CP/acta 1809/11 29 junio 2011



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Luego, en sus artículos 3, 4, 5 y 6, la Carta contempla los elementos esenciales, los componentes de lo que concibe como aquel esquema político llamado democracia. Quiero referirme, entonces, a la intervención del distinguido Representante Permanente de Dominica, nuestro buen amigo el Embajador Charles, porque ciertamente la democracia no es un concepto pétreo, sino está en estado de flujo, de evolución. Y él hablaba que en la Comunidad del Caribe (CARICOM) practican la democracia deliberativa.
Ciertamente, nuestra Carta habla de democracia representativa y la tipifica categórica y taxativamente, dice cuáles son sus elementos. Traigo a cuenta esta disquisición porque también hemos oído de la democracia electrónica o virtual –e-democracy– que ciertamente facilita la participación ciudadana, pero también hemos oído planteamientos sobre democracias monárquicas, parlamentarias, populares, plebiscitarias algunas, deliberativas o participatorias otras. Aún así, nuestra Carta y la Carta fundamental de la Organización en su artículo 9 habla de democracia representativa. Y aquí tenemos nada menos que el catálogo mínimo que tipifica ese concepto. Para nosotros es un concepto que puede admitir diferentes interpretaciones, diferentes usos o modismos, mas no sus cualidades. Estas son únicas, son inmanentes al concepto de democracia representativa. Por eso quiero traer a colación apenas dos situaciones que merecen ser debidamente analizadas.
La primera la trajo el distinguido Representante de Chile a la mesa cuando se hace nugatoria la subordinación de poderes, porque una cosa es legislar legalmente y otra es hacerla legítimamente. Esa pregunta la quiero dejar como tarea pendiente porque en ese análisis que hablaba también el Embajador del Canadá, el examen entre pares, sin caer en la injerencia, podríamos tener que calificar, como ya ha pasado aquí en otros debates, cuándo un acto de poder público no es necesariamente democrático. Dejo eso como la primera interrogante.
La segunda, al hablar de los partidos políticos, que también son inherentes al ejercicio democrático, tenemos presente no solo –como lo señalaba el Embajador de México– que una democracia requiere seguridad, también requiere desarrollo. En ese desarrollo las campañas electorales han sido desfiguradas ya sea por un mercantilismo abusivo, porque se ha comercializado la política y el dinero parece que ha desbordado nuestras capacidades de ser buenos ciudadanos.
¿Por qué lo digo? Porque lo veo en mi país y en otros donde la financiación de las actividades proselitistas de los partidos no tienen una debida transparencia ni una corresponsabilidad con la ciudadanía. Es un insulto a las democracias que se gaste tanto en publicidad y no se haga nada por los pueblos.
Aquí también me quiero referir al dinero proveniente de fuentes ilícitas. La Carta Democrática lo prevé, pero aquí nos falta un mecanismo para saber de un régimen equilibrado y transparente de financiación de los partidos. Esa es la segunda interrogante que quería dejar sobre la mesa.
Finalmente, quiero decir que, en efecto, este es un debate enriquecedor. Promueve, como bien lo ha señalaba el Embajador del Perú, un diálogo pedagógico, una contribución para ese proceso de convergencia, y un proceso de convergencia que debe estar encaminado a afinar nuestras percepciones, a tener criterios compartidos a fin de encontrar ideas y acciones comunes que adelanten los postulados de la Carta Democrática, puesto que ya hemos dicho y se ha dicho antes, que es un instrumento valiosísimo, es vivo, es único, es trascendente en nuestra función aquí que es temporal.
Los pueblos van a seguir reclamando la democracia y en la medida que podamos mejorarla, en esa medida prestaremos un mejor servicio a nuestra propia función.
Gracias, señora Presidenta.
La PRESIDENTA: Thank you very much, Ambassador. I now recognize the Delegation of Argentina.
El REPREENTANTE INTERINO DE LA ARGENTINA: Gracias, señora Presidenta.
Mi intervención va a ser de carácter general sobre la Carta. Era el entendido de mi Delegación que se había acordado un diálogo general en estas dos primeras sesiones.
Señora Presidenta, si bien la Carta provee una sólida y valiosa herramienta para el resguardo de la democracia en el Continente, debemos continuar buscando las formas para reforzar la capacidad de la OEA a través del fortalecimiento de los mecanismos existentes para responder a los requerimientos de un Estado Miembro que solicita asistencia para consolidar su institucionalidad democrática.
