CRÍtica la Pintura de Roberto Saavedra



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CRÍTICA
La Pintura de Roberto Saavedra
La colonia Chilena en Ecuador cuenta entre sus miembros algunos artistas. Roberto Saavedra es uno de ellos, radicándose en ese país hace unos quince años, después de haber estudiado arte en la escuela de Bellas Artes de París y haber recorrido diversas partes del globo.

Ahora presente entre nosotros una muestra de su obra. Aparte de dos o tres cuadros en que se inclina por un dibujo realista algo blando y dulce, la gran mayoría de sus trabajos se basan sobre complicadas composiciones de un solo plano sin espacios de perspectivas. Ejecutados en tintas pardas sobre cartulina esmaltada y avivados por ocasionales toques de colores mas claros, estas composiciones constituyen laberintos visuales en que elementos abstractos y a veces luminosos forman la base de la cual emergen - o en la cual se hunden - diversas formas realistas como caras, cabezas aladas, cabezas de caballos, pájaros, copas u otras. Todo nos refiere a épocas de sagas y de mitos, a recuerdo culturales de nuestra civilización occidental, a raíces que se hunden en un pasado remoto y misterioso. A un reino que para nosotros ya es solo del espíritu y del inconsciente, alcanzable únicamente por la poesía creativa del arte con sus múltiples lecturas posibles.

Algunos pocos óleos participan de la misma estructura de composición, pero su contenido se da al ojo algo mas sencillo mas estilizado. Se mantiene aquí con quizá una excepción, la unidad cromática de una paleta restringida que rehúye a las gamas muy pronunciadas o llamativas. Los laberintos se abren; y si el dibujo pierde algo del misterio de las complicadas contorsiones, gana en claridad y tienen su propia manera de convencer.

Roberto Saavedra se presenta en su tierra natal como un artista maduro y de una personalidad definida y original.


Pedro Labowitz.

ARTES Y LESTRAS EL MERCURIO ENERO 21 DE 1996
LA PINTURA DE SAAVEDRA WALKER
Su pintura propone varias sendas diferentes que no coinciden entre ellas, haciendo que parezcan ejecuciones de manos distintas. Si interesan y prometen los cuadros que recogen el modelo en Moreau y Max Ernst. Es que Saavedra Walker traduce bien los aspectos oníricos y míticos de la realidad, por intermedio de un barroquismo formal de trazos anchos, espesos y de coloraciones restringidas. lo prueban las realizaciones que portan los títulos; Mercurial IV, Minos, Atenea, Composición, Mercurial VII y Vox Angélica. La cual, entre tanto, añade a las propiedades anteriores la oportuna presencia de ingredientes cotidianos----- ventana, celosía, mesa lo cual provoca un particular efecto espacial
VALDEMAR SOMMER.

EXPOSICIÓN DE SAAVEDRA WALKER


Santiago de Chile 1996
Me siento muy honrado de presentar, la obra y la personalidad del artista chileno, Roberto Saavedra Walker. voy a hacer un breve resumen. Saavedra Walker, nació en Chile, hace un poco mas de cuarenta años. Estudió su educación primaria y secundaria aquí y luego a partir de los 17 anos, entro en él un espíritu de conocer el mundo, un espíritu que fue alimentado ardorosamente, por su vocación estética pictórica. Es así, como este hombre, realmente parte al mundo por sus propios medios. Se fue a Perú, Ecuador, Colombia, Guatemala, conoce también México y luego viaja a EE.UU. En EE.UU., aún no se encuentra en la capacidad de hacer de su vida, piensen que se trata de un muchacho de 19 o 20 años, en ese momento. Entonces, el trabaja en lo que se puede, como lo hacen los chilenos valientes, decidido a conquistar el mundo. Pronto decide viajar a Francia, ingresa a una prestigiosa academia, como es, la Grande Chaumiére y por cierto lo recibe, la Escuela Nacional de Bellas Artes de Paris.. Se queda varios años en París, donde tiene que ganarse la vida, para lo cual hace todo lo que hacen los pintores, pinta retratos y bocetos de personas en las calles de París, lo cual me parece profundamente emocionante y meritorio. Luego Saavedra decide quedarse en París, un tiempo, expone y conoce a personalidades como el notable pintor chileno Enrique Zañartu, el cual influyó de alguna manera en sus comienzos. Viaja a España donde conoce a personalidades como Salvador Dalí. Luego esta decidido a conocer el mundo, sale a conocer el mediterráneo, y luego va mas allá.

