CP/acta 1809/11 29 junio 2011



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Este día hemos adoptado la decisión de formar un grupo de trabajo para que se reflexione a profundidad sobre el rol del sistema de protección de los derechos humanos. Pero también deberemos reflexionar en el curso de este diálogo cómo podemos contribuir a fortalecer nuestros partidos políticos, qué podemos hacer para apoyar la modernización de nuestros poderes legislativos, cómo podemos fortalecer la participación de nuestra ciudadanía en aquellos asuntos de mayor trascendencia nacional, cómo puede la Organización coadyuvar a la protección de la libertad de expresión. Son muchas las interrogantes que esta reflexión sobre el capítulo I de la Carta nos provoca.
En conclusión, esta mañana quisiera decir que para Honduras el respeto de los elementos esenciales de la democracia contenidos sobre todo en el artículo 3, pero no limitados a ese artículo, dependerá, por un lado, de cómo cada uno de nuestros gobiernos cumpla con su obligación con respecto a su respectivo pueblo, y cómo la OEA, a nivel regional, será capaz de ayudar a nuestros gobiernos a fortalecerse y a ejercer sobre todo un rol de diplomacia preventiva que salvaguarde, en suma, el derecho fundamental de nuestros pueblos a la democracia.
Gracias, señora Presidenta.
La PRESIDENTA: Thank you very much, Ambassador. I now recognize the Ambassador of Panama.
El REPRESENTANTE PERMANENTE DE PANAMÁ: Muchas gracias, Presidenta.
Antes de entrar en materia quiero celebrar, como lo han hecho todos, el éxito de la Asamblea General en El Salvador. Quiero celebrar también la presencia en este recinto, y escuchar su primer discurso, del Embajador Hernández Alcerro, de Honduras. Quiero celebran también el éxito de su presidencia al frente del Consejo Permanente, así como el advenimiento de Jorge Skinner-Klée como nuestro nuevo Presidente a partir de mañana. Quiero celebrar también el que mañana se instale en este edificio, en los predios de la OEA, un busto del fundador de Acción Democrática, el ex Presidente de Venezuela Rómulo Gallegos.
Voy a entrar en materia, señora Presidente. Aplaudo el que estemos tocando estos temas, pero yo no sé si será diplomático lo que yo voy a decir, yo siempre digo que no lo soy, voy a hablar como latinoamericano que trata de interpretar las necesidades de nuestro pueblo. Y cuando escucho y leo con detenimiento la Carta Democrática, que en su primer párrafo nos dice que uno de los propósitos de la Organización de los Estados Americanos es promover y consolidar la democracia representativa dentro del respeto del principio de no intervención, me pregunto si muchas de las cosas que nosotros hacemos como países, y no voy a particularizar en nadie, es cumplir con la Carta Democrática.
La Carta Democrática, a mi juicio, se viola a diario en muchos de nuestros países y nosotros como Organización debemos ser responsables, debemos ser quizás menos retóricos en encontrar las cosas buenas que hacemos y mirar las cosas que a veces con cierta hipocresía, y perdonen la expresión, nos hacemos la vista gorda cuando ocurren en nuestros países, y eso es doloroso.
Una definición de democracia nos indica que el gobernado, los pueblos, es el titular del poder de nuestros pueblos, el poder para ejercer esa democracia. Sin embargo, aquella visión del gobernado como mandatario –primer mandatario, lo dice exactamente el título que se le otorga– no va de acuerdo con ese mandato porque, en ocasiones, se presenta una confusión muy grande. El primer mandatario deja de serlo desde el momento en que quiere convertir el país en su feudo particular, en el de sus amigos, en el de su partido, donde no hay transparencia, menos rendición de cuentas. No hay solidaridad entre nosotros para que todos respetemos una democracia en el real sentido de la palabra y duele decirlo, porque estamos en la obligación de protegerla y estimularla, no solamente en nuestros países, sino en el resto de nuestros países hermanos, lo cual se evita con aquello del cuento de la no intervención.
