor, es como decir a las artistas que se les está otorgando una licencia para colgar sus creaciones en la galería y dejar colgados a los hijos por un momento en casa. Pareciera que cuando una mujer hace arte lo primero que se le exige es una tarjeta de presentación que diga algo así como "mujer, madre y artista". Este mensaje viene a ser la traducción del tener que pedir autorización para quitarle un poco de tiempo a las exigencias domésticas y obligatorias para dedicarse al arte.

Existe para las mujeres un síndrome al que yo llamaría "de Frida Kahlo". No podemos obviar que el fenómeno de deslumbramiento que la artista provocó en todo el mundo siempre se explica -o justifica- a través de su vida conformada por anécdotas apasionadas, su relación con Diego Rivera y su larga cadena de sufrimientos físicos, los cuales han sido llevados hasta el morbo. Tampoco podemos negar que estos componentes, sumados a la imagen exótica de Frida, ocupan un lugar preferencial, pero antes que sus aportes como artista. La respuesta a este síndrome es la priorización de las anécdotas complejas y cotidianas de la artista. A pesar que las obras de Kahlo no pueden leerse en plenitud sin los distintos matices de su vida privada, siempre ocupan buena parte de las críticas, las cuales, generalmente, no profundizan en aspectos trascendentales como la evidencia que la artista mexicana fue una de las primeras que interpretó y capturó el tema de la identidad híbrida en Latinoamérica y su problemática.
Arte por mujeres en Guatemala

Aplicando estas lecturas al arte producido por mujeres en Guatemala, podríamos decir que las circunstancias son aún más complejas, dado que es inexistente la documentación escrita y sobre todo la de análisis acerca de la labor de las mujeres. Sabemos que hay un largo trecho que recorrer para iniciar una discusión sobre sus obras y condiciones de trabajo. En los últimos años han surgido casos excepcionales, generalmente mujeres que pertenecen a círculos sociales, económicos y culturales solventes. La mayoría goza de una gran movilidad hacia el exterior y disposición para encargarse de su propia documentación, lo cual ha perfilado a artistas con visiones más amplias, decididas, y su reconocimiento ha sido bastante acelerado. Sin embargo, ni ellas mismas podrán negar que existen esquemas tradicionales de mujeres y hombres artistas. "Las mujeres pintan bonito... los hombres pintan con fuerza", parecen decirnos a diario. Asimismo, existen muchísimos otros esquemas, enterrados en el inconsciente colectivo y entre los cuales las mujeres artistas tienen que debatirse.

No podemos escapar de la idea que estos repetidos patrones de conducta, dictados por la cultura patriarcal, no han ayudado a muchas mujeres a dedicarse al arte en forma profesional. Los más comunes se refieren a la capacidad de decidir a entrar a este mundo sin llevar a cuestas las obligaciones y exigencias cotidianas. Esto a menudo ha logrado la deserción o la producción fragmentada de obra. El hecho de haber sido educadas para esperar la aprobación de los demás, el temor del "qué dirán" y de salirse de la postura "correcta, femenina y decente", dificultan la toma de decisión de una mayor cantidad de mujeres a ponerse en primer plano, como creadoras y gestoras de un aporte intelectual, a tirarse a las tablas, a publicar un cuento o realizar una "performance" sólo porque sí.

Pero si nos proponemos rescatar lo valioso de la producción de arte realizado por mujeres en los últimos años, nos daremos cuenta que la mayoría de los temas atiende a un diálogo consigo mismas. Este soliloquio con su entorno de vida y trabajo ha llevado a muchas artistas a realizar obras de gran valor y riqueza formal y refleja la capacidad milenaria de refugiarnos como personas. En una época en que las ideologías se suicidan y las utopías parecen fenecer, el arte realizado por mujeres parece encontrar un camino a través de la revisión de nuestras vidas y todos aquellos elementos que colman las relaciones, los objetos cotidianos o la trivialidad doméstica. Generalmente su trabajo no busca la realización de monumentos monolíticos, existe una característica de autoinmersión. A muchos les parecerá obra inconsistente, pero esta arqueología de la vida diaria es, sin duda, un aporte extraordinariamente valioso para entender nuestras historias y psicologías.