Para la Argentina, la democracia, derechos humanos y desarrollo económico y social constituyen tres ejes de su acción en el ámbito internacional que considera vinculados y que se refuerzan mutuamente, los cuales deben ser considerados de manera relacionada a fin de ver realizados el Estado de Derecho, las libertades fundamentales y la justicia social. En este sentido, la Carta conforma un verdadero instrumento de nuestra política exterior y una referencia permanente de su acción en el ámbito interamericano.
Nuestro país no solo reconoció los aportes de la Carta, sino que señaló la necesidad de continuar reforzando y mejorando los instrumentos de la Organización a fin de fortalecer la calidad de la democracia y consolidar su institucionalidad democrática.
En relación con la propuesta para reforzar los mecanismos existentes en la Organización y la Carta Democrática Interamericana, nuestro país propuso a los Estados Miembros invitar a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a celebrar períodos de sesiones extraordinarias fuera de su sede en Washington, apoyar un aumento del presupuesto de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, a través del Fondo Regular de la OEA, cuyo aumento permitirá al sistema interamericano de derechos humanos cumplir no solo con su mandato de promoción y protección de los derechos humanos, sino con su rol de promoción de la democracia y de los objetivos de la Carta.
Gracias, señora Presidenta.
La PRESIDENTA: Thank you very much. I now recognize the Delegation of Brazil.
La REPRESENTANTE INTERINA DEL BRASIL: Senhora Presidenta, conforme já observado na primeira sessão dedicada ao Diálogo, a Carta Democrática Interamericana foi adotada por unanimidade e não contém notas de rodapé ou reservas. Nesse sentido, é de grande significado que o Capítulo I contenha caracterizações importantes sobre o regime democrático, a despeito das diferenças de matizes que encontramos entre os nossos países sobre o tema.
O Artigo 3 da Carta estabelece os elementos essenciais da democracia, como o respeito aos Direitos Humanos, a realização de eleições regulares, livres e justas, e o pluralismo. Hoje, essas exigências parecem óbvias. Infelizmente a maior parte dos países da região conheceu, em algum momento, privação desses direitos fundamentais, e um dos objetivos centrais da Carta Democrática Interamericana é promovê-los e defendê-los. Conforme resolução da CALC, citada na Resolução 2555 e novamente evocada por ocasião da reintegração de Honduras, a prevalência do Estado de Direito e da normalidade constitucional é uma conquista que não admite retrocesso. É preciso ressaltar, no entanto, o caráter não exaustivo dos componentes fundamentais enumerados no Artigo 3, tendo em conta a diversidade de experiências e realidades na região. Assim, eventuais mecanismos de revisão deveriam ter caráter voluntário, proporcionando o intercâmbio de experiências entre os Estados membros na busca do fortalecimento da democracia.
Em linha com o já expressado pelo distinto RP da Guatemala, é preciso enfatizar, ademais, a relevância do Artigo 5 no atual contexto hemisférico. Certamente, a ênfase no fortalecimento dos partidos e de outras organizações políticas é aspecto prioritário para a democracia, sendo necessário dispensar atenção à questão dos altos custos das campanhas eleitorais e à necessidade do estabelecimento de um regime equilibrado e transparente de financiamento de suas atividades. Sem essas precauções, a pluralidade de idéias, tão cara ao processo democrático, pode ser negativamente afetada. Qualquer que seja a modalidade de financiamento partidário adotado - público, privado ou misto -, a regulamentação, a transparência e a fiscalização garantem a legitimidade do sistema e acreditamos que a maior troca de experiências entre os países do continente, sempre respeitando suas realidades específicas, em muito contribuiria para o fortalecimento da democracia.
O Artigo 2 da Carta estabelece que a democracia representativa "reforça-se e aprofunda-se com a participação permanente, ética e responsável dos cidadãos". Acreditamos que a participação cidadã prevista na Carta não significa apenas a realização de consultas diretas, na forma de plebiscitos ou referendos. A democracia participativa, no nosso entender, também se traduz na participação permanente dos cidadãos, por meio dos canais adequados, na formulação de políticas públicas e no acompanhamento atento da gestão governamental. É nesse espírito que o governo brasileiro procura manter interlocução constante com representantes de grupos da sociedade civil, em consulta permanente, buscando a transparência e o aprimoramento das políticas que atendam as necessidades de nossa população.