Ayer, en esta ciudad de Washington –me encanta ir a todos esos eventos donde se tratan los problemas de nuestros países– se tocó la libertad de expresión en un país sudamericano –no voy a mencionar su nombre– y los peligros y las tendencias hacia su control absoluto por el Ejecutivo de ese país. Antes se trataba de controlar la televisión y la radio con aquello de que las frecuencias pertenecen al Estado. Sin embargo, hoy ya, quizás con aquello de esa teoría que nunca he entendido ni voy a entender de lo que llaman algunos la dictadura mediática, también quieren controlar los medios escritos y la Internet, como se está dando en otros países en regímenes totalmente intolerantes a la libertad.
Si vemos la Carta Democrática nos haremos y tenemos que hacer esta reflexión. Reconocemos, por ejemplo, el derecho de los trabajadores de asociarse libremente, pero en muchos de nuestros países, o en algunos de nuestros países, seguimos poniéndole cortapisas a la libertad sindical.
Decimos respetar los derechos humanos. Sin embargo, impedimos que los organismos de derechos humanos visiten nuestros países.
Decimos, y aquí lo vemos en la Carta Democrática, que debemos gobernar con transparencia en las actuaciones públicas, pero se coarta toda libertad de información cuando se trata de temas que deben ser del común conocimiento de los ciudadanos, como lo es la enfermedad de un presidente. Todo es especulación, todo es cuento, y no se sabe nada. Eso no es democracia y eso es violentar la Carta Democrática.
Seamos sinceros. Algunos de nosotros estamos violando –y soy inclusivo, se dan cuenta– a diario la Carta Democrática. Somos varios. Hagamos un acto de contrición porque lo estamos haciendo en forma sistemática y en forma sistemática estamos burlándonos de algo que es ley de nuestras repúblicas, como es la Carta Democrática y los principios allí encerrados.
Se ha hecho cada vez más importante para los gobernantes mantenerse en el poder y no gobernar por el pueblo y para el pueblo, y se ha hecho cada vez más importante ese lucrar del poder, ese no tener límites para ejercer la democracia que el pueblo espera de nosotros. Debemos autocriticarnos, queridos colegas. Estamos faltándole a la democracia y, al hacerlo, estamos traicionando las ansias libertarias y de justicia de nuestros pueblos. Después lo único que oiremos serán lamentaciones.
Muchas gracias.
La PRESIDENTA: Thank you very much, Ambassador. I now give the floor to the Secretary General.
El SECRETARIO GENERAL: Muchas gracias, Presidenta.
En realidad, había pedido la palabra antes de que lo hiciera el Representante de Nicaragua, pero, naturalmente, pido excusas por eso, generalmente trato de no competir en esto, y la verdad es que ha sido una discusión muy grata. Quería decir solamente un par de palabras.
Creo que tal vez lo que a mí me pasa –y no lo creo un defecto– cuando escucho estas discusiones, es que les encuentro parte de razón a todos, me niego a encontrarles toda la razón a todos, o toda la razón a algunos porque, finalmente, el concepto de lo que estamos hablando aquí tiene que ver más bien, un concepto aristotélico, en realidad, es más la política que la democracia, pero creo que son relativamente equivalentes ambos.
Es que esta es una forma de gobernar y de tomar decisiones en sociedades complejas, en que no todo el mundo piensa igual. Piensen ustedes que la política o una forma democrática de gobierno sería innecesaria si todos pensáramos igual. Si todos pensáramos igual, pues elegimos al que tenga un coeficiente intelectual más alto y lo dejamos gobernar para siempre, porque, finalmente, no necesitamos ningún mecanismo, ningún dispositivo.
Sin embargo, como partimos de la base de que todos somos muy distintos, es que ideamos algún mecanismo que, por lo menos, garantice una cosa, el que las opiniones de todos van a ser respetadas y que si no se llega a consenso, pues tendrán que decidirse a través de los mecanismos que mayoritariamente funcionen.
