Crítica de la Razón Pura



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A) Vamos a exponer seguidamente la concepción que subordina la Metafísica a la Etica, tal como viene representada por Kant.

Para Kant el deber es el factum de la razón pura práctica, la cual determina la morali­dad de las acciones en ausencia de cualquier otro motivo que no sea la conciencia del deber. Arguye que si se hiciera depender la moralidad de los distintas afecciones empíricas, ello traería consigo insertar la acción humana en la causalidad mecanicista, y en consecuencia perder de vista la validez universal y apriori del imperativo moral, que se basa en la condición racional del hombre. La incondicionalidad de la ley moral es incompatible con que la voluntad sea afectada por las inclinaciones y deseos, que tienen su sede en la naturaleza fenoménica; pues la ley moral ordena con independencia de los móviles procedentes de la facultad apetitiva. La ética kantiana descansa en la descomposición del hombre en la dualidad de hombre fenoménico y nouménico.

A ello ha de añadirse, sin embargo, que análogamente a como en la Analítica de la Razón pura se proyectan las categorías conformadoras del objeto sobre los datos fenoménicos recibi­dos en la sensibilidad, originando los juicios sintéticos a priori, el imperativo moral se expresa también en proposiciones sintéticas a priori, tales que el enlace entre sujeto y predicado ("lo que quiero es mi deber") requiere unas condiciones de posibilidad, distintas de las simples nociones de aquellos términos. A estas condiciones prácticas de posibilidad había arribado previamente como meras "ideas problemáticas o sólo pensadas" en la Crítica de la Razón Pura, llegando ahora, en la Crítica de la Razón Práctica, a otorgarles en cambio una validez práctica. La Etica se convierte, de este modo, en revalidadora de la Metafísica, cuyo estatuto científico había quedado en entredicho en la Filosofía teórica.

Así, la idea de libertad sintetiza las nociones de voluntad y autonomía moral, por cuanto la libertad es causalidad a la vez voluntaria y autónoma, vale decir, no dependiente de causas externas de las que ella fuera un efecto determinado. A la voluntad en cuanto afectada por los impulsos de la sensibilidad se sobreañade, pues, la idea de la voluntad libre como razón práctica, perteneciente al mundo inteligible. Esta idea de libertad, que hace de unificadora entre el querer y el deber, tiene un alcance meramente práctico e inmanente al sujeto: su validez consiste exclusivamente en la capacidad humana de conducirse bajo tal idea, no en su valor cognoscitivo.

A la libertad se suman los postulados, objeto de creencia, que son la existencia de Dios y la inmortalidad del alma. Estos postulados son lo que legitima la creencia racional en la coincidencia perfecta entre la voluntad que obedece a la ley y la felicidad, como aspiración ínsita en la naturaleza de la voluntad. Son postulados que no consisten, a diferencia de los eu­clidianos, en aserciones indemostrables en las cuales descanse el edificio de la ciencia, sino que son más bien lo que hay que creer para poder "pensar" el mundo práctico de la moralidad y reconciliarlo con el mundo de la natura­leza. Sin ellos el imperativo moral en su carácter incondicionado no se puede proponer como tarea a reali­zar1.

El giro copernicano que introduce Kant en la Etica consiste en fundamentar la moral no sobre un orden ontológico de fines en correspondencia con la naturaleza humana, sino sobre la conciencia inmanente, accediendo desde ahí a las ideas metafísicas en tanto que postulados necesarios de la idea de deber. Lo que en la Crítica de la Razón Pura se había revelado como las síntesis supremas de la razón, en sí mismas sólo problemáticas o no contradictorias, se revalida ahora como provisto de una certeza prác­tica ineliminable para la realización moral. Pero ¿es ello suficiente para fundar la moralidad? ¿No hay unas certezas primeras sobre las que se asientan las certezas morales, tales como el principio de la sindéresis, la realidad de la libertad o los preceptos básicos de la ley natural?

B) Vamos a ver a continuación la concepción sobre la moral y la ética en Hegel. Se caracteriza por englobar la Etica en la Metafísica, haciéndola pasar por una parte suya, al entender lo moral como un momento en el devenir necesario del Espíritu objetivo. La libertad, condición de toda realización moral, queda expuesta como el conocimiento que la Idea alcanza de sí en su manifestación como Espíritu. Es la necesidad en cuanto conocida por el mismo sujeto supraindividual que se comporta necesariamente en la Historia.