Y uno se pregunta, que esta haciendo un chileno en tantas partes tan lejanas; que motor, que fuerza interna lo lleva. Pero no basta con todo esto, también va al África y a las islas Canarias. Luego vuelve a América y se instala, hace unos quince años en Ecuador donde comienza una carrera brillante, tanto en la plástica, como vemos en estos hermosos cuadros que vemos aquí colgados como en los retratos oficiales, que ayudan a financiar quizá la parte mas hermosa de su arte, que es la que tenemos acá.

Su arte se alimenta de todas estas riquezas, en estos conocimientos que él fue adquiriendo en Europa, África, Asia y en América; y podemos verlo reflejado, porque su arte se alimenta de las grandes corrientes del pasado clásico, por una parte, y por otra parte de las corrientes modernas, lo que produce una fusión curiosa e interesantísima, rica en significación clásica; yo diría que se produce aquello que lo que Hesselgren señala con tanta agudeza, que sus cuadros resumen expresiones vinculadas al significado particular y a visiones particulares. Se reúnen de tal manera, que constituyen una fusión de esas emociones, que le otorgan unidad a sus obras.

Podemos apreciar en sus obras esa magnifica unidad, eso quiere decir que su obra posee un concepto rítmico, ritmo que es movimiento. Es decir, sus obras están llenas de vida, porque movimiento es vida, además de todos los otros movimientos que están en juego; el equilibrio de la composición, los valores proporcionales, la croma, aunque el se confiesa que no es un cromático intenso, hay una cultura cromática muy clara en su obra.

En esa curiosidad de su vida, esa amalgama de elementos que se pueden apreciar muy claramente en sus cuadros, la que vamos a apreciar ahora; ese es Roberto Saavedra Walker.
Sergio Montero V.R Profesor de Estética

Universidad Católica de Chile

LA OBRA PICTÓRICA DE SAAVEDRA WALKER

El pintor del epígrafe se ha formado en Paris y entre viajes por el mundo, en museos y exposiciones de artistas modernos y vivientes. Es retratista de cámara del Ecuador, residiendo en ese pais por diecisiete anos. Ahora, en Santiago de Chile, muestra en la Galería Fundación, como en los témpanos de hielo, la punta de un pañuelo pictórico. Lo mas interesante son sus veras visiones de artista creador y ellas serán razón de nuestro comento.

Saavedra Walker ha entendido bien, como heredero del modernismo, que la experimentación analítica, de formas y de expresiones se acabaron. Y, que con la fase actual, solo cabe la síntesis de lo encontrado. Lo que comenzó con el impresionismo, terminó con el expresionismo abstracto. Y la crisis consiguiente de la pintura hasta agonizar y desaparecer como manifestación verdadera, debatida en la revista Preuves de 1960.

Los artistas terminales del modernismo son Jackson Pollock, Jean Dubuffet y Antonio Tapies. Un individuo singular marca el confín creador del modernismo es Marcel Duchamp. Lo señala con una obra genial, que es todo un archipiélago que, topó con lo irrealizable. Lo que pintó quedo ahí, como testimonio. Y , lo impintable lo escribió y garabateó, en forma gráfica, en noventa y tantos documentos. Los limpió y los guardó. En una maleta. Como si este punto final fuera poco, se dedicó al ajedrez.

Saavedra Walker es postmodernista de síntesis. Esto quiere decir que toma lo que necesita de la cantera prolífica de la fase ya acabada en la historia reciente. Es protagonista de algo nuevo, diferente, porque no excava tumbas con cenizas, como unos caballeros que se denominan conceptuales, u otros que tienen distingos pintorescos y divertidos, como minimalistas, es decir, venidos a menos.

Pero, aquí no cuenta el cuento de lo genial de Duchamp. Dejo un apéndice para el porvenir. Consistió en el transeúnte de cualquier forma plástica, utilizando la rosa de los vientos con que la sensibilidad, de todo contemplador, gira. Son obras del período Dada. Las llamaremos en castellano, y en una modalidad chilena. Son creaciones instantáneas, de un papirotazo, hechas al tiro, al momento, al instante.

Nemesio Antúnez, al ser recibido como miembro del instituto de Chile, en su academia de Bellas Artes, dijo, en parte del discurso que verso sobre historia del grabado chileno, que en ese momento estaba extinguido, a manos del conceptualismo. Agrego; “Hay que resucitarlo, trabajar de nuevo”. Fue, un Ojo con el Arte. Contundente, como Moisés al bajar del Sinaí.

El director del Museo Nacional de Bellas Artes, el distinguido idealista Milán Ivelic, advirtió al público y a los artistas, pidiendo excusas, antes de la primera exposición de Claudio Bravo en Chile, por presentar a un individuo que no estaba en la ruptura del postmodernismo.

La respuesta la dio el retorno del público al Museo, chileno por excelencia, como nunca antes se viera.