La onceava artista

No soy partidaria de las listas ni las jerarquías. Las pretensiones y los favoritismos salen a flote, así como la exclusión y la pérdida de humanidad, al cosificar a los elegidos como íconos de no se qué. Pero si me obligaran a estructurar una sola incluiría -en un gesto de recolectora milenaria- la figura de una artista grande, tan grande como lo es Margarita Azurdia, al mismo tiempo que Isabel Ruiz, Antonia Matos, Regina Galindo, Paula Nicho, María Dolores Castellanos, Irene Torrebiarte, Aída Toledo, Eusebia Pixtún, Pepita García Granados, Diana Solares, Ana María Rodas, Elena Curruchiche y un largo etcétera que incluya, también, a todas aquellas artistas que aún son invisibles a los ojos de muchos, pero que son parte de la construcción del arte de este país.


* Guatemalteca. Curadora independiente de arte. Fundadora de La Curandería.


LA MUJER NO ES COMO LA PINTAN

Anamaría Cofiño K.

¿Cómo pueden conocerse las vidas de las mujeres



si son los hombres quienes las han escrito?”

Christine de Pisan (escritora del siglo XV)


¿Existe "La Mujer" así, en abstracto? Nosotras preferimos hablar de "Las Mujeres" y ponerles apellido: las occidentales, las mayas, las artistas... Hablar de "la mujer" a secas es hacer de lado una realidad, un contexto que nos ubica como partes integrantes del inmenso grupo social que es el género femenino.

Años han pasado desde que los movimientos feministas se propusieron investigar la historia, indagarla a fondo para develar y desengavetar el auténtico papel que las mujeres hemos jugado en ella. Mucho polvo había caído sobre los libros que trataban la historia como meras series de grandes sucesos, fechas o biografías de héroes. Mérito del feminismo fue sacar a luz la situación y condición de las mujeres como parte del complejo proceso social e histórico de la humanidad.

Zanjada esta cuestión, podemos entrar a reflexionar sobre cómo hemos sido representadas en el imaginario colectivo y en las obras y creaciones de artistas y artesanos. Y cómo hemos estado dentro del mundo de la creación artística a lo largo de la historia. Las respuestas son muchas y varían, según la época y lugar, según las intenciones político-ideológicas.

La historia del arte, como se hacía hasta hace poco, no daba cuenta de las mujeres que habían tomado parte en los procesos creativos; si lo hacía, era para señalarlas como excepcionales. Ponía más bien énfasis en las formas y usos de las figuras femeninas encontradas entre los diferentes grupos culturales.

Por siglos la pintura nos mostró como vírgenes o santas, o en su defecto, como pecadoras o malévolas. Glorificar, alabar o destacar figuras femeninas asociadas a la maternidad, al hogar o al erotismo tiene como propósito perpetuar ideas y patrones que convienen a un determinado sistema. En este caso, lo que se pretende es transmitir imágenes que sitúen a las mujeres en sus papeles convencionales, en los roles que se les han impuesto como "idóneos para su naturaleza frágil, intuitiva, femenina".

Ahora bien, más allá de observar a las gordas rubicundas de Rubens, a las majas desnudas o a las bañistas francesas para establecer códigos estéticos, es importante preguntarse cómo eran las mujeres reales de aquellos tiempos, qué hacían y qué pensaban. Más aún, cómo eran las relaciones entre ellas y los hombres que las describían.

¿Qué hubiesen dibujado las contemporáneas de Da Vinci si hubieran gozado de libertad? Quizá hogares y familias, u hogueras y torturas. La vida de las mujeres en esa época estaba sumamente restringida y vigilada, tanto que los intentos de escapar o rebelarse eran penados con la muerte o el ostracismo.