A possibilidade de que os cidadãos participem das decisões que afetarão suas vidas depende do amplo acesso à informação sobre as ações do governo. Esta é uma das razões pelos quais a liberdade de expressão e de imprensa e o pluralismo político são imprescindíveis para o regime democrático, como bem nota o Artigo 4. Para além de permitir o livre fluxo de informações, faz-se necessário, no entanto, que nossos governos tomem a iniciativa de tornar disponíveis dados sobre a gestão das contas públicas. Foi nesse espírito que o governo do Brasil criou, em 2004, o Portal Transparência, página da Internet onde todos os brasileiros podem encontrar dados detalhados sobre os gastos e despesas do Governo Federal. Estamos certos de que iniciativas similares estão sendo promovidas em outros países, e estamos prontos para compartilhar a experiência brasileira nessa área, refletindo os compromissos consagrados na Carta Democrática Interamericana.
Senhora Presidenta, o compromisso do Brasil com a democracia e seu contínuo aprofundamento é irrestrito, representando a uma só vez conquista e demanda do povo brasileiro. A Presidenta Dilma Rousseff, refletindo esse compromisso inequívoco, ao estabelecer as treze diretrizes para seu Governo, indicou na primeira diretriz o compromisso de “expandir e fortalecer a democracia política, econômica e socialmente” e que “o fortalecimento da democracia política será consolidado por meio da continuidade da reforma do Estado; da preservação da autonomia dos poderes constituídos; da irrestrita liberdade de imprensa e de expressão da liberdade religiosa; do aprofundamento do respeito aos Direitos Humanos e incentivo à participação popular para que haja uma reforma política que fortaleça as instituições”.
La PRESIDENTA: Thank you very much. I now recognize the Ambassador of Venezuela.
El REPRESENTANTE PERMANENTE DE VENEZUELA: Gracias, señora Presidenta.
Antes de entrar en el tema quisiera ratificar a los señores Representantes y autoridades de la OEA la invitación para mañana a las doce del día, una breve ceremonia donde develaremos el busto del ex Presidente venezolano, un gran demócrata de izquierda y quizás el más importante escritor venezolano del siglo XX. Eso será a las doce del día, Dios mediante.
Señora Presidenta, el conductor de un vehículo que no utilice el espejo retrovisor está condenado a morir más temprano que tarde. Por eso siempre uno tiene que revisar la historia para afirmar el presente y procurar el futuro. Es como una verdad de Perogrullo, pero no siempre funciona así.
La Carta nació de manera casi clandestina, por una simple razón, coincidió con el horror terrorista del holocausto súbito del 11 de septiembre de 2001. Posteriormente, como seis o siete meses después, debutó con plomo en el ala porque se produjo un golpe de Estado en Venezuela y en esta Organización hubo iniciativas, superadas afortunadamente por la brevedad del golpe, del exitoso por cuarenta y siete horas golpe para desconocer la representatividad del Embajador Representante Permanente de Venezuela, Jorge Valero; todo, por supuesto, en corredores y con un grupo de países selectos procurando el desconocimiento del Gobierno del Presidente Hugo Chávez.
Dos meses después de eso, me tocó a mí mi primer trabajo como Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela en Bridgetown, debatir y negociar, también en corredores y en muchos casos, sobre una suerte de iniciativa curiosa como para aplicarle la Carta Democrática a la Venezuela que ya había superado el golpe de Estado, expresando solidaridad con la democracia venezolana, pero con un empeño en no reconocer con nombre y apellido al Presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela. Esos son antecedentes curiosos de esos que le hacen mucho daño a esta Organización y no me voy más atrás.

Quería reflexionar, porque posteriormente haremos una intervención más a fondo sobre esto, pero esto como un preámbulo de nuestra participación, palabra muy bonita que se ha nombrado mucho; pero es curioso, tanto que hablamos de participación y cuánto cuesta a veces hasta en un modesto comunicado ocasional, casuístico o puntual, hablar de democracia participativa. Y ocurre que en la evolución de los tiempos, las nuevas corrientes políticas y los nuevos liderazgos están en la práctica, cuando no en la legislación, asumiendo la democracia participativa, no como sustitutiva de la democracia representativa, sino como superior a ella y comprensiva de la democracia representativa, porque se reconocen todos los elementos, pero hay un elemento adicional, que es la participación popular a través de diversas formas para superar esa política del cheque en blanco que se le daba a un electo para que durante cuatro o cinco o seis años gobernase a su gusto sin recurrir a mecanismos de consulta popular. Eso en nuestro caso lo hemos superado y tenemos muchos países en el Continente que van en ese rumbo.


Entonces, esta visión dogmática de la democracia representativa creo que debe ser superada. El Secretario General, en la presentación que hace del folletico este tan bonito de la Carta Democrática Interamericana, hace mención al término “democracia representativa” como algo prioritario. Lo menciona en la primera línea y luego dice que esto nos une a todos los países. Es verdad que nos une, pero también hay muchos países que nos estamos uniendo en torno del concepto de la democracia participativa a través de diversas formas de expresión, de participación y de acción popular, vigilando, acompañando, controlando y, al final, castigando o premiando a los gobernantes por su acción de gobierno.