Volvamos a Saavedra Walker. Viene después de varios años de ausencia. Sería muy importante que trajera, aunque más no fueran doce telas, planteadas y resueltas en el estilo de síntesis, que nos dejan con gusto a poco.

Ellas no son fruto de rupturas, sino de continuidad de la tradición modernista; fruto de su personal ego, como ser humano, que ama, vive y muere. Que manifiesta su sentir en la hondura y en la apariencia, ligando los términos de distancias. Con rico lenguaje de imágenes, metáforas, símbolos, signos. Esta henchido de sentidos que transmite en estructuras que forman habitáculos, como concavidades románticas del hombre moderno. Aluden también a la significación de nidos del sentimiento y pensamiento creador.

Estos nidos constituyen la parte albañireril de su método de trabajo. Todo el soporte, a lo alto y ancho, y de arriba abajo, está constituido por una red obscura, en las concavidades hay resplandores claros como, óculos. Y, los ocupan perfiles de mujer venidas de las lejanías de los sueños, desvanecidas. También, en otras claridades, mas diamantinas hay signos dictados por el amor. Otras ventanas parecen agoreras, son un tanto opacas, como veladas, sombrías, de reflejos tenues y con salpicaduras.

Todo refleja el transcurrir de una sensibilidad que marcha, al azar de lo que acontece, en la esfera de lo presente, lo ausente, lo distante, o algo tan antiguo que no cabe en la memoria individual, sino residuos de la especie, perdidos y sepultados, pero ofreciendo indicios, patentes y evidentes.

Es como Enrique Zañartu, explorador de geografías pero en el estilo propio de Saavedra Walker. El punto de referencia vale como puente de una visión del nacimiento del planeta, cuando apareció el hombre, en esta rajadura planetaria, que dejo en alturas cubiertas por la nieve los fósiles oceánicos.

La mirada de Saavedra Walker es otra. Sus palpos sensibles son diferentes aunque en sus cubículos habiten otros signos de adivinación del hombre que llegó, desapareció, se olvidó y se recuperó con un sentido arqueólogo de la poesía.

Saavedra hace visible los despojos de sus hallazgos, los hace vibrar al son del ritmo de sus palpitaciones, escondidas tras un espejo, herramienta puesta en la mesa, al lado del caballete, de pintores solitarios, por expatriación, pero en Saavedra Walker plenos de ligazones amistosas, compañías de afinidades sensibles, hermanos en el laboreo de la mina poética que explotan y encuentran.



Víctor Carvacho Herrera

Santiago de Chile 11/ 1/1996

La Pintura de Roberto Saavedra.

Artista chileno que reside en Ecuador y que constituye toda una sorpresa. Excelente como dibujante, imaginativo, aún cuando muy dispar en sus motivaciones, su pintura nos resulta particularmente atractiva e interesante. Con estudios en la Escuela de Bellas Artes de París, con tratos personales con Enrique Zañartu y Salvador Dalí, no cabe duda que la Escuela es lo predominante. El oficio es patente. Y su posible proyección a la pintura mural, también. De alguna manera, frente a la producción de Saavedra uno piensa en el surrealismo, pero no tanto como para encasillarlo en él. Su "Ultima Cena", por ejemplo, que es lo primero que observamos de el, nos presenta a todos los personajes, salvo una excepción, tratados y definidos como gente joven. La composición, claro es, frontal, presenta a cada personaje en actitud meditativa y recogida. El dibujo es impecable, el color es liviano.

En otras obras, que suponemos posteriores, Saavedra se nos ofrece en cambio con mayor libertad expresiva y con un despliegue imaginativo de veras encomiable. Se advierte de inmediato no sólo la fuerza del dibujo y una sólida composicionalidad sino también un discurrir la motivación con ideas claras y precisas. Sin duda, en la producción de Saavedra hay sustancia. Figurativo, en términos generales, la trascendencia que busca proyectar en sus trabajos nos lo asocia a lo que realmente es lo abstracto: abstraer esencia, síntesis. De aquí la rica expresividad de sus composiciones, elaboradas con mucha sutileza y un cromatismo serio, sin estridencias, solvente.