A la luz de los descubrimientos hechos por el feminismo, podemos decir que las mujeres estaban secularmente impedidas por esta opresión, que ser artista no era generalmente bien visto ni aceptado, solamente en tanto el arte se cultivase como un medio de entretenimiento doméstico (las artesanías). Sin embargo, como resultado de esas investigaciones y estudios, hoy sabemos que artistas sí las hubo, aunque se las mantuvo marginadas, ocultas. Hasta ahora podemos conocer a Marietta Robusti, hija del Tintoreto, y a Judith Leyster, pintora de la escuela holandesa, quienes sobresalen por su talento y calidad artística, pero son virtualmente desconocidas, aunque algunas de sus obras se encuentran en los grandes museos europeos. Academias de Arte tuvieron entre sus miembros a mujeres que hicieron grandes contribuciones no sólo con sus obras, sino con la difusión de nuevas ideas y teorías. Durante muchísimos años las mujeres artistas fueron excluidas de las aulas de pintura por la prohibición de estar frente a modelos desnudos, que era la base para el aprendizaje del arte académico.

En cuanto al quehacer artístico, hemos visto cómo las mujeres se han ido ubicando cada vez en mayor cantidad en las diversas manifestaciones, a pesar de haber topado con férreos obstáculos y condena social. Estoy pensando en cantantes, bailarinas, actrices, escritoras, pintoras, etcétera, que tuvieron que recurrir inclusive a hacerse pasar por hombres para lograr espacios en el mundo. Hoy -gracias a los cambios revolucionarios que el feminismo ha impulsado- encontramos celebridades femeninas, mujeres talentosas que han aportado grandes obras a la humanidad. Leer las vidas de mujeres como Billie Holiday, Sara Bernhardt, Isadora Duncan, Josephine Baker, Virginia Woolf, George Sand, Frida Kahlo, entre tantas más, nos da la posibilidad de conocer el entorno que las rodeó y apreciar el valiosísimo legado que nos heredaron.

La situación de las artistas en el mundo contemporáneo ha cambiado mucho con respecto a la de nuestras ancestras. Hoy contamos con más espacios para mostrar nuestra creatividad. No es difícil encontrar exposiciones colectivas o individuales de mujeres; se habla de un arte con conciencia feminista, se aprecia nuestro trabajo, inclusive se cotizan bien nuestras obras en los mercados. Sin embargo, nuestro quehacer sigue siendo considerado producto de minorías, como el de los grupos étnicos.

No está para nada de más intentar hacer una revisión de las expresiones artísticas contemporáneas y pasarlas por la lente escrutadora del género. Viendo las cosas desde esta perspectiva podremos notar y evidenciar cómo la cultura sigue siendo campo de las luchas por el poder, un poder que hasta ahora ha sido patrimonio exclusivo de los beneficiarios del sistema patriarcal.

Al poner sobre el tapete estas cuestiones, ~laCuerda~ quiere contribuir a la discusión de una amplia gama de temas y conceptos que la crítica asume como válidos para todos. Con este número queremos dejar planteadas dudas y preguntas que no tienen respuestas unívocas, pero que bien vale la pena contrastar, debatir, decantar. Más que teorizar, pretendemos incitar a pensar.