Yo estoy de acuerdo cuando alguien dice que existe en algunos países una dictadura mediática, yo estoy de acuerdo. Creo que la libertad de expresión la violan tanto los Estados que impiden que sus ciudadanos hablen como los que se apropian de todos los medios de comunicación o los que por desgracia en nuestra América salen a matar a los que dicen determinadas cosas, opinan algo o dan noticias que no les gustan, cosas que al menos ocurren en nuestra región todavía.
Cuando a mí se me dice que es necesario respetar plenamente a las organizaciones no gubernamentales, yo también digo que es necesario respetarlas plenamente. Pero, también, cuando alguna organización no gubernamental dice que va a opinar a nombre del pueblo, yo digo: “Bueno, pero si el pueblo elige a sus gobernantes, ¿para qué va a elegir a sus gobernantes si al pueblo lo van a representar la organizaciones no gubernamentales?” Este es un problema complicado.
Lo único que realmente a mí me interesa es que en esta discusión saquemos como mínima conclusión que en una democracia las opiniones de todos son igualmente válidas y todas tienen algo de verdad y algo de falso y que nos tenemos que dar entonces un método en el que nos respetemos de buena fe, de buena fe, nuestro derecho a opinar y a disentir. Eso es lo que a mí me preocupa. Me preocupa cuando alguien dice que habla a nombre del pueblo, porque yo también soy el pueblo y a lo mejor no estoy de acuerdo con él. O me preocupa cuando alguien dice que determinado grupo está contra la patria, porque yo soy parte de la patria y determinadamente en este momento nos gustaría encontrarle también algo de razón a ese determinado grupo.
El problema son las dicotomías y los absolutismos, no son las opiniones. Creo que el problema está cuando, en nombre de algún principio que pueda considerarse superior, se buscan mecanismos para que la opinión o la visión de alguien en la sociedad no sea considerada.
Creo que los mecanismos de representación son mecanismos. No creo que exista una mejor representación que otra, y lo digo porque creo que en algunos países ese riesgo se corre cuando el pueblo no participa, cuando la gente ni siquiera va a votar, cuando nadie da su opinión. Los mecanismos pueden ser muy perfectos, pero la democracia no es demasiado representativa sin participación; eso es obvio. Me alegro de que no se haga aquí tampoco el antagonismo entre representatividad y participación. No creo que todo se pueda decidir por plebiscito en una sociedad compleja. De alguna forma hay que recabar la opinión de las mayorías.
El problema que a mí me salta es que de pronto estamos hablando de las mismas cosas, pero cuando argumentamos en torno a ellas, damos todos los ejemplos que nos conviene y no damos nunca los ejemplos que no nos convienen.
Creo, entonces, que cuando se dice que el pueblo tiene derecho a la democracia, lo que se está diciendo en definitiva es que el pueblo tiene derecho a participar en todas las decisiones que se adoptan en una sociedad de alguna manera que se establezca y parezca razonablemente satisfactoria para todos. Que ninguna opinión va a ser desechada, que ninguna opinión va a ser rechazada y, sobre todo, que ninguna opinión va a ser castigada, y que a nadie se le va de impedir que la diga de ninguna manera.
Si de buena fe lo hacemos así, todos los problemas tienen solución, siempre llega el día de la decisión, siempre llega el día de la elección y, felizmente, en nuestra América se ha demostrado que las mayorías pueden pasar a ser minoría y las minorías pasar a ser mayoría y eso es una gran cosa. Siempre habrá un mañana en toda democracia y en el mañana cada uno puede aspirar a que sus opiniones sean respetadas.
En suma, me alegro mucho de tener esta discusión, pero ojalá siempre se diga, como ha dicho recién a un señor Embajador, “en mi opinión” las cosas son así; …; “a mi juicio, habría que hacer lo siguiente…”’; “algunos opinamos que …”; no que diga que “el pueblo representado por él opina que…,”, “la patria representada por él opina que…”, o “todos los ciudadanos representados por él, opinan que…”.