La Carta de la OEA tiene una contradicción importante, que la he mencionado varias veces, pero nadie parece interesarse en el tema. En el artículo 2 se consagra la democracia representativa, está muy bien, pero en el artículo 3, creo que en el primer o segundo párrafo –no sé si es párrafo u ordinal, habrá que verlos– se habla de que todo Estado tiene derecho a escoger su sistema político social sin interferencias, sin “injerencias”, es la palabra que usan, y eso está muy bien.
Dentro de esta reflexión nosotros queremos agregar lenguaje, por ejemplo, no en las expresiones que se usan menos o se han usado poco, aunque se ha hablado de derechos sociales, que está muy bien también. Pero la palabra “justicia social”, mi Gobierno piensa que no puede haber democracia verdadera, completa, sin justicia social, porque cuando no hay justicia social se quiere decir que segmentos de una población, en general la mayoría, están desatendidos, están sometidos a la injusticia social. Ese es un elemento político muy importante que tenemos que incorporar a todas nuestras reflexiones. Y también se hace énfasis en nuestras consideraciones del poder del Estado, de los abusos que los gobernantes hacen y eso ocurre, ha ocurrido, y ojalá que no ocurra más.
Pero, dentro del concepto de democracia parece que no atribuyésemos ninguna responsabilidad a quienes desde posiciones del sector privado violan los derechos humanos, conspiran contra la democracia y se convierten en factores de desestabilización o de desinformación o de deformación, a veces de la mentalidad y de la conciencia de los pueblos como ocurre con el caso de la dictadura mediática. Por eso es necesario que el comportamiento democrático sea extensible, sea enjuiciable y valorable también en los sectores privados cuando hay corporaciones o sistemas corporativos que violan la libertad o controlan la libertad de expresión. Entonces, de esas cosas hay que hablar, no solamente de los Estados y, bien, hablemos de los Estados cuando sea necesario.
Cuando se violan los derechos humanos del lado privado, también hay que mencionarlo. Los burócratas normalmente dicen que solo los Estados violan los derechos humanos, solo los Estados violan la libertad de expresión, eso no es cierto. Precisamente la evolución de la democracia en nuestro continente rumbo a la democracia participativa está permitiendo ver esta situación desde una manera mucho más clara.
Bueno, está bien, el comportamiento democrático dentro de las sociedades nacionales es un objetivo muy importante, pero también tenemos que pensar en el comportamiento democrático de los Estados. Se supone que en una comunidad democrática los Estados están obligados y comprometidos a respetar las vías democráticas y las opciones democráticas escogidas por los pueblos. Entonces, ocurre que no se reconoce y no solamente no se reconoce, sino que se amenaza a la disidencia democrática de los Estados que no se someten a una sola línea o a una sola versión de la democracia cuando, repito, sin embargo, siempre se reconoce, en el caso de países como Venezuela, que la democracia representativa es un concepto, es una opción absolutamente válida y necesaria, pero ya a estas alturas contenida dentro de un concepto más amplio, que es la democracia participativa.
Lo otro que se mencionaba, lo del financiamiento. No es que haya financiamiento bueno y financiamiento malo. Lo de la transparencia que mencionaba el Embajador de Guatemala, eso es muy importante, es el financiamiento también de opciones por parte no solamente, y en general de manera discreta, por no llamarla secreta, de opciones dentro de los países, convirtiéndose en un factor de desestabilización. A veces es el narcotráfico, a veces son organizaciones internacionales.
Otra cosa sobre la cual hay que reflexionar es la opción de los partidos políticos. Eso es consustancial a la democracia. Ahora ocurre que con el tiempo han aparecido opciones que en algunos casos, cuando son legítimas y cuando son honestas, está muy bien, pero en otros casos cuando no son ni legítimas ni honestas, sino desestabilizadoras y deformadoras, entonces se hacen inaceptables.
Podemos hablar del caso de las ONG. Algunas ONG, sin la representatividad de los partidos políticos, sin la transparencia ni la legitimidad de los partidos políticos, sin procedimientos claros de elección interna, de rendición de cuentas, terminan siendo aceptadas por Estados como opciones equivalentes a las de un partido político o al de organizaciones nacionales legítimamente constituidas. Pero hay una serie de ONG que han incorporado su experiencia y su voluntad de servicio en apoyo a la democracia e inclusive en apoyo a los esfuerzos hacia la justicia social.