GLOSARIO... para hablar de arte

Colaboración de La Curandería
Arte conceptual: El término fue usado por primera vez en 1967 por el minimalista Sol LeWitt. Se refiere a un arte que usa más el cerebro. Se afirma en el principio de que la idea es más importante que el medio, la forma, la materia, el color o las texturas. Defiende la noción que el artista es agente de una idea y no un simple artesano. Yoko Ono es una artista conceptual.
Arte minimalista: En los años sesenta, como reacción contra el lenguaje directo e hiperrealista del "pop art", se desarrolló el "minimal art". Señala una tendencia abstracta dentro del arte moderno que, de forma parecida al cubismo de principios de siglo, se esfuerza en un retorno de la forma a su estructura primaria. El producto "minimal" se desembaraza de todo adorno decorativo.
Curadoría: Es uno de los últimos oficios del arte en el siglo XX. Originalmente se refería a la persona que cuidaba (curaba) las colecciones de arte, bibliotecas, etc. Hoy, y con el surgimiento de las formas y pensamientos contemporáneos del arte, el término se ha sofisticado. Se refiere a la persona que selecciona artistas y obras participantes en una exposición, bienal de arte, evento extra artístico, etc. de acuerdo a un argumento curatorial. En España también se le llama comisaria/o de arte. Curadoras excepcionales son Catherine David (Francia), curadora de la última Documenta de Kassel en Alemania, y Rosa Martínez (España), curadora de la última Bienal de Estambul y actual curadora de la Bienal Site en Santa Fe.
Instalación: Es un género artístico que ocupa un ambiente (la sala de un museo, por ejemplo) que puede ser recorrido por la concurrencia. Fue creado en la década de los sesenta, cuando se le llamó "ambiente" o "montaje ambiental". Busca acabar con la pasividad del público, le invita a penetrar en la obra y amplía sus experiencias al explorar otros sentidos, como la audición o el tacto. Abarca todo tipo de técnica tradicional. Recorre la pintura y escultura, los videos y objetos, el audio y la poesía, así como imágenes por computadora o materiales tomados de la naturaleza. Sus características más importantes son el uso del espacio y el ser efímera. En Latinoamérica hay importantes instaladoras, entre ellas Silvia Gruner (México) y Doris Salcedo (Colombia), Eugenia Vargas (Chile) y Mónica Girón (Argentina).
"Happening": La búsqueda de un potencial expresivo de afirmación artística inédito y directamente vivencial trajo como resultado el nacimiento, en los años cincuenta, de esta forma artística de la acción. Tiene su origen en la voluntad de captación directa de la vida mediante una acción artística. La frontera entre el "happening" y la vida cotidiana debe mantenerse tan fluida como indeterminada. El efecto recíproco entre la acción humana y lo preexistente se eleva así a su más alta interacción. La composición de todos los materiales, acciones, imágenes y sus relaciones espacio-tiempo deben efectuarse de una forma sencilla y práctica. El "happening" no debe ensayarse, y tratándose de no profesionales, debe ejercitarse una sola vez.
"Performance" (Performa): La "performance" llegó a ser aceptada como medio de expresión artística por derecho propio en la década de 1970. Entonces, el arte conceptual estaba en su apogeo y la "performance" fue a menudo una demostración, o una ejecución, de esas ideas. Ha sido considerada una manera de dar vida a muchas ideas formales y conceptuales en las cuales se basa la creación del arte. Se compone de gestos vivos, que han sido utilizados constantemente como un arma contra las convenciones del arte establecido. Su historia es la de un medio permisivo y sin límites fijos. Su base ha sido siempre anárquica. Recurre libremente a cualquier número de disciplinas y medios de comunicación: literatura, danza, video, poesía, teatro, música, danza, etc. En Guatemala han trabajado la "performance" especialmente mujeres como Margarita Azurdia, Veronique Simar, Regina Galindo, María del Carmen Pellecer, Sandra Monterroso.
"Guerrilla Girls": Las "chicas guerrilleras" reinterpretan el arte clásico y hacen una celebración para artistas mujeres. Conducen a lectoras y lectores a través del verdadero quién, qué, cuándo y por qué de la historia del arte. Responden a preguntas como "¿quién puso a todos los hombres desnudos en la sección de arte clásico de los museos?" "Guerrilla girls" es un grupo de artistas anónimas y profesionales cuya misión es exponer el racismo, sexismo y homofobia en el mundo del arte.
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