Creo que hemos cumplido hoy día bastante con ese mínimo requisito y que, en la medida en que nadie ha pretendido, por así decirlo, decir que su verdad es toda la verdad que hay, esta discusión del resto de los capítulos puede ir por buen camino porque este es el capítulo de los principios. Y el principio básico, fundamental, de toda democracia es que la gente que no piensa igual y que, por lo tanto, se buscan mecanismos para que las opiniones de todos puedan ser vertidas en la decisión final que se adopte.
Muchas gracias, Presidenta.
La PRESIDENTA: Thank you very much, Secretary General. The Delegation of Nicaragua has the floor.
El REPRESENTANTE ALTERNO DE NICARAGUA: Thank you, Madam Chair.
Brevemente, hubiera preferido hablar antes del ilustre Secretario General.
Fundamentalmente, quería compartir algunas reflexiones muy breves. Hemos visto que ha sido un intercambio de posiciones, un diálogo en el cual obviamente hay puntos de vista encontrados, sobre el tema, de la democracia. Hemos visto que en el caso de Nicaragua hay una evolución y desarrollo de la democracia hasta el punto en que nosotros concebimos no solo la democracia representativa, sino también una democracia participativa, con efectos y acciones concretas dentro del cual la población, la ciudadanía, tiene una participación directa en la acción y la conducción y dirección de las políticas públicas del Estado. Estos son elementos novedosos dentro del esquema democrático.
Sin embargo, estamos hablando del tema de la democracia, tal como lo concibe el artículo 1 de la Carta Democrática Interamericana, que los pueblos de las Américas tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y de difundirla. Pero si bien esto es un principio básico y una obligación de los Estados de promoverla, nuestra región está y sigue amenazada por la extrema pobreza, la inequidad, la exclusión y la desigualdad.
Adicionalmente, nuestras democracias tienen que enfrentar la narcoactividad, el tráfico ilegal de armas, la trata de personas, provocando afectaciones a la estabilidad política, la institucionalidad democrática y el desarrollo efectivo de políticas públicas. Y esto ¿por qué? Por el desvío de ingentes recursos materiales, económicos y humanos en estas tareas, recursos que podrían ser utilizados para combatir la pobreza, promover el desarrollo social. Esta es una de las grandes dificultades que debe de tomarse en cuenta en el abordaje de esta problemática cuando se hace un análisis de esta naturaleza. Y no solamente referirnos a los aspectos meramente superficiales de lo que habla la Carta Democrática Interamericana relativa al espectro político.
Existe una interacción entre democracia, respeto a la soberanía de los Estados, desarrollo, combate a la pobreza, a la inseguridad ciudadana y la protección de los derechos humanos. Decimos que esta región obviamente es la más desigual del mundo, por ello es importante que el desarrollo de las políticas públicas deba estar encaminado a combatir precisamente estos elementos que están afectando y generando una serie de situaciones conflictivas en la región que son la exclusión y la desigualdad social.
Si uno empieza a revisar los diversos fenómenos existentes, el fenómeno de las pandillas, el fenómeno de las gangas, etcétera, en el fondo va a encontrar estos elementos que subyacen como substrato, como una cosa que fermenta en la existencia de este tipo de situaciones.
Nicaragua, como nación soberana, como nación libre, respetuosa del derecho internacional y de las relaciones pacíficas en todos los Estados, sí está en contra de la intervención y de la injerencia en los asuntos internos.
Estamos precisamente en contra de cualquier tipo de intervención sobre los Estados. Nicaragua conoce en carne propia lo que es la intervención por parte de países extranjeros. Nicaragua ha estado intervenida en numerosas ocasiones. Estuvimos intervenidos en 1909, en 1912, en 1927, durante toda esa época Nicaragua tuvimos la presencia militar de tropas extranjeras, por lo que conocemos en carne propia lo que es eso. Por lo tanto, de ninguna manera puede aceptar ningún tipo de intervención extranjera. Y eso es un principio para nuestro país.