De estas cosas hay que hablar con mucha tranquilidad y me parece excelente la oportunidad de una reflexión no irritante como el ambiente de hoy lo ha permitido para que podamos cada uno de nosotros expresar nuestras preocupaciones.
Muchas gracias, señora Presidenta.
La PRESIDENTA: Thank you very much, Ambassador, and now I recognize the Ambassador of Honduras.
El REPRESENTANTE PERMANENTE DE HONDURAS: Muchas gracias, señora Presidenta.
Nos complace que en esta primera sesión del Consejo Permanente en la cual participamos tengamos la oportunidad de expresarnos en esta reflexión colectiva sobre la Carta Democrática. Tal y como lo expresara la señora Presidenta del Consejo, el tema que tenemos frente a nosotros es el de la efectividad de la Carta Democrática referida en este momento al capítulo I.
Para Honduras esto tiene por lo menos dos implicaciones. En primer lugar, que los Estados que nos encontramos sentados alrededor de la mesa y que adherimos a los principios de la Carta de la Organización de los Estados Americanos y también a la Carta Democrática Interamericana, estamos todos de acuerdo, como bien se dice en la Carta, en que la democracia es esencial para el desarrollo social, político y económico de los pueblos de las Américas y que, por lo tanto, todos los Estados Miembros de la Organización adherimos a la democracia como el sistema de gobierno que hemos escogido.
En segundo lugar, quisiera señalar que en la discusión que estamos teniendo en este momento debemos indicar con claridad que la obligación principal de fortalecer y de respetar el régimen democrático la tienen nuestros gobiernos; es decir, que la Organización de los Estados Americanos coadyuva y fortalece el cumplimiento de esa obligación, pero que la obligación esencial la tenemos los gobiernos frente a cada uno de nuestros pueblos.
Por ello, algunas de las propuestas que se han hecho en la mañana de hoy en términos de cómo podemos cooperar para fortalecer los sistemas democráticos de gobierno en cada uno de nuestros países tiene mucho sentido porque se refieren, sobre todo, a cómo cada uno de nosotros está cumpliendo con esta obligación esencial con respecto a su pueblo.
Por otro lado, la Organización de los Estados Americanos puede sobre todo ayudar a nuestros países a responder la pregunta de cómo preservar el derecho a la democracia que hemos reconocido a nuestros pueblos. Creo que para responder a esta pregunta debemos estudiar sobre todo, como lo ha sugerido la señora Presidenta, cómo se ha aplicado la Carta Democrática en sus diez años de vida, cuáles son las lecciones que hemos aprendido en esta década, si hemos encontrado algunas carencias, algunos vacíos y cómo podemos llenarlos, cómo podemos responder a ellos.
En las experiencias recientes en las cuales ha sido invocada la Carta Democrática se destaca, a nuestro juicio, la importancia del papel preventivo que debe jugar la Carta, cómo evitar que se produzcan situaciones que pongan en riesgo los procesos democráticos.
No creo, entonces, que podamos reflexionar sobre el capítulo I de la Carta sin meditar, al mismo tiempo, sobre los mecanismos que puedan permitirle a la Organización ejercer de una manera efectiva una diplomacia preventiva. Esta diplomacia preventiva nos debe precisamente ayudar a evitar situaciones críticas y a que la Organización tenga que tomar decisiones extremas frente a hechos consumados. Debemos respondernos la pregunta de cómo evitamos que en nuestros países se llegue a situaciones límites.
Entonces, ¿cuál debe ser la capacidad de la Organización para apoyar a nuestros gobiernos en el cumplimiento de esa obligación esencial con cada uno de nuestros pueblos? ¿Cuál debería ser la capacidad de la Organización de los Estados Americanos para seguir metódicamente las condiciones básicas del ejercicio efectivo de la democracia? Nos preguntamos si podría haber una especie de barómetro democrático que nos permita ver cómo cada uno de nosotros está cumpliendo con esa obligación fundamental.
¿Qué rol preventivo podría jugar, como han sugerido el Secretario General y algunas de las organizaciones de la sociedad civil, un relator especial? Deberíamos examinar, asimismo, el papel político que puede jugar el Secretario General frente a situaciones de riesgo.
La OEA ha cumplido, sin duda, una función muy importante en el campo electoral y en la protección de los derechos humanos. En el campo electoral ha desarrollado una enorme experiencia y ha venido ofreciendo incluso asistencia técnica a nuestros países para poder fortalecer esa parte de nuestras instituciones democráticas. Pero hay muchas otras sobre las cuales creo que nosotros debemos interrogarnos cuál debería ser el papel de la organización regional.
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