José María Palacios



Santiago de Chile, 1996


ROBERTO SAAVEDRA WALKER , PINTOR DE MUNDOS INTERIORES.
Saavedra Walker pinta desde una dimensión interior. Esta se extiende mas allá del tiempo , hacia los confines del universo. Y toca al filón de las formas cósmicas, de donde brotan los arquetipos eternos.
Un instante más y las formas escaparían de las telas, insertando su ser en nuestro existir, su vida está inspirada en luces y sombras de otras edades, cuando del silex fundamental brotaba el rayo, engendrando el fuego.
El pintor ha vivido mil vidas en sus pinturas, evocando hechos acaecidos realmente, pero volcados en leyenda íntima, vueltos a crear a través del mito alucinado, expresador de esencias vitales.
peregrino tras de su sombra, en el desierto del mundo Saavedra Walker ha hecho del sol espectral un vértigo de tonalidades, en donde aparecen rostros presentidos desde siempre y que su pincel revela a través de todas las técnicas.
Chileno , es decir trotamundos, de niño viajaba a través de sus dibujos, de una ingenuidad mágica, avizorando vastos horizontes desde donde lo llamaban voces maravillosas , como espejismos de música.
Inició sus estudios de pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes de París, así llegó en peregrinación a la ciudad luz de los artistas en donde creció a la luz de los inmortales, bajo la mirada severa de los maestros de las artes plásticas.
Y para que nada faltara en su vital devenir, viajó por varios continentes, empapándose de las más diversas civilizaciones antiguas Allí encontró la fuente de su estilo, que para el creador es el hilo de su propio destino.
Y vino a madurar al sol del trópico, en el Ecuador, en el pintoresco , abandonado, pero siempre cordial y fantástico barrio de las Peñas , que yace como en un encantamiento , junto al ancho Guayas.


LA PINTURA DE ROBERTO SAAVEDRA
Roberto Saavedra es un artista que vino de Chile y se enamoró de este país, donde se ha quedado con su fardo inconsútil de sueños.
Basa su trabajo en el dibujo. Con trazos seguros, rápidos, de líneas contundentes, crea una abigarrada imaginería que recuerda lugares y tiempos lejanos, en los cuales como si él se reencontrara. Y ese dibujo y temática le obligan a usar una paleta de colores nostálgicos, que también caracterizan a su obra. La estructura de sus cuadros se organiza con primeros planos marcadamente relevantes y planos secundarios cargados de elementos, en un gran despliegue alegórico.
Ese despliegue integra el presente y el pasado, lo real, lo misterioso y lo mítico, el signo y el símbolo, en un osado equilibrio de paralelismo intemporal. Podría decirse que es una síntesis de elementos que convergen simultáneamente, desde el hontanar de los sueños del artista y desde su memoria que guarda las imágenes de sus viajes por Asia y África, así como por el complejo y maravilloso de la galaxia borgiana, para aflorar en cada lienzo, como los brotes de unas cabalísticas semillas.
En tal sentido, el compromiso de este pintor con lo existente y no existente, con los onírico y lo verdadero, se resuelven en una metáfora plástica.
La pintura de Saavedra es un trabajo sutilmente intelectualizado; reitera un humanismo que contiene el trasunto de los acontecimientos estelares de las civilizaciones clásicas, y deja intuir circunstancias más allá del muro que separa la exterioridad de la interioridad. Cada uno de sus temas se remite a uno de hechos y personajes que si bien ignora la historia, guarda la secreta memoria ancestral de la especie.
Su modo de configurar cada cuadro es más bien arbitrario, lejos de los moldes ortodoxos. Podría hablarse de una manera de integrar lo antiguo y lo nuevo, y de un turbador juego de realismo y fantasía, basado en la magia de las significaciones.
Gracias Roberto por permitirnos atisbar, a través de la ventana de tu obra pictórica, tu universo íntimo.

Dr. Inés M. FLORES

Quito, marzo 2 de 1994.

Los Fuertes Formatos de

SAAVEDRA WALKER

Roberto Saavedra expuso, con cuadros inspirados según propia confesión, en el pasado griego y nosotros agregaríamos, en Picasso. Y esto no es falla, ya que Picasso, en alguna de sus “Mil Épocas”, se inspiró igualmente, en la antigüedad clásica. Por otro lado ¿Quién, no alienta algo del autor del “Guernica”, la obra más famosa de la pintura contemporánea?. Saavedra presenta un bloque de trabajo, en la dirección indicada y en ella se manifiesta como un pintor que domina el taller largamente, que sabe descomponer y recomponer, que sabe desarmar y armar para ofrecer las sensaciones deseadas, para sacar composiciones imaginadas. Dúctil, hábil y pronto en el dibujo, al que lo hace marchar sin vacilaciones, prudente en los colores, apegado a los grises, los que se proyectan en el clima por el juzgado, y que se acoplan las figuras, las que, como anotamos, más chicas o más grandes, en primeros o segundos planos, contrastadas a veces violentamente, armonizan delante de nosotros y construyen, un mundo impregnado de cierta cosa prohibida y de cierta vejez magnífica.



Luis Martínez Moreno.


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