Obviamente, los elementos centrales que Nicaragua quiere rescatar en esta mañana, están relacionados con la naturaleza y propósito de esta Organización que no debemos olvidar. Sobre todo luego de haber escuchado algunos planteamientos un poco aventurados, por parte del algunos Representantes de gobiernos. Y sobre todo recordar que lo que habla el capítulo I de la Carta, en la Naturaleza y Propósitos, al establecer que los Estados Americanos consagran en esta Carta la organización internacional que han desarrollado para lograr un orden de paz y de justicia, fomentar su solidaridad, robustecer su colaboración y defender su soberanía, su integridad territorial y su independencia. Esta la naturaleza y propósitos de la OEA.
Se contempla también que la Organización no va a tener más facultades que aquellas que expresamente le confiere la Carta. Ninguna de cuyas disposiciones la autoriza a intervenir en los asuntos internos de los Estados. Y hemos escuchado planteamientos que van reñidos con la naturaleza, propósitos y principios de la Organización. Entonces, solo hay dos preguntas.
Se quiere que la Carta Democrática Interamericana sea un instrumento, para fortalecer la democracia, y la cooperación entre los Estados o queremos utilizarla para desestabilizar aquellos Estados que no nos gustan. Así de sencillo es el cuestionamiento. Entonces vamos a meterles ingredientes, para ver cómo ese Estado que no me gusta lo desestabilizamos a través del poder Ejecutivo.
Y menos mal que estamos a ese nivel de discusión, que no se está siguiendo la práctica que en África del Norte se sigue. Que allá se trata de imponer una democracia a través de bombas. Hay una pandilla internacional lanzando bombas sobre Libia y obviamente en abierto desacato, y extralimitación de lo que fue el mandato de la ONU.
Retomo lo expresado por el Secretario General, en el sentido de que la buena fe debe de regir las relaciones de los Estados entre sí. Yo creo que eso es un punto importante de partida, que entre nosotros haya y exista esa buena fe, destinada a fortalecer la cooperación, la coexistencia pacífica.
Obviamente van a haber puntos de vista encontrados y diferentes de ver las cosas, pero todos estamos de acuerdo en que debemos de fortalecer la democracia en nuestro hemisferio.
Muchas gracias, señora Presidenta.
La PRESIDENTA: Thank you very much, Nicaragua.
Colleagues, there being no further requests for the floor, we have concluded the dialogue on Chapter I of the Inter-American Democratic Charter. We have certainly had a rich exchange of views and reflections, and even some concrete proposals for future action on strengthening the implementation of the Charter. The Secretariat has taken due note of them. However, in order to properly inform the record of this meeting, the Secretariat intends to compile all the presentations that were made and to circulate them among us all, so I would kindly request that all delegations that made interventions kindly pass their written copies to the Secretariat as soon as you possibly can. Thank you.
That concludes item 4 on the order of business.

PALABRAS DE LA REPRESENTANTE DE GRENADA AL LLEGAR AL TÉRMINO DE SU



MANDATO COMO PRESIDENTA DEL CONSEJO PERMANENTE
La PRESIDENTA: Before adjourning the meeting, however, I must pause for moment to say farewell in my capacity as Chair. As you know very well, some short three months ago, I was charged with directing the deliberations and work of this Council. Grenada, my country, being convinced of the relevance of the Organization of American States, was indeed honored to accept the position of Chair of the Permanent Council. It is a responsibility that I assumed in representation of my country with pride, but I always reminded myself of the humility with which I sat in this chair.
My government welcomed the opportunity to demonstrate its commitment to the OAS and to serve in the political leadership role. We all have that responsibility as we rotate as Council Chair, but my country saw it as more than just a ritual, a right, but as an opportunity to show that, notwithstanding the variance in size and might among us, Grenada is a proud and distinguished member of the international community of nations, the nations of this hemisphere, and, therefore, the membership of this organization.