Derecho, Moral y Etica responden en la concepción hegeliana a distintas etapas en el desarrollo dialéctico del Espíritu objetivo. La primera fase es el Derecho (Recht), en la que el espíritu libre se da la esfera externa de su libertad o derecho de propiedad, a la vez que incoa, con su enajenación en el contrato, la oposición dialéctica entre voluntad individual y universal. Precisamente la mediación de la voluntad ajena que es requerida para entrar en posesión de lo propio, y que está implícita en el contrato, es lo que aparece negado en el momento de la moralidad (Moralität), en que la voluntad regresa a la infinitud de su para-sí, sin tener que determinarse a través de la contingencia de las cosas poseídas2. Así lo ejemplifica arquetípicamente Antígona cuando resiste a la ley de Creonte sobre la proscripción de la propiedad de enterramiento de su hermano Policleto. La eticidad (Sittlichkeit) como tercer momento significa la síntesis o concordancia final de los dos momentos abstractos anteriores. La subjetividad se afirma, así, en su libertad (lo interior), en el seno de la efectividad del mundo existente (lo exterior)3. Los estadios por los que a su vez pasa la realización ética son la familia, como unidad indiferenciada o espíritu ético natural e inmediato, la sociedad civil, o momento de la particularidad, presente en la pluralidad inconexa de los individuos, y el Estado, que como universalidad diferenciada recoge en síntesis los dos estadios previos. El Estado es la unidad orgánica o universal concreto, sólo existente a través de los particulares, que son distintos y él mismo a la vez.

La eticidad responde en Hegel a la incapacidad para derivar los deberes cívicos determinados a partir de la forma universal indeterminada del deber. El hombre se hace ético no en el ánimo que le dispone a la acción, sino en la realización de ésta en tanto que penetra los distintos órdenes institucionales y los toma por el punto de fijeza requerido desde el que proyectarse como acción; recíprocamente, las instituciones, hábitos y leyes no son fuera de la praxis por la que se mantienen. Con la acción institucional el individuo superaría el punto de vista particular del deber vacío, en alusión crítica a Kant, testimoniándose a sí mismo en continuidad con el Espíritu objetivo. Hegel no reconoce sustantividad al individuo ni a sus fines privados fuera del Estado, al cual absolutiza como término de coincidencia final entre los opuestos dialécticos.

Los momentos por los que pasa la conciencia en su dar lugar a las acciones son la inmediatez universal del propósito (Vorsatz), anterior a su realización circunstanciada, la intención (Absicht) o configuración total —no atomizada— de la acción en un contexto singular y, por fin, el bienestar (Wohl), resultante de la realización, en el que se unificarían los deseos subjetivos y los intereses históricos objetivos. Los dos primeros momentos, específicamente morales, desaparecen de este modo en una síntesis conceptual que se cumple históricamente y en la que no tiene parte el sujeto singular. La andadura dialéctica de estos momentos términa en la coincidencia última del Espíritu consigo mismo, una vez que ha regresado a sí desde la finitud de las determinaciones —incluyendo las de carácter moral— en que se ha ido diferenciando.





1 "Gleichwohl wird in der praktischen Aufgabe der reinen Vernunft, d.i. der notwendigen Bearbeitung zum höchsten Gute, ein solcher Zusammenhang (entre moralidad y felicidad) als notwendig postuliert: wir sollen das höchste Gut (welches also doch möglich sein muß) zu befördern suchen. Also wird auch das Dasein einer von der Natur unterschiedenen Ursache der gesamten Natur, welche den Grund dieses Zusammenhanges, nämlich der genauen Übereinstimmung der Glückseligkeit mit der Sittlichkeit, enthalte, postuliert" ("Sin embargo, en la tarea práctica de la razón pura, es decir, en el trabajo necesario hacia el bien supremo, se postula la coincidencia necesaria de la felicidad con la moralidad: debemos tratar de fomentar el sumo bien (que, por tanto, tiene que ser posible). Se postula también, por consiguiente, la existencia de una causa de la naturaleza toda, distinta de la naturaleza y que contenga el fundamento de esa conexión, esto es, de la exacta concordancia de la felicidad con la moralidad", Kant, K.P.V., A. 225).

2 "El punto de vista moral es el de la voluntad en cuanto no es simplemente en sí, sino infinitamente para sí. Esta reflexión de la voluntad en sí y su identidad existente para sí frente al ser en sí y la inmediatez y las determinaciones que allí se desarrollan son lo que determina a la persona como sujeto", Hegel, Grundlinien der Philosophie des Rechts, Glockner (ed.), Obras, VII, Stuttgart 1964, n. 105, p. 164.

3 "La eticidad es el concepto de libertad que ha devenido mundo a disposición y naturaleza de la autoconciencia" (o.c., n. 142, p. 226).


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