It has been a three-month period marked by intense engagement on all matters entrusted to the Council by the General Assembly as we prepared for the forty-first regular session of the Assembly. It was also marked by successful conclusion of discussions on sensitive matters, the successful reintegration of one of our members, and the achievement of consensus on more than eighty resolutions and declarations. That collective agreement was most remarkable in the majority decision of the General Assembly, at its forty-first special session, to lift the suspension of Honduras from the exercise of its right to participate in activities of the Organization.
You know, having concluded two General Assembly sessions and all the laborious preparatory work that is required for such sessions, as well as all the work of the special committees, special working groups, and permanent committees, we can certainly conclude that this period has also been marked by celebration.
Throughout this undertaking, I have enjoyed the generous support of many persons. That support has allowed me to be a far more efficient Chair than would have been possible otherwise, and although the hour is late, it can never be too late to acknowledge and express appreciation, so you will bear with me, though the list is long.
I start with you, my colleague ambassadors permanent representatives to the Organization. You not only said to me that you would be here and support me during this period, but you certainly all did so very well, not least among you the Vice Chair of the Council, Ambassador Castillo; the regional coordinators: the United States, Canada, the Central American Integration System (SICA) group, the Latin American Integration Association (ALADI) group, and my very special colleagues of the Caribbean Community (CARICOM) caucus of ambassadors, who all stood in for me on so many occasions when time and other responsibilities simply would not permit.
Wearing the hat of the Chair of the Council for the past three months, along with my other roles as coordinator of the CARICOM caucus of ambassadors, Chair of the Retirement and Pension Fund Committee, and my other ambassadorial bilateral duties has been just a slate chock full, every minute of every day, and so my appreciation is very, very, very sincere. I could not have done it otherwise.
Within the Secretariat, the offices of the Secretary General and the Assistant Secretary General and their respective staff, the Department of Conferences and Meetings Management (DCMM), and the Office of Protocol were the areas that worked most closely with me during my tenure, as Chair. As preceding chairs of the Council would recognize and acknowledge, these are the offices that we interface with on a daily basis and most closely support the Chair, and that is why I mention them particularly. That is not to say that I do not recall and recognize the tremendous work that is being done by all areas of the Secretariat that support this Council in one way or another.
I must mention very specially the Chief of Staff of the Office of the Assistant Secretary General and the Committee Secretary of the Permanent Council, Estela Diaz; the committee secretaries, some of whom have sat here from time to time––Carolina Santamaría, Guillermo Moncayo, Alejandro Aristizábal. And sitting up in the Chair of the Council’s office is Francis Fernández, and behind the scenes is Conrado, who makes sure that we always have our tea and coffee at the right temperature, with or without the right grains of sugar. These are the little details that sometimes go unrecognized and unacknowledged but are very important, and I think they make this a more pleasant environment in which to work.
In less than 48 hours, I will demit this esteemed office, and I will step back down off the head table and resume my seat among what we all could possibly call the Knights of the Round Table––the diplomatic round table, no less. I assure you that Grenada will maintain its aspiration, endeavor, and commitment to work in concert with each and every one of our sister member states to find the proverbial grail that will enable us to strike what I think we still need to strive for, which is a better balance between principles and action, and achieve even greater productive and positive impact, visible and measurable, on the daily lives of all our citizens.
On a lighter note, and as I conclude, I recall that when Ambassador Lomellin of the United States handed the gavel to me three short months ago, she said to me she was also handing me the tiara. So I became a princess or a queen or something, bestowed by the monarchy of the United States. Since then, I’ve had to chair several committees, which you all know about and several of you have mentioned, and then today I also seem to have been challenged to accept a new gavel some time in the future. There was some travesura or mischief being mentioned, but whatever the course and whatever the occasions and opportunities you offer to me personally, as the Representative of Grenada, or to my country as we participate in this organization, I wish to assure you of our commitment to work with you all to achieve the objectives of our Charter and of the Inter-American Democratic Charter.
I thank you all very much for your very generous and kind remarks today, which I received and in which I heard true warmth and sincerity. For that, I am truly grateful. Thank you.
[Aplausos.]
Thank you. This meeting stands adjourned.

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